XIV
Los siguió aunque no había querido hacerlo, de hecho la sola idea le parecía patética pero en cuanto vio la sonrisa tímida que Usume usó cuando saludó al muchacho y a su hermano, un molesto escozor se le trabó en el estómago fastidiándole todo el camino que siguió con sus amigos. Y era incómodo y desagradable, lo suficiente como para hartarle a los pocos segundos de sentirlo, como si alguien lo picara con una vara con el solo afán de desquiciarlo y, para ese tipo de cosas, Yohei no tenía paciencia. Debía, era su obligación extirpárselo, como si se tratara de una sanguijuela, hacerlo desaparecer y aplastarlo. Y entre esa idea y la de ver que ocurría con Usume y ese sujeto se coló la de seguirlos, la de saber que harían a solas.
No pasó mucho tiempo pensando en ello. El único en alzarse para frenarlo fue su orgullo, ya que en cuanto el razonamiento le dijo que retrocediera, que volviera a Shohoku y los vigilara se hizo de un espacio en su cabeza la desecho como si fuera una tontería, algo infantil e indigno de él.
Solo que...
A cada paso esa idea, LA IDEA crecía volviéndose tan molesta como la sensación que le anudaba el estómago, como la que le picaba buscando desquiciarlo.
"¿Estos son celos?"
No, lo mejor era seguir la idea original. La que le decía que se fuera a casa, que continuara el camino. Sus amigos sabrían distraerle de aquellas ridiculeces que se agolpaba en su cabeza y todo terminaría como un día cualquiera. Por otro lado, no era tan importante, al fin de cuentas, Usume nunca había mostrado hacia él nada que no fuera amistad.
Y entonces las palabras de Sakuragi llegaron a él.
"¿Te gusta? la buscas y ya"
No, no era tan fácil. Él siempre había sido un poco más complicado que Hanamichi. Además ¿Qué le importaba a él lo que ella hiciera? No era como si fueran novios ¿cierto? no tenía de que preocuparse.
"Solo me gusta y ya"
Pero aún mientras eso pasaba por su cabeza estaba construyendo la excusa que lo alejaría de sus acompañantes, que lo haría volver a Shohoku, a saber que era lo que hacían juntos, que era lo que realmente Akira Sendoh provocaba en Usume Kenta. A seguir LA IDEA, no tenía nada de malo el saberlo ¿cierto? Okus y Noma sospecharían, lo sabía y debía evitarlo pero en general no le hacia daño a nadie.
"Pero si no me gusta lo que veo... "
Sacudió la cabeza y era el movimiento que le faltaba para decidirse; tras unos segundos llegó a la conclusión de que lo mejor sería usar a Takamiya. Eso quizás les haría desviar la atención. Por lo que riendo suavemente se cubrió la boca y dio dos golpecitos suaves a Okus y Noma, estos se voltearon y con velocidad comprendieron la treta que su amigo buscaba hacer.
Mientras Takamiya hablaba lo dejaron, sin que se notara, avanzar a solas. Entonces a una señal suya los tres se abalanzaron sobre el más obeso del grupo y lo patearon en la espalda llevándolo al suelo. El muchacho se paró rápidamente, aunque no con facilidad para encararlos por lo que los tres riendo y burlándose tomaron diferentes direcciones para huir, Takamiya se inclinó por Okus y decidió seguir a este mientras que Noma huía en dirección sur y él en dirección este de regreso a Sohoku.
"Y lo hice"
Después buscaría a sus amigos en un café que solían frecuentar, en aquél momento lo imperioso era ver que era lo que en verdad pasaba con Usume y Sendoh. Corrió un par de calles para hacer mas creíble su treta pero debió detenerse a la entrada del instituto, su cabeza reaccionó al orgullo y como respuesta a eso la otra idea tomó la delantera; el ruido de sus pasos se detuvo en cuanto notó que cruzaría el umbral y algo no andaba bien con eso, algo que no le gustaba.
"Son los celos. No, solo quiero saberlo, nada más"
Ya estaba oscureciendo aún cuando siquiera eran las seis de la tarde, señal clara de que el otoño se estaba acomodando en el distrito de Kanagawa; había sido un día gris por lo que la oscuridad solo parecía acentuar malos augurios. Sin embargo, Yohei Mito no era un muchacho que se dejara llevar por supersticiones, además quería estar seguro de que era lo que ocurría con ella, si es que acaso valía la pena esperar, intentar algo o derechamente dejarla de lado.
"Idiota, nunca habías hecho esto por una chica"
Pero también era cierto que nunca antes una le había gustado de esa manera, de hecho podía limitar el termino a gustar. ¿Era lo que le había ocurrido a Hanamichi con Haruko? era difícil saberlo, a Sakuragi siempre le habían gustado muchas chicas, a él no. Y eso, claramente, no significaba que se hubiera sentido atraído por su propio sexo. Era solo que todas, siempre, le habían parecido demasiado complicadas.
Retrocedió un paso y luego, tratándose de cobarde, avanzó los necesarios hasta llegar al sector en donde se guardaba el calzado de los estudiantes. Ya había estado en aquél lugar antes, cuando solía quedarse a la espera de Hanamichi o de alguno de los muchachos castigados, incluso él pasó varias tardes ahí escondiéndose de profesores mientras capeaba clases. Solo que nunca le había resultado un paisaje tan desolador.
― No ha sido correcto... ― la voz sonó quieta y tranquila, muy contraria a los pasos que la precedieron, la misma urgencia de estos le obligo a bajar la cabeza y esconderse. Solo que la voz sonó tan suave que Yohei no pudo identificar en ella a Usume.
Se sacó sus mocasines cuando al escuchar a los desconocidos se dio cuenta que los seguía usando,
"Son demasiado ruidosos"
En silencio se fue a su casillero de donde cogió su calzado escolar.
― No me interesa... ― era una voz de hombre, también lejana pero mucho más firme y seria; decidida. Solo que no recordaba como es que sonaba la de Sendoh, de hecho no podía traer a su memoria ninguna escena en la cual él y el número siete de Ryonan compartieran algo parecido a una conversación.
Además la soledad del lugar, así como el eco que recorría sus rincones hacían bastante más difícil el poder definir a quién pertenecía. Quizás su estado de alteración no le permitía identificar con certeza de quién se trataba. Lo que en si era una idiotez, Yohei nunca había dejado que sus sentimientos se antepusieran a su cabeza.
"Siempre actúo como idiota cuando se trata de ella"
Se encendió la iluminación del exterior con su característico sonido seco y algo dijeron ellos que le fue imposible de entender, los potentes focos halógenos que iluminarían toda la noche los patios del recinto, con el único fin de dar seguridad a los estudiantes que se retiraban muchas horas después de terminadas las clases, se quedaron ahí; tan estáticos como él, proyectando formas grotescas sobre el suelo y las paredes. Lo que dejó ante su vista la larga sombra de dos personas, que decididamente no eran Usume o Sendoh de hecho el cuerpo que se reflejaba varios metros delante de él pertenecía al de una mujer no una chica. Era vistosa la firme protuberancia de sus pechos, así como la redondez que enmarcaba la caída de sus glúteos.
Y gracias al brillo del exterior, su persona quedaba completamente relegada a la oscuridad que cada hilera de casilleros proyectaba sobre el pasillo y la pared.
― Tú no tienes nada que perder con esto, por eso te es fácil decir cuanto te interesa o no ― dijo ella. Entonces Yohei entendió, sin saber porque, que no debía moverse que no podía ser descubierto.
― Tú empezaste ― objetó el, era un muchacho y debió haberlo sabido desde antes, no solo por la sombra que lo reflejaba contra el suelo y la pared del lugar, sino porque con él si había cruzado al más que una palabra, habían compartido una pelea.
― Y ese fue mi error ― más pasos apresurados, tanto los de él como los de ella ― no volverá a pasar ― habían avanzado en paralelo a su ubicación, si asomaba la cabeza de seguro los vería.
― Espera ― ordenó él pero, al parecer, fue inútil ya que los pasos de la mujer sonaron con mayor velocidad.
― No, debo irme ― contestó ella cortante y entonces los pasos se detuvieron, Yohei reunió el valor suficiente para asomarse, en su cabeza ya estaba claro de quienes se trataba, solo que era necesario verlo para creerlo.
Él podría haber estado bailando en medio de aquél lugar sin que la pareja siquiera se percataran de su presencia; vio como el muchacho extendió su brazo y sujetó a la mujer por la muñeca.
― No, no quiero que te vayas ― ella se giró con violencia, como si respondiera a un ataque y lo abofeteó, el sonido inundo el lugar pero siquiera así Rukawa reaccionó a nada, solo se quedó mirándola; imperturbable y tranquilo.
― No quiero que te vayas ― repitió. Ella pareció suavizarse y bajo la vista.
― Debo hacerlo ― entonces él la acercó hacia si y ella se revolvió.
― ¡Rukawa basta ― de pronto Yohei no supo si debía intervenir o no, el muchacho la presionaba contra si mientras hundía el rostro en su cuello, claramente buscaba forzarla ― si no me sueltas gritaré! ― Yohei se adelantó.
― Hazlo, no me interesa ― alcanzo a escuchar.
En aquél momento fue Kaede quién dio un grito ahogado y empujo a la mujer lejos de si, Yohei retrocedió a las sombras y Rukawa se llevó una mano al cuello.
Ella lo volvió abofetear. Rukawa la miró y cuando la maestra Kinoshita alzó su otra mano el muchacho se la sostuvo.
― Basta ― le dijo. Ella trató de soltarse pero Rukawa la mantenía con demasiada fuerza.
― Rukawa suéltame ― ordenó sin notar que su bolso caía al suelo desparramando una agenda, hojas y otros accesorios, un lápiz labial rodó por el suelo casi hasta la mitad del pasillo. Kinoshita extendió su mano, con la que le había abofeteado primero, pero nuevamente Kaede se la sostuvo.
Le bajó ambas manos con violencia y sin decir nada más, algo usual en él, la acercó y la besó. Ella movió los brazos y trato de alejarse pero Kaede se lo impidió. Cuando vio que Kinoshita cerró sus ojos y abrió la boca, Yohei volvió a esconderse, debía salir de ahí, tenía que hacerlo.
― Pensé que te habías ido ― escuchó de pronto, por alguna razón y sin saber como había terminado sentado en una garita cercana a los bebederos del patio tras las canchas donde entrenaba el equipo de baseball. Podía ser atribuible al shock que significó para él ver como es que Kaede Rukawa, número nueve del equipo de baloncesto de la preparatoria Shohoku se besaba con Ayame Kinoshita maestra del mismo instituto y quizás una de las mujeres más estupendas que conociera nunca, o lo suficiente para hacer de las clases de matemáticas una de sus favoritas.
No es que ella le gustara desde luego, no al menos como Usume lo hacia. Pero no le negaba el cuerpo infartante que lucía, aún bajo toda aquella indumentaria de oficinista.
Y Rukawa... ¡Rukawa!
Aquél muchacho tan serio y desinteresado en nada que no fuera el baloncesto, aquél que había sobrevivido a cuatro cabezazos de Hanamichi... ¿O habían sido cinco? ya no lo recordaba. Pero en fin, ¿La había asaltado? ¿Forzado? no le pareció que fuera así. La maestra Kinoshita se había defendido más que bien del muchacho y eso sin tomar en cuenta que finalmente había cedido. Él la vio, la vio abrir la boca y dejar de resistirse y en eso la luz no le había engañado.
Al día siguiente estaría atento a algún moretón en su rostro. Quizás iría al entrenamiento y se forzaría a guardar silencio mientras pudiera ver si es que había alguna marca en su cuello.
"Y le gustan las mujeres"
Hace bastante tiempo había escuchado que las fans de Rukawa se estaban dispersando debido al nulo interés que este mostraba en el genero femenino y más de alguna señaló que tal vez aquél "mono pelirrojo" era el objeto de su deseo. Rumores que él y el resto de los chicos se encargaron, no llegaran a los oídos de Sakuragi. Si Rukawa lo sabía o no, realmente no le interesaba.
Bueno, ahora daban lo mismo.
Cuando alzó los ojos se topó con los negros de Usume mirándole fijamente, mientras dos sujetos esperaban tras ella, uno debía ser su hermano y el otro ¿como no? Akira Sendoh.
― Eh... debí ― para eso no había pensado en una excusa ― ... debí volver por algo ― finalizó torpemente. Usume frunció el ceño.
― ¿Te sientes bien? ― la muchacha vestía mucho más formal que cuando la viera instantes atrás acarreando los tachos de basura, se había puesto una chaqueta de un verde militar y una bufanda que le quedaba grande, tal vez de su hermano, tal vez de aquél sujeto.
Asintió.
― Si, no es nada ― dijo aún turbado por la repentina aparición de ellos.
― Entonces ¿te ocurrió algo?
"Si, acabo de sufrir un shock porque Rukawa es un maldito genio"
― Te podemos llevar ― le dijo la muchacha mientras señalaba con su pulgar hacia atrás ― Sou vino en automóvil.
― Oye, te recuerdo que tenemos que hacer ― dijo el hermano de ella, mientras que Sendoh le miraba con un gesto de lo más divertido, el que le pareció muy, pero muy burlesco.
Yohei solo se centró en ella y le sonrió tranquilo. Por un momento deseo estar a solas con Usume, miró de reojo la herida de su rodilla; alguien se la había vendado usando el pañuelo que él le entregara.
― Está bien, además debo cambiarme ― Usume asintió sin decir nada, pero en su gesto él pudo notar que estaba preocupada.
― Puedo acompañarte ― le dijo con tranquilidad, solo entonces Yohei notó un endurecimiento en el rostro de Sendoh y eso le llenó de un vago placer.
― Neh Usume... no me quedaré a esperarte ya tuve suficiente con la dirección ― volvió a agregar su hermano.
― Vamos, vamos ― habló por primera vez Sendoh y le molestó que sonara tan tranquilo, tan elegante ― no tienes porque ser así Kenta ― el siete de Ryonan se adelantó.
― ¿Eres de la pandilla de Sakuragi cierto? ― Yohei se le quedó mirando con seriedad.
― No somos una pandilla ― y Sendoh volvió a sonreír con gesto burlesco.
― Pero tu eres su amigo ― Yohei se levantó y asintió.
― Bueno, los dejo ― dijo más cortante de lo que pretendía ― nos vemos mañana Usume ― la chica se le quedó mirando con fijeza, seguía preocupada.
Se alejó de ellos con rapidez, volteó solo una vez para notar que Usume seguía mirándole y que le extendió la mano a modo de despedida, hizo lo mismo. Al fin de cuentas no era con ella con quién se había molestado. Más allá Sendoh se detuvo y volteó hacia ella. El hermano de la muchacha volvió a llamarla y Usume Kenta se giró sujetando su bolso para correr en pos de ellos.
Se interno de regreso en los oscuros recovecos de Shohoku, ahora caminando en medio de la luz que proyectaba su sombra, larga y amorfa sobre el piso y las paredes. Llegó a los casilleros del calzado y avanzo los cuatro pasillos que antecedían al suyo, volvió a calzar sus mocasines y antes de salir se devolvió al tercero, a aquél que le había cubierto mientras veía aquella escena de ¿amor, pasión? desarrollarse, amparado en la oscuridad.
Un pequeño objeto brillante era todo lo que quedaba, no habían papeles, accesorios o una agenda, nada que evidenciara lo que ahí ocurrió. Se preguntó si es que Rukawa estaría con ella aún, o si es que habría tenido que irse solo a su casa. ¿Cual era el paso siguiente a una declaración tan intensa como aquella? ¿Ser novios? claro que no, sería un escándalo ¿Tener una relación a escondidas? solo si ella lo aceptaba ¿Irse a la cama juntos y tener sexo?
Sexo.
Se llevó las manos a los bolsillos y avanzó en silencio, como si en aquél momento las sombras que se proyectaban no fueran a tragárselo. Fijó la vista en su objetivo y se agachó en cuanto tuvo la pieza brillante a su alcance.
Era de un rosa fuerte, común en muchas mujeres de cierta edad. Aunque no recordaba haber visto a Kinoshita con ese color sobre sus labios.
Se puso de pie, guardó el lápiz labial y en silencio se retiro.
Dolió, le dolió todo el cuerpo en cuanto ella apartó el muro húmedo y fibroso que evitaba su liberación. La zona entre las piernas le ardía como si le estuvieran torturando con un lazo al rojo vivo. Pero en aquél momento, era lo que menos le importaba; las piernas le temblaban al igual que todo él, sentía nauseas y la cabeza le daba vueltas. Se le cortó la respiración y le sobrevino un mareo que amenazó con mandar todo al diablo, pero se contuvo, se forzó y se exigió, no podía cagarla en ese momento. Claro que no.
Trataba de estar a la altura pero era claro que no tenía el mínimo de experiencia, sus respuestas, demasiado intensas para poder controlarlas, le resultaban agresivas y torpes. De haber sido solo por él, sin tomar en consideración lo que ella esperaba, la habría devorado, mordido, apretado y pellizcado, en vez de eso debía contenerse, de la manera más triste y torpe pero debía hacerlo.
Aun así, Kinoshita no parecía consiente de ello; se separó unos segundos para observarla, tenía los ojos cerrados y la boca abierta, la falda se había rasgado cuando, sin pensarlo, le alzó una pierna con la intención de escindir el camino para él. Aunque una vez que llegó a ese punto no supo bien como debía de obrar.
Se atrevió a bajar el cierre de su pantalón y se sintió victorioso cuando ella no le detuvo, cuando continuó besándolo como él esperaba, lo hiciera. La boca de Kinoshita era suave y caliente, le embriagaba con su olor y con su vaivén, casi tan enérgico como el propio.
― Vamos Kaede ― ordeno ella. ¿Ir? ¿Donde? por unos efímeros segundos puso atención a su alrededor, los pasillos seguían en penumbras y silenciosos. Afuera, lejos las voces de chicos de su edad se escuchaban remotas para dejarlos relegados al olvido, a la oscuridad.
Y jamás en su vida se había sentido mejor. Volvió a besarla sin entender muy bien que quería. Se presionó contra ella sintiendo más placer que dolor y ella volvió a repetirlo entre gemidos.
― Vamos Kaede.
Kaede... Kaede... jamás había establecido una relación con alguien que le tratara por su nombre, todo siempre era tan distante, tan formal. Solo su padre, la estúpida de Usume y, en ocasiones, Ayako se atrevían a llamarle por su nombre, los conocía desde antes y bueno o malo se había formado un lazo.
"¿Por que estoy pensando en eso ahora?"
Habían esquivado la zona de los casilleros porque la luz les daba muy directamente, les descubría ante todos. Se habían refugiado en las sombras del segundo piso en donde la invasión no era tan violenta. Alzo una mano y la llevó a uno de los pechos de la mujer sintiéndose endurecer aún más, apoyó su rodilla contra el muro y abrió más sus piernas para que ella le facilitara el acceso.
"¿Acceso a qué? ¿Realmente lo harás ahora?"
No, no debía pensar. Si lo hacía vería a su padre, a Ayako y a la zorra esa y no quería, no quería que la forma de llamarlo de Kinoshita le rememorara en algo el trato que tenía con el resto. Todo esto era diferente; semanas deseándola, pasándola de la mierda en los entrenamientos, distraído, obcecado y disminuido, enojado y sintiéndose solo por primera vez en su vida... y esto, esto venía a recompensarlo todo, a corregir todo, no estaba solo, estaba con ella y ella estaba con él.
― Vamos Rukawa ― ordenó nuevamente, esta vez abriendo los ojos y fijándolos en los suyos ― ... hazlo ― y para demostrarle a que se refería ella misma llevo su mano al cierre abierto del muchacho y halo de él hasta que estuvo afuera.
Y dolió, dolió la dureza de su miembro y la humedad de ella. Dolió cuando, con suavidad y cuidado, lo ayudó a entrar en ella y dolió cuando la embistió por primera vez. Sintió placer solo por un momento mientras las paredes de ella se contraían a su alrededor.
Era caliente.
Era suave.
Era delicioso.
Aún así dolía, y la mezcla entre el placer y el dolor fue excelsa cuando se derramó dentro de ella. Entonces las fuerzas le fallaron y las piernas le temblaron pero se obligó así mismo a sostenerla, a mantener a Ayame Kinoshita en el aire, a salvo, lejos de todos mientras ella se calmaba junto a los latidos de su corazón, junto a su respiración.
Se separó unos centímetros, sin dejar de observarla, avergonzado por lo paupérrimo de su desempeño.
Sus sombras se desfiguraron, cuando un auto hizo ingreso a los patios de Shohoku y con su luz los reflejó contra la pared, solo que no se trataba de ellos sino de una araña, una que tenía las piernas quebradas y los brazos laxos. Pensó en su madre y, con cuidado, dejó que la mujer se acomodara sus ropas mientras se separaban.
― Será... será mejor que salgamos por lugares diferentes ― dijo ella, rompiendo el silencio jadeante y sin atreverse a mirarle.
Rukawa se volteó hacia el ventanal y comenzó a arreglarse también. Tenía la zona de la entrepierna mojada y pegajosa, sintió es tacto resbaloso de sus fluidos y una sensación de asco le invadió, además seguía adolorido como si le hubieran quemado.
― Esta bien ― contestó consiente de que antes debería pasar a algún baño. ¿Cuánto tiempo habría pasado? ¿Seguiría el equipo entrenando? si no era así podría ir a verse en alguna de las duchas.
¿Tendría que decirle algo? ¿Darle las gracias?
― Ehm... creo ― dijo carraspeando mas guardó silencio cuando sintió la mano de ella sobre su hombro, se giró a medias y las manos de Kinoshita le rodearon el rostro para atraerlo hacia ella.
El beso fue pausado y tranquilo, no como los anteriores; como el seco que ella le dio en el salón, ni el arrebatado con el cual él estrello su boca a la de ella, tampoco tuvo el fuego desesperado de los últimos minutos, fue si un beso sosegado y emotivo, lleno de sentimientos que lo desarmó en cuanto abrió la boca para dejar que ella lo dominara. Le quito la facultad de pensar y por sobre todo la de actuar, reduciéndolo a un enclenque que solo quería tener más de eso, por mucho más tiempo, para siempre si era posible.
― Adiós Kaede ― le dijo, cuando se separaron y ella le besó en la frente.
Tan encendido quedó que no reaccionó a nada, su cabeza volvía una y otra vez a la discusión en el salón y como es que ella le había silenciado, la forma en la cuál huyó, como es que él, testarudo, fue tras ella. Cuando quiso forzarla a besarlo y cuando ella cedió más todo lo que vino después.
"Te estás portando como un idiota"
"No me importa"
Aun así decidió que ya bastaba de fantasear, no era propio de él incluso con aquella sensación etérea que le rodeaba como si caminara varios centímetros por encima del suelo. Estrello sus manos contra sus mejillas, en un trato muy diferente al que Kinoshita le diera y se despertó.
Era hora de continuar. El día y su vida seguían.
Espero a que los pasillos que daban a las duchas quedaran en completo silencio. Y se deslizó por los pasillos como si fuera una serpiente, temeroso de que alguien le sorprendiera y notara solo con mirarle al rostro lo que le había ocurrido.
Las duchas seguían con vapor, señal inequívoca de haber sido usadas sin embargo todo estaba en orden y un suave olor a flores inundaba los camerinos. Era normal, sobre todo desde que las chicas compartieran las duchas con ellos. No es como si se bañaran juntos, solo que ellas las usaban después de que los muchachos se marcharan.
Cuando miró la hora en el reloj cubierto por el vapor, se dijo que el resto del equipo ya debería haberse retirado. Aún así, dio dos vueltas al cerrojo; se desvistió y procedió a examinarse todo lo que su estado elongación le permitía y fuera de un enrojecimiento leve no vio nada más. Si persistía o se extendía con los días, iría al médico pero no se sentía preocupado.
Solo exultante y... si, podría decir que feliz.
No sabía si es que era por ser correspondido, o porque su primera (y patética) vez fue con la mujer que le venía quitando el sueño desde hace mucho.
¿Le gustaba él como ella lo hacia? Respiró, ya tendría el tiempo para averiguarlo.
Se sintió más ligero y veloz cuando montó su bicicleta y de hecho le pareció que esta pesaba menos cuando la alzó para ingresarla a su casa.
Su padre le miró casi conmocionado cuando fue él quién le saludo y se le quedó mirando, no como siempre lo hacia sino con verdadera curiosidad, cuando le vio que acomodaba un plato, un sándwich y una taza frente a él.
Rukawa no dijo nada, aunque le molestaba ser objeto de tan enconado análisis pero entendía a que se debía; él nunca comía con su padre.
― ¿Duro entrenamiento?― preguntó el mayor de los Rukawa cauto.
― No entrené, fui castigado.
― ¿Porqué?
― Me quedé dormido en clases.
― Nadie me llamó.
― Nadie me pidió que fuera alguien a retirarme.
― Bien.
Cuando terminó lavó los platos de ambos, gesto que nuevamente llamó la atención de su padre. Pero tampoco dijo nada.
Volvió a ducharse antes de acostarse, ahora realmente tranquilo; el enrojecimiento había desaparecido, pero no la sensación de ir caminando sobre nubes. Durmió como nunca lo hiciera y sus sueños estuvieron plagados de la imagen de Kinoshita contra su cuerpo siendo embestida, con mucha más experticie, por él mismo, solo que lucía más adulto como si fuera ya un hombre hecho y derecho y no un niño.
Despertó con una erección gigantesca, la cual no tocó. Ya no era un niño, era un hombre. No significaba que esa tarde ocurriría lo mismo con Ayame pero si alguien lo tocaba ahí, claramente prefería que fuera ella.
Su padre se le quedó mirando nuevamente cuando decidió desayunar con el y el gesto de conmoción volvió a cara cuando se despidió. Sin prestarle atención sacó su bicicleta y el día le pareció especialmente prometedor, aún con las nubes negras y el viento frío. Ciertamente que ya no estaba a varios centímetros del suelo pero seguía sintiendo una ligereza extraña, como si él no pesara absolutamente nada.
Llegó a Shohoku sin ganas de dormir y prestó atención a las dos primera horas de historia, como nunca antes lo hiciera.
Comenzó a sentirse nervioso cuando después del primer descanso supo que volvería a verla ¿Que debería decirle? ¿Como sería, desde ese momento en adelante, el trato que tendrían que darse? quizás, aún si era tachado de ridículo por ella debería pedirle que fueran novios. No era necesario que nadie más se enterara pero existía la posibilidad de que ella hubiera quedado embarazada. ¿Se podía si es que ambos no llegaban al clímax juntos? y eso sin considerar la cantidad de esperma que se derramó fuera de ella, ensuciándolo.
No le importaba, de hecho la idea de pasar el resto de sus días con Kinoshita no le molestaba en lo absoluto. Estaba a un par de años de ser mayor de edad, podrían ocultar la relación hasta ese momento. Él podría.
La campana sonó provocándole la misma ansiedad que se apoderó de él en su primer partido por la secundaria Tomigaoka. Pero sus esperanzas se vieron aplastadas cuando entró el maestro Okoi al salón, y sin anestesia alguna les dijo que esa mañana, a primera hora; Ayame Kinoshita había renunciado al instituto para volver a su antigua ciudad.
Hanamichi se quedó observando como es que Haruko quedaba completamente en el aire. La muchacha extendió su brazo como si quisiera alcanzar al zorro de Rukawa pero una vez que este le dio la espalda y siguió con su camino, la muchacha bajó su brazo y la otra mano se la llevó al pecho. Completamente decepcionada como si hubiera perdido algo.
Le dieron ganas de ir y sacudir al maldito zorro. ¿Como se atrevía a tratar así a una muchacha tan dulce? lo mejor sería ir con ella, distraerla y ¿porque no? consolarla en lo que fuera posible. Haruko se volteó y se le quedó mirando, le sonrió e hizo el símbolo de paz, Hanamichi sonrió y decidió que iría por ella.
― ¿Que haces? ― preguntó Usume tras él. Sakuragi se giró y la observó, sujetaba el balón bajo su brazo derecho y su otra mano en la cintura, iba a mandonearlo. Era el tono y la postura.
― Nada ― contestó, consiente de que a ella no tenía porque importarle.
― Mientes, estas mirando a Akagi ― Hanamichi levantó el rostro con celo, no iba a negarlo, consideraba a Usume una amiga, pero era diferente cuando se trataba de sus sentimientos y la dueña de estos.
― ¿Y que si así fuera? ― Usume suspiró desanimada, que era el gesto usual cada vez que entre ambos salía el nombre de Haruko Akagi.
― ¿Cuánto tiempo más planeas perder el tiempo? ― y bien ahí estaba. Hanamichi sonrió y se llevó las manos a la cintura.
― El que sea necesario ― contestó, giró hacia donde Haruko había estado hace poco, pero ella ya se había dirigido hacie donde Ayako y Matsui estaban.
Usume rodó los ojos fastidiada y se encogió de hombros.
― Bueno, que me crucifiquen si esto es malo ― fijó sus ojos en él y se lo soltó ― Le gustas a Fuji ― Sakuragi sintió como es que su rostro comenzaba a arder.
¿Fuji? imposible, era la mejor amiga de Haruko. Jamás le haría algo como eso, además estaba seguro de que ella se llevaba muy bien con Rukawa, casi tanto como...
Volvió la vista hacia Haruko, entre ella y Ayako ayudaban a Fuji.
― Haruko...
― Pfuff ― bufó Usume.
― Sé que no te agrada pero no deberías meter a Fuji en esto.
― ¿Meterla en que? ¿En tu "relación" con Haruko? ― la sola definición hizo reír a la chica ― Por favor Sakuragi abre los ojos, la chica no se interesa en ti, no al menos de la forma en que lo hace con Rukawa ¿Acaso quieres que ella te admire de esa manera? ¿Como lo hace con Rukawa? ¿En serio crees que te mereces eso? ― Hanamichi bajó el rostro, todo eso era algo que ya sabía no había necesidad de que alguien se lo restregara en la cara.
― No es asunto tuyo Usume ― dijo mirándola con seriedad.
― Ahora si ― contestó ella segura ― no te merece, igual que el imbécil de Rukawa no se merece a nadie, pero tú... ― dejó caer el balón y acercándose a él, lo tomó de los brazos y lo hizo girar en redondo para centrar su vista en donde Ayako y Haruko ayudaban a Fuji ― ella puede ofrecerte lo que Haruko te ha negado, quizás no sea una "belleza" ― dijo con ironía ― como tu preferida, pero al menos es desinteresada y le gustas... no tienes que ser un genio de baloncesto, aunque todos sabemos que lo eres ― se corrigió cuando él se giró a verla con violencia y gesto asesino en los ojos ― tampoco misterioso o desagradable, solo ser tú... y el ser tú es lo que no te funciona con Akagi ― dicho eso le soltó y volvió a coger el balón justo en el momento en que Ayako le ordenaba unirse al entrenamiento, Sakuragi se le quedó mirando ― piénsalo ― le dijo finalmente antes de alejarse y trotar suavemente hasta donde las chicas se encontraban.
No era lo mismo pero se parecía bastante a lo que Yohei le había dicho el día anterior; eso sobre ser el segundón en la vida de alguien. ¿Acaso lo era él en la vida de Haruko?
Un temblor se apoderó de él para terminar centrándose en su pecho y al instante un dolor que creía olvidado sobre su espalda se hizo presente con una punción.
― ¡Sakuragi! ― lo llamó Riota, Hanamichi avanzó todos los pasos necesarios hasta quedar frente a su capitán ― Rukawa se ha sentido mal... necesito que ocupes su lugar.
― ¿Rukawa, sentirse mal? ― Riota desvió la vista tras el pelirrojo y luego volvió a centrarla en él.
― No me lo dijo, claro. Pero lo noté... de hecho ¿no te ha parecido que no ha estado jugando a su nivel usual?
Hanamichi si lo había notado, solo que en algún momento creyó que se trataba de él, que era él quién estaba mejorando su nivel. Asintió. Riota pestañeó y le miró con extrañeza.
― Tú también estás raro ― entonces fue el momento de Sakuragi de extrañarse.
― ¿Yo? ¿porque?
― Claro... hace algunos meses no habrías parado de hablar sobre lo inferior que Rukawa es, pero ahora estás callado ¿Te estás sintiendo bien? ― Hanamichi cerró los ojos, cruzó los brazos y comenzó a reír.
― Agradezco tu preocupación Miyagi ― dijo sin abrir los ojos ― pero este genio solo está pasando por una etapa de madurez ― se encogió de hombros ― es normal que alguien que no la ha alcanzo dude sobre ello ― luego le apuntó con un dedo con gesto drámatico y abrió los ojos ― yo puedo ayudarte a mejorar tu actitud ― entonces se le acerco a centímetros del rostro ― y con ello tu relación con Ayako se verá muy, pero muy beneficiada ― Riota enrojeció y retrocedió mientras que Sakuragi se señalaba con el pulgar ― déjalo todo en mis manos ― luego se llevó ambas a la cintura y comenzó a reír.
Riota encogió los ojos. Sin dejar de mirarlo mientras Sakuragi seguía riendo. De pronto se detuvo, volvió a mirarlo con seriedad y la hilera blanca de sus dientes hizo aparición.
― Entonces ¿que es lo que debe hacer este genio? ― Miyagi suspiró y rodó los ojos.
― Serás capitán del equipo de los de primero ― finalizó antes de darle la espalda.
Capitán... capitán.
"Todo este tiempo... todo este tiempo... "
Sakuragi se quedó paralizado en medio de la cancha sin dar crédito a lo que sus oídos habían escuchado. Finalmente le elegían capitán, y ese era solo un paso en su ascendente carrera hacia el estrellato del baloncesto escolar. Si las cosas seguían así, el próximo año cuando Riota se retirara, claramente, él sería la mejor opción para continuar el legado de Shohoku. No era coincidencia que siendo él quién ingresara al equipo este ganara el campeonato nacional ¿Cierto? ´por supuesto que tenía todo el mérito de eso. Y ahora como líder podría llegar a más metas a cumplir más, a ser el mejor capitán de todos los equipos de Kanagawa ¡no! el mejor capitán de todos los equipos del Japón.
Su entorno se oscureció y los flashes comenzaron a seguirlo con velocidad vertiginosa. Las voces de fondo gritaban su nombre en tonos aguerridos e histéricos.
― Sakuragi ― escuchó y cuándo se volteó Haruko estaba ahí con un ramo de rosas para él, se acercó tímida y se lo extendió.
― Oh... Haruko, no tenías porque ― la muchacha se le quedaba mirando.
― Claro que si...
Y entonces estalló en carcajadas, más histéricas de lo normal, llamado la atención de todos a su alrededor; Koichi y Matsuo se le quedaron mirando con fastidio, mientras que Kiba se sonreía al igual que todos los que conocían mejor a Sakuragi.
― ¡Lo has pensado de maravilla Miyagi! ― gritó finalmente apuntando a su capitán, solo que cuando reaccionó este se encontraba hablando con Kakuta, Yasuda y el resto de los que componían el equipo de segundos y terceros.
― Ahg no quiero enfrentarme a Sakuragi ― se lamentó Ishi.
Mientras que al otro lado de la cancha los ánimos no eran los mejores. Koichi se cruzó de brazo y se adelantó.
― Lo que nos hacia falta. El maldito mono de capitán ¿acaso no estaba castigado?
― Tu también lo estabas ― señaló Matsuo en voz baja.
― Cállate ― le contestó el muchacho.
Sakuragi se acercó al muchacho y le puso una mano en la cabeza como si quisiera apartarlo del camino y enterrarlo en el suelo.
― Más vale que no se lo recuerdes ― Koichi lo manoteó pero Sakuragi lo ignoró como a un insecto ― No te preocupes niño, como tu nuevo capitán te autorizo a jugar.
El equipo de primero se dispuso con Hanamichi adelante, Koichi muy fastidiado a su derecha, Matsuo como alero a su izquierda. De defensa dejo Kiba y a un muchacho llamado Akira. Ambos trataron de decirle que no eran sus poscisiones usuales pero Sakuragi no les prestó atención. Dejó a Jun como reemplazante, ya que a gusto del pelirrojo era demasiado flojo.
Frente a ellos Riota estableció a su equipo dejándose, como siempre, de centro y le pidió a Shiozaki que le acompañara, Yasuda quedó de arbitro y Kakuta como reemplazo.
El equipo de Sakuragi se movió con mayor velocidad desde el primer momento, algo que le agradó ya que no había esperado mucho de esos niñatos. Solo que a pesar de sus intentos por llevar la batuta respecto a la dirección del mismo, se vio opacado por Keichi y el muchacho Matsuo. La mayor parte del equipo respondía mejor a las señales que estos dos hacían y en más de una ocasión Sakuragi se vio relegado ante los movimientos de estos y como es que cambiaban las posiciones por él señaladas. A Kiba y a Akira los golpeó un par de veces para re-ubicarlos pero Koichi y Matsuo lo esquivaron con mayor facilidad.
Al terminar los primero veinte minutos, el equipo de primero iba a la delantera por ocho puntos, cuatro de los últimos terminados por Sakuragi.
Sin embargo estaba molesto, el enano de primero se había interpuesto en dos ocasiones con jugadas claras que eran para él. Todo por quitarle el crédito. Así que él optó por lo mismo, interceptando los pases que Kiba daba, ya fuera a este o a Matsuo, para lanzar arbitrariamente contra el equipo de segundo. Había perdido alrededor de cinco tiros y es que la espalda había comenzado a molestarle pero en cuanto logró encestar los dos últimos se sintió mucho mejor.
Por otro lado sus antiguos compañeros fueron un poco más agresivos de lo que habían sido en los últimos entrenamientos, en todos los contragolpes dirigidos por Riota muchachos como Ishii y Sasaoka, que usualmente preferían evitar enfrentarlo, abiertamente se mostraron confrontacionales y hasta agresivos. Eso era algo que le había gustado así podía ser el mismo.
Cuando el silbato sonó, Miyagi se llevó a su equipo al otro lado de la cancha y comenzó a darles instrucciones. Algo que le pareció debía imitar, solo que cuando los llamó; los únicos que le obedecieron fueron Akira, Jun y Kiba. Matsuo se había sentado en una de las bancas y Koichi miraba sin sutileza alguna hacia el lado de las chicas.
Sakuragi sintió como es que su rostro comenzaba a calentarse. Con pesados pasos se dirigió hacia Matsuo, quién solo le miró fríamente cuando él le dijo:
― Tenemos que discutir las jugadas... ― Sakuragi creía que se le enfrentaría, en vez de eso se colocó de pie y lo siguió en absoluto silencio.
No tuvo el mismo resultado con Koichi, quién al escucharle formular la misma oración le contestó.
― Hazlo... de lo que te servirá ― Sakuragi extendió su brazo con violencia en un arco perfecto que debió haber desnucado al muchacho. En vez de eso solo cortó el aire, mientras que Yamazaki iba con su puño directo al mentón del muchacho.
Sakuragi lo detuvo de la muñeca justo antes de que este se estrellara con su rostro.
― ¡Hanamichi Sakuragi! ― le gritó Ayako, logrando captar la atención de Miyagi ― ¡¿Que estás haciendo?! ― logró llegar lo suficientemente cerca de ellos para sermonearlos. ― ¡Se supone que eres capitán! ¡¿Acaso no sabes lo que esa responsabilidad?! ¡¿Alguna vez el capitán Akagi te trató de esa manera?! ― le habría gustado contestar que si, pero claramente, esa era una respuesta que tal vez Ayako no querría escuchar.
Fijó la vista en su contrincante y Koichi miraba a la mujer con el rostro bajo, y aprovechando que la chica estaba solo centrada en él, comenzó a escabullirse. Solo que, como muchos, desestimo el verdadero poder de Ayako cuando esta se encontraba en su modo de regaño.
― ¡Hey, tú no te marcharas! ― gritó ella, a lo que Koichi contestó de la peor manera posible:
― ¡No eres mi capitán, no tienes nada que decirme!
El zape vino desde Miyagi, Sakuragi y Kiba, quién se ganó una mirada extrañada de parte de los más antiguos de Shohoku.
― ¡No le hables así!
Si en algún momento Riota había decidido re-considerar la participación de Hanamichi y Koichi en algún futuro partido, la última actuación de ambos chicos lo colmó, por lo que los sacó del gimnasio sin derecho alguno a replica cerrándoles las puertas en la cara.
― Pero Riota... ― trató de razonar Hanamichi.
― ¡No soy Riota, soy tú capitán y no volverás a entrar hasta que dejes de comportarte como un idiota!
Sakuragi quiso culpar de todo al muchacho que le acompañaba, pero se detuvo al pensar que eso sería actuar como precisamente Riota le decía no lo hiciera. Cuando decidió que ahí no haría nada se encaminó a los camarines, su costumbre era ducharse e irse pero al saber que tendría que compartir con Yamazaki prefirió coger sus cosas y bañarse en casa.
El muchacho también guardó silencio y tal cual lo imaginara comenzó a desvestirse con toda la intención de usar las duchas.
Sakuragi decidió que no debía porque estar ahí. Entonces abrió la puerta del lugar y Fuji fue lanzada hacia dentro como si la hubieran empujado, cayendo al suelo de manera torpe y con los brazos completamente extendidos.
De inmediato Hanamichi recordó las palabras de Usume. La muchacha se colocó de pie y se disculpó por su torpeza. De la nada comenzó a sentirse nervioso.
― N... creo que fue mi culpa ― dijo al fin ― ¿vienes por tus cosas? ― preguntó cuando vio que la muchacha no atinaba a nada.
Fuji asintió completamente roja.
― S... se... se me rompió una agujeta ― dijo, entonces frente a ellos y bajo una oleada de vapor Yamazaki se hizo presente; llevaba una toalla atada a la cintura y los miró con fastidio.
― ¿Quieren cerrar la puta puerta? ― los colores de Fuji se volvieron más intensos y Hanamichi apretó los dientes.
― Cre.. creo que me... mejor me voy ― dijo la chica prácticamente huyendo.
― Seh... es lo mejor ― finalizó Hanamichi, tomando una dirección contraria a la de la chica.
Afuera el cielo estaba nublado, aunque no sentía en lo absoluto que fuera un día frío. Le habría gustado toparse con sus amigos, solo que ninguno había acudido al entrenamiento de aquella tarde; todos tenían cosas que hacer, incluso Yohei que llevaba una vida de lo más tranquila.
Pensó en su madre y que tal vez ese día, en vez de recorrer las calles, como solía hacerlo, cuando estaba frustrado debería ayudarla. En lo que fuera.
Entonces la imagen de Haruko cayendo al suelo llegó a su cabeza y no pudo evitar compararla con la forma en la cual Fuji se desparramó frente a él. ¿Estaría buscándome? y ante aquella idean de la nada se sintió muy, pero muy halagado.
"Piénsalo"
Y el viento le sacó de su ensoñación, le dio una suave puntada en la espalda y lo envió a casa.
N/A:
Gracias a Goizmo y luna.
Chap dedicado a ambos.
