Últimamente mi inspiración viene cargada, y espero que siga así por mucho más tiempo*_* He hecho una nueva portada que podréis ver en mi TW: /NewYorkerWriter y que cuando pueda subiré aquí también:) He de decir que el capítulo no iba a acabar así, sino que iba a ser más largo solo que prefiero dejarlo para el próximo y era esperar a hacerlo más largo como lo previsto o no actualizar y pues yo quería actualizar ya:')
Espero que lo disfrutéis y que dejéis review con vuestros comentarios que tanto me gustan:3
Besos!:*
De nuevo los pitidos indicando que el móvil estaba fuera de cualquier red resonaron en el interior de la oreja de Rick. La pantalla brillaba, mostrando el nombre de Kate en letras mayúsculas y arriba una de sus fotos.
-Nada, no hay señal.-dijo Rick pasándose la mano por el pelo repetidas veces.
Scott. Siempre había sido él. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Desde el momento en que Kate dijo que él conocía a Giorgio, que conseguía su droga. O la forma en la que quería apropiarse a Kate. Verlo en las cámaras de vigilancia de la cárcel no decía nada. Sí, había hablado con el responsable de la banda y a las pocas horas habían atacado a Kate, pero gracias a la falta de micrófonos no podían culparlo ante ningún juez.
-Tranquilo Rick, la seguía una patrulla.
Espósito se sentó al lado de Ryan, el cual continuaba tecleando algo a toda velocidad. Controlaba el ratón con la mano derecha y Rick solo podía ver que se trataba de la compañía telefónica.
-No debía haberla dejado sola joder.-si no se pasaba las manos por el pelo lo hacía por la cara.
El corazón le latía frenéticamente. Tenía miedo de perderla, y sabía que si lo hacía sería solo culpa suya, como siempre había pensado con Kyra. Él podía haberse quedado cerca, protegiéndola, porque ese era su deber. Sin embargo, consciente de que no podría vigilarlos, porque verlos juntos en actitud cariñosa lo mataba por dentro, había decidido volver a comisaria. Al menos ahí podría hacer algo productivo como investigar sobre el incidente.
Ahora sabía que el verdadero culpable estaba ahí mismo, en sus narices, todo el tiempo riéndose de él y mejor, cerca de Kate.
-No ha sido tu culpa.
-Siempre es mi puta culpa.-guardó el móvil en el bolsillo antes de que en un arrebato de rabia pudiera romperse. La comisaria enmudeció bajo los gritos del agente. Nadie se atrevía a mirar más allá de sus pantallas de ordenadores, tan solo Espósito le retenía la mirada.-Está con él, cuando ese hijo de puta ha intentado matarla. Los policías no contestan, ella no contesta y a mí me va a dar algo.
Richard Castle siempre había sabido mantener la calma bajo situaciones que requerían tensión. Era un agente del FBI, su trabajo lo requería. Su nombre era conocido en los departamentos por su profesionalidad y su forma de controlarse. Sin embargo, ahí, en ese preciso instante, su reputación estaba cayendo en picado.
-Rick, tranquilo, ¿vale?
Era tal el asombro de su amigo, que se levantó dispuesto a sujetarlo por los hombros. Quería calmarlo, no lo había visto así desde el accidente de Kyra.
-No puedo estar tranquilo, Javi.-sus ojos azules se veían aterrorizados, muy parecidos a los de un niño pequeño después de haber visto una película de terror.-La amo, ¿vale? La amo. Y si la pierdo ella nunca podrá saberlo, ni podrá saber que quiero pasar el resto de mi vida a su lado. Porque nadie, en más de cinco años ha conseguido que mi corazón lata así de rápido como cuando ella está cerca. Y si algo le pasara, se morirá el poco alma que me queda, porque entre ella y Kyra me lo han robado todo.
Espósito abrió la boca, pero se vio incapaz de decir nada. Al fin había reconocido lo que realmente sentía por Kate, lo que todos estaban esperando oír y ahora que lo escuchaba de sus labios, le paralizaba. El haberlo visto sumido en la miseria con el accidente de Kyra le había hecho pensar que nunca podría volver a querer a nadie por miedo a perderlo de la misma forma, y ese era su miedo, que Kate también desapareciera ahora que se había decidido.
-Tengo su teléfono móvil.-intervino el irlandés. Los miraba con un poco más de esperanza de lo que los ojos de ellos reflejaban.
-¿Lo has localizado?-Rick se colocó de nuevo a su lado.
La pantalla del ordenador mostraba una ruta en una especie de radar. Fijándose en los edificios, o en los nombres de las calles adivinó que se trataba del mapa de Nueva York, y el punto rojo que parpadeaba sería el móvil de Kate.
-No del todo.-Ryan tecleó algo y apareció una serie de información en el dorsal.-O bien ella adivinó que pasaba algo y encendió el GPS o lo tiene encendido de por sí.
-Pero si lo tiene encendido debería de salir su localización, ¿no?
El ceño del irlandés se hizo más profundo ante la pregunta de Espósito. Todos estaban demasiado nerviosos y ansiosos de encontrarla, aunque sabían que Rick era el principal interesado.
-No. Han apagado su móvil.-se pasó la mano por la frente. Ese tipo de situaciones podrían frustrar a cualquiera, y más cuando se trataba de un policía intentando salvar una vida.
-¿Y qué significa eso?
La voz de Rick sonaba ahogada, como si no fuese capaz de articular ninguna palabra. Pensaba en el hecho de no poder llegar a tiempo, en verla en el suelo sin ninguna posibilidad de que volviera con él y el simple pensamiento hizo que sus ojos se tornaran un tanto acuosos.
-Que no puedo conseguir su ubicación exacta, sino una aproximación de unas cinco manzanas. Una zona.
Rick miró a su mejor amigo en busca de ayuda. Éste sostenía el móvil en su mano, y su expresión de era de solución, sino de todo lo contrario.
-La patrulla los perdió en un semáforo. No saben dónde puede estar.
Vio su propia sangre reflejada en el suelo al sentir el golpe en su labio. Notaba ese sabor metálico en su lengua, en su paladar, en cualquier parte dentro de su boca. No tuvo más remedio que escupir sobre el viejo suelo de madera por miedo ahogarse.
-No habría sido necesario el golpe si hubieses estado quieta.
La voz del que había sido su amigo, o incluso casi su novio, sonaba lejana. Sentía cómo sus ojos eran incapaces de abrirse y cómo su cabeza se caía constantemente hacia un lado. Se preguntaba si la habría drogado o ese era el efecto del golpe.
-¿Me has drogado?
Sentía la boca reseca. Sus labios se pegaban si intentaba hablar, y la sangre corriendo por ellos no ayudaba.
-Un poco de cloroformo no viene nunca mal.-su voz sonaba muy diferente, o tal vez fuera el tono que usaba, no lo sabía.
Ese no era el chico que ella conocía, sino un hijo de puta que intentaba matarla sin importarle lo más mínimo y que encima se regodeaba.
Alcanzó a ver algo abriendo un poco sus ojos, con mucha dificultad, pero lo consiguió. Fue ahí cuando notó la silla debajo de su trasero y el sentirse atada por las muñecas. Tenía las manos entrelazadas en la parte baja de su espalda. Intentó moverse, pero la cuerda que la sujetaba era resistente.
-¿Por qué quieres hacerme esto?
Su vista se nublaba cuando menos lo esperaba, sin embargo podía escuchar perfectamente su risa divertida.
-A parte porque has ayudado a meter a mi mejor amigo en la cárcel.-escuchó la suela de sus deportivas acercarse a ella.-Estás follándote al del FBI mientras a mi me das largas.-susurró contra su oreja.
Kate percibió el olor de su colonia. Dulce y fresca. No tenía nada que ver con la de Rick, con ese olor a hombre que conseguía desarmarla. Él no estaba con ella, estaba completamente sola. Ese sería el momento perfecto para decirle que todo lo que pensaba sobre el psicópata que tenía encima era verdad.
Lo necesitaba, necesitaba a Rick.
Nunca había experimentado el miedo en ese grado. Se controlaba queriendo retener esos escalofríos que controlaban su cuerpo.
-¿Tienes celos?
Escuchó su voz propia voz ida. Hacía demasiado calor ahí abajo, el sudor empapaba su camisa, pues la cazadora había desaparecido por arte de magia.
-¿Celos?-hizo un esfuerzo mayor para abrir los ojos al notar el frío metal de un cuchillo o una navaja deslizarse por su cuello.-Siempre pude tenerte cuando quisiera, como ahora.
Le agarró la cara con fuerza, obligándola a que lo mirara. Sus ojos azules se veían oscuros, tanto que parecían negros. La poca luz del zulo dónde estaban no ayudaban en cuanto a ese efecto.
-Los dos sabemos que podía haberte pegado un tiro en cualquier lugar.-por alguna extraña razón los párpados ya no le pesaban igual que antes. Él se había sentado sobre sus piernas y sujetaba lo que parecía ser una daga entre sus dientes.- ¿Pero por qué no jugar antes contigo?
La tela de su camisa se desgarró gracias a la fuerza que ejercieron sus manos sobre ella. Los botones saltaron a ambos lados y los escuchó repiquetear contra el suelo. De esa forma, solo quedaba su sujetador negro antes de que él pudiera llegar a su piel.
-No te atrevas a tocarme.-balbuceó intentando incorporar su cabeza, la cual se había ladeado después de que Scott la soltara.
Observó un destello maligno en sus ojos, y lo próximo que vio fue sus dientes mordiendo su labio inferior mientras decía:-Juguemos.
Acto seguido, sus manos ya apretaban sus pechos.
-¿Cómo vamos a saber dónde la tiene?
Rick se movía de arriba abajo, incapaz de sentarse a esperar. Necesitaba pensar rápido, sabía que el tiempo corría y su vida pendía de él y de lo bien que actuara en ese momento.
-¿Habéis hablado con el FBI?-preguntó Ryan.
Espósito asintió en silencio, aún con el móvil pegado a la oreja. Nadie había visto el coche, ni la matrícula. Casualmente ningún establecimiento podía haber grabado nada, pues no disponía de cámaras de seguridad. Scott había sido listo, más que ellos, y tenía muy bien preparada la ruta de huida.
-¿Y el móvil de él? ¿No podemos rastrearlo?
La mente de Rick continuaba en funcionamiento. Cualquier cosa que pasase por su cabeza, por imbécil que sonara, lo exponía.
-Ni siquiera sale el radar de su GPS. Hemos localizado a Kate porque aunque no tenga señal o aunque esté apagado, lo apagó con el GPS puesto. Pero este hijo de puta sabía lo que hacía.
-Joder.-gritó Castle. Golpeó la pared más cercana antes de bajar las escaleras que conducían a los pisos inferiores. Estar encerrado no ayudaba nada, prefería bajar a la calle, despejarse y continuar pensando si así no se agobiaba, que calentarse la cabeza en el departamento de homicidios.
-Tiene que encontrarla o no se lo perdonará nunca.-dijo el cubano al verlo desaparecer.
Ryan también lo siguió con la mirada para luego clavar sus ojos en Espósito.
-Ya has oído, la ama.
-No es solo eso.
Su amigo se dejó caer en la silla de plásticos, haciendo que las ruedas de ésta se movieran un tanto hacia atrás. Rick no era el único que estaba preocupado o frustrado. Su cabeza iba a estallar entre tanto stress, y ni siquiera le había dicho nada a Lanie para que no se preocupara. Al igual que los padres de Kate no estaban al corriente.
-¿Entonces qué es?
Espósito vaciló antes de decirle nada a Ryan sobre Rick. La comisaría sabía qué había pasado, pero tampoco él era nadie para explicar algo que no era de su vida.
-Rick perdió a su mujer embarazada en un accidente de coche.-dijo al fin en un suspiro. Estaba masajeándose las sienes con el fin de aliviar un poco la tensión.-El coche quedó siniestro total, ella... se quemó dentro, sin embargo estaba inconsciente mientras tanto, no sufrió.-sintió los recuerdos aflorar en su interior, lo que provocó que sus ojos se volvieran vidriosos.-Yo la conocía sabes, iba a ser el padrino de su hija. Fui yo quien reconoció su cadáver, aunque no había mucho que mirar... Dios, nunca olvidaré ese día, y Rick nunca lo superará.
-Pero Kate le devuelve la esperanza de vivir.-terminó Ryan en voz baja.
Espósito asintió mirando el techo. Él nunca lloraba, no le gustaba mostrarse débil, sin embargo el tema de Kyra siempre conseguía tocarle el alma. Siempre.
-Es mi amiga, así que yo también quiero encontrarla.-inspiró con fuerza y se desentumeció el cuello moviéndolo de un lado a otro.- ¿Qué tenemos?
-De momento nadie ha visto nada, es como si se hubiera evaporado. Hay agentes en casa del chico, otros en la cárcel hablando con Giorgio y otros más patrullando las calles en busca de algo.
-No puede ser tan inteligente.-comenzó a decir el cubano.
-Lo tenía muy preparado.
Escucharon una serie de saltos en las escaleras por las que había desaparecido Rick hacía unos minutos. Se inclinaron un poco hacia delante, y volvieron a verlo, pero esta vez no estaba enfadado ni irritado, al contrario, estaba emocionado. Lo vieron saltar las dos últimas escaleras de golpe y supusieron que ese era el ruido que habían escuchado.
-¿Dónde esconderíais a una chica si queréis matarla?-preguntó efusivamente.
Ni siquiera le faltaba el aliento.
-¿Cómo sabes que la tiene escondida?
-Porque si la hubiera querido matar lo habría hecho ante, ¿no? ¿Para qué tomarse tantas molestias?-los dos policías continuaban mirándolo con el ceño fruncido.-Estaba pensándolo abajo, al ir a por un café. No he llegado ni a la segunda planta cuando me ha venido a la cabeza. Consiguió despistarlos, a la patrulla.-sus ojos azules destellaban vida, algo que solo estaba haciendo que animar también a los demás, quienes se habían parado a escuchar.-Entonces, tenía un coche, para llevarla a algún lado. Podía haberla matado directamente en cualquier sitio dónde hubieran quedado y nadie se habría enterado, pero no, se la llevó.
-A un lugar abandonado.-respondió al final Espósito.
Rick asintió rápidamente.
-Vale, pero necesitaría un lugar que conociera para que nadie sospechara al verlo entrar y que nadie llamase a la policía.
-¿Te refieres a sí le han proporcionado un lugar?
Rick rodeó la mesa, colocándose al lado opuesto de su amigo, en el hombro izquierdo de Ryan.
-Un lugar no Espo, el lugar.-le robó el ratón al irlandés y volvió a introducirse en la página dónde podían ver el radar.
-Ryan, mira si el bar "La Guarida" entra en esas manzanas.-pidió Rick acariciándose la barbilla.
-Claro, tenía las llaves.-susurró Espósito atento a cualquier movimiento que pudiese hacer el radar.
Castle no era muy practicante, pero en ese momento estaba pidiéndole a Dios mentalmente que no fuese demasiado tarde y que su teoría fuera correcta. Ansiaba el momento de encontrarse con Kate y ponerla a salvo.
-Entra en el radio.
Esa fue la señal que necesitaba. Corrió a coger su cazadora de cuero, seguido de sus dos amigos. Escuchó a Espósito avisar a varias patrullas por si se requería la ayuda de refuerzos, o en el peor de los casos, una ambulancia.
-¿Te gusta, Kate?-la boca de Scott no daba tregua a la piel de su cuello, ni a sus pechos, los cuales le dolían de haberlos tocado sin ningún cuidado.
-Me das asco.-musitó ésta entre dientes.
Intentó golpearle en la nariz con su frente, tal y como le había enseñado Rick. Sin embargo, lo único que pudo conseguir fue que su cabeza se inclinara hacia delante sin vida. Estaba consciente, sentía todo, y ahora podía mirarle. Lo que parecía no querer cooperar era el resto de su cuerpo, que continuaba bajo los efectos del cloroformo.
-No puedes golpearme, puta.-apretó uno de sus pezones entre su dedo índice y pulgar.-Estamos solos, nadie puede oírte. Tú y yo.-besó sus labios, irrumpiendo en su boca sin permiso alguno.
El chico que la había besado con dulzura, que la había tratado como si de una princesa se tratara y que la había protegido ya no estaba. No era capaz de reconocerlo en su mirada. Sus gestos eran duros y fríos, y sus besos eran forzados y asquerosos. En el fondo, estaba aterrada. Habían pasado varios minutos y nadie acudía a salvarla, ni siquiera Rick.
Hizo un esfuerzo por no llorar, para no darle ese placer. Si había algo que realmente la aterrara, era que fuese capaz de violarla.
-¡Zorra!-exclamó una vez le hubo mordido con fuerza el labio inferior.
Ya que estaba atada y no podía defenderse, ese era su último recurso. La mano de Scott volvió a aterrizar sobre su mejilla, con una fuerza tan potente que la obligó a caer de espaldas, recibiendo un golpe en la cabeza.
-Hijo de puta.-susurró con los ojos llenos de lágrimas.
La garganta le ardía, y no podía mover una de sus manos porque con el mínimo roce veía las estrellas del dolor. Y no solo eso, estaba segura de que la ceja le sangraba al haber impactado contra el suelo. Notaba el líquido espeso deslizándose a través de su sien.
-Si te estuvieras quieta no tendrías que sufrir tanto, preciosa.
El suelo estaba helado comparado con el calor que desprendía su piel. Sintió sus piernas separarse y al instante el peso de la silla despareció. Scott había roto la madera. Su trasero golpeó el suelo, en sintonía con el resto de su cuerpo.
-Haces esto porque estabas celoso de Rick.-notó la rabia en la expresión de su rostro y eso la animó a continuar por ahí. Necesitaba ganar tiempo para planear una estrategia.-Porque es a él a quien quiero, ¿verdad, Scott? Porque no le llegas ni a la puta suela de los zapatos.
-¡Cállate!-gritó moviendo el cuchillo.
El pecho de Kate ascendía y descendía rápidamente. Surgía efecto, justo lo que ella quería. Comenzaba a despertarse de su sueño ficticio gracias a la droga.
-No me callo. Te jodía eh. Te jodía saber que dormía en su casa, que hacía el amor con él, que le besaba y le miraba como nunca lo había hecho contigo.-continuó ella.
Lo vio inspirar con fuerza, a punto de hacer algo. Ella solo quería a Rick, quería estar con él.
-¡Me dabas largas porque estabais los dos jugando! ¡¿Y yo que eh Kate?! ¡¿DÓNDE QUEDABA YO?!
-Tú nunca tuviste una puta oportunidad. Eres un jodido psicópata. No sé cómo he podido enrollarme contigo. Me das asco.-escupió ella. Su rostro estaba rojo. Rabia y miedo, eso sentía. Un paso en falso podría causar su muerte. Intentó deshacerse de las cuerdas que la mantenían amarrada al intacto respaldo de la silla, pero no podía, le dolía demasiado. Probablemente se había roto la muñeca.
-¿Que te doy asco?-tiró el cuchillo a un lado y corrió a colocarse a horcajadas sobre ella. Kate pataleaba, consciente de sus intenciones, pero él era más grande, por lo tanto le bloqueaba las piernas con su peso.-Voy a follarte, aquí, ahora y luego te meteré un puto tiro en la cabeza maldita puta.
Chilló al mismo tiempo que se removía debajo de él queriendo tirarlo hacia un lado, pero maniatada era imposible. Scott se desprendió rápido de su cinturón y desabrochó su vaquero en otro tiempo récord. Notaba ya su erección presionándola y solo pudo gritar el nombre de Rick, cómo si eso pudiera servirle de algo.
-¿Habéis oído eso?
Rick alzó la cabeza intentando averiguar el origen de las voces. Sujetaba un pesado fusil de asalto, al igual que sus compañeros. Solo que él iba más adelantado a los demás, inspeccionándolo todo detalladamente.
-No sé de dónde viene.-el agente del FBI iba pisando con cuidado el suelo. Sabía que si Scott los descubría su oportunidad de salvar a Kate se esfumaba.
-Creo que de abajo.-susurró Ryan señalando las escaleras que conducían a una especie de sótano.
Los tres se miraron ceñudos entre sí. El lugar estaba tal y como Rick lo recordaba, solo que esta vez vacio. Los padres de Giorgio no se habían hecho responsables de él y el local había sido cerrado por la policía. Las ventanas estaban precintadas, al igual que lo estaba la puerta principal.
Observó la forma en la que las sillas descansaban sobre las mesas de madera, salvando algún banco inamovible. Nadie hubiera imaginado que se trataba de una tapadera para pasar droga.
Su garganta deseaba gritar el nombre de Kate y que ella le respondiera, verdaderamente lo necesitaba. Oírla y saber por anticipado que estaba bien. No obstante eso apareció solo, cuando escuchó cómo era ella quién la llamada en un intento de pedir auxilio.
En menos de dos segundos bajaba las escaleras en dirección a la puerta que ocultaba otra estancia detrás. Espósito le gritó algo antes de que lo hiciera, pero él ya había comenzado a descender hasta que desapareció.
La puerta no resultó ser ningún obstáculo, pudo derribarla de una única patada. Igual que pasó hacía unos días con la principal en la parte superior, esta también voló.
-Aparta tus putas manos de ella o te juro que hago un cuadro con tus sesos-gritó Rick enfurecido.
El corazón le dio un vuelvo al ver a Kate tumbada en el suelo, con la camisa rota y el sujetador medio bajado, al igual que los vaqueros ya iban por sus muslos y podían verse sus bragas negras de encaje.
Scott se giró entre sorprendido y asustado. La mandíbula de Rick se tensó, al igual que sus puños se cerraron sobre la empuñadura del fusil. Tenía los pantalones desabrochados y su miembro a punto de sobresalirse de los calzoncillos.
Ella estaba medio inconsciente en el suelo y presentaba heridas severas tanto en ceja como en labio, y seguramente en otras partes que él no podía ver.
Inspiró con fuerza, con las ganas de apretar el gatillo y hundirle una bala en el pecho acechando su razón. Había intentado violar a Kate, y si no hubiesen llegado a tiempo estaba seguro de que habría acabado haciéndolo.
No le hizo falta girarse para ver la cara de sus amigos, pero sabía exactamente cómo sería. Igual que la suya.
Sin decir nada avanzó hacia él, golpeándole en el estómago con la culata del fusil. Scott cayó de espaldas sobre el suelo, igual que había hecho con Kate él mismo. Rick tiró el arma, colocándose encima suya y comenzó a golpearle la cara con el puño, repetidas veces.
Espósito y Ryan corrieron a su lado, sujetándolo para que parara. Scott tenía lo que parecía la nariz rota y el ojo morado. Si continuaba se arriesgaba a dejarlo inconsciente y aunque dijeran que Rick había usado la defensa personal, podían encarcelarlo.
-Suéltalo, Richard. Ve con Kate.-dijo Espo ayudando a que se levantara. Rick tenía los ojos vidriosos, la cara encendida y su mandíbula aún apretaba.
Seguía mirándolo, observando como la sangre manaba lentamente de su nariz y él intentaba protegerse. Todos sabían que si dependiera de él, Scott no salía vivo de ahí.
-Kate, mi vida.-se arrodilló junto a ella. Sus ojos estaban cerrados. Notó que sus manos estaban echadas hacia atrás de una forma extraña. Giró su cuerpo con cuidado y vio las cuerdas amarrando sus manos a la silla.
El cuchillo que había usado Scott estaba a unos centímetros de él, así que no le costó nada agarrarlo y cortarlas, liberando así las irritadas manos de Kate.
Su rabia volvió a aparecer al ver una pequeña mancha morada en su muñeca. Supo que eso había sido gracias al golpe que había recibido, al igual que la sangre que tenía pegada al pelo, en la parte trasera de su cabeza.
-Kate, ¿me oyes?-una lágrima se deslizó por su mejilla, cayendo cerca del pecho desnudo de la chica. Ella movió las pestañas aturdida, e intentó abrir la boca.
Después de gritar el nombre de Rick, Scott le había propinado un buen golpe en la sien, lo justo para dejarla inconsciente por unos minutos y así él poder conseguir lo que quería.
-Rick.-musitó.
Él le acarició la cara con ternura. Por suerte Espósito y Ryan se habían llevado a Scott, pues le era imposible no volver a pegarle un par de patadas más.
-Voy a sacarte de aquí, mi amor.
Abrió las cintas de velcro del chaleco antibalas y lo dejó a su lado. Ella continuaba semidesnuda y por nada del mundo iba a llevarla fuera en esas condiciones. Se desprendió de su sudadera negra e intentó ponérsela a ella con el mayor cuidado posible.
-Rick.
Escuchar su nombre en sus labios, en el tono que fuera, era música para sus oídos y más después de todo. Esa era la mejor prueba que podía tener para saber que recuperaba el conocimiento.
-Estoy aquí, cariño.
Pasó los brazos debajo de sus rodillas hasta cargarla. La sensación que sacudió su cuerpo fue inexplicable, una mezcla de alivio y amor incondicional que se propagó aún más cuando su olor a cerezas ascendió hasta su nariz.
No le importó que hicieran unos veinte grados en el exterior y que él fuera sin camiseta, tan solo existía la mujer que llevaba en brazos y que estaba tardando demasiado en abrir sus preciosos ojos verdosos. Algunos agentes los miraron en silencio, sabiendo lo que sentía Rick por ella. Otros sonrieron ante la escena cargada de amor y otros suspiraron de alivio al ver que esa vez nadie había muerto.
