Capítulo beteado por Flor Carrizo
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Capítulo 13: Sólo amigos
Bajo una nube de pena y desilusión, Bella se encontraba en el aula de clases, sintiendo que cada instante que pasaba se hacía cada vez más chiquita en su lugar, mientras todos a su alrededor, sin ser discretos, la miraban y hablaban a sus espaldas, haciendo más incómoda su realidad. Había un tema que había causado gran controversia los últimos tres días: el beso que hubo entre Edward y Bella.
De por sí, había sido el tema de las últimas dos semanas que ellos se volvieran a hablar y, cuando por fin empezaba a pasar de moda ese tema, surge la bomba de su beso, fijando el ojo público sobre ellos nuevamente.
—Y pensé que le gustaba a Bella —dijo Mike haciendo que la castaña se sonrojara a más no poder.
¡Que me parta un rayo! ¡Que me parta un rayo! ¡Trágame tierra, por favor!, pedía ella en silencio, mientras trataba de fingir que los susurros que estaban tras de ella no le afectaban.
Ese fin de semana había sido el más largo de su vida, los últimos tres días se le había escabullido a Edward de todas las formas que conocía. Después de que la dejaran en su casa, el viernes en la noche, no lo había querido ver, ¿cómo podría justificar, sin confesarle que le ama, por qué le pidió que le besara?
Todas la veces que él le habló por teléfono ella pidió que dijeran que no estaba, todos los mensajes recibidos no eran contestados, incluso él se atrevió a ir a casa de ella, pero como era de esperarse, fingió estar dormida cuando le fueron avisar que Edward la buscaba. Como pudo, consiguió su objetivo, pero no siempre podría esconderse de él, ya que, por fortuna o desgracia, compartían clases.
—Tienes que contarme detalles sucios, quiero saber todo. —Angela se sentó al lado de la castaña, exigiendo con emoción a una de sus grandes amigas que hablara sobre el tema de la semana.
—No hay nada que contar —dijo Bella, moviéndose incómodamente en su lugar.
—¿Cómo que nada? —preguntó la morena fingiendo indignación—. Ese beso que se dieron… no puedes decir que no hubo nada, había química, se ve que hubo más que atracción —continuó Angela, con un extraño brillo en los ojos.
Bella volteó a ver a su amiga.
—¿Atracción? Pero si tú no viste el beso, estabas en la cocina en ese momento, me preguntaste por qué lloraba cuando entré a la cocina ese día —argumentó Bella confundida ante la observación de su amiga.
—Pues vi la foto, ¿cómo más iba a saber? —expresó la morena sin importancia.
—¿Qué foto? —gritó la castaña exaltada, llamando la atención de los demás.
—La que les tomaron, me la pasó Tyler, mira —dijo Angela, enseñándole el celular a Bella.
Ella tomó el celular con desesperación y palideció al ver la foto. No podía creer que le estuviera pasando eso, no era un fotomontaje, era ella besando a Edward. Llevaba esa ridícula falda y patines en la foto, pudo contemplar como Edward la tenía abrazada por la cintura mientras la besaba, y ella lo abrazaba por su cuello, no había ni el más mínimo espacio entre los dos, era un beso genuino, que realmente reflejaba la atracción que decía su amiga.
Oh por Dios, si esto se ve en una foto, ¿cómo se habrá visto en realidad?, pensó la castaña mientras sentía que perdía el aire.
El silencio reinó en el aula. Bella despegó la cara del celular para ver qué era lo que había provocado el silencio y se encontró ante ella a Edward que la miraba tímidamente. La castaña se ruborizó al ver a Edward y más por esa dulce expresión que tenía en su rostro que era raro ver en él.
Bella volteó a ver su entorno y se encontró que todos en el aula los miraban atentamente, esperando ansiosos a ver sus siguientes movimientos.
—Hola, Bella —le llamó el cobrizo tratando de llamar su atención.
Bella volteó a verle, nerviosa.
—Hola, Edward —susurró la castaña tratando de sonar normal.
—¡Qué lindo espectáculo, Cullen! —gritaron a espaldas de Bella—. ¿Nos darías otra demostración? —volvieron a gritar burlándose de los dos jóvenes.
Edward levantó la mirada enojado, callando las risas de sus compañeros. Relajó el semblante y volteó a ver a Bella nuevamente.
—Estuve tratando de localizarte todo el fin de semana —dijo él.
Bella suspiró y bajó la mira. ¿Ahora qué le dirás, estúpida?, se regañó ella internamente.
—Sí, lo sé, perdón, estuve… ocupada —dijo ella, tratando de sonar normal.
—O evitándome —respondió él en un tono herido.
Bella levantó la mirada para ver a Edward, ambos se miraban pero ninguno de los dos decía nada.
Ahora tengo una cosa más que agregar a la lista de culpas, haber herido a Edward, se reprochó.
—Mmm… yo los dejo —dijo Angela tímidamente al sentirse ajena de esa conversación.
En eso la puerta del aula se abrió, Edward y Bella voltearon para encontrarse con la mirada de la profesora Victoria, que los miraba con una sonrisa burlona.
—Buenos días jóvenes, veo que nuevamente ya son gratos el uno para el otro —afirmó viéndolos, Edward le sostuvo la mirada, pero Bella la apartó apenada, aún recordando las palabras que tanto le quemaron decir cuando decidió alejarse de él—. Bueno, como sea, iniciemos la clase —prosiguió la profesora dirigiéndose a su escritorio.
Edward le dio una última mirada a la castaña y se alejó de ella, yéndose a su lugar.
Angela vio a Bella con pena al verla tan decaída, lo único que hizo para darle ánimos a su amiga fue apretarle la mano y sonreír. Bella le sonrió, aunque no era la hermosa sonrisa que ella siempre regalaba.
La clase transcurrió normal, como siempre, aunque nunca faltó el comentario fuera de lugar de uno de los compañeros hacia Edward y Bella.
—¿Y qué, cuándo es tu boda con Edward, Bella? —dijeron haciendo reír a todos menos a los involucrados.
Bella se encogió en su lugar, sintiéndose aún más ridiculizada. Ni que un beso fuera cosa del otro mundo, pensó ella con molestia.
—Déjala en paz, es cosa que a ti no te incumbe —aseguró Edward a su defensa.
—¡Uy! Los tortolitos se defienden. No te enojes, Edward, sólo pregunto para ir comprando su regalo de bodas —se burló Tyler con gracia.
Edward lo miró con enojo.
—Ahórratelo, cuando sea el caso no cuentes con ser invitado —afirmó Edward volteando a ver la pizarra.
Todos se burlaron de Tyler ante la respuesta de Edward. Y aunque Bella no volteó a ver a Edward ante su respuesta, se sintió feliz al ver que él la defendía.
—Ya, silencio, dejen en paz a sus compañeros, si se besan o no es su problema —pidió la profesora llamando la atención de Bella.
La castaña buscó con desesperación la mirada de Edward, él también se veía pálido ante las palabras de la profesora.
¿Cómo es posible que hasta los profesores sepan? Las desventajas de vivir en un pueblo donde todos se conocen, pensó Edward con frustración.
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Bella caminaba por los jardines del campus, tratando de llegar lo más rápido posible a la parada de autobuses. Tenía que huir de Edward antes de que la alcanzara, aún no estaba lista para hablar con él.
Justo cuando estaba por subir al autobús, la tomaron del brazo. Cerró los ojos, sabiendo de antemano de quién se trataba.
—¿Podemos hablar, por favor? —pidió él joven.
Bella volteó para confrontarlo y negarse hablar en ese momento, pero se encontró con unos ojos verdes que la veían con súplica. Creo que la suerte no está de mi lado, pensó.
Suspiró, ¿qué más le quedaba?, tenía que tener esa plática tarde o temprano, ¿para qué engañarse?, nunca se sentiría lista para hablar con él de ese tema.
—¿Hoy tienes que trabajar? —preguntó Edward, tratando de romper el hielo, mientras se dirigían al auto de él.
—No, hoy no —dijo ella tímidamente.
—¿Te gustaría ir al prado a donde nos escabullíamos a leer cuando éramos niños? He tenido tantas ganas de ir desde que regresé, y me gustaría ir contigo —murmuró Edward con emoción. La castaña lo miró, sin saber qué responder.
En ese prado había tantos recuerdos juntos, todos eran hermosos para ella, aunque sólo había uno triste, que era el recuerdo del día que él le dijo que se iba, y aunque ese día no sabía lo que sentía por él exactamente, le había dolido mucho saber de su partida, desde ese día no había regresado.
Edward la miraba con ilusión, ¿cómo podía negarse a esa mirada?
—De acuerdo, vamos, sólo deja le aviso a Sue —dijo Bella.
Ella sacó su celular y le marcó.
—Sue, hola, soy Bella, ¿cómo estás? —saludó alegremente a la esposa de su padre.
—Bella, hija, bien, gracias, ¿y tú? —contestó la mujer amablemente.
—Bien, sólo te llamo para pedirte si le podrías decir a mi papá que iré a tomar un café con Edward, por favor —pidió la castaña.
—¿Edward?, ¿el hermano de tu amiga? —preguntaron del otro lado del teléfono.
—Sí, con él —contestó.
—Sí, hija, yo le digo, cuídate mucho. Adiós.
—Sí, adiós —dijo Bella terminando la llamada.
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45 minutos después se encontraban caminando por el verde pasto de la pradera, ninguno de los dos decía nada, ya que aún no sabían cómo empezar. Se limitaban a disfrutar el momento que estaban teniendo juntos, tan íntimo, donde su amistad se había vuelto un amor puro y sincero hace ocho años.
Llegaron al lugar donde acostumbraban sentarse a leer, los dos se sentaron y se miraron brevemente, Bella le sonrió tímidamente y él se limitó a sonreírle por un momento.
La angustia consumía al cobrizo, no quería perder a Bella por lo que estaba sintiendo por ella, no quería arriesgarse a que ella se asustara de nuevo como hace tantos años y perderla definitivamente. En ese entonces tenían una amistad sólida, pero en su presente apenas tenían un insignificante voto de confianza que podía permanecer y crecer con su silencio o extinguirse si se atrevía a hablar de sentimientos. No podía arriesgarse, no quería.
—Bella, quiero pedirte una disculpa por lo del viernes, realmente no quería usarte como lo hice —dijo Edward sin atreverse a verla, sentía un gran nudo en la garganta por mentirle, con trabajo controló el temblor de su voz.
La castaña lo miró con melancolía. Eso era lo que esperaba escuchar, aunque en el fondo esperaba que él le hablara de sentimientos, pero no fue así. ¿Qué otra le quedaba?, sólo seguir su farsa.
Ella se sentó en cuclillas a su lado y tomó sus manos.
—No te preocupes por eso, te quise ayudar, no me gusta que sufras por alguien que no te merece, mereces que te amen de verdad —murmuró ella sonriéndole.
Él la miró a los ojos, tenía un gran deseo de que ella le amara, pero no se sentía con el derecho a pedirle eso. Antes de que el impulso de besarle le ganara, la abrazó fuerte y cerró los ojos, quería disfrutar el momento de tenerla entre sus brazos aunque sólo fuera un pequeño momento.
Bella se sentía tan segura entre sus brazos, se aferró a él deseando que fuera eterno ese momento.
Se separaron después de un largo rato y se sonrieron. Edward se acercó a ella y besó su frente como lo hacía antes. Bella sintió un cosquilleo por todo su cuerpo, el cual sólo él le había hecho sentir.
Cuando pensaba que todo ya estaba claro, a Edward le entró una duda y no quería quedarse con ella.
—Oye Bella, ¿por qué me pediste que te besara? —preguntó
La castaña se ruborizó a más no poder. ¿Por qué, Edward?, pensó con vergüenza, al no saber qué contestar.
—Es que yo…
¿Qué decirle sin confesar lo que sentía?, sólo le quedaba una cosa: mentir.
—Es que era la única forma en que ella te dejara de molestar —mintió, y rápidamente desvió la mirada para que Edward no pudiera ver que lo hacía.
Edward meditó sus palabras tratando de ver si era cierto, y llegó a la conclusión de que era así, ¿qué otra intensión podía tener Bella tras ese beso?
—Gracias —dijo él abrazándola nuevamente.
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Pasaron toda la tarde hablando de lo que había sido su vida en eso años que no se habían visto. Edward se llenó de cólera cuando supo que Bella había tenido un novio y lo había querido. ¿Qué derecho tengo de enojarme si yo estuve a punto de casarme?, pensó con enojo.
Bella se enteró de que Edward quería abrir una fundación para personas con problemas neurológicos de escasos recursos en Londres, le daba alegría ver que bajo esa carcasa de autoridad había un corazón noble y lleno de bondad.
La lluvia los tomó por sorpresa, haciéndolos huir de su especial lugar.
—Toma, póntela. —Edward le ofreció una chamarra que tenía en la cajuela de su auto.
La castaña se sonrojó ante el ofrecimiento.
—No, póntela tú, estás mojado y es tuya —dijo Bella desviando la mirada.
Él se acercó a ella y se la puso sobre los hombros.
—Te puedes enfermar, yo estaré bien —murmuró él haciendo sonrojar nuevamente a la castaña, le abrió la puerta y la ayudó a subir al auto.
¿Cómo se supone que lo pueda ver como amigo si hace cosas así?, pensó Bella con tristeza.
—¿Todo bien? —preguntó el cobrizo cuando ya estuvo a su lado.
Bella se compuso y le sonrió, dándole a entender que todo estaba bien.
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El camino a casa de Bella fue tranquilo, seguían intercambiando detalles de su vida y, por un instante, sentían que el tiempo no había pasado y seguían siendo los amigos que algún día fueron.
Edward le abrió la puerta para que ella pudiera bajar del auto, y se acercaron a la entrada de su casa en silencio.
Se voltearon a ver por un momento y, simplemente, se abrazaron.
—Entonces… ¿amigos? —preguntó Bella sin romper el abrazo.
Pudo sentir como Edward se tensaba y, después de un momento, se separó de ella y la vio a los ojos. No era lo que quería ninguno de los dos, pero era lo mejor o eso pensaban ellos, sin saber lo equivocados que estaban realmente.
—Sí, amigos —contestó él tratando de sonreír.
En eso se abrió la puerta de la casa de ella, ambos voltearon a ver hacia la casa y vieron salir a Charlie como rayo de la casa y tras de él iba Sue.
—Charlie, tranquilízate —dijo Sue tratando de alcanzar a su esposo.
Edward y Bella se vieron sin entender qué estaba pasando.
Charlie se paró a su lado y les enseñó una foto en su celular, ambos palidecieron al ver de qué se trataba.
—Isabella Marie Swan, me podrías decir qué diablos es esta foto y por qué te estás besando con el hermano de tu amiga —gritó Charlie.
