Los primeros rayos de sol aparecieron en Resembool, como siempre, en la mañana refrescaba bastante y eso que era verano. Parecía otro día de pleno sol, sin rastros de nubes y bandadas de pájaros volando hacia algún remoto lugar y allí abajo, fuera de la casa, dormían dos jóvenes, abrazados, parecían opuestos, uno rubio, el otro morocho. Uno con ropas coloridas, el otro con ropas claras. Uno con el cabello largo y el otro con el cabello corto, como un ángel con alas blancas y otro con alas negras, pero fueran como fueran, se querían.
Cualquiera diría eso viendo esta imagen, el joven de cabellos negros abrazaba por atrás al pequeño rubio, quien sostenía con su única mano la mano del morocho, muy cerca de sus labios. El morocho llevaba una sonrisa, aunque el pequeño no llevara sonrisa se notaba que estaba tranquilo durmiendo al lado de ese joven y sin olvidar que al parecer no les importara ser vistos.
-Mmmm… ¿Eh? No puedo creerlo… -Susurro Roy Mustang al ver como se encontraba.
-¿Qué no crees? –Pregunto Edward adormilado. –Ah, si… la piedra… Ling sabe…
Roy se contuvo de no soltar una carcajada, Edward estaba soñando o hablando dormido o las dos cosas, era gracioso y tierno, era tan hermoso estar acostado y abrazando al pequeño, encajaba perfectamente en su cuerpo, en sus brazos, en su pecho, le volvía loco de tan solo pensar esto.
-Claro… Ling tu… -Dijo Edward apretando más fuerte la mano de Roy. –Tú tienes que hacerlo… -Roy arqueo una ceja. ¿Por qué soñaba con ese idiota? ¿Por qué no soñaba con el? –Queda poco para el día… Wrath es tuyo… lastima que no vea la pelea… de homúnculus… se que ganaras por Avaricia…
Roy se quedo helado. ¿Acaso Ling era un homúnculus? Edward nunca le había contado eso, esto era peligroso, el podría ser el enemigo y ayer… ayer se había expuesto a presentarle a Inu. ¡Maldición, era un idiota Edward! ¿Acaso sentía algo por Ling que no le había ocultado lo de la bestia? Su estomago se contrajo, un dolor poco común se le apodero de el, eran nudos, nudos y celos que lo dominaban, el era muy egoísta con sus cosas, no le gustaba compartirlas, dependiendo que, pero… si Edward fuera suyo no dejaría que nadie lo tocase o viese.
-Coronel… -Murmuro Edward, al parecer ahora despierto. -¿Qué…?
Edward se dio vuelta, encontrándose con la dura mirada de Roy, todavía lo abrazaba y el rubio todavía sostenía la mano del coronel y aun así, al darse cuenta como estaban, los dos se quedaron mirándose, contemplándose, como si fueran a no verse nunca más.
Y como si fuese que le hubiese caído un rayo encima Edward se separo de Roy totalmente rojo, ya entrando a la casa gritando todo tipo de maldiciones, desde eso día no se hablaron ni se dirigieron la palabra aun ya estando en la estación esperando el tren.
Alphonse, Maes, Ling, Edward y Roy ya estaban en la estación esperando el tren, hacia algo de calor y el sol pegaba fuerte en la mañana, cuando el tren se detuvo frente a ellos subieron despidiéndose de Pinako y Winry.
Casi nadie hablaba ya que todos dormían, menos Edward y Roy quienes miraban por la ventana o eso querían que pensara el otro. Edward no podía verle a la cara, ¿acaso estaba jugando con el? ¿Como la vez que Naiko lo acoso? ¿O cuando estaban solos y le dio un beso en la mejilla riéndose porque el nunca había besado a nadie? Estupido Roy pensó Edward levantándose del asiento, Roy que estaba desprevenido se sobresalto un poco y por primera vez durante todo el viaje pudo ver bien a Edward, parecía tener cara de enojado.
-Al, iré a pasear, ahora vengo, coronel, lo mismo. –Dijo pausadamente Edward para que Roy no notara que su voz temblaba, el coronel asintió y volvió a mirar por la ventana. Al también asintió.
Edward salio del compartimiento lo más rápido que puedo, ahora más relajado sin la presencia de Roy tomo su reloj de alquimista estatal, no faltaba mucho para llegar, capaz podría quedarse en otro vagón todo el viaje… Imposible, Roy y Maes eran sus responsables, cuando vieran que el no venía lo buscarían y se encontraría con Roy.
-¿Por qué me siento así? –Se pregunto Edward en voz alta, ya que no había nadie en ese vagón.
Es un hombre, tendría que darme asco, enojo, y ganas de vomitar… pero… lo que siento es otra cosa… algo raro… ¿¡Qué me esta pasando!? ¿Acaso me gusta Roy Mustang? ¿Desde cuando? Se preguntaba Edward frustrado.
-Edward… recién dijiste… ¿Por qué me siento así? –Hablo Inu dentro de él. –Capaz sea porque te gusta algo o te esta empezando a gustar.
-¿Qué? –Edward estaba hablando en voz alta, ya que en su mente no podía hablarle, pero si cuando estaba en el interior o cuando hacia un esfuerzo para hablar en su mente para que lo escuchara Inu, pero ahora no tenía ganas ni fuerzas. –Imposible, además aunque sea así Roy nunca gustaría de mí, es mujeriego, sale con todas las chicas de Central.
-Las personas cambian con el amor Ed… Igual es una hipótesis, no se si verdaderamente te gusta o que… -Dijo Inu vagamente. –Pero si no quieres que eso suceda tendrás que alejarte, porque el camino que llevas ahora te llevara a eso, créeme.
-Yo hasta que no consiga el cuerpo de Alphonse no me meteré en nada con nadie, eso ya lo decidí, no pienso enamorarme ni nada de eso y menos de un hombre. –Dijo Edward fríamente. –Primero esta mi hermano.
-Bien, primero tu hermano, eso lo entiendo, pero el amor cuando llega es imposible evitarlo, si es un amor verdadero es peor, ya verás, algún día te tocara. –Dijo Inu. –He vivido más años de los que tu te imaginas, entiendo muchas cosas perfectamente.
-¿Has estado enamorado alguna vez? –Pregunto Edward sorprendido por lo que acababa de preguntar, Inu se río.
-Claro, alguien se acerca, luego hablamos. –Dijo este, Edward se dio vuelta y vio como Roy entraba en el vagón buscándolo.
-Edward. –Hablo Roy pero antes que diga algo más este lo interrumpió.
-Ya se, tienen que cuidarme por si pasa algo. –Dijo Edward yendo hacia el vagón donde estaban los demás, cuando paso por al lado de Roy este le tomo la muñeca y le hizo girar para quedar cara a cara.
-Te siento raro y se que es por lo que paso antes… ¿Podemos hablar? –Pregunto Roy, hablaba cautelosamente.
-No hay nada que hablar, ya pasó, no volverá a suceder. –Dijo el alquimista de acero fríamente, Roy lo empujo contra la pared del vagón y negó con la cabeza, sus manos se posaron en los hombros de Edward.
-Edward… creo que… -Estaba por decir Roy pero el vagón se detuvo, era una estación y Roy lo soltó alejándose y entraron un par de personas. –Vamos con los demás.
¿Estaba por decirle qué? ¡Estoy loco! Pero… creo que Edward me agrada, me gusta… algo… pero no puedo decirle, tengo que olvidarlo, si alguien de Central, de la milicia se enterada sería el fin de mi carrera, no puedo ser tan imprudente, además Edward me rechazaría y no aguantaría no poder hablarle o verle a la cara nunca más… Pensó Roy mientras se volvían a sentar con los demás.
-Ling… Ling… ¡Ling, despierta! –Grito Edward, dándole una patada.
-Au… -Dijo el joven, estirándose. -¿Qué pasa?
-Ya en unos minutos llegaremos a Central. –Dijo Edward suspirando.
-¿Y donde iremos? La verdad que tengo hambre. –Dijo Ling estirándose.
-¿Iremos? No estas invitado, es yo y Alphonse, A y B. ¿Entiendes? –Dijo Edward con una vena en la cabeza.
-Si quieren pueden quedarse en mi casa, Elysia y Gracia estarán muy contentas. –Dijo Maes sonriendo con algo de rubor mientras sacaba una foto y se la mostraba a todos. -¿No es hermosa mi hija?
-Valla, que hermosura. –Dijo Ling sonriendo. –Por mi sería un gusto, la verdad es que no tengo donde quedarme. Jaja
Roy suspiro, ese Ling lo perseguía a todos lados a Edward y ahora Maes le había invitado a quedarse en su casa, entendía lo de los hermanos Elric, pero Ling… ¿Sería que Ling gustaba de Edward? Su estomago se hizo un nudo.
-Gracias Maes, con gusto iré. –Dijo Edward y Alphonse asintió.
Cuando ya llegaron, todos fueron a Central, Maes necesitaba buscar unos papeles en su oficina y luego podrían ir a su casa, Roy también los acompaño a todos, diciendo que tenía la misión de cuidarlo a Roy y que si no la cumplía Tsunade lo haría polvo.
Cuando llegaron allí fueron directo a la oficina, cerca de allí estaba Jean Havoc y Riza Hawkeye quienes vieron a Roy, este se quedo helado mirándolos y Edward entendió porque, Roy seguramente nunca le había contado nada a Riza que se iba.
-¡Coronel! –Grito Riza sacando su pistola. –Tiene muchas cosas que contarme, empiece o 3… 2…
-Es mi culpa. –Hablo Edward, Roy al escuchar eso y que provenía de Edward se sorprendió. –Yo le pedí que me acompañara, necesitaba hacer unas cosas y necesitaba de el.
Riza apunto hacia Edward y lo miro fríamente, Roy sabía que Riza nunca le dispararía, pero inconscientemente se puso delante de la pistola y la mujer se sorprendió, pero bajo el arma.
-Tiene mucho trabajo, mucho trabajo, mucho trabajo y no se va a ir de la oficina hasta que no lo termine. –Dijo la mujer fríamente. –Edward Elric. –Dijo ahora mirando al rubio. –Por favor te pediría que no moleste al coronel mientras este ocupado, ya sabe a lo que me refiero, pidiéndole favores y haciéndolo desaparecer.
-El no tiene la culpa, yo podría haberme negado pero me intereso la causa. –Hablo Roy galantemente, Riza lo fulmino con la mirada. –Iré a trabajar.
-Coronel, ya que fue mi culpa esto, quisiera ayudarle con el trabajo, capaz haya algo que pueda hacer. –Dijo Edward algo nervioso, algo le decía que lo ayudara, otra que desapareciera, pero quería estar con el, a su lado, Roy sorprendido le hizo señas para que lo acompañara a la oficina.
-Al, anda con Maes, luego yo iré con ustedes. –Dijo Edward mientras se despedía.
-Ed, puedes hacer esto. –Dijo Riza dándole unos papeles. –Eres muy generoso ayudándonos. Solo tienes ordenarlos, dependiendo lo que es, yo iré a hacer mi trabajo, al rato paso, si no hicieron nada les disparare.
Edward vio la oficina, era la de Mustang y estaban solos. Vio a Roy, este también lo miraba, aunque sacudió su cabeza y empezó a firmar unas cosas.
-Gracias por ayudar. –Dijo Roy mientras seguía firmando, Edward no dijo nada. –Por cierto. ¿No te cae bien ese tal Ling?
-Es un poco pesado. –Dijo Edward, reagrupando los papeles. –Pero es buen chico.
-Ah, porque esta colgando de la ventana. –Dijo Roy tranquilamente.
-Ah… -Dijo Edward y cuando la información fue bien procesada miro hacia allí y ahí estaba el joven, colgando y sonriendo. -¿Qué haces ahí?
Edward corrió y abrió la ventana, Ling entro abrazándolo a Edward, Roy vio la escena y sintió nuevamente un nudo en su estomago, era muy obvio, estaba celoso, no quería que nadie tocara a Edward y menos un estupido como el.
-¿Qué haces aquí? –Grito Edward separándose de el.
-Tenemos que hablar. –Dijo seriamente Ling, Edward arqueo una ceja y asintió.
-Ahora vengo coronel. –Dijo Edward saliendo del despacho. -¿Qué paso Ling?
-Viste que ya sabemos que el Führer es un… -Estaba diciendo Ling, acordándose que se había enfrentado a el.
-¡Calla! No podemos hablar así tan a la ligera y menos acá… -Dijo Edward mirando hacia todos lados, no había nadie. -¿Qué pasa con "eso"?
-¿Ustedes no han podido hacer nada? –Pregunto Ling.
-Es muy largo de explicar, pero no, nada. –Dijo Edward sabiendo que la mayoría de los militares de alto rango sabían que Bradley era un homúnculus y que aceptaban eso y estaban con "el padre", también Roy cuando se entero intento hacer algo, pero estaba muy presionado, solo quedaba esperar y pensar en algo. –Un día te lo contare.
-¿Y si vamos a comer algo y hablamos? –Pregunto Ling sacando algo de su pantalón, era una bolsa. –Esta vez invitare yo.
-Era hora que invitaras tú. –Dijo Edward pero dudaba de eso, seguramente se iría y Edward tendría que pagar todo, la puerta del despacho del coronel se abrió antes que Edward pudiera decir algo, era Roy.
-Sería imposible, Edward tiene que ayudarme. –Dijo Roy con el semblante serio tomando al alquimista de acero del brazo y arrastrándolo hasta su oficina. –Adiós Ling. –Hablo Roy y cerro la puerta.
-¡Coronel! ¿Qué hace? –Grito Edward, todavía seguía sujeto a Roy, este lo miraba seriamente. -¡Suélteme!
-No hagas tanto escándalo enano, no quiero que media Central venga a ver que pasa. –Dijo Roy aun sin soltarlo. –Edward…
La puerta se abrió, los dos alquimistas se alejaron y vieron que Riza entraba, con unos papeles en su mano, esta al ver que los dos estaban parados y sin hacer su trabajo, seguramente peleando, saco su pistola apuntándole a Roy y luego a Edward, los dos rápidamente se sentaron para hacer su trabajo.
Ya era muy tarde, seguramente más de las diez de la noche y recién habían terminado de hacer su trabajo, Riza que estaba ya vestida civil los esperaba para poder cerrar la oficina y salir de allí, mientras tomaba una campera liviana y se la ponía a Roy, ya que afuera estaba un poco fresco y le acomodaba la ropa.
Entonces Edward entendió, Riza y Roy tenían algo, un romance o algo así. Se cuidaban entre si, como novios, pareja, se querían o eso parecía… era tierno, pero a la vez duro, Edward había pensado que capaz le gustaba Roy, si le llegaba a decir eso o se enterara se reiría y lo burlaría para siempre, que tonto había sido.
No aguanto más salio de ahí, empezando a caminar, intentando tranquilizarse, nunca había sentido su corazón de esa manera, bien y a la vez mal, pero no por amistad o algo familiar, como lo que sentía por su madre o por su hermano, si no… capaz era… Cuando salio del cuartel se detuvo, no podía moverse, quería salir de allí corriendo, si se quedaba más tiempo Roy y Riza saldrían de allí y lo verían, quiso poder mover tan solo una pierna, luego otra y así, pero no podía.
-¿Edward? –Pregunto alguien detrás de él, este se dio vuelta, tenía el corazón en su garganta. -¿Qué haces a estas horas aquí?
-Jean. –Dijo Edward suspirando, ahora un poco más relajado, llevaba ropa casual, un cigarro en su boca sin prender y sus ojos celestes estaban algo opacos. –Estaba ayudando al coronel y a Riza con unos papeles, ya me iba.
-Valla. ¿Ahora se llevan bien? –Pregunto este dando una pequeña sonrisa.
-Como quisieras… -Dijo Edward intentando ser el mismo de siempre. -¿Recién terminas de trabajar?
-Ojala… estaba en una cita, va… nunca vino… -Dijo este desanimado, sus ojos se pusieron aun más opacos. –Pero que más da… ¿Quieres ir a tomar algo? –Pregunto tranquilamente. Jean sabía muy bien que el era menor, que no podía tomar, pero Havoc se sentía verdaderamente mal y eso parecía no importarle ahora, Edward asintió y salieron de allí.
El bar era pequeño, tenía unas pocas mesas, un pequeño salón de baile y unos sillones, pero aun así era muy lindo y llamativo, con luces y cosas extravagantes, como cuadros o adornos brillantes. Jean y Edward estaban en la mesa de tragos, hablando.
-Entonces era obvio que me dejaría, esas chicas son así… -Hablaba Jean tomando de su vaso, whisky.
-La verdad es que no entiendo bien de eso, pero seguramente encontraras a alguien. –Dijo Edward viendo todavía su vaso, ya no se acordaba que había pedido, obviamente era alcohol, ya que no vendían otra cosa, aparte de agua, pero había querido probar algo nuevo, aunque tenga 15 años, pero se había arrepentido, había pedido con poco alcohol, pero cuando lo probo, el gusto le fue muy raro y fuerte y daba de vez en cuando pequeños sorbos.
-Si es que no me cambian de cuidad… -Dijo Jean desanimándose. -¿No te gusto?
-Nunca había probado esto… -Dijo Edward mirando el contenido de su vaso. –Es dulce, pero creo que no estoy acostumbrado.
-Perdón me había olvidado que tienes 15 años, es que siendo alquimista te veo mayor, además lo pareces. –Dijo Havoc bebiendo más, a Edward se le iluminaron los ojos, le había dicho grande. -¿Tienes donde dormir? Puedes venir a mi casa si no lo tienes, no es muy grande, pero tengo una cama de más, comida y podemos quedarnos despierto jugando a las cartas y apostando.
-Tendría que volver con Maes, Alphonse esta ahí, pero si quieres desde tu casa lo llamo y le digo que me quedo en la tuya. –Dijo Edward sonriendo, le había llamado la atención, casi nunca salía y menos a jugar a las cartas y mucho menos a la casa de alguien, parecía un amigo.
-¡Dale! –Dijo Jean tomando más, Edward en esa ocasión tomo más que un sorbo, se estaba acostumbrando un poco más al gusto, cuando tomaba tenía la sensación que todo en su interior se prendía fuego, parecía Roy Mustang dentro de el. Nuevamente se acordaba de él, tonto, tonto, tonto, tenía que pensar en otra cosa, no era ese idiota, era el alcohol lo que le hacía calentar su cuerpo por dentro, pero… ¿Por qué entonces lo estaba viendo ahora? ¿Por qué lo veía sentado en la esquina de la mesa de tragos? ¿Acaso ya estaba borracho?
-¿Ese… es Mustang? –Pregunto Edward algo mareado, había tomado más de lo que su cuerpo podía aguantar.
-¿Eh? –Jean giro la cabeza y vio a un joven de cabellos negros, llevaba una camisa blanca y unos jeans negros, hablaba con el barman, quien estaba preparando unas bebidas. -¡Roy, Roy, amigoooo, ven! –Grito Jean, al parecer el si estaba borracho o algo.
Roy miro a esa dirección y se encontró con Jean Havoc, Edward intento ocultarse tapándose con el joven. Roy que estaba sentado se paro, parecía estar triste y fue hacia donde estaba, parecía en otro mundo.
-¿Emborrachándote? –Pregunto Roy y vio que había otro vaso. -¿Una chica?
-¿Eh? –Jean se dio vuelta y vio que había un vaso, era el de Edward pero el ya no estaba allí, seguramente había ido al baño. –Ojala… me dejaron colgado, acerito esta conmigo, lo encontré y venimos acá, pero se ve que fue al baño.
-¿Acerito? ¿Hablas de Edward Elric? Es menor Havoc. ¿Tan borracho estas? –Pregunto Roy sacándole el vaso y tomando un poco.
-¿Acaso no me crees? Anda al baño y fíjate. –Dijo Jean sacando de su chaqueta un cigarrillo. –Eh, no te tomes mi whisky, tomate el licor de Edward si quieres, no creo que valla a tomarlo.
La cara de Roy se endureció. ¿Entonces era verdad que Edward estaba aquí? Sin decir nada más avanzo a grandes pasos hacia el baño, era menor, estaba tomando alcohol, podría sentirse mal, además capaz alguien quisiera hacerle mal. Abrió de un golpe la puerta del baño y se encontró con un joven de cabellos largos, sueltos y rubios, a simple vista podría parecerse una chica, pero el sabía muy bien que era Edward, este estaba apoyado contra la pared y llevaba los ojos cerrados mientras respiraba tranquilamente.
-¿Edward? –Hablo Roy cauteloso, este abrió los ojos de golpe.
-Taisa… ¿Qué hace aquí? –Pregunto Edward sorprendido.
-Eso mismo quería preguntarte yo a ti. –Hablo Roy y le toco la frente a Edward. -¿El alcohol te hizo mal?
-Un poco… -Murmuro Edward levemente sonrojado, miraba el piso mojado y sucio. –Igual en un rato me voy a la casa de Havoc.
-¿¡Havoc!? ¿Y Maes? –Pregunto Roy sorprendido. –Ya tienes donde dormir Edward.
-Ya se, pero parece que Havoc se siente mal y quería animarlo, me dijo de quedarme allí y jugar a las cartas. –Hablo Edward pausadamente, no quería gastar las pocas energías que le quedaban, estaba muy cansado.
Roy se mordió la lengua, aparte que este se había ido sin despedirse, ahora le venía con que se iba a la casa de Jean Havoc, uno a su cargo, que había tomado alcohol y estaban los dos juntos para el colmo, faltaba solamente que le digiera que le gustaba Jean y que estaba saliendo con el.
-Coronel no sabía que le gustaba venir a estos lugares. –Hablo Edward que vio que Roy estaba en su mundo y eso le asustaba.
-Vengo aquí muy de vez en cuando, solo cuando quiero despejarme. –Hablo Roy acercándose a Edward.
-¿Despejarse? ¿Del trabajo? –Pregunto Edward viendo como Roy se le acercaba más y más.
-No… De ti. –Hablo Roy decidido. –De hace unas semanas que me vuelves loco.
-¿Loco? –Pregunto Edward nervioso, empezó a transpirar, había tomado el alcohol suficiente para poder hacer cualquier cosa, si que era muy débil contra eso, nunca había probado y ahora estaba mareado y muy cerca de Roy, cuando se diera cuenta seria demasiado tarde y nunca más volvería a tomar.
-Edward… -Hablo Roy ahora sujetándole la cara suavemente con sus manos. –Quiero intentar… algo… déjame… ¿Si? Solo una vez… Por favor…
Edward se quedo quieto y Roy dio a entender que le daba permiso, acerco su cara a la del pequeño alquimista y le beso suavemente la frente, luego la nariz y cuando llego a los labios se detuvo, estaba mal, Edward no era así… estaba borracho, no quería aprovecharse, pero…
-Sigue Roy… -Hablo Edward totalmente rojo. –Sigue…
Roy se quedo sorprendido y sin decir más se acerco a sus labios, lo primero fue cuando hizo contacto, desde todo su cuerpo hasta su alma dieron algo así como electricidad, mariposas en el estomago y se sintió por primera vez durante mucho tiempo feliz. ¿Tanto podía sentir con aquel chico? Era la primera vez que le pasaba algo así, era… magnifico.
Siguió, dándole un pequeño beso en la comisura de los labios, luego en la otra y luego lo beso, entonces Edward dio un suspiro de placer y Roy aprovecho para meterle la lengua, saboreando cara lugar que pudiera, era hermoso, simplemente hermoso. Lo deseaba, lo quería, Edward hacia que el, el gran Roy Mustang no sea el, si no un simple joven totalmente excitado con un hombre, que estaba al borde de querer ser tocado, de tomarlo a Edward y hacerlo suyo.
Roy siguió besándolo, saboreándolo, era dulce y tenía un pequeño gusto a alcohol. Una de sus manos estaba acariciando el cabello del rubio mientras que la otra se apoyaba contra la pared donde tenía prisionero al pequeño. Edward por su parte tenía sus manos en la cintura de Roy, tomándolo de la camisa mientras daba pequeños suspiros y susurraba "Roy".
-Edward… -Hablo Roy mirándolo a los ojos. –No aguanto más… Dejemos hasta aquí… por hoy…
-Cuando no este alcoholizado no me acordare de nada Roy, también me apartare de ti, porque en verdad me gustas algo… pero yo lo negare… así que házmelo ahora, aquí mismo… -Dijo Edward besándole el cuello.
-Edward, no… no quiero hacerlo con alguien que esta borracho… Quiero que te acuerdes de todo, así que cuando estés mejor, aunque no te acuerdes de nada, te obligare a hacerlo y tú me gritaras que quieres más y yo te lo daré, si te lo mereces… -Dijo Roy guiñándole un ojo. –Aunque no creo poder vivir más sin tus besos… -Roy tomo a Edward de la cara y le encajo un beso en los labios. –Ahora vamos, capaz entre alguien. Ah, dile a Jean que te quedaras a dormir en mi casa, que estás muy cansado.
-¿Qué? Pero yo quiero ir con Jean a jugar a las cartas… -Dijo Edward poniendo mala cara.
-Que triste… pero me pondría muy celoso si hicieras eso… -Dijo Roy acariciándole la mejilla a Edward. –Ahora vamos.
Roy estaba muy feliz, besar a Edward le había dado muchísimas más ganas para todo, tenían química, además nunca nadie lo había vuelto tan loco y desesperado como Edward, tenía la sensación de que no duraría nada en la cama con el, le hacia excitarse muy rápido y aparte, era un hombre, pero no le importaba, nunca se había puesto celoso y Edward era la excepción de todo.
-Ed, Roy. –Hablo Jean sonriente viendo que ya estaba en la mesa del bar.
-Havoc, Edward se siente mareado, lo cuidare en mi casa, es mi responsabilidad. Tú ya sabes, esta a mi cargo. –Hablo Roy tranquilamente. Jean asintió y los dos se despidieron del rubio quien seguía tomando.
-Hace frío… -Susurro Edward que tan solo llevaba su chaqueta negra y su musculosa del mismo color, Roy sin pensarlo le dio su campera.
-Coronel… -Dijo Edward deteniéndose.
-Yo no tengo frío, no te preocupes, vamos, el auto esta aquí nomás. –Hablo Roy mientras le sonreía y sacaba de su pantalón unas llaves, estaba tan feliz.
-Gra – Gracias… -Hablo débilmente, estaba muy cansado. Cuando llegaron al auto Edward estaba que se dormía y se sentó en la parte delantera del asiento del auto mientras Roy se sentaba a su lado y manejaba.
Al ver al pequeño dormido en el asiento, su boca levemente abierta y sus brazos extendidos, parecía tan indefenso… Sería un gran problema mañana cuando no estuviera borracho, ¿qué le diría? ¿Qué alguien mayor lo beso? ¿Qué sentía algo por el?
Golpeo levemente el volante, ¿sentía algo por Edward?… eso había pensado, pero se había equivocado, ya que no era una pregunta, si sentía y al parecer era muy fuerte o eso pensaba, estaba bastante confundido y mucho más porque eran dos hombres. En su mente apareció una imagen, cuando habían hecho la ultima misión, Roy inconcientemente había abrazado a Edward cuando dormían juntos y cuando se había levantado, abrazándolo, había sentido una oleada de felicidad…
-Ed… -Susurro Roy en el oído del pequeño, este se movió levemente, estaba muy dormido. –Ya llegamos.
Al ver que seguía sin responder lo alzo, entrando a su casa, para dejarlo en una cama y nuevamente al verlo acostado sintió deseos incontrolables de abrazarlo, acariciarlo, besarlo, pero se controlo y únicamente le saco las botas, las dos camperas y lo tapo.
-¿Qué haré contigo? –Se pregunto Roy corriéndole el flequillo de la cara a Edward. -¿Sabes? Esta es mi cama… tengo otras, pero por lo menos quiero dormir una sola vez contigo… espero que cuando te despiertes no te enojes Ed…
Roy se cambio la ropa, dejándose un pijama, prendiendo la luz del velador y apagando la luz de la habitación, para luego acostarse del otro lado de su cama de dos plazas. Miro nuevamente a Edward y no aguanto más, se acerco a el y le dio un beso en la frente, luego en los labios y se le quedo abrazando mientras apagaba la luz del velador.
-Buenas noches Ed… -Susurro Roy al oído del pequeño abrazándolo y oliendo el aroma dulce que llevaba en su cabello.
Los primeros rayos de luz que llegaban a la habitación despertaron a Roy, quien se encontró todavía abrazando al pequeño alquimista de acero y lentamente recordó todo, lamentándose muchas cosas, se había dejado llevar, pero con tan solo tenerlo abrazado hacia que nuevos sentimientos florecieran en el y lentamente se fue alejando de Edward para luego salir de la habitación.
-Maes, tenemos que hablar. –Dijo Roy hablando por teléfono. –Luego te explico, si, ven al medio día a casa, gracias.
Roy colgó el teléfono y fue hacia la cocina, intentando despejarse, estaba feliz pero a la vez no, no era nada bueno que le gustara un hombre y menos si el quería convertirse en führer, si llegaran a enterarse le daría todo en contra, podría perder su trabajo… Era algo para pensar muy seriamente.
-… … … duele… …. La cabeza… -Murmuro Edward despertándose y mirando el lugar. –Que cansado… -Volvió a cerrar los ojos para dormir más tiempo, pero volvió a abrir los ojos y esta vez se sentó de una en la cama, estaba transpirado y su cara de somnoliento fue cambiada rápidamente a la de terror, esto no era la casa de Maes… ¿Dónde estaba?. -¿Qué es esto…?
Edward examino la habitación, estaba acostado en una cama, de la cual tenía dos mesas de luz con veladores blancos, al costado un ropero bastante alto y ancho, había dos puertas y un escritorio, Edward se levanto y fue directamente hacia ahí. Tenía muchos papeles desparramados, más papeles y más papeles, pero al costado había un cuadro, lo tomo y sus ojos se agrandaron, como su piel que se puso pálida.
-No puede ser… -Murmuro Edward, viendo aun más con determinación la foto, ahí estaba Roy Mustang de pequeño, era imposible no darse cuenta, los Uchiha eran muy parecidos y a su lado estaban los padres de este, Itachi Uchiha y Sasuke Uchiha, quienes abrazaban a Roy. -¿Esta es la casa de Roy? ¿Qué hago acá?
Edward vio que en la silla que estaba en el escritorio estaba su campera y abajo sus botas, tomo todo y se vistió rápido saliendo de allí, para sorprenderse aun más, la casa era muy grande, por empezar estaba en el segundo piso o tercer piso, no sabía con exactitud, luego que habían más de 5 habitaciones allí arriba y para no decir tanto desde la pintura de las paredes hasta el piso parecía haber salido muy caro. ¿Por qué justo acá tenía que haber parado? Recordó lo de Jean… ¿Qué había pasado luego?
-Tengo que salir… -Murmuro Edward, viendo las escaleras de madera, al igual que el piso, que brillaban tanto como la misma casa y bajo.
Abajo era más llamativo, había un living con chimenea y biblioteca, alfombras de cuero, blancas, negras y mezcla, cuadros y adornos, no sabía bien por donde ir, había una puerta de su lado izquierdo y luego otra frente a el, las ventanas de atrás suyo daban al jardín por lo que parecía, entonces quería decir que la puerta frente suyo era la que salía a la calle, avanzo a grandes pasos hacia allí y cuando quiso abrirla se percato que estaba cerrada, el alma se le cayo a los pies.
-¿Edward? Veo que te despertaste. ¿Cómo dormiste? –Pregunto Roy saliendo de la otra puerta, un olor rico salio de allí, este llevaba todavía el pijama.
-Coronel… ¿Podría explicarme como he parado acá? –Pregunto Edward muy nervioso.
-Ah… estaban con Jean Havoc y estabas tomando por lo que se, cuando fui al baño te encontré ahí y estaban algo borracho y te sentías mal y te traje para acá, te dormiste en el auto. –Hablo Roy tranquilamente, caminando hacia Edward. -¿Tienes hambre?
-Lo siento mucho, no quería ser una molestia. –Dijo Edward bajando la cabeza, era la primera vez que Roy veía a Edward bajar la cabeza.
-No fuiste una molestia, fue divertido verte borracho. Ven comamos. –Dijo Roy mientras reía.
Maldito Mustang, me lo recordara para toda la vida, seguramente se lo contara a toda Central y si no me dirá que tengo que hacer algo para que no se lo cuente. ¡Me extorsionara! Pensaba Edward mientras unas lagrimas se le escapaban.
Cuando entraron a la habitación que daba por la izquierda, vio que era la cocina, grande, moderna y muy bonita, también cercando la cocina había unas mesadas que al parecer se usaban para desayunar, eran muy bonitas, al igual que las sillas, grandes y altas y en la mesada estaba preparado el desayuno, unos ricos tostados con jugo de naranja y al costado había unas rodajas de pan tostadas para ser preparadas con manteca y dulce de leche. Todo riquísimo, pero… ¿Por qué Roy elaboraría un desayuno tan rico para él?
-Coronel… ¿Ha cocinado todo usted? –Pregunto Edward sorprendido, Roy asintió y se sentó para comer. –Valla, que bien… ¿Y quien viene?
-Nadie Acero, ven siéntate y come por favor. –Dijo Roy suspirando, era obvio que Edward dudara de la comida de el, pensando que estaría envenenada o algo por el estilo. –Come o te ordenare que te vallas a una misión aburrida y lejos. –Le dijo aunque era mentira, porque no quería que se separara de el en ningún momento.
-Vale, muchas gracias Taisa. –Dijo Edward avergonzado, sentándose y empezando a comer. -¿Alphonse esta informado sobre que estoy acá?
Roy asintió y ninguno volvió a decir nada más, por parte de Roy, no podía contarle que lo había besado y mucho menos sabiendo que Edward estaba borracho, se enojaría mucho el pequeño. En cambio Edward sabía que algo le ocultaba el coronel, pero… ¿Qué? Tenía que averiguarlo.
Edward desvío la mirada y se encontró con la mirada de Roy, quien lo estaba mirando y no una mirada divertida o de enojo o de burla, una mirada que nunca antes la había visto en el coronel, parecía diferente o capaz como lo miraba ahora… ¿Amistad? ¿Con el coronel? Nunca. No se llevarían bien ni en un millón de años, pensó Edward, pero en cambio lo seguía mirando, sabiendo o no que Edward ahora lo miraba.
-¿Paso algo…? –Pregunto Edward nervioso, terminando de desayunar, Roy pestaño y se levanto juntando los platos. -¿No piensa responder?
Roy fue a lavar los platos, Edward le siguió de atrás, Roy lo estaba ignorando, algo pasaba… el pequeño alquimista lo tomo de del brazo y lo hizo girar, Roy con sus manos mojadas lo miro fijamente.
-¿Qué me esta ocultando coronel? –Pregunto Edward avanzando hacia el los pocos pasos que tenía. -¿Creé que soy idiota?
Roy hizo una mueca como de tristeza, pero Edward no adivino bien cual fue, si que Roy Mustang era raro, pensó el joven, mientras veía la mirada de Roy, dulce, se sonrojo violentamente, nuevamente estos sentimientos raros, ayer quería escapar y al final termino con el, si seguía así terminaría lastimado, no tenía tiempo para cosas raras, cosas que nunca conocería como el amor o lo que fuera, tenía una misión y era recuperar el cuerpo de su hermano.
Roy se acerco un poco más a Edward y le toco la mejilla, dejándole un poco de agua allí, Edward retrocedió, Roy avanzo y le tomo de la cintura para que no escapara y le sonrío.
-Tengo que hablarte. –Le dijo el coronel, pero el timbre sonó y Roy suspiro. –Ahora vengo, espera.
Edward se quedo parado, sin hacer nada, su mirada estaba perdida, perdida memorizando los ojos de Roy, su piel, su cabello, su sonrisa, ese no era el Roy Mustang que conocía, bueno… nunca conoció bien al coronel… ¿Pero por qué se mostraba así con el ahora, luego de tanto tiempo?
-¡Edward! –Saludo Maes corriendo a abrazarlo. –Roy me contó que estabas acá.
Roy tomo a Maes de atrás del cuello de la camisa, alejándolo de Edward y lo sentó en una silla, con una gotita en la cabeza y le sirvió un vaso de jugo de naranja, mientras Edward se disculpaba diciendo que tenía que irse.
-Tranquilo, yo hablare un rato con Roy, ve a mi casa, está Alphonse esperándote y mi querida y hermosa Elysia. –Dijo Maes sonriendo, Edward asintió.
-Gracias por todo coronel. –Dijo Edward, sin mirarlo a la cara.
-Te abro. –Dijo Roy secamente y fue hacia el salón principal junto con Edward, quien estaba muy alejado de Roy. Edward salio fuera de la casa, Roy seguía en la puerta, esperando algo, Edward que ya estaba de espaldas se dio vuelta, de a poco y le dedico una sonrisa, Roy le dedico una y cerro la puerta.
Edward ya estaba caminando cerca de Central, hacia bastante calor, en la casa de Roy no lo había notado, pero afuera, con el sol, era muy fuerte. Se había sacado su campera, pero le daba pena usar su musculosa, ya que días anteriores se había roto y estaba rajada, tenía que comprarse otra nueva, no le gustaba mostrar el pecho a medio mundo.
Ya era de noche, Roy y Maes hablaban en su despacho mientras que Riza preparaba un te a cada uno, ya en una hora se podrían ir a sus casas.
-Que sueño… -Murmuro Roy estirándose mientras firmaba unos formularios.
-Si, ya quiero estar con mi hermosa hija y mi hermosa esposa. –Dijo Maes sonrojado.
Roy suspiro, ya nuevamente pensaba en Edward, cada segundo que pasaba más le gustaba aquel joven de cabellos rubios y ojos dorados. Aunque fuera un hombre, era la primer persona que le hacia sentir tanto, volvió a suspirar y siguió firmando.
Edward lentamente abrió los ojos, estaba cansado, con bastante sudor en la frente y mucho más en todo su cuerpo. Se levanto y noto que estaba lastimado, su brazo izquierdo, el que no tenía el automail estaba sangrando y le dolía mucho, mientras que sentía su mejilla arañada, se la toco y tenía un poco de sangre y entonces se dio cuenta que no sabía donde estaba.
El lugar era grande, con cables al parecer y cosas muy raras, parecía una fabrica abandonaba o tal vez no, estaba casi oscuro, pero algo lo alumbraba, algo rojo que estaba en un gran frasco y de esos frascos que había estaban conectados en tubos. Se detuvo en seco, esa parecía la piedra filosofal… toco en frasco, parecía levemente caliente.
-Si, es la piedra filosofal, Edward. –Hablo alguien detrás de el, el joven alquimista se dio vuelta, allí había un joven de cabellos rubios, ojos celestes, piel blanca y llevaba unas 3 líneas en cada mejilla.
-¿Quién eres? ¿Por qué me has traído aquí? –Pregunto Edward avanzando hacia el hombre.
-Soy el padre. –Dijo el joven quien llevaba una tunica roja y larga que le cubría el cuerpo.
-Así que eres el loco que ha creado a los homúnculus. –Dijo Edward enojado, el hombre asintió e hizo una seña con su mano, al instante Envy trajo a Ling y Alphonse, los dos estaban atados. -¡Al, Ling! ¡Suéltalos!
-Si no te comportas los tendré que tener de rehén. ¿Entiendes? –Pregunto el joven, este no tenía expresiones, parecía un cuerpo sin vida.
-¡Ni san! ¡Este hombre, se parece a nuestro padre! –Grito Alphonse. -¡Es igual que en la foto de Central!
Edward lo examino mejor, ojos azules claros, cabello rubio y puntiagudo, 3 líneas en cada mejilla, era una copia, capaz era un jutsu. ¿Quién era realmente y como sabía que el era el hijo de Naruto Uzumaki?
-¿Quién eres? –Pregunto Edward. -¿Por qué te haces pasar por el sexto Hokage?
-No soy Naruto Uzumaki y les vuelvo a decir… que se comporten. –Hablo el hombre moviendo su pie y con tan solo eso haciendo una explosión, mientras algo tomaba a Edward por todo su cuerpo y lo alejaba de allí a la suma oscuridad mientras gritaba el nombre de su hermano y Ling.
Edward cayo al suelo de rodillas, mientras tosía y escupía sangre, esa cosa que lo agarro y lo soltó de golpe lo había apretado mucho, ahora a plena noche y con las estrellas podía ver mejor, su ropa estaba destrozada, arañada y con sangre. Ese hombre era muy fuerte, además cuando la cosa esa que lo había atrapado y alejado, el intento usar alquimia pero no podía, era como si no estuviera permitido en ese lugar o que el no podía hacerlo. ¿Qué era ese joven que se parecía a su padre?
-¡Eso dolió! –Grito alguien detrás de Edward, este se dio vuelta conociendo la voz.
-¡Ling! ¿Y Al? ¿Dónde esta? –Pregunto Edward abalanzándose sobre el. -¿Qué ha pasado?
Ling señalo hacia arriba y vio como algo brillante caía y que cada vez se hacia más grande y estaba ya casi en sus cabezas, para cuando pudo darse que era Alphonse los dos jóvenes ya estaban debajo de la armadura.
-¿ERES IDIOTA? ¿ACASO NO SABES HABLAR? –Grito Edward intentando salir, Ling estaba a su lado aplastado, ya que cuando se quiso ir Edward lo tenía bien agarrado.
-Perdón… -Dijo Alphonse levantándose. -¡Hermano! ¿Qué ha pasado?
-No lo se Al… pero es algo muy gordo… -Dijo el alquimista seriamente mirando el lugar. –Por cierto… ¿Esto es Central?
El lugar era un callejón sin salida, aunque era más grande, parecía un pequeño patio y una ventana asomaba bien arriba, al parecer "el padre de los homúnculus" estaba debajo de Central ya que ellos habían subido y habían caído acá.
-Rompamos la pared a ver que hay. –Dijo Edward juntando sus manos.
-¿Acaso te has golpeado bien fuerte en la cabeza? –Pregunto Ling examinándolo, Edward le dio un empujón y toco la pared que se deshizo. -¿Ah?
En la habitación había una mujer anciana que llevaba un vestido floreado, estaba al parecer guardando unas cosas en su cartera antes de irse del comedor de… ¡Nada más y nada menos que Central!
Y la mujer seguía mirando impactada, mientras que unos pocos militares que estaban allí tomando te los miraban sin comprender a los 3 jóvenes que se asomaban y lo peor de todo era que eran nada menos que Riza, Maes, Roy y dos militares que no conocía.
-¡Waaaaa! –Grito la mujer lanzándole cuchillos a los 3, mientras los esquivaban.
¡Tranquilaaaa! –Gritaba Edward esquivando todo. -¡Fue un mal entendido!
-¡Cierra la maldita pared, ciérrala Edward! –Gritaba Ling saltando para esquivarse ahora las ollas que tiraba la mujer.
-Tranquila, es un alquimista que esta viendo unas cosas de las paredes, no hay de que preocuparse. –Dijo Roy poniendo su mano en el hombro de la mujer, esta se relajo.
-Ya… estos chicos de hoy que no dicen nada… -Dijo la mujer cogiendo sus cosas y largándose.
-Expliquen. –Ordeno Roy cruzándose de brazos mientras Riza y Maes se acercaban.
-Cierra la pared, ciérrala y corramos. –Dijo Ling al ver a Riza que sacaba su pistola.
-Si cierro sería peor… la derribarían y nos balearían. –Dijo Edward avanzando hacia el interior, entonces Roy pudo ver que estaba lastimado, al igual que Ling cuando avanzaron hacia la luz.
Edward se apoyo contra una mesa que había allí y cerro los ojos, se sentía mareado, cansado y con dolor en todas sus lastimaduras, quería poder explicar, pero le costaba hablar y mucho más si estaba Roy, quien ahora le ponía nervioso viéndolo con esos ojos tan penetrantes.
-¿Van a hablar? ¿Por qué están lastimados? –Pregunto Roy intentando no correr hacia Edward y abrazarlo, estaba muy preocupado, este llevaba muchas heridas y lo peor es que no había estado ahí para protegerlo.
-Me encantaría… pero… no puedo… -Dijo Edward cerrando sus ojos y cayendo en los brazos de Roy Mustang que ya estaba ahí sosteniéndolo.
Edward se levanto y se encontró con un joven de cabellos plateados que le daba la espalda, Inu… estaba mirando algo… Edward se acerco pero se dio cuenta que estaban los barrotes. ¿Para que barrotes si era su prometido? Si tanto le había caído bien a su padre…
-¿Por qué no despiertas? –Pregunto Inu su voz era fría.
-¿Despertar? –Pregunto Edward atontado.
-Te desmayaste, ahora estas en el hospital. –Dijo el joven. –Ve, ve con Roy Mustang, ve a sus brazos.
-¿Qué? –Pregunto Edward, Inu estaba actuando raro. –Date vuelta y dime bien. ¿Acaso estas loco?
El joven volteo, su mirada era fría, pero sus ojos decían otra cosa, este llevaba la tunica blanca, pero no resplandecía, le sonrío, una sonrisa falsa.
-Se que te gusta el asco de Mustang. Ve con el Edward. –Dijo Inu ahora miraba el piso, Edward se acerco y este se alejo. –Cuando estabas borracho el te beso.
-¿Qué –Qué estas diciendo? –Pregunto Edward tartamudeando.
-Acuérdate que veo todo, baka*. Te beso, te abrazo, es obvio que algo siente por ti. –Dijo Inu asqueadamente. –Es triste… pensé que te tendría para mi solo, nunca pensé que te fueras a enamorar… pero acuérdate que a tu padre le hubiera gustado que estuvieras conmigo.
-¡No estoy enamorado de Mustang! ¡Ni de ti! ¡Tengo cosas más importantes que hacer antes que enamorarme! –Mintió Edward sabiendo que si le gustaba algo Roy. -¿Me beso?
El joven asintió y Edward se quedo helado. ¿Acaso Inu le estaba mintiendo? ¿Cómo podía ser eso posible? ¿Roy Mustang el gran alquimista de fuego, mujeriego y al parecer gran partido y hermoso para las mujeres? Era imposible, ¿no?
-¿No me crees, no? –Pregunto Inu cruzándose de brazos. –Haz lo que quieras…
-No es eso… es raro… no entiendo… pero… tu… ¿Estas celoso? –Pregunto Edward arqueando una ceja, la cara de Inu cambio drásticamente, ahora ofendido.
-¿De un humano? –Pregunto mientras reía, luego se cayó, como un tonto que se da cuenta que se ríe solo de su mismo chiste. -¿Qué si estoy celoso? Un humano no puede ganarme, soy más hermoso, más inteligente, más todo…
-El amor no es eso… Primero que todo es mutuo, segundo que… -Estaba diciendo Edward.
-¿Tú que sabes de amor? ¿Acaso has esperado a alguien 15 años? No lo creo… -Hablo Inu seriamente y aplaudió con sus manos. –Ya es hora que vallas despertando, seguramente Roy estará muy preocupado.
-¡Espera, Inu! –Grito Edward corriendo hacia el y extendiendo su mano, pero la imagen cambio a algo más realista, aunque con color más fuerte, al parecer estaban todas las luces prendidas en el hospital. –Inu… -Susurro Edward levantándose de un golpe.
-¿Inu? –Pregunto Roy a su lado sentado en una silla, Edward dio un pequeño saltito hacia un costado, mirando al hombre, le había sorprendido, al parecer no se había ido del hospital Roy porque llevaba la ropa del ejército.
-Taisa… -Susurro Edward y se acordó lo que le había contado Inu. -¿Qué hace aquí?
-Tomaba café y estaba de vacaciones… -Dijo Roy sarcásticamente. -¿Qué te parece que estoy haciendo? ¿Cómo te encuentras? Ya me contaron todo lo sucedido.
Edward miro sus manos, su mano izquierda estaba vendada hasta el brazo, no podía moverlo, pero sus otras lastimaduras habían sido más leves por suerte. Poso su vista en la de Roy, quien llevaba unos ojos cansados pero a la vez preocupados y ansiosos.
-Bien… cansado… gracias por preguntar y por quedarse aquí, pero no era necesario, ya puede ir a su casa. –Dijo Edward fríamente, no quería que Inu se sintiera mal, aunque no tenía ganas para hablar con Roy, desde hace un tiempo que le ponía nervioso su presencia.
-Claro, vamos a mi casa, luego que te revisen. –Dijo Mustang saliendo al pasillo y llamando a una enfermera.
-¿Cómo que vamos? Yo si no sabes tengo el cuartel de Central para dormir, si no sabía a los alquimista nos dan una habitación, así que muchas gracias pero… -Estaba diciendo Edward, pero Roy lo callo poniéndole su mano en la boca de Edward. –mmmmmmmmmmmm.
-Silencio Acero, mejor que no hagas escándalo, soy tu superior, estas en peligro y tengo que cuidarte y esto es una ORDEN. ¿Entiendes? –Pregunto Roy totalmente serio, así únicamente le haría caso, capaz… Edward asintió y Roy bajo su mano.
Una joven enfermera apareció en el lugar, de cabellos marrones y largos, ojos marrones claros y piel blanca. Era muy linda y alta, parecía una modelo.
-Veo que el joven Elric despertó. ¿Cómo se siente? –Pregunto la muchacha tocándole la frente a Edward, este se sonrojo levemente, Roy en cambio desvío la mirada. –Veo que mejor, antes habías tenido fiebre, te daré el alta, pero tienes que cuidarte. ¿Si?
-Gracias… -Dijo Edward mirando sus manos, estaba muy avergonzado, además seguramente Mustang estaría mirando a la enfermera de arriba abajo, como un pajero, pero para su sorpresa miraba hacia la ventana y desde la ventana se veía el reflejo de dos caras, la de Edward y Roy y los ojos de Roy miraban el reflejo de Edward, al darse Roy cuenta miro hacia otro lado.
-Coronel. –Dijo la enfermera, tocándole el hombro, Roy se dio vuelta y la miro casi por primera vez. -¿Mañana estará ocupado?
-Verdaderamente si. –Dijo Roy tranquilamente, como si eso pasara siempre.
-Es que… quería pedirle una… cita… -Dijo levemente sonrojada.
Edward sintió que su corazón se estrujaba, se sentía incomodo en esa situación y a la vez mal. En su mente se decía una y otra vez que no aceptara, por lo menos no frente a el, sentía que si le decía que si se derrumbaría, si, esos eran celos al parecer…
-Disculpe, no estoy interesado en salir con nadie. –Hablo el coronel mirando a Edward. -¿Vamos Acero?
El cuerpo del pequeño se relajo, la mirada de Roy decía muchas cosas al igual que la de Edward, pero tuvo que desviarla porque la enfermera los miraba y no quería causar confusiones de lo que nunca pasaría.
Edward ya estaba cambiado por un pijama que había sido de Roy cuando era un chico, estaban en su casa, la gran casa, una mansión, claramente heredada por Sasuke e Itachi Uchiha, quienes aparte de que Sasuke fuera el séptimo Hokage, Itachi había sido un gran Ninja, anbu y luego sensei.
-¿Es esto necesario? –Pregunto Edward viendo que Roy le servia un plato de sopa al joven. –No tienes porque cocinarme.
-Acepta y calla. –Dijo Roy suspirando, ya bastante difícil le había costado convencerlo que Alphonse estaba bien y estaba con Maes y Ling.
-Está muy rico. –Dijo Edward comiendo. –Eres muy bueno en la cocina, tendrías que enseñarme, la verdad es que soy muy malo.
-Claro, es fácil. –Dijo Roy, su voz había cambiado, parecía nervioso. –Edward… tengo algo que contarte…
Ya habían tomado la sopa, estaban quietos, sentados, mirándose fijos, algo le decía a Edward que le contaría lo que Inu le contó, pero otra cosa le decía que no era eso, que eso era pura imaginación y que solo le diría alguna broma como siempre.
-¿Te acuerdas… cuando nos encontramos en el baño? Bueno, no te acuerdas porque estabas borracho, pero… -Estaba hablando Roy, era la primera vez que lo veía hablar tan rápido y a la vez nervioso. Yo… te… bese…
Edward se quedo helado, era enserio, Inu decía la verdad, le había besado, ¿Acaso Roy había estado algo borracho ese día y se acordaba de todo o algunas cosas? Tomo todo el coraje que pudo para hablar, ya que tenía un nudo en la garganta y miles en el estomago.
-¿Por qué lo hiciste? –Pregunto Edward, sabiendo que diría para molestar, su corazón se estaba haciendo añicos cada segundo, era obvio que le gustaba Roy.
Edward lo miro, empezó por sus ojos, filosos y negros, aunque llevaban un leve color azul. Sus labios, finos, delgados y a la vez al parecer suaves. Todo en el era lindo. Por dentro podía ver como era en realidad, podía tener miles de capas de hielo, pero el no era así, el se preocupaba por los demás, también Edward veía que era fiel a sus principios como honesto, seguramente la muerte de los padres de el le había afectado mucho y también hecho cambiar bastante, pero era fuerte y seguro, eso le gustaba de Roy. Cerro los ojos, si que le gustaba, nunca se había detenido a pensar bien y menos estando frente a el, además inconcientemente había tenido celos de Riza, como de muchas chicas a las que había salido el morocho.
-Lo siento coronel… -Dijo Edward y se levanto de la mesa y salio corriendo abriendo la puerta de la entrada de la casa.
-¡Edward! –Grito Roy corriendo detrás de el, pero ya se había ido. -¿Qué hice? ¿Por qué le conté? –Se pregunto Roy tomando sus llaves y saliendo de su casa.
Edward ya había parado de correr, no sabía donde estaba, además hacia frío justo esta noche y estaba en pijama, parecía un loco y de tanto correr le dolía al costado de su abdomen, se toco y sintió algo húmedo, se miro la mano, sangre.
-No sabía que tenía esto… -Murmuro Edward caminando lentamente, se había abierto esa herida, al igual que la de su corazón. –No puedo más… no quiero que Roy se burle de mi…
Roy que estaba corriendo hacia todos lados, totalmente desesperado y asustado que algo le pasara a Edward, se sentía culpable, si el no hubiera empezado así, hablado así, si no hubiera hecho lo que hizo ese día en el bar… ahora Edward lo odiaba, eso era más que seguro.
-¡Maldición, esta lloviendo! –Dijo Roy sintiendo pequeñas gotas de lluvia en su cara y en sus manos que no llevaban sus guantes de alquimia. –Tengo que encontrarte Ed…
Edward se detuvo y se apoyo contra un árbol, ahora estaba lloviendo a cantaros, era difícil ver y el se encontraba muy cansado y lastimado, sentía que se desmayaría en cualquier momento. Toda esa información lo había dejado como un idiota, Roy al final si lo había besado, pero… ¿Por qué? ¿Para burlarlo? ¿Para simplemente divertirse? Era absurdo, cada pregunta que hacia era absurda, no había respuesta coherente.
Se entremedio, ahora si hacia frío y el solo tenía el pijama de mangas cortas y pantalones cortos y sin decir que estaba descalzo y obviamente todo lastimado y con heridas abiertas nuevamente.
-Roy… -Susurro Edward abrazándose a si mismo, bajo aquel árbol en algún remoto lugar de Central. –Yo te…
-¡Acero! –Grito alguien frente a el. -¡Edward!
Edward levanto la vista lentamente sabiendo que esa voz provenía del coronel, estaba ya a unos pasos de el, también empapado, seguramente le retaría, le gritaría, se enojaría, pero su mirada indicaba otra cosa, preocupación y lo único que hizo el moreno fue abrazarlo, no un abrazo leve o pequeño, un abrazo fuerte, deseado.
-Taisa… -Susurro Edward sin moverse, sus brazos colgando.
-Edward… -Susurro Roy y sus manos recorrieron la espalda de Edward aun abrazándolo. –Lo siento. –Fue lo único que dijo y se quedo así, bajo aquella lluvia, bajo aquel árbol, abrazándolo, como si solo existiesen solo ellos.
Luego de unos prolongados minutos Roy se separo mirándolo directo a los ojos, intentando ver alguna reacción en el otro, pero nada, sus miradas decían más que las palabras y Roy apoyo sus manos en el tronco, encerrándolo a Edward.
-Perdóname por haberte hecho eso… -Hablo Roy con voz suave y a la vez algo ronca. –No quería lastimarte, el beso que te di aquella noche… para mí… fue muy… especial. Nunca había sentido nada igual.
-Yo… -Hablo Edward pero no pudo decir nada más porque Roy Mustang poso sus labios en los de el, fue un beso corto pero intenso y suave. -¡Taisa!
-Edward… Tú me gustas. –Dijo Roy lentamente, como si decir eso estuviera mal. –De hace bastante, al principio pensaba que estaba loco, que solo era un cariño paternal, pero cada momento, cada segundo a tu lado me daba cuenta que no… Me gustas.
Edward abrió los ojos aun más grande, nunca en su vida había imaginado escuchar eso de Roy, nunca pero nunca y menos que lo besara, eso había sido muy fuerte e impresionante para el. Claro que le gustaba, además no estaba bromeando, el coronel lo decía enserio, se le notaba en su mirada, en su voz, en sus palabras, Edward se sentía feliz y a la vez sorprendido.
-Yo tenía que decírtelo… Se que esta mal, pero no te enojes, no me dejes de hablar solo por eso, no creo que te pueda olvidar, ya es muy tarde, ya mi mente como mi corazón piensan solo en ti, es raro, pero es cierto… Edward… guarda este secreto. –Dijo Roy volviéndolo a besar y luego dándole la espalda. –Cuando quieras ven a mi casa para recoger tus cosas, te prometo que no hablare más de ese tema.
Roy rígido y de espaldas a Edward avanzo un paso para irse, pero algo lo detuvo, volvió su cabeza para mirar y era el pequeño abrazo de Edward, su automail, que le sostenía con sus manos la campera de Roy estaba extendido y la mirada de Edward como su piel ahora color carmesí indicaban que tenía algo que decir.
-No se valla… -Murmuro Edward mirando el piso. –Si se va y se aleja de mí nunca se lo perdonare… Aunque no lo crea a mi también me gusta usted… solo que nunca imagine que tú sintieras lo mismo…
Ahora era Roy el sorprendido, que de un segundo para otro ya estaba mirándolo a Edward, el chico decía la verdad, lo quería. No podía creerlo, eran mutuos los sentimientos, era algo tan… hermoso y mágico, parecía imposible. Su boca que estaba desencajada por semejante noticia, al igual que sus ojos que estaban abiertos como platos cambiaron a algo dulce para luego abrazar al pequeño Edward y estrujarlo contra el árbol.
Roy le beso el cuello, ya no podía controlarse, era demasiado para el todo esto y aun así intentaba hacerlo, si no lo destrozaría. Volvió a besarlo, pero ahora con más intensidad en los labios y luego metió su lengua, explorando todo, cada rincón, era mucho más lindo cuando Edward estaba conciente, aunque fuera menos extrovertido, era sumamente excitante.
-Edward… si llego a besarte otra vez más… te haré el amor… -Susurro Roy al oído del pequeño que estaba respirando entrecortadamente.
-No… -Murmuro Edward asustado, nunca lo había hecho con nadie y mucho menos con un hombre, no estaba preparado, además tenía esa herida abierta.
-Edward… se que primero se dice te quiero… pero no puedo decir eso, sería muy irrespetuoso de mi parte y para mis sentimientos ya que… yo no te quiero, te amo. –Le dijo Roy tomándolo por la cintura y besándolo.
Edward puso sus brazos alrededor del cuello de Roy, atrayéndolo más hacia el mientras movía torpemente su lengua de un lado para otro en la boca de Roy, era excitante y a la vez sentía mariposas en su estomago, quería hacer el amor con el, pero no estaba preparado en ningún sentido.
Roy poso su mano debajo del pijama, en el pecho de Edward, acariciándolo y luego jugando con sus pezones, no era una mujer, con grandes pechos, pero eso no le importaba, cada parte del cuerpo de Edward le volvía loco.
-Ah… Coronel… no… no… -Decía Edward totalmente excitado, Roy lo beso, orgulloso que estuviera haciendo excitarse a Edward con sus manos y sus besos.
-No me digas taisa… y capaz deje de hacerte esto… y dime te amo, nunca me lo has dicho, si no seguiré y esto es el comienzo. –Hablo Roy apretando a Edward contra su cuerpo mientras la mano que estaba desocupada bajaba debajo del pantalón. -¿Edward?
Edward se mordió el labio hasta hacerlo sangrar, era mucha excitación y hermoso, porque lo hacia con alguien a quien si quería, no le importaba entregarle su cuerpo a el.
-Hazme todo… -Le susurro Edward a los oídos de Roy, este se sorprendió y lo volvio a besar apasionadamente.
