Tras llegar a su apartamento solo podía pensar en esas fotos, había pasado el mejor día de su vida y en cambio estaba empañado por esas imágenes. Fue rápidamente a la cocina y cogió el sobre donde se encontraban esas fotografías, volvió a verlas una a una, en ellas se podía ver a sí misma la noche de antes con Regina en la cabaña del parque besándose y otras en las que se la veía un año atrás con una actriz con la que mantuvo una especie de relación pero que ni siquiera había confirmado su homosexualidad. Estaba nerviosa y frustrada no sabía que hacer con esas imágenes ni con que fin habían acabado en su casa, tras llamar a su asistenta, ella le había confirmado que el sobre había llegado el viernes por la mañana y que ella lo había dejado sobre la encimera de la cocina.

Cogió el sobre y las fotos y se fue a su despacho, justo después de servirse una copa de vino su móvil vibro y no pudo evitar una sonrisa al ver un mensaje de la morena;

R; No hace ni tres horas que te has ido y Henry ya te echa de menos.

E; Una lastima que el único Mills que me eche de menos sea tu hijo. ;)

R; Yo no he dicho que fuese el único.

E; ¡Qué sorpresa! Regina Mills admitiendo debilidad por algo.

R; ¡Tonta! Te dejo que mi madre ya va a servir la cena, pasa buena noche.

E; Tú también. Y sueña conmigo.

Tras cerrar esa breve conversación Emma siguió analizando las fotos y al coger el sobre un papel cayó al suelo. Lo recogió y lo abrió viendo como en él aparecía un texto escrito a máquina.

Emma Swan, imaginó que será toda una sorpresa para ti ver estas imágenes

pero que te quede claro que nadie se mete conmigo y se va de rositas

probablemente estés preguntándote quien soy o quizás ya lo sepas

pero aún así te voy a dar un tiempo para que asimiles toda esta

información, contactaré contigo cuando crea conveniente.

Tiro el papel sobre la mesa y comenzó a analizar cada una de las palabras que aparecían en aquella nota, realmente no sabía quien podía ser. En los últimos meses había recibido alguna nota y algún correo amenazador por parte de corporaciones rivales o personal descontento pero nada tan personal y ni con tanta intención de herirla.

Tras varias horas reflexionando sobre como actuar decidió que el lunes hablaría con Killiam y que él se encargaría de llevar a cabo la investigación. Estaba agotada así que se marchó a dormir.

A eso de las 5 de la tarde y tras haber pasado toda la mañana entre papeles y documentos escucho su portero sonar, sabía que eran Henry y Regina ya que había hablado con esta unas horas antes para concretar la hora y todo lo demás. Emma se levantó y abrió el portón mientras esperaba a que subieran retiró la copa de la noche anterior y se fue a abrir la puerta. Esperó a que Henry entrara y se colocará en el salón para poder apartar un poco a Regina y volver a besarla, fue un beso pasional y exigente, esa noche había echado de menos a la morena a su lado y necesitaba compensar todo eso con ese beso, donde sus lenguas jugaban y donde la tensión y la excitación aumento de manera demasiado rápida. Tuvo que ser la morena la que parase el beso, entre otras cosas porque se encontraban en el rellano del edificio y aunque no debía aparecer nadie no era lo apropiado.

Buenas tardes, te he echado de menos.

Yo a ti también, pero mi hijo sigue ahí dentro así que mejor no jugamos con fuego. Dijo la morena sonriendo y dando un último beso a la rubia.

Las dos entraron en el salón, Emma se sentó al lado del niño sobre la alfombra mientras que Regina se sentaba escrupulosamente sobre el sofá. Los dos comenzaron a jugar y todo se lleno de risas y voces donde no se podía diferenciar cual de los dos era el niño y cual la adulta. Regina prefirió mantenerse algo alejada de los videojuegos y estuvo riendo y compartiendo pequeños momentos con ellos, tan solo a la hora de jugar al Guitar Hero, Emma abrió un pequeño armario del que saco tres guitarras, a Henry le entrego la más chula de todas con llamas rojas, a Regina una más simple y ella se quedo con la de forma triangular.

Emma, esto no es buena idea. Es mejor que sigáis jugando los dos solos y a mi me dejéis disfrutar de la lectura.

Eres una aburrida, Miss Mills.

Venga, mama. Si es muy fácil solo tienes que darle a los botones según aparecen en la pantalla. Además así formaremos un grupo muy chulo.

Creó que ni la mejor abogada del mundo podría contradecir semejante argumento.

Sois unos críos... Esta bien.

Emma encendió el juego y los tres empezaron a tocar, la rubia parecía una experta y sus movimientos era de una experta. Bailaba y cantaba mientras tocaba su guitarra, Henry se medio defendía pero la morena no parecía dar una y eso provocaba las risas de los otros dos.

A eso de las 8 pararon de jugar y Emma se marchó a pedir algo de cenar. Regina la siguió porque a pesar de haber pasado una tarde increíble notaba cierto color de preocupación en los ojos de la rubia.

Emma, ¿Qué te sucede? Y no me digas que nada que creó que te conozco un poco para saber que no es así.

Sólo tengo demasiadas cosas en la cabeza. Pero no te preocupes yo me encargo de todo.

Se que no hemos hablado mucho, pero lo que pasó la otra anoche para mi no es ninguna tontería y si estoy aquí es porque quiero algo contigo y eso implica que si algo te preocupa me lo cuentes. Dijo nerviosa y dando muchas vueltas y sin usar palabras claras, porque realmente no podía y no sabía como hacerlo.

Para mi tampoco fue ninguna tontería. Yo lo quiero todo contigo, ya te lo dije y te lo repetiré cada día de mi vida. Yo te quiero cada día a mi lado. Afirmó guiñándole un ojo y acercándose a la morena para cogerla por las caderas y volver a juntar sus labios, cada vez que estaba a su lado no podía evitar querer tocarla y devorarla. ¿Te gustaría quedarte a dormir?

Emma, sabes que me encantaría pero no estoy preparada para esto. Hace años que no estoy con nadie y mucho menos con una mujer. No se como explicárselo a Henry o a mi madre. Es muy difícil para mí. Dijo nerviosa y pasando su mano por su pelo, señal que Emma había notado que hacía cuando se sentía acorralada y sin saber que hacer.

No te preocupes por Henry, él pensará que es una aventura más. Además... Se separó un poco de ella y puso cara de circunstancia, ya que sabía que iba a ser muy directa. Digamos que ya tenía previsto esto. He salido esta mañana y he comprado un pijama para el chico y otro para ti.

¿Emma? Estas loca. Dijo Regina sorprendida y a la vez intentando demostrar enfado por el atrevimiento de la rubia. Creó que estas empezando a darme algo de miedo.

Creo, Miss Mills, que le doy de todo menos miedo. Emma se alejó de ella y salio al salón donde se encontró a Henry jugando y riendo a carcajadas.

¡Emma, corre!. Voy ganando.

Ya lo veo campeón, te estas volviendo un experto en esto.

Creo que estas malcriando a mi hijo, Emma. Dijo la morena apareciendo en el salón.

Henry, ¿Ves ese puerta de ahí? Pues si entras encontraras una bolsa con un regalo para ti.

¡Mama! ¿Puedo ir a mirar? Dijo el niño con carita de pena.

Si, pero ten cuidado.

Emma la miró con cara de victoria y una gran sonrisa en su cara. Regina negó con la cabeza pero acabó cediendo ante los encantos de ambos. Realmente le daba miedo, le daba pánico la velocidad a la que todo iba, miedo a saber que estaba en el lugar que quería estar pero si saber si eso duraría o si realmente todo eso era real. Henry estaba encantado y feliz y ella, aunque le costase reconocerlo, se estaba enamorando perdidamente de la mujer que estaba sentada a su lado en el sofá.

Las dos esperaron unos minutos tan solo mirándose a los ojos y acariciándose las manos disimuladamente. Henry volvió corriendo al salón con su pijama en la mano emocionado, Batman era su superhéroe favorito y Emma lo había supuesto al ver sus cómics así que esa fue su elección, un pijama de Batman.

Me encanta, Emma. ¿Cómo sabías que era mi personaje favorito?

Porque yo soy muy suspicaz. Dijo revolviendo el pelo del niño y echando una mirada pícara a Regina. Ve y pontelo, para ver si te queda bien.

El niño salio corriendo del salón y volvió a entrar al otro cuarto mientras Emma cogia de la mano a Regina y la llevaba hacia una de las habitaciones que no le había enseñado al llegar. Al abrir la puerta se encontró un hermoso dormitorio, decorado en blanco y negro con los cojines de la cama y algunos adornos en rojo. Parecía sacado de una película, era la combinación perfecta entre armonía y paz, o al menos esa era la sensación que le dio al entrar en él.

Emma se quedó un poco más atrás y cuando se giro para verla esta tenía una gran sonrisa en sus labios y le indicó que abriese el paquete que había sobre la cama. La morena la miró alzando una ceja, movimiento que hizo que la rubia soltara una carcajada.

Al abrir el paquete encontró en el un precioso picardias rojo de seda, la morena se giro con la prenda en la mano y alzó la vista para encontrarse a Emma con una gran sonrisa y sus ojos oscurecidos por la excitación del momento. Emma cerró la puerta tras ella y se acercó a la morena colocando sus manos en las caderas de Regina y acercando sus labios. Fue un beso intensó y una clara declaración de intenciones para lo que podía pasar esa noche.

Creo, Miss Swan que se está sobrepasando en sus declaraciones. Dijo Regina sin parecer enfadada pero nerviosa ante la situación.

Regina, si me sigues provocando así creo que no voy a poder esperar ni a que te pongas eso.

Emma, mi hijo...

Lo se, lo se. Prometo portarme bien. Dijo Emma girándose al oír la puerta, sería la comida que había pedido. Por cierto, si miras en la bolsa verás que también hay un pijama. Me encantaría que pasases la noche aquí.

Emma salio del dormitorio y se fue a recoger la comida mientras veía a Henry riendo con la televisión ya con su pijama puesto. Tras pagar la comida y dejarla en la cocina volvió al salón y se acercó a Henry.

Chico, ya está la cena. Busca a tu madre mientras yo pongo la mesa.

Vale, y gracias, Emma. Me ha encantado el regalo. Respondió el niño acercándose a ella y dándole un fuerte abrazo.

Emma se marchó a la cocina y Henry se puso a gritar el nombre de su madre por toda la casa, hasta que esta contesto desde el baño.

¡Mama! ¿Qué te pasa? ¿Estas triste? Preguntó el niño alarmado al ver a su madre secarse una lágrima que escurría por su mejilla, realmente no estaba triste todo lo contrario, era muy feliz pero después de la muerte de Daniel pensó que no volvería a sentirse así, a vivir en una nube y el miedo la estaba superando.

No cariño, sólo estoy algo nerviosa.

¿Es por Emma?

¿Por qué dices eso?

Desde que conociste a Emma has cambiado, mama. Ahora eres más feliz, ríes casi siempre y no solo cuando estas conmigo y creó que ella es muy buena y muy guay. Dijo Henry mirando su pijama y acercándose aun más a su madre que le tendía los brazos para sentarlo sobre sus piernas.

Mi niño siempre tan inteligente. Creó que tengo mucha suerte de tener y de poder disfrutar de ti. Dijo Regina sincera y muy orgullosa de que su hijo a pesar de la edad que tiene no deja de sorprenderla.

Lo se, mami. ¿Podemos ir a cenar?

Claro. Dijo la morena soltando una carcajada por los pucheros que hacía su hijo.

Al llegar a la cocina se encontraron con la mesa puesta y una cantidad indecente de comida de todo tipo. Regina se sentó en la cabecera de la mesa dejando a Emma y a Henry en un lateral. No pararon de reír y charlar durante toda la cena. Regina veía esa estampan y su corazón se le encogía al no poder creer que realmente eso pudiera ser cierto y que Emma se hubiese convertido en escasas semanas de tener relación con ella en un pilar fundamental, Regina no contaba el encuentro desafortunado con su hijo sino a partir de que ella volvió de su largo viaje, fue ahí donde realmente la rubia se instalo en sus pensamientos para no salir.