HOLA! ¿ME HAN ECHADO DE MENOS? YO SÍ Y MUCHO.

¿QUIEREN EXPLICACIONES POR MI RETRASO? HE ESTADO ENTERRADA EN ESTUDIO, Y MÁS ESTUDIO. NO HABÍA TENIDO TIEMPO DE ACTUALIZAR, PERO AQUI ESTOY!

COMO SEA, DISFRUTEN DEL CAPITULO. Y TENGO QUE AGRADECER MUCHO, PORQUE EL CAPITULO ANTERIOR RECIBIÓ CASI 40 REVIEWS, Y LA VERDAD ES QUE CASI ME HAGO PIS CUANDO ME DI CUENTA.

MUCHAS GRACIAS POR TODO EL APOYO, SON LOS MEJORES!

DISCLAIMER: SUZANNE COLLINS ES LA ASESINA QUE CREÓ A ESTOS PERSONAJES LOL


Capitulo 14:

El día de ayer me he reído.

Creí que sería algo digno de recordar, ya que, considerando mi situación, reír es algo inusual. Peeta me invitó a su casa para preparar galletas, y me dejó utilizar el glaseado para decorar las mías. Él se reía porque yo era un desastre: intenté dibujar árboles y flechas, que parecían ser dibujos de un niño de 5 años, torcidos y gran parte de lo que debía ser la copa del árbol estaba fuera de la galleta. Peeta se ofreció a ayudarme, pero me negué, así que siguió riéndose, eso me enojó y terminé manchándole la cara con el glaseado. Me miró como si me hubiera vuelto loca, pero no intentó limpiarse; al contrario, se pasó la mano por la mejilla quitándose un poco y luego me atacó a mí con él. Al instante eso se convirtió en una guerra de glaseado, y ambos acabamos en el suelo riéndonos tan fuerte que nos dolió la panza.

—Mira lo que le has hecho a la cocina. —me dijo, sin dejar de reír refiriéndose a lo sucia que había quedado. El glaseado estaba en todas las encimeras.

—Tú empezaste.

—¿Yo?

—Sí—dije, a la defensiva—. No vuelvas a burlarte de mis dotes artísticas.

Eso, por supuesto, provocó otra ronda de risas.

Luego de limpiar me di cuenta de que era bastante tarde, y no rechacé la invitación de Peeta para quedarme a dormir, básicamente porque la noche anterior había logrado dormir muy poco, luego de que una pesadilla sobre Prim me despertara. Dormir con Peeta significaba una noche completa de descanso.

Ahora estoy sentada en la sala de estar, poniéndome un par de curitas en los dedos, luego de que Buttercup me arañara y mordiera al bañarlo. Ha vuelto de otro de sus viajes, y esta vez volvió hecho un asco, con el pelaje tieso por estar cubierto de lodo seco. Normalmente no me importaría lo que hiciera, pero no podía dejar que deambulara por la casa de esa manera, así que no vi otra solución que darle un baño. A él no le gustó, y a mi tampoco; aunque debo admitir que tal vez fui un poco ruda al arrojarlo en la bañera.

—¿Qué te ha sucedido?— me pregunta esa voz de pronto, levanto la mirada para ver a Peeta en la entrada de la sala, no he escuchado que entrara en la casa, pese a que es la persona con las pisadas más ruidosas que conozco.

—Ese horrendo animal ha decidido afilarse las garras con mis dedos. —le contesto, indicándole a Buttercup, que está lamiendo el pelo aún húmedo de su lomo.

—¿Un día complicado?

—Bastante. —confirmo, y me gano un bufido del gato.

Peeta se ríe, pero no se acerca, de hecho sigue de pie junto a la entrada de la sala.

—He estado en la panadería hoy —me dice, sonriendo, no ha ido a la panadería desde la última visita que le hicimos juntos—. No me ha pasado nada, no he tenido ningún episodio ni flashbacks.

Puedo notar la clara felicidad en su voz, y eso me hace feliz a mí también. Había tenido algunas dudas sobre como esto le afectaría, pero ahora veo que ha ido bien y que lo ha ayudado.

—Eso es genial. —respondo, devolviéndole la sonrisa.

—Así que he querido agradecerte, y te he traído algo. —dice ahora, y siento calor en las mejillas. No estoy acostumbrada a regalos, y menos por agradecimientos.

—No tienes porqué darme nada…—me apresuro a decir.

—Cierra los ojos. —replica Peeta.

—Ni hablar. —digo, de inmediato. ¿Qué cree que soy? ¿Una niña pequeña?

—Vamos —insiste él —, si no los cierras no será divertido.

Suelto un exaspero antes de permitirme cerrar los ojos, siento las pisadas de Peeta acercarse a mí.

—No los abras aún, ¿está bien?

—Me estás haciendo lucir como una tonta, date prisa.

—Ya puedes abrirlos.

Y lo hago, abro los ojos para encontrarme frente a la pintura más preciosa que haya visto. Peeta ha pintado el lago, con cada detalle a la perfección; la manera en que el sol se refleja en el agua, la sombra de los árboles alrededor, la vieja casa con sus ventanas rotas…pero lo que más me llama la atención son las personas a la orilla del lago. Un adulto y una niña, de espaldas mirando las aguas. El hombre, de cabello oscuro, usa una chaqueta de caza y se aferra a la mano de una niña de vestido, con el cabello del mismo color, separado en dos trenzas. No me doy cuenta de que estoy llorando hasta que Peeta me pregunta si estoy bien.

—¿Cómo lo has hecho?— digo, sin quitar la vista de la figura de mi padre.

—Lo he imaginado, y lo pinté —responde —. Al principio sólo quería dibujar el lago para dártelo como una forma de verlo sin tener que viajar hasta él, pero luego te imaginé con tu padre y lo agregué. No tengo recuerdos de su rostro, así que se me ocurrió pintarlos a ambos de espaldas.

—Es…es precioso —consigo soltar, sonriendo de manera tonta —. Muchas gracias.

—Me alegra que te guste, tenía muchas dudas sobre dártelo. —responde, haciendo el cuadro a un lado.

—¿Dudas?

—Sí. No estaba seguro sobre tu reacción, se me ocurrió que podría molestarte, pero recordé la manera en que dijiste que sólo compartías con tu padre en el lago. Así supe que era un recuerdo alegre y me animé a traerlo.

Me encanta. Al ver la pintura casi puedo escuchar la voz de mi padre, cantando para mí junto a los sinsajos.

—¿Puedes dibujar cualquier cosa que se te ocurra?

—No todo —me dice Peeta, sentándose a mi lado —. Tengo que imaginar bien la escena para lograr plasmarla, es complicado pintar algo que nunca has visto. Esto no me costó tanto trabajo, porque el lago se me quedó bien grabado en la mente y te recuerdo muy bien de niña, sé que tuve que haber visto a tu padre más de una vez, pero su rostro no estaba lo suficientemente claro para pintarlo.

—Entonces, si yo te pidiera un retrato de Prim…

—Podría hacerlo muy bien. —termina la frase por mí, y con eso ya estoy sonriendo otra vez.

Oh dios, hay tantas personas que me encantaría conservar en retratos que estoy segura que no habría suficiente espacio para colgarlos. Gente que no quiero olvidar nunca.

Es entonces cuando se me cruza la idea por la mente: un libro, similar al libro de plantas, pero con las personas que perdimos. Sería perfecto, un solo lugar para honrar a todos aquellos que murieron por mi culpa.

—Tengo una idea— le digo, poniéndome de pie; Peeta me mira curioso —, hay que confeccionar un libro. Como el de plantas. Lleno de imágenes de los que murieron. Con información sobre ellos, para que nunca los olvidemos.

Peeta parece considerar mi propuesta por unos segundos, luego me mira con ojos brillantes y se muestra muy complacido con mi idea.

Llamo al doctor Aurelius de inmediato, quien parece sorprendido y a la vez emocionado de que haya decidido utilizar el teléfono por mi cuenta. Le cuento lo que se me ha ocurrido de inmediato y él me expresa todo su apoyo para llevarlo a cabo, prometiéndome que me enviará un cargamento especial con pergamino para que nos pongamos a trabajar; luego finalizo rápido la llamada, antes de que pueda preguntarte si deseo tener una sesión ahora mismo.

—Nos enviará papel pergamino en el siguiente tren. —le digo a Peeta, luego de dejar el teléfono en su lugar.

Él asiente, con una pequeña sonrisa cómplice danzándole en los labios.

—¿Qué?— pregunto.

—Es que estoy orgulloso de ti, eso es todo.

¿Orgulloso? No veo el punto para que lo esté, pero le sonrío de todas maneras.

—Mírate—dice Peeta, como si supiera que necesito una explicación —, cuando volví al distrito vi a una chica lastimada, en los huesos, que apenas parecía viva. Y aquí estás ahora, mucho más sana, siendo capaz de levantar el teléfono para llamar a Aurelius. Acabas de dar un enorme salto entre chica que se encerraba en el armario y esta que decide tener una actividad como tratamiento.

Es gracias a ti, quiero decir, pero como es habitual en mi, las palabras se quedan estancadas en mi garganta.

—Pero sólo porque alguien me ayudó. —le digo, y me alegra ver en su expresión que parece recordar la vez que le dije esto.

—Dijiste eso en nuestros primeros juegos, ¿Real o no?

—Real. —respondo, y me doy cuenta de que ha pasado un tiempo desde que Peeta no usa este jueguito para saber cosas. Sé que los recuerdos deben seguir alterados, pero me pregunto porqué no me ha pedido ayuda con sus dudas.

—Me preguntaba…—dice a continuación, pasándose una mano por el cabello — , si querías acompañarme a mi casa.

—Claro. —respondo de inmediato, ¿por qué luce tan nervioso?

—Deja que hable, puede que no te agrade la idea. —me detiene él, antes de continuar: —Ya que el estar contigo en la panadería me ayudó a no tener un episodio, me preguntaba si querrías ver las cintas de los juegos conmigo.

Peeta me mira como si tuviera la necesidad de pedir perdón por eso, pero en realidad no puedo culparlo ¿o sí? Esto es justo lo que me estaba extrañando, y no puedo decirle que no pese a que lo último que quiero hacer en mi vida es revivir esos recuerdos.

—¿No las has visto ya demasiadas veces?— pregunto, de pronto poniéndome tensa.

—En el Capitolio. Aurelius me las envió algunas semanas después de que volviera y dijo que sería buena idea que las viera contigo.

—¿Y no me lo dijiste hasta ahora?

—Hacerlo hubiera sido cruel, Katniss —dice, encogiéndose de hombros —. No estabas mentalmente preparada para algo así, pero ahora siento que lo estás. Por eso te lo estoy preguntando, siempre puedes decir que no.

¿Puedo decir que no? Porque la verdad es que siento que no tengo esa opción, sobre todo porque me es imposible negarme ante la mirada suplicante que veo en su rostro.

Debo suprimir el deseo latiente de decirle que no, sólo por el recordatorio de que me prometí a mi misma no volver a abandonarlo. No luché por él cuando estábamos en el distrito 13, y aquí lo tengo ahora pidiéndome ayuda. No hay manera de que pueda negarle esto.

—Está bien. —acepto finalmente. Peeta luce desconcertado, creo que ya estaba preparado mentalmente para que rechazara la propuesta.

—¿Estás segura?

—Más segura de lo que voy a estar luego, así que será mejor que nos demos prisa antes de que me arrepienta.

Cuando llegamos a casa de Peeta me voy directamente a su sala de estar y me acomodo sobre el sofá, atrayendo mis piernas hacia mi pecho. Peeta desaparece un momento para luego volver con una pequeña caja y un plato de galletas.

—Han sobrado de ayer, pensé que las querías. —dice, extendiéndome el plato. Lo recibo, pese a que las galletas con glaseado y las cintas de los momentos más traumáticos de mi vida sean una combinación bizarra.

—¿Qué cintas tienes?— le pregunto.

—Todo—responde, revisando el interior —. Desde las cosechas hasta las entrevistas. ¿Qué deberíamos ver primero?

—No lo sé, tú me trajiste aquí, tú decide. —suelto, y me trago la culpabilidad que siento de inmediato porque eso sonó algo agresivo.

Peeta hace caso omiso de lo que he dicho y escoge una, apresurándose en colocarla en el reproductor para verla. Luego se sienta junto a mí, o más bien junto al plato de galletas que he puesto entre nosotros.

—¿Cuál has elegido?

—La primera arena.

La cinta comienza mostrando la cosecha, están editadas para que sólo muestren nuestras tomas así que vemos a Effie elegir el papel en la urna de cristal de las chicas y pronunciar el nombre de mi hermana. El dolor que me atraviesa al verla hace que sienta picor detrás de los ojos; su carita pálida llena de pánico me hace teletransportarme de nuevo hasta ese día, querer defenderla de nuevo, ponerla a salvo. Veo a una versión desesperada de mi misma ofreciéndose como tributo, gritándolo desde el fondo de mis pulmones mientras intento poner a Prim detras de mí para que no la toquen. Sólo quería protegerla, todo lo que hice, toda mi vida se basaba en mantenerla a salvo, y no funcionó. Me la arrebataron de todas maneras, incluso contra todos mis esfuerzos. Peeta detiene la cinta de inmediato al oír mis sollozos, sus brazos me encuentran y me arrastran hasta su regazo, de modo que estoy sentada sobre sus piernas. Apoyo mi cabeza en su hombro y dejo que pronuncie palabras dulces.

—Lo lamento, sabía que era una mala idea. Debí saber que no estabas lista aún.

El problema no es que no esté lista, el problema es que posiblemente nunca lo estaré. No creo que este dolor vaya a acabar alguna vez, es como los episodios de Peeta, no puedo controlarlo sólo viene a mí de pronto cuando algo lo desata. Es un dolor con el que tendré que aprender a vivir, porque no quiero llorar cada vez que recuerde a mi hermana.

—La voy a detener, ¿está bien? —me dice Peeta, con los labios enterrados en la parte superior de mi cabeza— No tienes porqué verla.

Pero no puede detenerla, porque si lo hace no me estará haciendo ningún favor. Evitar ver estas cosas no hará que el dolor se detenga, sólo hará que se acumule dentro de mí

—No lo detengas —contesto, utilizando mi mano para secarme la mejilla —, estoy bien. En serio, deja que continúe.

Peeta se queda en silencio unos segundos antes de dejar que la cinta avance de nuevo, esta vez me quedo en su regazo, disfrutando de la sensación de sentirme protegida entre sus brazos.

La cosecha continúa rápidamente, al igual que las escenas del desfile, las clasificaciones por el entrenamiento, y por supuesto las entrevistas. La primera pregunta de Peeta llega en el momento en que confiesa su amor por mí frente al país.

—¿Por qué hice eso? —dice, y luego agrega rápidamente: —Me refiero a que, ¿fue una estrategia o sólo estaba diciendo la verdad?

—Creo que en realidad sólo decías la verdad utilizándola como estrategia.

—Tú luces muy avergonzada.

—Es porque me sentía avergonzada —confirmo —. No me gustó que dijeras eso en televisión.

—Luego me atacaste, ¿Real o no?

—Real. —respondo, y él me mira horrorizado, como si todos sus pensamientos sobre mí volvieran a ser contradictorios. —Estaba enfadada porque no sabía que había sido una estrategia y te empujé, te caíste sobre una urna y te hiciste daño en las manos. Pero de saber que todo estaba planeado no me hubiera alterado tanto.

Peeta parece conforme con la respuesta, y sigue mirando la cinta.

Lo siguiente que muestran son nuestras tomas en la arena, Peeta engañando a los profesionales, yo escapando del fuego, Peeta vigilándome en el árbol toda la noche, yo arrojando las rastrevíspulas sobre ellos. Puedo sentir como se pone tenso al ver a esas abejas, cuyo veneno le hizo tanto daño. Me veo a mí misma quitándole el arco al cuerpo sin vida de Glimmer y a Peeta corriendo hacia mí, poniéndome en pie y empujándome para que corra. Cato le corta la pierna a Peeta y enseñan nuestras tomas correspondientes, yo haciendo alianza con la pequeña Rue, volando la comida de los profesionales, intentando rescatar a Rue, asesinando a Marvel, cantándole a mi aliada cuando agonizaba, mientras Peeta se estaba muriendo en la orilla del arroyo. Él suelta una risita cuando llega el momento en el que grito su nombre arriba del árbol.

—¿Y eso a qué se debe? ¿Fue parte de la estrategia?

—No, simplemente se me salió.

No vuelve a hablar hasta que doy con él en el arroyo.

—Querías ayudarme, ¿cierto? —pregunta, y me acuerdo de la carta donde preguntaba por lo que pasó en el arroyo.

—Por supuesto que quería ayudarte, ¿no te quedó claro al verlo?

—En realidad pensaba que me estabas empeorando la herida con la excusa de querer ayudarme.

—Yo no te haría daño, Peeta. Hablo en serio. —le digo, y él me mira con culpabilidad; como si se estuviera arrepintiendo de cada cosa mala que ha imaginado de mí.

—Lo sé, no desconfiaría de ti jamás.

—¿En serio?

—Por supuesto —contesta él, sonriendo de manera dulce — Comencé a darme cuenta de eso cuando estábamos en el Capitolio. Te pedí miles de veces que me mataras, pero no lo hiciste. Y cuando me dijiste que nos protegíamos el uno al otro, muchas de las cosas que ya me habían mostrado en las cintas comenzaron a tener sentido para mí.

Noto un calor sofocante en el pecho, y no me contengo en besar a Peeta. Aunque, por supuesto, es solo un beso en la mejilla en gesto cariñoso, no sería capaz de iniciar ese tipo de contacto entre nosotros y él no merece que esté jugando con sus sentimientos si no le voy a ofrecer nada.

Me parece curiosa la manera en que me refiero a sus sentimientos, como si parte de mi estuviera segura de que siguen ahí. Sin embargo, no lo sé. No pondría nombre a lo que él siente por mí, porque en realidad no tengo derecho a hacerlo, pese a que estoy bastante segura de me ama una vez más. Y yo…¿y yo qué? No sé como me siento con respecto a Peeta. Me alegra tenerlo conmigo, me gusta la sensación de sus brazos poniéndome a salvo, y sus besos son…El problema es que no debería incluir los besos a esta reflexión, porque no tiene caso. Somos amigos, y lo único que siento hacia Peeta es cariño, porque ambos hemos pasado por cosas muy duras, y ahora somos lo suficientemente afortunados de tenernos aún el uno al otro.

Debo llevar mucho tiempo en silencio, porque Peeta me mira extraño.

—¿Sucede algo?— pregunta.

—No, nada. —digo, y me concentro en la cinta de nuevo.

Siguen mostrando las escenas de la cueva. A continuación se ven muchos besos, lo que me pone incomoda, ya que obviamente estaba actuando para las cámaras y Peeta no.

Las siguientes escenas pasan bastante rápido, anuncian el banquete en la Cornucopia, discuto con Peeta sobre ir a conseguir la medicina, Haymitch envía el jarabe y se le doy a Peeta junto con la sopa. Nos muestran a Clove y a mí peleando y a Thresh salvándome la vida al asesinar a Clove y dejándome libre como agradecimiento por Rue. Vuelvo a la cueva para inyectarle la medicina a Peeta y me desmayo de inmediato. Hay escenas de él cuidando de mi, vendando mi cabeza, arropándome y dándome de beber hasta que me despierto. Me cuesta mucho concentrarme en lo que sucede en la cinta cuando el momento del beso llega. Porque este es muy diferente, y él también lo nota de inmediato. Es muy obvio, los demás besos eran un mero contacto de labios, pero este fue el único que realmente sentí como un beso debería sentirse. Trato de permanecer implacable pese a que siento las mejillas calientes al comprobar que mi rostro expresa cuanto deseaba otro beso. No quiero mirar a Peeta en este momento así que finjo que la cinta es muy interesante y no hago contacto visual con él en ningún momento. Los juegos siguen avanzando, y me veo a mi misma buscar a Peeta desesperadamente luego de no oír respuesta suya. La Comadreja muere, y entonces nos dirigimos al lago a esperar a Cato. Volver a ver los mutos con las características de los tributos que murieron me hace recordar porqué no quería ver esta cosa otra vez, está claro que tendrán un lugar privilegiado en mis pesadillas de esta noche.

Me hallo a mí misma enterrando la cabeza en el cuello de Peeta, tratando de no ver lo que sucede. No vuelvo a mirar hasta que sé que Cato ha muerto y sólo quedamos los dos. Anuncian la anulación del cambio de reglas y nos instan a matarnos el uno al otro. Saco las tan conocidas bayas que iniciaron la llama de la rebelión y el Capitolio se ve forzado a declararnos vencedores a ambos. Nos sacan de la arena y Peeta se derrumba enseguida en el aerodeslizador; luego, una vez más, entro en desesperación mirando a través del cristal que me mantiene separada de la habitación donde intentan reanimarlo. Lo siguiente que aparece en pantalla es nuestro reencuentro en vivo. Peeta luce más que feliz de verme, mientras que yo mirándome a mi misma puedo notar lo nerviosa que estaba. Haymitch nos sienta en el sofá confidente y me acurruco al lado de Peeta enseguida. Nos hacen revivir los juegos, y la similitud con lo que está pasando ahora mismo es impresionante. Sólo con la diferencia de que ahora estoy entre sus brazos porque quiero hacerlo, y porque sólo somos amigos.

Cuando Caesar me hace la pregunta de que cuando me enamoré de él, noto que Peeta se pone tenso. Mi respuesta es burda, y ni yo misma me creería.

—Estabas mintiendo. ¿Real o no?

—Real. —digo, debería sentirme…no lo sé, ¿culpable? Tal vez no, después de todo es la verdad, estaba mintiendo. Sólo quería salvarnos el pellejo.

—Eras muy obvia. —dice él.

—¿Estás hablando en serio?— digo, arqueando una ceja.

—Por supuesto, Katniss. Eres pésima mintiendo, ya lo sabes. Viste la oportunidad en lo que dijo Caesar y la tomaste enseguida, podrías haber pensado en otro momento.

—¿Ah sí? —contraataco ahora, tratando de defender mis pobres excusas. — ¿Qué otro momento hubieras elegido tú?

—No lo sé…—responde él, pensativo. —Oh, el beso en la cueva.

—¿A qué beso te refieres?— pregunto, inocentemente.

—Tú sabes a qué me refiero…

Por supuesto que sé a qué se refiere, pero no estoy dispuesta a ir por ese camino, así que me quito de sus piernas y me pongo en pie.

—Necesito usar tu baño.

Mientras salgo de la sala de estar puedo escucharle soltar una risita, mientras se come una galleta.


COMO SIEMPRE, GRACIAS POR LEER. ACTUALICÉ A LAS 2 DE LA MAÑANA EN DIA DE ESCUELA. ESTO DEBERÍA CONSIDERARSE UN CRIMEN(?)

SI ERES DE LAS PERSONAS QUE DEJA REVIEW...TE AMO, Y SI NO DEJAS REVIEW...BUEH, TAMBIÉN TE AMO XD

HE RECIBIDO VARIOS REVIEWS DICIENDO QUE DEJE DE PROMETER A FINNICK...PERO...

FINNICK EN TANGA (O SIN TANGA) PARA TODOS SI DEJAN REVIEW LOL