NOTAS DEL AUTOR:
Hola chicos y chicas. Queridos lectores. Antes de pasar al capitulo que hoy os traigo, quiero explicar el motivo de mi ausencia. El motivo de este súbito parón de publicación de este fic Pokémon.
Como supongo que sabréis, tengo un trabajo que ocupa gran parte de mi tiempo, y cada vez ha sido mas y mas exigente conmigo mismo. Esto ha impedido que haya podido centrarme en escribir, que también me lleva mucho tiempo. El agobio generado por el trabajo, ha hecho que deje de lado el escribir fics por un tiempo largo, pero eso no quiere decir que lo haya abandonado.
Mi intención es seguir trayéndoos capítulos de este fic y de otros en el futuro, pero con un tiempo tan limitado como del que dispongo hoy en día, poco puedo hacer para traeros cosas con un mínimo de calidad.
Dicho esto, espero que comprendáis que no puedo dedicarme primeramente a mis hobbies y que seguiré por aquí por un largo tiempo. Solo me queda agradeceros la paciencia y que sigáis siendo pacientes conmigo. Prometo acabar lo empezado.
Un saludo.
Capitulo 14: Una travesura peligrosa
-Espero que no se le haya ocurrido cumplir su palabra… Por una vez en su vida, espero que no lo haya hecho. –Ombra protestaba mientras caminaban hacia el exterior del estadio para ir después a la parte trasera.
-¿Hacer qué? ¿Por qué vamos a los camerinos? No podemos entrar ahí… No insinuaras que están los tres dentro, ¿no? –Las preguntas se amontonaban en la boca del Pignite. Necesitaba respuestas.
-Tal vez mi hermanito haya querido… hacerme un regalo. ¡Y le dije que no lo hiciera! Que no era necesario. Pero nada, oídos sordos. –Las protestas se convirtieron en rabia mientras contestaba a Ember. Definitivamente el Banette estaba mosqueado.
-¿Un regalo? ¿Qué regalo? –El cerdo de fuego no lograba llegar al meollo del asunto, pero sin darse cuenta, se acercaba a una conclusión bastante oscura mientras con sus palabras solo ponía más nervioso al alterado de por si fantasma de risa malévola ante él.
-Algo que podía haber hecho yo sin problema sin involucrarle a él si no hubiese entrado a este equipo. Algo que debía ser solo para mí. –Para cuando Ombra se dio cuenta del significado de lo que había dicho, era demasiado tarde. La vergüenza se adueño de él y deseó que Ember no hubiese entendido nada.
-Ombra… ¿Pensabas colarte en el camerino de Amorosa? –La pregunta resonó con fuerza instantes antes de que el Banette le forzara a cerrar su boca y hacerle un gesto de silencio.
-Calla. No digas más. Vamos a sacarlos de allí. Si seguimos hablando nos cazaran. Ya hablaremos de lo que haya que hablar más tarde. Ahora, a por nuestros compañeros.
En respuesta a ello, Ember simplemente asintió y le siguió los pasos. Su pícaro compañero tenia parte de razón en aquellas palabras. Si hablaban muy alto les escucharían, y si resultaba verdad que se habían colado previamente en los camerinos, necesitarían ser discretos.
Cuando alcanzaron la entrada a los mismos, apreciaron que no había guardia alguno en la entrada a los camerinos. Eso era prueba indiscutible de que algo había sucedido.
-Tienes suerte. No hay guardias aquí. Ya sabes que para mi colarme en los sitios no es ningún inconveniente, pero para alguien que no puede atravesar paredes… Aun con todo, contaba con que no estuviesen debido a lo que haya podido suceder, pero la duda siempre está ahí. Sígueme a pies juntillas, conozco este lugar como la palma de mi mano. –Ember se preguntó cómo era posible que su compañero conociese tan a fondo el lugar, y francamente ansiaba preguntárselo, pero recordó sus palabras y acabó reduciendo las posibilidades a una de sus incursiones ilegales como vagabundo.
Los pasillos de la parte trasera del estadio eran bastante más normales de lo que cualquiera en un espectáculo podría esperar. Aunque por otra parte, no dejaba de ser un estadio de futbol. Y en un estadio, no hacían falta lujos como ese. La iluminación era la adecuada, no había ningún lugar en el cual estar a oscuras.
-Notte me adora tanto que quiere copiar todo lo que hago. Sé que lo que hago está mal, pero no puedo decírselo. Tampoco es que tuviese más opción… Era delinquir o morir. Llevo intentando que no me imite años. –Ombra decidió saciar parte de las dudas de su ígneo capitán, aunque este no se lo había pedido desde que le recomendó callarse.
-¿Y crees que está aquí abajo? ¿Por qué ha hecho esto? –En voz baja, casi en susurros para evitar llamar la atención, Ember formulaba otras dos preguntas. Necesitaba llegar al meollo del asunto.
-Mi hermano sabe que Amorosa me encanta. Que soy gran fan suya. Le dije que iba a pedirle un autógrafo directamente a ella, y él decidió por cuenta propia adelantárseme y hacerlo él mismo. Y cabe destacar que esto del autógrafo no era del todo mentira… -Desvió la mirada de los ojos nerviosos del cerdo de fuego. No era la primera vez, ya había sucedido horas antes. Ombra se volvía un manojo de nervios al hablar de Amorosa.
-Eso es malo… Ombra, debes poner fin a estas mentiras. Van a causar más desgracias que alegrías…. Un momento… ¿Qué quieres decir con que no era del todo mentira? –A media frase, su cerebro proceso la información adquirida por parte del fantasma, y le dirigió una mirada de terror.
-Tampoco es para poner esa cara… Quizás hubiese echado un ojo a algo más… O quizás… -Fue interrumpido por un grito que provenía de un par de pasillos más adelante. Aunque bien es cierto que aquel grito coincidió casi perfectamente con el momento en el cual Ember le recriminó sus actos, fusionándose las voces de una manera pocas veces vista.
Los dos se callaron y dirigieron sus miradas hacia el ruido. Rápidamente, Ombra dejó de lado su actitud tímida y nerviosa para volver a adoptar una seria y decidida.
-No hay tiempo para más. Vamos. Ese grito parecía de un niño o niña. Debemos encontrar a Summy y mi hermano antes de que esto vaya a más. Sígueme. –Sin mediar más palabra, ni esperar la respuesta de Ember, se giró para dirigirse pasillo adelante. Ember por su parte, siguió tras él bastante enfadado, aunque la situación que se le venía encima, le impedía mantener su enfado a flor de piel, pues se mezclaba con el miedo de estar haciendo algo al margen de la ley y sus posibles consecuencias.
Las voces se iban intensificando. Pasos más adelante, en una habitación con la puerta abierta, dos voces se alzaban más que las demás. Una de ellas era inconfundible para Ombra, pues era su hermano. La otra voz, pertenecía a una hembra, pero parecía demasiado infantil para ser Amorosa.
Cuando llegaron al lugar, ambos se quedaron estupefactos ante la situación que se presentaba. Summy y Air estaban siendo apresados entre las pinzas de un Scizor de considerable tamaño. Notte mantenía una vivida discusión con una Buneary tan enfadada que podría destrozar el alma de cualquiera solo con la mirada.
Tras la Buneary se encontraba otra Buneary con un lazo rojo en la oreja derecha y una Lopunny de colores rosas muy llamativos. La diva Amorosa. La única e indiscutible.
La joven coneja miraba algo asustada la situación, abrazando el brazo de la Lopunny a la que acompañaba. Esta por su parte, en una posición pasiva-defensiva con una mano en su cintura, se mostraba seria. Fue ella la primera en ver al dúo de Pokémon que acababa de llegar a su camerino.
-¡Notte! ¡Ven aquí! ¡Ya! –Ombra, a pesar de sus nervios, llamó a gritos a su hermano menor mostrando enfado. El joven sobresaltado, se giró para mirar quien le llamaba, y cuando identifico al Banette como su hermano, fue flotando raudo hasta él para abrazarle.
-¡Hermanito! ¡Ayúdame! ¡No quieren dejarme prestado este vestido! –Le mostró con sus poderes psíquicos un conjunto rosa ajustado de espectáculo. Claramente, uno de los conjuntos que la artista utilizaba en sus conciertos. –Parece que yo no soy tan bueno convenciendo a los demás como tu… -Rápidamente, se vino abajo. –Yo solo quería ayudar…
-¿De qué estás hablando canijo? ¡Ya se te ha dicho que no! ¡Así que devuelve inmediatamente el vestido! ¡A ver si encima de que te pillamos con las manos en la masa, vas a salirte de rositas! –Aquella pequeña Buneary con el lazo rojo en la oreja izquierda tenía muy malas pulgas. Era bastante malhablada, y se notaba que no estaba dispuesta a una solución pacifica a esas alturas.
-Notte. Si no quieren dejarte las cosas… -Guardó unos instantes de silencio, unas pocas gotas de sudor resbalaban por su frente. Debía repetir otra vez la misma mentira, y decirla ante tantos Pokémon le inspiraba todo tipo de sensaciones excepto tranquilidad. –Entonces no las cojas. Se deben pedir con educación y respeto, y solo puedes quedarte algo que te hayan prestado por voluntad propia.
-Pero yo… Yo solo quería… -La respuesta de su hermano acababa de hundirle por completo. Esperaba una respuesta más positiva de su parte, una respuesta que hiciese ver a las hembras que estaba en lo cierto, pero solo recibió una crítica. Agachando la cabeza, dejó caer el vestido al suelo tras liberarlo de su magia.
-Te dije que no tenías que venir aquí abajo Notte. Te dije que era peligroso. Tienes que escuchar y hacer caso a tu hermano mayor. Si yo no llego a venir aquí abajo, ¿qué hubiese pasado contigo? No vuelvas a preocuparme de esa manera. –Ombra le abrazó emocionado. Sabía que Ember tenía razón. No debía ocultar las verdades a su hermano, pero nadie mejor que él podía saber que Notte no sería capaz de soportar toda la verdad de su vida.
-¿Y vosotros dos qué? ¿Estáis con todos ellos? ¡Esto es un grave delito! –La misma Buneary reprochaba a los recién llegados y les recordaba que estaban en una situación muy delicada mientras recogía el vestido del suelo.
-¡Espera! ¡Solo hemos venido a llevar a nuestros compañeros de vuelta! No queremos ningún problema más. Solo cogerlos e irnos. –El nerviosismo de Ember le llevó a sacudir sus brazos en señal de disculpa, pero no pareció ser suficiente para convencer a la joven.
-¡Mas quisieras! ¡Esto no se va a quedar así! ¡A los ladrones ni agua!
-Ya basta Bon-Bon. Cálmate. Tampoco tenemos que faltar al respeto. Somos artistas, tenemos una reputación que mantener. –Tras toda la conversación en silencio, y juzgando todo lo acontecido hasta el momento, Amorosa se decidió a dar un paso adelante y hablar.
-¡Pero señorita Amorosa, ellos la han entrado a robar! ¡Deben ser castigados! –Se giró enfadada. No se esperaba que la diva la contradijese.
-Lo sé. Pero nunca debemos recurrir a la violencia ni a los malos modales. Ahora, ven aquí. –Le extendió su brazo libre para que saltase a él. Hasta ese momento era inapreciable, pero el algodón en forma de pompón que escondía su mano, desprendía brillitos cuando se agitaba. Debía estar cubierto por purpurina.
Sin rechistar mucho más, la coneja aparentemente llamada Bon-Bon subió de un salto hasta el algodón de Amorosa y su situó a la misma altura que la otra Buneary, que miró a la primera con ojos tristones.
-Disculpad las formas de mi ayudante. Es muy temperamental y no sabe controlar sus impulsos. –La voz de amorosa era jovial y alegre, pero dulce al mismo tiempo. Era una voz como pocas.
-No hay nada que disculpar. La culpa es enteramente nuestra. Sentimos haber entrado sin permiso en su camerino. Ember trataba de disculparse aun entre sudores. Le relajaba escuchar la sosegada voz de la Lopunny en lugar de la violenta voz de su ayudante, pero el miedo seguía siendo real.
-Yo… La culpa es mía… Señorita Amorosa… -Una vez pasado el shock inicial, Ombra empezó a temblar a causa de tener en frente a su pokéidol favorita. Incluso su voz había perdido solidez y era ahora un conjunto de sonidos dispares y disonantes. Esto no paso desapercibido por la diva, quien ya había vivido experiencias similares.
-¿Cuál es tu nombre, joven Banette? –Una pregunta muy simple. No necesitaba pensar mucho para responderla, pero el fantasma no reaccionaba con la rapidez que le caracterizaba. Esto provoco una risita en la Lopunny.
-Me llamo Ombra… Y soy un gran admirador tuyo... Mira, lo siento mucho… No pretendía que mi hermano viniese aquí… Debía de estar en las gradas conmigo… -A media frase, rojo de vergüenza, Ombra entró en pánico. Quería conocerla mejor, quería hablar con ella, quería quedarse allí durante horas, pero habían acontecido cosas que desearía que no hubiesen ocurrido, y no se atrevía a estar frente a ella.
-Escucha Ombra. ¿Eres consciente de la situación en la que estás? Sabes que lo que ha pasado esta mal, ¿verdad? –La artista de colores rosas no se movía del sitio mientras hablaba. Se mostraba bastante seria, pero al mismo tiempo sus palabras sonaban suaves y tranquilizantes. Sin embargo, entre sus palabras había muestras de que estaba molesta por lo acontecido.
-Si… Lo sé… Y lo siento. De veras que lo siento. –Ombra agachaba su cabeza tristón. Parecía enormemente arrepentido de la situación. Entre la vergüenza que estaba pasando por su hermano, la reprimenda recibida y la posibilidad de ser arrestados por la policía, realmente parecía estar arrepentido, pero a Ember no acabó de convencerle. Era un ladrón después de todo, sabio como aprovechar las situaciones en su beneficio, y aquella situación podía ser similar. Decidió que lo más adecuado era guardar silencio y dejar las cosas continuar su curso. No tenía ninguna prueba.
Tras unos instantes más de análisis intensivo, Amorosa se acercó a él y le acarició la cara desde el lateral hasta llegar a su barbilla y levantarle la cabeza para mirar a sus ojos. Acto que ruborizó aun más al fantasma. Aquello era algo que no esperaba. Estaba siendo acariciado por su Pokéidol favorita.
-El espectáculo esta demorándose demasiado y no podemos hacer esperar a todos esos Pokémon que están ahí arriba. Prométeme una cosa, prometédmelo todos. Mañana a la mañana volveréis aquí. Quiero aclarar este asunto de la manera más pacifica posible para todos. –Tras decirle aquellas palabras mirándole sonriente a los ojos, se levantó y se dio la vuelta para acercarse hacia la posición en la que comenzó. –Si no volvéis por aquí, os denunciare. Ninguno de los aquí presentes queremos eso, ¿verdad? –Tras una última sonrisa, dio indicaciones a sus compañeras mientras las instaba a bajar de su cuerpo -Bon-Bon, Ban-Ban, al escenario.
-¡Pero señorita! ¿No va a solucionar esto aquí y ahora? –Bon-Bon Se mostraba bastante molesta. Fruncía el ceño mientras miraba a su compañera desde el suelo tras saltar.
-Lo arreglaremos en otro momento. Creo que puedo confiar en que volverán. Después de todo, les beneficia. Ahora quiero que deis lo mejor de vosotras para esos Pokémon. Deben estar ardientes de pasión e impaciencia. –Amorosa quería mentalizarse. Centrarse en el espectáculo. En nada más que en contentar a toda esa marabunta de Pokémon impacientes.
-Confía en la señorita Bon. Todo acabara bien. –La segunda Buneary al fin abría su boca para dirigir unas reconfortantes palabras en el tono de voz más dulce que Ember había oído en su vida. La voz de la coneja a la cual Amorosa se dirigía como Ban-Ban, era muy melosa.
-Eso espero. Mira que venir a robar a la gran diva del mundo Pokémon… -Entre quejidos y soplidos, el trió de féminas desapareció tras la puerta que debía llevar hasta el escenario. Solamente los miembros del equipo y el Scizor que acababa de liberar a sus dos presos quedaron allí.
-Salid de aquí. ¡Ya mismo! Como vuelva a pillaros colándoos aquí, no seré tan cuidadoso. –La imponente voz del guarda sorprendió enormemente a los Pokémon presentes, que tras disculparse, salieron de la habitación rumbo de las gradas acobardados y siendo vigilados desde detrás por el mismo Scizor.
-¿Se puede saber por qué has permitido que mi hermano se cuele ahí dentro? ¿Has visto cuantos problemas has causado? –Tan pronto salieron de la parte trasera del estadio, Ombra estalló su ira contra Air. Estaba enormemente enfadado con ella. -¡Es un Pokémon muy pequeño! ¡Y tú has descuidado su atención!
-¡Oye! ¡Rebaja ese tono conmigo! ¡El culpable de que tu hermano quisiera ir allí dentro eres únicamente tú! -Con el poco aprecio que Air tenia al fantasma de risa macabra, que en aquel momento era de todo menos amigable, no pudo evitar contestarle de malas maneras. Después de todo, ella ya había entendido por qué había ido Notte a los camerinos.
-¡No estoy hablando de quien tiene la culpa de que quisiera o no! ¡Yo ya le dije que no quería que entrase allí dentro! ¡Fuiste tú quien no se lo impidió por descuidarle! ¡Si yo hubiese sido el que estuviese comprando con él, me hubiera dado cuenta de que se había ido! –La razón estaba dividida a partes iguales para ambos Pokémon. Air llevaba razón en las intenciones, pero Ombra la tenía en cuanto al descuido de Air. Ember, junto a Summy y Notte, estaba enormemente preocupado.
-Parad, por favor. No sigáis discutiendo. –Ember quiso calmar los ánimos una vez más pero fue interrumpido por Ombra.
-No Ember. No voy a parar hasta escuchar una disculpa y una explicación. Quizás yo no tuviese las mejores intenciones, quizás haya influido en mi hermano de una manera inapropiada, pero ella ha permitido a mi hermano hacer lo que se planteaba. ¡Y eso es lo que no aguanto!
-Te entiendo Ombra… Te entiendo bien. Tienes razón en lo que dices. –Nervioso y sin saber que decir, el capitán siguió intentando calmar la tensión entre ambos Pokémon, pero fue nuevamente interrumpido. Esta vez por Air.
-Ah. ¿Qué encima yo no tengo razón? ¿Te posicionas a favor de un ladrón en vez de por una amiga? –Podía palparse su enfado. Estaba tan colérica que había dejado de pensar con frialdad.
-No Air. No he dicho eso. También tienes razón. Ambos la tenéis. Pero Notte es un pokémon joven, y mientras estabais comprando comida, estaba bajo tu supervisión. Eras la encargada de que no se metiese en problemas. –La voz de la razón era a veces dolorosa. Air no soportaba no tener la razón completa. Estaba tan ciega de rabia por sentirse contrariada por sus compañeros que no atendía a razones.
-Ya. Claro. Mira, me marcho. Nos vemos mañana a la mañana. Paso de seguir discutiendo. Adiós. –Sin siquiera esperar la respuesta, y sin atender a las llamadas de Summy y Ember, Air se elevó y puso rumbo al exterior de las ruinas para volver al pueblo.
-¿Por qué no podemos tener ni un día en paz? –Ember se dejó caer al suelo sentándose y agachando las orejas. Se sentía un fracaso de capitán una vez más.
-También tengo parte de culpa… Yo estuve junto a Notte, pero no me di cuenta de qué quería hacer hasta que fue demasiado tarde. Intenté frenarle… pero no me escuchaba. –Summy reconocía en ese instante no haber hecho mucho por detenerle. Pocos instantes después se acercó a Ombra y le pidió disculpas de la manera más sincera que sabía.
-Alguien al menos reconoce sus fallos en este equipo. Menos mal. –Sin creerse la actitud que demostró la pequeña ave antes de marcharse, acepto las disculpas del Sentret. –Pero la próxima vez no le permitas hacer nada inapropiado. Da igual que sea.
-¿Entonces he hecho algo mal? –Notte hablaba ahora entre murmullos recordando las palabras de su hermano. No se sentía muy bien tras escuchar que había hecho mal.
-No vuelvas a actuar por tu cuenta. Y menos por mi. Si quieres algo, solo tienes que decírmelo hermanito. –Abrazando fuertemente y con sentimiento a su pequeño hermano fantasma, Ombra mostraba una tremenda preocupación por el.
En ese momento, comenzó a escucharse lo que parecía una introducción a una canción, que fue rápidamente seguida por una algarabía creada por los Pokémon del interior del estadio.
-¡Ostras! ¡Lovaura y Mussel siguen esperándonos! Tenemos que regresar con ellos. Deben estar muy preocupados. –Tan absorto estaba en sus pensamientos tras lo acontecido, que no se percató de que sus compañeros seguían esperándoles en las gradas hasta ese momento.
¿Y qué hacemos con Air? ¿Dejamos que se vaya sola? –Summy se mostraba preocupado por su amiga. Había visto lo sucedido y aunque entendía su situación y sabia que se le acabaría pasando el mosqueo, detestaba pensar que ella estaría sola por ahí.
-No podemos encontrarla tan fácilmente. No sabemos ni donde se ha metido. Además, ha dicho que volverá, ¿no? Pues que piense lo que ha hecho y vuelva cuando quiera. Vosotros no habéis hecho nada malo. –Se notaba que Ombra seguía resentido. Sus palabras aun presentaban matices de rabia contra la pequeña ave. –Pero dejémonos de preocupaciones… o intentémoslo al menos. El concierto va a empezar y no quiero que Notte recuerde esta noche como una de tristeza y preocupación.
-Si… Tienes razón… Deberíamos de intentar dejar el tema correr hasta mañana a la mañana. Tampoco quiero preocupar de más a nuestros otros compañeros. Les explicaremos el tema más tarde. ¡Vamos! –Al grito, los cuatro se pusieron rumbo a las gradas. Ember y Summy esperaban que Air no cometiese ninguna locura. Sabían que era lo suficientemente sensata como para evitarlo, pero podía llegar a ser tan terca como para dejarse llevar momentáneamente por la situación.
En el escenario, Amorosa y sus Buneary asistentes daban un espectáculo con muchos brillos y colores. Mientras el centro de atención era la diva que lucía un conjunto que resaltaba su color rosáceo, adornado con lazos en sus orejas y purpurina por su cara y patas, Bon-Bon y Ban-Ban mostraban otros conjuntos en otros colores. Una de ellas llevaba uno amarillo mientras la otra uno azul celeste. Sin embargo, ambas compartían los detalles del lazo y la purpurina en su cara y patas.
La aclamada artista cantaba canciones que incitaban a la más intensa de las alegrías. Sus letras estaban cargadas de positivismo y hablaban de lo bonito de la amistad y de la importancia de no rendirse jamás y perseguir las metas impuestas por cada uno. Animada por el escenario y haciendo algún que otro baile, cautivaba y lograba que todos cantansen con ella. Las hermanas, por su parte, hacían piruetas a su alrededor y por todo el escenario
Como si de una droga se tratase, logró al poco que las penas del equipo se disipasen temporalmente. Lovaura fue la primera en emocionarse y agarró de su brazo a Ombra, instándole a cantar juntos. Este, aun algo nervioso, se sorprendió por el acto y no dio con la tecla correcta hasta pasados unos segundos. La música le relajaba, le hacía olvidar lo malo, y tan pronto se percató de ello, empezó a cantar al unisonó con su compañera.
Por otro lado, algo rondaba la cabeza de Mussel. La ausencia de Air no había pasado desapercibida, y aunque Ember le prometió que todo estaba bien con ella, no podía dejar de pensar en ello. Se notaba que la música le gustaba, podía vérsele seguir el ritmo con su pie y sus dedos, pero tenía otras preocupaciones.
Como el niño que era, Notte poco tardó en cambiar su estado de ánimo. La puesta en escena de la artista le había dejado cautivado. Le costaba apartar la vista del escenario. Sus ojos resplandecían bajo los focos de luz que se movían por todo el estadio. Le estaba fascinando.
Ember y Summy también lograron olvidar de manera temporal lo acontecido. Empezaban a entender por qué era aquella Lopunny tan aclamada. Sus canciones y espectáculos eran un bálsamo para aquellos que las escuchaban. Ver a las artistas sonreír, mostrar su lado más alegre a pesar de los contratiempos, les hacían ver que ellos también debían pasárselo bien. No sabían bien por qué Amorosa había optado por la vía mas pacifica de buenas a primeras, pero de alguna manera, se sentían tranquilos viéndola.
Varias canciones después, tras un par de horas de espectáculo en compensación por la tardanza, Amorosa dio cierre al concierto con una reverencia y unas palabras de agradecimiento y disculpa. Entre aplausos y gritos de su nombre, se retiró hacia los camerinos acompañada de sus asistentes.
Durante el trayecto al centro Pokémon, ambos fanáticos de la pokéidol, no podían aguantar la emoción. Aun con todo, seguían cantando sus canciones favoritas a capela durante todo el trayecto, y no fue hasta llegar al centro Pokémon y ver que Air no estaba allí cuando Ember decidió que era buena idea contar lo sucedido. Lovaura ya había preguntado varias veces de todas formas, no podían ocultarlo más. Habían sido muy precavidos durante todo el tiempo que habían pasado en el estadio, pero ahora que todo había terminado, debían saber la verdad. Sobre todo teniendo en cuenta que a la mañana deberían ir a los camerinos de nuevo.
-Lovaura, Mussel. Ciento no haberos dicho nada de esto antes, pero de cara a mañana y con respecto a Air debéis saber algo importante.
-¿A qué viene tanto secreto, capitán? –La dulce voz de Lovaura se había tornado en una vocecilla tímida cargada de preocupación. Se esperaba las malas noticias.
-Mañana tenemos que ir a los camerinos de Amorosa a resolver un gran problema. Resulta que Air y los pequeños estaban allí cuando fuimos a buscarles… Acusados y pillados… cogiendo algo sin permiso. Por parte de Notte quiero decir. Air sería incapaz de ello, y Summy tampoco.
-¿Cómo dices? ¿Qué los tres estaban en el camerino de Amorosa robando? ¿Pero qué diantres…? ¿Por qué? –Mussel había reaccionado peor de lo que Ember se esperaba. -¿Y donde esta Air? –Casi gritando con bastante rabia contenida, comenzó a levantar la voz.
-Esto… Pues no lo sé… Se marchó volando enfadada tras discutir con Ombra. Es una larga historia, pero merecéis saber que pasó. –Ember les contó lo sucedido. Aquello que alcanzó a ver y descubrió a posteriori. Mussel se mostraba incrédulo, Lovaura aterrada. Mientras esta ultima solo podía llevarse sus patitas a la boca, el Machop se giró hacia Ombra para pedir explicaciones de mala manera, a lo cual el fantasma se defendió diciendo la verdad. En otras palabras, que Notte había actuado por decisión propia pese a su advertencia queriendo hacer un regalo.
-Solo espero que mañana se presente… Y ojala volviese aquí a dormir… Ser un equipo no significa nada si no estamos todos. Nuestro equipo no significa nada, si no estamos todos para todos. Nos prometimos ayudarnos a nosotros y a todos los demás aunque las cosas fuesen mal… Y creo que estamos fallando en nuestro objetivo.
Las duras palabras de Ember resonaron en las cabezas de todos los miembros del equipo creando un silencio sepulcral. Summy y Mussel entendían el mensaje a la perfección. Lovaura llevaba con ellos el tiempo suficiente como para sentirse de igual manera. Notte se entristeció. Por su culpa el equipo empezaba a desmoronarse. Ombra miró hacia la ventana en silencio. Seguía enfadado por la poca responsabilidad y valor de Air a reconocer su fallo, pero también comenzó a pensar que quizás se hubiese excedido.
-De momento haremos bien en dormir. Mañana solucionaremos todos los problemas que tenemos. Seguro que Air aparecerá, Ember. Si tan responsable es como tú dices, allí estará. –Ombra fue el único que se atrevió a romper el silencio. Quizás por arrepentimiento. Quizás por acabar rápidamente con aquel pesar general.
Con unas pocas palabras más de asentimiento y conformidad, el equipo se acostó, esperando que todo saliera bien a la mañana. Amorosa parecía estar dispuesta a dialogar en vez de actuar por lo legal. Ember no entendió bien el motivo en aquel momento, solo le quedaba esperar.
Al día siguiente, a primera hora de la mañana, todos se levantaron aun algo nerviosos por lo que podría acontecer. Rápidamente comprobaron si Air se encontraba allí durmiendo, pues habían dejado la ventana abierta para ella, pero se encontraron con su gozo en un pozo. Air no se encontraba en el centro Pokémon, y no daba indicios de haber aparecido por él.
Pusieron rumbo hacia el estadio. Ember, se convenció a sí mismo de que no podía ser tan malo. La Lopunny parecía muy agradable. No por nada les había convocado esa mañana. Tenía que llegar al fondo del asunto y acabar con el problema de raíz.
El estadio, a aquella hora tan intempestina, estaba bastante desierto. Muy pocos Pokémon que habían madrugado para visitar las ruinas paseaban por allí junto a los Pokémon limpiadores que el pueblo había dispuesto para limpiar el pequeño gran desastre causado por los fans la noche anterior. Varios Muk y Trubish se desplazaban en parejas por la zona.
Cuando alcanzaron la retaguardia del estadio, vieron a un único Pokémon haciendo guardia. Era el Scizor del día anterior. Tenía sus pinzas cruzadas, y se erguía imponiendo con su metálico cuerpo. Sus ojos se clavaron en los miembros del equipo mientras se acercaban hasta quedarse a dos palmos de él.
-Buenos días. Venimos a reunirnos con Amorosa. Tenemos una reunión con ella. –Ember sabía quién era el guardia, y el guardia le reconoció desde la lejanía, pero guardó silencio hasta que este abrió su boca. En respuesta, el Scizor separó sus pinzas, se giró y les respondió con voz seca y seria indicándoles que les siguieran. Air aun no daba señales de vida, y eso inquietó más aun a todos los miembros del equipo. Amorosa dejó bien claro que debían estar todos presentes.
-Ember, Air no está aquí… ¿Qué hacemos? –Summy de un salto subió hasta las orejas del cerdo y le susurró a ellas directamente sin ocultar su preocupación.
-Tenemos que continuar. No podemos dejar pasar esta oportunidad. Si nos vamos porque ella no ha venido, solo nos causaremos más problemas. –Le devolvió el susurró en un tono más audible.
-Vendrá. Será terca, pero sabes bien que cumple su palabra sea como sea. Air vendrá. –Mussel respondía aquella intranquilidad con una respuesta llena de seguridad. Confiaba mucho en su compañera.
Antes siquiera de darse cuenta, habían alcanzado el camerino y el Scizor guarda llamó a la puerta, para instantes despues quedarse quieto en el sitio sin mover un musculo hasta que la misma se abrió y la joven Ban-Ban hizo acto de presencia.
-Señorita Ban-Ban. Traigo a los Pokémon de ayer para la reunión con la señora Amorosa. –Directo y seco. Aquel Scizor parecía tomarse su papel muy en serio. No mostraba ni un atisbo de emociones más allá del enfado.
-Gracias, señor. Yo me hago cargo a partir de ahora. Puede usted volver a su puesto. –Ban-Ban tenía una voz impresionantemente dulce incluso tras el espectáculo de la noche anterior. No parecía tener su garganta ni lo mas mínimamente dañada. En respuesta a aquellas dulces palabras, y sin mostrar una sonrisa de vuelta, el guarda volvió por el pasillo que había venido. –Buenos días. Pasad por favor. Ya se nos hacia raro que no vinieseis todos. Ahora estamos más tranquilas.
-Disculpa Ban-Ban… pero no estamos todos. Nuestra compañera Air no está con nosotros. No sabemos dónde está. Se supone que debíamos de estar todos presentes, pero no hemos podido traerla. –Se le hizo raro al capitán del equipo escuchar aquellas palabras de la joven Buneary, no entendía como no podía recordar a una Pokémon que había visto en una situación peliaguda el día anterior.
-Ya lo sabemos. Ella ya está aquí. Vino hace un buen rato. ¡Señorita! Los invitados ya han llegado. –Ban-Ban, mientras se agarraba el algodón que cubría toda la mitad inferior de su cuerpo, lideró la marcha por el pequeño pasillo que daba a la gran sala central del camerino.
En la misma se encontraban Amorosa, vestida con una camiseta de carácter informal, su asistente Bon-Bon sin nada especial encima, al igual que su hermana gemela, y Air, posada en el borde de una silla, mirando avergonzada a sus compañeros entrar en el camerino.
La sorpresa fue unánime. Ember, acabó soltando un suspiro de tranquilidad. Summy sonrió aliviado. Mussel en cambio se mostró orgulloso. –Os lo dije. Os dije que vendría. –Ombra miraba sorprendido también, pero no se mostraba aun muy a favor de hablar con ella.
-Hola chicos. Os estábamos esperando. Pasad sin miedo. –Amorosa les lanzó una sonrisa, como si no estuviese molesta en absoluto. Air simplemente se giró colorada como un tomate y pronunció un "Hola" tímido.
-¡Air! ¡Gracias a Arceus que estas aquí! –El cuerpo de Ember pareció derretirse tras liberarse de gran parte de la tensión acumulada. La mayor de sus preocupaciones se había ido.
-Tomad asiento por favor. –Amorosa les indicó un sofá enorme que había en la habitación. –Ban-Ban. Tráenos un té por favor.
-Como ordene, señorita. –Servicial y amable, caminó hacia la pequeña cocina incorporada en el camerino. Era una cocina improvisada por ellas mismas para necesidades básicas, pues los camerinos no acostumbraban a tener cocina.
-Veo que habéis venido todos. Literalmente hablando. Veo caras desconocidas. Asumo que son miembros de vuestro equipo. –Amorosa lo clavó. En efecto lo eran. Probablemente Air la hubiese dicho algo.
-Permítame presentar, señorita. Ella es Lovaura, nuestra enfermera. Él es nuestro delantero, Mussel. Estuvieron ayer en el concierto también. –Mussel sonrió y saludó con su mano. Lovaura estaba atacada de emoción. Tenía a su ídolo ante ella, a menos de 5 pasos. No atinó a decir nada coherente, lo que provocó la risa de la artista.
-Y el resto sois Summy, Notte, Ombra y Ember. Y tú eres el capitán, ¿cierto? –Saber los nombres de todo el equipo, teniendo en cuenta que apenas había tenido tiempo de memorizarlos la noche anterior delató a Air. Ella la debió hablar de todos. –Bueno, vayamos al grano. Explicadme que pasó anoche. –Según Ban-Ban volvía con las tazas de té preparadas, Bon-Bon descendió desde su posición para ayudarla. Ellas se encargaron de repartir las tazas por la mesita.
-La culpa fue enteramente mía, señorita. –Notte fue el primero en hablar. Ni Summy, ni Air parecían tomar la iniciativa. –Desobedecí a mi hermano y vine aquí por voluntad propia… Mi amigo Summy me intentó detener, pero tampoco le escuché… Yo solo quería hacer feliz a mi hermanito con un regalo de su artista favorita… -Con palabras cargadas de pesar, Notte flotaba en el sitio, justo al lado de Ombra mientras le miraba apenado.
-Ven aquí Notte. Ya está. No pasa nada. Pero si te digo que no hagas algo, no lo hagas. Te agradezco el detalle, pero no necesitas preocuparte tanto. –Ombra abrazó a su hermano, que aun sintiéndose totalmente culpable, rompió a llorar mientras sollozaba "lo siento" una y otra vez.
-Intente detenerle señorita. De verdad. Pero no es fácil para mí controlar a un Pokémon Fantasma. Desapareció de repente… -Summy le tomó el relevo al impotente Shuppet. Había cosas que quería decir en su defensa y Notte no iba a hablar más.
Era apreciable el enfado y ganas de reprochar de la cascarrabias ayudante de Amorosa, Bon-Bon. Sin embargo, esta se limito a callarse y mirar con el ceño fruncido al joven Sentret. Probablemente por petición de su superiora. Ban-Ban por el contrario se mostraba algo triste, pero para nada enfadada. Casi podría decirse que sentía lastima por los Pokémon ante ella.
-Si no hubiese quitado el ojo de encima a los pequeños nada de esto habría pasado. Notte actuó indebidamente por mi irresponsabilidad. Si alguien debe ser castigado, esa soy yo. –Air, aun colorada por la vergüenza de estar frente a los amigos que recriminó la noche anterior por algo que ella no tenía razón, decidió pronunciarse al fin. Su sentido de la justicia y la responsabilidad, imponiéndose a su temperamento la obligaba a hacerlo. Sabía que no estaba bien callarse.
Amorosa escuchó atentamente la versión de los implicados en el intento del robo. Probablemente debido a experiencias pasadas, supo que el joven fantasma no mentía. No había muchos motivos por los cuales un niño podría robar alegando hacer un regalo a su hermano mayor.
Redujo las posibilidades a dos antes de hablar. O bien Ombra le había pedido a su hermano que lo hiciese y estuviese mintiendo en aquel instante. O bien era Ombra quien pensaba colarse en lugar de su hermano y estaba siendo honesto en aquel instante. Sin embargo, sería raro que estuviese mintiendo en ese momento, pues no solo su hermano habría abierto su boca delatándolo en su inocencia, sino que su equipo lo sabría.
-De acuerdo. Ya he escuchado lo que quería escuchar. No tomaré ninguna medida contra vuestro equipo. Entiendo que lo aquí acontecido no es más que una pequeña trastada de un inocente joven que aun no sabe diferenciar del todo lo bueno de lo malo. Todos hemos cometido locuras de pequeños. Yo incluida.
-¡Pero señorita! ¡No irá en serio! ¿Va a dejar pasar este robo? –Bon-Bon parecía decepcionada e irritada. No comprendía el motivo por el cual su amiga estaba perdonándoles. –Si consentimos esto, puede que vuelva a pasar. Quizás no con estos Pokémon, pero puede volver a pasar.
-Bon-Bon, hasta ahora no hemos tenido problemas mayores. Es más, rara vez tenemos problemas. Además, son niños. No podemos juzgarles de igual manera. Aquí y ahora estoy confiando en el buen hacer de estos jóvenes. No creo que vuelva a pasar nada parecido. Además, nosotras evitamos los posibles inconvenientes y siempre buscamos una solución lo menos sonada posible. Ya sabes lo malo que eso sería para nuestra carrera. –Amorosa, sin perder la calma en ningún momento, hizo entrar en razón a su ayudante con unos argumentos que no le costaron entender. Seguramente por estar al día de las cosas que Amorosa decía.
-Ha hecho lo correcto señorita. Siempre me hace sentir orgullosa de estar junto a usted. –La hermana gemela de Bon-Bon estaba contenta con la decisión de su adorada idol. No le gustaban nada las polémicas y buscaba la solución menos problemática a todo.
-¿Entonces esta todo en regla? ¿Podemos olvidar este pequeño incidente? –Ember volvía a dirigirse a la Lopunny bastante sorprendido. Suspiró de alivio justo después. –Menos mal que todo ha acabado bien…
-Sí. Por supuesto. Supongo que además tendréis un torneo muy pronto, os conviene centraros en él. Pero prometedme que andaréis con más cuidado con donde se meten los pequeños del grupo. Y una cosa más… -Se giró a Ombra. Parecía querer dedicarle unas pocas palabras. –Deberíais de hacer que vuestros compañeros sean capaces de distinguir que está bien de lo que está mal. –Ombra estaba atemorizado en ese preciso instante. Notte le miraba confuso. Estaba claro que hasta el pequeñín se había dado cuenta de que había obrado mal y que su hermano parecía saber cosas que él no. El Banette desvió la mirada colorado.
-Así será… Gracias. –Fue lo único que le respondió. A pesar de que la admiraba y que quería estar hablando con ella todo el día, no podía evitar sentirse mal. No obstante, la misma Amorosa no le dio tiempo de lidiar con sus pensamientos, pues se acercó a él interrumpiéndole.
-Anda, toma. Un detalle de mi parte. Sé que eres un gran fan mía. Me gusta ver sonreír a mis seguidores. No pensemos en cosas que nos produzcan malas vibraciones. Si tan solo me lo hubieses pedido directamente… ¡Que no muerdo! –Entre risitas dulces, la Lopunny le hizo entrega de una camiseta promocional suya autografiada. La expresión en la cara de Ombra se torno en sorpresa, luego en una alegría reprimida, y finalmente en una sonrisa. –Para ti también tengo algo. Sé que también eres una gran fan mía, además, se notaba que estabas especialmente nerviosa durante la charla. Sonríe un poco anda. –Se giró hacia Lovaura, quien no había dicho ni una sola palabra desde el comienzo de la reunión. Presa del miedo por las consecuencias que podían acarrear los actos de Notte y de la emoción reprimida por estar junto a su Pokéidol favorita, no era capaz apenas de decir dos palabras juntas.
Mussel, sorprendido de que Amorosa supiera tanto sobre el equipo, sospechó de Air. –Oye. ¿Cuánto exactamente le has contado de nosotros? –Le ofreció una de sus miradas incomprensivas.
-Solo lo justo y lo necesario… -En una vocecita nerviosa, Air respondió muy brevemente y sin dar ninguna aclaración. No parecía querer hablar mucho del tema. O quizás tenía miedo de algo.
-En realidad, vino mucho antes que vosotros aquí. Nos contó todo sobre el equipo. Incluso intentó que ninguno de vosotros cargaseis con ninguna culpa ni represalia. Tenéis una grandísima compañera entre vosotros. Se quería atribuir toda la culpa de la situación. –La adorable Buneary llamada Ban-Ban, se acercó a Mussel, Air, Summy y Ember para aclarar la situación. Merecían saberlo, aunque Air no quería que nadie supiese de ello.
-Air… No tenias por que hacerlo. También fue mi culpa. –Summy se apresuro a reconocer una vez más su parte de culpa.
-Después de mi arrebato de ayer… No podía perdonarme trataros así. Estaba perdida entre mis miedos. Perdí la razón. La mayor parte de culpa era mía, y no quería que ninguno de vosotros cargase con ella.
-Me alegro de tenerte de vuelta Air. Me alegro de que después de todo sigas con nosotros como la Air que queremos. –Ember sonreía acercándose a ella. –No pretendí acusarte, ni dejarte de lado.
-Lo sé Ember. No debí precipitarme. Lo siento mucho. –La pequeña charlita que se había formado alrededor de Air había alcanzado los oídos de Ombra también, pero en aquel momento no quería hablar con ella. Aunque esperaba que sus ojos se cruzasen por más de dos segundos para poder hablar, no parecía ocurrir, así que no le quedo más remedio que guardarse para sí misma las palabras hasta encontrar un mejor momento.
No mucho tiempo después, el equipo se despidió de la artista para poner rumbo hacia el centro Pokémon una vez más. Lovaura era la única radiante de felicidad. Jamás habría pensado en poder ver a su ídolo frente a ella a menos de veinte pasos. Casi parecía que no había sucedido nada malo. Ombra también compartía parte de su felicidad por haberla conocido y comprobado que era mucho mejor Pokémon de lo que ya sabía que era, pero pensar en las explicaciones que tendría que dar, le hicieron fruncir el ceño y bajar la cabeza. Notte tampoco parecía especialmente contento. Ambos caminaban algo separados del grupo.
-Hermano… ¿Qué he hecho mal? Todos decían que estaba robando… ¡Pero yo nunca robaría! Sé que está mal. –La vocecita de Notte taladraba los oídos de Ombra con una pregunta que no quería responder con sinceridad. Decirle la verdad en ese momento, le haría cuestionarse si lo demás también era mentira. No podía permitírselo.
-No Notte. Tú no has hecho nada malo. Deja al resto que digan lo que quieran. Pero prométeme que no volverás a desobedecerme. Sé que tenias la mejor de las intenciones, pero no tienes por qué preocuparte así por mí. El único regalo que yo quiero es que estemos juntos siempre. Y eso ya lo tengo. –Forzando la sonrisa, Ombra mostraba cero preocupaciones ante su hermano, que convencido del buen hacer del mismo, además de su propia inocencia, sonrió de vuelta antes de restregar su moflete cariñosamente con su hermano.
-¡De acuerdo! Seré un buen hermanito para el mejor hermano del mundo entero. No hare caso de lo que los demás digan. Confió en ti al cien por ciento. Tampoco puedo dudar de ti, después de todo, siempre me has estado protegiendo. Con una actitud infantil como pocas, Notte volvía a mostrar su lado más tierno. Ese Shuppet era más tierno que un trozo de pan recién horneado.
Ember les observaba. Se podía apreciar al pequeño contento, aliviado tras creer que él no estaba haciendo nada mal. Ombra manipulaba su delicada mente con tremenda cautela, pero aquella situación se le había escapado mucho de las manos. Pese al riesgo corrido, Ombra seguía ocultando la verdad a su hermano, y eso le preocupaba. No solo a él, pues los demás miembros ya habían mostrado su descontento con la decisión del Banette, pero no podían involucrarse en los asuntos familiares de dos hermanos. Era algo que no querían violar. Pese a que los actos de Notte casi provocan la disolución del equipo, todos sabían que una situación como esa no volvería a darse. O al menos, en eso confiaban.
