In a Heartbeat

El estruendo que los despertó fue impresionantemente cercano. Todo era caos.

Algo pareció activarse en Hanji, algo con lo que hacía años no tenía contacto. Algo que erizó el cabello en su nuca y la hizo temblar. Ése terror que disparaba su adrenalina y la hacía sonreír histéricamente.

Titanes.

Levi ya estaba acomodándose el equipo de maniobras y Hanji escuchó con claridad la puerta de la entrada azotarse y luego los pasos calzados con botas de casco pesado y unos pasos más pequeños. Mikasa no tocó a la puerta, entró de inmediato alzando un equipo de maniobras y se lo dio a Hanji ante los ojos estupefactos de Matt y de Eren. Detrás de ellos estaba Annie Leonhardt, Bertholdt Fubar y Reiner Braun con expresión apremiante.

- Oe, Mikasa – preguntó Levi ajustándose el cinturón - ¿Eres idiota? Hanji tiene años sin usar eso, irá conmigo.

Hanji lo observó con ansiedad.

- ¿Y Matt? No, Levi, nadie podría protegerlo, usaré el equipo. Puedo hacerlo – y resueltamente tomó el equipo que Mikasa le tendía, mostrando aún una increíble habilidad para ponérselo con rapidez. Matt miraba a ambos con expresión intranquila y Hanji lo estrechó un momento replicando - ¿Sabes qué es esto? – y al momento en que el niño movió la cabeza afirmativamente, ella sonrió – Hoy vamos a volar – Todos reconocieron entonces la mueca delirante de la antigua Teniente Hanji Zoe. Levi no pudo sino admirar su temple.

Annie entonces se acercó a Levi:

- Usen los caballos, nosotros acabaremos con esos titanes. Espero que no haya más o habrá que usar los antiguos poderes para atraerlos. Hanji sonrió y Eren le puso la mano en el brazo.

- Mikasa y yo los cubriremos, usted lleve a Matt.

Comenzaron a correr hacia la entrada flanqueados por los dos cadetes más altos, aunque Hanji pensaba en ese momento que ya no debían ser cadetes, cuando una parte de la habitación del fondo, se resquebrajó como si fuese de galleta. Los titanes querían devorarlos de nuevo.

Al entrar a la caballeriza, cada uno tomó un caballo. Hanji subió a Matt en el que consideró el caballo más manso; un purasangre de un tono tan rojizo como el de su cabello. Matt parecía emocionado y eso le dio ánimos. Acomodando el equipo a sus costados, sostuvo las riendas y pidió a Matt se quedase tan aferrado a éstas como pudiera. Levi los cubriría.

- Hanji… - y la miró con gravedad – No me esperes. Si tengo que acabar con estas cosas asquerosas, me tomará tiempo – y le acarició la cabeza a Matt que lo miraba con curiosidad silenciosa – Tú y yo tenemos historias que contarnos, pequeño – y partió al galope frente a ellos.

Salieron a campo traviesa detrás de Levi a prudente distancia mientras los pasos de los titanes y los sonidos que emitían, envolvían todo el entorno. La mañana parecía extrañamente caótica, desafiante en todo sentido, abrumadora, demencial. Hanji comenzó a galopar y Matt veía alrededor con ansiedad.

El cabello de Hanji volaba al viento a través de su coleta mal hecha y sintiendo quemar el sol su rostro, sonrió. Galopaba libremente y nada podría dañarla ni a ella ni a su hijo otra vez. Por eso cuando apareció un titán de 15 metros frente a Levi, ni siquiera se inmutó ni detuvo el caballo. Levi entró a un espeso bosquecillo y Hanji espoleó al caballo.

- Matt… ¡Escúchame! – gritaba para ser escuchada a través del viento – Eres un muy buen jinete pero vamos a tener que dejar ir a Chocolate. Los titanes no lo comerán si no vamos sobre él. Podrá escapar. Cuando cuente hasta tres y entremos hacia ese claro – y señaló una senda envuelta en árboles – tú y yo vamos a volar… Tenemos que ayudar a Levi a matar esos titanes. ¿Está bien?

- Está bien, mamá – el tono de la voz de Matt fue tan resuelto que Hanji sólo enfocó los ojos en la rama más fuerte del árbol más grande. Unos treinta metros. Sostuvo a Matt y acomodándose una vez más el equipo, lanzó los cables usando suficiente gas. Matt lanzó un grito de gusto irreprimible y Hanji sólo exclamó su característico "¡Yahooooooooo!". Matt rió contagiado de la fresca y por años reprimida risa de su madre, que con sin igual maestría se elevó en el aire y alcanzó la rama a unos metros de ella, haciendo una pirueta con Matt entre emocionado y asustado viendo ir al caballo entre los arbustos mientras Hanji gritaba:

- ¡Leviiiiiiiiiiiiiiiii! – y luego lanzó un silbido mientras éste se elevaba en el aire esquivando al titán y rebanándole la nuca de un rápido e invisible movimiento. Hanji situó a Matt en la base de la rama y le habló seria.

- Quédate aquí. Iré a ayudar.

- Mamá ¿Tú sabes matar titanes? – Jamás le había visto matar ni a un bicho y generalmente los sacaba de casa con las manos para no asesinarlos.

- Sí. Y soy buena en ello. Quédate aquí. Volveremos por ti. No te muevas de aquí ¿Entendido?

- Sí, mamá – Los ojos del chico la miraron con curiosidad. Hanji nuevamente se lanzó entre los árboles. Entonces dos titanes más se acercaron a Levi, de 6 y 15 metros. Levi mataba más de dos juntos por lo común, pero estaba muy herido y Hanji sabía bien la catástrofe que podía significar eso.

No bien hubo volado, se lanzó contra el de quince metros al que alcanzó con las espadas cruzadas y rebanó de una sola vez en la nuca. Reía y lanzó un "¡Ahhh!" estremecido. Ésa era la Hanji que todos conocían y a la que todos temían. Sus ojos brillaban y mientras Levi acababa con el titán más pequeño con facilidad, ambos cayeron sobre ambos titanes. Hanji estaba bañada en sangre que quemaba su piel como ácido. Sabía que Levi la enviaría a bañarse por lo menos tres veces antes de acercarse, pero igual le daba. Se sentía por fin libre de la cárcel en la que llevaba presa tantos años, cárcel que Erwin Smith había erigido para ella.

Levi la miró emocionado, porque sentía que la había recuperado.

Pero el sentido sexto que Hanji había desarrollado para detectar presencia de titanes era incomparable y pensó que eran muy pocos juntos. Algo andaba muy mal.

Justo donde el árbol en que Matt los miraba se alzaba, tres titanes de descomunales dimensiones, quizá más allá de los veinte metros, se acercaban con extraña lentitud. Levi y Hanji se alzaron ambos en los cables, colgándose de los árboles frente a los titanes para atraer su atención y distraerlos del niño que, aterrorizado pero fríamente, se incorporó frente a ellos, mirándolos como iguales.

En el momento en que Hanji se lanzó contra el que intentaba alcanzar con su increíblemente corto brazo a Matt, el segundo cayó y Levi mataba al tercero. Hanji hizo una maniobra asombrosamente rápida para su falta de práctica y cortó el brazo del primer titán alcanzando nuevamente la rama. ¡¿Cómo iba a proteger a Matt y a matar al titán al mismo tiempo?! Se alzó frente a él con toda la sangre fría de que fue capaz y vio aparecer entonces ante sus ojos al autor de la muerte del segundo titán, tumbado en los espesos arbustos.

Erwin Smith yacía ensangrentado sobre el cuerpo del titán y era Levi el que, cayendo sobre el cuerpo del tercero, se impulsó para asesinar al primer titán que difícilmente pudo regenerar sólo parte del brazo que Hanji le había cercenado.

Matt lloraba con los ojos muy abiertos. Su padre estaba muerto y se lo repetía a sí mismo, murmurando, como una frase que quisiera decir una y otra vez para convencerse de que Erwin Smith no existía más. Hanji lo cargó de inmediato y bajando con los cables del árbol, se acercó dejando al niño en el suelo y rápidamente comenzó a analizar el cuerpo de Erwin.

Por años habían dormido en la misma cama y aunque no le hacía feliz admitirlo, conocía el cuerpo del que había sido su esposo por casi ocho años y sabía dónde, cómo y qué hacer. Su respiración era gorgoteante, extraña, como si se hubiese reventado un pulmón y Hanji lo supo de inmediato por la forma en que se escuchaba su garganta y su pecho que seguramente estaba inundado por dentro de sangre. Levi la miraba atento, descrifrando si veía en ella algún signo de interés más allá del de la humanidad, pero no encontró nada de eso. Entonces, comenzó a llegar la tropa de que se hacía acompañar y de la que se había separado para matar al titán que amenaza con matar a su hijo y los caballos los rodearon, retirándolos para mover al maltrecho Capitán Smith. Una enfermera de cabellos de un tono zanahoria, con un precioso rostro redondo, ojos del azul límpido del cielo detrás de unas gafas quizá demasiado grandes y un cuerpo pequeño y bien formado se hizo espacio y abrió un negro maletín sacando unas tijeras quirúrgicas con las que rasgó la ropa de Smith a la altura del diafragma, sacó luego un bisturí y sin ningún tipo de anestesia hizo una incisión que hizo brotar un chorro de sangre que salpicó el blanco traje de la enfermera, la pijama blanca de Hanji y los zapatos de Matt que observaba todo con ojos muy abiertos, no asustado. Ahora parecía analítico, y a Levi le pareció que era la misma expresión de Hanji cuando en los tiempos de su ascenso y la entrega de su laboratorio, experimentaba y tomaba notas durante horas, concienzuda, concentrada. Sonrió y miró con desprecio a Erwin y como instintivamente, tomó la cabeza de Matt y lo atrajo a él, apegándolo a su cuerpo. El niño permitió la caricia, entendiendo también inconscientemente que Levi jamás lo abandonaría.

- Soy Annika Breston, jefa de la unidad de primeros auxilios. Nos llevaremos ahora al Capitán a la base, ¿Alguien sabe cómo cayó? – preguntó la chica con gesto severo mirando a Hanji a través de las gafas, mas fue Levi quien respondió.

- Cayó de espaldas. Todo el peso cayó sobre su torso y por la sangre que salió de su pecho, puedo asegurar que se ha reventado un pulmón. Mala suerte, no terminó muerto – comentó con sorna. Hanji sólo lo miró mientras a su vez, Levi miraba con desprecio a la bonita enfermera y ella lo veía a él como si lo odiase. Matt tomó la mano de Hanji.

- Bien… - con seriedad la enfermera hizo un gesto a cuatro soldados que llegaron con una camilla improvisada con palos y una manta de lona para levantar a Smith con delicadeza y una vez lo hubieron depositado en ella, se fueron mientras los demás soldados les daban la espalda sobre los caballos.

Levi cargó a Matt y acarició la mejilla de Hanji que se había cortado con las ramas. Matt se abrazó al cuello del hombre, un poco más bajo que su madre, mientras Hanji limpiaba las espadas de su equipo como usualmente hacía. Parecía la misma chica increíble, como si hubiese rejuvenecido diez años. Matt la miraba admirado. ¡Ésa chica era su mamá!

- Vamos – dijo Levi – Aún no sabemos qué hacía Erwin aquí. Lo que odio aceptar es que ha salvado a Matt. No sé por qué mierda lo ha hecho – le murmuró a Hanji.

- Creo que… - añadió con timidez – Erwin ama a Matt. A mí me odia, pero Matt es… - y lo miró atenta a la expresión en su rostro – alguien a quien Erwin sí ama. Creo que… Es absurdo pero pienso que es porque se parece a ti.

- Más bien debe ser porque se parece a ti, Cuatro Ojos.

Matt rió divertido. ¿"Cuatro Ojos"?

- Cállate Enano, es mejor que busquemos a los demás. ¿A dónde iremos ahora?

- Seguro nos llevaran a La fortaleza de los titanes.

- ¿Qué?

- A la casa de Historia Renz. Allí se reúnen todos los que pueden transformarse en titán, incluida Ymir.

- ¿Ymir? ¿Qué no ésa chica había muerto?

- Ya te contaré todo. Vamos, tenemos que hallarlos. Erwin no sé qué trama pero lo cierto es que venía por algo aquí.

- Venía por Matt. Ojalá Mike estuviera aquí.

Al nombre de Mike, Matt la miró palidecer un momento y notó el silencio pesado de Levi.

- ¿Papá?

- ¿Si? – respondió Levi naturalmente.

- ¿Mike era novio de mamá?

Ambos soltaron a reír mientras caminaban sobre la hierba del campo. A lo lejos dos caballos negros y cabezas rubias les anunciaron que Annie y Reiner iban por ellos.


Cuando Erwin abrió los ojos, buscó a Hanji, desonrientado. Estaba solo en la habitación.

Miró el techo unos momentos y la puerta se abrió. La jefa de enfermeras daba el rondín de la tarde.

- ¿Se siente mejor, Capitán? – su voz era impresionantemente modulada e imponente al mismo tiempo y Erwin se admiró de la presencia de la pequeña mujer de intensos ojos azules.

- Errrr… Sí… ¿Dónde estoy?

- En la base – Y al contacto de la mano fresca de la muchacha, a Erwin le estremeció un escalofrío – Aún tiene fiebre, Capitán, habrá que darle otra ducha con hielo. Llamaré a alguno de sus… - y pensó de pronto – No, están ya en otro distrito… - pensativa sonrió – Tendré que ayudarle, espero no le moleste.

Se levantó y al incorporarse, un mareo lo hizo sentarse pesadamente.

- ¿Dónde está mi esposa?

- ¿Su esposa? Capitán, usted venía solo.

- La mujer castaña en el bosque es mi esposa.

- Pues se ha quedado con el Capitán Ackerman.

Se acostó nuevamente y la mujer le tendió un vaso de agua que bebió de un trago.

- Necesito un juez. Consígalo – dijo, resuelto.

- ¿Capitán?

- Quiero solicitar los derechos de custodia de… un niño.

La mujer lo miró, intrigada y él sonrió afable. Detrás de esa odiosa y confiada mueca, se escondía siempre la sonrisa de un demonio