Disclaimer: Fairy Tail y todos sus personajes pertenecen al gran Hiro "Troll" Mashima (N/A: ¡Dame más Nalu, maldita sea!)

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Libro Dos: Luce


¿Vale la pena jugarnos la vida por la felicidad de los demás si pasamos a llevar la nuestra?


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Capítulo Catorce: Mi felicidad.

Lucy quedó estancada junto a la puerta mientras esperaba una respuesta por parte de Juvia quien no tenía donde esconderse. La trastornada joven volvió a tomar el sobre azul con ambas manos y lo atrajo hasta su pecho ocultándolo como si lo estuviera protegiendo. Ahora las piezas del rompecabezas se iban armando una tras otra como por acto de un fuerte imán de pruebas evidentes. Ante sus ojos tenía la respuesta ante los constantes encontrones de Gray viéndolo mientras bajaba al sótano con sigilo. La rubia lo había entendido, tampoco era necesario que su compañera fuera más explícita ante una situación transparente, sin embargo no podían quedarse un segundo más contemplándose en silencio esperando quién rompe el hielo.

A lo lejos se escuchaban pasos que terminaban en salones desconocidos, todas las señales indicaban que era el momento ideal para hablar sobre ello. Ambas lo tenían más que claro.

―¿Acaso eres tú la admiradora secreta de Gray? ―preguntó inútilmente aún sabiendo la respuesta. Quería oírlo de sus propios labios, su palabra era la última pieza del tormentoso puzzle.

Loxar agachó la cabeza asintiendo al mismo tiempo, apretó con sus dedos levemente el papel perfumado para descargar sus nervios de alguna manera. ―Yo…―su voz se fue apagando de a poco―…yo solo quería estar cerca de Fullbuster. ―mordió su labio inferior mientras pensaba qué más decir, de seguro Lucy creería que estaba loca o algo por el estilo. Era más que obvio que desde ahora dejaría de hablarle como muchas chicas lo hicieron cuando era más pequeña. Al menos eso pensó ella en aquel instante.

―Debiste decírselo, ¿por qué no te confesaste a él? ―Lucy se acercó y la tomó por los hombros―, ¿no crees que pudo haberte correspondido?

―La respuesta es obvia ―negó con la cabeza―, él no siente nada por Juvia pero sí por su admiradora.

―La cosa es que Juvia y la admiradora son la misma persona ―la corrigió Heartfilia al tanto le regalaba una sonrisa―, sé que soy la menos indicada para aconsejarte esto, pero deberías decirle lo que sientes o luego será demasiado tarde.

Y lo era, ¿cuántas veces desperdició la oportunidad de declararse a Natsu? Miles. Era irritante hasta para ella misma el ver correr los días por su calendario y seguir sintiendo que no han avanzado más allá de su especial amistad. Por eso y mucho más no permitiría que otra persona pasara por la misma circunstancia. Se acomodaron sobre las mesas para charlar más calmadas, Lucy trataba de incentivarla a que se armara de valor y le contara sus sentimientos a Gray sabiendo lo difícil y casi imposible que era. Al mismo tiempo pensaba en Fullbuster, ¿cómo reaccionaría él ante una confesión de amor? Podría jurar que jamás se lo imaginó de esa manera.

―No sé si podría soportar el duro rechazo de Fullbuster…―Loxar estaba tan roja que podría camuflarse perfectamente en un huerto de tomates.

―Es que no deberías pensar en ello antes de intentarlo.

―Lo-lo intentaré, gracias Lucy. ―decidida, Juvia optó por seguir el consejo de su amiga y compañera.

Aquel momento emocionante fue interrumpido por el sonido que hacía la puerta del salón al abrirse; se trataba de Lisanna que acababa de llegar. Su rostro se veía cansado y su cabello un tanto desarreglado, al parecer no había tenido una noche muy agradable, eso les preocupó a las muchachas que permanecían dentro del aula cuando esta llegó.

―Buenos días. ―saludó a ambas, aunque mantenía cierta tensión con Lucy ya que evitaba en lo más posible mirarle fijamente a los ojos.

La rubia podía sentirlo, eso la estaba punzando fuerte en el estómago. Hace días atrás o mejor dicho, desde aquel paseo infernal que las cosas entre ellas no volvieron a ser como antes. Nunca fueron amigas tan íntimas ni cercanas, no obstante habían hecho un pacto y este no se cumplió. En la cabeza de Heartfilia existía más de una teoría a esta problemática pero la que más rondaba por su materia gris era la del supuesto error de Natsu al decirle la verdad.

«¿Habrá sido capaz de contarle todo aquella noche?»pensó ella mientras se acomodaba en su pupitre. Era lo más probable, pero tampoco comprendía si aquello le había servido de algo pues su relación también se tensó luego de tal suceso. No era suficiente para ella, tenía que saber la verdad. Se levantó con decisión y caminó hasta el puesto de la albina que ya había instalado sus cosas en su mesa.

―¿Podemos hablar al término de las clases?

Lisanna alzó la cabeza con sorpresa, si había algo que no esperaba era precisamente el que Lucy tomara la iniciativa de hablar las cosas. Aún sentía remordimiento por haber sido casi la única que no sabía lo que realmente pasaba.

―Claro. ―contestó ella en seco sin despegar la mirada del borde de su falda. Al menos habían podido quedar en algo.

Los demás estudiantes entraron a la sala uno tras otro, la clase estaba por comenzar. Cada uno se acomodó en su puesto en tanto Lucy hacía lo mismo, sacó su cuaderno de biología y todo lo necesario mientras iban llegando sus amigas que al unísono le saludaban. Incluso Gajeel hacía su primera aparición en la clase llamando la atención de todos los que se encontraban en el aula, muchos no tenían una muy buena impresión sobre él. Al menos Heartfilia sabía que su amiga Levy estaba muy contenta con este nuevo curso. El muchacho rudo cruzó por el pasillo entre las mesas y se sentó atrás.

La rubia golpeaba el piso levemente con la punta de sus pies tocando una canción desconocida mientras esperaba ansiosa que ese puntiagudo cabello rosa cruzara esa puerta maldiciendo a medio mundo como todas las mañanas. Cada ruido que ocurría por los pasillos le acortaba la respiración ya que cualquiera de ellos podía significar que quedaban segundos para que arribara en el aula.

Vio como entró Gray, Loke y Elfman charlando muy animados así que alzó un poco su cabeza para ver si venía alguien más tras de ellos, y así fue…

―Buenos días. ―Sting que entró en compañía de su fiel amigo Rogue con cara de "odio las mañanas". Saludó a los presentes para luego pegarle un vistazo a Lucy quien soltó un suspiro de decepción. ―¡Oye!, ¿a qué va esa reacción cuando me ves? ―la interrogó, se veía muy molesto y un tanto ofendido.

Lucy lo miró con desinterés, no tenía ganas de discutir y menos con él. ―No es nada. ―contestó aburrida. «Solo esperaba que fueras otra persona.» gritó en su mente sin despegar la vista de la puerta.

Sting rechistó y con el peor de los ánimos tomó lugar en su puesto seguido de Rogue que observaba la escena con cansancio.

―Qué chiquilla más pesada ―se quejó el rubio a su amigo que permanecía sentado a su derecha―, ¿por qué se empeña en ser tan odiosa conmigo?, así ningún tipo va a fijarse en ella.

―¿Desde cuándo te preocupas tanto por una chica? ¿Acaso ella…? ―Rogue lo miró preocupado, su inesperada pregunta había terminado por incomodar más a su compañero.

―To-tonterías…―se cruzó de brazos y como un niño de cinco años se amurró sobre su silla.

Pasaron cinco minutos más hasta que el profesor Ivan Dreyar entró al salón con su enorme libro de clases y un bolso lleno de hojas blancas que despertó la curiosidad de los alumnos ya que rebalsaba por la abertura de su portafolio. Se detuvo frente a la pizarra luego de dejar sus pesadas cosas sobre su mesa y alzó la voz para llamar la atención de todos. ―Alumnos, el día de hoy comenzaremos un proyecto de ciencias así que deberán contestar estas pruebas de compatibilidad para definir quién será su compañero. ―fue breve y preciso mientras iba pasando las hojas a cada uno.

―¿No podremos trabajar con quien queramos? ―preguntó Levy con lamento mientras ojeaba a Gajeel con disimulo.

Ivan se acercó hasta el pupitre de la muchacha y asintió con sarcasmo. ―Qué inteligente es usted, señorita. ―terminó de repartir las hojas mientras recibía mil quejas por parte de los estudiantes que no les gustaba para nada la idea de trabajar con alguien al azar.

―Escuchen chicos, en el futuro tendrán que trabajar con muchas personas que no les agraden por lo que es buena idea que se vayan acostumbrando desde ahora ―miró su reloj―, tienen quince minutos así que empiecen ya.

Como una coreografía todos se pusieron a escribir a excepción de Lucy quien aún esperaba que llegara su vecino, ya comenzaba a preocuparse. Echó un vistazo a las preguntas y luego a sus compañeros, muchos trataban de copiar y mirar las respuestas del otro para coincidir en la compatibilidad. Era lamentable que ella no pudiera hacer eso con el torbellino rosa ya que ni siquiera se encontraba en la sala considerando que se sentaban lejos uno del otro.

Quería estar con él, deseaba tener una excusa más para pasar todo el tiempo posible a su lado. Trató de pensar qué respondería su vecino en cada pregunta, una que otra tontería se le venía a su cabeza.

―¡Lamento la tardanza! ―Natsu llegó de golpe al salón con la respiración agitada y una que otras gotas de sudor. Apoyó parte de su cuerpo sobre la pared y arregló su cabello que denotaba a la gran velocidad que corrió.

―Te dejaré pasar solo por esta oportunidad. ―de mala gana Ivan le pasó una hoja para que fuera a responder el test.

Dragneel recibió el papel aún agitado y caminó por el espacio que lo guiaba hasta su pupitre no sin antes saludar a su vecina con una tierna sonrisa, un gesto que la había derretido por completo; en ese instante Lucy sintió que su corazón al fin recupero su pulso normal. Todo parecía sacado de una escena de una película romántica, faltaba tan solo la música de fondo para que fuera perfecto. Sin embargo, la perfección no existía en la vida amorosa de Heartfilia.

―¡¿Qué haces tú aquí?! ―Natsu gritó a toda voz desconcentrando a la sala completa mientras apuntaba a Gajeel con desconcierto.

―¡Dragneel, una más y te vas castigado! ―gritó Ivan que no parecía mentir sobre su amenaza.

Lucy palmeó su frente, su vecino siempre conseguía la manera de arruinar todos los momentos. Trató e hizo su mayor esfuerzo por ignorar lo ocurrido y regresó su concentración a la prueba, recordó que Dreyar les exigió rotundamente que respondieran con la mayor sinceridad posible, no obstante le asustaba qué resultados podría traer el ser tan honesta. Respondió cada una de las interrogativas con su mano temblorosa tratando de no pasarse de la delgada línea de respuestas, soltó un exagerado suspiro y se levantó para entregar su hoja.

Aunque ya muchos habían acabado, cada vez el tiempo corría más rápido y quedaba menos para finalizar el test.

―¡Tiempo, entréguenme sus hojas! ―Dreyar pasó puesto por puesto quitando las pruebas restantes.

Levy guardó sus útiles en su mochila mientras parecía balbucear algo indescifrable.

―Espero que los resultados me dejen con él…―susurró al girar su cabeza en dirección donde se encontraba Gajeel.

―Y yo espero que…―Lucy guardó silencio, había despintado que lo que sentía era un fuerte secreto―…olvídalo.

―Ya lo sé. ―Levy sonrió causando que la rubia se convirtiera en una frutilla.

Había olvidado que su compañera de puesto conocía la respuesta, más bien sabía a qué chico se refería con esos anhelos.

―Tranquila, soy una tumba ―McGarden selló sus labios con dos de sus dedos―, aunque aún necesito saber en qué están ahora.

―En nada, él parece haber dado vuelta la página.

―Eso no lo sabes ―Levy pegó una breve mirada al torbellino rosa para luego regresar su enfoque hasta su amiga―, tendrás que dar tu cien por ciento si quieres conocer la verdadera respuesta.

Quedando absolutamente pensativa y algo confundida, Lucy agachó su cabeza dejándola reposar sobre el tablero mientras analizaba las posibilidades. Era realmente problemático suponer cómo acabaría todo si él la rechazara o algo parecido, todo su mundo se vendría abajo. Aunque si seguía pensando en ello su cerebro se quemaría. Lo único que debía importarle en estos momentos son los resultados del test.

El maestro Ivan pasó parte de lo que sería la nueva materia del año así que no les dejó mucho tiempo libre para análisis ni menos para charlar, muchos números y nuevas fórmulas. Ya a diez minutos de terminar la clase todos querían huir por esa puerta.

―Dejaremos todo hasta aquí. Recuerden que la próxima clase traeré los resultados ―tomó sus cosas y caminó hacia la puerta―, no olviden sus materiales.

Sonó el timbre y todos saltaron con regocijo mientras guardaban sus pertenencias.

―¡Al fin! Ya me estaba aburriendo. ―Cana fue la primera en salir seguida de sus demás compañeros.

―A mí me gusta biología. ―comentó Yukino un tanto avergonzada.

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Se reunieron en el patio al tanto veían jugar fútbol a los de tercero año en la cancha de la escuela. Por un lado se encontraban los chicos hablando de temas sin importancia y en el otro las chicas observando específicamente a los jugadores. Todas reían al oír los pervertidos comentarios de Cana mientras se deleitaba contemplando a los muchachos de una clase menos.

―Oigan, ¿a quién miran tanto que se ríen de esa manera? ―Natsu se inmiscuyó en la charla femenina con gran curiosidad pues las risas cómplices se oían por todo el patio.

Al percatarse de su presencia, Lucy giró zarandeada. ―No…no es nada. ―pero sus mejillas y su graciosa expresión decían otra cosa. Su vecino la observó con sospecha teniendo aún más ganas de saber qué era lo que sucedía. La muchacha percibió el incómodo análisis que Natsu le hacía desde cerca y comenzó a sudar.

―¿Qué te pasa? ¿Tienes fiebre? ―posó su mano sobre la húmeda frente de su compañera para ver su temperatura, lo que la contrarió aún más.

―No, solo…no te acerques tanto.

Se maldijo a ella misma por ser tan esquiva cuando estaba en plan de hacer todo lo contrario. ¡Cómo se ponía cuando él estaba cerca!

―Está bien. ―casi ocultando su molestia, Natsu decidió complacer la petición de su vecina tomando distancia y tratando de distraerse en otra cosa. Heartfilia sabía que no había hecho lo correcto, pero las miradas de todos y especialmente la de Lisanna la aturdían demasiado.

No era algo que podía disimular, la menor de la familia Strauss tenía mucho que pensar y también mucho que decir. Frente a la situación que vivió el verano pasado parte de su motivación se vino abajo y sabía que todo eso era su culpa. Tenía mucha rabia acumulada y no sabía cómo dejarla salir; podía verlo, Natsu moría por Heartfilia y ella se había quedado fuera de tal triángulo amoroso que algunos podían ver antes. Le dolía, pero esa era la realidad y tendría que aceptarla.

―Oye Juvia, ¿al final nos juntaremos en tu casa el fin de semana? ―Lisanna optó por romper ese tormentoso hielo que la estaba atravesando para cambiar a un tema más calmado y fácil para todos.

Ella asintió. ―El sábado en la noche los espero a todos en mi hogar. ―respondió la muchacha de cabello azul con muchas ansias.

―Genial ―Loke alzó su mano como si ya estuviera de fiesta―, extrañaba juntarme con ustedes.

―¿Yo también estoy invitada? ―preguntó Yukino con mucha vergüenza.

―¡Por supuesto que sí, tontita! ―Cana la abrazó.

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Dentro del buen ambiente sonó el timbre para regresar al salón de clases. Las chicas eran las más entusiasmadas con la primera clase de baile en el año así que corrieron hacia el gimnasio para cambiarse en los camarines, por otro lado los muchachos del cuarto año tendrían su clase de artes marciales con el maestro Jellal. Ya dentro de los vestuarios femeninos las chicas se comenzaron a equipar. Su uniforme consistía en una camisa manga corta color blanco y una falda-short del mismo color con bordes negros y zapatillas cómodas.

―Me da un poco de vergüenza que los chicos nos vean así. ―comentó Levy mientras observaba lo corta que era su falda en uno de los espejos. La verdad es que para ser uniformes escolares mostraban demasiada piel. Sin embargo no había notado que para sus compañeras las cuales eran un poco más desarrolladas la situación parecía mucho peor.

Lucy miró su reflejo y se dio cuenta de las palabras de su amiga, una falda bastante diminuta que por lo menos el short que iba debajo la hacía menos vulgar acompañada de una camisa más que ajustada. Agradeció a todos los dioses el haber empacado su sostén más firme y deportivo esta mañana para evitar que una de las dos se saliera de lugar mientras daba saltos.

―No mientas, de seguro ansías que Gajeel te vea así. ―bromeó Cana quien estaba en la misma situación, aunque a diferencia de sus amigas ella lo tomaba con más confianza y desinterés.

―¿De-desear que nos vean así? ―Erza puso su imaginación a volar mientras le salía humo por las orejas, ¿qué reacción pondrá Jellal al verla vestida de esa forma?, quizá ya no le parecía tan mal atuendo.

«Ya quiero salir para que Fullbuster pueda verme con este provocador uniforme. » añoraba Juvia en sus pensamientos.

Mirajane acabó de amarrar su falda y se unió a las que se veían en el espejo. ―Vaya, al parecer Lucy no es la única que tiene fiebre el día de hoy.

Las chicas salieron de los vestidores encontrándose a sus compañeros que ya estaban calentando en la cancha del gimnasio por orden del profesor Jellal. Al lado de la radio se encontraba Ultear, la maestra de danza que esperaba por ellas y quien robaba todas las miradas de los muchachos hasta que vieron a las chicas con el proclamado uniforme de baile. Más de un tropiezo tuvieron por estar curioseando cómo les quedaba.

―Amo la clase de educación física. ―mientras trotaba Loke no despegaba la vista de sus compañeras de clase.

Natsu se detuvo para beber agua, abrió una botella que trajo desde su casa para tomar un poco y luego echó unas cuantas gotas sobre su cabeza. Él había sido el único que no se había dado cuenta de la enorme distracción que tenían sus pares. Dirigió su mirada hasta las chicas y pudo comprender por qué tanto alboroto. Las miró una por una hasta detenerse en Lucy, esta vez amarraba su larga cabellera rubia en una coleta alta. Admiró sus largas piernas y esa contorneada cintura que solo ella podía lucir con una camisa tan apretada. Verla era un deleite, su rostro decidido y su respiración agitada luego del calentamiento no era más que un goce para él.

Ultear apretó el botón para encender la música mientras daba instrucciones a sus alumnas, empezó la prima estrofa y todas comenzaron a seguir los pasos de la profesora. Al mismo tiempo la baba de los chicos comenzaba a caer, cada uno con la vista puesta en alguna muchacha en especial. Gajeel fingía que no le interesaba lo que estaba pasando pero no dudaba en usar uno de sus ojos para contemplar a Levy menearse con dificultad. Por otro lado Gray mantenía la mirada entre Juvia y Yukino.

Ni Loke ni Elfman tenían una preferida hasta el momento, en cambio Sting tenía bastante claro hacia dónde iban sus apuestas. Obviamente Eucliffe no quería llamar la atención sobre ello así que mantuvo una postura tranquila mientras observaba a Lucy; ni siquiera él mismo podía comprender por qué le interesaba tanto, era muy maleducada y grosera con él la mayor parte del tiempo.

―¡Ahora hacia abajo! ―indicó la maestra mientras iba bajando al ritmo de la canción sacudiendo sus piernas y caderas hasta flexionar por completo sus rodillas y rozar el suelo.

―¡Me voy a caer! ―Lisanna se afirmó con una mano para no desvanecerse hacia el lado, hacer ese paso significaba tener mucho equilibrio.

Todo esto reveló una maravillosa vista a los chicos.

―¡Que nadie vea a mis hermanas, malditos animales! ―gritó Elfman colocándose en frente de sus compañeros.

―¿Con que sí?, pues mira que bien te las arreglas para mirar a las otras chicas. ―le alegó Loke sin perder su mirada picarona y divertida, él era quien más gozaba con todo este espectáculo.

Jellal se acercó al grandote e hizo sonar su silbato. ―Continuemos con la clase, no se distraigan. ―los hizo regresar a su entrenamiento, él no tenía problemas en compartir el gimnasio con Ultear las veces que sea pero también era consciente de las consecuencias que traía, como por ejemplo el que sus alumnos estuvieran más pendientes del taller de baile que el de artes marciales.

En tanto los chicos seguían con el calentamiento se permitió observar un poco, él entendía en absoluto que sus estudiantes se distrajeran puesto que reconocía la gran belleza que tenían las muchachas, especialmente la pelirroja. Si bien no era la más aplicada a la hora de bailar y sus pasos eran un poco tiesos y torpes, era digna de admirar. Ese rostro avergonzado que gritaba a todo el mundo que estaba perdida con la coreografía y no sabía qué hacer, sus mejillas que hacían juego con su cabello amarrado, su cuello húmedo, sus piernas desnudas. Eran incontables factores los que lo hacían suspirar desde su ubicación.

Unos centímetros más a su derecha, Gray y Loke trotaban en conjunto mientras comentaban lo que veían.

―Oye, ¿te has fijado que el maestro no les quita la vista de encima a las chicas? ―le comentó Fullbuster a su amigo.

Loke soltó una risa juguetona. ―Es obvio que está mirando a la maestra.

―¿Tú crees?

―Claro que si, además ambos están en una edad promedio y no me parecería raro que estén saliendo en secreto. ―concluía el chico de cabello naranja.

―No lo había pensado. ―confesó Gray con toda sinceridad.

Juvia tomó provecho de las constantes miradas de su amor secreto para exagerar aún más los pasos de baile, daba giros marcados y jugaba con su cabello. No podía desperdiciar la posibilidad de llamar la atención de su chico preferido.

―¿Qué le pasa a Juvia? ―Natsu se acercó a los muchachos mientras la miraba con rareza, quizá el marcar tanto sus movimientos le estaba jugando una mala pasada.

―Por cómo reacciona diría que quiere impresionar a alguien. ―contestó Loke.

―¿Tú crees? ―volvió a preguntar Gray.

―A lo mejor le pica el trasero. ―bromeó Dragneel, quien de los tres parecía el más perdido.

Aunque los tres muchachos atentos a Loxar no comprendían a fondo las verdaderas intenciones de la joven, uno de los estudiantes de esa clase había podido caer ante sus encantos. Lyon Vastia parecía haber encontrado el nirvana con ambos ojos perdidos en esa soñadora expresión en la cara de Juvia, como dicen en algunos libros, fue amor a primera vista.

La música de la primera canción acabó, así que las chicas tomaron un breve descanso mientras bebían agua y secaban sus cuerpos con sus respectivas toallas de mano.

Lucy se dejó caer sobre el suelo al tanto recuperaba su respiración normal, a su lado se acomodaron Juvia y Yukino.

―Eso ha sido cansador…―comentó Agría con la voz agitada.

―Yo lo he disfrutado. ―Juvia no despegaba la vista de Fullbuster aunque este no supiera ni de su presencia.

De repente sintieron como se les acercaba uno de los muchachos, Lyon caminaba en dirección hacia las tres específicamente para quedar frente a Juvia. Las jóvenes se le quedaron viendo expectantes, sin embargo él parecía oprimido por la cobardía, pero solo fue una apariencia.

―¡Sin duda eres la mejor bailarina que han visto mis ojos! ―exclamó Vastia hacia Juvia que no podía con tanto bochorno, por un momento creyó que el chico se le tiraría encima.

«Esto parece una declaración de amor de novela cómica…» pensó Heartfilia al presenciar todo ese espectáculo. Ahora las cosas se ponían más complejas para su amiga, ya que precisamente no era la atención de Lyon la cual Juvia deseaba llamar, la situación estaba de cabeza. Peor que eso, todos los alumnos se habían percatado de aquella acción sin dejar excluido al exhibicionista de la clase del cual era casi imposible descifrar cómo se tomaba todo eso.

―Yo-yo no sé qué responder…―Juvia jugueteaba con sus dedos tratando de desviar su mirada en cualquier cosa que no sea Vastia, claramente podía entender sus intenciones a primera instancia y su respuesta hacia él era más que obvia.

―¡Oye holgazán! ―Gray apareció en escena con el ceño fruncido―, vamos a continuar entrenando así que regresa al sector de hombres, idiota. ―agarró a su primo de la camisa y lo tironeó hacia atrás.

Desde las orejas hasta la punta de la nariz de Juvia se colorearon como una manzana roja, «¡Triángulo amoroso!» profirió en su alocada cabeza mientras se cubría la boca con culpa.

―No sé qué estás pensando, pero por la expresión que tienes de seguro es algo descabellado. ―ultimó Lucy con la mirada perdida y cansada en su compañera.

El resto de hora pasó volando y la clase de educación física terminó dando lugar al último recreo. Cada vez faltaba menos para que Heartfilia y Lisanna pudieran conversar, ambas lo tenían muy presente. Los alumnos fueron a las duchas para cambiarse el uniforme obviamente a sus respectivos lugares. En cuanto a los maestros, Jellal se quedó recogiendo los conos, colchonetas y otros implementos deportivos para regresarlos al cajón donde se guardaban.

―¡Aguarda, por favor! ―Ultear tomó la radio e hizo esperar a su colega para caminar juntos hacia la bodega en el fondo del gimnasio. ―¿Te has divertido?

―Sí, aunque al parecer los chicos lo han pasado mejor ―bromeó el hombre.

Ultear fingió reír con ganas. ―Eres un pillo, de seguro tú también disfrutaste de la vista. ―dijo con vileza.

―No…―negó con la cabeza―…ya no estoy en esa edad, además ellas son mis alumnas no podría verlas con otros ojos. ―se justificó aunque muy en el fondo sabía que eso ya no era tan irrefutable.

La maestra se arrimó un poco más y tomó a Fernandes por el hombro. ―Me refería a mí, tontito ―le coqueteó―, no te hagas.

Tragando saliva y con mucha incomodidad, Jellal recuperó su distancia de vuelta. Simplemente no se sentía cómodo con esos constantes acercamientos de su colega y aunque no negaba que era sumamente atractiva, él tenía la cabeza en otra parte. Dejó a Milkovich con la pregunta en la punta de su lengua alejándose más para dejar los útiles en la bodega e ir a los camarines.

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La última clase era de historia. Se comentaba por los pasillos la llegada de un profesor nuevo que no dejaba indiferentes a los alumnos del cuarto año, era el tema de conversación en estos momentos mientras se encontraban a la espera y confirmación de los rumores. Entraron uno que otros alumnos más al salón que faltaban por llegar cuando pudieron distinguir a un hombre alto y moreno que parecía perdido entre tantas salas de clase. Asomó su cabeza para comprobar si estaba en el lugar correcto aunque no era el método correcto para saberlo.

―¿Qué clases tienen ahora? ―preguntó como si nada.

―Historia, señor. ―contestó Lisanna con amabilidad.

―¡Genial!, creí que me había perdido. ―comentó más calmado ignorando por completo que ya había hecho esa pregunta veinte veces en otras aulas mientras buscaba la correcta.

Todos lo observaban muy curiosos y en silencio hasta que la fricción entre las patas de la silla arrastrándose hasta atrás los hizo desenfocar su atención hacia Cana que se levantaba bruscamente de su lugar.

―¿Qué demonios haces aquí? ―se acercó al hombre y lo apuntó con el dedo-, ¡esta es mi escuela!

Nadie lo podía creer, ni tres segundos llevaba el profesor nuevo y ya recibía un ataque. Cana no parecía nada cómoda con la presencia de él, su sereno semblante cambió abruptamente cuando lo vio entrar al salón.

―Hija, iba a contártelo pero tu madre me aconsejó que no lo hiciera. ―le dijo él con mucha naturalidad.

―¡¿Hija?! ―exclamaron todos al mismo tiempo, algunos se pararon y otros se sostenían la mandíbula para que no tocara el piso de la impresión. Cana fue quien más incómoda se vio con todo esto, no por ser la hija del nuevo maestro más bien por enterarse de su nuevo trabajo de una manera casi inaceptable.

Se regresó a su asiento con mucha molestia para dejar caer su cuerpo con bestialidad sobre la silla con sus brazos cruzados y mirada gacha.

―Bueno alumnos, mi nombre es Gildarts Clive y seré su maestro de historia ―se presentó ignorando por completo lo que acababa de pasar―, espero que podamos trabajar todos en conjunto y lograr grandes cosas.

Lucy miró a su amiga con preocupación, le ponía muy mal ver afectadas a las personas que quería. Sin embargo en esa instancia era casi imposible que lo tratara con ella. A pesar de todo lo ocurrido Gildarts no parecía mostrar incomodidad alguna y eso le llamaba mucho la atención del nuevo maestro, quizá no tenía tan buena relación con Cana después de todo.

No sabía que pensar en verdad.

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La última clase concluyó con un trabajo de investigación para la próxima semana, nada bueno para un profesor que acababa de llegar y debía ganarse a sus alumnos. Mientras todos ordenaban las mesas y sus cosas para salir de la sala e irse a sus casas Lucy esperaba por Lisanna en el patio. Al paso que iban saliendo se despedían de la rubia uno por uno.

―¡Nos vemos mañana! ―se despidió Levy quien salía en compañía de Gajeel, Lucy le respondió con la mano.

Se acomodó en una banca cercana para esperar más cómoda al tanto observaba los árboles de los alrededores. Natsu salió del aula con un semblante cansado y aparentes ganas de llegar pronto a su casa, aunque al ver a su vecina con la mirada perdida no pudo aguantar las ganas de acercársele para fastidiarla un poco antes de partir.

―¿Te quedarás a dormir en la escuela? ―bromeó él en tanto se acercaba a la banca.

Heartfilia lo miró con gracia, durante el día no tuvieron mucha oportunidad de hablar ni de coincidir a diferencia de ayer.

―No, estoy esperando a Lisanna para charlar. ―contestó con toda la sinceridad posible y tomó un mechón de su cabello para liar con él y así destensarse.

―¿Charlar? ¿De qué? ―la curiosidad invadió al muchacho, y fuerte. Moría de ganas por saber qué iban a conversar. Tenía conocimiento de que cada vez que las chicas hacían eso no hablaban precisamente de uñas y ropa.

―Secreto de chicas. ―Lucy sacó su lengua.

Por un lapso de segundo se arrepintió de hacerlo y sus mejillas se acaloraron. Nuevamente los recuerdos la atacaban; él sobre ella succionando su lengua con sus labios mientras no le quitaba la vista de encima en aquella mansión del verano pasado. Natsu la miró con detención y bastante serio, probablemente pensó lo mismo que ella.

Tomó asiento a su costado y se echó hacia atrás relajando sus músculos al tanto estiraba sus brazos y bostezaba.

―Y yo que quería invitarte a ver una película…―canturreó mientras la observaba de reojo para conocer su reacción.

Ella lo lamentaba, una y mil veces maldecía la hora en que se le ocurrió hacer otros planes.

―Puede ser después, no me tomará toda la tarde.

Natsu soltó una risa cómplice, en cierta manera le parecía adorable que ella tratara de hacer lo posible por no dejarlo de lado.

―Te espero entonces, adiós. ―se levantó con gran ánimo de la banca y emprendió camino hasta su casa.

Lucy lo vio marcharse sin darse cuenta que Lisanna había visto absolutamente todo.

―Ya podemos hablar. ―rompió el silencio haciendo que a la rubia casi le dé un infarto. Definitivamente la albina siempre llegaba en el peor momento.

Tomando lugar y reemplazando donde se acomodó su vecino, Lisanna se dejó caer sobre la banca para quedar a su lado y poder conversar. Ambas dieron un fuerte suspiro, un impulso que les permitió hablar con absoluta sinceridad.

―Muy bien, iré al grano ―Strauss la miró fijamente y se atrevió a preguntar―, ¿por qué no me dijiste te gustaba Natsu?

Lucy quedó en blanco. Jamás habría imaginado de que su amiga conocía la verdad y ya desde hace bastante; eso explicaba su extraña y difusa actitud hacia ella desde que llegaron de las vacaciones. Todo esto estaba siendo muy brusco, dudo un instante si debía decir la verdad para evitar herir sus sentimientos.

―¿De qué hablas? ―fingió no entender la pregunta.

―¡Ya basta! ―alzó la voz―, dime la verdad de una buena vez.

Mala jugaba. Era completamente evidente de que a Lisanna no le podría seguir ocultando lo que sentía. Pensó en ella misma, en su felicidad y que quizás ya era hora de jugársela por sus propios sentimientos.

Clavó sus dedos entre su falda y lo dejó salir. ―Estás en lo cierto, me gusta Natsu.

Aun conociendo la respuesta Lisanna sintió una leve punzada en su pecho, todas sus sospechas se habían comprobado. Agachó la cabeza ocultando sus ojos con el platinado flequillo de su cabello.

―Ya lo sabía…―respondió con frialdad.

Heartfilia abrió los ojos con sorpresa.

―Quizás siempre lo supe ―Lisanna alzó la cabeza, se veía muy triste y afectada―, me siento horrible por eso, no quería dejar que Natsu fuera de alguien más y terminé haciéndoles daño a los dos.

Cerró sus párpados con fuerza y dejó escapar una lágrima de culpabilidad.

―¡No es cierto! ―Lucy le tomó el hombro―, fue mi culpa, yo debí ser honesta contigo desde el inicio. El problema es que te vi tan feliz y entusiasmada que no tuve el valor…

―¿De verdad creíste que no se notaba lo que sucedía entre ustedes dos?

La pregunta de Strauss rebotó más de diez veces sobre la cabeza de la rubia. Era algo que en algún momento creyó posible, pero poco a poco terminaron involucrándose más personas en el tema. Hibiki también formó parte de ese extraño drama amoroso.

―Sé que suena absurdo pero creí que con tal de que tu fueras feliz no importaría.

―¡Eres una tonta, Lucy! ―le gritó con lágrimas en los ojos―, ¿lo sabes verdad?

Se alzó hacia Heartfilia apretándola con sus brazos y apoyó su cabeza sobre el puntiagudo hombro de su amiga humedecido por su llanto. Claramente la chica llegada de Crocus esperaba una reacción totalmente diferente por parte de Lisanna, quizá una bofetada por ser una roba chicos.

―La culpa es mía por mentirme a mí misma cuando frente a mis ojos podía ver cómo Natsu y tú se deseaban todo el tiempo.

―Lo lamento, de verdad.

―Yo lo lamento más ―se separó un poco para verla fijamente a los ojos―, ¿amigas otra vez?

―¡Claro que sí! ―exclamó Lucy, contenta de solucionar las cosas.

Se dieron otro firme brazo para sellar aquella amistad que había quedado inconclusa desde el verano pasado; ya un montón de hechos quedaron aclarados y solucionados bajo el árbol más viejo de la escuela que brindaba abundante sombra.

―¿Y cómo van las cosas con Natsu?

Lucy agachó la cabeza. ―Pésimo…―se quedó pensando―…¿no te molesta que hablemos de él?

―En absoluto ―negó Lisanna―, quiero remediar mi error y ayudarte con él lo más que pueda.

―Te mentiría si te dijera que estamos bien, luego de lo que ocurrió en la mansión de Mavis nuestra relación está en el aire…

Lisanna se levantó con determinación de la banca y se giró hacia su amiga para luego alzar un puño hacia el aire.

―¡Esfuérzate! ―le dio ánimos―, ¡ve por él!

―Gr-gracias, Lisanna ―miró la hora en su reloj―, lo siento pero debo irme, nos vemos mañana y muchas gracias otra vez. ―Lucy se levantó y junto a sus cosas se fue camino a la casa de Natsu.

Strauss la vio partir con nostalgia. Debía pensar en un nuevo plan y método para olvidar a Natsu, aunque eso le doliera. Lucy y su amigo estaban hechos el uno para el otro y ella lo sabía mejor que nadie.

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La casa de los Dragneel se asimilaba a un medio oeste vacío con un bolón de paja girando a causa del viento, Igneel había ido de compras y Zeref estaba buscando un trabajo para sustentar a la familia con otros ingresos. Natsu reposaba sobre su cama luego de comerse las sobras del día anterior pensando qué película podría ver con su vecina, llevaba puesto un pantalón negro y pantuflas con su torso completamente desnudo como a él le gustaba andar en su propio hogar. Estiró su cuerpo y se alarmó al oír pasos de la calle. Asomó su nariz por la ventana y la vio caminando en dirección a su reja. No pudo evitar reírse de su cara de incomodidad, le parecía raro que Lucy actuara de esa manera cuando pasa más tiempo en su casa que en su propio hogar.

Bajó al primer piso y le abrió la puerta.

―¡Hey, pasa!

Lucy notó lo semidesnudo que estaba y no tardó en reaccionar, entró con la vista hacia el piso y esperó a que él cerrara la puerta de la entrada para reclamar.

―¡Ponte algo, pervertido! ―le exigió―, estás frente a una chica decente.

El muchacho miró a todas partes haciéndose el gracioso. ―¿Dónde está esa chica?

―¡Idiota! ―le lanzó en la cara un paquete de patatas fritas―, y yo que te traje tu alimento preferido.

Natsu miró el envase como si fuera lo más hermoso que hubiera visto en toda su vida y lo tomó con ambas manos para deleitarse con su fisiología mientras lo alzaba al más puro estilo del rey león.

―¿Ya te he dicho que eres mi diosa?

―Lo sé, no es necesario que lo digas. ―le guiñó un ojo siguiéndole el juego. Su corazón y su alma no podían dejar de reír, todo estaba siendo igual que antes; aquella confianza, esa complicidad cuando se miraban a los ojos y sabían lo que estaban pensando, todo eso era único, todo era perfecto.

Subieron a la alcoba del muchacho cargando las golosinas y la bebida para deleitarse mientras veían la película. Dejaron las cosas sobre una mesa de apoyo y se acomodaron en la cama.

―Veamos…―Natsu le mostró las opciones que habían para ver―…tengo "Los juegos del enjambre", "La guerra de las falacias" y "Yo después de ti".

Lucy lo miró con decepción pues no conocía ninguna, aunque según él eran bastante recientes y muy bien aclamadas por la crítica. La primera era de acción y un poco de romance, la segunda solo acción y la tercera cursilería en su totalidad; sabía que si elegía esa Natsu era capaz de quemar la televisión para no verla.

Sin embargo lo quiso poner a prueba.

―Quiero ver "Yo después de ti" ―lo miró con malicia.

Natsu contestó rendido. ―Pues bien, veremos esa.

No lo podía creer, su vecino adicto a la sangre y a las guerras desastrosas acababa de darle en el gusto para torturarse durante dos horas y treinta segundos frente a una pantalla que ilustraría solo cosas románticas. ¿Todo eso solo para complacerla? Por eso y mucho más sintió enormes deseos de abrazarlo.

La película comenzó así que se pusieron cómodos junto a sus vasos con bebida y platos llenos de comida chatarra, Natsu seguía sin nada puesto sobre su torso y no parecía querer cubrirlo; estaba demás decir que eso desconcentraba a su compañera. A ratos le pegaba cortas miraditas a sus pectorales bien formados que eran dignos de observar por la eternidad. Fue bajando despacio y sin que la descubriera hasta llegar al borde del llamado camino de la felicidad para detenerse de golpe, estaba cruzando los límites de una chica decente. Tragó saliva y enfocó su atención en la película que ella misma eligió; de un principio partió un tanto lenta ya que la trama no quedaba clara pero con el pasar de los minutos cada vez era más evidente que terminaría siendo otro cliché más, esperaba que su compañero no se quedara dormido por esto.

Miró a su rostro y como lo pensó, estaba a punto de caer en los brazos de Morfeo así que se le ocurrió una gran pero riesgosa idea. Apoyó su cabeza sobre el fuerte hombro de su vecino para llamar su atención y se fue acomodando despacio quedando recostada sobre él. Era su oportunidad de acercarse más y no estaba dispuesta a desperdiciarla, ya dio un paso adelante con lo de Lisanna y el pase lo tenía completamente libre hasta el momento.

Pero Natsu no reaccionaba.

Ella suspiró con resignación y cuando ya estaba a punto de separarse sintió el brazo de él rodeándole la cintura y acercándola más. El aire se le fue por completo y su pecho terminó oprimiéndose a más no poder; él movió un poco su cabeza y la miró fijo mientras sonreía.

―¿Tienes frío?

Parecía una pregunta absolutamente tonta y fuera de contexto, puesto que aún se encontraban en los restos del verano. ¿Acaso abrazaba así a todas las chicas que tenían frío? esa pregunta la estaba torturando.

Lucy negó con la cabeza. ―Solo quería despertarte ya que te estás durmiendo, abuelo. ―dijo con burla.

―¡Me aburrió la maldita película! ―se quejó como un niño.

―¿Qué hacemos entonces?

La pregunta flotó por los aires ya que se podía interpretar de muchas maneras.

Natsu se dio media vuelta dejándole el campo libre para que ella lo masajeara. ―Hazme cariño en el pelo y la espalda.

Ella lo miró suspicaz aunque sabía que de cualquier forma terminaría haciéndolo.

―¿Qué clase de panorama es este? ―Lucy estiró ambas manos y dio leves golpecillos en los omóplatos de su vecino. «Bueno, de todos modos me agrada bastante.»

Enredó sus dedos entre los picudos y rosados cabellos del muchacho haciendo masajes en círculos provocando que este dejara salir un aliento estremecedor, decir que sentía cosquillas cuando ella lo acariciaba era poco. Apretó parte de su cubrecama con sus fuertes dedos apretando para descargar tanta emoción de alguna manera ya que no quería ser tan evidente. Parecía un cachorro complacido con el amor que le entregaba su ama.

Y quería más.

―¿Me dirás qué hablaste hoy con Lisanna? ―preguntó sin ya poder aguantar la curiosidad.

Heartfilia analizó bien la circunstancia, se pasó la mayor parte del tiempo ocultando cosas y ya estaba cansada de ello. Sentía que deseaba soltar un montón de cosas y dejarlas salir para despejar su cabeza y su corazón.

―Hablamos de ti. ―afirmó con seriedad sin dejar de hacerle cariño.

Mientras tocaba su espalda pudo sentir como los músculos de él se tensaron por un lapso de segundo.

―¿Qué cosa?

Lucy mordió su labio inferior, estaba a microsegundos de decirlo.

―Le dije que me gustabas.

Sus manos se detuvieron como también la respiración de Natsu. La casa de los Dragneel era un completo mausoleo sin ruido alguno como si una bomba hubiera estallado dejándolos sordos, ni siquiera podían oír sus enérgicos latidos. Lucy no sabía qué pensar, quizás él ya no sentía lo mismo y estaba buscando las palabras para rechazarle sin hacerle daño. Solo quería huir de aquel lugar. Tanto silencio la estaba matando.

De un momento a otro Natsu se giró tan rápido que nadie lo vio venir. Sostuvo los brazos de Heartfilia para quedar encima de ella aprisionándola para no dejarle ninguna escapatoria, se acomodó a horcajadas y la miró juicioso como si estuviera a punto de cazar. Tenía muchas cosas que decir pero también muchas cosas por hacer.

Ella estaba hecha un tomate. Se sentía realmente tonta al no saber qué cara tenía ante la inspección de su vecino que no le quitaba la mirada de encima, su aliento y respiración golpeaban su rostro incitándola a alzar su cabeza.

―Lucy, yo…

No obstante y como siempre en la casa de los Dragneel, algo tenía que ocurrir.

―¡Llegué, hijo mío! ―Igneel abrió la puerta con brusquedad para saludar, estaba lleno de bolsas en sus manos y unas que otras por el piso. El pobre hombre estaba tan ansioso por ver a su hijo que no pudo darse cuenta en la verdadera situación en la que él se encontraba.

Natsu y Lucy lo miraron como si hubieran sido descubiertos robando un banco, los dos sonrojados y con la boca abierta.

―Oh por dios ―el hombre agarró sus mechas y empezó a tironear―, ¡díganme que no he interrumpido otro gran momento en la vida de mi hijo! ―miró hacia el techo―, ¿qué he hecho, dios mío? ¿Acaso soy un mal padre?

Se separaron sin perder las avergonzadas expresiones en sus rostros y se acercaron a Igneel que no paraba de maldecirse a sí mismo por no aprender a tocar la puerta.

―Lo siento mucho señor Igneel ―Lucy agachó la cabeza―, yo…yo puedo explicarle todo.

―¡No!, no me expliques nada ya que el único que tiene la culpa aquí soy yo.

De repente, Zeref asomó su cabeza con muchas ganas de saber por qué se sentía tanto alboroto en la segunda planta.

―Papá, no me digas que los pillaste haciendo cosas de grandes ―bromeó.

―¡Ca-cállate! ―le gritó Natsu, estaba rojo hasta las orejas.

Igneel levantó las bolsas con un pesar como si se hubiera muerto alguien y puso un pie fuera de la habitación de su hijo menor.

―Perdóname hijo, te he arruinado un momento de calidad con Lucy.

―¿Momento de calidad? ―Heartfilia trataba de asimilar las palabras del padre de Natsu al tanto le tiritaba una ceja.

Evidentemente, aquel momento de calidad fue arruinado y así se mantuvo hasta que Lucy decidió regresar a su casa. Aunque a pesar de todo lo que paso ella estaba contenta pues había tenido más que un acercamiento con su vecino, eso no lo olvidaría por nada en el mundo.

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Dos días después.

Eran las ocho de la mañana en la escuela Fairy Tail, una nueva jornada se abría para los estudiantes y maestros. Ya quedaba poco para acabar la semana así que estaban todos con más ánimo y de mejor humor. El cuarto año A no dejaba de comentar lo entusiasmados que estaban para ir a la casa de Juvia el día sábado, aunque obviamente no estaban todos invitados. Otra situación que los tenía ansiosos era saber qué compañero tendrían para el proyecto de ciencias y justamente hoy lo sabrían ya que su primera clase era Biología.

Lucy llegó minutos antes que entrara el profesor Dreyar al salón con una carpeta café con los resultados, cuando la joven ingresó hizo inmediato contacto visual con Natsu sin poder evitar sonrojarse al recordar su acercamiento hace dos días.

―Bueno muchachos ―sacó las hojas―, ahora mismo les diré con quién harán el trabajo.

Revisó una lista que traía adjunta y se puso a un costado del pizarrón para estar a la vista de todos.

―La primera pareja estará conformada por Gajeel Redfox y Levy McGarden.

Levy miró a su compañero con ilusión, sus sueños se acababan de cumplir a pesar de que el moreno no mostrara mucha emoción por ello.

―La siguiente será Mirajane y Lisanna Strauss, luego están Elfman Strauss y Lyon Vastia. ―siguió anunciando.

Las hermanas se observaron con complicidad y alegría mientras Elfman y Lyon se analizaban con detención, probablemente no esperaban ser compañeros pues era evidente que Vastia deseaba otro resultado.

―El señor Gray Fullbuster trabajará con la señorita Juvia Loxar.

―¡Sí! ―se sintió el grito de gloria de la muchacha llamando la atención de toda la clase. «Vaya que me sirvió echarle una ojeada al test de Fullbuster…» pensó con perversidad alagándose por su osadía.

Gray decidió ignorar la situación, todo le parecía demasiado perturbador hasta ahora. Dreyar miró molesto a la ansiosa chica que acababa de chillar a los cuatro vientos lo contesta que estaba.

―Luego de ese impertinente hecho continuaré…―siguió leyendo―…la siguiente pareja está conformada por Cana Alberona y el señor Loke.

Los mencionados chocaron sus palmas puesto que ambos se llevaban muy bien.

―Veamos, el señor Rogue trabajará con Erza Scarlet.

La pelirroja miró a su compañero con curiosidad, no había tenido tiempo de conocerlo bien así que creyó que sería una buena instancia para ello. Rogue le correspondió la mirada y asintió dando a entender que estaba a gusto con el resultado.

―Para finalizar, el señor Natsu Dragneel trabajará con la señorita…

Lucy cruzó los dedos y cerró sus ojos mientras mencionaba su propio nombre una y otra vez.

―Yukino Agría.

Y sintió como el techo caía sobre su espalda, no entendía qué podían tener en común su vecino descabellado y una chica tan tierna y tranquila como Yukino. Quizá debió ser más irresponsable con las respuestas. Se sentía morir.

―Y el señor Sting será la pareja de Lucy Heartfilia ―dejó la hoja sobre la mesa―, ahora júntense con sus parejas mientras yo voy repartiendo sus respectivos trabajos.

Los dos rubios se miraron con sorpresa, ¿qué tanto tenían en común? era realmente increíble. Esos resultados ya no parecían verídicos ni tenían sentido alguno, ¿bajo qué criterios el viejo analizaba todo eso?, Lucy no paraba de preguntarse mientras sentía como una vena se marcaba en su frente. Deseaba en lo más profundo ser la compañera de su vecino y aun así sus deseos no fueron realidad a diferencia de su amiga Levy que sí terminó con quién quería.

―Bueno, ¿te vienes tú o voy yo? ―le gritó Sting desde su puesto―, se nos va acabar el tiempo si sigues pensando en la inmortalidad de cangrejo.

Lucy solo lo observó con odio, el chico era realmente pesado cuando quería. Por otro lado Sting se fijó que McGarden ya estaba con Gajeel en otra mesa así que era evidente que tendría que caminar él hacia allá. Se paró de su asiento para ir y sentarse junto a Heartfilia. Más tarde el maestro Iván les dejó su hoja correspondiente sobre la mesa.

―Escucha, sé que no te agrado pero tendremos que llevarnos bien y hacer esto lo más perfecto posible…―Sting llamó la atención de su compañera―…así que cambia esa cara de funeral.

La joven lo miró con indiferencia e infló sus mofletes. ―Está bien, solo no me molestes.

Revisaron la hoja y anotaron las preguntas para dividirse las tareas obteniendo resultados más rápidos. A pesar de no llevarse de maravilla parecían ser buenos compañeros de equipo cuando se trataba de un trabajo escolar, de todas formas obtendrían una buena calificación si se esforzaban.

―¿Ves que no es tan malo acercarse a mí? ―bromeó Eucliffe al tanto le daba un leve codazo a su pareja de proyecto.

―Eso lo decido yo. ―Lucy sonrió con seguridad.

Mesas más atrás, Natsu observaba todo con mucha detención.

La clase de biología terminó y con ella la primera parte de su proyecto, el maestro les dijo que la próxima semana continuarían trabajando y que sus parejas se mantendrían el resto del año, situación que no les causó mucha gracia a los alumnos del cuarto año A.

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Yukino cargaba los libros del maestro Dreyar que por encargo le tocaba llevarlos a la sala de maestros. Deambulaba por los pasillos haciendo fuerza con sus brazos para que ningún cuaderno cayera al piso ya que eran muy pesados, avanzó por diez salas aproximadamente y cuando ya estaba a punto de llegar algo la hizo detenerse.

―Tanto tiempo, hermanita. ―Sorano frenó en el mismo lugar, iba en compañía de sus amigas Minerva y Flare.

―Hola. ―pensando que sería lo mejor decidió seguir su camino ignorando las posibles intenciones que podría tener la otra joven.

―¿A dónde crees que vas? ―Minerva le hizo una zancadilla a Yukino causando que se cayera al piso con todos los libros revoloteados.

Alcanzó a cubrir su cara en ayuda de sus dos manos que le permitieron amortiguar la caída. Su respiración era agitada y su pulso iba más allá de lo común.

―Que mal educada es tu hermana…―Flare se agachó para ver mejor a la chica que permanecía en el suelo.

Yukino había escuchado los rumores sobre Sorano y cómo se comportaba junto a sus compañeras pero nunca creyó que sobrepasara tanto aquellos extremos. Ahora entendía por qué Lisanna y Juvia reaccionaron así cuando oyeron su nombre completo por primera vez. Miró a su alrededor, muchas personas comenzaban a acercarse para ver el espectáculo y para su mala suerte nadie intervenía.

Con la esperanza bajo tierra decidió abstenerse a lo que tendría que venir, se rindió bajo las risas burlescas de su hermana y sus amigas mientras a lo lejos oía pasos rápidos que cada vez se hacían más fuertes.

―¡Déjenla en paz! ―era Natsu junto a Erza que parecían haber notado lo ocurrido.

Las tres chicas hicieron una pausa ya que no esperaban este tipo de intervención. Se miraron unas a otras pensando qué podrían hacer para no recibir la misma paliza que les dio Scarlet el año pasado.

―Yukino ahora es parte de nuestra clase, así que está prohibido tocarla. ―Erza se adelantó a su compañero y se puso con desafío frente a ellas poniendo su peor cara.

Natsu por su parte optó por dejarle el trabajo pesado a la pelirroja para ayudar a Yukino a levantarse, así que se acercó hasta ella y le extendió su mano. ―Anda, no permitiremos que nadie te haga daño.

La sonrisa de Dragneel era tan cálida y contagiosa que terminó provocando que Agria se sonrojara. Probablemente era la primera vez que su corazón latía tan fuerte ante la mirada asentada de un muchacho que se preocupaba por ella. ¿Podría ser aquello un flechazo?

Continuará…


Hola, ¿qué tal?

Yo aquí batallando contra la universidad y al mismo tiempo aprovechando lo que tengo de libre para avanzar con New Life. Espero no haberme tardado taaaaaaaanto y que este episodio sea de su agrado. Como siempre espero ansiosa saber sus opiniones :P

Quiero dar las gracias a todos los que me dejaron un bello review, también a quienes no puedo responderles por PM: Axeex, OmShantiOm, Melody Aria y los Guest's de verdad mil gracias.

Les deseo una hermosa semana a todos.

Kaya.