Hola nenas...
De antemano, siento deciros que por ahora, solo actualizaré
1 VEZ POR SEMANA.
Contesto a vuestros comentarios:
- No sé exactamente cuantos capítulos tendrá el fic. Lo tengo estructurado,
pero depende de lo que me pueda alargar en cada capítulo. 3, 4...
pero máximo 5.
- Bella está muy resentida con los Cullen, sobretodo con Edward y Alice. Pero entender
que ella los adora. Por eso a veces, flojea. El amor que siente por ellos, la hace tener grietas
en su armadura.
- Bella de lo que tiene miedo, es de ceder, darle otra oportunidad a Edward y que él la
vuelva a dejar cuando menos lo espere.
- La escena sacando a Nora de la clínica, es muy intensa. Pensar que Edward y Bella se dejaron
amándose y que él está imposibilitado para concebir. Por eso la escena es tan intensa!
Porque rememora sus sueños y sus anhelos más profundos.
Y sin más... os dejo el capítulo de la fiesta!
CAPITULO 14
Edward siguió limpiándome las lágrimas, hasta que desperté de la ensoñación y me aparté discretamente de él, dando un paso corto hacía atrás.
- Gracias, Edward – Suspiré con la voz tomada por la llantina. - Ya estoy bien... yo... bueno, la situación me ha podido. - Ahora no era momento de ponerme orgullosa negando el por qué de mis lágrimas.
- Si yo pudiese llorar, también lo estaría haciendo – Confesó, acariciándo dulcemente la carita dormida de Nora – Verte con la niña en brazos... - Inahló una innecesaria bocanada de aire. Asentí a sus mudas palabras.
Ayudamos a Erik a meter a Nora en el coche, dentro de su silla y nos despedimos.
- Mañana a la tarde, me paso por casa a ver como te va, ¿de acuerdo? - Él asintió aliviado.
- Nosotras lo ayudaremos en todo. Nos preocupeís – Comentó Rose.
Edward y yo, nos quedamos mirando como se alejaban del hospital. Por fin, una noticia buena: la niña se iba a su casa.
- ¿Te llevo? - preguntó de pronto Edward – Alice me ha avisado y te está esperando en tu salón de belleza. - Abrí los ojos, sorprendida. Él, rodó los ojos – Ella... bueno, quiere pasar tiempo contigo. Acercarse a ti. - Inclinó levemente los hombros. - Alice, después de mí por supuesto, es la que peor lo ha pasado. Es la que más culpable se siente por todos estos años de incomunicación.
- Puedes llevarme a casa, si me prometes que no tocarás más el tema – Le propuse. Edward se me quedó mirando, de una forma que me cortaba la respiración, hasta que al final, aceptó.
Como la vez anterior, fuimos en silencio gran parte del viaje. Hasta que Edward fue sacando livianos temas de conversación; parecía que a él se le hacían más agobiantes los silencios que a mí.
- ¿Animada para la fiesta de esta noche? - Preguntó de pronto. Giré la cara, con el ceño fruncido en su dirección.
- Bueno... - incliné los hombros – por un lado no me apetece ya que tengo la moral por los suelos debido a lo de Laurie – suspiré – pero por otro... - me mordí el labio. Edward me alzó una ceja, para que continuase hablando. - Ésta será la última fiesta a la que asista como editora... por lo menos, en una larga temporada; así que sí, si me apetece ir. - Agaché la cabeza sintiéndome como un ser despreciable.
- Bella, no debes sentirte mal por querer ir a esa fiesta – Recitó con voz suave y pausada – Es normal que te apetezca. Llevas más de una semana metida en ese hospital, con toda tu vida patas arriba y, como bien dices, puede que sea la última en cierto tiempo. Te repito que es más que entendible que te haga ilusión asistir. - Me mordí el labio. Y con un movimiento lento, asentí.
Volvimos a quedarnos en un silencio, ésta vez cómodo y placentero. Se notaba que ambos íbamos sumergidos en nuestras propias cávalas internas.
- Estoy pensando... - fruncí el ceño, pero a modo curioso - ¿Alice no te ha comentado nada sobre nuestra conversación de este medio día? - Le pregunté.
- Sé que estuvísteis hablando, porque algo vi en su mente – me miró con disculpa – pero no me dijo nada. ¿Por qué? - Se giró y me miró con curiosidad y con una sonrisa que consiguió hacerme temblar las piernas. Tragué saliva antes de correr el riesgo de empapizarme.
- Tiene lógica... Si supieses algo de lo que hablamos me habrías sacado el tema.
- ¿No me vas a decir nada, verdad? - preguntó con resignación. Negué.
- No te preocupes, Alice no tardará en abrir su enorme bocota. - Arrugué la boca, en un gesto simpático, a lo que él, soltó una ligera carcajada.
Música celestial. Era dificil sentir reír a Edward. Él era más de sonrisas.
Edward me dejó frente al salón de belleza incluso unos minutos antes de la hora.
- Y otra vez, puntual como un reloj suizo – Sonreí.
Entonces, hizo un movimiento completamente imperceptible para mi vista humana, y para cuando quise reaccionar, Edward estaba muy, muy cerca de mí.
- Me encanta verte sonreír. - Aunque me había echado hacía atrás, contra la ventanilla, Edward había conseguido acorralarme y posicionarse muy cerca de mí. Tanto, que al hablar, pude distinguir la fragancia de su aliento. - Día a día, vas dando un poquito más. Son pequeños gestos, pero a mí me valen. Me hacen tener fe. Una fe que creía perdida, hasta que te vi por primera vez después de estos largos diez años. - Estaba en shock. Solo respiraba y pestañeaba porque eran funciones completamente vitales – Conseguiré recuperar a la Bella, como bien me dijiste en el ascensor, que dejé tirada en aquel bosque. Soy un vampiro y tengo fuerza para conseguir eso, y mucho más. - Su mirada era intensa y sus palabras irradiaban una seguridad aplastante.
- Edward... - susurré – de eso exactamente trataba la conversación mantenida con Alice. Creo que tenemos una desavenencia respecto al tema del tiempo que permaneceis aquí. - Solté de forma suave. Él frunció completamente el ceño, confundido y nervioso. - Debo irme, si no perderé mi cita. Nos vemos Edward – me despedí.
Se separó de mí, despacio, mirándome con la misma cara, y sobre todo, con esos ojos; unos que mostraban miedo y desesperanza; ya que él supondría lo que había querido decir.
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- Hola Alice – Rodé los ojos, pero sin molestia - ¿Poniéndote guapa? - Pregunté con cierta sorna. Ella me sacó la lengua en respuesta.
- Me estoy peinando. - Contestó fingiendo molestia.
- ¡Ah...! Me parece estupendo. - Le fruncí la boca, y ambas sonreimos.
Era tal fácil dejarse llevar con Alice. Poniendo ambas de nuestra parte, todo parecía ir de maravilla. Aunque el daño seguía ahí, por supuesto.
En cuestión de un par de horas, ya estaba lista: Me habían ondulado el pelo, y de forma desordenada, me lo habían retirado hacía atrás, recogiéndome toda la melena en un moño despeinado, con algún mechón suelto.
El maquillaje, impresionante: Marcada, pero de forma muy femenina. Los ojos claros resaltándolos, potenciando las pestañas y unos labios muy marcados en rojo, a juego con mi vestido.
- Estás... ¡Indescriptible, Bella! - Me aduló una muy emocionada Alice. - Si quieres, puedo ir contigo y ayudarte con el vestido.
- Eso sería genial, gracias – Realmente no necesitaba su ayuda, ya que era un vestido fácil de poner, pero sabía que a Alice le haria ilusión acompañarme.
Pedimos un taxi y nos encaminamos hacía mi casa. Teníamos tiempo más que de sobra para vestirme antes de que el coche de la editorial pasara a buscarme por mi piso.
Alice, tal y como habíamos dicho, me ayudó a ponerme el vestido, el cual le encantó, alabando mi buen gusto en reiteradas ocasiones.
Como sobraba tiempo, nos pusimos a charlar mientras llegaba mi coche, mirando las fotos de los pisos que Alice había mirado para mí. Ya que a penas habíamos tocado el tema, y era hora de que lo hiciéramos.
- El tuyo tienes que dejarlo libre en tres semanas. - La miré saliéndoseme los ojos de las órbitas – Ya sé que es poco tiempo, pero tranquila, te ayudaremos a recoger... Nosotros no dormimos ni nos cansamos – me guiñó un ojo – Fue la condición del agente inmobiliario para hacerte una rebaja en el piso que escogieses – Me explicó. Yo asentí.
- Estoy dudosa entre estos dos – Comenté frunciendo la boca – Ambos son preciosos. Soleados, luminosos, cuidados... La verdad es que no sé por cual decidirme.
- Podemos hacer una lista de lo bueno y malo de cada uno de los pisos. - Sugirió – Creo que podría hacerte la elección más fácil. - Me quedé mirándola fijamente, mientras me mordía el labio.
- No, Bella... no tengo ninguna visión de tu decisión, por exactamente eso... No te has decidido por ninguno. - Meneó la cabeza.
Estuvimos durante un buen rato sopesando cada piso, hasta que al final, acabé decidiéndome por uno de ellos.
Ahora debía tener en cuenta que Nora pasaría tiempo conmigo en mi casa. Así que debía tener comodidades de hogar familiar, no de piso de soltera.
- Creo que has elegido bien. - Celebró mi decisión Alice – Este, tan diáfano (sin paredes) es precioso. Muy cómodo para vivir con un bebé, ya que así, podrás tenerlo siempre a la vista.- Meditó, reflexión que yo misma había tenido en cuenta.
- Me gusta por eso mismo, porque solo tiene puertas en los dormitorios y en el baño, incluso la zona de despacho, está abierta. Además, este tiene un aseo muy mono en mi habitación y es una comodidad de la que no me apetece desprenderme – Sonreí divertida.
- Mañana iré a hablar con el agente para dejarlo todo solucionado, ¿de acuerdo? - Asentí.
- Vale, concretar una cita y me paso a firmar el contrato. Voy a dejarte un cheque firmado para que le entregues la fianza y el primer mes de alquiler. - Me levanté de la silla y fui a por mi chequera.
- La parte del importe, déjalo en blanco. - La miré extrañada - ¿No te fias de mí? - Rodé los ojos. - Te lo digo, porque conseguiré rebajarle un poquito más el alquiler – Alzó las cejas, para acabar guiñándome un ojo.
- No voy a preguntarte... - Reí. Sí, de mi boca salieron los sonidos característicos de la risa.
- Bella... - Alice tenía su característica cara de curiosidad innata – Quería preguntarte una cosa... - Le alcé una ceja – De antemano, quiero disculparme porque te escuche sin querer. Ayer, iba a entrar en la habitación de Laurie para hacerte compañía, ya que llevabas bastante tiempo dentro tu sola – El pulso comenzó a agitarseme, porque imaginaba lo que había escuchado – y te escuche hablar... bueno, con Laurie – sonrió apenada - ¿Era enserio lo que le decías? ¿Querrías morir junto a ella? - Me preguntó nerviosa. Me mordí el labio.
- Sé que tengo toda la vida por delante. Soy sumamente joven para comenzar de nuevo, con nuevos retos y aventuras. Pero reconozco que me da pavor volver a verme sola. - Tomé aire – Hasta que Lau entró en mi vida, no había sentido nunca una soledad tan aplastante, tan intimidante y con semejante fuerza como para dejarme sin aliento durante minutos como lo que sentí dos años luego de vuestra marcha. - Alice contrajo el gesto – Y ahora me veo de igual forma. Sé que está Nora, pero ella tiene a su padre y sé que juntos les irá muy bien. Ahora os he vuelto a encontrar y sé que ya no sentiré, o creo, la misma soledad de antes; ya no estáis desaparecidos – le guiñé un ojo – pero... esa chica se había convertido en mi pilar. Gracias a ella aun conservo algo de mi esencia natural. Si no, ahora mismo no me reconocerías, porque a veces, incluso ahora, no me reconozco ni yo misma. - me sinceré.
- Pero Bella... no puedes pedir así la muerte. Me dolió tremendamente oirte decir aquellas palabras. Podriamos estar contigo. Eres tú la que nos echas de tu lado. - Se lamentó.
- Así es como debe ser, Alice. En algo tenéis todos razón. Si hubiesemos mantenido contacto, yo nunca me hubiese realizado como persona. Me habría quedado anclada, esperandoos. - Mantuvimos silencio unos segundos – Pero si la muerte me encuentra... no voy a poner objeción. - Reafirmé, ante la cara de angustia de mi vampira favorita.
Poco después picaron al timbre anunciando que mi coche acababa de llegar.
Me puse una estola de pelo sobre los hombros, recogí mi cluch y me eché la última mirada en el espejo.
- ¡Estás impresionante! - Volvió a ensalzarme, imagino que intentando devolver el ambiente festivo a mi rostro. - Te puedo asegurar que serás protagonista de múltiples miradas... y dejaras varios corazones rotos – Gesticuló teatralmente. Alice era única para levantarte el ánimo.
Cuando ya estaba saliendo por la puerta, me paré, y sin pensármelo mucho, deshice los pasos andados, llegando a una extrañada Alice y abrazándola. Ella tardó unos segundos en reaccionar, pero a una velocidad increible, pasó sus brazos por mi espalda para devolverme el gesto.
- ¡Oh, Bella! Mi bella... - murmuró con cariño.
- Te he hechado tantísimo de menos... - Le devolví el murmullo. - Así debió ser siempre. Por lo menos entre nosotras. - Separé mi cara de entre su pelo, para mirarla de frente.
- Eso mismo, lo estuve pensando yo durante diez años; pero después de meditarlo mucho, eso le hubiese hecho un daño indescriptible a Edward. Y ya sufría demasiado como para saber que tú y yo, nos veíamos de vez en cuando... Era injusto para él – Alcé una ceja – Sí, sé que fue injusto para tí... - Suspiró – ¿Me dejarás, aunque sea a mí, - recalcó – que te relate lo que ha pasado durante estos años? - Después de unos segundos, asentí. Alice dejó ver una amplia y feliz sonrisa. - Gracias. Ahora, ve a tu fiesta y deslúmbralos a todos.
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Mientras hacíamos el viaje hasta la fiesta, aproveché de llamar a Carlisle para saber de Laurie. Su informe no revelaba nada nuevo; eso también significaba que tampoco había empeorado.
El coche me dejó en la entrada del fabuloso edificio de la Biblioteca pública de Nueva York. El sitio había sido escogido de forma conmemorativa al tema de la fiesta, no sin muchas trabas. Todos los papeleos y el dineral que suponía le había costado a la editorial, había merecido más que sobradamente la pena.
El emblemático edificio estaba radiante. Decorado sutil y elegantemente, irradiaba tanta elegancia como sobriedad.
Habían acondicionado una sala trasera, la cual daba a un jardín privado para el evento y así, alterar lo menos posible el ámbito público del susodicho edificio.
Como en toda fiesta que se precie, una elegantemente adornada escalera, hacía de entrada al evento.
La bajé con magestuosidad y elegancia. Realmente el vestido requería movimientos femeninos; casi hasta felinos.
Tal y como auguró Alice, varias miradas recalleron sobre mí y mi vestido. De las primeras, la de James, mi ex jefe.
Se acercó a mí, muy educado y alzando su mano, me la ofreció para ayudarme a bajar el último escalón.
- Estas... bellísima – sonrió por la elección de la palabra respecto a mi nombre - ¡Radiante! - Exclamó – Hoy romperas corazones – Me guiñó un ojo.
- Eres un exagerado, James – Le golpé suavemente el hombro. - Solo es un vestido
- Si... será un vestido, pero lo que va debajo no se compra. Y lo que hay dentro, aún menos. - Me soltó. Lo miré extrañada – En un par de meses, nos reuniremos para hablar sobre trabajo. No en esta editorial – bajó el tono de voz – Hay un par de editoriales con las que... bueno, he movido ciertos hilos, y están interesadas en hablar contigo– Sonrió complacido.
- James... Te lo agradezco, y no me voy a cerrar ninguna puerta, pero tengo en mente cierto proyecto – Él abrió los ojos entre sorprendido y encantado – Me dijiste que aprovechara a realizar cosas pospuestas o a emprender algo que me ilusionara. Y tengo, casi, decidido un nuevo sueño. Algo que me permitirá seguir entre mis adorados libros, pero sin presiones, sin reuniones... con vida. - Relaté mostrando mi entusiasmo.
- Me parece perfecto. Estoy feliz por tí. Feliz por ver la ilusión que destilan tus ojos. Quiero que quedemos a comer y me expliques de que se trata tu proyecto. Estoy seguro que te podré ayudar de alguna manera. - Se ofreció.
- Si, creeme que podrás, y que me cobraré este ofrecimiento – le guiñé un ojo.
- Vamos a mezclarnos con el resto de los invitados. No tardaremos en comenzar a cenar. - Asentí, mientras enroscaba mi brazo entre el suyo.
Saludamos a nuestros escritores, conversando animadamente con ellos. Estaba encantada; en mi salsa. Había recuperado mi carisma. La que tenía cuando comencé en este negocio y que había ido perdiendo sin ser consciente de ello.
En un momento determinado, giré la cabeza y mis ojos se encontraron con los de Michael Bublé. Por un momento, el pulso se me disparó en las venas.
Me disculpé con James, el cual estaba sumido en una discusión sobre la literatura en distintos siglos. Me acerqué sigilosamente hacía Michael, ya que no quería que tuviese la oportunidad de darme esquinazo.
- Hola – Saludé en general al grupo en el que estaba reunido. Todos me devolvieron el saludo, menos él, que se me quedó mirando con los ojos saliéndosele de las órbitas. - Si no les importa, les voy a robar a Michael unos instantes – Les mostré mi sonrisa más bonita, o sea, la más embaucadora. Todos sonrieron de vuelta, asintiendo.
- Vaya suerte... - vitorearon algunos de los chicos; por lo que pude comprobar que eran amigos del chico. Él los miró con cara de perro, y yo, les dediqué una arrebatadora sonrisa.
Nos pusimos en un aparte, no muy alejados para no dar qué hablar. Respiré, pestañeé y lo miré a los ojos.
- Michael... No quiero entretenerte ni molestarte. Simplemente quiero disculparme por lo que pasó aquel día. - Me cortó.
- Si crees que con venir aquí, mirarme con dulzura y disculparte, vas a conseguir que quite mi denuncia... ¡Lo llevas claro! - Exclamó con evidente molestia. - Porque ya no fue solo lo de aquel día. Incluso el día en que me entrevistaste, tu simpatía se veía forzada. Pero en el momento en que firmé el contrato, tu talante cambio. Te convertiste en una gata fría y calculadora. No aguantando mis preguntas, disculpándote con que tenías asuntos importantes que tratar. - Relató. Recordaba perfectamente aquel día, y no mentía ni lo más mínimo. - Yo... yo debía ser lo más importante en aquel momento para ti. - Asentí.
- Por todo eso quiero disculparme... - Iba a volver a cortarme, pero alcé la mano para impedirselo – Me han despedido – Él frunció el ceño – Bueno, han jugado con el truco de que son seis meses, pero sé al 90% de fiabilidad que no habrá reincorporación. - Michael pestañeó sorprendido.
- Realmente creí que después de ese tiempo, recuperaríais vuestros puestos, Samantha y tú, me refiero. - Negué.
- No... pero aunque tuviese la oportunidad, estoy bastante segura de que habría rechazado la oferta. - Sus ojos mostraban claramente la incomprensión, yo le dediqué una sonrisa triste – Han sucedido varios hechos en mí vida en estos últimos días que me han hecho replantearme las cosas; mi vida, mi forma de ser, de vivir... de tratar a la gente – lo miré con intención – Yo no era así. Puedes estar seguro, pero el dinero, el poder y ciertos aspectos privados... me han convertido en una auténtica zorra insensible – Michael agachó la cabeza. - Por eso te pido disculpas a ti. En privado. No en un acto público por quedar bien y limpiar mi imagen. Lo que quiero es limpiar mi... alma, si quieres describirlo así. - Su sonrisa era leve, pero sincera. - El día que tu novela estaba en la imprenta, te atendí de aquellas formas porque mi mejor amiga, lo que considero mi única familia, se puso de parto y las cosas se complicaron... bastante. No quiero justificarme, pero solo que veas, que ese día, si que tenía excusa para portarme peor que nunca contigo – Michael abrió los ojos consternado.
- Acepto tus disculpas. Si me hubieses comentado lo de tu amiga, y me hubieses dedicado dos minutos, lo habría entendido. Soy joven, inexperto y estaba sumamente nervioso, pero me conozco y sé que lo habría entendido. - Contestó. - Acepto tus disculpas, Isabella. Sinceramente.
- Gracias Michael. Tu novela está siendo un éxito, como te auguré. - Le guiñé un ojo.
- Si... pero mucho se debe a tus correcciones. He leido mi manuscrito y luego la novela publicada. Esos cambios, eran imprescindibles. Realmente otro editor de tu categoría, no hubiese pasado de la página 10, como dijiste.
Nos dimos dos besos en cada mejilla y nos despedimos con mutuos propósitos de disfrutar de la velada. Michael me pidió un baile, ya que para él, aun seguía siendo su editora.
La cena fue estupenda. Elegante, bien servida y exquisita. La cual pasó volando, entre risas, conversaciones y anecdotas.
Mientras hacíamos la sobremesa tomando café, nos obsequiaron con un bonito regalo como recuerdo del evento. Todo un detalle.
Poco después, las mesas se fueron recogiendo y la orquesta anuncio que empezaba el baile.
- ¿Me concedes el honor? - Me preguntó James.
- Por supuesto, será un placer.
Mientras bailábamos, James me comentó que me había visto hablando con Michael, así que le relaté por alto nuestra conversación.
- Me siento enormemente orgulloso de ti, Isabella. Has demostrado ser una gran mujer y excelente persona. - Se me quedó mirando – Dices que no estás enamorada... pero algo o alguien a pasado por tu vida, para que hayas dado un cambio tan significativo. - Sonreí mordiéndome el labio – Cuando entraste a trabajar para mí, eras dulce, cándida y algo inocente. Aquello quedó atrás, para convertirte en una come hombres. En una todopoderosa mujer sin sentimientos. Pero ahora... Veo una mujer realizada, adulta y sensible. Tu cambio en unos días, ha sido espectacular. Para bien, por supuesto – Relató maravillado de su propio discurso.
Bailamos un par de piezas más, hasta que tuvo que hacer actos protocolarios con otras editoras y escritoras. Yo permanecí sola por poco tiempo, ya que Michael vino para cobrarse su baile.
Durante nuestra danza, conversamos amigablemente, obviando nuestro "ligero percance".
Después de bailar un par de piezas con él, pude descubrir que bajo su apariencia tímida y juvenil, se escondía un gran chico. Una gran persona. Y eso me hizo sentirme aun peor por el incicente sucedido con él.
Aproveché a escaquearme durante un rato e ir hasta la barra a tomar una copa de champange. Desde mi posición podía contemplar toda la fiesta; las luces, la orquesta, el bullicio de la gente bailando y conversando.
Definitivamente echaría muchísimo de menos esto. Pero estaba segura, por fin después de mucho más tiempo del que yo misma había pensado, y decidida con el camino que tomaría mi vida en poco tiempo.
A cada minuto, me sentía más yo. Más... Bella.
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Pensando en mis cosas, una hermosísima balada comenzó a sonar: "Regresa a mí, Il Divo"
La reconocí, porque el bello de mi nuca, se me puso de punta cual erizo.
Por unos breves segundos cerré los ojos, dejándome llevar por las dulces y embriagadoras notas acompasadas con la letra... la letra que describía mis sentimientos más ocultos; hasta que una fragancia que reconocería en cualquier parte del mundo, se arremolinó en mis fosas nasales sacándome de mi ligera enajenación:
Edward estaba cerca.
Cualquier duda que pudiese albergar quedó resuelta de inmediato al sentir un leve roce de su mano y en cuanto su piel entró totalmente en contacto con la mía, nuestra peculiar corriente eléctrica me cosquilleó por todo el brazo, mandándome un mensaje alto y claro: "Es él"
Alcé la cara, con una muy leve sonrisa.
- Edward... - lo nombré a modo de saludo.
- Hola Bella... - Su mirada irradiaba luz, y su sonrisa me deslumbró. - Estás... - Inhaló aire, exagerando el gesto, sacándome una sonrisa más genuina – No encuentro palabras adecuadas... pero, "Bella" – sonrió por el juego de la palabra con mi nombre – es la que más me encaja.
- Ya habías visto el vestido – me mordí el labio e incliné la cabeza de forma un tanto coqueta. Edward me miró, cerró los ojos y suspiró.
- Una cosa es verlo en una percha en la mente de una dependienta... y otra muy distinta, es verlo sobre tu cuerpo – pronunció las palabras con una sensualidad que hizo que un cosquilleo me recorriera la columna. - Y ese escote... bueno... - suspiró lentamente, dejando fijos sus ojos en mi pecho – No se como eres tan osada de exhibirte así ante un vampiro – Ahora sus ojos, oscurecidos, se fijaron en los mios, traspasándome.
Me pasé los nudillos por todo lo largo de mi escote, con suma lentitud, mientras él contemplaba mi gesto con mirada lasciva, totalmente concentrado en el recorrido de mi mano.
- Eres imposible – Mi mirada se tornó con una mezcla de ángel y demonio. Él meneó la cabeza, negando y rodando los ojos - Ven, vamos... - Lo miré con el entrecejo arrugado.
Se acercó a mi hasta quedar a menos de un paso, irguiéndose con majestuosidad y después de aclararse la voz, se inclinó hacía mí. Por un instante, pensé que iba a besarme, pero no. Su intención parecía estar bastante lejos de ni tan siquiera intentarlo.
- ¿Me concederías este baile? - Pidió formal, cual caballero inglés. Sonreí meneando la cabeza, no pudiendo controlar el cosquilleo intenso que comenzó a formarse en mi estómago.
- Será un placer, caballero. - Le seguí la broma. - Y de paso, voy a omitir de que te hayas colado en una fiesta privada – fruncí los labios, divertida.
- Perdone señorita, pero yo no me cuelo en ningún sitio, tengo mi invitación. - Y con su mano libre, me tendió una de las invitaciones "VIP" que la editorial otorgaba a determinados invitados. Meneé la cabeza, no queriéndole dar más vueltas.
Me tendió el brazo y yo, enredé mi mano en él. Y así, muy formales, nos encaminamos a la pista de baile.
La canción de Il Divo, aun seguía sonando y comenzamos a danzar.
Permanecimos en silencio, disfrutando tanto del baile como de la música. Edward estaba concentrado en la letra, de la cual, ya había echo la conexión y ya no aquí, si no en el coche, el día que la escuchamos juntos; estaba segura de eso, por la forma intensa de mirarme.
Si aquel día ya me pareció del todo surrealista, ahora, bailando esta pieza concretamente con él, era una situación del todo utópica.
Danzamos por la pista de baile con elegancia, con porte. Como si no hubiese más gente aquí y como si los dos nos convirtiéramos en uno solo. Bailar con Edward se hacía el acto más fácil del mundo. Mis clases de baile quedaron relegadas a una posición completamente olvidada, ya que él, me llevaba con seguridad y gracia. Me miraba de una manera tan profunda, que estaba segura iba a terminar ruborizándome, invocando a la Bella de Forks, a la dulce y frágil chiquilla de hace tantos años.
A parte de que Edward fuese un gran bailarín, la seguridad que otorgaba, lo hacía la pareja perfecta; porque por muy resentida que estuviese con él, no podía obviar que la sensación de protección que siempre me transmitía seguía ahí, impertérrita.
Y yo no encontraba situación, momento o sitio en el mundo donde quisiera estar más que ahí. Bailando entre sus brazos.
Con sus manos fuertes en mi cuerpo, sujetándome y atrayéndome hacía él con posesión, mientras yo disfrutaba de su contacto y del mío propio sobre su mano fría y su hombro. La sensación cálida que solo Edward podía hacerme sentir, pese a ser un vampiro, estaba acabando conmigo. Me quedaría entre sus brazos sin chistar, mi pecho rozando sutilmente el suyo… su cercanía, su olor, su forma tan dulce de mirarme y con tanta intensidad a la vez... No era como antes, ya no era una niña. Y ahora Edward me veía como una mujer.
Intentaba ser fuerte y simplemente disfrutar del coqueteo que regalaba el baile, pero tan solo su cercanía, me hacían perder la capacidad de razonar. Estaba perdiendo completamente los estribos al sentirlo tan cerca de mí.
Cuando quise darme cuenta, el tiempo había vuelto a jugar con mi capacidad de espacio/tiempo sin dejarme ser consciente de nada que no fuese Edward.
- ¿Cuántas piezas han sonado? - Pregunté suavemente.
- Cuatro – sonrió de forma dulce. - Me alegra saber que el tiempo no juega solo conmigo. - murmuró con tono un tanto divertido. Mordí mi labio inferior con el superior, en un intento de esconder la sonrisa.
- Eres una bailarina fabulosa. - Me aduló. - Eres una caja de sorpresas. - Me incliné de hombros. - Has aprendido un montón de cosas durante estos años. No te haces una idea de lo orgulloso que me siento por eso. - Su tono ahora se tornó un tanto más serio – Sobre todo porque no has perdido el tiempo, como he hecho yo – Arrugó la boca, a la vez que yo arrugué mis cejas.
- Bueno, yo solo voy a pasar por aqui una vez... Por mucho que alguna vez me costara hacer cosas, no podía dejar pasar el tiempo sin más. La vida no iba a darme la oportunidad de repetir una y otra vez. - Comenté sin acritud. Su rostro se tornó serio. - Pero... ¿A qué te refieres con perder el tiempo como tú?. - Noté en mi mano, como su hombro se tensó.
Mantuvo silencio unos segundos, hasta que viendo que no iba a contestar, ralenticé el baile clavando mi miranda en sus ojos.
- ¿Edward? - Le pregunté.
- Hay muchas cosas que debería explicarte – Suspiró – Pero tu no quieres escuchar. -Agaché la cabeza cortando nuestra comunicación visual. Él alzó mi cara empujándola con su dedo índice en mi mentón, de una forma tan íntima- Pero ahora no es momento de hablar esto. - Asentí, agradecida.
Nos retiramos de la pista de baile y desde una posición retirada, le indiqué quien era mi ex jefe, compañeros editores, e incluso le pude señalar a Michael Bouble.
James, que nos vio, me saludó desde la lejanía dedicándome un guiñó de ojo, cómplice.
- ¿Te llevabas bien con tu jefe, verdad? - Me preguntó Edward, a lo cual yo asentí y él sonrió malicioso.
- ¿Y esa sonrisa? - Le pregunté mirándolo curiosa. Su gesto se hizo más notorio, a la par que más travieso.
- Él... bueno, te tiene un afecto más hayá del laboral – Soltó. Yo lo miré pestañeando varias veces, incrédula. - No voy a llegar a decir que enamorado, porque no estoy completamente seguro, para eso me hace falta Jasper, pero que su afecto llega a ser de índole romántica, estoy seguro. Su mente grita alto y claro para mí.
- No voy a poner tu palabra en duda... pero... - Solté el aire de golpe – la verdad es que me dejas, no sé cómo exponerlo... Sorprendida. Jamás había notado nada, absolutamente nada.
- Él tenía muy guardados sus sentimientos; siempre te tuvo en estima, y te protegió hasta que comenzaste a volar sola – Edward lo miró fijamente – Se siente mal consigo mismo por no haber estado más atento a ti y evitar lo sucedido. Y peor lo hace sentir el no evitar tu despido. Piensa que tienes un gran potencial y que eres muy valiosa para la editorial, pero... - Edward calló abruptamente.
- Continua... por favor – le supliqué.
- Él te salvo el... bueno – me miró disculpándose – la espalda, - cambió su término – varias veces antes. Y ahora se culpa por no haberte reprendido a tiempo, haciéndote centrar antes de que todo se descontrolara. Pero sus sentimientos hacía ti lo retenían de llamarte la atención. - Me miró con los ojos muy fijos en mi cara.
- Vaya... - Silvé - ¡Guau! - Sonreí mordiéndome el labio – No sé que decir.
- Te traeré una copa de champagne y nos sentaremos por ahí, en los bancos del jardín. Así descansas esos pies – Se burló.
Y así hicimos: Me trajo mi copa y entregándome el brazo otra vez, caminamos los pocos pasos que nos separaban de la zona de baile y festejo, para sentarnos tranquilos en uno de los bancos de piedra del jardín interior.
Durante un rato, estuvimos hablando de cómo era poder enterarte de los secretos más íntimos de la gente, al poder escuchar su mente. Podía ser fascinante como agobiante a la vez.
- ¿Sabes Edward? Esta es una bonita forma de despedirnos – Él voltéo la cara para mirar al frente; serio. - Has hablado con Alice ¿verdad? - Asintió, continuando con su mirada al frente – Yo... - Agaché la cabeza e inhalé aire – lo he pensado mucho, y si todos estamos de acuerdo, sería bonito poder mantener una amistad... un trato un tanto familiar entre todos. - Edward se había convertido en una estatua de mármol – Porque bueno, está claro que todos nos hemos echado mucho de menos durante estos años y no lo hemos llevado bien al no mantener contacto. Además... es una tontería estar incomunicados, yo ya he hecho todo lo que tu querías que hiciese como humana... -Ver a Edward tan distante, evitando mi mirada, me había puesto sumamente nerviosa haciéndome hablar de retahila. - Edward, por favor, dí algo – Pedí con los dientes apretados controlando mi genio.
- ¿Qué quieres qué te diga? - Me soltó con tono cortante. Sus formas me hicieron abrir los ojos – Dices que si todos estamos de acuerdo... pues yo no lo estoy. - Agaché la mirada al suelo – No quiero estar esperando un año para poder verte y tenerte durante unos días, para ver con más claridad como envejeces...
- Eso ha sido decisión tuya, no mía. - Solté en un susurro. - Te lo pedí de mil maneras distintas pero tú nunca quisiste ni tan siquiera pensártelo... - Edward se levantó del banco de un brinco, caminando como un leon.
- ¡Lo sé... maldita sea! Sé que todo nuestro sufrimiento ha sido por mi culpa... ¿Crees que no he tenido tiempo más que de sobra para pensarlo? - Me preguntó dándome cara. - Y podría decirte en diez idiomas distintos que lo siento, pero eso no me devolverá el tiempo perdido y el sufrimiento sentido. - Sus palabras, me parecieron de las más sinceras que le había escuchado hasta ahora.
- Edward... ya está. Al final, nunca podemos acabar hablando como personas civilizadas... - Me levanté dispuesta a irme, pero Edward me sujetó por la muñeca, impidiéndomelo.
- No podemos porque tu nunca estás dispuesta a escuchar nada.
- Han pasado diez años... ¡Diez putos años y quieres volver como si nada! Exigiendo que te escuche, exigiendo que te comprenda... Estáis aquí porque mi amiga se muere, nada más. Una vez que todo pase os iréis. No quiero teneros por aquí rondando durante un tiempo, para que después ante cualquier incidente, tu exageres todo al extremo y vuelvas a dejarme... Antes muerta que pasar por eso otra vez. Fin de la conversación. - Me giré con intención de irme, pero no me percaté que él seguía manteniendo mi muñeca presa bajo sus manos.
- ¿Dónde vas? - Me soltó clavándome la mirada sin compasión; serio, enfadado. No me atreví ni a contestar. – Tú y yo, tenemos un asunto que hablar, y aunque no quería sacarlo a colación ahora, porque no me pareció el mejor de los momentos, creo que al final, tú misma me lo has dejado a pedir de boca. - Fruncí el ceño, sin entender - ¿Antes muerta? - Más que una pregunta, era una exclamación. Sus ojos se abrieron y relampaguearon furiosos.
- Respecto a tu amiga, Laurie y la conversación que mantuviste con ella el otro día... - Me paralicé en el acto. Maldita sea Alice y su bocona - Oyeme bien, porque no voy a volver a repetirtelo nunca más... y te pediría que no me obligases a hacerlo – Edward me miraba extremadamente serio y bastante alterado – No quiero escuchar otra vez salir de tus labios que pides la muerte... ¿me estás entendiendo? - Alzó la voz; pero no había enfado, había preocupación y nerviosismo. - ¿Qué dejas? - Abrió los ojos con sorpresa ante su propia pregunta – Me dejas a mí. No podría vivir en un mundo donde tú no existieras. Nunca. Porque te amo más que a mi propia vida. - Pestañée seguido, no queriendo entender lo que me decía - Prefiero un minuto junto a ti, que una eternidad con tu ausencia... Mi dolor por tu distancia, no es nada en comparación de verte a ti muerta. - Me agarró por los brazos y me zarandeó, yo estaba en shok - ¿Estás escuchándome? - Asentí, mirándolo fijamente, con mis ojos completamente desencajados. Jamás había visto a Edward así de alterado.
- Me abandonaste... - Gimoteé - Después de todas las veces que me habías dicho que me amabas... de todas las demostraciones que yo creí de amor sincero... Me dejaste sin mirar atrás. - Volví a echarme a llorar. - Me sacaste de tu vida... cuando tú, eras toda la mía. - Las lágrimas caían por mis mejillas sin control.
Edward me abrazó, estrechándome entre sus brazos, pegándome a su pecho. Notaba su inecesaria respiración agitada. Y en ese momento, me dejé hacer. No quería entregarme a él en sumisión, pero no tenía fuerza para pelear; a parte, estando en sus brazos, parecía que todo era menos malo; así que dejé que me arropara, captando la maravillosa sensación de protección que entre sus brazos, siempre había sentido.
- Bella... mi vida... Tú me creíste tan rápido. Pude ver en tus ojos como creiste las mentiras absurdas que te dije aquel día. - Me tensé entre sus brazos – En aquel momento agradecí que lo creyeses... pero después lo pensé tantas y tantas veces... Si hubieses sospechado lo más mínimo que mentía, y me revatieras, me habrías dejado sin argumentos... No hubiese sido capaz de defender aquellos embustes. Pero me creiste... - Murmuró. - Me lo pusiste tan fácil...
Me separé abruptamente de él, mirándolo con horror.
- ¿Mentiste? No... mientes ahora. - Gruñí, meneando la cabeza negando – Vi la forma tan fría con la que me hablaste. Nunca antes te había visto así; tan convencido, tan serio... tan distante. Te dejaste deslumbrar por una humana dulce y cariñosa que no te tenía miedo, a la que no podías oir su mente, y todo ello te fascinó. Yo fui la que insistió para estar juntos – Edward negaba – Pero tuviste claro desde el principio que yo no era con quien querías pasar la eternidad. Me mentiste, me utilizaste... y me humillaste. - Le solté entre lágrimas. - ¡Arruinaste mi vida! - Grité encolerizada.
- No, Bella... Por favor... Siempre tuviste claro que tu me querías más a mí, que yo a tí. Pero no era así. Eso era absurdo... Yo no te quería, te idolatraba... Aun lo hago, ¡maldita sea! ¿Tan dificil es de creer para ti?
- Te pido que me mates. - Lo miré fijamente a los ojos, y Edward jadeó.
- ¿Qué estás diciendo? ¿Te has vuelto loca? - Mis ojos seguían mirándolo casi sin pestañear, mientras lágrimas silenciosas corrían por mis mejillas.
- No quiero que me conviertas. Sé que no me quieres rondándote toda la eternidad, así que mátame. Siempre quisiste probar mi sangre. - Estiré mi brazo y me di una palmada en la muñeca, haciendo a mis venas resaltar. Edward me miraba fuera de sí.
- Te lo estoy poniendo en bandeja de oro, Edward. - Él se alejó de mí unos pasos, mirándome completamente aturdido. - ¿No quieres matarme? - Negó con la cabeza, mirándome desencajado. - Pues es lo que estás haciendo, matándome en vida cada vez que abres la boca – jadeé furiosa. - No puedo más, Edward. Por favor, mantente alejado de mí. - Suspiré fuertemente - O mejor aún... vete. Vete y no vuelvas jamás.
Edward pestañeaba completamente fuera de si. Y yo me concentraba en seguir respirando. Dio un paso hacía mí, y yo alcé mis manos en señal de que no se acercara más. Pero hizo caso omiso a mi ruego mudo y se acercó un par de pasos más. Aunque mantuvo una distancia mínima.
Cuando vi sus intenciones de hablar, frunció el ceño y se llevó la mano al bolsillo interior de su chaqueta, de la cual sacó su móvil.
Por un momento suspiré aliviada, ya que eso cortaba la tensión que se había generado, hasta que vi como sus ojos se abrieron alarmados y se posaron directamente en mí.
Entonces, el corazón me dio un vuelco y noté como la adrenalina se hacía presa de mi.
- Bella... - Me llamó suavemente, guardando el móvil en la chaqueta otra vez. - Era Carlisle. - Dejé de respirar – Debemos ir al hospital, ahora.
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ESPERO QUE OS HAYA GUSTADO!
LA SEMANA PRÓXIMA, el siguiente!
