Hola a todos! Esta semana les subo un pequeño capítulo intermedio sin mucha relevancia, pero que es importante para lo que sigue en el próximo: la estadía de Byakuya en la ciudad de Karakura. Respecto a eso, quieren algo de humor? Esto es mitad fan service, mitad loca imaginación, así que todas sus contribuciones son bienvenidas.
Agradezco a Zafir09 (tendré en cuenta tus ideas!), MaryJu-chan que sigue desde el inicio mi historia y me da consejines, a Diana Carolina, a Phantom Claire (wow, hasta a Francia llegó mi historia) y a Gabitha (me alegro que te haya gustado *.*). También gracias a los followers y a todos los que leen pero que no comentaron nada.
Espero disfruten este capítulo de mitad de semana, el fin de semana que viene se viene uno mejor!
Como siempre les comento, Bleach y sus personajes no son míos, sino del Gran Maestro Tite Kubo; en cambio, los hechos que aquí se relatan son producto de mi imaginación mitad novelista - mitad mangaka.
Anteriormente en Lazos…
- Kurosaki – dijo un serio Byakuya. - ¿Estás seguro de querer casarte con mi hermana? Sabes que somos de un clan noble, tú eres un Shiba, y eso conlleva responsabilidades impuestas por los mismos clanes.
Ichigo se paró firme frente a él, al otro lado de la mesa. Miró a Rukia, quien estaba de pie a su derecha y la abrazó por los hombros con un brazo. A la morena se le tiñeron repentinamente las mejillas de rojo, le encantaba esa seguridad de Ichigo al hablar.
- Sí. No me interesan las responsabilidades, no toleraría volver a verla sufrir.
Lazos
Capítulo 14: Con visitas en casa
- No te imaginas cuánto Rukia sufrió por una estúpida decisión egoísta.
- ¡Ichigo! – gritó la morena intentando contener a su casi prometido.
- ¿No les alcanzó con casi asesinarla una vez?
Inmediatamente Byakuya cerró sus ojos y esbozó un gesto de desaprobación.
- Creí que tus sentimientos eran diferentes, Ichigo. – agregó para intentar exasperarlo. Él conocía bien la manera de ser de Ichigo, y juraría que podría hasta comprender cada sentimiento, pero había tocado "su orgullo" y merecía pasarla mal. A veces.
- ¡¿Qué demo…?! – Isshin puso su mano sobre el hombro de su hijo, quien tuvo que callar.
- Discúlpalo Byakuya, es sólo un adolescente. Aquí crecen físicamente más rápido que en la sociedad de almas. – Dirigió una mirada amigable a Rukia – ¿Por qué no suben a hacer su tarea? Hablarán con tu hermano más tarde.
Sin decir nada, y sin comprender del todo la situación, subieron las escaleras, uno detrás del otro sin tocarse o verse. El mayor de los Kuchiki había comenzado a ocuparse del asunto, como si estuviera desde hace semanas esperando esa decisión de su hermana menor.
Una vez en la habitación y con la puerta cerrada se vieron por primera vez a los ojos.
- Bueno – dijo el chico de los cabellos naranjas, mientras se arrancaba un trozo de uña para disminuir la tensión. – creo que no tendrás que casarte con otro entonces.
- Sí… Nii-sama se está ocupando bastante de este asunto. Me ha ayudado bastante con la elección para ser sincera.
- … - no emitió sonido, pero lo único que pudo verse fue su expresión de duda.
- Antes… Cuando fui esos días a la sociedad de almas, él intentó arreglarme unas citas con nobles, pero fueron un verdadero desastre. De ser por mí, habrías sido mi primera opción, pero no estaba segura de mis sentimientos… O de los tuyos.
- Rukia…
- Espera. Déjame terminar. Además no quería interferir tanto en tu vida, antes de conocerme eras un adolescente normal, y no sería inteligente ni gentil de mi parte involucrarte más en mi mundo de muerte.
- Te equivocas. Si no fuera por ti, nunca hubiera descubierto esa parte de mí, parte que también me dio mi padre pero que no quiso compartir conmigo… No hubiera conseguido los amigos que tengo… No te hubiera conocido a ti.
- …
- Rukia, cambiaste mi mundo. Hiciste que deje de llover aquí… - dijo, con una mano en su pecho.
La morena se acercó despacio hasta reducir considerablemente la distancia entre sus rostros.
- Arigatou, Ichigo. – acabó sellando sus labios dulcemente con un beso.
Mientras tanto, en el comedor de los Kurosaki
- ¿Tarea? – preguntó extrañado Byakuya.
- Sí, aquí los niños asisten a una escuela hasta la mayoría de edad, y los profesores suelen darles ejercicios de lo visto en clase para que practiquen.
- Pensé que asistían a algún tipo de misión.
Isshin rió como si se tratara de un niño pequeño.
- Sé que es extraño, así como eso que bebes, que a propósito no es té sino café.
Comenzó a caminar en dirección al retrato de Masaki Forever, con una mirada melancólica y restos de felicidad en su rostro.
- Al llegar aquí había mucho que me llamó la atención… Las lluvias, la comida, los olores, la felicidad con que la gente vive…
Byakuya veía al hombre de camisa ridícula con suma atención.
- ¿Sabes? La gente aquí vive feliz porque no puede ver los ojos de la muerte. Algunos respetan lo que no pueden ver, otros le temen… Pero el caso más llamativo son aquellos que disfrutan cada momento, porque saben que la muerte puede llevárselos en cualquier momento. No hay tantas preocupaciones como allí… Es por eso en parte que quise irme.
Byakuya abrió sus ojos grises e inexpresivos, aunque quienes mejor lo conocen, podrían decir que había sorpresa en ellos. Había finalmente entendido.
- En eso nos parecemos mucho con Rukia. Supe… Supe también que el mundo humano se convertiría en mi verdadero hogar. Luego la conocí a ella… Masaki… Tardé dos vidas en encontrarla, y aunque la perdí pronto, me ha hecho el hombre más feliz de entre todo lo que existe. Gracias a ella pude disfrutar sentimientos de profunda alegría en mi corazón… Gracias a ella tengo tres hermosos hijos que proteger.
Hacia el final se le quebró la voz. Se había ido un poco de tema, pero gracias a ello, Byakuya pudo entender un poco más a su hermana, y a Kurosaki y su loca familia.
- Comprendo... – dijo un serio Byakuya, disfrutando su café mientras recordaba a su amada Hisana.
- Arigatou. – Recuperando su sonrisa y tono de siempre, Isshin continuó. – Bueno, en fin, mi hijo será inmaduro y grosero en ocasiones, pero deberías ver cómo se divierten con Rukia, o cuando pelean juntos… Sé que hay diferencia física de edad, y que él es humano, pero a mí no me ha ido nada mal, y no hay nada malo con el reiatsu de mis hijos.
- No es mi intención que Rukia e Ichigo…
- No digas nada, sabes que pasará en su momento.
Continuó bebiendo en silencio, escondiendo las ganas de practicar con su zanpakutou en Ichigo antes de tiempo.
- ¿No te da curiosidad saber qué hablan allí abajo, Karin-chan? – dijo una Yuzu con mucho brillo en sus pupilas.
- Yuzu, Yuzu… Eres igual a papá, sólo espera.
Un par de horas después, tras unas típicas peleas, tarea finalizada y por qué no unos inocentes besos; Rukia e Ichigo bajan de la habitación para ver junto a sus hermanas el programa de Don Kan'Onji; quien por supuesto, agradeció a su discípulo shinigami de cabellos anaranjados… No hace falta describir la expresión de nuestro protagonista al verlo y oírlo. Las tres chicas estaban completamente emocionadas, y siempre que ameritaba, pronunciaban al unísono las palabras mágicas del cómico exorcista… BUAJAJAJAJA. Cabe aclarar que Ichigo estaba junto a ellas en el sillón principal del living, sólo para acompañar a Rukia…
Se oye de fondo el ruido de la puerta de entrada, y al voltear los presentes, se encontraron con su padre y el mismísimo Byakuya Kuchiki vestido de civil.
Seguramente habrían ido de compras, ya que no era normal ir al mundo humano sin gigai y con haori. Cargaban además varias bolsas de supermercado… Rukia lo veía con ojos llenos de sorpresa, jamás lo hubiera imaginado haciendo ese tipo de tareas, o incluso allí mismo, dentro de un cuerpo faux…
- Rukia-chan, tu hermano se quedará con nosotros estos días. – dijo Isshin con una sonrisa. Ella continuaba sin poder creerlo…
- Ichi-nii, ten cuidado con lo que haces con Rukia esta noche, no te olvides que no estarán solos como siempre. – dijo una pilla Karin, buscando la reacción de su hermano.
- Yo preocupándome por ti, para que no caces hollows por las noches y así me agradeces, mocosa.
- Ah, respecto a ello hijo, dormirás con Byakuya; y tú, Rukia, con las gemelas.
Por la mente del hombre de ojos grises quedó resonando la frase "y tú, Rukia, con las gemelas…". ¿Querrá decir que duerme con Kurosaki? Esa vez no preguntaría, pero ni bien tuviera la oportunidad… Ese momento sólo dedicó una mirada hacia el chico en cuestión intentando advertirle que no se le acercara. Más le valía a ese chico cabeza de zanahoria no haberle tocado un pelo a su hermana.
La cena había transcurrido tranquila, salvo por Yuzu que tenía una gran admiración por el carácter y refinamiento del invitado; que ponía los pelos de punta a Ichigo. Había algo que le estaba demostrando, y era que se había acostumbrado tanto a los esfuerzos de la pequeña, que ya no se lo agradecía ni lo tenía en cuenta.
- Gracias por la comida, Yuzu-chan. Estaba deliciosa realmente. – dijo Ichigo por lo bajo, pero lo suficiente para que llegue a los oídos de todos.
- Arigato a ti, onii-chan. – sonrió como siempre lo hace.
Todo indicaba que Ichigo había comprendido el mensaje a la perfección.
Una vez vacíos todos los platos, Ichigo palmeó suavemente la espalda baja de Rukia, indicándole con ese gesto que debían levantar juntos la mesa. Y así lo hicieron. Recogieron todo lo que estaba sobre ella y lo llevaron a la cocina. La morena limpiaba la comida restante mientras el chico de los cabellos naranjas lavaba. Definitivamente él lo hacía mucho mejor… Desde aquella vez en que dobló un tenedor fregándolo, rompió tres vasos y dos platos por no saber apoyarlos, ella no había vuelto a realizar esa tarea.
Para ese momento, el único que quedaba sobre la mesa era Byakuya, quien estaba pacientemente esperando a su hermana y a Ichigo.
Le faltaban sólo unos platos por enjuagar, pero la curiosidad no evitó que Rukia quisiera salir a inspeccionar dónde estaba su hermano. Con repasador en mano, se escabulló cual ninja por el pasillo pequeño que separaba la cocina del comedor, y espió a su hermano por el marco de la puerta.
- Rukia.
Wow, la había pillado. Y eso que su gigai escondía el reiatsu… No podía seguir escondida ni podría evitarlo, así que optó por sentarse en la mesa, frente a él. Pasaron unos segundos en silencio, que resultaron incómodos para ambos. Desde la última vez que se habían visto, la situación había cambiado bastante, y todo comenzaba a clarificarse. Se debían una charla hermana a hermano.
- Lo supe desde aquella vez en que peleé con él por la promesa a mis padres.
- … Nii-sama… - no podía creer el significado de esas palabras. Si bien siempre sintió una conexión especial entre sus almas, en su vida no había considerado siquiera verse en esa situación con Ichigo.
- Es un niño aún, pero tiene buen corazón.
Sin decir más, y dejando a la morena sin palabras en la mesa, Byakuya se retiró hacia la habitación que compartiría esos días con su actual cuñado. Vio cómo se retiró por el arco de la escalera hasta que su sombra dejó de verse.
- ¿Oye, te encuentras bien, enana? – Ichigo ya había terminado de lavar los platos. – Quita ya esa expresión extraña y ven a secar las cosas.
- Hai hai. – Se levantó de la silla y fue a hacer su parte.
Espero que se hayan entretenido con este capítulo, espero comentarios, sugerencias, ideas, tomatazos... Lo que prefieran. Gracias por leer!
