Capítulo 13
Marinette se sorprendió al ver al gato a su lado. Estaba sujeto a una barra metálica de gran altura que parecía decrecer según ella descendía, porque sus miradas se mantenían todo el tiempo al mismo nivel.
El gato sonreía de oreja a oreja, con un ademán altanero en su expresión. Eso hizo que Marinette pasara rápidamente de la sorpresa al enojo.
—¿Se puede saber qué haces aquí?
—¿Yo? Venir al rescate de una damisela en apuros cual caballero andante.
—Ni yo soy una damisela ni tú un caballero, gato tramposo.
—¿En qué momento he hecho trampas para merecer semejante nombre?
—Has estado jugando conmigo desde el primer momento en que nos encontramos, ¡tú me empujaste a este mundo de locos!
—Pero nada de eso me merece la etiqueta de tramposo.
Si no fuera porque apenas tenía capacidad de movimiento ahí, suspendida en el aire, Marinette habría agarrado la barra de aquel gato y la habría zarandeado para hacerle caer. Ya le gustaría a ella comprobar si disfrutaba de que la gente le obligara a practicar la caída libre.
—Así que lo admites.
—No tendría por qué no hacerlo. Lo hice, fue gracioso verte caer.
—¡Has estado jugando conmigo!
—Claro que estoy jugando contigo, me encanta jugar.
—¿Me guiaste por aquel camino para ver qué sucedía si me encontraba con el dodo?
—Tú solo querías saber qué camino había tomado el conejo, no qué había en medio. Ha sido divertido de ver.
—Entonces, ¿por qué quieres ayudarme? ¿No sería más divertido verme lidiar con esto sola?
—Si hubieras tomado el otro camino, quizás.
Chat fijó su mirada en la distancia, haciendo que Marinette siguiera sus movimientos instintivamente. Se sobresaltó al ver que el dodo parecía estar demasiado cerca, que no tardarían en estar a tiro.
—Creo que es hora de ponerse en marcha —dije el gato, estirando una mano hacia ella.
Marinette sintió cierto recelo de hacerlo, pero algo en sus últimas palabras le hizo confiar en él. Quizás porque ella ya lo había hecho, confiando en sus palabras y siguiendo aquél camino, él se había sentido obligado a devolverle el gesto. Tomó su mano con fuerza, negándose a parecer nerviosa o asustada ante aquella mirada astuta. El gato tiró de ella, pegándola a él. Con el movimiento, su falda perdió la forma y quedó totalmente atada al férreo agarre de Chat para no caer.
—Agárrate fuerte.
Marinette rodeó su cuello con su mano libre primero y, ya segura, soltó el agarre de Chat y pasó la otra por su nuca. Su cabello rubio rozó su piel, haciéndole cosquillas con lo suave y rebelde que era.
Esperando que el gato los hiciera descender a toda velocidad, aprovechando la frondosidad del bosque a sus pies para esconderse, se vio obligada a omitir un grito de sorpresa cuando, en su lugar, el gato decidió encoger el bastón. Se quedaron en el aire, sin ningún tipo de ayuda, en caída libre.
Marinette cada vez vio más claro que iba a terminar como una de sus galletas de mantequilla y avena favoritas, completamente desmigajada y a trozos. El gato reía, como si estuviera en una atracción de feria en lugar de peligro de muerte y Marinette se maldijo a sí misma por confiar en él.
—¿¡Crees que es momento para reír!?
—¡Siempre es momento para reír!
El gato empuñó el bastón, dirigiéndolo y proyectándolo hacia el dodo. Al igual que había hecho cuando había estado fijado al suelo, el bastón se estiró, dando de lleno en el dodo y usándolo como ancla. Con el impulso, el artilugio siguió funcionando, distanciándolos cada vez más y más. A Marinette no le quedó otro remedio, al ver como iban cobrando cada vez más velocidad, de sujetarse firmemente al gato. Pudo ver como el paisaje bajo ellos cambiaba, dejando atrás el bosque de arbustos y sobrevolando un extenso lago.
El gato gruñó y Marinette buscó su mirada, temiendo problemas.
—¿Qué ocurre?
—Que no me gusta nada mojarme.
Su respuesta cobró sentido al comprobar que el bastón fue perdiendo potencia hasta quedarse sin fuerza alguna. La caída les hizo dar vueltas en el aire y, al impactar contra el agua, el dolor fue tan fuerte que los músculos se les acalambraron, protestando al instante y obligándoles a separarse.
Sábado, 23 de diciembre de 2017
