La historia original pertenece a Princess Kitty1

Bajando por el muelle

Orihime nunca antes había montado en avión.

Era absolutamente increíble lo rápido que había ido todo. En un momento estaba sentada en el suelo del salón, con un DVD en la mano; al siguiente estaba hablando por teléfono con Rangiku, disculpándose profundamente por tener que ausentarse del trabajo por lo que Ulquiorra denominó una simple "emergencia familiar" y, al siguiente, estaba ayudándolo a colocar los muebles… otra vez. Dedicaron toda la tarde del domingo a ponerlo todo patas arriba. Entre otras cosas, decidieron dónde poner los platos juntos, para no tener que rebuscarlos entre las tazas y los cubiertos. Las tazas también se vieron modificadas: Nueva Orleans, Austin, Miami, Honolulu, Denver y Salt Lake City se unieron a Batman, en el pequeño armario de madera. Al hacerlo, Orihime finalmente descubrió dónde se encontraban las que habían desaparecido: en la parte de arriba de la despensa, donde había cajas que pertenecían a cada una de las tazas. ¿Cuántas tenía?

Pero ni siquiera eso fue suficiente para aliviar el estrés de Ulquiorra. No; en un esfuerzo por evitar que sus manos siguieran temblando, se hizo café, lo que, por desgracia, no hizo sino lograr que sus temblores aumentaran. Orihime anduvo de un lado para otro del salón, sin saber qué hacer mientras él se sentaba, con su portátil y su café, iniciando Internet y abriendo numerosas páginas web; todas ellas sobre viajes. Ella observó por encima del hombro cómo pasaba de una a otra, fijándose en los números de la pantalla. ¿Siempre había sido tan caro viajar? Orihime nunca había salido de la ciudad; nada de vacaciones ni viajes escolares a otro estado…

Y, entonces las cosas fueron a peor. Tal vez el café no hubiese sido lo mejor que ingerir o Ulquiorra estuviera más nervioso de lo que ella creía o ambas cosas, pero, después de comprar el billete para el día siguiente y quedarse parado un instante, algo aturdido, por poco no llegó al baño para vomitar lo poco que había en su estómago. La historia se repitió veinte minutos después, aunque, esa vez, ya no tenía nada en su sistema, así que acabó sufriendo un ataque de continuas arcadas.

Durante una hora, aproximadamente, Orihime creyó que estaría a punto de llorar. Estaba aterrada. Ulquiorra no se encontraba mejor; había empezado a tener sudores fríos, no dejaba de temblar ni podía sujetar nada. Cada vez que se dirigió a ella, fue para hacerle preguntas sencillas; "¿Te mareas en los viajes?" No, que ella supiera. "¿Te sangra mucho la nariz en las alturas?" No; a veces sangraba jugando al baloncesto, pero se encontraba bien. "¿Tienes un vestido negro?" Sí, pero no estaba segura de que fuera lo suficientemente recatado para un entierro.

La noche transcurrió en un torbellino de tensiones. Ulquiorra no durmió y, por culpa del ruido que hacía al preparar la maleta, Orihime tampoco lo logró, hasta que, finalmente, decidió seguir su ejemplo. Había muchas cosas que llevar, pero él le indicó pacientemente aquello que las compañías aéreas permitían y no permitían llevar en la maleta. Entonces, Ulquiorra se ocupó de alquilar un coche, para su estancia.

Finalmente, cuando estaba a punto de amanecer, Ulquiorra les informó a Grimmjow y a Gin de que él y Orihime estarían fuera los próximos días. Grimmjow se apresuró a recordarle a Ulquiorra que tenía un aspecto lamentable, pero no añadió nada más; sabía que, si su amigo estaba así, algo serio tendría que haber ocurrido.

Unas horas después, Orihime se encontraba del brazo de Ulquiorra, que la guiaba por el transitado aeropuerto. Sus ojos se abrieron de par en par, fijándose bien en los altos techos, las negras pantallas situadas detrás de los puestos de información, que mostraban todos los vuelos- las horas y los retrasos en colores distintos- el personal de seguridad en cada esquina, los elegantes pilotos y en las auxiliares de vuelo, que llevaban distintas maletas. Tenía que parecer tan confusa como estaba, aunque el hombre que se ocupó de su equipaje le mostró una amable sonrisa, mientras les indicaba el camino a seguir.

Ulquiorra se acercó a una máquina que, después de algunos contratiempos con la clave y los números, sacó dos billetes, de los cuales uno le ofreció a la joven. Ella lo miró; estaba su nombre impreso, junto con la información del vuelo. Aeropuerto de Sea-Tac. Entonces, se dio cuenta de que iban a volar a un estado distinto.

La pelirroja se quitó los zapatos, pulseras y demás joyas mientras pasaban por la puerta de seguridad y su estómago gruñó nerviosamente mientras caminaba por el detector de metales. Cogió rápidamente sus cosas y volvió junto a Ulquiorra, a quien no le había hecho falta quitarse nada.

Apenas les llevó tiempo encontrar la puerta de embarque. Orihime había estado tan distraída observando las tiendas del aeropuerto, que ni siquiera se había fijado en que el móvil le brillaba hasta que Ulquiorra se lo mencionó, preguntándole, además, si pensaba contestarlo.

- Ah, sí- sacó el teléfono del bolso, abrió la tapa y se fijó en la pantalla. Era un mensaje de Chizuru, preguntando qué estaba pasando. Ojalá tuviera una respuesta. Ulquiorra no había dejado de moverse desde la tarde anterior, así que, ¿cómo iba a preguntárselo? Sin embargo, al llegar a la puerta 22 y descubrir que el avión aún tardaría en llegar, Orihime aprovechó la oportunidad. Esperó a que Ulquiorra se desplomase en los asientos azules, de plástico, tomó aire y miró al espacio durante un minuto o dos, antes de abrir la boca- Entonces… Vamos a un funeral…- dijo con cuidado, moviéndose inconscientemente cuando sus ojos verdes se fijaron en ella- pero, ¿de quién, exactamente?

Ulquiorra pestañeó por un instante y sus ojos se abrieron casi al momento, como si de verdad estuviera sorprendido de no habérselo contado.

- Lo siento, señorita Inoue- acercó la silla que tenía a su lado, para que ella se acomodara- Disculpa que haya estado tan distraído…- suspiró- De mi padre adoptivo, Lowell Ingram- y, una vez más, su voz sonó tan vacía y lejana como lo había hecho al teléfono, el día anterior. Entonces, dejó escapar una sarcástica sonrisa- Y deja que me disculpe de antemano por todo lo que va a ocurrir.

- ¿Qué quieres decir?- preguntó Orihime, tratando de parecer despreocupada. Sabía lo que era perder lo más parecido que había tenido a una familia… pero, al parecer, él no. Ulquiorra negó con la cabeza.

- Si te soy sincero, todos los que han estado buscándome durante los últimos seis años, estarán allí- se fijó en la sorpresa de la chica- Por eso he estado tan estresado.

De pronto, Orihime tuvo la idea de darse media vuelta y volver al apartamento; estaba a punto de ser testigo de cómo Ulquiorra Schiffer volvía a ser Ulquiorra Ingram y salía de su escondite, así que viniera lo que viniera después, estaba segura de ser muy, muy malo… y ella estaría en todo el medio. La pelirroja se desplomó en su silla, fijándose en las hileras de asientos vacíos que tenía delante. ¿Estaba preparada para eso? La idea era bastante egoísta, pues, le pasar lo que le pasara a ella, no sería nada en comparación con lo que le tocase vivir a Ulquiorra. Él pareció reconocer su temor, pues le apartó la mirada y la clavó en el enorme cristal.

- Lo siento, señorita Inoue- dijo, despacio, casi con culpabilidad.

Oh, estaba claro que, si se esperaba que volviera a hacerle la cena, así no lo conseguiría.

Pero Ulquiorra apenas había pensado, desde que comprase los billetes. Había estado en modo automático, pues su consciencia reposaba en posición fetal, en alguna parte, mientras su subconsciente le recordaba qué hacer y ese subconsciente le dijo, precisamente, que necesitaba que Orihime fuera con él; no porque no confiara en ella lo suficiente como para dejarle su casa- cosa que también era cierta- ni porque sufriera una recaída si no estaba bajo su permanente supervisión- algo también cierto. No, razonó su cerebro, sino porque la necesitaba, sólo por ser ella y eso le asustaba aún más que encontrarse con toda la gente que lo esperaba en Washington.

Al embarcar, media hora después a Orihime le pareció que el avión tenía un olor muy peculiar. Todo el aeropuerto olía raro, pero el aroma de allí era incluso peor. Estaba a punto de dolerle la cabeza, aunque eso tal vez se debiera, en parte, a que no había dormido nada. La chica observó los asientos de primera clase brevemente, mientras seguía a Ulquiorra por el angosto pasillo.

- Espera, ¿viajas en clase turista?

- ¿Tanto te sorprende?

- Pues… sí.

Ulquiorra negó con la cabeza.

- La gente no debería alardear de algo, sólo por tenerlo- añadió, esperando a que la mujer que tenía delante pusiera el maletín en su compartimento, delante de ellos- Además, así te divertirás más.

Orihime frunció el ceño. Estaba al límite, pues su corazón latía con mucha fuerza y su estómago se contraía, sintiéndose aún peor. Había oído que a casi todo el mundo le gustaba viajar en avión. Chizuru y Rangiku le habían dicho que no tenía nada de particular. Las estadísticas decían que era mucho más seguro volar que conducir, pero eso no cambiaba el hecho de que estaban a cientos de kilómetros por encima del suelo firme.

- ¿Cuánto se supone que va a durar el vuelo?

- Hmm, no mucho… Cuatro horas, quizá- contestó Ulquiorra- Por lo menos no tendremos que hacer escala en ningún lado.

- ¡Bieeen!- repuso Orihime, sin convicción.

El avión estaba casi vacío, tal vez, tal y como había señalado él la víspera, porque la gente no viajaba mucho en esa época del año. Él le ofreció el asiento que daba a la ventanilla, aunque oficialmente fuese el suyo.

- Los primerizos siempre cogen ventanilla- insistió.

Orihime no tenía ganas de ver nada, pero si dejaba entrever lo asustada que estaba, tal vez él insistiera con más empeño; no podía olvidar que, independientemente de lo que le ocurriera en la vida, ese tío era un sádico, así que, a regañadientes, se sentó al lado de la ventana, distrayéndose al ver a los hombres uniformados paseando. Cuando se aburrió, se fijó en el panel que tenía justo encima de su cabeza, compuesto de una luz, un botón para llamar a la azafata y un pequeño ventilador. Delante de ella, observó una bandeja que había que bajar, pero la soltó demasiado rápidamente, provocando un sonoro estruendo al volver a su posición. Ella miró a Ulquiorra, que a su vez la miraba, divertido.

- Cállate.

- No he dicho nada- repuso, abrochándose el cinturón.

Orihime sintió que el rubor sonrojaba sus mejillas. Dejó la bandeja en su sitio y se cruzó de brazos, aunque pronto descubrió una pequeña pantalla, en su reposabrazos.

- ¿Qué es esto?- preguntó, apretando un botón y haciendo que la pantalla se encendiera. Ulquiorra sonrió; era como estar con un niño pequeño.

- Una radio.

- No oigo nada.

- Necesitas auriculares- explicó él, mientras el avión se sacudía. Orihime gritó de la sorpresa, aunque, casi al instante, se tapó la mano con la boca. Tal y como observó, se movían, pero seguramente estuvieran aún en tierra. Cuando su ansiedad alcanzó el límite, Ulquiorra empezó a reírse por lo bajo, aunque ella le golpeó en el brazo.

El capitán apareció, dando la bienvenida a los pasajeros y explicándoles a qué altura viajarían, antes de aterrizar en Seattle. Orihime observó con atención la explicación que dio una de las azafatas acerca de cómo abrocharse el cinturón- aunque, pese a todo, siguió necesitando que Ulquiorra le ayudase a ponérselo- y, en caso de emergencia, cómo ponerse la máscara de oxígeno y el chaleco salvavidas. Orihime trató de no pensar en todas las maneras en las que ese viaje podría terminar en desastre. El avión siguió caminando por la pista un poco más. La joven saltó de la sorpresa cuando otro avión pasó a su lado y el ruido de su motor sonó por todo el compartimento.

Ulquiorra la miró, tratando de decidir si Orihime ya habría pagado bastante lo que le había hecho a sus pobres sillas.

- ¿Quieres que te dé la mano?

- Calla la puta boca- gruñó ella. Oh, sí, eso sería genial. Él se recostó, satisfecho de contar con semejante entretenimiento que le impidiera pensar en lo que le esperaba al aterrizar. Orihime observó cómo otro avión despegaba, preguntándose cuándo sería su turno- Oye- dijo, mostrándose extrañamente habladora- ¿qué tiempo hará allí?

Ulquiorra se detuvo a pensarlo.

- Si conozco bien Washington- pestañeó despacio- hará frío, estará nublado y, muy probablemente, lloverá.

- ¿Y creciste allí?

- Sí.

- Bueno, tiene mucho sentido- Orihime le golpeó el brazo- Lo digo porque eres muy pálido, aunque sigo creyendo que tal vez seas un vampiro y, si la cultura popular no me engaña, me inclino más por esa opción- continuó, dándole la espalda a la ventana.

Ulquiorra rió.

- ¿Estás tan asustada, señorita Inoue?- preguntó, al tiempo que el avión se giraba bruscamente.

- No- la joven tembló cuando las ruedas empezaron a chirriar y rugir, haciendo que al avión alcanzase una velocidad desmesurada- ¡Bueno, tal vez!- gritó, mirando por la ventana con sus grises ojos. Estaban alejándose tanto de otros aviones como del aeropuerto en sí, a los que abandonaron tras una nube de polvo. Apretó el reposabrazos tan fuertemente que sus nudillos se volvieron blancos y gimoteó cuando la parte delantera se alzó más que la trasera, formando un ángulo extraño, mientras la tierra se quedaba atrás y el avión cogió más velocidad. Los coches, las casas y los edificios se redujeron hasta parecer juguetes, empequeñeciendo aún más cuando la joven, finalmente, puedo observar toda la ciudad bajo sus pies.

La ciudad que la había aprisionado durante toda su vida; la ciudad en la que Momo estuviera, en ese instante, en clase, soñando con su misterioso novio mayor; donde Rangiku estuviera recostada en su despacho, perdida en sus pensamientos; donde Ichigo, Tatsuki, Ishida, Chad, Rukia y su prometido estuvieran almorzando, donde Nel y Szayel estuvieran cotilleando sobre los demás residentes de Las Noches y donde Gin, por suerte, se encontrara en la recepción, sumido en su miseria. Entonces, el avión se giró a la izquierda y la ciudad desapareció de vista, quedando sustituida por el cielo azul.

Orihime se dirigía hacia lo desconocido, pensó, tal y como había ocurrido cuando se presentó en casa de Ulquiorra, pidiéndole quedarse allí. Esa noche le abrió la puerta y, entonces, se dio cuenta de que, a pesar de haberse negado, Ulquiorra le había agarrado la mano. Era un gesto muy simple, pero logró que todo el miedo que sentía desapareciese. Y, así, cuando el avión se hubo perdido entre las nubes, Orihime subió el reposabrazos, apoyó su cabeza contra su hombro y se durmió, aspirando el reconfortante aroma del joven.

Orihime se despertó al final de la película que habían puesto. Había tenido un sueño muy raro; seguía la historia de la ópera italiana de Ulquiorra, pero él era el demonio, con dos alas negras y enormes, un agujero en el pecho, donde debería haber estado el corazón- lo que le pareció bastante gracioso- dos cuernos puntiagudos y dos líneas negras, que se deslizaban por sus mejillas, a modo de lágrimas. Los aldeanos que le perseguían eran individuos sin rostro, con cámaras y micrófonos en vez de armas, y no habría dudado en matarlo si ella, la princesa, no se hubiese esforzado en descubrir por qué se había convertido en un demonio. La joven se sintió casi aliviada al encontrarlo sentado a su lado, siendo humano y no un no-muerto.

- Dios, ¿cuánto tiempo he estado dormida?- murmuró, observando que la ventanilla de su izquierda estaba tapada.

Ulquiorra movió su rígido hombro.

- Casi todo el vuelo- podía haberla despertado antes y seguía preguntándose por qué no lo había hecho cuando el capitán les anunció que estaban atravesando una cordillera. Orihime abrió la ventana y tragó saliva. El paisaje había cambiado totalmente, pues, en ese momento, se encontraban encima de un pico nevado, circundado por una nube lluviosa. Era lo más bonito que jamás había visto.

- Vaya…- murmuró, mientras pensaba que Las Noches era la cima del mundo. Entonces, se giró hacia Ulquiorra, sonrojada de la excitación- ¿Cuánto falta hasta que aterricemos?

- Seguramente, no más de media hora- contestó, apartando la mirada de ella. El viaje había sido muy tranquilo, pero, al fijarse en sus profundos ojos grises, sus mejillas sonrosadas, sus sonrientes labios y su melena pelirroja despeinada, que resaltaba su entusiasmo, él no pudo evitar sentir que algo temblaba en su interior. Antes, se había sentido culpable por haberla llevado a ese viaje, para que fuera su saco de boxeo, pero, en ese momento… la culpa había vuelto, pero por otro motivo… un motivo que, entonces, le pareció trivial y sin importancia. Si ella lo hubiese descubierto semanas atrás, le habría dado igual. ¿Qué había cambiado desde finales de agosto? ¿Por qué su lógica le parecía cada vez más incomprensible?

No era nada, pensó firmemente. Sólo estaba estresado. Había sido un día muy largo y no había dormido nada. Cuando volvieran a Las Noches, las cosas regresarían a la normalidad. Ya nada le preocuparía… aunque detestaba la fuerza con la que trataba de convencerse de aquello.

En los minutos siguientes, Orihime sintió que el avión empezaba a descender. Bostezó continuamente para destaponar sus oídos y, cuando eso no funcionó, buscó algún chicle en su bolso. Además, también necesitaba refrescarse la boca. Volvió a mirar por la ventana; todo cuanto había eran nubes, lo que provocaron continuas turbulencias, al tiempo que el avión bajaba. Por suerte, los nervios de la chica se habían calmado, tanto que incluso disfrutó del cosquilleo que sentía en el estómago.

Pronto, el avión se alejó de las nubes y Orihime divisó los verdes bosques que tenían debajo, con ocasionales pueblos y ciudades. Al horizonte, se encontraban las profundas aguas azules del Pacífico, mientras se acercaban al estrecho de Puget; entonces, el avión volvió a girarse y aquello quedó lejos de su vista. Al mirar por las ventanillas del otro lado, Orihime se fijó en las cadenas de montañas, parcialmente escondidas por las nubes. Era precioso, pero el sombrío clima le daba a todo un aire deprimente.

El tiempo perfecto para un entierro, supuso. Entonces, observó que Ulquiorra había estado muy callado; ni siquiera había bromeado de su miedo al aterrizar. Apenas miraba al frente, concentrándose en golpear sus dedos contra sus rodillas.

El motor del avión volvió a chirriar. Era como si la velocidad se estuviera incrementando, a medida que se acercaban al suelo. Entonces, la pelirroja pudo ver mejor las cosas; carreteras, coches, bosques de pinos, edificios y puentes, que atravesaban las tranquilas aguas. Vale, tal vez estuviera un poco preocupada. ¿Era normal que temblase tanto? Ulquiorra parecía bastante aburrido, así que ella intentó fingir ser valiente. Los edificios empezaron a definirse y los coches a moverse, a diferencia de lo estáticos que parecían a mayor altura. Y, entonces, la chica pudo ver a la gente; aún a tamaño pequeño, pero agrandándose por momentos.

Orihime se reclinó en su asiento al tiempo que al avión daba otro giro y siguió todo recto; entonces, las cosas se presentaron aún más cercanas. En apenas unos segundos, ya estaban a la altura de los árboles, así que también podía observarse la carretera que tenían debajo. Y, justo cuando la joven estuvo a punto de decir algo, las ruedas del avión tocaron tierra y todo él se sacudió, formando un gran estruendo en la cabina que, poco a poco, fue calmándose. El capitán volvió a aparecer y les dio la bienvenida a Seattle. Era la una de la tarde- Orihime habría jurado que era mucho más tarde- estaba nublado y hacía una temperatura de 13 grados.

- No está mal para ser octubre- comentó Ulquiorra, sin apartar la vista del asiento que tenía delante. Entonces, esbozó una pequeña sonrisa- Has sobrevivido a tu primer vuelo.

- Sí…- Orihime ni siquiera trató de ocultar su expresión de preocupación. Ella estaba bien, pero, ¿él sería capaz de aguantar, los próximos días? Tan pronto como los pasajeros pudieron encender sus aparatos electrónicos, ella encendió su móvil y descubrió bastantes mensajes nuevos: Rangiku le pedía que le trajera un suvenir, Nel le daba consejos para evitar el mareo en el avión, una enfadada Chizuru le recriminaba que Ulquiorra hubiera sido capaz de hacerle cruzar medio país y una preocupada Momo le preguntaba si todo iba bien. La joven respondió con alegría a todos ellos, mientras el avión llegaba a su terminal y todo el mundo empezaba a levantarse.

Orihime se esperaba que hubiese muchísimos periodistas en el aeropuerto, esperando a que Ulquiorra llegase, pero incluso mientras esperaban para recoger sus maletas, las cosas estuvieron muy tranquilas. ¿Es que no tenía amigos que pudiesen ir a buscarlo? Era bastante triste, pero Ulquiorra estaba bastante aliviado, así que Orihime se sintió igual.

Después, se dirigieron al puesto de alquiler de coches, donde le dieron las llaves de un Hyundai sedan negro a Ulquiorra, lo suficientemente grande como para que cupieran los dos y su equipaje. Nada más subir, él encendió la radio, se detuvo un instante y, finalmente, encontró una cadena de música clásica.

- ¿Cómo estás, señorita Inoue? ¿Quieres comer algo, antes de que lleguemos?

- No, estoy bien- Orihime no quería alargarle más aquello; si comieran algo, seguramente Ulquiorra acabase vomitando, pues los temblores de su mano habían regresado- Puedo esperar.

Ulquiorra sacó el coche de aquella zona.

- Sabía que dirías eso.

El viaje fue tenso y silencioso, salvo por la música que salía de la radio. Mientras paseaban por los rascacielos y el agua que salía de las nubes brillaba gracias a los pálidos rayos de sol, Orihime sacó una foto del paisaje con la cámara de su móvil y se la mandó a Chizuru. Tal vez eso le tranquilizara; la pobre mujer seguía enfadada por el repentino viaje.

Orihime estaba encantada con las vistas. Los árboles perennes, las casas y los edificios se encontraban sobre los pequeños montes, con vistas a los profundos lagos azules, donde los barcos y las boyas flotaban y las gaviotas cazaban su aperitivo. El tráfico era horrible- ¿dónde no lo era?- y las nubes eran deprimentes, pero, en el fondo, todo le resultaba maravilloso. La pelirroja tenía la cara pegada a la ventana, incluso después de haber salido de la ciudad, adentrándose en los bosques. En poco menos de una hora llegaron a otra ciudad, justo al lado de un gran lago, donde llovía un poco.

- ¿Qué es esto?- le preguntó a Ulquiorra, que seguía concentrado en la carretera.

- Tacoma- contestó él, mirándola- ¿estás segura de que no quieres parar a comer algo?

- Sí, estoy segura- Orihime ignoró el rugido de su estómago; lo estaba haciendo por él… al menos, eso esperada.

Pasaron por un centro comercial, una tienda de música a la que Ulquiorra miró con nostalgia y varias tiendas de ropa, antes de dejar la autopista y adentrarse en una serie de carreteras sinuosas, que los adentraron más y más en la zona de Tacoma. Finalmente llegaron a Lakewood, donde pasaron por el centro de la ciudad, hasta alcanzar grupos de mansiones escondidas tras los pinos, casas más pequeñas, algunos centros comerciales y unos cuantos colegios.

- Ya casi hemos llegado…- dijo Ulquiorra, con un profundo suspiro. El chico condujo por una montaña y, al detenerse en un semáforo, señaló hacia delante- Ése es el instituto donde me gradué.

Orihime miró hacia donde le indicaba y se fijó en el letrero del instituto.

- No parece muy grande- se fijó. Su instituto era como tres veces aquél.

- No lo es- el semáforo se volvió verde y él giró a la izquierda, mientras sus dedos bailaban nerviosamente contra el volante, atravesando distintos complejos de apartamentos, hasta llegar a un bosque; lo más bonito que Orihime había visto en la vida. Las hojas de los árboles eran amarillas, rojas y naranjas, a juego con el otoño y la carretera por la que circulaban estaba cubierta de ellas. Era como mirar por un caleidoscopio. Pasados uno o dos giros, el bosque terminó y Orihime descubrió que se encontraban sobre una montaña, con vistas a lo que parecía ser un lago. De hecho, todo el pueblo estaba sobre ese monte. Era bastante pintoresco, pues parecía uno de ésos lugares de ensueño, donde la gente siempre deseaba vivir y las novelas más exitosas se desarrollaban. Al pie del monte, había un ferry que cruzaba coches y pasajeros por el lado, a la isla del otro lado- ¿Te gusta?- la voz de Ulquiorra le sobresaltó mínimamente.

- ¿Gustarme? Esto es… increíble- Orihime llevó la mano a la fría ventanilla- Seguimos en Lakewood, ¿no?

- No, esto es Steilacoom- aclaró Ulquiorra, reduciendo la velocidad al pasar por las casas y los pequeños negocios- Aquí viví tres años, después de que los Ingram me adoptaran.

Ella se giró hacia él.

- Entonces, ¿una de estas casas es tuya?

- No exactamente.

El coche llegó al final de la carretera, hasta el muelle y volvió a girar, subiendo la montaña. Delante de ellos se extendía un largo sendero, circundado por altos pinos de gruesos troncos, que formaban un bosque muy extenso. Sin embargo, Ulquiorra giró hacia otro camino, en vez de perderse en el bosque, que los llevó a un grupo de casas, muy parecidas a las de la zona norte de su ciudad y en las que Orihime nunca había estado. Presa de la ansiedad, Orihime se recostó en el asiento, cerrando los ojos y deseando poder desaparecer. Intentó mantener el optimismo que tal vez Ulquiorra hubiese perdido- después de todo y, si no estaba equivocaba, él había vivido allí durante seis años. Entonces, Ulquiorra llegó hasta una inmensa mansión de ladrillo con muchísimas ventanas, un amplio garaje y un vasto césped verde. Estaba justo al final de la calle y, muy probablemente, tuviera una preciosa vista a la bahía.

Ninguno de los dos se movió para salir del coche. Ambos miraron con creciente pavo el buzón de color amarillo, con el nombre Ingram escrito en uno de sus laterales. Ulquiorra parecía estar a punto de enfermar. Orihime luchaba contra el nudo que se formó en su garganta. Sin saber cómo una modesta prostituta como ella había acabado en un vecindario así.

No estaba segura, pero habría jurado que el destino se estaba riendo de ella.

Continuará

Hola! Siguiente cap arriba! Qué os ha parecido? Bueno, creo que este cap ha sido más introductorio de lo que va a ocurrir que otra cosa, aunque no ha estado falto de momentos. Qué majo Ulquiorra, cogiéndola de la mano para que no se pusiese nerviosa… que bastante tiene él con lo suyo! Ahora que ya han llegado, me pregunto qué ocurrirá y cómo recibirá la familia Ingram a Inoue. Supongo que saldrán más secretos del pasado de Ulquiorra, así que me pondré ya mismo con el siguiente cap! Ya me diréis qué os ha parecido, un beso!

Princess Kitty1: hi! I love how love is growing in both of them and I'm looking forward to see what will happen in Washington. Will Orihime discover more secrets about Ulquiorra's past? Sure but I can't imagine which ones! Oh, do you really lived in Washington? When I was younger I went on a trip tp Albany and New York, but I hope I can return somedoay because I want to see all the country. Now I'm more impatient tan before, so I think I'm gonna start with the next chapter right now! Thak you very much for your story!

Sakura Rose Cifer: hola! Gracias por los ánimos! Aunque, si te digo la verdad, sin el diccionario no haría nada de nada! XD. Exacto; más le vale a Gin desvelarnos su secreto, aunque seguro que él está deseando contarlo. Y en cuanto a Paco, seguro que aparecerá dentro de poco, aprovechando que saldrán cosas del pasado de Ulquiorra. Y en este cap ya se ha sabido que el que ha muerto es Lowell Ingram, así que a ver cómo reacciona el resto de la familia cuando vea a Ulquiorra de vuelta… y acompañado! Un beso!

kaginulove-maria-chan: Pobre Ulquiorra; no sé cómo ha podido contenerse para no matar a Inoue por lo de las sillas XD. Veo que el Gin-Ran ha causado expectación! Yo también estoy deseando saber qué ocurrió entre ellos, porque es una de mis parejas favoritas del canon. Y, ahora que hemos visto a las chicas borrachas, a ver cuándo llega el turno de los chicos, que también tienen que montar un buen espectáculo! Ay, qué mono Ulquiorra durmiendo en el sofá; seguro que la próxima vez que lo vea, Hme no se resiste. Y sí, has acertado respecto al muerto! XD. Espero que el cap haya gustado mucho! Un beso!

yuuki: hola! Ya, las cosas se están complicando cada vez más y eso que la autora todavía no se ha centrado en más parejas! Espero que, por lo menos, esta tanda de episodios desvela algo más del pasado y de la vida de Ulquiorra, que ya es hora! Y en cuanto a Gin, supongo que tendremos que esperar un poco más; por lo que he visto, todo se desvelará cerca del capítulo 20… así que voy a darme mucha prisa! Un beso!

Emo Romantica 03: hola! Pues, por lo que he visto de Gin y Rangiku, no vas demasiado desencaminada… Está claro que se conocen y algo fuerte tuvo que pasar entre ellos, para que ahora Gin haga como si no la conociera. Espero que no tarde mucho en contarnos su secreto, porque estamos con el alma en vilo! Tú tranquila; cuéntame lo que quieras, que a mí me encanta leer los reviews! Además, así nos "conocemos" más, por decirlo de alguna manera. Y en cuanto a Orihime, creo que desde que vio a Ulquiorra sin camiseta, cambió el concepto que tenía de él; el problema es que, siendo como es ella, seguro que tarda muchísimo en admitirlo… pero bueno, supongo que los días que pasen en la nueva ciudad servirán para que se conozcan un poco más, sobre todo ella a él. Jajajaja, pues ha pasado muchos nervios en el avión! Por suerte ha estado junto a Ulquiorra para pasarlos, porque si no a saber qué hubiera hecho… Gracias por el comentario y espero que te haya gustado el cap. Un beso!

Yuuri no Mai: hola! Ya, a ver si pasan pronto esas tres semanas! Me pregunto qué estará tramando… Bueno, por ahora tendremos que conformarnos con saber más del pasado de Ulquiorra, que también tiene historia. Esperemos que la relación UlquiHime se estreche un poco más, aunque no sé yo qué vendrá primero: si el deseo o el amor… bueno, supongo que aparecerán la vez, aunque, desde luego, deseo ya hay XD. Además, cada vez confían más el uno en el otro (no creo que Ulquiorra se hubiese llevado a un funeral a alguien que no fuese Hime). Espero que el cap te haya gustado, un beso!

ladysephiroth: hola! Pues sí, a ver si llega ya la fiesta de Halloween y nos despejamos todas las dudas que tenemos, que ya son bastantes! Espero que, al menos, en estos 3 capítulos, más o menos, del funeral, resolvamos alguna duda que otra sobre Ulquiorra. Ay, pobre Orihime; seguro que, a partir de ahora, le hace chantaje a Ulquiorra para que le deje dormir en su cama más de una vez. A mí tampoco me gusta nada Aizen (en el manga ni al principio, ni al final… es el malo! XD), pero tranquila, porque creo que va a salir Hitsugaya, aunque tendremos que esperar un poco más para verlo. Espero que el cap te haya gustado y ya me dirás qué te parece. Un beso!

MiliKaulitz: hola! Gracias por el apoyo! Pues ya se ha desvelado quién es el muerto, aunque ahora habrá que seguir cavando un poco más para ver la relación que tenía con Ulquiorra. Por mucho que le pese, me da a mí que va a tener que contarle parte de su pasado a Orihime… aunque a ella también le llegará la hora de hacerlo! Espero que el cap te haya gustado. Un beso!

Kuchiki Kibe: hola! Jajajaja; la escena de los videojuegos me encantó hacerla; me imagino a Grimmjow igual de enfadado que siempre y a Ulquiorra igual de indiferente; tal para cual.Y parece ser que Orihime ya ha descubierto el punto débil de Ulquiorra… la comida! Seguro que podrá chantajearlo más de una vez con eso, para que le deje dormir en su cama. Yo creo que, aprovechando estos momentos tan "sentimentales" con el entierro y todo eso, la relación entre los protas se estrechará… y espero que mucho! A mí me gusta más la pareja Nel-Nnoitra, pero nunca había pensado en el Nel-Grimmjow y creo que tampoco hacen buena pareja… seguro que las cosas se complican entre estos dos, sobre todo sabiendo que Nnoitra está "enamorado" de Nel. Espero que el cap te haya gustado mucho y un beso!