Bien, no tengo mucho para comentar, días pesados en la facultad, pero aquí continua la trama de los demonios y su batalla contra Dashi y los miembros de La Secta, no es un capitulo demasiado revelador, pero es un rato para poner varias peleas.
Kiyohime lentamente cambió su forma, donde antes había una bella mujer, ahora había un monstruo marino gigantesco, similar a una serpiente marina, era tan grande que ocupaba casi todo el lugar.
"Esto no es bueno", dijo Dashi al ver el siniestro espectáculo.
"Me arrojé al mar tras descubrir mi error, y en esto fui convertida, no sé como serás juzgado pero espero que tu orgullo te lleve a la condena eterna".
Kiyohime atacó con su potente mandíbula pero Dashi la esquivó a duras penas, juntó una gran cantidad de agua y la lanzó pero no pareció hacer daño alguno.
"¿Cómo esperas dañar con agua a alguien que se está ahogando a cada segundo?".
"Buena pregunta, y realmente no lo sé".
Cuando Kiyohime se preparaba para atacar, recibió un grito sónico, que la envió a prácticamente un kilometro de distancia.
"Dashi", habló Stella al terminar su ataque, "no sé qué pasó, pero perdona, no quise atacarte de verdad".
"No importa ahora, ¿cómo hiciste para liberarte?".
"Solo me pusiste unas sogas, tengo superfuerza".
"Ah, cierto, como que olvide eso, creo que hoy no es me día".
Kiyohime ingresó una vez más a una velocidad horriblemente veloz, "veo que de todas formas la que sufre ha decidido ayudar al que la hace sufrir, bien, si eres tan débil como tu amor, esto terminara muy rápido".
El principio del fin temporada dos, capitulo 4: "Los demonios caminan en el mundo".
"Andy, explícate", le gritó Sani al chico mientras este seguía volando llevándola, "¿cómo sabes que está pasando?".
"Fui un tonto, Hitoban era solo una llave, al destruir su cabeza abrí un portal, me di cuenta cuando ya era muy tarde".
Ambos llegaron al pueblo, y lo que vieron les heló la sangre.
Las bestias que habían llegado del otro mundo estaban destrozando todo, sus fauces estaban llenas de la sangre de los pobladores, los cadáveres a medio comer se esparcían por todo el lugar, por sus rostros se veía que habían sufrido en todo momento hasta morir en agonía, ver niños destrozados de esa forma era más de lo que alguien podía soportar.
Sani cayó al suelo llorando.
"Todo esto fue mi culpa", dijo Andy, intentando superar el dolor, "yo condené a esta gente, pero ahora los vengare".
Andy se movió con rapidez y empezó a destrozar a los seres, estos, atraídos por la carne aun latiendo de él se empezaron a acercar.
Con el tiempo se volvieron demasiados, violentos, asesinos, hambrientos, demasiados para que Andy pudiera manejarlos solos, y Sani no reaccionaba.
"Alto", se escuchó una voz firme, y los demonios sin mente se detuvieron, "bestias uniformes, un guerrero de la talla de este no merece morir de esta manera".
Las bestias abandonaron a Andy, el que lo miraba era sin lugar a dudas un ser imponente, se veía poderoso, su pelo era de color negro como el de casi todos los demás seres del averno, pero su piel se veía normal salvo por una extraña marca roja en su pecho.
Atrás de él, un montón de zombies vistiendo ropas samurái empuñaban sus espadas.
"Mi nombre es Rokudaijin, si tu eres el que venció a Hitoban debes ser un guerrero de fuerza incomparable, por favor, se mi oponente".
Justo después de que terminara esa frase recibió una de las ráfagas de Andy y cayó al suelo.
Los soldados ni siquiera movieron un musculo para proteger a su superior.
Andy se preparó para lanzar otra ráfaga contra ellos cuando Rokudaijin se levantó, su cuerpo tenía cortadas y sangraba en grandes cantidades, pero no parecía notarlo, la marca en su pecho brillaba.
"No es honorable atacar antes de que tu oponente este de acuerdo".
Rokudaijin levantó la mano y una ráfaga mandó a Andy lejos, era su propia técnica, realmente era muy dolorosa.
En lo alto de la montaña, la figura de Otoroshi sonreía con sus horribles dientes reluciendo en la noche.
"Tu mente es algo valioso", le dijo a Gabo, "quiero tenerla, para sentir su sabor".
Otoroshi saltó, pero Gabo supo defenderse con su gran fuerza, tenía la ventaja en el combate cuerpo a cuerpo, pero no sabía cómo evitar que su oponente se recompusiera siempre y lentamente se iba cansando, Pascua y Kzhiitho no sabían cómo aportar mucho para esta pelea sin terminar afectando también a su compañero.
"Kzhiitho, Pascua", les gritó Gabo, "váyanse de aquí, no sé cómo pero encontrare la forma de ganar esta pelea".
"Yo soy la líder acá", marcó Kzhiitho.
"No pongo en duda eso, pero al menos aunque no estoy ganando, no estoy perdiendo, y sea lo que sea lo que no nos deja irnos de la montaña, tengo la sospecha de que arriba la deben estar pasando mucho peor que nosotros".
Pascua esperó la decisión de su líder.
"De acuerdo, Gabo", dijo esta finalmente, "deposito mi confianza en ti para esto, pero ni se te ocurra morirte, vamos, Pascua".
Al ver que iban hacia arriba, Gabo volvió a concentrase en su enemigo.
"Eres un ser fuerte, Otoroshi, pero dime, ¿por qué esperaron este momento para atacarnos?".
"Sacas por lógica que somos varios", sonrió el demonio.
"No descarto que puedas venir por tu cuenta, pero no es muy común ver rivales de esta talla, es obvio que el tal Hitoban debe estar contigo, además, sé que hay alguien más aquí".
"No sé porque tardas tanto, Otoroshi", se escucho una voz femenina seca y gélida.
Gabo se dio vuelta y vio a una hermosa mujer de piel blanca como la nieve, su corazón se congeló al hacerlo y cayó al suelo.
"Solo quería disfrutar antes de comer un alma, Yuki Onna", se quejó en cierta forma Otoroshi, "no hay nada de malo en eso, habíamos acordado que seria así".
"El placer no es más que un sentimiento vano, además seguro este se dio cuenta de mi presencia y se aseguró de que sus compañeras salieran, un sacrificio inútil".
De repente Gabo no pudo respirar mas, sentía como su propio cuerpo se congelaba hasta que ya no pudo resistirse y dejó de moverse.
"Eres tan aburrida, muerto ya no me sirve", enfatizó Otoroshi a medida que él y su compañera iban hacia donde las dos chicas se habían marchado, dejando el cuerpo inerte detrás.
Andy sentía mucho dolor, Los Ciclopes eran fuertes, Hitoban era fuerte, pero este hombre le daba una nueva dimensión a esa palabra.
"Eres un rival formidable", Rokudaijin se veía feliz en cierta forma, "pensé que durarías pocos golpes, pero aun sigues moviéndote".
"¿Qué eres?".
"Un demonio, como todos los que estamos aquí, solo que no disfruto con las almas de los seres inferiores, demonios inferiores se alimentan de seres inferiores, pero yo necesito mas".
"¿Por qué hacen esto?".
"No debes buscarle un sentido a lo que hacemos".
Andy lanzó una ráfaga, pero esta hizo poco efecto, Rokudaijin cada vez las resistía con mayor facilidad.
"Solo importa disfrutar del combate".
Rokudaijin lanzó un golpe, Andy lo esquivó y dio con toda su fuerza en la mandíbula del demonio, el cuello se le debió haber quebrado, pero igual se levantó, el peso de su cabeza la inclinaba para un costado, pero igual reía.
"Parece que has logrado romperme el cuello, que bueno, hace mucho que no me herían así".
Rokudaijin hizo un movimiento con la mano, ondas empezaron a salir de su cuerpo.
"Creo que también debería dar lo mejor de mí".
Hizo un rápido movimiento y todas las gotas de sangre que manaban de su cuerpo se convirtieron en finas agujas que penetraron el cuerpo de Andy.
Este cayó al suelo y con gran dolor intentó levantarse, pero no sabía si podría hacerlo.
"¿Dime humano, cómo se siente morir?", le preguntó el demonio de frente a él.
Sani no decía nada, solo estaba tirada en el suelo, las bestias no la atacaban, solo la miraban, hasta que se levantó.
La muchacha vio una pequeña muñeca manchada con sangre en el suelo, y la tomó con dolor, y luego dio un grito.
Los demonios no pudieron comprender cuando uno por uno se iban convirtiendo a en charcos de sangre. La chica estaba usando su velocidad al máximo, y no se detenía para hacerlos pedazos con sus golpes.
"¿Por qué lo hicieron?", gritaba, pero la velocidad impedía que siquiera el sonido pudiera formarse, "ahora los niños ya no jugaran, los adultos ya no trabajaran, no habrá más mercado, no habrá más ancianos aburridos en las esquinas, ¿por qué?, no había razón para hacer eso".
Mientras lo hacía, la chica no paraba de llorar, los samuráis zombies la atacaron pero eran destrozados uno tras otro.
"Todos son unos malditos, los voy a matar a todos".
Rokudaijin sonreía frente a Andy, hasta que escuchó los golpes y eso le llamó la atención. Pero una mano lo detuvo antes de que fuera hacia la chica.
"Estas peleando conmigo, ¿o acaso lo olvidaste?", le preguntó Andy a duras penas levantándose, mientras intentaba frenarlo con sus últimas fuerzas. El demonio sonrió.
"Ese es el espíritu de lucha".
Yuki Onna y Otoroshi seguían su andar hacia el pico de la montaña.
"Deberíamos haber destrozado el cuerpo", se quejó Yuki Onna.
"Su corazón se paró, está muerto, los humanos son así de frágiles".
Siguieron su camino sin saber que alguien los seguía.
Kiyohime se movía mucho más rápido en su nueva forma, Dashi y Stella saltaron y se subieron a su lomo, pero sus ataques no atravesaban las gruesas escamas.
"¿Alguna idea?", preguntó Stella, "parece que es invulnerable a todo".
"Si tuviera alguna ya te la hubiera dicho".
Entonces de las escamas de Kiyohime emergieron mujeres hermosas, pero al segundo les crecieron enormes dientes y sacaron unas garras con las que empezaron a atacar.
"Justo lo que faltaba, esto es imposible".
Stella lanzó grito tras grito pero las mujeres que eran destruidas eran reemplazadas por otras.
Entonces se escuchó un corte.
Las mujeres se desvanecieron y la serpiente cayó al suelo.
Cuando Dashi y Stella bajaron vieron que la cabeza había sido cortada.
"Como se nota que me necesitan siempre", sonrió Joubert, su cuerpo seguía lleno de heridas, y respiraba con dificultad, pero seguía firme empuñando su guadaña. Stella abrazó con fuerza a su compañero, alegre de que estuviera con vida, pero el mismo la separó rápidamente.
"Para o vas a abrirme las heridas".
"Pensamos que el monstruo te habría aplastado cuando se volvió gigante", comentó Dashi.
"¿Realmente crees que moriría sin pelear?".
"No, pero uno nunca sabe".
El cuerpo de Kiyohime se evaporó, pero entre los restos un montón de mujeres fantasmales empezaron a arrastrarse hacia ellos.
"Odio cuando las cosas muertas no quieren quedarse así", se quejó Joubert levantando su arma una vez más.
Mientras, Shugenju miraba todo desde los cielos.
"Que divertidos que pueden ser los mortales a veces, ya no falta mucho para completar mis objetivos, pero ojala esto siga un rato mas, la estoy pasando demasiado bien".
Continuara…
