Personajes de Mizuki e Igarashi.
Al verla tan indefensa no pude resistir darle más que simple respiración boca a boca, lo cual desató la furia del actorcito ese con quien ahora andaba, el tonto no dudó en golpearme por suerte tengo reflejos de gato y lo esquivé exitosamente lanzándole al agua. El duque dio la orden para que lo sacaran enseguida, parecía pollito remojado ja, ja, ja…
-¿Puedes narrarnos mejor?
R:- Claro, ja, ja, ja-Miré seriamente a mi entrevistado y él carraspeó para mantener el orden-. Proseguiré…
-¿Se puede saber qué locura es está y, en mi casa? ¿Usted quién es? ¿Por qué besa la prometida de mi hijo?
Candy, intervino por mí:-Es el padre del niño que llevo en vientre; si estás aquí es porque ya te enteraste, ¿cierto? – había dicho ella recuperando el aliento.
Terry salía del lago, los vasallos le entregaron unas toallas blancas para que se secara, pero el imbécil las rechazó. Iba como un energúmeno hacia mí.
"Candy le había tapado el paso a su prometido para suplicarle que le dejara hablar con él que es el padre de su hijo y por más que quisiera era un hecho que no podía eludir; a regañadientes aceptó".
Ambos nos habíamos mirado con desprecio.
Candy y yo nos fuimos charlar detrás de un árbol. Mientras que el duque le reprochaba a su hijo…
-Tu conducta es propia de un cab&&&…
Por otra parte:
-Oh, Candy como te extrañé, ¿por qué te fuiste sin darme aviso de tus planes? –le decía con un mínimo de distancia entre nosotros, mis labios estaban a escasos milímetros de los de ella era inevitable no sentir su suave y fresco aliento a menta fresca que salía de su boca sabor a cereza.
-Albert, mantengamos la distancia. Estoy… Estoy comprometida…
-Con un pelele hijito de papi.
-Tú también eres rico…
-Sí, pero mis padres murieron. Solo me tuve que hacer fuerte en la vida-. La hice retroceder hasta tenerla acorralada contra el amplio roble. Mis manos se desviaron hasta las piernas húmedas de Candy, sutilmente subí mi mano derecha, ella me la golpeó.
-¡Compórtate!
-Perdón, sé de tu estado de salud.
-Y así tuviera totalmente sana no lo permitiría. Me puedo resfriar y no quiero que mi hijo se pongo malito. Nos veremos luego, pide una cita en mi consultorio-. Refirió apartándome con cierta violencia.
Terry se interpuso entre ambos para enterarme del papel que él jugaría ahora en adelante en la vida de Candy:
-Ya escuchaste a mi prometida mañana hablaran lo relacionado al niño que viene en camino. Es normal que se comuniquen. Debe crecer conociendo de dónde viene…- No sabes que ganas tenía de decirle que venía de mis bolas, ¿de qué otro lado?- Comprendo su actual situación. Vengo de una familia distanciada. Agradezco que mañana se hablen. Vamos Candy para que te cambies, mientras te bañas haré que te compren ropa.
A pesar de mi desagrado cedí. Candy en sí no podía recibir molestia, por lo que me retiré sin decir más, pero a medio camino regresé dándole orden explicita que como padre de la criatura que estaba por nacer debía asegurarme que Candy regresaría a casa sana y salva de lo contrario entrarían en un juicio legal en caso de una reacción adversa derivada del haber caído al agua (admito que fui responsable), por lo que el duque para evitar caer en controversia legal me aseguró que el mismo la llevaría a su casa. Me pareció que era un hombre de palabra…
-Terry te pido de ante mano disculpa por lo ocurrido, entenderé si deseas romper el compromiso de hecho es lo más sano-. Dijo cabizbaja. Terry se acercó a ella y la ayudó a envolverse el cabello en una toalla aprovechó para darle un sutil beso en la frente en sinónimo de compresión.
-Te quiero, deseo pasar el resto de mi vida a tu lado. Después de que nazca esta hermosa criatura –dijo Terry dando unos pequeños toques a la panza de Candy- tú y yo tendremos hijos, los querré por igual sin distinción. Aceptaré que entables con él una relación filial por el niño que debe criarse en un hogar sano. Las diferencias entre los padres no pueden afectar el desarrollo emocional de los hijos.
-Terry eres tan compresivo nunca imaginé… esto de ti… en realidad de nadie, pensé que sería vetada por todos los hombres apenan ven a una mujer embarazada salen huyendo como si se tuviera peste o alguna enfermedad viral o contagiosa.
-Ja, ja, ja, ja, ja No es mi caso. Mi madre amará al niño como si fuera su nieto. Ella te ama como a una hija. Se me olvidaba decirte mañana vendrá; ya debe estar arribando su vuelo en este momento.
Aeropuerto de Londres.
Eleonor más hermosa que nunca descendía del avión haría todo lo que esté a su alcance para que sus dos amores se unieran para siempre ella tendría una hija, su dulce Candy.
Al día siguiente en el consultorio de Candy una vez terminó las consultas Albert, llegó preguntando por ella:
-Espere un momento señor, avisaré a la Dra. White.
-Me extraña que no le haya comunicado soy el padre de su hijo.
-De igual forma debo anticiparlo son reglas institucionales.
-De acuerdo.
-Candy un hombre rubio de ojos azules, bien parecido, buelmoso, elegante y bello desea verte, dice que es el padre de tu hijo. ¿Lo dejo pasar o me lo llevo para la casa?
-No lo dejes pasar. Dile que no estoy. Que venga pasado mañana. Otra cosa.
-Sí.
-Llévatelo para tu casa.
-Okey.
-No está. Dice que venga pasado mañana, pero si quieres la puedes esperar en mi casa. ¡Ups!
-Entiendo, permiso señorita.
-Señor no puede pasar así.
Candy no paraba de reír en la oficina.
-¡Candy!
-Albert estoy ocupada-. Me acerqué a ver lo que le causaba gracia. Giré el monitor hacia mí.
-Viendo los tres chiflados, ¿es más importante que hablar del futuro de nuestro hijo?- Ella cambio su rostro divertido por una cara seria.
-Bien, toma asiento. Mily, cierra la puerta, por favor-. Candy cruzó los dedos de sus manos se puso frente a mí, posterior al haber apagado su computador- ¿Qué propones? Creí que tenías arresto domiciliario.
La mente de Albert voló como flash y se ubicó en la residencia de Chicago, donde Dorothy hablaba por teléfono con George:
-Señor, Miena no se está quieta. Ya le di algo para su hiperactividad pero nada-. George se masajeaba las sienes. Dale un filete de carne enorme con unas cuantas gotas de valeriana. Avísame cualquier cosa, por favor.
-Sí, señor.
William de niño nunca diste lata.
-Comandante el señor William es un hombre muy atlético.
-¿Por qué lo dices?
-Ha subido y bajado las escaleras de una manera ¡Rápida!
-Déjame ver.
-¡Goooooool, ¡Señores, Croacia, Croacia… metió Gooool!
-¿Gol?
-¡Sí!
-¡Vamos a ver el partido!
-Pero…
-¡Olvídate de eso…! ¿Está ahí?
-Sí.
-Ven entonces, un gol de Croacia no es todos los días.
-Estoy para hablar de nuestro hijo.
-Te escucho.
-El niño es un Andrew, es varón, por lo que será mi sucesor. Mi tía desea conocerlo.
-¿Tu tía? ¿La misma que me miraba con repulsión cada vez que pisaba tu casa?
-Me disculpo por la actitud de ella, pero no tengo más tías.
-Y, ¿cómo lo tomó?
-Bueno…
¡ESTAS LOCO! ¿CÓMO SE TE OCURRIÓ PREÑARLA? LO PRIMERO QUE TE DIJE Y LO PRIMERO QUE HICISTE…
Bajé la voz tía. ¡Soy un adulto y la elegí como madre de mi hijo…!
¿NO SE TE COURRIÓ OTRA? SI REALMENTE HUBIERA SIDO POR AMOR TE HABRÍAS CASADO CON ELLA. Mejor ni pensarlo sería fatal oh, mi neuritis…
-Digamos que está en una etapa de aceptación.
-Aceptación, eh- Candy expresó en un tono inconforme, pero a la vez sarcástico. Ella conocía la actitud de mi tía hacia ella, así que no se lo creería del todo.
-El asunto es que debes ir este fin de semana con ella quiere que compartamos como familia por el bien de nuestro crío.
-Iré, pero en compañía de mi futuro esposo.
-¿Cómo?
Continuará.
Poco para el final. Gracias por la apoyo Dios nos Bendiga.
