Capítulo 12 (part 2): Keisuke y Kori
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Comentarios de la autora:
Bueno, pues me ha quedado claro que al final hice bien en dividir este capítulo porque me ha ocupado la friolera de 13.000 palabras entre las dos partes O_O (más que mis previsiones más altas). Este capítulo sigue bastante la línea del original, pero he metido bastantes más cosas (y entre ellas, he ampliado el final que terminaba de forma muy abrupta). Espero que os guste :-D
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Comentarios a los reviews:
Neliel: Me alegra que te haya gustado el capítulo. ¡Espero que la conclusión también! :-D . Sobre la ambientación, de hecho he corregido algunas cosas como el calendario escolar ^_^º. Al principio directamente lo basé en cómo es aquí en España, pero en la reedición lo he acabado reformando y cambié los periodos escolares. Así que al final, en vez de empezar el curso en septiembre, Keisuke va adelantado medio año, jijiji. Pero bueno, en cuanto las relaciones, que supongo que es por lo que más lo mencionas, sé que la cultura de Japón es muy seria con las formas, pero también es cierto que se está occidentalizando mucho. Además, no me creo que no haya gente «descarriada». Es imposible. En todos los sitios hay (de hecho, en los mangas y animes hay muchísimos ^o^). Y aquí, en principio habría tres tipos, aunque no se ha entrado en la familia de Kori. Está la familia muy conservadora (Minako), la «normal» (Kori), y los que se salen de toda regla (Keisuke). Para este último, he transferido un poco al abuelo de Keisuke lo que haría yo, es decir, que no dejaría que mi familia se rigiera por los formalismos estrictos que tienen ellos ^_^º. Por eso están como una cabra, y por eso Keisuke no tiene tanto sentido de la vergüenza (que sí tiene Kori, por cierto).
Jime: ¡Madre mía! ¡Pero si ya lo estoy terminando! ¿Dónde has estado que llevo dos meses con este fic y no lo has visto hasta ahora? Jajajajaja. Bueno, sobre las historias… pues hija, yo creo que todo el mundo tiene su dosis de creatividad y cada uno la explota a su manera. Mi hermano, por ejemplo, inventa juegos de mesa o_O y te aseguro que es algo por donde yo no sabría ni empezar, de la misma manera que a mi hermano no le haces escribir dos páginas de una historia. Hay gente que escribe, otros pintan, otros hacen canciones y otros hacen mezclas con comidas que derriten las papilas ^_^º. No hay nada de extraordinario en ello, salvo el hecho de que, como humanos que somos, nos gusta lo que hacen otros y que nosotros no podemos, jijiji. Eso es lo bonito de que haya gente tan diferente por el mundo, ¿no? Disfrutamos todos de lo de todos ;-)
Kaory: ¡Uy, sí! Y ya ves que en este capítulo, la pareja KK está muy consolidada. Es una pareja estable, a diferencia de HM que estaban en la fase intermedia. Y lo sé, soy consciente de que el oportuno viaje de los padres de Keisuke era eso: muy oportuno. Pero te aseguro que antes estaba más cogido con pinzas aún »_«. En fin, espero que te guste la conclusión de esta pareja :-D
Gracias a todas por los reviews, como siempre. Y bueno, os dejo con la segunda parte del capítulo final de KK. ¡Espero que os guste! :-D
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Capítulo 12 (part 2): Keisuke y Kori
«A la verdad se llega no sólo por la razón, sino también por el corazón»
Kori
Kori se despertó suavemente tras un sueño incendiario. Había soñado con una muy vívida noche de bodas entre Kenshin y Kaoru. Supuso que los momentos anteriores compartidos con Keisuke, habían removido aquella experiencia entre los dos.
Keisuke respiraba con cierta dificultad, parecía agitado en su sueño. Kori le acarició el rostro y, dando un profundo suspiro, él se tranquilizó. Kori intentó levantarse para ir al baño pero sentía el cuerpo entumecido: estaba cansada y sentía cierta molestia entre sus piernas que volvió a recordarle lo que habían hecho.
No estaba arrepentida. Lo había meditado por mucho tiempo y había llegado a la conclusión de que no podía evitar aquello por siempre. Además, habría sido absurdo pues ni siquiera esperaba encontrarse con «Kenshin». Tampoco sabía cómo sería él. La vida que la había tocado en esta época podría haber influido en su personalidad de tal forma que ya no fueran compatibles.
Sin embargo, Keisuke y ella sí lo eran. En realidad, no había esperado encontrar a alguien así. Recordaba perfectamente cuando meses atrás había salido con él como una vía de escape. Jamás se habría imaginado encontrar en él a una persona a la que amar.
Por eso ya no le pertenecía más a Kenshin; su nueva vida le pertenecía a este hombre: tanto su corazón, como su cuerpo, como su alma. Lo único que le quedaba a Kenshin era un lugar acomodado en su corazón como un feliz recuerdo residual de su mente y sus sueños. Sólo le quedaban algunos lugares que Kori era incapaz de controlar.
Se acurrucó más contra Keisuke; otra vez parecía agitado. Kori le susurró de nuevo palabras suaves intentando tranquilizarlo y, como respuesta, obtuvo a sus manos circulando por sus caderas muy lentamente, como si fueran movimientos involuntarios por momentos activos, por momentos parados. Kori sonrió ante eso: parecía que soñaba con continuar los minutos vividos antes de dormirse.
Kori no pudo evitar compadecerse de él. Ella al menos había tenido un par de días para reponerse del periodo de exámenes, sin embargo, él no había descansado hasta ese momento. Estaba muy cansado y aun así había seguido derrochando la poca energía que le quedaba en una situación de actividad intensa. Después de calmar su ansiedad por cómo había sido la experiencia para ella, se había dormido enseguida exhausto.
Kori se quedó analizando su rostro dormido. Tenía un aspecto dulce cuando dormía y eso le hizo sonreír.
No le había mentido a Keisuke sobre cómo había vivido su primera vez. Había sido agradable y lo había disfrutado a excepción del final. Le había dolido sobre todo al principio, para luego convertirse en un dolor razonable que no había tenido problemas para soportar. Además, contaba con el factor de la inexperiencia de Keisuke que había hecho que no aguantase mucho, por lo que el malestar tampoco se había prolongado mucho en el tiempo. Kori no era ingenua con ese tema. No era de esas jóvenes que esperaban que la primera vez fuese perfecta —porque sin ir más lejos, ya había pasado por otra primera vez—, de modo que no se había decepcionado. De hecho, como bien le había dicho, había resultado mejor de lo que había esperado teniendo en cuenta que él tenía la misma experiencia que ella.
Es decir, ninguna.
Kori partía de conocer una base teórica amplia, pero a la hora de la verdad, no tenía práctica. Sin embargo, sí podía emitir un juicio de valor y podía admitir que Keisuke no había estado mal para ser la primera vez de ambos.
—Te quiero —susurró Keisuke en sueños.
Volvió a sonreír al descifrar sus murmullos como esas dos palabras de amor. Kori acarició con una mano vagamente su torso suave. La pálida luz del amanecer que se iba filtrando por la ventana le dejaba vislumbrarle. Era tan distinto este cuerpo del de Kenshin… No tenía ni una sola cicatriz. Con Kenshin podía trazar constelaciones uniéndolas. Había maltratado mucho su cuerpo, pero lo peor se lo había llevado cuando dejó de ser un asesino. Cuando era Battosai, eran muy pocos los que llegaban a tocarle siquiera. Pero después, había sufrido bastantes heridas que se habían quedado marcadas para siempre en él.
Las diferencias tampoco paraban ahí. Kenshin tenía una musculatura más definida que Keisuke. Ser un espadachín había sido la guía por la que se había trazado su vida. Era muy fuerte para la constitución que tenía. En cambio, a pesar de que Keisuke asistía a clases de kendo desde primaria, el tipo de entrenamiento no era comparable y su cuerpo estaba menos trabajado.
Eran distintos pero cada uno, a su manera, hermoso.
El corazón de Kori se detuvo. Keisuke había vuelto a hablar pero lo que había dicho no podía ser posible. Le miró por varios segundos que se le hicieron eternos pero no volvió a decir nada. Aún con las pulsaciones desbocadas, se instó a tranquilizarse. Estaba distraída con otras cosas cuando habló y seguramente lo había entendido mal. Si lo pensaba bien, lo más probable era que la dirección de sus pensamientos se hubiera mezclado con lo que él había murmurado.
Como Keisuke seguía sin decir nada, poco a poco Kori fue relajándose pensando que su mente le había gastado una broma por estar comparando a Kenshin con él. De hecho, debería avergonzarse de lo que estaba haciendo. Estaba en casa de Keisuke… ¡en su cama! Y sin embargo, se había puesto a pensar en otro homb…
—Mi Kaoru.
Kori ahogó un grito que habría despertado a cada una de las veinte plantas que tenía ese edificio. Keisuke había vuelto a repetir ese nombre y ella no podía dar crédito a lo que había escuchado.
¿Acaso la engañaba?
Se separó de él como si de repente su cuerpo quemase más que la lava de un volcán. Keisuke estaba tan profundamente dormido que ni siquiera se inmutó por el movimiento. Kori tenía sus ojos clavados en él; estaba paralizada por la impresión. Y entonces, la vista se le empezó a nublar por las lágrimas. Porque lo había dado todo por un hombre que creía que la amaba.
¿Cuántas veces le había dicho que la quería? ¿Cuántas veces le había dicho que era lo más importante para él? ¿Acaso todo era mentira?
Se arremolinaron muchos sentimientos a la vez: desengaño, dolor, traición, furia...
Y fue entonces cuando su parálisis se rompió y le dio una bofetada con todas sus fuerzas.
—¡AAAHHH! —gritó él despertándose bruscamente por el golpe. Estaba desorientado hasta que se dio cuenta de que había sido ella la que le había golpeado—. ¡¿Pero es que te has vuelto loca?! ¡Me has hecho daño!
Kori se levantó de la cama al instante.
—¡¿Qué yo te he hecho daño?! ¡Maldito cabrón! —Estaba furiosa, y en lo único que podía pensar era en que quería clavarle un puñal en su negro corazón.
—¡¿Pero qué demonios te pasa?! —El desconcierto había pasado también a enfado y Keisuke se levantó de la cama para encararla.
—¡¿Que qué me pasa?! —Y se le cayeron las lágrimas que se le habían acumulado—. ¡Que eres un bastardo, eso es lo que me pasa!
—¿Pero qué...?
—¡¿Quién es... —y tras una pausa por la rabia de tener que mencionarla escupió con desprecio—: «tu Kaoru», eh?!
Keisuke se quedó blanco como el papel y toda la animosidad que había aparecido para confrontarla, se esfumó como el humo con el viento.
—Oh, Dios mío...
Apenas había sido un susurro pero a Kori le había llegado tan alto como si lo hubiera gritado. Para ella, ésa era su confesión.
Rápidamente se dirigió al montón de ropa que se había caído de sus manos horas antes cuando Keisuke la había atrapado para besarla. No podía dar crédito al giro de los acontecimientos; cómo lo que horas antes había sido perfecto, se había convertido en algo horrible.
Se puso la yukata para dormir mientras su mente se ponía a funcionar intentando asimilar la situación. Pero por mucho que lo intentara, no sabía quién podía ser y, a la vez, podría ser cualquiera: Kori mismamente había conocido en su vida a cuatro Kaorus; no se podía decir que fuese un nombre atípico.
—¡¿Quién es ella?! —le increpó—. ¡¿Es alguna novia que dejaste aquí?! Me dijiste que no habías tenido novias antes.
—Y es cierto, Kori —respondió rápidamente—. Para mí sólo existes tú.
—¡Pues hace un momento no lo parecía! —le gritó con amargura—. ¿Es alguna mujer que no te corresponde? ¿Es eso? ¿Es tás conmigo porque ella no te quiere?
—¡Por supuesto que no! —exclamó ultrajado—. Sólo te quiero a ti, créeme.
—¿La conozco? —siguió ella sin hacerle caso. No le creía; no podía creerle. Estaba soñando con otra mujer y eso era un hecho irrefutable.
Keisuke se acercó hasta ella e intentó sujetarla.
—Kori, de verdad que ella...
—¡No me toques! —Le dio un manotazo cuando intentó tocarla y se alejó de él—. ¿Es esa compañera de tu clase? Porque si es ella tengo buenas noticias para ti: se la ve muy interesada en ti.
—Es sólo temporal —dijo restándole importancia—, se le pasará.
—Pero tú por si acaso, no ayudes —comentó sarcástica.
Kori había tragado con los celos que le daban dos de sus compañeras porque pensaba que Keisuke no estaba al tanto de la situación y no quería ponerle en un aprieto. Pero lo sabía, y no se había dignado a decirles que puesto que estaba con alguien, no eran adecuadas sus actitudes.
—¿Qué quieres decir? —preguntó confundido.
—Que lo sabías y tú has permitido que siga con sus coqueteos.
—Es de mi grupo de compañeros. ¿Qué querías que hiciera? ¿Qué la dejara de hablar?
—¡Sí! —Kori sabía que estaba siendo irracional con ese punto, y por la cara de Keisuke, él también lo sabía. Pero no metió más leña al fuego.
—Kori, por favor, deja que te explique todo.
—¿Y qué vas a explicarme? ¿Que eres un cerdo? —No tenía repertorio suficiente para él que no incluyera meter a gente inocente como lo era su madre.
Cuando él intentó tocarla de nuevo, Kori retrocedió hasta la puerta intentando escapar de él. Se marcharía de esa casa, aunque fuera con lo que llevaba puesto, pero no soportaba estar en la misma habitación que él. Llamaría a su padre y le pediría que fuera a recogerla. Pero no quería volver a verle nunca.
Sin embargo, apenas había conseguido abrir la puerta unos centímetros cuando él puso su mano y la cerró de golpe. Kori se giró enfadada.
—Y si no es tu compañera, ¿entonces quién demonios es? —A Kori le sorprendió ver que Keisuke estaba angustiado. Un traidor como él no debería sentirse así cuando se le descubría.
—Kori, ella no existe.
—¿Ah, no? —Volvió el sarcasmo—. Porque yo creo que para ti es muy real teniendo en cuenta lo que debías estar soñando en ese momento.
Como no podía escapar, esta vez Keisuke pudo tocarla. Con una de sus manos le quitó las lágrimas que recorrían su rostro. Estaba temblando; con toda probabilidad, estaría destemplado por haberle despertado de esa manera de un sueño tan «caliente» y mantenerse desnudo delante de ella. Aquel pensamiento la cabreó aún más.
—Ella no es real —continuó diciendo Keisuke desesperado—. Nunca... —se detuvo intentando buscar una excusa—. ¿Nunca te has imaginado en la adolescencia cómo sería tu hombre ideal? —Kori no tenía ni idea de a qué venía aquello—. Pues es sólo eso. No me gustaba ninguna chica y... y en mi familia creían que era raro... y empecé a imaginarme cómo me gustaría que fuese mi novia... y de ahí salió ella...
Kori se rio con amargura interrumpiéndole.
—¿Me estás diciendo que un día... —y añadió de forma sarcástica—, yo qué sé, en clase de matemáticas, por ejemplo, dijiste «voy a inventarme a mi novia ideal» y apareció ella? ¿Y que desde entonces, un simple pensamiento aparece en algo tan incontrolable como son tus sueños, porque sí?
—Kori...
—Así que, según tu teoría —siguió molesta—, si yo ahora dijese «quiero un hombre que no sea tan ¡cabrón! como mi novio», ¿soñaría con él siempre? —Keisuke se llevó una mano a los ojos desesperado, pero ella no había terminado—: Es una gran revelación, muchas gracias. —Keisuke volvió a intentar tocarla pero esta vez, Kori le golpeó para que no lo hiciera—. ¡¿En serio no se te podía ocurrir nada mejor?!
A Keisuke le empezó a temblar el labio inferior y los ojos se le empañaron con las lágrimas contenidas. Kori no se lo podía creer, ¿tanto le dolía que hubiera descubierto su juego? ¡Era un sinvergüenza, no debería importarle esto! Si con aquello pretendía ganarse su compasión, se iba a llevar una sorpresa cuando se ganara un puñetazo. Le importaba un comino cómo se sentía él. Creía que era el hombre de su vida; había renunciado a Kenshin por él. Todo aquello era una pesadilla.
Keisuke se abrazó a ella pasando por encima de sus forcejeos. Y una vez atrapada no pudo alejarle de ella.
—¿Y qué querías que hiciera? —Le temblaba la voz y su tono era tan lastimero que a otra persona que no fuese Kori le habría dado pena—. La verdad jamás me la creerías y yo te necesito. No sé qué haría si me dejases. Te quiero, Kori, te quiero más que a nadie. Te lo juro por mi vida física, que es lo único que me quedará con lo que pueda jurar si te marchas de mi lado.
Kori se echó a llorar de nuevo. ¿Cómo alguien podía decirle algo así a una persona cuando era evidente que amaba a otra? ¿Cómo se podía tener esa sangre fría de jurarle a alguien que era la única poseedora de su alma cuando era evidente que quería a alguien más?
Y entonces, Kori se dio cuenta de que ella hacía lo mismo. Quizás el hombre que ocupaba parte de su corazón fuese sólo un recuerdo, pero seguía habitando en él impidiendo la entera disponibilidad para Keisuke. Y a pesar de eso, ella era la primera que también había jurado que Keisuke era el hombre de su vida.
Por encima de Kenshin.
Debía ser masoquista, porque de pronto quiso escuchar su explicación. Por supuesto, era consciente de que ningún argumento cambiaría su resolución de largarse de allí en menos de cinco minutos. Pero la traición podía tener distintos grados de gravedad y con suerte, podía decirle alguno que le hiciera más fácil olvidarle.
—Pues tienes suerte, porque voy a dejar que me lo cuentes.
Keisuke se separó poco a poco de ella subiendo su mano derecha hasta su mejilla y quitando con el pulgar las lágrimas nuevas que habían vuelto a caer. Inspiró hondo y soltó directamente:
—¿Crees en la reencarnaciones?
Kori se quedó sin respiración y, ya puestos, sin habla. De hecho, se habría caído al suelo si no fuera porque se había recostado contra la puerta y sujetado a la manilla.
Hasta ese momento había creído firmemente que ninguna excusa podría cambiar su resolución, pero con absoluta sorpresa, Kori se acaba de dar cuenta de que no había tenido presente su propia excusa.
¿Acaso se había encontrado con otra alma descarriada? Nunca lo había pensado, pero si lo analizaba con detenimiento, era evidente que habría otras muchas almas reencarnadas por el mundo. No iban a ser ellos los únicos. Pero entonces, ¿por qué la gente no se empeñaba con más fuerza en demostrarlo? ¿Existía tanto miedo a ser tratado por loco que por eso se ocultaba como un tabú? Quizás el mundo estuviese plagado de almas reencarnadas desde tiempos inmemorables y todas sin salir a la luz por miedo a que la gente que no lo era los tratasen por dementes.
—Kori, tú estás estudiando psicología y sé que los psicólogos intentáis dar explicaciones a hechos de la mente difíciles de entender —siguió diciendo por encima de su perturbación—. Me pasé toda mi infancia entre ellos. Pero tienes que creer lo que te voy a contar.
El problema era que no le hacía falta que le explicara mucho más. Porque Keisuke no tenía ni idea de lo bien que podía comprenderle ella.
—Desde pequeño sueño con una vida pasada de hace bastante tiempo. Hasta hace unos años no supe que ese hombre había existido de verdad.
—¿Cuánto es bastante tiempo? ¿Cien años? ¿Quinientos? ¿Mil? —preguntó sin más y Keisuke se tensó desconcertado ante una pregunta que era obvio que no esperaba.
—Él… —dudó—, nació hace siglo y medio.
«Oh, Dios mío… ¡oh, Dios mío!», pensaba una y otra vez ante esa contestación. Kori intentó con todas sus fuerzas no ilusionarse con las esperanzas que tan rápidamente habían renacido de sus cenizas. Porque si de pronto le dijera que era otra persona...
Pero no pudo evitarlo; su corazón empezó a latir a un ritmo cercano a la arritmia. Precisamente era su parecido con Kenshin lo que le atrajo de él: primero el aspecto por el que voluntariamente había optado, y luego, por su actitud. Y ahora le decía que tenía una vida pasada de la misma edad de él, y que su amada se llamaba Kaoru.
Kori se echó a llorar.
—Era el asesino patriota más temido de la guerra de restauración Meiji, y años después de terminar la guerra, se cruzó en el camino de una mujer más joven que él y que se llamaba Kaoru. Es ella con quien...
Keisuke siguió hablando pero ella había dejado de escucharle. Sus sentidos se habían bloqueado: era demasiada casualidad. Porque en aquella época era indiscutible quién era el asesino más temido de todo Japón.
¡Era él… era Kenshin!
Esta vez no hubo manilla que pudiera sujetarla. Sus piernas empezaron a flaquearle sobre un suelo que de pronto perdió estabilidad y al que las paredes le siguieron en un movimiento oscilante a su alrededor.
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«Amor no es quien enciende la llama en el corazón, sino la pareja que mutuamente la mantiene viva»
Keisuke
—Es ella con quien estaba soñando. Lo aceptó en su vida sin importarle lo que había hecho y poco a poco se ganó su corazón. Ellos... —Se detuvo cuando se le hizo obvio que Kori no estaba allí—. ¿Kori, me escuchas?
Se había quedado totalmente blanca y con la mirada perdida. Entonces, empezó a tambalearse y los ojos se le pusieron blancos. Gracias a sus buenos reflejos, Keisuke la cogió antes de que se cayera al suelo.
Se había desmayado, aunque no podía entender por qué.
Keisuke la alzó en brazos y la llevó hasta la cama. Cogió su yukata del armario y se la puso por encima para cubrir su propia desnudez. Cuando regresó a ella, aún seguía sin moverse. Le acarició el rostro y le apartó algunos mechones rebeldes que le impedían verla.
Era la mujer más bella que conocía aunque no era tan estúpido como para no saber que su juicio de valor se veía alterado por lo que sentía por ella.
Porque la quería por encima de todo y de todos.
Estaba desesperado; totalmente aterrado. Lo último que había esperado Keisuke era que pudiese decir su nombre en sueños. Él había dormido toda su vida con su hermano y nunca había mencionado nada sobre ello. Por lo que sólo encontraba dos posibles explicaciones: o le hacía gracia que su familia pensara que no le gustaban las mujeres, o en realidad no hablaba en sueños pero el haber hecho el amor con Kori se los había intensificado.
—¡Maldita sea! —exclamó furioso. Malditos sueños, maldito Kenshin y maldita su vida pasada. Porque al intentar separarse de todos ellos había encontrado a Kori, pero de la misma forma, ahora se la iban a arrebatar. Sólo le habían traído problemas y tenía ante él uno muy difícil de solucionar.
Porque si ella no le creía... Si le dejase...
¿Pero cómo no iba a hacerlo? ¿Reencarnaciones? Si él estuviera en su piel, también le dejaría.
Keisuke nunca había visto a Kori tan cabreada. Había sido un momento de total desconcierto despertarse porque le había golpeado y encontrársela gritándole. Pero, ¿cómo no iba a estar furiosa? Había restos en la cama que les indicaba lo que había pasado. Aunque no se había dado cuenta en la noche, había ligeros rastros de sangre en la sábana. Hacía sólo unas horas que había entregado su cuerpo a un hombre por primera vez y ahora estaba convencida de que ese hombre la engañaba.
Un golpe era lo mínimo que le podía haber dado.
Keisuke cogió una de sus manos y la agarró fuertemente entre las suyas. Nunca había tenido tanto miedo como en ese momento. Ella lo era todo para él y por eso no pudo retener más sus ganas de llorar.
—No puedo perderte...
De pronto, su mano hizo fuerza y la cerró entre las de él. Keisuke se inclinó sobre ella para entrar en su ángulo de visión. Parecía desorientada.
—Cariño, ¿te encuentras mejor? —preguntó titubeante.
—¿Qué ha pasado? ¿Por qué lloras?
—Te desmayaste —le respondió con cuidado—. Te estaba contando quién era Kaoru y...
Kori ahogó un gritó y se abalanzó contra él. Por un momento, Keisuke pensó que iba a pegarle, pero se abrazó a él con una fuerza que incluso llegó a hacerle daño. Casi les tira de la cama del ímpetu. Keisuke ni siquiera pudo devolvérselo; estaba demasiado impresionado por su reacción, y más que lo estuvo cuando Kori se echó a reír.
Keisuke no entendía nada. Debería estar gritándole por inventarse otra historia inverosímil y no abrazándole como si la vida le fuese en ello.
—Eres tú... —susurró pletórica.
—Sí, soy yo... supongo. —Estaba tan desconcertado que no sabía qué otra cosa decir.
—Kenshin...
Se le paró el corazón literalmente. Si un cardiograma hubiera estado conectado a él, habría dado una línea recta. ¿Cómo podría saber ella el nombre de...?
Y volvió a latir muy rápido, tan rápido que incluso pensó que le daría algo.
Keisuke se separó de ella atónito.
—¡¿Qué has dicho?!
—Que eres Kenshin: el vagabundo que un día se cruzó en mi vida y la llenó con su bondad infinita y eterna paciencia.
«¡Mierda! Me ha dado un puñetazo tan fuerte que el que se ha desmayado he sido yo».
Kori se echó a reír.
—No, tú no te has desmayado —contestó a lo que debería haber sido sólo un pensamiento.
¿Pero cómo era posible que aquello fuese real? ¡La mujer que amaba en esta vida era la misma que amaba en la anterior! Era increíble; un precioso sueño del que no quería despertar. Keisuke estuvo a punto de preguntarle si le estaba tomando el pelo pero, ¿cómo nadie podía hacer una broma con eso? Este tema no era de dominio público.
—Es que no puede ser... —Fue lo único que se le ocurrió decir. Kori volvió a reír extasiada de júbilo.
—¿Sabes la de noches que no he dormido pensando que estaba engañando a Kenshin al querer a otro? Pero ahora lo entiendo todo: por eso me enamoré de ti tan rápido. Nuestras almas se habían reencontrado aunque no lo supiéramos.
Keisuke la miró aturdido, aún le costaba asimilarlo. Pero no por el hecho de que fuese Kaoru. Eso era evidente y no sólo porque se lo estaba diciendo ella, sino porque lo que le había enamorado de Kori era lo mucho que se parecían las dos. Lo que en realidad le estaba costando asimilar era que la pudiera haber encontrado de verdad.
Era increíble.
—No puedo creer que te haya encontrado —le dijo atrayéndola a sus brazos.
—Es que es difícil de creer —replicó ella divertida.
Keisuke no supo del tiempo que se quedaron abrazados en la cama entre besos y pequeñas confidencias. Incluso pasaron muchos minutos mencionando las cosas del otro que les gustaban por parecerse a su vida pasada.
—Cuando peor lo pasé fue cuando era niño —le confesó Keisuke en un momento dado—. Era demasiado pequeño para entender la vida de asesino de Kenshin.
—Kei… —susurró Kori compungida—. Ningún niño debería ver eso.
—Fue lo que hizo que acabara entre tantos psicólogos cuando era niño. Uno de ellos me recomendó apuntarme a clases de kendo para aprender la diferencia —dijo con una sonrisa—. Y así es como supe que Kenshin había existido de verdad.
—¿Sí? ¿Por qué? —preguntó con curiosidad.
—Un chico de mi clase me descubrió entrenando el Hiten. Y así fue como di con Yahiko.
Kori abrió los ojos muy asombrada.
—¡¿En serio?! ¿Está en Tokio? —preguntó emocionada.
—Sí, es mi mejor amigo. Podemos quedar cuando quieras. Le encantará conocerte.
—A Minako le dará un ataque cuando le cuente todo. —Keisuke la miró extrañado—. ¿Te crees que eres el único que se ha reencontrado con alguien? —comentó muy ufana—. Misao y Aoshi, ¿qué te parece?
—¿Minako y Hagen? —cuestionó perplejo.
—Sorprendido, ¿eh?
—En realidad, más por él que por ella. Es danés —dijo como si eso lo explicara todo.
—Gracias por señalar lo evidente —se rio de él Kori y Keisuke la reprendió haciéndole cosquillas—. Supe que Minako era Misao el día que te vimos en la cafetería.
—Me reconocisteis, y no lo confesasteis ninguna de las dos —le criticó sin mucho entusiasmo. En realidad, entendía que no dijeran nada.
—Claro que no. Me gusta vivir libre y sin antipsicóticos, gracias —replicó ella como si fuera evidente—. Ya te contaré cómo descubrimos a Aoshi. ¡Menuda historia!
—Entonces, el problema de Minako con su ex novio y demás…
—No sabes ni la mitad —rio Kori mirándole emocionada—. Te quiero tanto...
—Me gusta ese cambio de tema —señaló feliz dándole un beso.
Keisuke la contempló pensando que nunca se cansaría de hacerlo. No entendía por qué la Providencia seguía portándose tan bien con él. Kenshin terminó siendo muy afortunado y ahora él también.
—¿Por qué te has puesto tan serio? —Keisuke negó con la cabeza con una media sonrisa, pero no convenció a Kori—. Kei… —le instó.
—Me ha venido a la cabeza lo último que pensó Kenshin al morir —comentó sin darle importancia, pero Kori abrió los ojos sorprendida.
—¿Y por qué estás pensando en algo tan horrible ahora? —interpeló molesta.
—Porque extrañamente, tiene algo que ver con nosotros dos. —Kori frunció el ceño al oírle—. Recuerdo cómo miraba a Kaoru llorar; cómo pensaba que incluso así, era preciosa.
—Tenía sesenta y dos años: estaba vieja y arrugada —matizó ella ante tan absurdo pensamiento.
—Aun así, era preciosa para él —repuso Keisuke convincente. La sujetó del rostro suavemente y la miró directo a los ojos—. Recuerdo cómo mientras te miraba de pronto tuve la lucidez de que eras el castigo por mis crímenes cometidos.
Kori perdió la sonrisa y se quedó muy quieta cuando Keisuke —o Kenshin— le dijo esas palabras. Incluso supo que ella había dejado de respirar.
—¿Yo? —susurró conmocionada, y Keisuke asintió.
—Antes de morir vi el infierno que me esperaba: un lugar en el que tú no estabas.
Kori jadeó al coger aire y se le llenaron los ojos de lágrimas.
—Kei…
—Mi castigo sería enfrentar la eternidad sin ti, mientras tú vivirías en un cielo en el que serías feliz sin mí —siguió diciendo él.
—Mi cielo no es compatible con tu infierno —le dijo cogiendo la mano que mantenía en su mejilla. Varias lágrimas se le escaparon cuando le tocó.
—Y me ha quedado claro que el cielo de un inocente prevalece sobre el infierno de un culpable, porque si no, no estaríamos aquí.
Kori le abrazó con fuerza y le dio un pequeño mordisco en el hombro a modo de represalia.
—Tan listo para algunas cosas y tan idiota para otras —le recriminó—. Nunca llegaste a entender que sólo fuiste una buena persona que se inmiscuyó en una guerra para conseguir una época mejor; ni tampoco el hecho de que salvaste a más gente de la que mataste. Mi cielo no es el que prevalece; es tu infierno el que no existe.
Keisuke le dio un beso intenso con el que Kori tampoco se reprimió. La acarició y abrazó exigiendo todo lo posible de ella. Le volvió a hacer el amor aunque sin llegar a penetrarla en consideración por las molestias que debía tener de la vez anterior, pero no se reprimió con nada más.
Era suya en el más amplio término de la palabra. Vidas pasadas, vidas presentes y vidas futuras.
Siempre serían ellos dos.
—Quiero casarme contigo —dijo de pronto Keisuke.
—Y yo —le contestó ella feliz—. Pero quiero esperar a terminar la universidad.
Keisuke la observó ceñudo.
—No —negó contundente—, como mucho hasta que yo la termine y consiga un empleo. A ti te quedan varios años para finalizar. No quiero esperar tanto.
—Ya veo lo bien que has pensado todo en tan poco tiempo —replicó fingiendo molestia.
—Hay que ser prácticos, cariño. —Y momentos después, Keisuke se echó a reír.
—¿Qué te hace tanta gracia? —inquirió Kori.
—Mi familia, y que ya no temo que huyas por ella. Al final mi padre les va a grabar en vano. Cuando te vean por primera vez y les diga sin más que eres mi prometida, volverán a quedarse de piedra —rio.
Kori le dio un golpe en el brazo y Keisuke volvió a besarla como si hiciera una eternidad que lo hacían.
Quizás, en cierta forma, ese pensamiento no andaba muy alejado de la realidad. Porque habían sido muchos años separados, muchos años de búsqueda, de indecisiones y remordimientos. Pero al fin estaban juntos otra vez.
Finalmente, los juegos del destino habían terminado.
— * —
Notas finales de la autora:
Y hasta aquí llega el fic de «Juegos del destino». Bueno, en realidad, la historia llegaba hasta más o menos cuando Keisuke descubría que no se había desmayado (aunque estaba escrito de otra forma ^_^º) y medio folio más que eran cuatro párrafos que resumían quién conoce a quién y Keisuke diciendo que se casarían en cuanto terminase la universidad, jijiji. Sí, era un final súper escueto (¡con lo que a mí me gustan los epílogos! O_O ¡Quién me ha visto y quién me ve!), y por supuesto, no lo podía dejar así ^_^º. Así que ahí he añadido unas cuantas páginas más que espero que os hayan resultado interesantes.
Y bueno, espero que os haya gustado el fic :-D . Es una historia a la que tenía bastante cariño y estoy contenta de haberla reformado. Antes ya me gustaba la historia, pero ahora me gusta muchísimo más *o*.
Sobre el hipotético epílogo «reunificador» donde aparecerían Sano y Megumi, tengo un esbozo de comienzo pero nada definido para decir. Por eso, en principio, «Juegos del destino» está terminado y así constará en su estatus. En caso de que finalmente hiciera algo, lo veríais posteado aquí, así que tampoco hay mucho problema de que os lo perdierais ;-)
En cuanto a futuros fics, se me han ocurrido un par de líneas por donde trazar algo, pero sin mucho fundamento. Así que de momento, no tiene pinta de que salga nada nuevo (como veis, no digo que no voy a escribir nada más porque ya me tragué mis palabras no hace mucho tiempo u_uº —» pero ahora va MAEC, y realmente no vuelve a escribir »_« ).
Como siempre, los reviews los leo y los contestaré siempre y cuando tengáis cuenta creada y os pueda enviar MP. Si no, lo dicho, los leo, así que podéis dejar uno tranquilamente.
Y por último (ya que hubo gente interesada en leer mi novela), escribo novelas románticas originales, y en cuanto mis «conejillos de indias» que espero encargar pronto lleguen a casa y pueda dar el formato que elija a la novela extensa que tengo terminada, se podrá descargar desde mi web para leer (espero que esté para principios del año que viene). Las que me leéis y sois de mi foro, obviamente, ya sabéis dónde encontrarme y dónde se posteará la novedad cuando salga. Pero a las que no, el link está en mi perfil, aunque si buscáis Cazadoras del Romance en cualquier buscador, allí que os sale ;-)
¡Hasta otra!
