No money, no love-Uhuru-Chan

No sé si aún hay alguien por estos lares que quiera leer cómo termina esto. Tengo un par de amigas que quieren el final, así que por lo menos sé que ellas si lo leerán :'D

Sé que ya ha sido un año, pero no me siento bien con esta historia, pienso que la arruiné de muchas formas y pudo ser mejor, así que no me sentía capaz de cagarla también con el final… Como sea, no me gustaría dejar esto inconcluso por siempre. Intentaré escribir un desenlace decente, es el mismo final que planeamos cuando recién comenzamos con esto.

*Recordatorio rápido: Kees es Holanda, el tipo de la droga. El Lion's Den es el bar. Alfred es drogo y Arthur extremadamente estúpido. Francis echa babas por Arthur.

Advertencia: (Las pongo pa' que se acuerden) Very homo, AU, OoC, uso de drogas, violación (No entre ellos dos), vocabulario soez, muerte de un/os personaje/s, fluff, sexo, asqueroso spanglish que arreglaré algún día.

Disclaimer: Todo Hetalia es de Himaruya.

Capítulo 14: Ladera abajo.

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Arthur miró el sencillo anillo de plata sobre su anular derecho y sonrió. Se habían comprometido hacía un par de semanas y aún no podía sacarse del pecho el sentimiento de dicha por ello. Arthur había aceptado con la condición de que se preparan para la boda y que juntaran un poco de dinero para tener una linda ceremonia y posterior luna de miel.

El británico miró hacia la ventana, acariciando suavemente el anillo sobre su dedo. Alfred no había cambiado mucho desde que se habían comprometido, pero a Arthur le gustaba creer que cambiaría con el tiempo. Después de todo, tenían años por delante para hacerlo.

Las cosas en el trabajo si habían cambiado. Arthur estaba más distraído, muchas veces había sido visto usando su celular en horas de trabajo, otras veces llegaba tarde al edificio en las mañanas y en sus horas de almuerzo, incluso pasaba mucho tiempo metido en el baño, obviamente no usando el servicio, sino que usando su celular para hablar con Alfred en un lugar más pacifico. Su rendimiento también se estaba viendo afectado, habían sido más de cinco veces en un mes que su asistente había tenido que señalarle errores en los importantes balances de la empresa que debía hacer, y si no hubiese sido porque tenía gente que revisara su trabajo, entonces hubiese sido catastrófico para la economía de la institución. Aquello se estaba convirtiendo en un tema serio.

Arthur se aflojó la corbata. Suspiró con cansancio, cada día se le hacía más difícil el ir a trabajar. Sacó su celular y se quedó mirando la foto de Alfred que le sonreía como fondo. El americano había comenzado a salir a cualquier hora otra vez, generalmente volvía en la madrugada, apenas lograba subir las escaleras y se echaba a dormir, demasiado drogado como para preocuparse de comer o bañarse.

Pero aún así Arthur pensaba que podía cambiar.

-.-.-.-.-.-.-.-.

No estaba funcionando. A veces tenían días buenos, salían y compartían un buen momento y en la noche dormían abrazados, pero la mayoría del tiempo sólo estaba Arthur, solo, como en el principio. Alfred había comenzado a llegar con moretones y tenía ojeras permanentes, había vuelto a adelgazar y a estar de mal humor.

Pelearon la tarde de un jueves, Alfred enfureció cuando Arthur llegó a casa y le regañó por su escasa higiene personal. El americano hizo un escándalo que hizo que llegaran los vecinos de Arthur a quejarse. Alfred les insultó, tomó su billetera y su chaqueta y se marchó hecho una fiera. El inglés se disculpó con sus vecinos y veinte minutos después se fue tras el menor, conduciendo a velocidad alarmante y mirando de un lado para otro y a través de las ventanas de cada bus con el que se cruzaba sin tener éxito.

Alfred caminaba a zancadas por las sucias calles que frecuentaba en sus escapadas de su aburrida vida con Arthur. Estaba harto de fingir ser bueno, estaba harto de Arthur y su ingenua estupidez, ¿De verdad aún creía que podía salvarlo?, Alfred no necesitaba ser salvado, Alfred no conocía más que las putas, la droga, la delincuencia y el alcohol, y eso estaba bien, este era el único lugar donde encajaba.

Apagó su celular y lo metió en su bolsillo. Buscó a Kees dentro del Lion's Den, le entregó todo su dinero y esperó. El holandés volvió con la mercancía y Alfred se marchó hacia un edificio habitado por un grupo de drogadictos con los que el americano a veces pasaba el rato. Al llegar sólo había dos de ellos, pero estaban demasiado drogados como para siquiera notar su llegada. Alfred se echó en el rincón más recóndito del lugar y buscó a tientas una jeringa en el piso, agarrándola con manos temblorosas, preparó la amarillenta sustancia y se inyectó, haciéndose daño en el proceso, aunque no lo notó cuando su cerebro fue bañado por la orgásmica y conocida sensación que le hizo jadear. Sintió su cuerpo relajarse y se acostó, respirando agitado y riendo, satisfecho. Cerró sus ojos y arrancó la aguja de su magullado brazo, dejándola caer a su lado.

Arthur estacionó su auto en un callejón que se veía más decente que sus alrededores, se aseguró de cerrar todo bien y comenzó a caminar en busca de su prometido. Con el pasar de los minutos empezó a desesperarse y sentirse algo paranoico. Al caer la noche estaba un poco perdido y definitivamente había por lo menos tres tipos siguiéndole desde hacía un par de calles. Intentó apresurar el paso y buscar a alguien con la vista que le ayudara, pero para su mala suerte, la calle estaba vacía. Corrió a ciegas con el corazón agitado cuando la desesperación le ganó a su razón, metiéndose entre calles con la esperanza de perder a sus acosadores que también se habían puesto a correr, sin embargo, gracias a su nulo conocimiento de las calles de South Central, se metió a un callejón sin salida. Arthur volteó con sus ojos bien abiertos para ver a los tipos acercándosele a gran velocidad. El inglés sentía que podría desmayarse, su costilla doliendo por su mala respiración al igual que su garganta. Gritó cuando los hombres lo agarraron, ganándose un golpe en la cabeza que lo dejó inconsciente. Los tres reían y murmuraban mientras lo llevaban a rastras hacia una cercana casa abandonada.

La casa era grande, estaba maltrecha y tenía escasos muebles, como muchas de las casas del sector. Los hombres dejaron al inglés sobre un pequeño y sucio camarote de metal, amarrándolo por precaución. Lo despojaron de su celular, de sus llaves y de su billetera. El líder del grupo guardó el dinero, el celular y las tarjetas de crédito tirando lo demás al piso junto a las llaves.

Arthur despertó sintiendo dolor en su cuerpo, sobretodo en su cabeza, la cual palpitaba incesantemente, haciéndolo marearse un poco. Pestañeó, batiendo sus frondosas pestañas rubias y mostrando sus verdes ojos a sus atacantes, quienes comenzaron a reír una vez más, haciéndole gestos de saludo. El inglés gruñó, intentando moverse y notando que estaba inmovilizado en sus extremidades.

-¿Q-qué quieren?-Preguntó Arthur, despertando por completo y sintiendo pánico crecer en él ante las burlonas risas de los hombres.

-Oh, no tengas miedo, bonito, sólo queremos pasar un buen rato contigo.-Respondió uno de ellos, pasando uno de sus sucios dedos por la pierna del inglés.- ¿No es así, chicos?

-No podemos dejar ir a alguien tan bien cuidado como tú, sería un desperdicio.-Comentó otro de cabello oscuro, acercándose para sacarle los zapatos.

-Déjale los calcetines.-Ordenó el rubio líder con voz rasposa.- Me ponen.

-Como quieras.

El primer tipo comenzó a desabrocharle el cinturón y el pantalón, tocando su entrepierna con brusquedad. Arthur gritó, intentando soltarse con desesperación, sintiendo lagrimas caer por su rostro al no lograr más que herirse las muñecas.

-Shh… Vamos, será rico, no te preocupes.-Dijo el rubio, acercándose a lamerle la oreja, haciendo que Arthur tuviese arcadas.

-¡Déjenme!, ¡Basta!

Lo ignoraron y siguieron desvistiéndolo con una lentitud tortuosa, tocándolo en el proceso, sin lograr ponerlo duro y sólo provocándole dolor. Al final el inglés se vio con los pantalones y la ropa interior abajo, donde la rasgaron con una navaja para quitar las telas del camino. Su camisa fue abierta y los tres pares de manos abusaban de él junto al coro de burlas y palabras depravadas.

El líder del grupo notó algo brillando en su mano y le quitó el anillo de compromiso, riendo y mostrándoselo a sus amigos.

-¡Tenemos uno comprometido!

-Jajaja, pobre novia, se lo devolveremos usado.

-Se ve caro, guárdalo.

-¡Devuélvemelo!-Gritó Arthur, jalando sus extremidades y ganándose un golpe en la boca.

-Cállate, ¿quieres?

Arthur seguía sin dejar de pelear, molestando eventualmente a sus agresores, quienes comenzaron a golpearlo y a meter bestialmente sus dedos dentro de él, sacándole sangre y alaridos de dolor. Arthur cerró sus ojos llorando desconsoladamente, aterrado. No quería esto, ¿Por qué debía sucederle esto a él?, ¿Por qué nadie oía sus gritos?, ¡Lo estaban violando! Chilló cuando uno de los tipos se le montó encima, haciéndolo sentir ardor y un dolor insoportable. Después cambió el otro y comenzaron a turnarse a un ritmo incansable.

Después de casi una interminable hora lo dejaron en paz, alejándose de él para comenzar a drogarse en el piso de la habitación. Arthur siguió quejándose y llorando por el dolor y la humillación hasta que uno de los tipos se hartó y le inyectó el brazo con brusquedad, sacándole un chillido. Arthur intentó resistirse, pero el hombre terminó de vaciar la jeringa dentro de su brazo. En unos instantes Arthur se sintió en el cielo, relajándose y al fin quedándose en silencio. Comenzó a quedarse dormido después de unos minutos, pensando en su adorado Alfred, ¿Así se sentía?

._.-._.-._.-._.

Alfred volvió a la casa de Arthur el martes por la mañana, ya sin dinero y sin droga no tenía mucho que hacer en South Central, así que decidió darle el gusto a su inglés favorito, sin embargo, al llegar a casa se dio cuenta de que no había nadie. Entró con su copia de las llaves y revisó el hogar, pero no había rastro del mayor. Caminó por el lugar, sacó algo de la nevera y notó que el contestador automático tenía siete mensajes sin escuchar. Elevó una de sus rubias cejas y presionó el botón para reproducir. Todos eran de Francis, el primero era un saludo casual del jueves en la noche donde lo invitaba a salir a beber, el segundo y tercero eran del viernes, donde el francés alegaba que Arthur no había respondido y había faltado al trabajo, contando que su jefe estaba enfurecido, pero que él había logrado convencerlo de que quizás el inglés estaba enfermo o había tenido un accidente. El cuarto era del sábado en la noche, Francis decía que había ido a visitarlo y no había nadie, le preguntaba si estaba con Alfred en algún lugar y le pedía que lo llamara apenas oyera sus mensajes. El quinto, sexto y séptimo eran del lunes, Francis parecía desesperado, le preguntaba si estaba bien, que lo llamaba sin cesar al celular y estaba apagado, y que una tarde se acercó a uno de sus vecinos, quien le contó que la última vez que lo había visto fue el jueves, donde había estado peleando con Alfred. Francis también le contaba que esta vez su jefe lo había mandado a llamar y también tenía el celular apagado, y que la próxima vez que se presentara a trabajar habría problemas. Al final Francis se despedía y le rogaba que se pusiera en contacto con él, fuese cual fuese su problema.

Alfred frunció el ceño, ¿la última vez que lo habían visto fue el jueves?, entonces seguro había ido a emborracharse o a buscarlo. Suspiró de mala gana, tomando nuevamente sus llaves para ir en busca del inglés. Esperaba que no lo hubiesen asesinado o asaltado por haberse metido en donde no lo llamaban.

._.-._.-._.-._.

Arthur despertó sintiendo su garganta seca. Miró a su alrededor, era de noche pero estaba solo, así que no podía pedir agua a nadie. Miró sus muñecas, llenas de heridas por tanto jalarlas para intentar liberarse y suspiró, cerrando sus ojos. Habían abusado de él por días y le habían estado inyectando droga para que dejara de pelear, ahora su cuerpo comenzaba a protestar cuando pasaba mucho tiempo sin consumir nada. Abrió sus opacados ojos otra vez para examinar sus brazos llenos de hoyos y moretones. Quería irse, quería bañarse por días enteros para intentar sacarse todas las asquerosas sustancias que se impregnaban en su cuerpo, quería beber té y dormir en su cálida cama, y quería a Alfred, que lo abrazara y lo consolara y que se durmieran juntos. Sintió que las lágrimas volvían a caer por su sucio rostro, silenciosas, como su alrededor.

Se quedó dormido.

Despertó cuando era de día, estaba en posición fetal y sintió el dolor que no le dejaba en paz. Se volteó nuevamente, gruñendo un par de maldiciones, hasta que al fin se dio cuenta de que ya no estaba amarrado. Dio un respingo, mirando sus liberadas extremidades y después la vacía habitación. Se levantó con torpeza, tropezando por el dolor. Cogió sus llaves, sus zapatos y sus documentos y salió de la pequeña habitación con cautela. La casa estaba vacía. Buscó algo que ponerse en su pate inferior, encontrando un roído short rojo. Se lo puso lentamente, la tela lastimando sus heridas. Se abrochó su camisa y salió de la casa.

Caminó apenas por unas cuadras, buscando su auto. La gente lo miraba de reojo, sin tomarle importancia, de seguro era normal ver a gente en su estado vagando por las calles. Siguió caminando hasta que encontró su auto, se alegró, acelerando el paso, hasta que notó que alguien estaba apoyado en él. Se detuvo unos pasos antes de lograr tocarlo. La persona se dio vuelta al verlo por el espejo retrovisor. Era Alfred.

-Te estaba esperando.-Dijo el americano, después de mirarlo por unos minutos, notando el mal estado en el que estaba el mayor.-¿Qué mierda te pasó?

-Alfred…

El nombrado se le acercó al verlo llorar y Arthur se aferró a su amplio pecho, casi cayéndose por el sobre esfuerzo realizado en caminar. Alfred lo tomó de la cintura, ayudándolo a llegar al auto, abrieron la puerta del copiloto y Arthur se recostó, aún sin soltar al menor.

-No me dejes.-Murmuraba Arthur, restregando suavemente su sucia cara contra la acanelada cara de Alfred.-Por favor, no me dejes.

-Ok, calma, iremos a casa.

-¡Me duele!-Gimoteó Arthur, agarrando su barriga.

Alfred tomó el volante, llevándolo a un hospital cercano a la casa del inglés. Esperó impacientemente, dando vueltas y revisando todas las revistas. Una enfermera salió a llamarlo y decirle que el doctor quería hablar con él. El hombre le miró con gravedad, preguntándole si era un familiar o conocido y Alfred le dijo que era un amigo. El doctor le contó que Arthur había sido violado reiteradas veces y que aún faltaban los resultados de los exámenes de sangre, pero que por las marcas en sus brazos también deducían que había sido drogado y que sería mejor que lo dejaran internado unos días. Alfred asintió, fingiendo estar conmovido, haciendo que el doctor le diese palabras de aliento. Al final el tipo se alejó, diciéndole que podía visitar a Arthur antes de que lo trasladaran a otra habitación.

Arthur estaba recostado en una camilla, vestía una bata de hospital, pero aún estaba sucio, le sonrió levemente al verlo entrar, suspirando aliviado. El inglés estiró sus brazos, con intravenosas inyectándole suero, llamándole en silencio. Alfred se acercó, recibiendo el abrazo y acariciando el ahora casi café cabello del inglés.

-Estaba preocupado por ti.-Susurró Arthur, a pesar del deplorable estado en el que se encontraba él mismo.-Pensé que te podía pasar algo y salí a buscarte, y entonces, ellos...

-Ya, shh, no pienses en eso.-Alfred le dio un corto beso, ganándose una reprimenda del mayor, quien alegaba que estaba muy sucio y que sería mejor que no lo tocara mucho. Incluida su boca. Los violadores no habían dejado ni un trozo de su cuerpo sin abusar.

-Me quitaron el anillo, Al.-Informó Arthur, entristeciendo.-Lo siento, me tenían amarrado y…

-No importa, ¿Si?-Alfred se sacó el suyo y se lo puso a Arthur, aunque le quedaba algo suelto en sus finos dedos.-Puedes tener este por mientras.

Arthur le miró con gratitud, asintiendo y abrazándolo firmemente, sollozando suavemente en el pecho de su prometido. Se sentía asqueroso, sin valor e inútil, pero Alfred estaba aquí, con él, y eso le daba aliento. Alfred levantó su rostro, acariciando sus mejillas, y le dio un perezoso beso del cual se separaron cuando una enfermera entró a echarlo, dado que iban a trasladar a Arthur a otra habitación y lo enviarían a bañarse. Alfred lo besó una última vez y le aseguró que volvería al día siguiente a la hora de visitas, Arthur asintió, soltándolo sin querer hacerlo realmente y viéndolo alejarse por el pasillo del hospital.

Alfred volvió a casa esa noche y se encontró con el teléfono sonando y dos mensajes nuevos en el contestador, decidió tomar la llamada sabiendo que era el patético de Francis. El francés gritó una molesta verborrea pensando que era Arthur quien había contestado, y al saber que era Alfred gritó nuevamente, pero esta vez una tanda de insultos.

-¡¿Dónde está Arthur?! ¡Dime qué le hiciste!

-Cálmate, estúpido.-Contestó Alfred, poniendo los ojos en blanco.-Está en el hospital de la ciudad, tiene visitas a las 15.

-¡Hospital!, ¿Qué le pasó?, ¿Qué le hiciste?

-Unos tipos lo tenían en una casa y lo violaron y drogaron, no hice nada, viejo.-Contó con frialdad, escuchando el jadeo desesperado al otro lado de la línea.

-¿C-cómo está Arthur?, Dios, ¡Debe estar destruido!, oh Dieu!

-Mal, duh, no hablamos mucho, me echaron al rato. Como sea, no necesitar seguir llamando, peste, ve a verlo mañana, adiós.

Alfred cortó antes de que el francés siguiera dando la lata y descolgó el teléfono para irse a dormir en paz. Francis era demasiado dramático, no era para tanto, en la calle se veían cosas peores.

Esa noche durmió como cualquier otra, con algunos malestares por no tener heroína a mano, pero nada que no pudiese aguantar por unas horas.

Todo estaba bien.


Desde aquí la historia avanza en la trama, por eso la abandoné mientras la escribía :v kjshgfasjhd Lo siento, a ver si logro terminar este año, me da vergüenza ver el status: incomplete en la lista del perfil.

Gracias por los reviews del año pasado (No conteste ninguno, creo, lo siento)

Bye!