Una serie de puntos para unir

Capítulo 14 – Harry: No hay que pensar tanto

Todavía me sentía… resplandeciente por la conversación que había tenido con Mike durante el desayuno. Hacía mucho que no me sentía tan feliz. Por una vez el destino parecía sonreírme. Y parecía que iba a poder quedarme con mis dos chicos. No iba a tener que elegir. Además, había resultado ser un genio, mi poción me había salido perfecta y Snape me estaba elogiando, con su muy particular modo Slytherin: ya no da tanto asco como antes, Potter. Sí, todo indicaba que ése iba a ser un día maravilloso.

—Creo que lo más conveniente es aumentar la frecuencia de las lecciones, todas las noches hasta el receso de Navidad. —sentenció Snape arrancándome repentinamente de mi nube de gozo. ¡Todas las noches? A Mike le iba dar un ataque. Acababa de darme permiso para que fuera amigo de Malfoy y ahora iba a tener que decirle que tenía que estudiar todas las noches con el Slytherin de celestial apostura.

—Pero profesor, ¿acaso no dijo que había mejorado? —cuestioné su decisión. La situación con Mike y Malfoy había alcanzado finalmente una especie de equilibrio muy delicado e inestable. La disposición de Snape podía mandar todo al diablo.

—Ciertamente, y para que continúe así debemos incrementar el número de sesiones de estudio. —replicó con frialdad.

—Pero sepa que yo también tengo otras clases. —murmuré, ¿cuándo iba a tener tiempo para el deber de Transfiguración que nos habían asignado el día anterior? También necesitaba un sobresaliente en Transfiguración para que me admitieran en el programa de entrenamiento de aurores.

—Quizá debería hablar con los otros profesores para que también le asignen clases de estudio con el señor Malfoy. —me amenazó. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué estaba tan empeñado en que Malfoy me diera lecciones privadas? ¿Realmente estaba interesado en que mejorara mis notas? ¿Supondría que Malfoy me hacía pasar las de Caín durante las lecciones?

—No creo que eso sea necesario, señor. —dijo Malfoy desde su banco— Yo ya alcancé el límite de tiempo disponible que puedo dedicarle a Potter.

Fue como si me hubiera dado una cachetada, por alguna razón había vuelto a llamarme Potter. Cambiaba de humor como un péndulo, de un lado al otro, de cálido a frío y al revés, me sorprendía constantemente. Snape aceptó su razonamiento, yo no. Algo estaba mal, seguramente estaba enojado y evitó mirarme en todo momento.

Cuando terminó la clase quiso escaparse pero corrí tras él y logré alcanzarlo. —Malfoy, ¿qué carajo te pasa? —demandé saber, quería una explicación— Esta mañana estuviste de lo más cordial y ahora en la clase volviste a insultarme como antes.

—No te insulté. Creo que hice lo que correspondía para mantener esta especie de juego de "amigos en secreto" que ideamos.

—¿Cómo? — ¿juego? ¿de qué hablaba?

—Mejor dejémoslo ahí, Harry. Ya me has dejado en claro que la "amistad" debe ser secreta, a vos te puede resultar más fácil porque podés "esconderte" con facilidad y de manera efectiva detrás de tu novio; para cumplir con mi parte creo que lo mejor es que mantenga la mayor distancia posible, la mayor cantidad de tiempo posible.

Se soltó y retomó su camino. Dudé un instante pero no podía dejar que se fuera dejándome así. Lo alcancé otra vez. —Te estás comportando como un tonto. Justamente esta mañana Mike me dio permiso para que hable con vos no sólo cuando tenga que hacerlo sino también cuando quiera. ¿Y vos justo decidís que no valgo la pena?

—¡Pero qué maravilla! —ironizó— Ahora que tu novio dio el visto bueno, vamos a poder ser realmente buenos amigos.

—¡No es así! —protesté, pero para mis adentros sabía que no le faltaba razón.

—Y que te quede bien claro. —dijo poniendo énfasis en cada sílaba— Yo siempre pensé que vos valías la pena.

Me quedé parado procesando sus últimas palabras, se alejaba otra vez. . —¡Malfoy, esperá! —grité tratando de sonar lo más enojado posible, pero no me hizo caso, no se detuvo. Corrí, lo agarré del brazo y lo aplasté contra la pared. —¿Por qué me estás apartando de esta forma! —exigí saber.

—Me estás lastimando. —aflojé la presión en su brazo instantáneamente— No…—aclaró sacudiendo la cabeza—… son tus acciones las que me están lastimando. Vas a verte en la obligación de elegir entre los dos y no vas a elegirme a mí.

—No estoy obligado a elegir. —declaré desafiante. Mike me había dicho que podía hablar con Malfoy si quería. No había inconveniente en que fuéramos amigos.

—Lo cierto es que ya elegiste. —insistió, sus palabras me hirieron y no pude evitar una mueca— Mirá, puedo hablar con Snape… para que te asigne otra persona que te enseñe…

—¡Vos no querés ser mi amigo…! —me quejé.

—Claro que quiero. —me corrigió— Quisiera pasar todo el tiempo con vos, quiero que me tengas confianza, quiero ser la persona a la que recurras primero cuando necesites ayuda.

Sentí como un escalofrío y de golpe me costaba respirar. Quería que siguiera, quería oír más, al parecer se dio cuenta porque me dio el gusto.

—Quiero apoyarte… pero también quiero abrazarte y amarte y más… quiero más de lo que podés darme. Y sé que estás comprometido con Corner y sé que lo amás… y que no vas a poder darme lo que necesito. —por un segundo había sentido que le pertenecía a Malfoy, que era de él, pero él mismo se había encargado de recordarme que pertenecía a otro.

—No puedo darte más que amistad. —susurré, me costaba pronunciar.

—Lo sé. —asintió— Pero ni siquiera eso obtengo.

No lograba entender por qué se negaba a continuar nuestra amistad. ¿Acaso no se daba cuenta de lo importante que era para mí? ¿No se daba cuenta de lo mucho que lo necesitaba? No podía preguntárselo directamente, él se sentía tan herido como yo. —Voy a ser un mejor amigo. —prometí y lo solté, no podía obligarlo, él era el que debía elegir si quedarse conmigo o no— Pero vos no me abandones. —le pedí.

Lo consideró unos segundos con facciones impasibles, luego sus rasgos se suavizaron, suspiró y se rindió—Está bien… de acuerdo.

oOo

El resto del jueves y el viernes Malfoy se sentó conmigo en las clases que compartíamos, cuando estaba con él ni me acordaba del sábado. Mike, en cambio, lo tenía bien presente. Se sentaba conmigo en todas las comidas, estaba muy ansioso, no veía la hora de que llegara el sábado. A mí no me parecía mal, sabía que me amaba y que apreciaría lo que le iba a entregar.

La noche del viernes insistió en acompañarme hasta la biblioteca, yo había quedado con Malfoy para otra sesión de estudio. Mike me había pedido que la cancelara, sólo por esa vez, pero yo le había dicho que no podía. Yo no quería cancelarla.

—Yo esperaba que quizá esta noche podríamos salir a caminar juntos, solos. —me dijo medio en tono de queja, metiéndome un dedo en el cuello de la remera. Después me puso contra la pared y me dio un beso como si fuera la última vez que nos fuéramos a ver. Al parecer todos querían de mí más de lo que podía dar, todos querían más y más y más… mis ex amigos querían que fuera "más" perfecto, Mike quería más tiempo y más sexo y Malfoy quería más de mí en todos los sentidos.

—Mirá, perdón… pero Snape me está obligando… —le dije tratando de razonar con él.

—Ya sé… ¿pero por qué todas las noches? —se quejó como un nene caprichoso.

—Es sólo hasta el receso… —le acaricié los cabellos tratando de conformarlo.

—Pero para eso faltan todavía semanas… —insistió pero después pareció entrar en razón—Está bien… pero te voy a extrañar.

—Yo también. —le dije y lo abracé y él me acarició el cuello con la nariz.

—Seguro que Malfoy está encantado con el arreglo. —comentó con tono amargo.

—En realidad fue Malfoy el que le puso freno a Snape, que quería asignarme más horas todavía. No creo que Malfoy esté fascinado, obligado todas las noches a hacerme estudiar. —me pareció necesario defender a Malfoy porque las palabras de Mike habían sonado como una acusación.

—Será como vos decís. —suspiró resignado y ya se aprestaba a robarme otro beso, cuando oímos un sonoro carraspeo.

—¿Estás listo? —dijo Malfoy con tono cortante— Quiero terminar con esto cuanto antes.

—Sí, claro… —dije, el tono de Malfoy me preocupaba un poco, ¿estaba otra vez enojado? Le di un rápido beso de despedida a Mike y seguí a Malfoy hacia la puerta de la biblioteca, esperaba no haber hecho nada que lo hubiese contrariado.

—¿Estuve bien en mi papel de ex amigo fastidiado? —suspiré aliviado, el tono irritado había sido un show para Mike.

—Ah, se trataba de eso. Por un momento creí que estabas de nuevo enojado conmigo.

—¿Debería? —preguntó con picardía.

—Probablemente. —contesté pensando en lo que pasaría al día siguiente, todavía me resonaban en lo oídos sus palabras: por las razones apropiadas y con la persona adecuada— Pero prefiero que hablemos de otra cosa.

—¿No era que él no tenía problemas en que fuéramos amigos?, ¿Por qué tenemos que seguir con semisecretos y comportamientos furtivos?

—Porque él no está del todo conforme, —le aclaré con sinceridad— y no quiero presionarlo más de lo imprescindible.

—¿Y si revocara su autorización? ¿Si te planteara la disyuntiva de elegir entre los dos? —preguntó con tono ansioso.

Volvíamos al principio, en realidad yo ya me había convencido de que no iba verme obligado a elegir… pero no era así al parecer.

—No voy a ponerme a pensar en eso ahora. —dije con determinación— Y vos tampoco deberías.

—Si vos lo decís. —suspiró con tristeza y pasamos a la lección. Estuvimos estudiando durante una hora la poción que tocaba el lunes. Cuando terminamos me dolía todo el cuerpo y estaba exhausto.

—Te ves muy cansado. —comentó.

—Gracias. —repliqué burlón— Y vos te ves como si te hiciera falta comer más.

—Últimamente no he tenido mucho apetito. —admitió— ¿No has estado durmiendo bien?

—No es una novedad, —dije encogiendo los hombros— te diría que para mí es lo normal.

—¿Muchas fantasías con Corner que te quitan el sueño? —dijo supuestamente siguiendo en broma pero hizo una mueca como si lo incomodara la idea. En realidad mi sueño erótico más vívido y reciente había tenido a Malfoy como protagonista, desnudo, en el banco de Pociones, haciéndose la paja para regalo de mis ojos.

—Algo así… —dije ruborizándome furiosamente— Oíme, Malfoy, no es necesario que hablemos de él… si te pone incómodo.

—No me incomoda. —me aseguró, pero yo sospechaba que no me estaba diciendo la verdad.

—Pero creo que a mí si me pone incómodo. —dije sonriendo para quitarle seriedad al asunto— No me parece bien que hablemos de él.

—Está bien. —se avino, pero agregó en la misma nota chistosa —Es una lástima, porque tenía muchas ganas de discutir detalladamente tu vida amorosa con otro chico.

—¡Muy gracioso! —repliqué, sonriendo apenas— Creo que deberíamos irnos… o Pince nos va a echar a patadas dentro de unos minutos.

—Tenés razón. ¿Te voy a ver durante el fin de semana? —preguntó juntando sus cosas, alzó la vista y se me encogió el corazón.

—No sé… —susurré mirándolo, me sentía culpable por lo que planeaba hacer con Mike; sentía como si acostándome con mi novio estuviera traicionando a Malfoy. A veces sentía como si mi novio fuera Malfoy y no Mike. A veces deseaba que Malfoy fuera mi novio… y después me acordaba de todo lo demás y daba gracias de que fuera Mike.

Respiró hondo e intensificó la mirada como si quisiera penetrar hasta mi alma. —Sólo… sólo… andá con cuidado…

—Sé lo que estoy haciendo. —declaré tratando de parecer más seguro de lo que realmente me sentía. Tenía que dejar de dudar tanto. Mike era mi protección…Sin Mike no iba a tener la fuerza de voluntad suficiente… Y además… Mike era un buen tipo… se lo merecía…

—Bien… —seguía sondeándome el alma… me acarició los cabellos y luego la mejilla— Como tu amigo… no quiero que sufras ningún daño. —sus ojos me estaban diciendo tantas cosas más que sus labios no se animaban a pronunciar.

—Mike, nunca me haría daño. —le aseguré, pero su mirada me empezaba a doler y tuve que apartarme. Nunca antes me había mirado así… como si me viera por entero… me sentía desnudo delante de él… sin lugar donde ocultarme… me aterrorizaba.

—Más le vale… ¡porque yo lo mataría! —aulló apretando los puños. No pude sino sonreír… de alegría… porque entonces me di cuenta… lo amaba… amaba a Draco Malfoy… me había visto entero… y seguía deseándome.

Pero… ¿qué podía hacer? Si él elegía estar conmigo iba a tener que cambiar de lado en la guerra… yo iba a necesitar que él estuviera de mi lado… y para él significaría enfrentarse con sus padres… pelear contra ellos… lo destrozaría… no podía pedirle algo así.

—No tenés nada de qué preocuparte. —lo acaricié a mi vez. Yo voy a protegerte, incluso de mí.

Mi tacto lo sobresaltó. Sonreí. Me encantaba poder desatar tal reacción con un simple gesto. Me colgué la cartera sobre el hombro, le dirigí una última mirada y salí de la biblioteca.

La próxima vez que lo viera ya sería un hombre… habría perdido lo último que me quedaba de inocencia.

oOo

Estaba abrigado bajo las mantas pero me sentía incómodo. Me había despertado varias veces, miré fijamente el dosel… sentía náuseas. ¿Era por lo que iba a ocurrir ese sábado? ¿Por lo que iba a entregar y a quién se lo iba a entregar? Nunca le había otorgado un valor especial a mi virginidad, nunca la había considerado como un don divino que hubiera que preservar. No era que me fuera a encamar con el primero que se me cruzara, pero tampoco que fuera a poner demasiados remilgos. ¿Y entonces por qué de pronto me sentía tan nervioso? Mike era muy buen tipo, me amaba… ¿y entonces por qué lo sentía como algo tan mal… si para mí no era tan importante?

Era importante para Malfoy. Él quería ser mi primero… y no para agregar una más en su lista de conquistas. Él quería cuidar de mí… con dedicación… con amor. Y yo quería eso también… pero había tanto que se interponía. Había demasiado en juego… para él y para mí… y si yo me rendía a mis deseos… Por otro lado… Mike me amaba… él también cuidaría de mí… y nuestra relación iba a ir creciendo y llegaría a ser muy buena…

Gemí para mis adentros… en mi espíritu se libraba una batalla sin cuartel… el corazón contra la razón… ¡era insoportable!... ¡tenía que hacer algo! Tenía que escaparme de alguna forma… ¡necesitaba volar!

oOo

Agarré la escoba y enfilé al campo de quidditch. ¿Cuánto hacía que no volaba? Parecían años, pero sólo habían sido semanas. Desde que todo se había venido abajo había perdido las ganas. Había abandonado el equipo. O quizá sería más apropiado decir que me habían echado… dejé de ser bienvenido en las prácticas y Ginny había ocupado mi lugar… y bien que se había pavoneado ante todos… la novel buscadora del equipo de Gryffindor.

Me monté en la escoba —mi vieja amiga, la Firebolt— y levanté vuelo. Sentí una inconmensurable sensación de libertad llenándome los pulmones y un glorioso deleite inundándome todo el cuerpo. Solo, como conociendo por primera vez a mi escoba, y el aire, y el volar… solo… un placer que no quería compartir… algo sólo mío… como si fuera la primera vez.

Iba rompiendo la aurora, el cielo se iba pintando de colores… rosados, amarillos, naranjas… gozaba de mi felicidad privada… una felicidad que no dependía de los otros… esto era vida, mi vida… y todos los demás podían irse a la puta que los parió.

No podía creer que hubiese estado tanto tiempo sin volar… no quería volver a bajar nunca… pero… ¡Oh realidad! Todo lo bueno llega a su fin. Después de varias horas la fatiga y el hambre me obligaron a descender.

Tomé una ducha larguísima para relajar bajo el chorro caliente mis músculos exhaustos. Para cuando estuve vestido ya eran las diez. Me había salteado el desayuno… Había quedado con Mike que iba a desayunar con él… ¿estaría en problemas?

Subí a la torre de Ravenclaw, iba decidido a ponerme de rodillas ante Mike pidiéndole perdón si hiciera falta. No podía creer que me hubiese olvidado del tiempo en un día tan crucial como ése. Cuando llegué a la puerta y me topé con el llamador de bronce, me acordé de que para ingresar a la Torre había que contestar a una pregunta… ¡Maldición! ¡Soy tan animal para este tipo de cosas!

—Buenos días… tú no eres un Ravenclaw. —declaró el llamador.

—Buenos días. —contesté con amabilidad. En general es siempre conveniente llevarse bien con los retratos, o en este caso el llamador, que guardan las puertas. —No, es cierto… tiene Ud. razón, no soy un Ravenclaw.

—No hay problema alguno. —al parecer el que yo fuera de otra Casa parecía no importarle en absoluto— ¿Estás listo para contestar la pregunta?

—Sí, claro. —repliqué con seguridad.

—La madre de Pedro tiene cinco hijos. La mayor se llama Yaya, el segundo se llama Yeye, la tercera se llama Yiyi y el cuarto se llama Yoyo. ¿Cómo se llama el menor?

¿Se suponía que era una pregunta difícil? ¡La respuesta era facilísima!

—Yuyu. —contesté.

—La respuesta es incorrecta. —dijo el llamador. Calló y se inmovilizó.

Y ahora… ¿qué iba a hacer? ¡Mike me iba a matar!

—¿Tenés algún problema, Harry? —el que había hablado era un chico rubio que yo no conocía.

Fruncí el ceño. —Sí. Vine a visitar a Michael Corner. Pero contesté mal la pregunta. —me sonrió.

—No me mires tan sorprendido, no nos han presentado, pero todo el mundo conoce a Harry Potter.

—Ah sí, claro… —farfullé sonrojándome. ¡Si seré imbécil!

—Pregunta, por favor. —demandó el chico, el llamador cobró movimiento y voz de nuevo y repitió la pregunta.

—Pedro, por supuesto. —contestó el chico y la puerta se abrió de inmediato.

Me ruboricé furiosamente. ¡Cómo podía ser tan bestia!

—A veces la lógica puede tornar las cosas confusas y nos empuja a cometer un error, a veces no conviene pensar tanto… la respuesta puede estar delante de tus ojos… tan evidente que no la ves. Pasá, voy a avisarle a Mike que viniste.

Mike bajó a la sala común unos momentos después. —¡Harry! ¿Dónde estabas? ¿Por qué no apareciste para desayunar? —no sonaba muy enojado, Malfoy sí debía de haber estado desayunando.

—Necesitaba despejarme la cabeza y me fui a volar. Se me pasó la hora sin que me diera cuenta.

—Oh bueno… está bien… pero deberías haberme avisado… por un momento se me ocurrió que podrías haberte echado atrás… Te noto muy nervioso… ¿te pasa algo? —me preguntó con dulzura.

—Eehhh… —titubeé, mordiéndome el labio y con la mirada clavada en el suelo.

—Oohhh… —arrulló él y me acarició los cabellos. No me gustó. Malfoy me había acariciado los cabellos la noche anterior y había sido perfecto. Pero ahora que Mike hacía lo mismo…me parecía que era algo que estaba mal— Sos tan adorable. —me dijo como si yo fuera un lindo gatito.

Me tomó de la mano y me condujo escaleras arriba. El diseño de la Torre de Ravenclaw era muy similar al de la de Gryffindor. Y los dormitorios eran también casi iguales, sólo cambiaban los colores, azul y bronce en lugar de rojo y dorado. Me llevó a su cama, me hizo sentar y luego se me trepó a horcajadas en la falda.

—No tenés que estar nervioso, Cielo. —me dio un beso muy tierno— Voy a poner todo el cuidado del mundo.

Asentí. No estaba seguro de que eso fuera lo que yo quería, pero estaba pasando, me gustara o no y no sabía cómo hacer para pararlo o al menos prorrogarlo. Volvió a besarme pero con lengua profunda esta vez. Se me cruzó el pensamiento de si Malfoy tendría un sabor distinto del de Mike. Me sacó la remera y me acarició el pecho… y nuevamente me surgió la pregunta, ¿se sentirían igual las manos de Malfoy? Y cuando me desabotonó los jeans y me los bajó, todo en lo que podía pensar era en Malfoy… y empecé a entrar en pánico.

—¿Estás nervioso, Cielo? —me preguntó algo sorprendido. Bajé la vista a él, arrodillado frente a mí, y a mi verga… flácida. Con Mike siempre se me había parado mucho antes… —No te preocupes, sé cómo hacer para que te distiendas… —y empezó a lamérmela.

Oh, sí. Eso sabía hacerlo muy bien. Mi verga empezó a responder… y entonces pensé en lo que estaría haciendo Malfoy en ese momento… y la excitación que se iba iniciando se desvaneció por completo. Mike alzó la vista. —Cielo, no parece que lo estés disfrutando… —dijo con tono preocupado.

—Es que estoy nervioso… como dijiste… —parecía no sólo preocupado sino también herido… no sabía qué decir… no sabía qué hacer. Pero yo se lo debía… no podía darle mi corazón… pero podía darle mi virginidad…

—¿Ayudaría si vos fuera el activo primero? —ofreció.

—Sí… creo que ayudaría. —respondí, me sonrió y retomó la tarea de lamerme la verga. —traté de concentrarme y de disfrutar sus atenciones pero la imagen de Malfoy seguía flotándome en la cabeza, no podía apartarla.

Mike se había excitado chupándomela, podía adivinarlo por los gemidos de placer que dejaba escapar al tiempo que se frotaba el miembro. —Humm… Harry, no aguanto más. —anunció, se puso de pie y se sacó rápidamente la ropa hasta quedar completamente en bolas. Se trepó a la cama y se acostó de espaldas con el culo bien cerca de mí. —Hay gel lubricante en el primer cajón, untate los dedos y empezá a dilatarme. —titubeé un segundo y luego me dispuse a seguir las indicaciones.

Saqué el gel del cajón, el frasco estaba casi vacío, ¿con cuánta frecuencia lo usaría? No dije nada, sin embargo. Me embadurné bien los dedos, respiré hondo y le tanteé un poco la abertura. Gimió apenas y empecé a ingresarle lentamente el índice. Al parecer no lo suficientemente rápido para su gusto puesto que me instó: —No hace falta tanta suavidad, Harry. —jadeó— Me lo he hecho muchas veces, estoy acostumbrado.

¿Se lo había hecho muchas veces? No sonaba muy recatado que digamos… no estaba seguro de cómo me hacía sentir al respecto.

Retiré el dedo y volví a metérselo pero con más decisión. Y él empezó a mover las caderas en vaivén. Agregué otro dedo y luego un tercero. La respiración se le había acelerado y los gemidos aumentaron en frecuencia. Yo empezaba a calentarme de mirarlo y oírlo.

—Merlín, Harry, ¡por favor! —me suplicó— ¡No aguanto más! ¡Cogeme, por favor! ¡Ya!

Me puse tenso, pero como buen novio me arrodillé frente a su agujero dispuesto a satisfacerlo como correspondía. Había llegado al punto de no retorno, una vez que lo penetrara ya no sería virgen, él se quedaría con algo mío para siempre. Me sentía como al borde de un acantilado… obligado a saltar al vacío.

—Ya no me hagas desear, Harry. —me rogó.

A veces la lógica puede tornar las cosas confusas y nos empuja a cometer un error, a veces no conviene pensar tanto… la respuesta puede estar delante de tus ojos… tan evidente que no la ves.

No podía hacerlo. No podía saltar.

—Estoy listo, ¿qué estás esperando? —sonaba confundido, fastidiado e inquieto, todo a la vez.

Me senté sobre los talones apartándome de él. —No puedo hacerlo. —susurré.

—¿Cómo? —exclamó, se sentó y me miró casi horrorizado.

—Perdón, —supliqué— no estoy listo.

Parecía muy herido, como si le hubiera apretado la punta de la verga malográndole la erección antes de que hubiera podido alcanzar el orgasmo. —Bueno… este… podemos esperar un poco más si es lo que necesitás. —ofreció.

—Mike… vos sabés que yo te quiero… —dije con sinceridad, de pronto era muy consciente de cuán desnudo estaba y quería desesperadamente recuperar mi ropa. Me miró con suspicacia, la introducción no auguraba nada bueno. No dijo nada. Me bajé de la cama y agarré mis jeans. —Es que hay ciertas cosas que deben ocurrir por las razones apropiadas…— dije repitiendo las palabras de Malfoy al tiempo que me calzaba los pantalones—…y con la persona adecuada.

Me miró con pánico. Me sentía tan culpable… como si estuviera abandonando a una novia al pie del altar. —Y la persona adecuada no soy yo. —dijo con voz ahogada. Estaba furioso y muy herido. No sabía si iba a pegarme o si iba a ponerse a llorar.

—Perdón. —susurré una vez más. Ya había terminado de vestirme. Él se cubrió con las sábanas.

—¡Es por ese Slytherin pelotudo, no? —me gritó. Aparentemente había elegido empezar gritando, quizá después se pusiera a llorar. —¡Estás enamorado de él, no? ¡Estás enamorado de él y no de mí!

—¡Mike! —pedí suplicante. En realidad no sabía qué le estaba pidiendo. Que tratara de ser razonable quizá. Pero era lógico que se descontrolara después de lo que acababa de hacerle.

—¡Cómo pude ser tan boludo? ¡Vos nunca me amaste! —me escupió las palabras— Yo sabía que él te deseaba pero traté de no hacerle caso. No quería creerlo. ¡Andate a la puta que te parió! —agarró el frasco de gel y me lo arrojó a la cabeza. Pude esquivarlo por muy poco, agachándome. —¡Rajá! ¡Te odio! ¡No quiero verte nunca más!

—¡Perdón! —rogué una vez más.

—¡DESAPARECÉ!

Eso hice.

oOo

Cuando salí de la Torre, lo único que quería era ver a Malfoy. Tratá de no pensar tanto, me repetía. Necesitaba a Malfoy, él era la respuesta evidente que había tenido enfrente todo el tiempo; me sentía tan ansioso, no veía la hora de poder besarlo, de poder degustarlo finalmente. Seguía sintiéndome mal por Mike pero ya no podía continuar negando mi amor por mi antiguo rival.

Empecé a bajar las escaleras para ir a los subsuelos, noté entonces que seguía con los dedos pegajosos de gel… y del culo de Mike. ¡Ajj! Tenía que tomar una ducha antes de ir a ver a Malfoy. No quedaba bien saltar en los brazos de un nuevo amante cuando uno tenía todavía en los dedos algo del culo del anterior. Me desvié hacia la torre de Gryffindor para ducharme y cambiarme de ropa antes de bajar a los subsuelos.

Estaba tan entusiasmado, me bañé y traté de acicalarme mejor de lo habitual. Poco pude hacer con los cabellos, pero bueno… Malfoy ya sabía que eran indomables. Me sentía rebosante de adrenalina.

Finalmente decidí que estaba listo para ir a encontrarme con mi verdadero destino —ser el amante de Malfoy, entiéndase, nada de esa mierda de Voldemort— bajé a la sala común y me topé con un espectáculo que nunca antes había visto… Ronald Weasley estaba llorando.

—¿Qué pasó! —pregunté angustiado, cualquier pensamiento relacionado con discusiones pasadas se me esfumó en un segundo. Me vino la idea de que alguien había muerto… ¿el señor o la señora Weasley?... ¿un dragón se había comido a Charlie?... ¿los mellizos había volado por los aires como consecuencia de uno de sus estúpidos experimentos?

—¡VOS! —aulló Ron alzando la cabeza. Era la primera palabra que me dirigía en semanas. —¡Hijo de mil putas! —vociferó y se me vino encima como una fiera rabiosa, rojo de ira. Nunca lo había visto tan furioso. De golpe me encontré en el suelo mirando al techo, me había golpeado la cabeza duramente contra las baldosas, recibí a continuación un tremendo puñetazo en la cara. Ron se cernía sobre mí y no parecía dispuesto a detener los golpes. —¡Tiene sólo quince años! —chilló. No sabía de qué carajo estaba hablando— ¡Parate y peleá maricón de mierda!

—¿Cómo? —gruñí, estaba mareado por los golpes y me dolía todo.

—¡Te voy a matar! —gritó, noté que se empezaba congregar gente a nuestro alrededor. Me incorporé tambaleante y masajeándome la dolorida mandíbula, sentí el gusto metálico de la sangre en la boca.

Miré a los ojos celestes de Ron que estaban inyectados de furia, no tenía fuerzas ni voluntad para pelear, lo seguía viendo como mi mejor amigo con el que había compartido tantas aventuras. Pero él parecía decidido a seguir cagándome a palos. Me dio un tremendo empujón que me azotó contra la pared, creí por un instante que me iba a desarmar como un muñeco.

—¡Peleá, cobarde! —demandó. Que me pegara todo lo que quisiera, yo no iba a defenderme— ¡Hacete responsable de lo que hiciste!

—No sé de qué estás hablando. —dije con sinceridad, con tono cansado pero no airado— A menos que esto se trate de una acción retardada por lo que pasó hace semanas.

—Ginny está embarazada, Harry. —explicó Hermione, con decepción y recriminándome… ¡Como si fuera yo el que había hecho algo mal! ¡Merlín, no era yo el que estaba embarazado! ¿Qué tenía yo que ver con nada de eso! Como si me hubiera leído la mente, ella prosiguió— Está de ocho semanas.

—¿Ocho semanas? —repetí yo. Ella asintió corroborando. —¡Pero si nosotros rompimos hace sólo seis semanas.

—¡Felicitaciones, papito! —siseó Ron destilando veneno.

—¡Pero no puede ser! —exclamé— ¡Nunca me acosté con ella!

—¡Mentís! —acusó Ron.

—Ron, ¡soy de lo más gay que viene en plaza! Ella me lo rogó varias veces, ¡pero con ella no se me paraba! —escupí las últimas palabras, que eran la pura verdad; ahora si me estaba invadiendo la ira— ¡Es completamente imposible!

Se elevaron murmullos de comprensión alrededor y yo también… como una revelación repentina, me di cuenta de lo que implicaba… ¡Ginny me había engañado! Se había acostado con algún otro y estaba embarazada… Toda mi vida se había arruinado por un beso… ¡y ella se estaba cogiendo sólo Merlín sabría a quién… a mis espaldas!

Ron susurró: —¡Ay Merlín! —se había puesto blanco como un papel, parecía que se iba a desmayar. Hermione debió de haberse dado cuenta puesto que lo tomó de los hombros y lo condujo a un sofá para que se sentara. Me miró con desesperación y muy dolida porque ella también había comprendido. Ginny nos había engañado a todos.

Pude ver en ese momento la situación como un todo. Yo no era una mala persona, yo era un chico gay que por miedo y obligación mal entendida había quedado enredado en una relación con una chica a la que no amaba y que tampoco me amaba. Mi relación con Mike me había permitido explorar lo que era natural para mí. En mi relación con Ginny había estado viviendo mi sexualidad como una mentira, algo artificial. Todo parecía haber sido artificial en mi mundo hasta hacía muy poco, excepto por una cosa… una persona, en realidad. Lo único que había sido consistentemente real era Draco Malfoy. Desde el mismo momento en que lo conocí en la tienda de madame Malkin. Fue el primer chico que no me trató como un fenómeno anormal, el único que no me trató como si fuera frágil o discapacitado, un chico que me desafió, que exigió más y mejor de mí; fue el primero que me dijo que lo que había hecho no era nada terrible y que no avaló en ningún momento las críticas y el vacío que me hicieron casi todos. Me apoyó cuando no tenía a nadie y supo convencerme de que no debía avergonzarme de vivir una vida sin falsedades. Una vida real como lo que yo sentía por él y él por mí. Había sido un tonto en negármele y en negármelo hasta ese momento. Era algo que tenía todas las intenciones de rectificar de manera inmediata.

Salí corriendo hacia la puerta retrato, para la noche los rumores sobre la condición de Ginny se habrían extendido por toda la escuela. Pero no era algo que me preocupara. Mi objetivo era llegar hasta el perfecto chico rubio que me esperaba en los subsuelos… aunque él no supiera todavía que me esperaba.

Golpeé a la puerta de la sala común de Slytherin con todas mis fuerzas, momentos después un alumno de los más chicos vino a atender. —Quiero ver a Draco Malfoy. —exigí jadeante.

—¿Malfoy? —repitió el chico dubitativo, probablemente estaba considerando qué tenía que hacer, si ir a buscarlo o mandarme al diablo.

Malfoy debía de haber estado muy cerca puesto que apareció un segundo después detrás del chico. —Potter, ¿qué estás haciendo acosando a mis compañeros de Casa? —preguntó jocoso, pero se le notaba que estaba muy sorprendido de verme ahí. No era de extrañar su asombro, por lo que él sabía se suponía que yo estuviera en la torre de Ravenclaw cogiendo con Mike hasta partirnos mutuamente al medio. Antes de que pudiera responderle nada, Malfoy notó los efectos de los golpes en mi cara y se le encendió una mirada asesina. —¡Te pegó! —aulló.

—Ron. —aclaré yo simplemente. No quería ponerme a explicar en ese momento. Tenía cosas más importantes que decirle, pero las palabras parecían negarse a salirme de la garganta. Sentía como si fuera la primera vez que lo veía, como si nunca lo hubiera realmente visto en los seis años anteriores. ¡Era tan bello! Y su presencia me sobrecogía, tuve que respirar hondo para tratar de ordenar y concentrar mis pensamientos.

—¿Estás bien? —me susurró tiernamente, acariciando levemente con sus dedos una magulladura en mi mejilla— ¿Qué pasó?

Todo, pensé. Todo había pasado, el comienzo de mi nueva vida, el comienzo de mi felicidad. Vos me pasaste. Trataba de encontrar una forma de expresarlo que no me hiciera parecer un total imbécil perdidamente enamorado. No podía sino sonreírle, descontroladamente, con la más auténtica de las sonrisas.

Sus ojos centellaron y de golpe pareció alzarse más alto, como a la defensiva, como si quisiera protegerse y proteger a su corazón de la esperanza que se inflamaba en su interior. Ya no iba a tener que protegerse, podía tenerme por completo si me quería y esperaba que así lo entendiera su mirada gris fija en mí. —Draco… —susurré suplicante; me sentí tan bien pronunciando por fin su nombre, ya no tenía que protegerme de lo que significaba, ya no era Malfoy para mí, era mi Draco. Lo miré con ojos intensos, lo único que deseaba era que me tomara, no quería tener que explicarlo, las palabras se me antojaban muy complicadas en ese instante, sólo necesitaba que él supiera que era suyo y que necesitaba que él me amara de la forma que quisiera.

Pareció entender porque me abrazó estrujándome y me besó con desesperación. Por fin podía gustarlo… y era tan dulce, más de lo que nunca podía haber imaginado. Le invadí ávido la boca, no haciéndoles caso alguno a las protestas de mis mandíbulas doloridas. El corazón se me desbocó salvaje en el pecho y una especie de electricidad me crepitaba en el estómago y se me diseminaba por todos los miembros. ¡Oh Dios! ¡Y éste era sólo el primer beso! Recordé lo que Draco me había dicho unas semanas antes: ¿Podés imaginar siquiera lo grandiosa que podría ser la pasión si nos animáramos a explorarla? Si no había podido imaginarla hasta entonces, en ese momento sí que podía.

Gemí de placer, él trataba de apretarme aún más, y alzarme y prácticamente desnudarme ahí mismo en el corredor. Pero yo estaba más que perdido en esa vorágine de pasión. No fue sino hasta que alguien más habló que recordé dónde estábamos.

—¡Andate de acá! —alguien siseó— Sos muy chico para estar mirando estas cosas. —una voz prepubescente protestó de que lo echaran de esa forma.

Casi fue doloroso separarme de Draco, pero era preciso. Pero no le solté la mano. Giró para enfrentar a sus compañeros de Casa, había más de veinte congregados que habían sido testigos de nuestro primer beso. Los increpó furioso.

—¡Rajen todos de acá! —aulló— ¡Manga de degenerados! —se volvió hacia mí y me alejó de la multitud. Lo seguí gustoso, sonriendo ampliamente, la mandíbula me dolía pero no me importaba. Estaba enamorado.

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