Buscamos siempre en los espejos ver lo que anhelamos pero siempre nos regresa cosas que no nos gustan. Entonces es el espejo el que está mal, "ese no soy yo". Siempre buscamos negarnos lo que sabemos es imposible ignorar.

Capítulo XIV

El falso reflejo

Frente a ella ya no estaban las pupilas oscuras de Neo. Frente a ella ya no estaba el chico tímido que creía conocer. Frente a ella nunca existió tal personaje. Frente a ella solo había estado una boba ilusión. Frente a ella siempre había estado él.

Rin soltó una lágrima. Lo sabía, pero se había tratado de engañar completamente todo ese tiempo. Él ya no le acorralaba, pero no podía irse de ese rincón. Sentía que quizá si no se movía, podría parpadear y se encontraría con una excusa de ese lindo muchacho...

- Pero Neo jamás existió - se dijo a sí misma. - Porque ya sabes de quien son esos labios, ese aroma tapado bajo una loción, y ese único sabor... - seguía recordándoselo. Y miró a las pupilas azules de su verdadero compañero. - Fui tan tonta como para caer en su juego y seguirlo

El silencio era incómodo otra vez. Todo era muy obvio desde el comienzo. Pero quiso jugar también, porque era demasiado perfecto. Otra lágrima brotó de sus ojos. Puso una mano en el rostro de él, queriendo saber que era cierto, que era él; que era Len.

Len volteó a otro lado, ya sabía que ella probablemente de nuevo sentía esa repugnancia; todo aquello que habían intentado olvidar e ignorar durante ese tiempo estaba regresado a su memoria.

El muchacho se alejó sin decir nada y se descubrió el rubio cabello. Temerosa, se atrevió al fin a hablar - ¿por qué? - fue lo único que pudo pronunciar. De reojo él le miró. Dudó en contestarle, pero ya no había vuelta atrás, de cualquier manera ya no tenía nada que perder.

- Porque quería que te dieras cuenta de que podías quererme - fue lo único que dijo.

De nuevo el silencio invadió la habitación. A veces Rin escuchaba como él respiraba afligido, aguantando su frustración. Ella solo lo miraba temerosa. ¿Qué le decía? ¿Por qué insistía en recordarle lo que no quería? ¿Por qué no podían superar ese romance infantil? ¿Por qué los dos se aferraban al pasado?

Pero, ¿y si solo le daba un último beso e intentaba convencerle de que lo olvidaran? Que dejasen atrás todas aquellas ideas. Si, tendría que admitir que ella también se sentía igual que él desde casi el mismo tiempo, pero tal vez con eso lograrían continuar con sus vidas, ¿no?

Len no soportó más el silencio de ella. Fuese lo que fuese que pensara no podría tomar tanto tiempo, quería una respuesta. Quería saber que pasaba por su mente. La tomó de la barbilla y le forzó a mirarle a los ojos. En las pupilas azules vio lo mismo que ella: las sombras de lo que alguna vez había sido su reflejo. Ya solo quedaba una ilusión muy vaga de lo que hacía mucho veían, ahora todo era distinto. Ellos eran diferentes. Si alguna vez se habían considerado un espejo del corazón del otro, ahora solo veían a alguien completamente nuevo. Se dieron cuenta de que ya no eran los mismos niños y mucho menos de que se conocían.

- Ya no... - susurró Len. Desconcertada, preguntó un leve "¿qué?". ¿Ya no la quería? ¿Al fin se rompería ese horrible hechizo que los atormentó a ambos por años? - ya no somos tan similares. Por eso lo hice. Porque sabía que en realidad no recordabas muchas cosas de mí, y no sabías tantas otras. Quería que me conocieras realmente, que escucharas que fui un idiota y lo admitía sin problemas. Que siempre he sabido como levantarme y superarme y que, quiero todo eso también para ti - tomó el rostro de Rin con ambas manos y limpió con un pulgar la lágrima que caía temerosa - porque puedo cuidarte y protegerte. Porque quiero cuidarte siempre.

Decidido, la acercó a su rostro y le robó un beso. Y de nuevo se repetía lo de hacía unos años atrás. Ella le correspondía, ambos comenzaron a llorar y Rin cortó el beso. Volvió a abofetearlo.

- No hagas promesas que no puedes cumplir - habló la rubia con un nudo en la garganta.

- Jamás. Pero hasta que tu no puedas superar tu miedo, yo no haré ninguna promesa - fue lo último que dijo antes de salir furioso de la habitación.

Al final, solo escuchó el azote seco de la puerta principal de la casa. Len se había ido.


Al día siguiente, Rin vio que Len seguía sin regresar, pero no sabía dónde estaba. Esperaba que con Gack y estuviese bien. Tenía miedo de que hiciese alguna tontería, más que tantas cosas habían estado ocurriendo.

Regresó a su habitación y se sentó a meditar de nuevo las palabras que él le había dicho la última vez que se vieron. Tenía mucha razón, ella estaba asustada del mundo y lo cruel que puede ser. Toda la vida se había dedicado a ser lo que esperaban que fuese. Bonita, aplicada y responsable. Porque sí, no le gustaba mucho estudiar. Claro que le gustaba lucir bien, pero siempre había algo que a los demás de les gustaba. "Los demás", eso era lo único que pasaba por su mente cuando quería tomar una decisión. ¿Qué pensarían de cómo cantaba? ¿Qué pensarían si salía con Kaito? ¿Qué pensarían si no quería ser solo una cara bonita? ¿Qué pensarían si sabían que su verdadero amor era…?

Len había sido algo confuso para sí misma. Había sido su mejor amigo, su voto de confianza, su apoyo más grande. El único que no le permitía rendirse ante muchas otras cosas, o eso sentía ella. Se había vuelto tan dependiente de su hermano que ahora que él no estaba se sentía perdida.

De momento, su puerta sonó. Dio el pase, y le extraño mucho el ver ese rostro entrando. Una de las últimas personas que se esperaba encontrar: su madre entrando. - ¿Mamá? - cuestionó de inmediato - ¿qué pasa?

- Estaba buscando a Len, y creí que sabrías donde estaba. – contestó, serena.

- Me encantaría saber a mí también donde está. Pero... - hizo una pausa ante un sonido extraño. La puerta principal de la casa se había abierto. Ambas salieron al pasillo para ver quién era, encontrando así a un Len agobiado. La mujer de inmediato fue a donde su hijo. Rin prefirió regresar a su alcoba. Sentía que no necesitarían de su presencia.

Cerró la puerta ya más aliviada. Verlo entrar le hizo recordar que no era tan tonto. Que si de valor se hablaba, había que mencionar a Len. Quizá estaba deprimido o dolido, pero podría salir adelante. Sin embargo ella ya no sabía qué más hacer; y las palabras de él le atormentaban.

Era cierto, ella necesitaba olvidar el enorme tabú. Era cierto, ella no había admitido nada por miedo. Era cierto, también tenía sentimientos por él. Siempre lo había hecho. Y se lo restregó en la cara.

Lo peor era que no sabía cómo salir de esa situación; alejarse sería la respuesta obvia, pero ¿cómo? ¿Cómo lo hacía si vivían bajo el mismo techo? De nuevo ella había sucumbido ante su dolor.

Su mente rondaba entre distintas cosas, su obsesión con opiniones ajenas, el temor de lastimarlo a él, el tabú…

- Soy una cobarde... - se regañó por enésima vez. Porque eso era.

Sentada en el suelo, con las piernas contra su pecho, comenzó a llorar. No sabía qué hacer, se sentía sola. Ya había perdido a su mejor amigo varios años atrás. Y cuando creyó que podría recuperarlo, de nuevo lo estaba perdiendo, quizá ahora para siempre. Ahí se quedó un buen rato, hasta que ruido en el exterior lo que la hizo regresar a la dura realidad.

Se levantó prontamente y salió. Caminó discretamente hasta el comedor y vio a Len levantado, con una expresión de sorpresa. Frente a él, su madre lloraba desconsoladamente. En la mesa había un enorme sobre lleno de papeles, más no pudo distinguir que era. Se percató que en los ojos del rubio había una mezcla de emociones. No sabía si quería explotar de ira o alegrarse inmensamente.

Pero como siempre, la rabia le ganó. - ¿Por qué? - gritó molesto. - ¿Cómo se atrevieron a hacerme esto? - continuó. La mujer no decía nada. Len, furioso, movía sus manos entre el cabello, como si algo le molestara en su cabeza y solo intentando arrancar la melena rubia pudiera quitarle esa sensación. Frustrado, tiró la silla que estaba frente a él, y una primera lágrima brotaba de las pupilas azules. Rin contemplaba atónita. ¿Qué le habría dicho esa mujer?

Poco después de que comenzase a llorar, se formó un enorme silencio. La muchacha rubia sentía una enorme curiosidad, incluso consideraba acercarse y preguntar, al tiempo en que pensaba si su presencia solo podría empeorar la situación. Frustrada, suspiró y se quedó mirando.

De momento Len soltó una sonora exhalación. Levantó la silla para, ya más calmado, sentarse. Tomó una de las hojas que se encontraban sobre la mesa y la leyó mientras una sonrisa se pintaba en su rostro y volvía a llorar. ¿Qué era? La curiosidad estaba acabando con ella.

La mujer rubia, una vez que se había tranquilizado también, tomó con cierto temor una de las manos de su hijo. - Len, tu padre no quería que tuvieras esto por obvias razones. Pero creo que no he sido buena madre, así que por lo menos debía intentar darte algo que sé haz querido por mucho, ¿no es así? - él le miró con cierta sorpresa, porque era cierto. Casi nunca hablaba sobre eso, pero su único sueño era aquél. Por eso había sentido tanto dolor cuando creyó haberlo perdido. Pero ahí tenía en sus manos la verdad.

Rin, algo confundida prefirió volver a su habitación. Si realmente era muy importante ese papel, tarde o temprano lo sabría, ¿no?

Se aventó sobre su cama y tomó el móvil, mirando los números de sus amigos en la pantalla, e indecisa, trataba de marcar uno, para al final colgar sin dejar la oportunidad de que alguien le contestara. Nunca le había a dicho a nadie sobre esos sentimientos, y no se sentía segura para hacerlo.

De nuevo sintió que quería llorar, y así lo hizo. Dejó que sus lágrimas brotaran hasta quedarse completamente dormida; tal vez así podría sacarse esos sentimientos de su corazón. Para cuando se despertó, ya estaba todo oscuro.

Se levantó y comenzó a buscar su pijama. Se cambió en las penumbras, no tenía la más mínima intensión de verse a un espejo con luz. Se desenredo la larga melena y, en el baño, optó por lavarse su rostro. Se sentía algo inquieta aun, su garganta estaba seca y los ojos le ardían; tenía mucho tiempo que no se sentía así. Ni siquiera con la situación de Kaito se había sentido tan afectada. Quizá porque era diferente el sentimiento, quizá…

Encontró entre sus cosas una botella con agua y tomó un poco. Si no tenía que salir de su cuarto, mejor. Sintiéndose un poco más calmada, se volvió a recostar en su cama, esta vez bien arropada; suspiró. Su mente estaba en blanco, evitaba pensar en cualquier cosa. Nada, no quería pensar en nada y mucho menos en nadie.

Ahí se quedó, acostada, evitando pensar en algo. Giraba constantemente tratando de conciliar el sueño, sin ningún tipo de éxito.

En medio de la noche escuchó pasos fuera de su cuarto. Asustada, se levantó y abrió la puerta. No había nadie, pero claramente escuchaba a Len caminar de un lado para otro en su habitación. Se quedó ahí parada hasta que lo vio salir. No habían hablado en toda la tarde, así que era lógico que las dos maletas que tenía él en sus manos la consternaran. - Rin - susurró él, sorprendido. Ella no quitaba la mirada de sus valijas y de la mochila que logró ver en la espalda de él.

La muchacha empezó a temer que tuviera algo que ver con ella. Pero recordó que el mundo no giraba en torno de sí misma, y él, bajo otro nombre, se lo había dicho. Así que se dispuso a preguntarle - ¿qué pasa? - fue todo lo que cuestionó.

- A veces, Rin, hay que hacer sacrificios por cumplir nuestros sueños - contestó. Bajó las dos maletas y acarició el rostro de ella. La miró directo a los ojos, como si no fuesen a verse nunca más. Preocupada por esa expresión, puso su mano sobre la de él. Por primera vez tomaría la iniciativa. Se acercó a él y lo besó, no quería que se fuera.

Pero el móvil de Len comenzó a vibrar. Él cortó ese beso. La miró una última vez, tomó sus cosas y caminó rápidamente a la entrada. Se quedó paralizada por unos instantes - tiene que ser un sueño - pensó - él no se iría así -se repetía mentalmente. Más una vez que se dio cuenta de lo que pasaba, comenzó a caminar directo a la entrada, dónde él ya no estaba.

Se quedaría sola. Pero, ¿no era eso lo que ella quería? El poder alejarse para olvidarle. Eso era lo que había pedido, pero ahora que él se iba sin decir nada, la había dejado estupefacta.

Caminó de regreso, y esta vez había ido al cuarto de él. Quería despertar de ese horrible sueño. Pero cuando abrió la puerta y vio que él no estaba, se percató que todo era cierto. Quizá no lo volvería a ver.

Se dejó caer sobre la cama de él y tomó una almohada. La abrazó esperando encontrar rastros de su aroma. Y al apretarla sobre su rostro, escuchó algo muy particular - papel... - soltó el cojín y busco de dónde provenía el sonido. Vio una costura diferente al resto. La arrancó con cierta facilidad y dentro de la almohada había una carta con su nombre. La abrió emocionada y comenzó a leer.

Len, con su puño y letra había escrito aquella carta para ella. Cada palabra le explicaba más y más sobre esa extraña despedida; todo comenzaba a tener sentido. Y entre más se adentraba en el hermoso texto, más lágrimas caían, porque ese corto adiós tenía una razón de ser. - Entonces ve y sigue tu sueño, porque yo también seguiré el mío...