Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.

.


oOo

Miedo

.


oOo

Sobresaltándose, el pequeño Sasuke subió las cobijas hasta su cabeza, temblando ligeramente mientras observaba la oscuridad que lo rodeaba.

—¿Qué te pasa, Sasuke? —preguntó su hermano con calma, sentándose frente a él.

—Tengo miedo.

—¿Por qué?

El Sasuke niño se encogió de hombros sin saber qué contestar, llevándose las rodillas al pecho.

—¿Puedes quedarte hasta que me duerma, Itachi? —pidió, viendo el bondadoso rostro de su hermano tenuemente iluminado por la luna.

—No puedo quedarme, Sasuke-kun. Ya no.

—¿Por qué?

—Porque ya no me necesitas, y lo sabes —declaró Itachi, tocándole la frente con sus dedos medio e índice, haciendo que su hermano menor apretara los labios.

—Siempre voy a necesitarte. Eres mi hermano mayor.

—Lo soy, y por eso siempre voy a cuidarte, aún cuando ya no puedas volver a verme.

Itachi se levantó de la cama y se alejó de la luz; y aunque su presencia seguía allí, Sasuke de pronto sintió que de quedaba sin aire.

—Pero... ¿Y si tengo miedo?

—Busca tu lugar feliz. Yo creo que ya lo encontraste —respondió Itachi, y esta vez, cuando miró a Sasuke, este ya no era un niño, si no un hombre. Entonces, el Sasuke adulto se levantó de la cama y caminó hacia la oscuridad, parándose junto a su hermano. Y ninguno dijo nada, solo intercambiaron una profunda mirada durante unos segundos que parecieron eternos, y que sin embargo no parecieron bastar para que ambos se dijeran todo lo que querían decirse antes de la despedida. Fue en ese instante que Sasuke al fin reaccionó, y sin pensarlo abrazó a su hermano con tanta fuerza como cuando era un niño, sintiendo que el miedo poco a poco se alejaba.

—¿Estaremos bien, hermano? —preguntó, manteniendo los ojos bien cerrados mientras sentía el cálido cuerpo de su hermano desvaneciéndose poco que poco entre sus brazos, sabiendo ambos que el momento de despedirse había llegado.

—Claro que sí, Sasuke —respondió la voz de Itachi, aún cuando Sasuke ya no pudo sentirlo —Verás que sí. Todo estará bien de ahora en adelante...

Sasuke despertó en mitad de la noche, solo en su cama. Con lágrimas en los ojos y la respiración agitada, buscó a Ino desesperadamente con la mirada.

—¿Sasuke? ¿Estás bien? —ella se acercó, sentándose junto a él en la cama; al verla Sasuke la abrazó con fuerza, aspirando su dulce aroma, lo que sirvió para tranquilizarlo. Sin embargo, esa sensación de calma, así como la angustia de su sueño, fueron reemplazados por desconcierto cuando notó que Ino estaba vestida y lista para marcharse.

—¿Qué haces? —preguntó frunciendo el ceño mientras se separaban. Ino se movió para darle un poco de espacio y suspiró.

—Tengo que irme —le dijo ella, y el corazón de Sasuke se paralizó, temiendo lo peor; ¿es que tan pronto se había arrepentido? Sobresaltado, se levantó de la cama, desesperado como pocas veces, pensando en qué hacer para evitar que Ino se fuera. Iba a rogarle si era necesario, no le importaba dejar su orgullo de lado, no cuando estaba tan cerca de tener su propio final feliz, pero ella actuó primero. Como si le hubiera leído la mente, Ino se acercó, puso sus brazos alrededor de su cuello y lo besó.

—No pongas esa cara. No voy a arrepentirme de esto —le sonrió, besándolo otra vez, pegándose más a él —Pero tengo que regresar a casa. Hablar con mis padres...Arreglar las cosas con Gaara... —suspiró con tristeza, y, por un segundo, Sasuke de nuevo temió que se arrepintiera, y odió ese sentimiento, aunque no pudo evitarlo. No obstante, la determinación de Ino no disminuyó en ningún momento —Debo cancelar la boda, y hablar con Gaara... No será fácil, pero debo hacerlo cuanto antes. Ya no puedo seguir mintiendo —anunció, mirándolo a los ojos, tan vulnerable que Sasuke no pudo evitar abrazarla con fuerza, intentando quitarle un poco de ese dolor que no podía soportar ver en ella.

—Iré contigo.

—No, Sasuke. Es algo que debo hacer sola...

Sasuke, todavía sin soltarla, asintió, pero entonces una aterradora idea lo invadió. Si Ino hablaba sola con sus padres, estos intentarían disuadirla; él sabía que no le agradaba a Inoichi, sin contar que el clan Yamanaka tenía muchas formas de hacer que otros hicieran lo que ellos quisieran. No en vano eran un clan controlador de mentes, y estaba seguro de que no les temblaría la mano en controlar la mente de su futura líder para impedir que huyera de su hogar y su matrimonio con un exfugitivo. Ellos intentarían separarlos; Sasuke estaba seguro de eso. Los Yamanaka solo necesitaban un segundo para borrarlo para siempre de la mente de Ino, hacer que olvidara todo lo que habían pasado juntos, y no podía permitirlo.

—No tienes que hacerlo —le dijo, su desesperación aumentando, pero intentó que ella no lo notara. E Ino parpadeó, confundida.

—¿Qué?

—No digas nada —Sasuke la miró a los ojos para que supiera que hablaba muy en serio —Ni a tus padres, ni a Gaara. Solo vayámonos de Konoha.

—Sasuke, no puedo. Debemos hacer bien las cosas. Tenemos que...

—Por favor —él la miró y rogó con la mirada, haciendo que Ino suavizara su postura, aunque seguía teniendo una mirada severa.

—Sasuke, ¡no podemos irnos así como así!

—Sí podemos —pidió, empezando a perder el control de sus emociones —Podemos dejar cartas. Comunicarnos cuando estemos lejos y nos hayamos casado.

—¿Casado? —Ino parpadeó, mirándolo con sorpresa y las mejillas sonrojadas —¿Quieres que nos casemos?

Sasuke se sonrojó también, solo entonces dándose cuenta del significado de sus palabras. No obstante, era cierto, quería casarse con Ino, tener hijos con ella y vivir juntos por el resto de sus vidas; aunque no hubiese sido la forma más romántica de decirlo, era lo que más deseaba, y quería que ella lo supiera.

—Sí —el exrenegado desvió la vista, hablando en un susurro pero tan seriamente como nunca había hablado en su vida —Quiero pasar el resto de mi vida contigo. No importa sí... —no pudo terminar de hablar, porque Ino se lanzó a sus brazos y lo besó, dándole su respuesta mientras ambos volvían a desnudarse para meterse en la cama, demostrándose una vez más cuánto se amaban.

oOo

Sasuke abrió los ojos en la mañana, despertando tranquilamente, sin tener pesadillas por primera vez en años; y volviendo los ojos se removió entre las sábanas, aspirando la suave fragancia floral de la almohada junto a la suya, sintiendo que podría haber dormido cien años y ni aún así se sentiría tan bien y relajado.

Algo a su alrededor había cambiado. Era algo distinto en el ambiente, algo nuevo y a la vez familiar. Era la esencia de Ino en la habitación. Eso era todo lo que necesitaba para hacer de cualquier lugar, en su hogar. Sin embargo, al estirar una mano y no encontrar a su amante se recargó sobre los codos, tratando de hallar el chakra de Ino en los alrededores, pero no necesitó hacerlo, porque casi de inmediato escuchó ruidos de utensilios moviéndose en su cocina.

Sin poder evitar esbozar una sonrisa, Sasuke se levantó, se puso un par de pantalones y bajó las escaleras, escuchando una voz suave y cantarina que inundaba toda la planta baja mientras Ino, descalza frente a la estufa y vistiendo solo una de sus camisas, tarareaba una alegre canción. Y viéndola, Sasuke pensó que tal vez no era la mejor cantante del mundo, pero podría escucharla por siempre, porque verla así, tan alegre, en su casa, como tantas veces lo había imaginado, era lo mejor que le había pasado en mucho tiempo, y deseó que aquel momento durara para siempre. Así que se le quedó viendo, sin saber cómo actuar al respecto. Quería acercarse y abrazarla, tomarla entre sus brazos y nunca más dejar que se fuera, lo deseaba más que a nada, pero al mismo tiempo no podía hacerlo; él nunca había sido ese tipo de persona. No sabía cómo hacer cosas románticas, y nunca le había interesado, pero sabía que Ino sí era del tipo de chica a la que le gustaban esos gestos, y él quería ser el tipo de persona que le gustara a ella. Quería ser todo lo que Ino más quisiera.

Ino se sobresaltó cuando Sasuke al fin se decidió y la abrazó por la espalda, un poco rudo y torpe debido a la inexperiencia, en un acto casi robótico, pero la kunoichi, pasada la sorpresa, solo hizo la cabeza hacia atrás y se relajó en sus brazos, alzando el mentón para besarlo.

—Buenos días —sonrió, antes de besarlo de nuevo. Y Sasuke quiso responderle, pero sintió la lengua pegándose a su paladar, y solo pudo emitir uno de sus usuales gruñidos como respuesta, e Ino volvió a reír, acariciándole la punta de la nariz con el dedo índice —Regresa a la cama. Te llevaré el desayuno.

—Yo puedo hacerlo.

—¡Claro que no! —exclamó ella, sin dejar de sonreír en ningún momento mientras levantaba los brazos. Sasuke se sonrojó al ver sus muslos desnudos al descubierto. Fue estúpido, pero no pudo evitarlo. Aún después de haberla acariciado durante toda la noche, de haber besado y memorizado cada parte y pliegue de su cuerpo, todavía se sentía como un chiquillo torpe y enamorado junto a ella —Hoy será tu día libre. Déjame cuidar de ti —Ino le dio otro beso, en el mentón esta vez, y aunque fue un gesto simple, el exrenegado casi sintió sus piernas volverse gelatina, pero no permitió que ella supiera lo que provocaba en él, así que puso su mejor cara de molestia.

—Debería ser al revés —refutó, ceñudo —Yo debería cuidar de ti —gruñó, haciendo reír a Ino, que dejó la estufa para darse la vuelta, amenazándolo con una cuchara de madera.

—Lo que tú debes hacer es obedecerme —respondió la controladora de mentes, haciéndole fruncir el ceño una vez más.

—Los hombres Uchiha no obedecen órdenes de una mujer.

—Pues yo no soy cualquier mujer. Y a mí sí deberás obedecerme —le dijo, pasando la cuchara de madera entre sus abdominales mientras se mordía el labio inferior con lascivia, dándole ganas a Sasuke de besarla otra vez. Pero cuando acercó sus labios Ino puso la cuchara entre ambos, riendo a la vez que volvía a voltear hacia la estufa —Regresa a la cama. El desayuno estará listo en un minuto.

—Como quieras —Sasuke gruñó, fingiéndose una vez más molesto, y regresó a recostarse, feliz como no lo había sido en años, porque, por primera vez desde que había perdido a su clan, al fin tenía un motivo para serlo. Ya no estaba solo, pero, lo que era más importante, ya no se sentía solo. Por primera vez, el futuro se veía como algo prometedor y brillante; y, sin embargo, de pronto sintió pánico al pensar que podría acostumbrarse a eso, porque entonces jamás podría dejar ir a Ino de su vida, y moriría si ella se alejaba.

Nunca pensó necesitar tanto de alguien, pues como todo en su vida temía que las personas importantes para él le fueran arrebatadas como en el pasado. Ese miedo seguía allí, vivo y latente, pero cuando vio la enorme y contagiosa sonrisa de Ino en la puerta todo lo demás perdió sentido, y solo existían ellos dos y ese momento en el mundo. Cuando estaban juntos era como si nada malo pudiera alcanzarlos.

—Muy bien. ¿Qué te parece? —Orgullosa, Ino puso la bandeja con el apetitoso desayuno sobre la cama. Sasuke miró la presentación con asombro, dándose cuenta del cuidado y el cariño con el que ella había preparado sus alimentos, pero aún así no hizo comentarios al respecto.

—¿Segura que no moriré?

—Idiota. Ya he cocinado para ti antes —Ino le sacó la lengua, haciendo que Sasuke se sonrojara al recordar lo que había hecho con esa misma lengua pequeña y rosada noche anterior. Ella miró su expresión y rápidamente se sonrojó, como si hubiera podido leerle la mente sin usar su ninjutsu.

—¡Pervertido!

—¿Qué? —protestó Sasuke, dejando el desayuno a un lado para tomar a su nueva amante por la cintura y jalarla con él hacia la cama, besándola antes de que que protestara, pues había aprendido que la mejor forma para conseguir que Ino dejara de hablar era manteniendo sus labios ocupados. No obstante, aunque su cuerpo rápidamente reaccionaba a las caricias de Sasuke, ella lo detuvo cuando volvía a intentar desnudarla, mirándolo severamente.

—Sabemos que tenemos que levantarnos en algún momento, ¿verdad?

—Cállate —gruñó Sasuke, concentrándose en besarle el cuello para hacerla gemir, aunque eso no pareció funcionar esa vez.

—Mmm... Tú tienes que trabajar, y yo tengo muchas cosas que arreglar antes de irnos...—dijo Ino, y solo entonces él dejó de besarla para verla a los ojos, totalmente sorprendido con esa respuesta, pues le había dicho eso en un intento desesperado por no perderla, pero hasta entonces no lo había pensado seriamente.

—¿De verdad vendrás conmigo?

—No pensabas dejarme atrás, ¿o sí? ¡Ni siquiera lo pienses, Uchiha Sasuke! ¡No pasaré lo mismo por segunda vez! —exclamó la joven Yamanaka, frunciendo el ceño. Y Sasuke quiso reír, pero solo esbozó una sonrisa de medio lado.

—No voy a irme a ningún lado —anunció, mirándola a los ojos y acomodándole un mechón de cabello con mucho cuidado tras la oreja —No solo, al menos.

—Más te vale —Ino le besó la punta de la nariz, y para él ese fue el gesto más íntimo que alguna vez había tenido con otra persona, incluyendo su hermano —Yo no soy una mártir, Sasuke. Te perdoné una vez, pero si vuelves a dejarme... ¿te estás...riendo?

—Eres ridícula si crees que voy a dejarte —respondió el portador del Sharingan, ya sin poder ocultar su risa —Casi haces que me maten, lo mínimo que puedes hacer es soportarme por el resto de nuestras vidas.

—Mira quién habla, señor renegado —Ino se mordió el labio inferior cuando sintió la mano indiscreta de su amante colarse entre sus senos.

—Señor... suena bien saliendo de tu boca —jadeó Sasuke junto a su oído mientras su mano empezaba a estrujarle los senos con deseo.

—Sasuke...—Ino gimió, rindiéndose a sus caricias una vez más, y olvidando que el desayuno que tanto le había costado cocinar se estaba enfriando.

oOo

Se despidió de Ino en las afueras del distrito Uchiha, besándola rápida pero profundamente antes de que se asomara cualquier curioso. Luego regresó a casa, cerró las puertas y tras limpiar el desastre de su habitación salió rumbo al trabajo.

El sol brillaba en lo alto. La vida parecía ser mucho más brillante de repente, como si nada pudiese ir mal. Sasuke no se sentía así desde que era niño, y había pensado que nunca volvería a hacerlo, y sin embargo allí estaba, perdidamente enamorado de quien nunca se lo hubiese esperado, planeando la huida que les permitiría al fin vivir juntos y felices para siempre.

Era tanta su felicidad que temía que los demás se dieran cuenta, pero aunque intentaba mostrarse igual de malhumorado que siempre, su rostro simplemente no podía ocultar su felicidad.

—¿Sasuke? ¡Buenos días! —la señora Yamanaka le sonrió, tan políticamente correcta como siempre. Eran raras las ocasiones que Sasuke la veía en la tienda, pero su presencia no era desagradable. Aunque aún no podía descubrir si le agradaba o no que trabajara allí, la madre de Ino había sido siempre amable y cándida, tanto que le recordaba vagamente a su propia madre, y eso hacía que cierta parte suya se sintiera a gusto, o tal vez era el parecido con Ino lo que hacía que se sintiera tan tranquilo en su presencia —Supe que habías salido del hospital. Me alegra mucho que ya te encuentres bien —le dijo, igual que una madre afectuosa —Pero no es necesario que te presentes a trabajar. Tal vez preferirías seguir descansando...

—En realidad —Sasuke hizo una pausa y tomó una bocanada de aire. Hablar con otros que no fueran Ino era algo increíblemente difícil —Prefiero venir al trabajo. Si no es una molestia, señora.

—¡Oh, claro que no lo es, querido! —exclamó la señora Yamanaka de inmediato, terminando de arreglar el ramo de crisantemos en el que trabajaba —Las puertas de esta florería siempre estarán abiertas para ti, igual que lo estuvieron para tu hermano.

—¿Disculpe?

—Itachi —dijo la madre de Ino con calma, cortando el tallo de dos rosas rojas para iniciar otro arreglo, sin prestarle demasiada atención a sus palabras —Aún recuerdo cuando era apenas un genin. Era tan pequeño y serio... Recuerdo que podía pasar horas ayudándome con mis arreglos florales. Fue siempre tan amable y dulce... —suspiró con tristeza, bajando la vista un momento —De verdad lamenté mucho todo lo que pasó después

—¿Mi hermano trabajó aquí?

—¿Qué no lo sabías? Inoichi fue sensei de Itachi-kun —informó la mujer —Bueno, no de su equipo, pero lo entrenó en solitario —sonrió, pero su sonrisa rápidamente mutó a un gesto plagado de tristeza al mismo tiempo que su mirada se tornaba melancólica y ausente —Estuvo devastado cuando supo de su huída. Lo quería muchísimo...

Sasuke pestañeó, confundido. Supuso que tenía algo de sentido la forma extraña en que Inoichi lo miraba a veces, como si intentara ver algo más; quizá buscaba algún rastro de Itachi en él. Sasuke ignoró ese detalle. Muchas personas habían conocido y querido a su hermano cuando éste era un aclamado ninja, pero nunca nadie había vuelto a hablar de él después de la masacre; supuso que el padre de Ino era de esas personas, así que no le dio importancia y siguió con su trabajo; no podía culparlo después de todo, y no le interesaba generar más conflictos cuando las cosas al fin iban tan bien en su vida.

Ahora solo quería pensar en Ino y él, en lo emocionado y lo bien que se sentía por primera vez pensar en compartir su vida con alguien más, no solo para revivir a su clan, en realidad no le importaba si nunca tenían hijos. Solo quería estar con Ino Yamanaka por el resto de su vida, y vivir juntos y felices lejos de todo y todos, pero sobre todo lejos de su pasado. Ella era un nuevo y maravilloso futuro después de todo, y cuando estaban juntos nada más de lo que había pasado en su vida tenía sentido, porque Ino era la luz que impedía que los recuerdos tristes lo alcanzaran, ahora se daba cuenta de que sus pesadillas se habían detenido desde que había aceptado sus sentimientos por ella, y eso solo hacía que amarla fuera aún más sencillo.

Pero entonces su parte racional se activó mientras oía a la señora Yamanaka hablar, con una clienta, entusiasmada, de la boda de su hija con el Kazekage, y Sasuke sintió un nudo en el estómago, no solo de celos, sino de auténtico pánico.

¿Cómo podrían huir sin ser vistos? Él podría salir fácilmente de la aldea, después de todo ya había anunciado su partida indefinida, pero Ino era otro asunto. Los ninjas de Konoha no solo reportarían su partida, estaban obligados a hacerlo, y eso solo encendería las alarmas de todo el mundo. Y aunque Gaara estuviera demasiado lejos, los Yamanaka aún tenían el poder suficiente para detenerlos, porque aunque antes Sasuke no hubiera dudado un solo segundo en quitar a cualquiera de su camino, no quería dejar otro reguero de lágrimas y sangre tras su partida, por Ino. Ella lo amaba, pero también amaba a su familia, a su clan, y ponerla a elegir entre uno u otro era demasiado peligroso.

Debía encontrar la manera de que ambos lograran salir de la aldea sin llamar la atención de nadie, y cubrir la ausencia de Ino de los sensores de su familia hasta que pudieran casarse en otro lugar, y así ya nadie pudiera separarlos. Necesitaban un plan, uno bien elaborado, y Sasuke sabia que en aquella peligrosa cruzada había solo una persona que podía ayudarlos.

oOo

—¿Ino, querida? ¿Estás bien?

Ino dio un salto involuntario debido a la sorpresa, y aunque rápidamente recuperó la compostura, no pudo detener los dos jarrones que arrojó al suelo tras el sobresalto. No obstante, esbozó una risita nerviosa y miró a la mujer que le había hablado como si nada hubiera pasado.

—¡Ups! ¡Ya lo limpio!, lo siento, ¿decías, Hana? —preguntó para intentar distraer a la organizadora de bodas, inclinándose a limpiar el desastre mientras la mujer, desde su lugar al otro lado de la tienda, fruncía sus labios colosales borgoña.

—¿Segura? Pareces muy distraída esta mañana...

—¿Qué? ¡No! Estoy bien —Ino rió, sin poder esconder su nerviosismo esta vez. Sin embargo, la mujer de Suna solo le sonrió de regreso.

—¡Oh, no te preocupes, cariño! Lo entiendo. Con la boda tan cerca es obvio que tu mente sea un caos —rió en un tono demasiado alto, poniéndose de pie con entusiasmo mientras se llamaba hasta Ino para tomar sus manos con afecto —Pero no debes tener miedo. Verás que vas a ser muy feliz, Ino. ¡La envidia de todas las mujeres del mundo ninja! Atrapaste a un Kage, ¡y no a cualquiera! —rió aún más alto, incomodando a Ino —¡Enamoraste al sueño de toda chica! ¡¿Tienes alguna idea de lo afortunada que eres?!

—¿Y Suri? —se le ocurrió preguntar de repente, en un desesperado intento por cambiar de tema; sus tácticas de Kunoichi eran una vergüenza cuando su mente estaba tan dispersa —No la he visto en días, ¿dónde está?

—Oh, tuvo un problema familiar y debió regresar a nuestra aldea —respondió Hana, restándole importancia.

—¿Todo está bien?

—Sí, su madre es viuda, y tuvo un pequeño accidente doméstico, pero nada gravedad. ¡Basta de cháchara! Ya casi toda la organización está finalizada. Solo necesito que ordenamos éstas mesas y después...

La organizadora empezó a hablar y hablar, dando distintos nombres y números de mesa, tan rápido y con tan entusiasmo que Ino rápidamente le perdió la pista. Aquello estaba abrumándola demasiado. Ni siquiera llevaba un día de haber tomado su decisión y sentía que necesitaba alejarse de todo.

Tal vez Sasuke tenía razón. Siquiera insinuar que la boda no se realizaría se le hacía imposible frente a esa mujer, entonces jamás podría hacerlo mirando a Gaara a los ojos. ¿Era cobarde? Sí, lo sabía, pero también sabía que no podía casarse con nadie más que no fuera el último Uchiha.

Ya no era capaz de pensar en nada. Necesitaba tener a Sasuke cerca todo el tiempo, lo necesitaba con una necesidad que no había sentido nunca antes. No podía siquiera imaginarse perderlo de nuevo, y estaba mal, pero prefería la culpa a vivir toda una vida de arrepentimiento. Tal vez eso la convertía en una mujer horrible, pero nada de eso le importaba cuando estaba con Sasuke. Él la aceptaba con todos sus defectos, tal y como ella lo aceptaba a él; ambos conocieron primero lo peor del otro, y aún así no pudieron evitar enamorarse, y eso era suficiente para querer toda una vida a su lado.

—¿Y entonces?

Ino parpadeó, saliendo de la ensoñación de sus pensamientos una vez más para atender a la encargada de su boda.

—Disculpa, ¿qué dijiste?

—Si quieres a la Mizukage cerca de la mesa principal. Sé que es amiga de tu futuro esposo, pero tal vez no quieras a alguien tan...libidinosa cerca suyo en tu gran día.

—Ah...—Ino parpadeó, dispuesta a balbucear cualquier respuesta cuando un agudo chillido animal la asustó. Hana se asustó también, pero antes de que cualquiera de las dos pudiera hacer algo un inocente halcón entró volando por una de las ventanas abiertas y se paró sobre la mesa, extendiendo rápidamente un mensaje atado en su pata para Ino. Era un pergamino con el sello personal del Kazekage, él siempre los enviaba con su halcón de arena cuando sucedía algo importante, así que la mentalista no dudó en abrir el pequeño pergamino y leer rápidamente lo que allí había escrito, temiendo, por costumbre, que fueran malas noticias. Y a pesar de que no era así, apenas leyó la única línea escrita en tinta roja, Ino palideció en el acto.

—¿Querida? ¿Todo está bien? —preguntó su acompañante con curiosidad, devolviéndola a la realidad.

—Gaara canceló su viaje, y... —respondió Ino, con la mirada fija en el infinito y las piernas temblándole casi con descontrol.

—¿Y? ¿Qué pasa? ¿Qué tienes?

—Llegará a Konoha en dos días.

oOo

Sasuke concentró parte de su chakra y encendió su línea sucesoria, aunque no fue necesario, porque sabía exactamente donde estaba la persona que buscaba; y así fue. A una calle de Ichiraku Sasuke podía oír la ruidosa y molesta risa de su antiguo compañero de equipo.

—¡Naruto! —exclamó cuando estuvo lo suficientemente cerca. Naruto Uzumaki dejó de reír, levantó la mirada y sonrió con la boca llena de ramen.

¡Fafke! —exclamó antes de tragar abruptamente. Sasuke no pudo evitar torcer la boca con desagrado —Luces bien. ¿Quieres un plato de ramen?

—Necesito hablar contigo —soltó sin rodeos. Naruto pestañeó un par de veces antes de procesar sus palabras, palmeando enérgicamente el asiento vacío a su lado.

—Bien. Siéntate y hablemos. El viejo tiene unas bromas muy buenas hoy...

—No, aquí no —respondió, incómodo al ver más personas al otro lado del puesto. Naruto entonces enarcó una ceja, pero asintió, extrañamente comprensivo, y con un grito le pidió a Ayame que guardara el resto de su ramen para llevar.

El futuro Hokage y él caminaron hasta adentrarse en el bosque prohibido, casi llegando hasta el lugar donde tantos años atrás había conocido al viejo Orochimaru. Sasuke aún podía recordar perfectamente el momento, pero decidió bloquear esos recuerdos y siguió caminando, con Naruto pisándole los talones, hasta un sitio que creyó discreto y apropiado.

—¿Y bien? —preguntó éste, impaciente tras varios segundos en los que Sasuke no se decidía a hablarle de su vida privada. Entonces el último Uchiha suavemente y con discreción, rindiéndose ante sus casi nulas alternativas.

—Voy a irme de la aldea —dijo. Naruto arqueó una ceja, irónico.

—Lo sé. Sakura-chan me lo dijo.

—...con Ino —añadió Sasuke, a lo que el otro Shinobi respondió enmudeciendo y parpadeando con sorpresa; luego, Naruto al fin reaccionó dando un repentino salto con pasmo, pero todavía mirándolo como si no le creyera.

—Es broma, ¿verdad? ¿Desde cuándo eres tan gracioso?

—No es broma. Nos iremos juntos —afirmó Sasuke. Esa vez Naruto reaccionó con más vehemencia.

—¿Qué estás diciendo, idiota? ¡Deja de bromear conmigo! —gritó, a lo que Sasuke gruñó por lo bajo, apretando los puños para controlarse y no golpearlo.

—No estoy bromeando. La amo.

—¡¿Qué?! —Naruto volvió a gritar, pero cesó en su actitud al ver en el rostro de Sasuke que hablaba muy en serio. De hecho, más en serio que nunca, y eso hizo que reaccionara una vez más con alarma —¡¿Acaso te volviste loco?! ¡Ella es la prometida de Gaara! ¡Se casarán en unas semanas!

Sasuke inspiró profundamente para poder mantener la calma y seguir hablando. Naruto abrió los ojos como platos, como si de esa forma pudiera entender mejor qué demonios pasaba con el antipático Sasuke de siempre.

—Lo sé, pero ella también me ama —respondió el último Uchiha sin perder su aire ligeramente frío, pero aun así su mejor amigo supo que iba en serio con aquello —. Por eso huiremos juntos y nos casaremos fuera de la aldea.

—No puedo creer esto —histérico, Naruto dio unos cuantos pasos sobre su propio eje, sujetándose el cabello con las manos—No puedes estar hablando en serio. Ino y tú... Ustedes... No, eso no puede estar bien. ¡Las has ignorado por años, no me vengas con que de pronto la amas!

—No fue de pronto —Sasuke desvió el rostro, de pronto apenado, aunque solo por un segundo, ya que de inmediato volvió a fruncir el ceño —Pasó sin que me diera cuenta; no tengo que darte explicaciones a ti.

—¡Pero no es correcto! —estalló Naruto, gritando aún más alto —¡No existen dos personas más diferentes en el mundo, y ahora tú...! Oh, maldición, estás hablando en serio —aceptó al fin ante la gélida expresión del otro ninja —. De verdad piensan escaparse juntos...

—Es lo que estoy diciéndote, imbécil —gruñó Sasuke, a pesar de que Naruto no pudo oírlo, pues de nuevo estaba metido en sus turbulentos pensamientos.

—Entonces...¿qué pasará con Gaara? —dijo de pronto, tratando de hacer entrar en razón a Sasuke —Él es mi amigo. ¡No pueden hacerle esto a él! ¡Él ama a Ino! —aseguró —Le destrozará el corazón si ella huye contigo. ¡No está bien! ¡Además, ¿huir?! ¡Eso es de cobardes! ¡Lo mínimo que puedes hacer es quedarte y enfrentar la situación como un ho-!

—El Kazekage le puso precio a mi cabeza —lo interrumpió Sasuke, sombrío. Naruto se tambaleó ligeramente hacia atrás, sin poder creer lo que acababa de oír —Por eso debemos irnos. Si pudo infiltrar a uno de sus ninjas en la aldea para que me asesinara, no puedo pensar en lo que podría hacerle a Ino.

—¿Qué dices? —todavía algo atolondrado por la sorpresa, Naruto balbuceó, confundido —E-Eso no puede ser... Gaara no hubiera...

—La mujer que me atacó me lo dijo. Inoichi también lo sabe, pero decidió callar para no armar una guerra entre ambas aldeas. Y yo lo hice por lo mismo, supongo —Sasuke se encogió de hombros, mirando brevemente sus pies —Y porque pensaba que Ino estaba perdidamente enamorada de él, y no quería lastimarla —dijo con total honestidad. Naruto se volvió a sujetar la cabeza con ambas manos y se dejó caer sobre la hierba, gruñendo por lo bajo cosas que Sasuke no podía escuchar con claridad. Luego volvió a levantar la cabeza y sus ojos azules se enfocaron en los oscuros de su mejor amigo, suavizándose con comprensión.

—Es que...no puedo creerlo. Esto es lo más loco que escuché en mi vida. Tú, enamorado. ¡Y de Ino! ¡Quién lo diría!

—Lo sé.

—¡Ino! —volvió a exclamar, moviendo las manos hasta que acabaron bajo su mentón, con gesto pensativo —Aunque, bueno, admito que es una de las kunoichis más hermosas de la aldea...

—Es cierto.

—Tiene el rostro de una estrella de cine; su cabello siempre huele a flores...

—Sí...

—Y además tiene unas piernas y un trasero que...

—¡Ya fue suficiente, idiota! —protestó Sasuke, molesto pero avergonzado al mismo tiempo; molesto porque claramente Ino le parecería hermosa a cualquier hombre que tuviera ojos, y avergonzado por darse cuenta de algo: sentía celos hasta por todos esos hombres que aún ni siquiera la habían mirado. Y Naruto, como si se hubiese dado cuenta de lo que pasaba por su mente, soltó una carcajada.

—¡Ya! ¡De verdad estás enamorado! —se burló, volviendo a ser el mismo de siempre —Hasta estás celoso. ¡Santo Cielo! A pesar de que insistías con eso de revivir a tu clan nunca creí que este día llegaría. Es tan...inesperado.

—Olvida eso. Necesito tu ayuda —admitió el último Uchiha, sorprendiendo al futuro Hokage una vez más, aunque esta vez se guardó sus comentarios ante la expresión seria de Sasuke —. Necesito que nos ayudes a huir de Konoha sin que nadie lo sepa.

—¡¿Pero a dónde?!

—Donde sea. Solo debemos llegar a otra aldea. Allí nos casaremos, y después...

—¡¿Casarse?! —lo interrumpió Naruto, sin poder controlarse esta vez —¿No están yendo demasiado rápido? Quiero decir, el matrimonio es un paso muy importante, ¡y tú acabas de llegar a Konoha!

Sasuke frunció el ceño por la interrupción, aunque no dijo nada al respecto. Y suspirando para seguir manteniéndose sereno, volvió a hablar:

—Tenemos que hacerlo. Sabaku no Gaara regresará a la aldea en un par de semanas para la boda, pero ya no estaremos aquí para cuando llegue; no puedo arriesgarme a que intente algo de nuevo.

—No. Gaara no es así. Sí, es algo sombrío a veces, pero él no es un asesino. Bueno, no más. Él ha cambiado.

—¿Qué no escuchas? Él intentó matarme —repitió Sasuke. Naruto se rascó la cabeza, confundido.

—Pero si fue así... ¿Entonces qué impediría que los atacara aún después de que Ino y tú se casen?

—Una vez que estemos casados el Kazekage no podrá hacernos nada —respondió Sasuke, conociendo muy bien qué palabras usar, pues había pensado en aquel asunto durante mucho tiempo, y había leído todas las leyes que había encontrado al respecto en la biblioteca de la aldea —Como esposos, Ino será una Uchiha, y los Yamanaka deberán protegernos a ambos. Nuestros clanes estarán unidos por matrimonio, así que es nuestro derecho. Sin contar que Konoha también deberá brindarnos protección. Por mí no lo hubieran hecho, pero los Yamanaka son otra cosa. Toda la aldea estará alerta, y nadie podrá hacerme nada si ataco al Kazekage para salvarnos.

—Vaya, sí que lo pensaste bien —exclamó el joven Uzumaki, esbozando una sonrisa triste, no por el hecho de que esa podría ser la última vez que vería o hablaría con Sasuke, sino por el dolor que le causaría a Gaara saber que su novia se iría con otro, y lo difícil que podría ponerse todo en Konoha a causa de esa fuga. Había tanto en juego, y tantas personas serían heridas en el medio que no podía pensar de otro forma. Y sin embargo, también había algo bueno, y era que, por primera vez, veía una faceta que no creyó ver jamás en el exrenegado. Podía notar la forma en que sus ojos se iluminaban cuando hablaba de Ino, o el miedo en su voz al decir que ella podría estar en peligro. Podía darse cuenta, aún a pesar de su limitada capacidad en el tema, que su mejor amigo al fin había encontrado aquello que por tantos años había necesitado: una compañera, alguien por quien valía la pena perderlo todo, alguien a quien amar y dejarse ser amado. Y no lo dudó; Sasuke ya había pasado muchas cosas malas en su vida, merecía tener su propio final feliz, y si Ino estaba de acuerdo y era la única persona que podría lograrlo, entonces no había nada que pudiera hacer al respecto. Nunca podría estar en contra de los verdaderos sentimientos y del amor —¿De verdad vale la pena? —preguntó en voz alta; Sasuke lo miró fijo otra vez —¿Vale la pena todo el daño que podrías causar solo por estar con ella?

—Lo vale —aseguró Sasuke sin vacilar. Naruto soltó un resoplido.

—Ah... —gruñó en voz baja. No era una situación fácil de digerir y asimilar, pero su decisión era definitiva, y nada ni nadie podría doblegar su voluntad de fuego. Así que suspiró y perdió la mirada en sus pies durante varios segundos. Decir aquello era una de las cosas más difíciles que había dicho, así que necesitaba tomarse su tiempo antes de hacerlo —Quiero a Gaara. Pero tú eres mi mejor amigo —suspiró, poniendo una mano en el hombro de Sasuke, y sonriendo —Y sé que sabes que esto es una completa locura, pero cuenten conmigo.

Sasuke miró a su antiguo compañero de academia, queriendo agradecer honestamente su gesto, pero de inmediato descubrió que no sabía cómo hacerlo. Aún así Naruto le extendió una mano y sonrió mientras él, todavía atónito, la estrechaba con la suya, apretándola más de la cuenta de forma inconsciente para que él pudiera saber lo agradecido que estaba.

Planear el escape fue algo sencillo y rápido. Naruto tenía muchos conocidos que lo querían y admiraban, pero sobre todo que confiaban en él y le extenderían una mano en lo que fuera. Conocía gente tanto de Konoha como de otros lugares lejanos, así que se encargaría de buscarles la forma de salir de la aldea y a quien pudiera ayudarlos una vez fuera, solo necesitaba unos tres días para organizar todo.

Sasuke nunca había apreciado tanto a un amigo como lo hizo con Naruto en el momento en que sus manos se estrecharon por última vez. Esa era una despedida, no una real, pero de todas formas así se sentía mientras ambos se alejaban en direcciones opuestas, igual que tantas otras veces. Entonces Sasuke se detuvo un momento y volteó a ver la espalda del único amigo que había tenido en su vida, recordando las palabras de Itachi acerca de que ya había encontrado a quien recurrir cuando lo atacara el miedo. Y a pesar de inmediato habría pensado en Ino, fue grato descubrir que había más personas con quienes contar para alejar sus miedos. En quienes confiar cuando se sentía perdido.

Ino era la mujer que amaba, y Naruto era más que su mejor amigo, él era su hermano, lo quería como tal, aunque jamás se lo diría, pero tenía la impresión de que nunca sería necesario. Ambos eran dos caras de la misma moneda después de todo, y se conocían mejor de lo que nadie más podría conocerlos. Los dos habían crecido juntos y se habían apoyado cuando más lo habían necesitado, Naruto más fiel y constantemente, y por eso lo apreciaba, y estaba seguro de que Itachi lo hubiera hecho también.

Seguro y conforme, Sasuke regresó a casa con el sol poniéndose a sus espaldas, y apenas pudo reprimir la sonrisa que afloró de su pecho cuando vio a Ino corriendo hacia él desde la entrada del viejo distrito Uchiha. Sin embargo, todo gesto y sensación de felicidad desaparecieron cuando notó su cara de angustia.

Ella lo abrazó con fuerza, como si temiera que alguien la apartara, y esa fue la segunda señal para saber que algo no iba bien, aunque antes de que Sasuke pudiera preguntar, ella le soltó la noticia sin rodeos.

—Gaara llegará a la aldea pasado mañana, y no puedo hacerlo, Sasuke. No puedo hablar con él —sollozó, y el corazón de Sasuke se detuvo, temiendo que ella se hubiera arrepentido de huir juntos. No obstante, cuando ella se apartó para mirarlo a los ojos, no vio el más mínimo rastro de duda en ellos —Tenemos que irnos antes de que llegue. Huir y casarnos en otra aldea, pero tiene que ser cuantos antes —dijo, y apenas terminó de hablar, Sasuke no pudo contenerse y la besó.

Estaba decidido. Huirían juntos.

.

oOo

Continuará...

.

N del A:

Y un día, al fin regresé (otra vez)

Espero que hayan disfrutado el capítulo, como también espero no tardar tanto en terminar el siguiente, ya que esta historia casi (al fin) termina.

Hasta la próxima!

H.S.