Esperanza
"Harry Potter está muerto"
Las cuatro palabras resuenan por todo el salón, seguidas de otras que se pierden en el aire sin que llegues a entenderlas del todo. Todos tus sentidos se han adormecido, mientras en tu mente, una y otra vez, te dices que ya no hay nada qué hacer.
Harry está muerto. Todo ha terminado.
Tu mejor amigo, tu hermano, se ha ido. No existe magia lo suficientemente poderosa capaz de devolvértelo. Lo has perdido para siempre. Sientes como tu corazón se rompe de a poco, porque una parte, una de las más importantes, ha desaparecido.
Todo a tu alrededor se desvanece y frente a tus ojos se despliega una única imagen: la de aquel chico extremadamente flaco, con pelo azabache alborotado y una cicatriz en la frente. ¡Cómo cambió a través de los años hasta convertirse en el héroe que era ahora!
Un héroe que acaba de morir.
Tu cabeza se llena de recuerdos, pero uno prevalece sobre el resto: una fría tarde de invierno, durante tu segundo año. Te encuentras leyendo frente a la chimenea, cuando repentinamente el retrato se abre y deja entrar a un sonriente Harry. Sin decir palabra, se sienta a tu lado en la mesa y deja caer los dulces que trae entre las manos, y que muy probablemente ha robado de las cocinas. Ni siquiera pregunta adónde se encuentra Ron y pronto, tú y él se enfrascan en la más banal de las conversaciones, discutiendo sus dibujos animados favoritos. Luego se convirtió en una tradición, una que amabas demasiado. Era el secreto de ambos: compartir dulces, durante las tardes más frías, mientras hablaban de su vida antes de venir a Hogwarts.
Pero ya no habrá más ocasiones de esas. Ya no.
Una mano grande y áspera estrecha la tuya, y ni siquiera tienes que levantar la cabeza para saber de quién se trata. El tacto de la piel de Ron es tibio y reconfortante, como los abrazos que tu padre te daba cuando estabas pequeña y te despertabas gritando por los monstruos escondidos bajo tu cama. Pero en ese momento, ni siquiera la presencia de Ron es capaz de atenuar el dolor que sientes, mil veces mayor que el que causa la maldición cruciatus.
El rostro de Ron está surcado de lágrimas. Quieres decir algo, pero no puedes, porque esta es una de esas ocasiones en que las palabras no son suficientes. Lo miras de nuevo y por primera vez en la noche entiendes el dolor por el que Ron está pasando, porque al igual que él, tú acabas de perder a un hermano. Deseas salir corriendo de allí, meterte debajo de tu cama, y nunca más volver, porque el dolor es casi insoportable y no sabes cómo lidiar con él.
Alguien solloza a tu lado, y al volver la cabeza, te das cuenta que es Ginny. Tu corazón se termina de romper al observar la expresión de su rostro, porque es la expresión de alguien que ya no tiene razón alguna para seguir viviendo. Ron y tú han perdido a un hermano, pero Ginny ha perdido su vida. Así que combatiendo tu propio dolor, extiendes un brazo y la rodeas con él, sabedora de que nada es capaz de ayudarla en ese momento.
¡NO!
Un grito desgarrador cruza el aire. McGonagall, con el rostro lleno de cortes y las manos en la boca, llora sin control alguno. Sin pensarlo, tomas tanto a Ginny como a Ron del brazo, y te abres camino entre la multitud que empieza a llenar la entrada del castillo.
Es entonces cuando lo ves. Entre los brazos de Hagrid, yace una figura inmóvil. Muerta.
-¡Nooo!-
-¡Nooo!-
-¡Harry! ¡Harry! –
Ron, Ginny y tú gritan al mismo tiempo. El resto de las voces hace eco a tus palabras, repitiendo lo que nadie quiere escuchar. Harry está muerto. Por un instante una loca idea cruza por tu mente, y lo único que deseas es que Voldemort esté mintiendo, que ese que Hagrid sostiene sea alguien que ha utilizado poción multijugos y que todo sea una treta de Voldemort para asustarlos.
Pero sabes que no es así. Porque ni siquiera el mismo Voldemort desaprovecharía la oportunidad de restregarles a todo el mundo que Harry Potter ha muerto, con el único propósito de atemorizarlos, porque es algo que ha esperado y planeado por años, y que finalmente ha conseguido.
Las lágrimas, que no sabes en qué momento han empezado a brotar de tus ojos, te nublan la vista. Las piernas te fallan y en el preciso momento en que estás a punto de caer, un brazo te sostiene por la cintura. Con la vista borrosa, apenas te das cuenta de que Ron te sostiene tanto a ti como a Ginny.
Voldemort mira a la multitud, imponente, como un conquistador. Todo es caos y gritería, pero con un simple movimiento de su varita, consigue callarlos. Ordena que coloquen a Harry en el suelo, a sus pies, y en ese momento sientes ganas de ser lo suficientemente poderosa para acabar tú misma con Voldemort. Con ese ser despreciable que ha arrebatado la felicidad a miles de personas, incluyéndote a ti, y ahora trata a Harry, como si fuera basura.
-¡Harry te venció!-
La voz de Ron es ensordecedora, como nunca antes la habías escuchado. El hechizo se rompe y los gritos comienzan, aún más fuerte que antes. Entre la amalgama de emociones que sientes, pena, ira y desdicha, se alza el orgullo. Orgullo por ese chico pelirrojo que te sostiene, aunque él mismo esté muriendo de pena, decidido a enfrentar al mago más malvado que ha existido jamás, del cual, apenas unos meses antes era incapaz de decir su nombre.
Un estallido de la varita de Voldemort impone el silencio nuevamente, y te ves obligada a escuchar las sucias mentiras sobre la muerte de Harry.
- Lo mataron cuando intentaba huir de los jardines del castillo. Lo mataron cuando intentaba salvarse…
Miras con odio al maldito mentiroso. Se atreve a profanar el recuerdo de la muerte de Harry, denigrando el sacrificio que ha hecho para salvarlos a todos. A tu lado, Ron aprieta con fuerza la mandíbula, visiblemente deseoso de detener las mentiras que escupe Voldemort, una tras otra.
El momento siguiente sucede tan rápido que apenas eres capaz de retenerlo en tu memoria. Neville corre, tratando de embestir a Voldemort, hasta que un fogonazo lo hace caer al suelo. Voldemort pregunta quién es el que ha osado acercársele y la cruel voz de Bellatrix, la misma voz que es protagonista de todas sus pesadillas responde, dando a conocer la identidad de Neville. Voldemort continúa hablando y para tu sorpresa, adula a tu amigo. Pero Neville, siendo el ser maravillo ser humano que es, echa por tierra todos los cumplidos y grita con valentía por el Ejército de Dumbledore.
Voldemort agita la varita, y tras gritar más amenazas, hace aparecer el Sombrero Seleccionador, el cual segundos después, pasa a estar sobre la cabeza de Neville. De repente se escuchan gritos, y lanzas un gemido: Neville está envuelto en llamas, sin que nadie pueda salvarlo.
La tierra empieza a temblar y Ron te aprieta la cintura con tal fuerza, que duele. Miles de flechas cruzan el cielo y horrorizada, observas a los gigantes que se aproximan. Pero otra imagen capta tu atención: más allá, Neville se mueve. Tus ojos se llenan de lágrimas, esta vez de alivio, pero apenas tienes tiempo de recuperarte para poner atención al acto heroico que Neville lleva a cabo: con una agilidad inusitada en él, Neville toma la espada de Gryffindor por la empuñadura incrustada de rubíes y sin más, la cabeza de Nagini sale volando por los aires.
El grito de Voldemort, atronador, te perfora los oídos. El caos aumenta, pero sobre los bramidos de los mortífagos, la voz de Hagrid se levanta con más fuerza que ninguna otra.
-¡Harry! ¡Harry! ¿Dónde está Harry?-
Sientes cómo tu corazón se inflama de nuevo de esperanza, porque eso sólo puede significar una cosa. Buscas con desesperación por todas partes, pero de repente caes en la cuenta de tu error: Harry está usando la capa de invisibilidad. Escuchas una risa ahogada y ves cómo los ojos de Ginny brillan nuevamente, llenos de vida. Ron, por su parte, no deja de sonreír como idiota.
Tú misma sonríes, mientras que tu cuerpo entero es recorrido por unas incontrolables ganas de pelear, de luchar contra esos que te han hecho vivir uno de los peores momentos de tu vida. La mano de Ron aprieta la tuya con un poco más de fuerza y tienes el impulso de abrazarlo. Y lo haces. Rodeas con rapidez el cuerpo del muchacho, temerosa de que esta sea la última vez. El miedo también se refleja en los ojos azules de Ron, pero nadie es capaz de decir nada.
Lo sueltas y sin mirar atrás, corres buscando un posible oponente. Una risa maniaca te alcanza, una que reconoces al instante y te dices a ti misma que has encontrado con quien pelear.
- Hola de nuevo, sangre sucia-
Levantas la varita y los ojos de Bellatrix se abren como platos al reconocerla.
-Una sangre sucia no es digna de llevar esa varita-
Sonríes con malicia.
-Quieras o no, una sangre sucia la está utilizando-
Lanzas el primer hechizo, pero para tu sorpresa, no sólo uno, sino tres hechizos diferentes caen sobre Bellatrix. De la nada, Luna y Ginny se colocan a tu lado, y las tres empiezan a luchar con todo lo que tienen. Pero no por nada Bellatrix Lestrange es la mano derecha de Voldemort. Por cada una de las maldiciones que logra esquivar, lanza una carcajada aguda. Sientes un odio infinito por la mujer que estuvo a punto de arrebatarte la vida, pero tu corazón es demasiado noble como para desear matarla. Sólo quieres asestar un golpe, tan fuerte que la deje fuera de batalla, pero por más que lo intentas Bellatrix sigue en pie. Por un momento, te quedas sin aliento, pues una maldición asesina acaba de rozar a Ginny, en un segundo tu mejor amiga podría haber muerto sin que hubieras podido evitarlo.
-¡Mi hija no, perra!-
La señora Weasley las aparta de un manotazo y les ordena que se mantengan lejos. Hiptonizada observas, como la mujer a la que consideras tu segunda madre se bate a muerte con una de las brujas más peligrosas que has conocido. Pero son dos iguales en batalla, porque Bellatrix es una asesina experta, pero Molly es una madre que acaba de perder a un hijo y no está dispuesta a perder otro. Basta la sola mención de Fred, para que la señora Weasley lance un alarido y mire a Bellatrix directamente a los ojos.
-¡Nunca…volverás…a tocar…a nuestros hijos!-
Y Molly cumple su promesa, porque al instante siguiente una carcajada se escucha en el fragor de la pelea, para que sólo segundos después Bellatrix, con los ojos a punto de salirse de sus órbitas, se de cuenta de lo que en realidad ha sucedido. No puedes evitar sentir cierta alegría, porque la protagonista de tus pesadillas ya no podrá hacer más daño.
Escuchas un grito espeluznante, lleno de rabia y odio, a tus espaldas. Te volteas y observas cómo tres cuerpos salen despedidos por el aire. Voldemort blande la varita, los ojos rojos por la furia, y la apunta directamente hacia la señora Weasley. Y justo cuando piensas que nadie podrá salvarle, el destino cambia.
-¡Protego!-
Conoces esa voz, porque has hablado incontables veces con el dueño de la misma. El calor recorre tu cuerpo y sabes que podrías ponerte a gritar, loca de alegría, pero no es el momento. Es entonces cuando Harry sale de la capa y un nudo se forma en tu garganta, mientras las lágrimas empañan tu vista, porque tu hermano está vivo.
-¡Harry!
-¡Es él!
-¡Está vivo!
Entre la gritería y la multitud, lo buscas y no pasa mucho tiempo hasta te topas con sus ojos azules. Ron se abre paso entre la gente, con una sonrisa que no le cabe en el rostro. Te envuelve en sus enormes brazos y tú haces lo mismo, contenta de tenerlo con vida y a tu lado. Entre susurros al oído, te dice que todo estará bien. Y le crees, porque con Harry ha vuelto la esperanza a todos los corazones, y estás completamente segura de que esa noche, tras un largo trayecto que empezó hace muchos años en un compartimento de tren, vencerán.
Nota del autor: Esto me ha tomado casi dos horas escribirlo, porque no tenía la más mínima idea de lo que quería escribir. Espero que haya valido el esfuerzo y les guste aunque sea un supone que es una continuación del retazo pasado,pero está en primera persona, porque me pareció que debía ser más personal. Y no es estrictamente de la pareja, pero hay momentos de ellos dos.
Odio las traducciones de Salamandra, por lo que obviamente no iba a poner mala bruja.
Nos leemos.
