Disclaimer: No soy dueña de ninguno de los personajes/lugares/historia ofrecidos en esta historia. Todos ellos pertenecen a (lo más probable es que debe de estar rodando en su tumba) J.R.R. Tolkien.

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Un Intento en la Oscuridad

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CAPÍTULO TRECE

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Glóin era intensamente leal.

Si a alguien se le pidiera que lo describiera, la primera palabra que vendría a la mente sería leal. Él nunca le daba la espalda a los suyos, él nunca dudaba de la palabra de sus amigos, y siempre, siempre se podía contar con él. Él no era rápido en confiar en muchos con esta devoción, pero en los que sí confiaba él seguía comprometido con ellos hasta el final de sus días.

Bilbo Bolsón se había ganado esta lealtad.

El hobbit no era consciente de ello, por supuesto. Glóin no creía que el ladrón se diera cuenta si él le agradaba a la gente o no. Él parecía estar más determinado en asegurarse de que los demás se sintieran amados y protegidos. Un rasgo muy extraño, para estar seguro. En un principio, él había pensado que era una costumbre hobbit, pero Gandalf le había asegurado que era más una costumbre Bilbo. Pero independientemente de la maternidad del hobbit, él aún así se había ganado la lealtad de Glóin.

Cuando conoció por primera vez al ladrón, Glóin no sabía qué pensar de él. Bilbo había parecido tan pequeño y vulnerable en comparación con el resto de ellos. Estaba seguro de que el mago había cometido un error. ¿Cómo era posible que alguien tan pequeño y sin pelo pudiera ser de utilidad para unos enanos guerreros?

Entonces Glóin le vio hacerle frente a Thorin y se dio cuenta de que el pequeño ladrón tenía una espina de mithril.

Los sorprendió a todos, por seguro. Él estaba seguro que ninguno de sus compañeros había esperado tal fiereza de algo tan pequeño. Excepto, quizás, Gandalf. Probablemente era por eso que eligió a Bilbo, el astuto bastardo. Y esa fiereza tampoco fue un golpe de suerte. El enano había visto al hobbit confrontar trolls, orcos, y a un cabreado Thorin sin retroceder nunca de miedo. ¡Incluso se enfrentó al pálido orco el fin de salvar a Fili! Fue increíble.

Observar a Bilbo confrontar a Azog fue lo que selló su lealtad al hobbit. Él nunca podría darle la espalda a alguien que estaba tan obviamente dispuesto a morir por ellos.

Esa fue la razón por la que él y Óin había acordado en entrenarle. Bilbo tenía el valor de un enano, pero carecía del físico y las habilidades. Él no podía hacer que el hobbit fuera más grande o más alto, pero de seguro que podría enseñarle la forma correcta de luchar.

Era lo menos que Glóin podía hacer por alguien que le había demostrado lealtad para con él.

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Bilbo nunca había estado tan feliz en su vida de ver una pequeña parcela de flores.

"¡Mira el tamaño de esas abejas!" Ori se quedó boquiabierto, señalando a las muchas, muchas abejas que se asomaban sobre los coloridos tréboles.

"Creo que son casi tan grandes como mi mano", agregó Kili, sosteniendo su mano para compararla con las abejas.

"Sí, y probablemente piquen el doble de fuerte," señaló Dori. "Manténganse alejados de ellas ustedes dos."

Ori hizo pucheros detrás de su hermano. "Pero yo quería dibujarlas..."

Nori se inclinó y le susurró algo al oído de su hermano. Lo que fuera que él le dijo hizo que Ori se alegrara y le asintiera vigorosamente. Nori hizo un guiño en respuesta y señaló a Dori e hizo una mueca a su espalda.

Tengo la sensación de que esos dos están planeando en volver aquí, pensó Bilbo con una pequeña sonrisa. Se trasladó lentamente hacia el frente del grupo a medida que avanzaban más cerca de la casa de Beorn. Ellos ya estaban en el borde de sus prados de abejas y en la distancia se podía ver los grandes cercos que protegían la casa del cambia-forma y sus animales. La última vez, Gandalf lo había llevado primero con él, mientras le había pedido al resto que esperaran antes de entrar. Esto había resultado ser una mala idea ya que Beorn se había molestado más y más con la constante llegada de los enanos. Así que en esta ocasión él quería hacer las cosas un poco más obvias.

"... Supongo que podríamos entrar de a dos a la vez. Le podríamos abrumar si todos entramos trotando a la vez," meditó Gandalf, frotando su bastón en reflexión.

Thorin parecía que no estaba de acuerdo. "No me gusta la idea de dejar a los demás aquí solos y vulnerables. ¡Todavía no sabemos dónde está Azog!"

"Estoy de acuerdo," dijo Bilbo, metiéndose en la conversación sin sentir vergüenza. "Debemos permanecer juntos y entrar juntos. Beorn podría encontrarnos sospechosos o deshonestos si no nos acercamos a él todos a la vez."

Los dos lo miraron con mutua sorpresa.

"Mmm… Una idea práctica, Maestro Bolsón," Gandalf estuvo de acuerdo, sus ojos grises iluminándose. "Vengan entonces; ¡creo que hay una puerta oculta entre estos cercos!"

Bilbo siguió al mago junto con sus enanos cuando finalmente se encontraron con los setos de espinos. Los rodearon hasta que finalmente llegaron ante una puerta de madera alta y ancha que Gandalf, audazmente, empujó abierta. Detrás de ella se encontraban un surtido de casas y jardines, y muchos más animales que Bilbo jamás había visto en su vida.

Sus compañeros comenzaron a murmurar entre sí mientras que señalaban las rarezas que encontraban, o algo que les gustaba. Él los ignoró a favor de ver los caballos que venían trotando hacia ellos; hermoso y cuidados, y mirándoles fijamente con ojos conocedores. Parecían estar examinando a cada visitante antes de compartir una mirada y luego salir galopeando a uno de los edificios.

"Han ido a avisarle de nuestra llegada," comentó Gandalf, mirándose divertido. Siguieron el camino hasta que finalmente llegaron a un patio hacia el cual los caballos habían corrido. Parado por sobre ellos, con su hacha en una mano, estaba Beorn.

Bilbo sabía lo grande que era el cambia-forma, pero aún así lo tomó por sorpresa el verlo de nuevo. Beorn era más alto que Gandalf, tan densamente musculoso como Dwalin, y tenía más pelo que Glóin. Los examinó a todos ellos cuando se acercaron, y luego resopló.

"Ellos no son una amenaza," le dijo a los caballos, acariciándole la cabeza al más cercano. "Váyanse ustedes ahora, y déjenme encargarme de nuestros visitantes."

Los caballos se marcharon al trote sin dudarlo, mientras que Beorn colocaba su hacha hacia abajo y se enfrentó a ellos con sus astutos ojos marrones. "¿Quiénes son y qué quieren?" preguntó, cruzando sus brazos, tan gruesos como el tronco de un árbol, sobre el pecho.

Gandalf fue el primero en dar un paso hacia el frente y le inclinó cortésmente el sombrero al gigante. "Soy Gandalf el Gris."

"Nunca escuché ese nombre," respondió Beorn, porque modales nunca había sido su punto fuerte. Observó a los demás, y su ceño se hizo más profundo cuando notó los muchos enanos con sus armas y frunces de ceños hasta que llegó a Bilbo. Se detuvo en seco y levantó alto las tupidas cejas.

"¿Qué se supone que eres?" preguntó el cambia-forma, moviéndose más cerca para tener una mejor visión.

Bilbo sintió cómo los enanos se tensaban en torno a él cuando el gigante se acercaba, pero él dio un paso hacia adelante con calma y se enfrentó a la mirada curiosa con una de las suyas.

"Soy un hobbit. ¿Qué eres tú?" le devolvió la pregunta, alzando la barbilla. Oyó a Gandalf gemir junto a él, y se imaginó que su padre probablemente estaba rodando en su tumba por sus terribles modales.

Beorn no pareció ofendido por su brusquedad. En cambio, él sonrió y se arrodilló sobre una rodilla, así estaban más parejos en la altura. Bilbo pensó que era inútil, pero apreció el pensamiento.

"Yo soy Beorn," dijo simplemente. "¿Tiene un nombre, pequeño conejito?"

"Bilbo Bolsón, y no soy un conejo, sino un hobbit," respondió Bilbo con el ceño fruncido al oír unos resoplidos y risitas detrás de él. Tenía la sensación de que iba a estar oyendo ese apodo por un largo tiempo.

El cambia-forma se encogió de hombros, sin arrepentimiento. Miró hacia el resto de la Compañía antes de mirar de nuevo a Gandalf. "El resto de ustedes son enanos. No me importan los enanos. ¿Por qué los trajiste a ellos y a este conejito a mi casa?"

"Hemos venido a pedir tu ayuda," le respondió el mago. "Hemos perdido una buena parte de nuestros suministros cuando fuimos atacados por unos goblins. Entonces algunos de nuestros compañeros resultaron gravemente heridos y secuestrados por unos orcos. Nos las arreglamos para rescatarlos y vencer a los orcos y goblins, pero nos costó más suministros y lesiones."

Beorn los examinó de nuevo antes de centrarse de nuevo en el mago. "¿Por qué estabas cerca de goblins y orcos? Mejor aún, ¿qué es lo que los trae tan lejos para empezar?"

"Yo soy la razón por la que están aquí," dijo Thorin, dando un paso adelante. Le ofreció una pequeña reverencia y luego se enderezó en toda su estatura. "Yo soy Thorin y estamos en nuestro camino a Erebor."

"¿Oh?" El cambia-forma volvió a ponerse de pie y miró al rey de arriba a abajo. "Thorin, hijo de Thráin, hijo de Thrór, ¿verdad? He oído de ti y tu reino perdido. Algo sobre un dragón y el oro -yo no estaba escuchando en ese momento. Sin embargo, yo aún no veo por qué debería interesarme. Tu misión no tiene nada que ver conmigo."

Thorin entrecerró lentamente los ojos. "¿Eso quiere decir que no nos proporcionará ayuda?"

"No. Significa que estoy esperando una razón de por qué debería darles una ayuda," respondió simplemente Beorn.

Los enanos comenzaron a murmurar entre sí y Gandalf frunció el cejo. Bilbo se quejó en voz baja para sí mismo. Se había olvidado que la única razón por la que Beorn les había concedido la ayuda para empezar, era porque le gustaba escuchar sus historias. Pero, honestamente, ellos realmente no tenían el tiempo para entretener al gigante con una historia. ¡Ya estaban lo suficientemente retrasados!

Pero, ¿qué otra cosa podemos hacer? No sé de qué otra manera convencerlo, pensó con un suspiro. Bueno aquí va nada...

"¿Qué tal un intercambio entonces?" ofreció bruscamente, acercándose al cambia-forma hasta que tuvo su atención. "¿Una historia por su ayuda?"

"Depende de la historia," Beorn regresó, pero ahora parecía curioso.

"Una historia de aventuras y amistad," respondió Gandalf, interviniendo. Por el brillo en sus ojos, el hobbit sabía que su amigo había captado su idea. Dio un paso hacia atrás mientras el mago comenzaba a tejer una historia de honor y esperanza, de secretos y misterios, y de aventuras y maravillas. Él observó la cara de Beorn durante todo el relato a medida que crecía más curioso y luego fascinado y, finalmente, en trance.

Al final, el gigante echó la cabeza hacia atrás y rió. Era una risa en auge que le recordaba a un trueno y hacía eco a través del patio y llamaba tu atención. Era una risa muy llamativa y que hacía que le dieran ganas de sonreír y reír junto a él.

"¡Bien hecho!" declaró con una amplia sonrisa que revelaba todos los dientes. "¡Ese fue un buen cuento, sea honesta o no! Te daré la ayuda que buscas, siempre y cuando todos ustedes sigan siendo respetuosos. Ahora vengan; les voy a mostrar mi casa."

El cambia-forma giró sobre sus talones y empezó a salir del patio en dirección hacia su casa. Gandalf dudó por un momento antes de seguirle. Le hizo un guiño a Bilbo cuando pasó a su lado y el hobbit le sonrió ampliamente.

Misión cumplida.

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Bilbo dio un paso atrás mientras los demás daban exclamaciones de 'oh' y 'ah' a los animales que les servían la cena. Él todavía estaba impresionado con esa visión como la primera vez, pero sintió que los demás merecían verlos más. Después de todo, no era como si todo era nuevo para él. Una vez que terminaron, todos cenaron un extraordinario banquete mientras que Beorn les relataba historias de su tierra y de la montaña antes de hacerles preguntas sobre su propia búsqueda.

"¿Por qué no hay más de ustedes en esta búsqueda? Se enfrentaran a un gran dragón al final; de seguro necesitaran un ejército para derrotarlo," preguntó el cambia-forma.

"No tenemos un ejército," dijo Thorin con franqueza. "Estos son los únicos enanos que fueron lo suficientemente valientes como para responder a mi llamada."

Beorn los examinó a ellos antes de que sus ojos se posaran en Bilbo. "¿Y el conejito? ¿Por qué está aquí? ¿Qué podría tener en común con unos enanos?"

"'Él' está aquí y no disfruta ser ignorado," respondió Bilbo, sintiéndose bastante irritado. "Y yo vine porque quiero ayudarlos. Su objetivo es admirable."

Las gruesas cejas se levantaron de nuevo. "Ya veo..."

Tenía la sensación de que el cambia-forma no le creía, pero no le preguntó más al hobbit. Cuando se terminó la comida, Beorn les mostró donde podían descansar y luego les advirtió que no abandonaran la casa hasta que saliera el sol. Escuchó mientras los enanos preguntaban el por qué y se quejaban ante la respuesta que recibieron, y luego los ignoró cuando Gandalf comenzó a sermonearles a todos.

Esto es bueno. Todo ha marchado bastante igual a como lo hizo la primera vez, pensó Bilbo mientras se apropiaba de una de las camas para sí mismo. Ahora, si él regresa mañana por la mañana y nos dice que cree en nuestra historia, entonces sabré que las cosas se han mantenido casi igual. Eso espero.

"¡Ladrón!" llamó de repente Glóin, marchando hacia él. "¡Ladrón, es el momento de practicar! Agarra tu cuchillo para la mantequilla."

Bilbo gimió y se tumbó dramáticamente en la cama. "¿No podemos tomar un descanso por esta noche? Estoy muy cansado."

Glóin se burló y le empujó suavemente con el codo para poder sentarse también en la cama. "Debilucho. Bien, no vamos a entrenar esta noche. ¡Pero cuenta con que vamos a practicar mañana y todos los días hasta que lleguemos con Smaug! Tienes que fortalecerte antes de que podamos enviarte."

"¿Por qué? ¿Están pensando en hacer que pelee yo solo?" bromeó el hobbit.

Para su sorpresa, Glóin se puso serio. El enano se le acercó y le dio unas suaves palmaditas en la rodilla. "Nunca. Ahora eres uno de nosotros, hobbit, y nosotros no le damos la espalda a los nuestros. Te protegeremos cuando nos enfrentemos a Smaug. Lo juro."

Bilbo sintió como si alguien le hubiera quitado todo el aire. Era una cosa amar y proteger a alguien. Era otra cosa el saber que alguien haría lo mismo por tí. Desde que había despertado de nuevo en su casa todos esos meses atrás, él no le había puesto mucho pensamiento en ser amado. Él sabía cómo se sentía, tenía los recuerdos, y ciertamente antes no carecía de ese sentimiento. Pero no era hasta ahora que se daba cuenta de lo mucho que quería que sus enanos cuidaran de él como lo habían hecho antes. Él quería sus afectos y lealtad y amistad.

Bilbo quería ser importante para todos ellos tanto como todos ellos eran importantes para él.

"Oh. Yo... gracias," tartamudeó, sintiéndose abrumado y perdido. No sabía qué decir ante la declaración de Glóin. No había palabras que pudieran describir con precisión sus sentimientos en ese momento. "Ustedes son... Yo también quiero protegerlos a todos ustedes."

"Ahora lo sabemos," le aseguró el enano, palmeándole la rodilla de nuevo. "Cada uno de nosotros."

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La mañana siguiente le demostró a Bilbo que estaba correcto en su teoría.

Beorn los saludó a todos con entusiasmo y les dijo de los huargos y goblins que había enfrentado la noche anterior. Les dio las gracias por decirle la verdad, y luego les aseguró que les proporcionaría los suministros para cuando entraran en el Bosque Negro. Incluso hasta les proporcionó ponis para que los escoltaran hasta el comienzo del Bosque Negro, y les dijo qué esperar cuando entraran en el bosque oscuro.

"No beban, ni siquiera toquen el agua de allí," les advirtió el cambia-forma con severidad mientras comían el desayuno. "Tampoco deben cazar cualquiera de las criaturas que encuentren allí. Ambas solo terminarán por enfermarlos o los maldecirán. ¡Deben permanecer en el sendero en todo momento y nunca abandonarlo! ¡Si lo hacen, entonces se perderán en ese bosque oscuro y nunca más serán vistos de nuevo!"

Fili y Kili se quedaron con los ojos abiertos ante sus palabras mientras que Ori palideció ligeramente. El resto no parecía tan alarmado, pero les hicieron ponerse tensos y serios.

"¿Qué hay de los elfos que viven allí?" preguntó Thorin con una mandíbula apretada.

"Por lo general, dejan a los viajeros solos, siempre y cuando no causen desorden," dijo Beorn, encogiéndose de hombros. "Es probable que ellos no les causen problemas a ustedes."

Ninguno de los enanos parecía estar tranquilos ante sus palabras.

"Hay una cosa más que todos ustedes deben saber," agregó Gandalf, aclarándose la garganta. "Me temo que debo dejarlos cuando lleguemos ante el Bosque Negro."

Bilbo alzó las cejas cuando sus enanos comenzaron a protestar y a quejarse con el mago. Gandalf también les había dejado la última vez, pero él había pensado que había sido a causa del Nigromante. ¿Radagast había finalmente aparecido y le había advertido a su compañero mago del Nigromante? ¿O su viejo amigo les abandonaba por otras razones?

Desearía poder preguntarle pero probablemente eso le haría sospechar, pensó mientras escuchaba a Gandalf tranquilizar a los demás diciéndoles que eventualmente iba a regresar. Maldita sea. Otro cabo suelto para tratar.

Finalmente sus compañeros aceptaron de mala gana que el mago no se iba a quedar con ellos sin importar cuánto se lo pidieron, y el desayuno se terminó con un silencio solemne. Cuando terminaron, los enanos y mago se separaron para hacer sus propias cosas, y Bilbo usó el momento para acercarse a su anfitrión.

"Maestro Beorn," llamó, agitando una mano para llamar la atención del gigante. "Maestro Beorn, ¿podemos hablar?"

El hombre sonrió y se puso en cuclillas para poder mirarle. "¡Por supuesto, pequeño conejito! ¿En qué puedo ayudarte?"

"Quería discutir el tema de la comida con usted," explicó, inclinándose más cerca para que el otro pudiera oírle. "Mientras yo estoy agradecido que nos haya otorgado alimentos, para empezar, debo pedirle que nos de más de lo usted tenía previsto."

"Quieres más comida," resumió Beorn, apoyándose sobre los talones.

El hobbit asintió, sin sentir vergüenza por su petición. "Sí."

"¿Por qué?" preguntó Beorn. No parecía ofendido por la solicitud, sino más bien curioso.

"Debido a que nuestro recorrido por el Bosque Negro va a ser uno largo, y allí no hay nada para comer," contestó. "Yo no voy a correr el riesgo de que mis compañeros mueran de hambre antes de que podamos ser quemados vivos por el dragón."

Beorn rió fuertemente ante eso. "¡Un buen punto! Muy bien; yo le daré toda la comida que todos ustedes pueden llevar ¿Te parece eso justo?"

Bilbo asintió mientras sus hombros caían de alivio. "Sí, gracias. También le quería pedir que nos diera sobre todo frutas y frutos secos y hierbas; son ligeras y pequeñas y durarán más tiempo."

"Ya habías hecho esto antes," el cambia-forma se dio cuenta, ladeando la cabeza hacia un lado.

"Tal vez," concedió, encogiéndose de hombros, "o sólo soy prudente. ¿Puedo ayudarle a reunir y empacar la comida? De esa manera voy a ser capaz de juzgar si tenemos suficiente."

Beorn sonrió ampliamente; pareciéndose mucho al oso en el que se transformaba. "Pequeño conejito, puedes hacer lo que tu pequeño corazón desee. Ven; ¡ahora te mostraré mis despensas!"

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Bilbo se pasó el resto del día ayudando a Beorn a preparar los suministros. Él inspeccionó personalmente y con cuidado cada bulto; asegurándose de que cada espacio libre estuviera lleno de comida para el viaje que tenían por delante. Él ayudó a Beorn a elegir las mejores pieles para guardar los suministros de agua, y se negó cortésmente cuando el gigante se ofreció a darles arcos y flechas.

"No nos serán de ninguna utilidad para nosotros en ese lugar," le dijo con confianza. "En cambio, ¿nos podría dar cuerdas y una linterna? Tengo la sensación de que las necesitaremos más".

Beorn concedió cada una de sus peticiones sin lugar hacer preguntas. En ocasiones, el cambia-forma le daría una mirada curioso, pero nunca empujó al hobbit en busca de respuestas. Parecía satisfecho con simplemente ayudarles, y Bilbo nunca se había sentido más agradecido con otro en toda su vida.

Al mediodía ya estaban listos para salir.

"Estos paquetes son pesados," se quejó Kili, casi haciendo pucheros mientras recogía una de las bolsas con las dos manos.

"No te quejes; vas a extrañar ese peso cuando vaya poniéndose más ligera por la falta de alimentos," dijo Dwalin, recogiendo la suya propia con una mano y llevándola a su poni.

"Te vi ayudar a nuestro anfitrión a empaquetarlas," le comentó Bofur a Bilbo mientras ayudaba al hobbit a atar su mochila al poni. "¿Qué le pusiste a estas cosas?"

"Comida", respondió con firmeza. "Montones y montones de comida. Y grandes odres. Un montón de esos también."

Bofur rió. "¡Bien hecho! ¡Tal vez no muramos de hambre después de todo."

Eso es lo que estoy esperando.

Beorn les deseo un buen viaje con un último aviso sobre el camino más seguro a tomar, y luego se pusieron en marcha. Cabalgaron duro durante el resto del día antes de hacer campamento al atardecer. Para entonces, Bilbo podía ver la silueta del Bosque Negro en la distancia, y sintió la garganta secarse con la memoria de pasar hambre y sed durante días y días. Se había enfrentado a muchas cosas desagradables en su vida, pero morir de hambre aún era lo que más le asustaba.

Glóin lo arrastró a entrenar de nuevo esa noche, y él, obedientemente, lo soportó sin quejarse. Sabiendo ahora que el enano lo estaba entrenando porque se preocupaba por él lo hacía más soportable. Aun cuando la mayor parte de ello lo dejaba dolorido y molido por el resto de la noche. Cuando terminaron con el entrenamiento, se unió a Bombur y Bofur y escuchó a los dos hermanos bromear mientras se quedaba dormido.

Al amanecer continuaron adelante. La oscura forma en la distancia creció más y más clara hasta que muy pronto se encontraron delante del bosque conocido como el Bosque Negro. Se parecía a sus recuerdos a la perfección; los torcidos y retorcidos árboles, la oscuridad amenazante, y un silencio poco natural que nunca vacilaba. Al ver todo eso de nuevo hizo que el temor regresara a su corazón, y despertó al anillo en su bolsillo.

Caminos oscuros, días oscuros, muertes oscuras, el anillo se burlaba. Oscuro, oscuro, oscuro, oscuridad por delante.

Yo puedo soportarlo, le replicó él, haciendo acopio de valor. Yo puedo soportar cualquier cosa ahora.

El anillo simplemente se rió de él. El anillo había estado mayormente en silencio desde la batalla contra Azog, pero todavía hacía notar su presencia con su helado toque. Persistía en el fondo de su mente; esperando pacientemente para que él lo utilizara de nuevo.

"¿Los potros van a estar a salvo solos?" preguntó Ori mientras comenzaban a desempacar sus ponis y odres.

"No tienes que preocuparte, Maestro Ori. Beorn me aseguró que ellos conocen el camino a casa," le prometió Gandalf mientras los ayudaba a descargar sus bolsas. "También creo que él va a encontrarse con ellos en sus regresos. Él es muy protector de sus animales. Cuida de ellos como si fueran sus hijos."

Óin resopló suavemente. "Y justo cuando yo pensaba que no podía ser más extraño..."

Una vez libres, los potros se marcharon al trotaron; obviamente contentos de estar lejos del Bosque Negro y sus pesadas cargas. Pronto habían llenado todos sus odres del manantial cercano, y distribuido todos los paquetes de manera justa. Bilbo pensó que el suyo propio era sospechosamente más ligero que la última vez, pero no estaba seguro.

"Aquí es donde yo ahora los dejo a todos," anunció Gandalf mientras montaba en su caballo. Se acomodó antes de centrar su atención en el grupo debajo de él.

"Nos volveremos a encontrar de nuevo," les prometió, sonriendo ligeramente. "Por ahora, continúen sin mí. Asegúrense de recordar las advertencias de Beorn y manténganse en el sendero del Bosque Negro. Si lo hacen, entonces llegarán al otro lado sin problemas."

"Haremos todo lo que nos has dicho," le aseguró Balin, dándole al mago una pequeña reverencia. "Por ahora, buen viaje, Maestro Gandalf."

Thorin también asintió, dándole al hombre una mirada seria. "Buen viaje. Nos vemos en el otro lado."

"Buen viaje," les devolvió Gandalf, inclinando su cabeza a todos ellos. Sus ojos grises los recorrieron a todos ellos por última vez y luego él se marchó; cabalgando en un borrón de color gris y blanco antes de que pudieran parpadear.

El grupo lo vio irse antes de que Thorin, finalmente, se aclarara la garganta y diera luz verde para que todos se movieran. "Vamos," los llamó, entrando en el bosque, "todavía tenemos un largo camino por recorrer."

Espero que no sea muy largo, pensó Bilbo, y siguió al resto de los enanos en el Bosque Negro.