Después de muchos días actualizo.
Perdón por tardar tanto, pero es lo que suelo tardar en escribir. Lo que pasa es que la semana pasada actualice muy de seguido porque tenía cosas escritas de cuando estuve en la playa.
En fin, después de la intensa y corta historia de los padres de Armin me dispongo a contar otra que he ido introduciendo poco a poco. Así que este capítulo va a ser otra pequeña introducción a lo que estaré relatando en los próximos capítulos y hasta cierto momento de la historia que quería alcanzar.
Esta es una historia ficticia que no tiene por que estar relacionada con la historia principal del manga. Si no te gusta la pareja o eres de mente sensible no sigas leyendo.
.
.
.
Se sostenía en pie rodeada de numerosos individuos. Ignoraba el dolor lacerante de su pierna que le impedía mantenerse en pie tanto rato. A su lado, su superior leía en voz alta los resultados de su informe. En el pedestal de la acusación, el joven sargento permanecía sentado con su mirada fija en ella, obviando al resto de participantes.
- Comprendo sus razones, comandante Erwin. Pero debe saber que este tribunal si lo sigue considerando necesario deberá seguir reclutando civiles en este tipo de misiones. No podemos permitirnos tantas bajas, los ciudadanos deben aprender que es necesaria su colaboración. De no aceptar esta orden deberemos disolver todas aquellas misiones que dispongan de un número inusitado de personal.
-Pero juez Branner, con un personal cualificado el número de bajas se vería reducido - No parecían escucharle. Era muy probable que cada vez que se solicitase ese tipo de misión ella volviera a ir sola rodeada de gente inocente. El recuerdo del tacto de aquella pequeña mano le hizo estremecer.
- Señorita Zoe,- la interrumpió en sus pensamientos – espero que comprenda la decisión de este tribunal.
- La comprendo, señor - intentó sonreír sin mucho éxito. El hombre mayor frente a ella llevaba una recortada barba blanquecina. Se la acarició mientras leía su expediente.
- Y como ninguno de ustedes quiere prestar una historia plausible a porqué el cabo Rivaille se ha lesionado, me temo que después de este acontecimiento me voy a ver obligado a hacer cambios. - sus puños se cerraron con fuerza.
- Como ya le he dicho. Yo mismo pedí al cabo que supervisara la entrada de todo el pelotón en su vuelta. Él resultó herido al traer de vuelta a su compañera, solo la ayudaba a volver - sus ojos azules miraban directamente al hombre – Es algo normal que un soldado caiga herido en este tipo de situaciones. La capitana Zoe se encontraba en peligro y él...
- A pesar que se le había prohibido la salida de las murallas bajo caso necesario.
- Ese era un caso necesario.
- No obstante, al tratarse el género de la señorita Zoe, creo que es conveniente evitar ningún tipo de malentendido. Hasta que se aclare la situación, quiero que dos escoltas vigilen a ambos cadetes y la señorita Zoe sea trasladada al escuadrón de mujeres.
- Pero señor, Hanji vive en nuestra residencia para una mayor cobertura de medios y una relación más directa. Al ser una de las líderes de escuadrón... - el golpeteo del martillo interrumpió sus palabras.
- No me interesa su posición. Otro miembro femenino de menor categoría vive allí. No pienso dejar que esta situación llegue a oídos inapropiados y genere rumores absurdos e imposibles de cubrir . Erwin, debes ser más consciente de tu posición y tus deberes.
- Sí, señor – resignación, aguantar hasta no poder más aquella inmesa charla.
- Al revisar el informe médico he constatado que la señorita Zoe se hirió en la pierna. Espero un reconocimiento inmediato de ambos cadetes y su vuelta al trabajo cuanto antes.
-Sí, señor. - saludó al estilo militar mientras el resto de la sala se quedaba en silencio.
.
.
.
No conocía de nada a aquella mujer. Pero sin duda se pegaba a ella como si fuese imantada por su presencia. Su excesiva seriedad la abrumaba. Era como pasar el día con Rivaille. Pero siendo mujer, y aún menos habladora. Aquella vigilancia iba a ser realmente larga.
Tenía un aspecto bastante bello, con el pelo rubio corto. Con una estatura similar y un porte bastante masculino. Espalda recta, una ligera curva en su cintura, brazos delgados y piernas largas. Le recordaba en cierta manera a ella.
-Nanaba decías, ¿no? Ya que vamos a pasar mucho tiempo juntas, quiero que seamos amigas - extendió su mano en su dirección. La chica de cabellos rubios hizo caso omiso de su gesto.
- No he venido aquí a hacer amigos. Sino a vigilarla - su boca se torció en una mueca de desagrado. No sabía porqué pero parecía detestarla profundamente.
- ¿Qué instrucciones te han dado sobre mí? ¿Algún dato de porqué tienes que vigilarme?- preguntó con curiosidad.
- Tan solo se me ha informado que existe la posibilidad de que mantenga una relación excesivamente estrecha con otro líder de escuadrón. Mi único cometido aquí es evitar ese tipo de encuentros y posibilitar que ambos se concentren en el trabajo que se les ha asignado hasta que se aseguren de que no hay ninguna duda respecto al cumplimiento de sus deberes.
-¿Qué opinas al respecto de eso? - parecía demasiado molesta por tener que vigilarla. Era algo lógico, posiblemente preferiera continuar con sus labores habituales que pasear continuamente en un laboratorio lleno de polvo y libros.
- Considero inapropiado trascender esa norma y más considerando su puesto. No creo que distraer a otro líder sea adecuado para que la raza humana prosiga su avance.
Distraer, le pareció curiosa la palabra, como si ambos jugasen cada noche que pasaban hablando del asqueroso gobierno para el que trabajaban. Posiblemente para muchos, Hanji solo fuese la mera amante de Rivaille, probablemente para aquella chica también fuese así. Ni siquiera le miraba a la cara. Pero podía notar en el tacto de sus palabras que no deseaba estar allí. Quizás le molestaba el rumor. ¿Otra de las cadetes enamoradas de Rivaille?
Sin duda, era un hombre popular, cosa que a él no le agradaba en absoluto, solía despreciar a aquellos que vanagloriaban su nombre como si fuese un dios. Solo era un mero humano más, otro más, le repetía todas aquellas noches. Pero la gente parecía haberse creado una imagen mental con respecto a él equivocada. La cara de la chica no le transfería muchos recuerdos. Debía haberse incorporado recientemente a aquella tropa. O tal vez su concentración en el trabajo no le dejaba recordarlo claramente.
- Esto... Nanaba. ¿a qué escuadrón perteneces? - la chica seguía evitando mirarla directamente.
- Al escuadrón del señor Zakarius - ¿Mike? No conocía a todos los integrantes de su escuadrón. Pero algunos de los que conocía, como Gerger, Hening o Renne eran bastante más alegres que ella.
Al comprobar que no obtendría ningún momento de diversión de aquella mujer, recogió su trabajo y se dirigió al cuartel. Al ser seguida a escasos pasos por ella se sentía acosada. Como si fuese una prisionera.
.
.
.
La montura de su caballo era excesivamente dura. Al tener aún los puntos en su pierna cabalgar le resultaba aún doloroso. A su izquierda, su eterna vigilante la miraba con pasividad. A su derecha Mike portaba un caballo llevando a Rivaille detrás.
Debido a las constantes heridas de sus compañeros, el médico del escuadrón se encontraba demasiado ocupado. Así que se optó por realizar su reconocimiento en un hospital local. Bajo la tutela de alguien de confianza.
Entró en aquel lugar y preguntó por el único nombre que conocía.
-¿Helenka Zchrongüer? Hemos venido a un reconocimiento - comunicó sin ganas. Los ojos azulados de su vigilante se clavaban en su nuca, que permanecía junto a su superior vigilándola.
Al cabo de pocos minutos se oyeron los pasos característicos de la mujer. Tranquilos y saltarines. Su larga trenza rubia caía sobre su espalda. Llevaba puesto un uniforme holgado de color verde, a pesar de lo antiestético de aquel extraño pijama, seguía siendo una mujer muy sugerente y sensual.
- Disculpa que hayamos tenido que molestarte para esto, Helenka, pero... - comenzó a decir sin apartar su vista de su apretada figura. Pechos voluptosos, caderas curvadas, ojos grandes y una mirada amable. Su feminidad le daba cierta envidia.
- No os preocupéis. Vuestro comandante me ha explicado perfectamente la complicación de la situación. Mantendré el secreto confidencial - los dirigió hacia una sala vacía - Pero lamento decir que solo pueden entrar los implicados. No quiero en mi consulta a nadie que no tenga alguna de sus articulaciones rotas.
- Se nos ha encargado vigilar a la teniente Zoe y al supuesto implicado para que no..- sus ojos azules la atravesaban con fiereza.
- No me importan las leyes de la milicia. Aquí tengo mis propias normas. No molestar a mis pacientes. - sostuvo en alto su maletín mostrando su rango- Solo personal médico y pacientes, ¿ha quedado claro? Si quieres entrar, rómpete un brazo primero.
-...- ambas se miraban con fiereza. La mujer elegida por su comandante parecía más segura de sí misma que de costumbre. Una cúpula de admiración comenzó a aflorar en la chica con gafas. Todo rastro que pudo haber habido anteriormente de celos desapareció completamente.
- De acuerdo. Entre primero, señorita Zoe - dirigió su mirada al hombre con cabello corto y oscuro.- Usted, Rivaille, entrará después. -
- No voy a ver nada que no haya visto ya - Nanaba dirigió una mirada de asombro al inexpresivo hombre.
- Me da igual las veces que la hayas visto desnuda. Este es un hospital pediátrico. No pienso tolerar esas cosas - dicho esto, cerró la puerta de un golpe dejando al pequeño sargento furioso tras la puerta.
Nanaba había contemplado la escena confusa.
-¿Él sargento Rivaille y la capitana Zoe? - Mike sonreía con cierta alegría ante la dominante mujer.
- Nanaba, solo se te encargó la vigilancia. Lo que descubras mientras estés en tu puesto no puede trascender la profesionalidad.- susurró pasando un brazo por encima de su subordinada y hablando en su oído.
El hombre con cabello azabache se sentó en un banco cercano sin variar su expresión. Con su mirada aún fija en la puerta que acababa de cerrarse.
- Esto se ha puesto difícil para nosotros. Todos los implicados conocemos el alcance de la situación. Pero te brindaré un voto de confianza para que esto no salga de aquí. A ninguno de los dos les importa la opinión del gobierno acerca de su relación, pero pueden obligarlos a realizar las tareas más crueles solo para castigarlos por atreverse a ir contracorriente.
Se separó de ella dejándola pensar unos instantes. Buscó un asiento junto a Rivaille y le traspasó aquello que acababa de contarle a su subordinada, Rivaille no parecía demasiado interesado en aquella conversación. Obviando los cabeceos de la mujer de cabello rubio mientras se debatía entre su honor y su lealtad. Finalmente, ella colocó su puño sobre el pecho y se giró hacia su superior.
- No le decepcionaré capitán. - el hombre sonrió satisfecho.
.
.
.
- Parece que la sutura ha sido limpia. - retiró poco a poco los puntos de su pierna. Su tacto le hizo recordar las cálidas manos de aquella amable mujer - No creo que te quede cicatriz. Deberías estar contenta. Podrás conservar tus bonitas piernas inmaculadas.
-¿Contenta?¿Por qué? - como siempre, se encontraba confusa ante ese tipo de conversaciones. Sus piernas ya tenían cicatrices de batallas anteriores, quizás no tan evidentes como aquella nueva, pero las líneas rosas que indicaban cada herida podían verse si afinabas la vista. Era normal en un soldado herirse.
-Dime Hanji, ¿qué edad tienes? - comenzó a recoger su material mientras ella se vestía.
-Hace poco cumplí 22 - abotonaba deprisa los botones de su camisa. Los hospitales no eran precisamente su sitio predilecto. Solo le traían malos recuerdos.
- Quizás esto te resulte algo inesperado, pero, ¿cuándo ha sido la última vez que has mantenido relaciones? - Hanji se asustó un poco en cuanto a la pregunta - No, no es por lo que crees, solo quisiera advertirte ahora que te he quitado los puntos.
-¿Advertirme?
- Sí, la herida está totalmente curada. Supongo que habréis tenido cuidado estos meses porque no parece que se haya abierto. Aún así, seguid teniendo cuidado por ahora. La herida está cerca de una zona sensible. Si no tiene cuidado podría hacerte daño - su sonrisa la hizo sonrojar.
- No se preocupe. Yo he estado fuera del cuartel durante varios meses. Volví hace un mes escaso. Y desde entonces he estado bajo vigilancia.- su sonrisa era adornada por un rubor bajo sus ojos. Tantos meses atrás que habían tenido su último encuentro. Al volver ni tan siquiera habían podido pasar un solo instante a solas.
- Vaya, el trabajo del cuartel sin duda os priva demasiado de mantener vida personal. Debe de ser aburrido. Solo trabajo y trabajo.
- Helenka. ¿Cómo lo hacéis Erwin y tú?
- Bueno...- miró hacia la puerta para asegurarse que no hubiese nadie cerca - Aprovechamos nuestros días libres. Aunque supongo que al ser más jóvenes vosotros sois más apasionados. Él y yo solíamos ser así.
- Me cuesta imaginarme a Erwin así. Siempre es tan templado y serio.- A su mente vino la imagen inflexible y amable de su comandante - Helenka...¿puedo preguntarte algo?
- Dime - acarició su cabeza de manera maternal.
-¿Es normal que duela un poco a pesar de haberlo hecho varias veces? Al principio duele un poco, luego no, pero... Creo que no me acostumbro muy bien - pronunció casi en un susurro ocultando su vergüenza. La mujer rubia sonrió con cariño y se acercó a su oído.
- No suele pasar, pero quizás tu eres un poco estrecha y él no tiene demasiado cuidado. Hombres – suspiró para sí misma. - No te preocupes, te acostumbraras dentro de poco. - giró el pomo de la puerta dispuesta a llamar a su próximo paciente - Que pase el siguiente.
Hanji salió afuera y su compañero entró tras ella sin mediar palabra. Sus ojos se posaron en la chica de cabello corto. Le miraba fijamente. En su cabeza resonaron sus palabras "distraer a alguien evitando que la humanidad progrese". Se sentía un poco mal tras aquella conversación.
Dentro de la consulta, la mujer extendía el brazo de Rivaille sobre su hombro.
-Intenta contraerlo lentamente. Así, muy bien. No sientes ningún tipo de dolor, ¿verdad? - el hombre negó con la cabeza - Voy a palmear los tendones para comprobar la movilidad.
-¿Así que tú eres la famosa novia del comandante?- comentó con pasividad.
-¿Novia? No se de que me estás hablando - sus uñas se clavaron en la piel del pequeño hombre. Le miró con una mirada seria y parecida a la suya - Que no pertenezca al ejército no significa que no sepa defenderme. Ten eso claro.
- Ahora comprendo que vio en tí. - urgió calladamente.
- De acuerdo. Creo que no es necesario que lleves más el vendaje - volvió a su rutina habitual como enfermera, demostrando su aparente profesionalidad - De todas formas, si sientes algún problema o alguna molestia vuelve a acudir a mí. Te recomiendo que ejercites el brazo en cuanto puedas. Cogiendo ligeros pesos o haciendo flexiones. Si no, podrías tardar más de lo esperado en volver a tu rutina habitual. Supongo que tienes bastante musculatura como para poder levantar grandes pesos, pero no lo fuerces demasiado.
El volvió a abrocharse su camisa mientras ella buscaba una carpeta que introdujo en su maletín.
- Volveré con vosotros para presentar vuestro informe médico - se detuvo unos instantes.- Ah, Rivaille...- le sonrió con malicia. - Será mejor que aprendas a ser más cariñoso. Las mujeres solemos tardar en acostumbrarnos.
Una vena de ira se posó en su frente. Su excesiva seguridad la hacía parecerse excesivamente al comandante, la misma sonrisa plagada de sarcasmo y misterio. Cada vez estaba más seguro de cómo había conseguido llamar su atención.
- Déjame que lo adivine. De los dos, tú eres la dominante - ella solo respondió con una leve sonrisa abriendo la puerta.
Tres caballos. Solo tres caballos para transportar a 5 personas. Mike se ofreció en seguida para llevar a Helenka.
- Rivaille puede venir conmigo - se apresuró a invitar Hanji despreocupada.
- No, mi deber es vigilarla. Yo iré con usted.- se urgió a anunciar Nanaba subiéndose a la grupa del caballo.
- Mejor, necesito ejercitarme un poco. Os veré en el cuartel - dio unos golpes a su montura y se adelantó al resto.
El tacto de la chica en su espalda era algo incómodo. Sabía que seguía mirándola con su penetrante mirada. Juzgándola.
Probablemente pensando en todos aquellos rumores que poblaban las murallas o debatiéndose entre alguna historia que hubiera podido escuchar mientras esperaba a que saliera de aquella consulta. Aunque Mike solía ser bastante cuidadoso con sus palabras, dudaba mucho que Rivaille fuese igual. Tanto a él como a ella les daba igua la opinión de las personas que nadie pudiese tener acerca de su excesiva cercanía. Pero tras aquellos tediosos días, era prioritario disimular.
- Nanaba...Nuestra relación no es algo que nos distraiga de nuestro trabajo.- silencio - No hemos dejado nunca que influya en los resultados de nuestras expediciones. Siempre hemos procurado que nuestro deber esté hecho antes de dejarnos llevar por pequeños arrebatos.
-...- más silencio.
- No quiero que pienses que no queremos ayudar a esta sociedad a avanzar. Pero a veces es complicado evitar que surjan este tipo de sentimientos. Somos humanos al fin y al cabo. Nanaba, ¿Nunca te ha gustado nadie?
Sintió un extraño estremecimiento en su espalda. Sin duda la frase le había calado. Quizás algún chico había conseguido horadar en la gruesa coraza que cubría su pecho.
- Ya veo. - sonrió tranquilamente - ¿Podrías mantener el secreto, por favor?
-¿Qué secreto? - disimuló en un tono extrañamente amable - Durante estos últimos días no he sido testigo de nada preocupante.
- Gracias.
- Señorita Zoe...- comenzó a decir al cabo de un rato - ¿Cree que al capitan Zakarius le gustan las mujeres con el pelo largo? - Hanji sonrió con cariño y continuó su camino en silencio.
.
.
.
Aquella nueva habitación aún le resultaba confusa. Pero su nueva cama era muy cómoda. No conocía al resto de las cadetes que ocupaban la residencia. A excepción de Petra, y Nanaba, que dormía en la habitación contigua.
Volver a vivir entre mujeres le recordó años anteriores. No merecía la pena aprenderse sus nombres. La mayoría de ellas se trasladaban invadidas por el miedo o morían en combate. Se preguntó si las cosas comenzarían a cambiar. Si volvería a su antiguo cuarto.
Abrazó su almohada con fuerza y cerró los ojos.
Debía de ser medianoche. Su profundo sueño fue interrumpido por unos golpes en la puerta. Audibles y fuertes. Posiblemente Petra.
- Otra pesadilla – pensó - Adelante, pasa - bostezó sin abrir sus ojos.
- Si siempre eres tan despreocupada, el día menos pensado se meterá cualquier loco en tu habitación. - su voz seria la hizo incorporarse de golpe. - Aunque no creo que lo esté más que tú.
-¡Rivaille!¿¡Qué haces aquí!? ¡Este es el barracón de mujeres! - el hombre hizo caso omiso a sus advertencias y pasó un dedo por la mesa.
- Que sucio. Como se nota que es tu habitación.
- Si no te gusta puedes irte a tu pulcra cama. - fanfarroneó. El hombre esquivó sus burlas y se introdujo en las sábanas, rodeando su cintura con los brazos.
- No puedo. He oído hace un rato a Erwin en el pasillo hablando con esa mujer. Y luego se ha cerrado la puerta con los dos adentro.
-¿Están...?
- No lo se. Son muy silenciosos. - recostó su cabeza sobre su estómago - Y prefiero no estar allí cuando empiecen a hacer ruido.
- Parece una ocasión perfecta para vengarnos.- su cara mostraba una muerca maliciosa, intentando ingeniar un extraño plan.
- Ya lo hemos intentado Mike y yo. Ha atrancado la puerta con una silla o algo y no hemos podido abrir. Creo que a partir de ahora voy a seguir ese truco.
- ¿Dónde ha ido Mike? ¿No se supone que debería estar vigilándote?
- Se ha ido a beber con los de su escuadrón. Me ha dicho que le daba igual dónde fuera mientras no le pidiera explicaciones después.
- Que suerte - pensó en la chica que le había tocado a ella como vigilante. Siempre tan seria y dedicada -Venga, quítate de encima. Pesas mucho. No puedo levantarme.
- Deberías hacer más ejercicio. Te pasas el día en el laboratorio. Debes dar ejemplo a tu escuadrón de científicos o terminarán siendo unos debiluchos.
- Mira quién fue a hablar. Llevas semanas sin entrenar por tu brazo. Seguro que ahora no puedes ni levantarme.
El hombre la miró desafiante y la levantó de la cama con sus brazos, hasta quedar lo suficientemente elevada como para que no pudiese mantener el equilibrio. Hanji se sujetó a su cuello para no perder el equilibrio.
- Espera un momento, no seas violento. Me voy a caer.- el la ignoraba y seguía sujetándola en alto. - Pensaba que no te gustaba que estuviera más arriba que tú.
- Siempre se pueden hacer excepciones – volvió a bajarla hacia sus caderas y dejó que posase sus labios sobre los suyos. Sus brazos agarraban con fuerza sus piernas sin dejarla caer. Dejo que su espalda se apoyase en una pared mientras la mantenía sujeta.
Cambió su equilibrio a una pierna, liberó una mano y comenzó a levantarle la camisa.
- Espera. En esta posición no. Me voy a caer. - él la agarró más fuerte otorgándole seguridad.
- No te vas a caer - se giró y la apoyó sobre la pared mientras la levantaba y agarraba sus shorts con los dientes - sujétate a mis hombros. - ella hizo caso y el empezó a tirar hacia abajo de su ropa interior.
Su fuerza la abrumaba. La estaba suspendiendo a más de metro y medio del suelo y no parecía fatigarle. Sin previo aviso Rivaille comenzó a lamer su intimidad haciéndole retorcerse de placer.
- Nanaba duerme en la habitación de al lado. La vamos a despertar- pensaba. Intentó contener sus gemidos mientras se agarraba a su pelo oscuro.
Al ver que no hacía efecto en ella, introdujo aún más su lengua. Sus piernas estaban suspendidas en el aire sobre sus hombros. Sus glúteos apoyados contra la pared sujetos por sus manos sin dejarla moverse.
No podía contener más su respiración. Arañaba su espalda intentando detenerlo sin éxito. Sus brazos comenzaron a bajarla poco a poco hasta que tocó el suelo.
Captó la indirecta y le ayudó a quitarse los pantalones. Se giró hacia su mesilla buscando su protección habitual.
Sintió el tacto húmedo y caliente de su miembro en sus manos mientras sopesaba sus opciones. Si eran descubiertos probablemente deberían dar parte y serían seriamente reprendidos. Pero tras tantos meses de austeridad, lo último en lo que le apetecía pensar eraen el absurdo gobierno. Rivaille acariciaba su pelo con cuidado separando mechón a mechón.
Se agachó sobre él y lamió pavorosamente la zona. Sin poder aguantar la excitación. Clavó un puño en la pared hundiendo su cabeza en su brazo. Se ayudó de sus manos y su boca para conseguir que su miembro se pusiese erecto. Cuando hubo adquirido suficiente dureza supo que había llegado el momento.
- No creo que podamos hacerlo así - él la levantaba sobre sus caderas por las rodillas mientras se sujetaba a su cuello - No podrás aguantar mi peso mucho tiempo. Vas a volver a lesionarte, idiota.
- Aquella enfermera me dijo que hiciera ejercicio.
No esperó más palabras de ella y se introdujo en su interior arqueando la espalda. Ella cruzó sus piernas en su espalda y se agarró más fuertemente a su cabeza. Dejando que sus gemidos entrasen directamente a su oído. No despertar a nadie, era lo único que cruzaba su mente.
Sin perder el equilibrio, la balanceó sobre él con aquel movimiento de vaivén. La punta de su miembro tocada directamente el techo de la mujer, que se retorcía en su espalda. Apoyó una mano en la pared y se ayudó de la otra para acelerar el ritmo de sus embestidas.
Su pelo se llenó en seguida de sudor. Abrazaba con fuerza a su compañera, dándole una protección inesperada. Sus labios se encontraron y sus lenguas se entrelazaron en el interior.
Apretó el beso sobre ella y la elevó nuevamente hacia arriba. Sus intimidades se rozaron en el aire mientras el líquido seminal caía sobre el suelo.
- Te dije que podía sostenerte, idiota.- comentó triunfal.
- Has manchado mi alfombra, maniático del orden. Vas a pagarla - el relajó su abrazó y la posó sobre sus caderas aún de pie. - Por cierto, has olvidado atrancar la puerta- repuso con sarcasmo.
Sin mediar palabra con ella, la llevó hasta la cama y se tumbó sobre ella dispuesto a llegar a un segundo asalto.
.
.
.
En silencio salió de la habitación mientras ella se vestía. Se verían dentro de pocos minutos, pero sería mejor no ir juntos. Mientras estaba poniéndose las botas oyó unos golpes desde la puerta. ¿Acaso Rivaille había olvidado algo?
- Pasa.
- Señorita Zoe, he venido a escoltarla como cada día. He pensado en despertarla por si se había quedado dormida - anunció con su seriedad habitual.- Vaya, está vestida. Pensaba que era una persona más desorganizada. - Hanji sonrió de medio lado pensando en el hombre que había salido minutos antes de su cama. La palabra organizada le parecía demasiado divertida.
- Vayamos al cuartel, en cuanto me den mi pauta para hoy iremos afuera. Creo que nos vendrá bien un poco de entrenamiento a mí escuadrón y a mí. Ah, y Nanaba...- comenzó a decir.
-¿Sí?
-¿Has dormido bien está noche?- intentó no ruborizarse mientras recordaba lo que había sucedido hacía varias horas.
-Claro, como cada noche.- Hanji intentó buscar algún signo de cansancio en sus ojos, pero nada - Cuando me acuesto tengo un sueño bastante profundo. Siempre es bastante útil, sobre todo para las misiones de campo. El capitán Zakarius dice que envidia esa habilidad de mí, aunque yo creo que es una tontería.
- Que suerte - su boca se torció en una sonrisa de alivio.
Se ajustó de nuevo las correas de sus piernas antes de entrar por la puerta. Su comandante se mostraba extrañamente pensativo, prácticamente no pareció advertir su presencia. Frente a puesto de trabajo aquella habitual horda de papeles que revisar.
- Es definitivo. Ese hombre no duerme.- carraspeó Rivaille con sorna. Erwin lucía extrañamente relajado y sin ningún tipo de cansancio. - Buenos días comandante.
- Rivaille, en tu mesa tienes el plan de trabajo de los próximos días. Mike vendrá dentro de poco y se unirá a tu escuadrón a supervisarte.- recordó la estúpida nueva orden que le habían impuesto y pensó en esa noche. Sin duda a Mike le daba igual su guardia. Lo cual siempre sería beneficioso para él.
- De acuerdo Erwin.
- Hanji - comenzó de repente interrumpiendo sus pensamientos.
-¿Sí?
- Pasado mañana es tu día de permiso. ¿Te importaría acompañarme a la ciudad? - parecía extrañamente contento.
- Claro, ¿hay algo que quieras comprar?- contestó leyendo con desgana el amasijo de papeles que ya era clásico encontrarse en su mesa.
- Un anillo.
.
.
.
Creo que más o menos se intuye hacia donde se va a dirigir el fic ahora que os he introducido un poco lo que quiero relatar.
Va a tratar un poco de la relación de Erwin y Helenka (ya sabréis porqué...)
También he querido introducir a Nanaba, y en el próximo fic introduciré a más miembros del escuadrón sin dejar a nuestros protagonistas de lado.
Nos vemos en el siguiente capítulo!
