Dormí plácidamente entre sus brazos. El servicio de lavandería nos envió la ropa en cuanto Terry la pidió; pasaba del mediodía cuando salimos para entrevistarnos con el padre de Donna y cerrar e l trato de compra-venta.
-Es hermosa!
-Será nuestro hogar
-Unos cuantos arreglos y nos mudaremos pronto
-Mañana nos enseñará un local en el centro para que iniciemos nuestro propio negocio
-¿Te parece bien que conozcamos el pueblo para saber qué podemos poner?
-Claro que sí, hermosa mía.
-Tuya, solamente tuya.
Optamos por caminar y conocer el pequeño y pintoresco poblado de San Vicente; contaba con una plaza comercial, un corredor turístico, una capilla en donde se veneraba al santo de quien llevaba el nombre el poblado y un templo protestante de la cual Terry y yo profesábamos nuestra fe. Bueno, él más que yo, ya que mi madre era católica y mi padre protestante, nosotras crecimos sin identidad y no pasábamos de ser convencionales; en cambio Terry y su familia expresaban mayor compromiso que nosotros.
-Mi tío Robert tenía la ilusión de bendecirnos cuando nos casáramos.
-¿Te arrepientes?
-No. Tiene a Stear y a Archie para cumplirlo
-Cuando le conocí me dijo exactamente lo mismo.
-¿De qué hablaron ese día?
-Un poco de la muerte de papá, Robert me dijo que él estuvo hasta el final de sus días, aunque no le permitieron pasar cuando declararon su defunción, estuvo con papá hasta un día antes; el padre de Dorothie dijo que mamá no le permitió asistir a los servicios fúnebres que todo fue muy rápido y discreto.
-Debió dolerle a tu madre su muerte, tal vez por eso reaccionó así.
-Elroy dijo que mi madre no le dejó ver a papá, que aunque fue de cuerpo presente el féretro estuvo sellado.
-¿Lo extrañas?
-Me acostumbré a su ausencia, platicaba con su retrato cada noche, platicándole cada uno de mis días, mis logros, mis fracasos, todo. Conforme fui creciendo me hice la ilusión de verlo en una estrella y le platicaba con mis pensamientostodo lo que me pasaba.
-Debió ser un poco difícil.
-No comprendo muchas cosas, ni por qué tu padre no reaccionó de la manera en la que esperábamos, por qué mamá odia a tu padre, qué tienen que ver los Leagan en todo esto… La recuperación de nuestro apellido a White… en fin…
-Fui un tonto al desperdiciar la oportunidad sincera que tenía contigo, no me justifico pero en casa siempre se nos enseñó a ser unidos, a apoyarnos entre nosotros mismos, por eso me negaba a hacer algo en contra de mi padre y hermanos…
-Hay algo más que aun no comprendo…
-¿Puedo saber qué?
-A Richard parece afectarle nuestra relación, se opone rotundamente a ella, tanto que prefiere que estés al lado de Flaming o Susana sin importarle si las amas… pero no parece estar en contra de la relación de mis hermanas con tus hermanos.
-Debe ser porque tú eres la titular de todo
-No, no creo. Cuando le conocí me dijo que sabía quién era yo, que podía contar con él, que me apoyaría en todo, que mi mirada le recordaba a alguien, ¿qué me iba a imaginar que se trataba de mi padre?
-Candy, yo no conocí a tu padre, pero yo digo que te pareces mucho a tu madre
-Dudo que Richard viera en mí el reflejo de mi madre, él convivía más con papá, seguramente le recordé a papá. Por otro lado, el padre de Dorothie mencionó lo mismo, que tengo la misma forma de achicar la mirada como mi padre… que gesticulo como papá…
-Mi padre también achica la mirada cuando está analizando cualquier situación y yo no hago ese gesto…
Terry tenía razón, la imagen de Richard vino de mi subconsciente a mi consciente, él hacía el mismo gesto de bajar los párpados y ladear un poco la cabeza cuando estudiaba las situaciones... tal vez era un gesto aprendido de mi padre y él lo imitaba a la perfección. –Algún día tendremos una explicación de esto…
-Este es el último mueble, Señor
-Puede dejarlo por ahí
-Hasta luego y bienvenidos a San Vicente
-Aquí tiene su pago
-Gracias, hasta luego señora
-Muchas gracias por su servicio y gracias por la bienvenida
-Vivimos a unas cuantas cuadras de aquí, seguro mi esposa será una buena amiga suya
Veía por el rabillo de mi ojo la expresión de molestia de Terry, a él no le gustaba que yo agradeciera el servicio que cualquier persona nos podía brindar –Estoy segura que así será…
-No dude en llamarnos si tiene alguna emergencia.
-Muchas gracias.
Cerré la puerta en cuanto el señor Lewis salió -Candy, te he dicho más de una vez que no me gusta que agradezcas al servicio
-Cielo, únicamente intento ser cortés
-Evítalo, por favor
-Terry, el señor Lewis fue muy amable con nosotros y nos hizo una oferta de bienvenida
-Yo le pedí que no lo hiciera, cuento con el suficiente recurso para cubrir sus honorarios
-Cariño, no discutamos por cosas tan sencillas, mejor ayúdame a acondicionar nuestra habitación.
-Candy- Me abrazó por la cintura –Prométeme que no serás tan desenvuelta con la gente, eres mi esposa y no quiero que ningún hombre crea que le estás dando oportunidad.
-Nunca me imaginé que esa es la razón por la cual no te gusta que yo haga trato con las personas
-No conocemos a esta gente, solamente te pido que tengas cuidado
-Terry ¿Aún está en pie que pongamos un comercio?
-Sí, pero no quiero que tú lo atiendas, ¿me entiendes, verdad?
-Sí –Dije para culminar con ese tema ya que no tenía ánimos para iniciar una discusión
Colocó la cabecera de la recámara y puso las cortinas, yo acomodé las sábanas y una pequeña alfombra; -Traeré las lámparas para las mesas de noche
-Están en la segunda caja al pie de las escalinatas
-¿Quieres que traiga algo más?
-Ummm, sí, la televisión
-No pondremos una televisión en la habitación principal, cariño, para eso tendremos una habitación de entretenimiento
-Terry, me lo prometiste….
-Candy, hablamos de eso
-Es que no quieres que tengamos una en la sala de estar ni tampoco en nuestra habitación… -Dije con pesadumbre hablándole mientras él subía las escalinatas con una caja entre las manos.
-Aquí están las lámparas
-Gracias
-Cielo, no te enfades… pero nuestra habitación es para descansar y para estar tú y yo juntos, no deseo que con el paso de los días, alguno de nosotros nos sustituyamos con la programación, entiéndeme por favor
-Lo comprendo mi amor, porque me has dicho la razón por la cual te opones.
-Gracias princesa….
Colocamos cada cosa en su lugar y nos dejamos caer en la cama, aún nos faltaba acomodar la cocina y la habitación de entretenimiento.
Es mejor descansar, saqué cita para mañana con unos posibles proveedores
-¿Proveedores?
-Así es cariño, de observado este lugar y creo conveniente que pongamos un comercio que abastezca sus necesidades agropecuarias.
-¿Agropecuarias? ¿A caso conoces ese campo para invertir?
-Investigaremos y no nos será difícil iniciar, la mayoría de la gente tiene terrenos de cultivo, ganados y todos viajan más de tres horas hasta San Nicolás por sus productos.
-Entonces será una gran oportunidad.
-¿Estás emocionada como lo estoy yo?
-Estoy más que emocionada, mi amor, me encanta la idea que pienses en algo para que iniciemos juntos…
-Juntos para toda la vida
-Sí… Emm ¿Terry?
-¿Sí?
-¿Cuál será mi papel en todo esto?
-¿A qué te refieres?
-Ummm… Tú no deseas que yo me relacione con el sexo opuesto … y has pensado iniciar en algo que la mayoría de nuestros proveedores y compradores serán hombres… ¿Yo qué haré?
-Tú –Dejó a un lado las pinzas y el cable que colocaba en un empalme para la televisión –Siempre estarás a mi lado, serás la dueña de esta casa y en lo que se refiere a nuestro ejercicio comercial sí me ayudarás… cariño… te amo tanto que no deseo que nadie te mire, que nadie se imagine nada contigo pero sé que tú me amas y que jamás harás algo que ponga en riesgo nuestra relación; así que siempre me acompañarás cuando tenga que visitar algún proveedor, contrataremos a alguien que nos apoye en servicio al cliente y tú me ayudarás en algo así como la gerencia.
-Gracias por no hacerme a un lado.
-Eso será mientras llega nuestro primer hijo.
-¿En verdad?
-Sí… No me dirás que no quieres tener hijos ¿Verdad?
-Me emociona la idea que en mí se forme una pequeña vida como resultado de nuestro amor.
Nuestra casa quedó increíblemente hermosa, todos los detalles grandes y pequeños los escogimos Terry y yo, no necesitamos el apoyo de algún diseñador para ayudarnos con esta tarea; el local que alquilamos era muy grande y lo llenamos de muchos artículos para venta y renta, hicimos un evento de inauguración el cual estuvo concurrido no sólo por personas de San Vicente sino de poblados circunvecinos.
Llevamos dos meses en este paradisiaco lugar y las cosas marchan muy bien; las ventas han superado nuestras expectativas y Terry ha tomado en cuenta la idea de vender cabezas de ganados, el banco le ha ofrecido un préstamo bastante cuantioso mismo que él ha rechazado ya que Eleonor le ha dado el recurso con la ventaja de liquidar sin intereses.
Mi madre no me dirige la palabra, lo único que balbuceó fue "Te arrepentirás muy pronto, Candice, por semejante pecado cometido"; aunque le expliqué que pronto haríamos una acción de gracias por nuestro enlace porque por la ley ya estaba consumado nuestro matrimonio.
Richard se opuso completamente a nuestro matrimonio rogándole a Terry que recapacitara y regresara a casa con ellos.
Robert nos ha dicho que espera ser quien nos una delante de Dios lo más pronto posible y nos ha dado algunos consejos para vivir en familia; consejos que nos han ayudado en este tiempo de adaptación; Terry ha trabajado mucho con su temperamento explosivo y celoso. Yo he aprendido a no demostrar ser tan animosa al momento de atender a nuestros clientes.
Neil es el único que no ha aceptado que Terry y yo somos una familia. Constantemente me amenaza diciéndome que tarde o temprano estaré con él… por siempre. Eso ha sido tan desgastante… no he querido preocupar a Terry con la amargura de Neil, no vale la pena.
Otra cosa que ha pasado en este par de meses es que Terry y yo ya no vestimos como ejecutivos, todos los días usamos jeans, botas y camisas… nos vemos tan sureños… que causamos gracia.
El cuerpo atlético de Terry se ha forjado más con este rudo trabajo y yo me esmero mucho en verme siempre atractiva para él ya que en San Vicente existen muchas chicas muy atractivas y de hermosos cuerpos que son muy atrevidas con mi esposo.
Él no se ha mostrado interesado en alguna de ellas y cuando se presentan en nuestro comercio él prefiere que yo las atienda para evitarse cualquier mal entendido conmigo; eso, en verdad, lo aprecio.
-Sarah– Aunque a Terry no terminaba de gustarle mi amistad con la señora Lewis, manteníamos una estrecha relación, ella me ha ayudado mucho en cuestiones domésticas, me ha enseñado a preparar muchos platillos, es una persona discreta y me inspira confianza; ella nos mira como sus hijos y muchas veces, en el poco tiempo que llevamos aquí, hemos comido juntos –Es Candy
-Hijita, ¿Todo bien?
-Sí, quiero saber si tienes planes para hoy
-Estaré libre al medio día ¿Se te ofrece algo, cariño?
-Terry irá a Santa Mónica a entrevistarse con un posible consignatario y no me quiero quedar sola ¿Podrías venir?
-Claro que sí, te llevaré tarta de fresa, tu favorita
-Muchas gracias, Sarah, eres un amor.
-Te veré en un rato. –Los señores Lewis descargaban en nosotros mucho cariño paternal y yo estaba agradecida con ello.
Para estos meses mi esposo había contratado un par de empleados para que le ayudaran en los trabajos más rudos, una secretaria para que me ayudara en lo que se me ofreciera y las finanzas las manejaba él. Siempre me contaba todo, no había secretos entre nosotros.
-Amor, Sarah vendrá al medio día.
-Bien, me voy más tranquilo
-Terry, cuídate mucho por favor, no me gusta que estés fuera de casa en días de tormenta
-Se ve despejado el cielo, cariño
-Amor, los pronósticos del clima dicen lo contrario, por favor, conduce con cuidado
-Lo haré y para que estés más tranquila me llevaré la camioneta, volveré lo más pronto posible. -Ajusté la cremallera de su chamarra y le di un beso lleno de amor, le abracé tan fuerte y le dije lo inmensamente feliz que soy a su lado, que jamás le dejaré de amar. –Quédate en la oficina con la señora Lewis y que los demás se encarguen de cualquier asunto.
-Cerraré temprano, no quiero que la lluvia entorpezca el regreso a casa de los muchachos.
-Está bien, entonces llego a casa y …
-Iré a la casa de Sarah ¿Podrías pasar por mí?
-Candy, mi amor, espérame en la casa, ya tendrás tiempo el sábado para pasar con la señora Lewis
-Está bien –Dije haciendo un mohín con la boca
Se despidió entre muchos te amos, besitos al aire y sonrisas. Dios mío, estoy enamorada de mi esposo.
Sarah demoró un poco más en llegar, atendía un grupo de mujeres jóvenes en la parroquia de San Vicente; por motivo de la lluvia muchos de nuestros clientes decidieron visitarnos el día de hoy, Jessy se ocupó atendiendo a algunos, los chicos en entregar las mercancías y yo estuve cobrando y emitiendo facturación.
-Creí que no pararíamos-Les dije cuando se retiró el último cliente
-Sí, señora, parece que todos se pusieron de acuerdo para venir ahora
-Lo mismo pensé… bueno chicos, pueden recoger lo más que puedan y retirarse.
-Gracias, Candy, -Dijo Jessy
Recogieron rápidamente sus áreas y se retiraron esperando llegar pronto a sus casas antes que la lluvia comenzara a descender. –Nos vamos en un momento más, Sarah, haré el corte de caja y estaremos libres.
-Tómate tu tiempo, hija, destiné la tarde para estar juntas.
-Muchas gracias, Sarah… en verdad, no sé qué haría sin ti en este lugar, aunque todos han sido muy amables no me siento en casa.
-¿Has hablado con tu madre?
-Ya no he insistido tanto, ella no quiere dirigirme la palabra, mis hermanas se encuentran muy ocupadas, la única que siempre tiene tiempo para mí es Margie.
-Deberías invitarle a pasar una temporada con ustedes.
-Lo he pensado pero no quiero imponerle la presencia de nadie por ahora a Terry…
-Un día lo harán, sé que hay muchas cosas que, ambas familias, deben perdonarse… mientras más pronto sea, mejor.
-A diferencia de mí, Terry, tiene una excelente comunicación con sus padres y hermanos, hablan casi todos los días, el único que sigue sin aceptar nuestra unión es Richard, ahora se le ha metido en la cabeza la loca idea de sugerirle a Terry que no tengamos hijos. Creo que aún guarda la esperanza que mi relación con Terrence se desvanezca.
-Bueno, no hablemos de cosas tristes. ¿A qué fue Terry a Santa Mónica?
-Un proveedor se ha enterado del giro de nuestro ejercicio y le ha ofrecido hacer un convenio
-¿En Santa Mónica? ¿Quién podrá ser?
-No sé, creo que se apellida Matthew, dijo que tiene unos acres de pastura para ganado y que le gustaría hacer trato con Terry, también tiene un vivero y muchas plantas de transplante…
-…¿En Santa Mónica?
-¿Por qué te asombras? ¿A caso crees que han engañado a mi esposo?
-Hija, ¿Conoces Santa Mónica?
-No, y Terry tampoco, le han citado en el centro de aquél lugar, en una cafetería
-Espero en Dios que sí exista la persona que ha citado a Terry, le llamaré a mi sobrino que vive allá para que esté al pendiente de tu esposo
-Me has puesto algo nerviosa, Sarah, le llamaré a Terry para que tenga precaución.-Mi móvil no tenía señal, tal vez por el clima y con tanto trabajo no alcancé a responder algunas llamadas.
Sarah le avisó a su sobrino para que se presentara en el centro de Santa Mónica, le describimos cómo iba vestido Terry ya que no pude enlazarme con él a través de su móvil. –Voy a casa, Sarah, le dije a Terry que ahí lo esperaba, te agradezco mucho tu compañía.
-¿Quieres que te deje en tu casa?
-No es necesario, pediré un taxi, aún quiero hacer algunas cosas más, y no quiero demorarte, así que si gustas adelantarte…
-Llámame en cuanto estés en casa.
Intenté tranquilizarme pero era imposible sin saber algo de Terrence; le llamé al sobrino de Sarah quien me dijo que aguardaba en el centro por si lograba identificar a Terry, le agradecí e insistí un par de veces más –Terry, gracias al cielo que respondes
-Candy-Trató de sonar sereno -¿la señora Lewis aun está contigo?
-No, se ha marchado a casa –Dije sin expresar que me estaba poniendo nerviosa –¿Pasa algo?
-Princesa, ve a casa de los Lewis, pasaré por ti en breve tiempo.
-¿En dónde estás?
-A unas cuantas millas de casa, todo fue una trampa, era Elisa Leagan quien me citó, Neil va camino a San Vicente…
-Estoy en el comercio, aquí no hay forma en que él pueda ingresar, aquí te espero.
-Muy bien, amor. Trataré de llegar lo más pronto
-Conduce con cuidado, cariño.
-Candy, por ninguna razón te muevas de ahí, te lo ruego.
En cuanto terminé de hablar con Terry le llamé a Sarah quien llegó muy pronto junto con su esposo y spaky, su pequeño perro, me infundieron muchos ánimos y seguridad de que no estábamos solos en San Vicente, que la mayoría de la comunidad nos aceptaba como parte de ese lugar.
Cada segundo parecía un minuto y cada minuto una eternidad, la lluvia parecía no cesar y la tarde parecía noche sin estrellas.
Los ladridos de spaky y los fuertes golpes en las puertas de metal nos alertaron -¿Quién es? –Gritó el señor Lewis
-¿La señora, Grandchester se encuentra aquí?
-¿Quién es?
-Soy Dennis, vengo a avisarle que la camioneta del señor Grandchester se ha volcado como a seis millas, he pasado por su casa y no he visto a nadie…
El corazón se me había paralizado e intenté salir corriendo, el señor Lewis me detuvo por el brazo y me dijo que él saldría antes que yo. Tomó en su mano una pala y salió con precaución, Sarah, llamó al departamento de policía para informarles la noticia; al salir del local no había nadie –Yo te llevaré, súbete a la camioneta.
-Llegaré más rápido si me voy en la moto de Terry
-Hazle caso a mi marido, Candy, el asfalto está muy mojado
-Tendré cuidado, no será la primera vez que conduzco en estas condiciones
-Candy, obedece.
No escuché ninguna palabra más ya que el acelerador de la moto opacó todo sonido, iba con la idea clara de ver a mi esposo y brindarle mi ayuda…
A mitad del camino un auto se emparejó conmigo y pude distinguir a Niel en cuanto los limpiadores pasaron por el cristal del lado del conductor…
Intenté tomar un atajo y regresar pero mi corazón me indicaba ir a donde estaba Terry… los neumáticos resbalaron y caí por una vertiente… no recuerdo nada desde aquél día.
-Quiero ver a Terry
-¿Quién es Terry, hija?
-Mi esposo, mamá, no finjas no saber quién es él
-Candy, sufriste una fuerte caída, la Madre Superiora Gray me llamó para avisarme.
Miraba, confundida, todo a mi alrededor. Me dolía todo el cuerpo, tenía el brazo derecho inmovilizado al igual que la pierna derecha y en alto porque dos tornillos quirúrgicos sostenían las coyunturas -¿Qué me pasó?
-Caíste de una gran altura por intentar bajar de un árbol a uno de los niños
-¿Niños? No entiendo qué está pasando… yo… Terry… Neil… Por Dios, Santo, todo me da vueltas.
-Llevas más de tres días inconsciente, tuve que dejar sola a tus hermanas para venir a verte.
-¿En dónde estoy?
-En el convento, hija, siempre ha sido tu vocación.
¿Convento? ¿Por qué no puedo recordar nada? ¿Habrá sido un sueño? No, no, esto no es un sueño… es una pesadilla… todo fue tan real…
Mi madre ha pasado la semana conmigo, me asiste para comer, para asearme, para decirme que debo tener más cuidado mientras los niños del orfanato están bajo mi responsabilidad.
El médico ha dicho que ya no hay nada de qué preocuparme que con los cuidados necesarios pronto podré regresar a mis actividades únicamente sin esfuerzos… -Hermana Candy –Todas me llaman hermana y todas parecen conocerme, pero yo no recuerdo a ninguna
-¿Sí?
-Le llama la Madre Superiora
-Sí, iré prontamente –No podía moverme del todo bien, no sabía cómo manipular la silla de ruedas con una sola mano -Emmm… ¿hacia dónde me debo dirigir?
-Te llevaré.
-Gracias.
Grace, me dijo que su nombre era Grace, me llevó en silencio hasta la puerta de la Madre Superiora, intenté entablar una comunicación con ella pero no fue posible ya que sus labios parecían una tumba.
-Hermana Candice, en dos semanas más le retirarán el yeso de su brazo y podrá integrarse por completo en las actividades rutinarias, en lo que respecta a su pierna demorará un poco más, entre tanto ayudará con los deberes de la cocina, por ahora ayudará en las oficinas archivando documentos.
-Sí, Superiora.
-Puede retirarse.
-Sí.
Esto en realidad era un infierno, nadie hablaba conmigo, se quedaban calladas cuando pasaba cerca de ellas, no me permitían acercarme a los niños huérfanos ya que decían que a causa de cuidarlos sufrí tal accidente.
No importaba si no me hablaban yo ocupaba mi tiempo para pensar, aún en las penitencias yo traía a mi mente todo.
Cuando me retiraron el yeso de mi pierna y los tornillos pude ver una enorme cicatriz, mi madre, Grey y la hermana Cristina dijeron que fue por la herida expuesta al caer de pie desde una gran altura; mi mente recordaba a Neil, su auto, lluvia, moto… Terry –Me han enviado con usted, madre, para apoyar en la cocina.
-Bienvenida, hermana Candice
-Todas saben mi nombre, pero yo no recuerdo el nombre de ustedes.
-Eso debe ser porque recién te han cambiado de convento
-¿Cómo?
-Hermana, María; no debe hablar de más…
-Lo siento, hermana Ponny
-¿De qué convento vengo?
-Hermana, Candice, no nos corresponde disipar sus dudas, eso debe ser con la Madre Superiora
Como no sé todo el reglamento de este internado he cometido muchas faltas las cuales han resultado en castigos para mí. Desde el ayuno prolongado hasta la penitencia en oración… Cada día me aferro a Terry y ruego a Dios que me ayude.
Mis hábitos han cambiado, utilizo la túnica todos los días, sin maquillaje, he adelgazado mucho, mis rulos permanecen sujetos en un moño y ocultos, mis manos están resecas por la sosa de los detergentes.
Aquí los días pasan lentos, rápidos, monótonos… Te duermes temprano, te levantas al romper el alba, mucho trabajo, mucho estudio, de pronto ya es noche… noche… almohada… son mis mejores amigas. La noche me da la paz y la tranquilidad y mi almohada es mi fiel confidente… siento enloquecer…
