13. Confesiones y tratos.
Eché una ojeada al reloj en mi muñeca y me di cuenta que faltaban quince minutos para la una de la madrugada. Cerré con llave la puerta trasera del restaurante y me encamine hacia mi auto. Era una hora interesante para manejar por las calles de Los Angeles porque uno pensaría que las calles estarían vacías pero no era así. El tráfico se mantenía dando batalla a todos aquellos que íbamos rumbo a casa a descansar y para los otros más que su noche apenas empezaba.
Todo el tiempo que me costó llegar a mi departamento fue el tiempo que pensé en Bella. Era increíble la forma en la que ella ya no salía de mi cabeza, estas semanas habían sido una completa tortura para los dos. Al menos eso lo sabía, sabía que ella también la estaba pasando mal y eso, de alguna forma retorcida, era mi razón para seguir aguardando. Sabía que me quería y ella debía saber que yo también lo hacía. El problema era que no hablábamos de eso. Sabía que nuestro problema era el tiempo, yo sabía que ella se iría y el tiempo que teníamos era el tiempo que le restara de internado. Mi problema era que no sabía si estaba dispuesto a seguirla.
Toda mi vida estaba aquí, mi familia estaba aquí, mis mejores recuerdos. Mis planes estaban en esta ciudad. Y a pesar de saber que la amaba no sabía si esto, nuestra relación iba a ser suficiente para los dos. Yo nunca le pediría a Bella que renunciara a sus metas por mí y sé que ella tampoco lo haría. Y todo esto se ha vuelto de lo que no hablamos y yo no la presiono porque no sé si yo mismo quiero pensar en ello. Bella se quebró cuando su paciente, Emby, murió. Cuando Rose me llamó y me lo contó corrí a su lado sin pensarlo, quería que supiera que podía contar conmigo para las cosas difíciles. Pero creo que ninguno estaba preparado para el nivel de compromiso que mostramos esa noche. Yo no había tenido algo igual con nadie, nunca. La forma en la que parecía saber lo que ella pensaba o sentía era realmente abrumadora y natural al mismo tiempo.
Había pensado mucho en estos días distanciados y creo que esa distancia había estado bien para los dos. Los dos lo necesitábamos. Y la conclusión con la que me había quedado era que: estaba muy jodido. Y ella también. En general, los dos estábamos colgados por completo y ambos lo sabíamos pero a los dos nos daba miedo aceptarlo. También estaba la situación de Bella pensando en su padre todo el tiempo y lo triste que a veces la dejaban los casos que trataba pero estaba seguro que cuando ella se sintiera lo suficiente cómoda para contármelo lo haría. Después de repasarlo mil veces en su cabeza, claro. No me molestaba eso de ella porque sabía que era una de esas personas reservadas y yo había sido insistente al principio, necesitaba que ella me dejara entrar. Que supiera que yo estaba ahí para ella y mientras lo hacía no me dejaba de sorprender mi actitud. Pasó de ser la chica guapa en un bar que había conseguido llevar a mi departamento esa noche y que se había esfumado a la mañana siguiente a ser la chica que yo no quería que se fuera. Pasó de fingir indiferencia y hacerse la fuerte a contarme poco a poco cosas de ella y sus problemas con su madre.
Así que había decidido no presionarla con su padre ahora. Ni con el tema de nosotros en general sino dejar que ella diera el paso porque era mejor hacerlo a su tiempo y porque mi orgullo ya estaba demasiado maltrecho.
Cuando aparque a lado del coche de Bella en el estacionamiento de mi piso supe que me estaría esperando para hablar, retorciendo sus manos frías por los nervios y dándole vueltas a su discurso ya ensayado en su hermosa cabeza. Sonreí como estúpido y de repente mi cansancio disminuyo. Pero mientras subía en el ascensor mi ánimo decayó un poco pensando que tal vez lo que me aguardaba era a Bella dejándome. Confiaba en que no lo hiciera, su amor de nuestra última llamada me daba un poco más de seguridad cuando abría la puerta y entraba.
No sabía que esperar cuando llegue a la sala, con Bella nunca se sabía. Podría estar sonriente en lencería y lanzándose por mi o podría estar triste en pijama viendo alguna película mientras me esperaba. No lo sabía y de nuevo, no me molestaba. No era nada decepcionante para mí encontrarme con ninguna de esas Bellas, la que ella fuera en ese momento estaba bien para mí.
Hoy estaba en mi sillón, con sus grandiosas piernas desnudas a la vista, su hermoso cabello ondulado suelto y vistiendo una de mis playeras. Cuando puso sus ojos en mí inmediatamente apagó el televisor y se paró.
—Hola.
—Hola— respondí y ella vino hacia a mí. Deje mi mochila rápidamente en el suelo y sostuve su cintura mientras se ponía en putillas con sus brazos en mi pecho para poder llegar a mis labios.
Nos besamos por unos minutos y los días que habíamos pasado distanciados me pasaron factura. Cargue con ella hacia mi dormitorio. Ella seguía repartiendo besos por todo mi rostro y después regresaba a mis labios, sus manos en mi nuca, sus piernas envolviendo mi cintura, su cabello haciendo una cortina que nos envolvía en nuestra burbuja y yo simplemente procuraba llegar lo más pronto posible a mi cama.
Ella se rio cuando tropecé con la puerta antes de entrar a la habitación. Deje que se resbalara por mi cuerpo hasta que sus pies tocaron de nuevo el piso. Tome su cara entre mis manos y la atraje hacia a mi porque la necesitaba. La necesitaba ya pero ella me paró.
—Creo que deberíamos hablar antes— me dijo con sus manos todavía en mi pecho.
Yo gemí de frustración y recargue mi cabeza en la pared. Estaba ahí, con sus labios hinchados y rojos por mis besos, su cabello despeinado y la curvatura de sus senos tan distinguible a través de la tela de mi playera y ella quería que habláramos antes.
—Podemos hablar después. Te lo prometo— le respondí y la atraje hacia mí.
Por un momento pensé que daría más batalla pero no lo hizo, se pegó a mi cuerpo y se acopló de tal forma que volví a gemir porque ahora podía sentir su pecho pegado al mío por completo.
Comenzó a desvestirme y tuve la leve sospecha que olía a comida pero a ella no parecía importarle y lo olvide por completo cuando quitó de forma juguetona mi cinturón, dejándome parado sin camina y con el pantalón medio desabrochado mientras ella avanzaba hacia el centro de la habitación quitándose mi playera y lanzándola al piso en el camino. Y ahí seguía ella, parada frente a mí, sólo vestida con sus bragas blancas y mi cinturón en la mano.
—Te amo— anunció de la nada. Y si yo ya me estaba volviendo loco antes ahora estaba casi seguro que ya lo estaba.
Sonreí ante sus palabras y avance a paso decidido hasta ella, que se mordía su labio para acabar con mi cordura aún más.
Me pare frente a ella y por un segundo observe que su nariz estaba justamente a la altura de mi mentón, ella ladeo un poco su cabeza y de nuevo mis labios buscaron los suyos. En algún momento ella debió soltar mi cinturón porque sus manos regresaron a mi nuca y jalaban placenteramente algunos mechones de mi cabello. Mis manos estaban acariciando sus costados, su cara, agarraban su cabello, bajaban por su espalda, se detenían en su trasero. Todo yo estaba envuelto por Bella, por su olor, su sabor, su risa mientras nos tumbábamos en las sabanas frescas, sus piernas, sus brazos, su sonrisa, sus besos, sus ojos.
—Yo también te amo. Demasiado— le susurre de regreso. Y los dos sonreímos como tontos. Ella asintió feliz y me acercó para un abrazo fugaz que fue remplazado de inmediato por besos y mordidas suaves, el frenesí nos envolvió de nuevo y en algún punto éramos sólo piel que se desdibujaba con la del otro. Ella temblaba y decía frases que no entendía del todo, arqueó su espalda, su boca se abrió y cerró sus ojos dejándose llevar por completo pero yo no podía dejar de verla. Todo era tan intenso. Antes de retírame de su interior sentí que todo este tiempo había valido tanto la pena sólo por tenerla a ella.
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—Te amo y lleva un tiempo así— me confesó.
Eran las cinco de la mañana y estábamos de nuevo en la sala más despiertos que nunca, con tazas de café y donas que había traído del trabajo. Estábamos sentados en la alfombra aún con nuestro cabello húmedo, ella con sus bragas y yo con mi bóxer, rodeados con una cobija que compartíamos.
—Primero no sabía si debía decirlo tan pronto porque pensé que podría asustarte, tenía medio de parecerte muy intensa— continuó mientras yo no quitaba mis ojos de ella. —Después no sabía cómo hacerlo realmente. No sabía qué momento podría ser el apropiado y en realidad parecía no serlo nunca. Entonces ocurrió lo de Embry y me afectó muchísimo más de lo que pensé que podría hacerlo. Ver que estaba completamente solo, sin nadie que le importara realmente lo que pasara con él me impactó demasiado porque removió el recuerdo de mi padre y de la noche a la mañana no paraba de pensar en él y me dolía todo el tiempo.
»Sé que nunca te he contado nada de mi padre y en realidad no lo he hecho porque no me gusta hablar de él. Y no lo pensaba a hacer, no ahora al menos. Pero este tiempo que llevo de mi internado está haciendo que me confronte a mi misa todo el tiempo. No pensé que fuera así y día con día me sorprende. Aún trato de trabajar en mi madurez emocional pero soy una completa idiota. Por algún motivo me gusta complicarme la vida, me ahogo en un vaso de agua y al parecer tú no. Siempre pienso en mi padre, no todo el tiempo ni todos los días pero él siempre está ahí. Pero en estos días lo he hecho más de lo normal. Me siento culpable porque me atribuyo el hecho de que él no esté en mi vida, es algo que va y viene. Es mi estúpido fantasma. Y lamento tanto esto. Lamento si te hice pensar que no quería esta relación porque si lo hago, eres una de las mejores cosas que me han pasado. Me siento mejor cuando estoy contigo, no tengo que pretender, puedo bajar la guardia. Y te amo, sé que debí habértelo dicho aquella noche pero Embry acababa de morir y yo estaba desecha pero tú te quedaste y no me sentí vulnerable ni incomoda y eso me sorprendió. Cuando te vi ese día supe que eras lo que necesitaba y espero ser lo que tú necesitas también.
Terminó de hablar y lágrimas silenciosas bajaban por sus pómulos, y si hubo una duda de que esto era lo correcto a elegir desapareció por completo. La atraje hasta mis brazos y, por muy contradictorio que pusiera parecer, la sentía pequeña y al mismo tiempo increíblemente fuerte a la vez.
—Bella, también lamentó no haberlo dicho antes— le dije mientras sostenía su mentón. —Esa noche era lo único que te quería decir pero no pude. Sabía que me necesitabas y, de alguna forma, yo también necesitaba estar ahí para ti. No hubiera sido justo que yo te agobiara más confesándote como me sentía y cuando pasó y regresamos a la normalidad ahora era yo el que necesitaba que tú lo dijeras. Porque estaba perdido y eso también me asustaba.
—Qué estúpidos ¿no? — se rio y me abrazo aún más fuerte.
—Sí, un poco— coincidí.
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Oficialmente estaba amaneciendo y nosotros seguíamos tumbados en la alfombra. Sólo que ahora estábamos acostados por completo. Yo tenía un cojín de la sala como almohada, una de mis manos se perdía en el cabello ahora seco de Bella y la otra sujetaba uno de sus suaves muslos. Estábamos ahí, tendidos en silencio, que era roto por nuestras conversaciones a susurros y risas, viendo como la habitación se iba iluminando de a poco.
Sabía que ella estaba cansada y espere que se durmiera en algún momento de la madrugada pero insólitamente no lo hizo. Y yo tampoco. Ninguno de los dos tenía sueño a pesar del cansancio acumulado de nuestros trabajos.
—Puedes preguntarlo, Edward— lo dijo de la nada sacándome de mis pensamientos. Me reí porque aún era inesperado darme cuenta de que me conocía a ese nivel, tanto que sabía que quería preguntarle algo pero no me animaba del todo.
—Está bien. ¿Qué pasó exactamente con tu papá?
Con un suspiro se sentó y se estiró, se apoyó en mi pecho y besó mis mejillas, nariz, mi barbilla, la comisura de mi boca y se retiró sonriendo.
—Bien, te lo contare. Pero después debemos ir a comer algo porque mi estómago me está exigiendo comida.
—Trato hecho— acepte y chocamos puños.
—Mis padres se divorciaron, lo sabes— yo asentí en reconocimiento y la inste a seguir. — Tenía doce años cuanto pasó y después de un año de trámites y ruegos de parte de Charlie oficialmente se acabó. Y recuerdo que no sentí nada, no sentí ni alivio ni tristeza. Para ese momento mi padre ya tenía un problema con el alcohol, había perdido el trabajo, todo el tiempo estaba ebrio, incluso cuando venía a visitarme y Renne se enfurecía. En ese momento yo sólo quería que se fuera lo más rápido posible porque me hacía sentir incomoda y un día se lo dije. Le dije que ya no quería verlo, al menos hasta que no estuviera sobrio, me pare y cerré la puerta en su cara. Estuvo ahí por varios minutos gritándome hasta que mi madre colérica salió y lo echó.
»Después llamaba por teléfono varias veces al día pero yo no contestaba y mamá menos, al pasar unos días de hacer lo mismo dejó de hacerlo y no volvió a llamar. Pero a mí no me importó porque tenía a mamá, no lo necesitaba. Todo era genial en ese momento, éramos ella y yo contra el mundo. De vez en cuando pensaba en Charlie pero me decía a mí misma que todo iría mejor. Y así fue, al menos durante un año. Entonces mamá conoció a Phil y todo sucedió muy rápido, enseguida decidieron que querían vivir juntos así que nos mudamos a su casa. Y de repente cuatro meses después de que viviéramos todos juntos nos anunciaron que Renne estaba embarazada y Jacob explotó. Yo comencé a estar enojada todo el tiempo, no sabía porque, en realidad no tenía un motivo real. Mi mamá pasó a ignorarme completamente, sólo me hablaba para lo necesario, decía que tenía que concentrarse en su embarazo y eso sólo lo emporaba para mí. Ahora extrañaba a Charlie todo el tiempo, me la pasaba culpándome porque sentía que por mi él se había ido. Así que como un buen chiché comencé a meterme en todo tipo de problemas.
Estaba tranquila mientras me lo contaba, su voz era firme y sus ojos estaban secos. Así que después de que le diera un trago a su café, a estas alturas frio, la anime a que continuara.
—Aquí fue cuando la cague, se me fueron las cosas de las manos— se encogió de hombros cuando lo dijo, como si fuera lo más predecible. —No me importaba la escuela. No iba y cuando lo hacía no le ponía empeño y comencé a juntarme con personas que no debía. Después escarmenté porque me metí en problemas serios y me di cuenta que si seguía así no podría ir a la universidad. Todo fue una mierda. Renne y Phil decidieron cambiarnos de escuela para que "volviéramos a empezar", incluso fuimos a terapia familiar. Pero el asunto con Charlie no quedó atrás como lo demás. A veces pienso que está muerto y nunca lo sabré y otras pienso que no es así. Pienso que está vivo en algún lugar y es feliz. Pero no sé cuál de las dos es mejor o peor porque las dos duelen de alguna forma. Sé que es cruel pero a veces si me gusta pensar que está muerto y por eso nunca regreso por mí.
—¿Nunca has pensado en buscarlo?— le pregunte suavemente.
—Antes si—me contestó después de pensarlo por unos minutos. —Pero no sé si me va a gustar lo que encuentre, si es que encuentro algo. Y justo ahora quiero enfocarme en mí, en nosotros, en el futuro. Creo que él siempre va a estar ahí y saldrá a flote en algunos momentos, como lo ha hecho hasta ahora, pero estoy segura que con el tiempo lo superare.
Yo no estaba tan seguro de eso, ella necesitaba un cierre y aún no lo conseguía. Aún tenía preguntas pero ya me lo diría después o se lo sacaría a Jacob así que decidí dejar de insistir por hoy. Y por el contrario, deje que ella diera por concluida la conversación cuando hizo su camino encima de mi cuerpo y me miró desde arriba.
—¿Sabes? Vas a acabar conmigo— le informe cuando comenzó a repartir besos por todo mi pecho en dirección descendente.
—Podría decir lo mismo— me dedicó un guiño con su boca pegada a mi piel y a este punto yo solo podía sujetarla mientras ella seguía jugando conmigo. —Ahora sí, después comida— anunció.
Se detuvo y se irguió en todo su esplendor, con su cabello bañando sus hombros. Sostuvo de nuevo su puño para mí y yo lo choque con el mío mientas me sentaba.
—Trato—repetí antes de besarla.
