Capítulo 14 – "El punto débil" -.

Hermione permanecía sola en aquella habitación. No paraba de pensar que aquél no era su lugar. Las paredes del color gris marengo, mezclados con los muebles negros. Los pequeños detalles de la habitación eran decorador por todo tipo de gamas de verdes.

En toda aquella sala de las serpientes se rumoreaba a gritos que Malfoy estaba saliendo con Pansy Parkinson. Ella se sentía extremadamente débil, por estar tan lejos de sus amigos y de su hogar y tener que estar al acecho del rubio para no poder caer en sus redes.

Sabía que había pecado de inocente, al querer ver más allá de la fachada que Malfoy le ofrecía. La soledad la llamaba, deseaba contarles todo lo sucedido a Harry y a Ron; peor sabía que sería demasiado complicado que ellos la comprendieran.

En esos momentos recordó a Ann, a Da y a todos los demás. se levantó y se dio una ducha para despejarse.

Rápidamente anocheció y sin bajar a cenar se fue a su cama para dormir. Ya estaba echada se acomodó bien las mantas y vió que de ellas caía un papelito. Lo fue a recoger, dio a la luz y su corazón se paró, era otra nota.

Ha sido más fácil de lo que pensaba. Tu punto débil caerá si sigues así, sangre sucia.

Una suave lágrima cayó por su mejilla. Alguien había estado en su habitación. Debía de ser de Slyherin, sino ¿cómo podría pasar por el cuadro sin la contraseña?

Le entró miedo, quienquiera que fuese estaba cerca, muy cerca de la castaña. No sabía cómo deshacerse de aquella situación. ¿Cómo huir? Se sentía impotente, estaba a merced de un loco que no sabía por qué la odiaba.

Ese día que ella supiera en su cuarto sólo habían estado Parkinson, Malfoy, Víctor y ella. ¿Parkinson? ¿Malfoy?

Pasaron un par de días y Hermione los pasó ignorando a Malfoy por completo y resguardándose de la gente con sus amigos. Víctor tampoco había vuelto a hablar con ella. Las amenazas no se las había contado a nadie, y tampoco pensaba decirse lo a nadie. No había solución y no quería preocuparles, sus amigos ya tenían suficientes problemas.

Aun así, Hermione sentía una tremenda angustia en su pecho y decidió mandarle un carta a Ann contándole todo lo ocurrido desde que llegó a Hogwarts.

Al día siguiente, terminó de cenar y se fue con Ron a hacer las rondas de los prefectos. Caminaron riéndose como siempre por los chistes malos de Ron y decidieron que para hacer la ronda más corta separarse. Hermione se fue por un pasillo. Caminó tranquilamente durante un largo rato cuando de repente vio una cabellera rubia que se dirija hacia donde ella estaba. Maldijo por lo bajo.

Draco Malfoy por muy arrogante que aparentaba, se había sentido dolido por el desprecio que había demostrado la castaña en esos días. A él mismo le había costado muchas horas de sueño el entender qué diablos le pasaba con ella, pero se había cansado de darle vueltas a esas cosas. Sólo sabía que en esos momentos lo que deseaba era estar con ella, quitarse aquella sensación de deseo.

Sabía que ella tenía razones para estar enfadada pero ahora que él había aceptado que lo que sentía con ella no era una tontería, la iba a recuperar, lo tenía decidido. Con ella se sentía amado por primera vez en su vida y ese sentimiento no lo iba a despreciar. Lo iba a apostar todo por ella.

-Granger, cuánto tiempo – saludó con una media sonrisa que puso nerviosa a la castaña.

-Malfoy – dijo ella sin apenas mirarle.

-Granger – dijo Draco tocándole el hombro. A Hermione le sorprendió mucho este acto, lo mismo que a Malfoy que no sabía ni por qué lo había hecho, necesitaba tocarla, sentirla – no puedes hacer como que no existo, los dos sabemos que te es imposible.

-Malfoy, estás muy equivocado, tu para mí no existes – dijo Hermione.

-No lo creo – siseó.

Malfoy, sin esperar a escuchar una palabra más de la castaña se acercó peligrosamente y la comenzó a besar.

A Hermione ese beso le pillo por sorpresa y tardó unos instantes hasta que le respondió al beso. Draco al notar su respuesta se tranquilizó y comenzó a disfrutarlo. ¡Cómo había añorado esos besos!

Sus lenguas se reconocieron al instante y comenzaron a recorrer toda la boca de cada uno.

A Hermione en ese momento su mente le estaba jugando una mala pasada. ¡¿Cómo podía estar besando al ser que tanto le había hecho sufir?!

Se separó al instante que su mente pudo reaccionar.

-Malfoy, dejame – le dijo la chica pero no sonó como una orden sino como una petición.

Draco paró y le miró a los ojos a Hermione. En ellos podía ver inquietud y un gran dolor.

-Vamos, no me pidas eso, ni tú misma lo quieres – dijo mirándola con ojos suplicantes y acercándose a Hermione para volver a besarla.

-No – dijo apartándose – no quiero que juegues más conmigo – dijo con una voz apagada que mostraba todo el dolor que estaba sintiendo.

Draco la observó detenidamente.

-Mírame – pidió Draco haciendo que esta lo mirara – no estoy jugando contigo, nunca lo haría.

Hermione dejó caer una lágrima que arrugaron el corazón de Draco, le miró a los ojos por última vez y le dijo:

-Lo siento, pero no puedo creerte – y salió corriendo de aquel pasillo.

-Pero yo te quiero Hermione – murmuró Malfoy mientras veía marcharse a Hermione y llamándola por primera vez por su nombre aunque esta no pudiera escucharlo.

Malfoy se dirigó para la Sala Común de Slytherin con miles de pensamientos en su cabeza. Estaba totalmente consciente de las palabras que habían salido de sus labios en aquellos momentos. No se arrepentía, así era. No sabía si sería algo pasajero o no, pero no tenía por qué ocultárselo a sí mismo.

Tenía que hacerle entender a la castaña que no estaba jugando con ella. Ahora se daba cuenta de todo. Al ver a Hermione tan lejos de él, entendía que todo lo que sentía por ella era algo nunca experimentado por el Rey de Slytherin. Entró por el retrato y fue directamente a su habitación sin hablar con nadie. Quería dormir, olvidarse del presente.

Hermione por su parte, corrió por un pasillo hasta que vio que nadie le seguía y tranquilizó el paso, una lágrima cayó por su mejilla y varias querían salir de sus ojos avellana. La joven sentía que no podía creer a Draco Malfoy. ¿Cómo alguien como él se iba a fijar en ella?

-¡Ah! – gritó Hermione cuando chocó con una cabellera pelirroja – Ron, ten más cuidado.

-Lo siento Herms – dijo Ron - ¿ya has terminado la ronda?

-Sí, cada día son más aburridas – dijo sonriéndole.

-Y que lo digas – dijo riendo el pelirrojo – un momento ¿te ocurre algo? – le preguntó al mirar a los ojos a la chica.

-No, nada – dijo rápidamente - ¿por qué lo preguntas? – dijo intentando sonreírle a su amigo.

-Vamos Herms, te sentirás mejor cuando se lo cuentes a alguien – dijo animándola a hablar.

-Ron, ahora estoy cansada, mañana hablamos –dijo apartando una vez más la mirada, dándole a entender que no estaba de ánimos.

-Está bien, pero de mañana no te libras – dijo haciendo sonreír a su amiga.

La castaña se fue a la Sala Común de las serpientes y se fue a su habitación. Entró y vio que Pansy no estaba en su habitación. 'Estará con Malfoy' – pensó con pesar Herms. Se fue a su cuarto, se puso su pijama y se fue a dormir.

A la mañana siguiente, se levantó y se vistió rápidamente. Se maquilló suavemente el rostro y se peinó el pelo. Cuando estaba lista salió y se encontró con la cara de Pansy en frente.

-Parkinson – dijo en plan saludo la castaña.

-Granger – dijo con una sonrisa radiante la morena.

-Me bajo a desayunar, ¿me dejas pasar? – preguntó Hermione con sarcasmo.

-Me tienes que hacer un favor – dijo sin parar de sonreír la joven.

-Sí eso no significa nada malo hacia mí, hecho.

-¿Podrías no dormir aquí hoy? – dijo sin quitar esa estúpida sonrisa de su cara .

-¿¡Qué!? –gritó la castaña - ¿y dónde quieres que duerma?

-Venga Granger, no exageres, puedes dormir donde Krum … - empezó a decir Pansy.

-No pienso dormir donde Krum – le cortó Herms – y se puede saber ¿por qué no quieres que duerma aquí?

En ese preciso momento entró alguien a la habitación y se quedó mirando la discusión que tenían, para variar, las dos brujas.

-¿Qué haces aquí Draco? – le preguntó Pansy.

-Nada, venía a que me dijeras si has visto a Blaise, no lo encuentro por ningún lado – dijo mirando de reojo a la castaña.

-No, no le he visto – dijo, lo siento.

-Pansy, contéstame – ordenó Hermione que no se atrevía a dirigir la mirada a donde estaba el rubio.

-¿Qué? – dijo la morena que estaba ya cansada de esa charla.

-¿Qué porqué no quieres que duerma hoy aquí? – le repitió Mione.

-Joder Granger, no es muy difícil de imaginar, quiero estar sola porque voy a traer a alguien – dijo tranquilamente mirando a Hermione.

-Me parece genial que traigas a gente, pero a mí eso me da igual, estáis en tu cuarto y ya.

-No queremos molestarte – dijo sonriendo con cinismo.

-Tranquila que no me molestareis – espetó Granger.

-Créeme que sí.

-Te aseguro, que no – dijo la castaña que estaba ya de los nervios.

-Vamos Granger, encima de que te aviso para que duermas en otro sitio, tendrías que estar agradecida – terminó de decir la morena.

Hermione no aguantó más y se dirigió hacia la puerta. Por el camino se encontró a Malfoy que miraba la escena con atención y una media sonrisa en la cara. La chica lo apartó y se dirigió hacia la puerta.

-Haré lo que me dé la gana, Parkinson – dijo cuando iba a abrir la puerta.

-Sangre sucia – dijo la morena que sabía que con esas palabras haría parar a la castaña – ni se te ocurra venir.

-¿Si no? – le retó la bruja.

-Granger joder, quiero estar tranquila, si tú no te has acostado con nadie es tu problema – dijo con una sonrisa triunfante. Draco en ese momento miró rapidamente a Hermione, quería saber esa respuesta.

-Parkinson, no tienes ni idea de mi vida, no hables sin saber – dijo Mione mientras abría la puerta.

-Uhh la santita de Granger ya no es tan santa – gritó para que Hermione pudiera oírla.

-Pansy – habló por primera vez Draco cuando la castaña ya se había marchado.

-Dime Draco – dijo ya más calmada.

-¿tu crees que es verdad eso que ha dicho?

-¿Lo qué?

-Lo de que ya no es virgen – aclaró Malfoy.

-No sé, quizás sí, este año ha cambiado mucho aunque no sé si tanto. ¿Por qué lo preguntas?

-No, no, por nada, me voy a buscar a Blaise – dijo Draco antes de desaparecer por la puerta.

Hermione se fue al Gran Comedor, intentando dejar de pensar en la estúpida que podía llegar a ser su compañera de habitación; y ahí alguien la llamó.

-Ron ¿cómo has dormido? – saludó la castaña.

-Bien y tu ¿qué tal estás? – le preguntó con preocupación el pelirrojo.

-Mejor – dijo con una sonrisa.

-Ven anda, vamos a sentarnos aquí – dijo llevandola de la mano hasta unos asientos que había.

-Ron, pero no hace falta, ya estoy mejor, ya sabes un día tonto – empezó Herms.

-Mione, eres mi mejor amiga, quiero saber qué te pasa y quiero ayudarte en todo lo que pueda.

En ese momento Hermione le miró con tanto cariño que no se aguantó más y lo abrazó.

Draco, por su parte, que había estado observando toda la escena, apretó los dientes y apartó la mirada de aquella pareja.

-Ron, es que veras – comenzó la castaña que estaba harta de ocultarle cosas a su amigo – he estado viéndome con alguien desde que comenzó el curso, y ese alguien lo único que ha hecho ha sido jugar conmigo – dijo Herms que empezaba a tener los ojos vidriosos.

Ron apretó los puños al pensar que alimaña osaba hacer daño a su Hermione.

-¿Cómo que ha estado jugando contigo? – preguntó con toda la calma que le dio tiempo a reunir.

-Sí, mientras estaba conmigo, estaba con otra a la vez – dijo mientras dejaba caer una lágrima.

Draco no daba crédito de la escena que estaba observando. 'Primero, lo abraza y ahora llora, ¿qué le estará diciendo ese anormal para hacerla llorar? En cuanto lo pille lo mato' – pensaba el rubio.

-¿Quién es? – dijo intentando que en su voz no se pudiera notar toda la ira que llevaba en su interior.

-Eso da igual Ron.

-¿Quién es? – repitió el pelirrojo.

-Ron por favor, si te lo digo júrame que no le harás nada – le pidió la castaña.

-¿Por qué lo defiendes? Después de lo que te ha hecho… no estarás enamor… -comenzó Weasley.

-No Ron, no estoy enamorada. Simplemente no quiero que te metas en problemas por ese anormal. Por favor, prométemelo.

-Está bien, te lo prometo.

-Es… Malfoy – dijo casi en un susurro.

-¿¡Qué!? – gritó haciéndose escucha por el Gran Comedor – No por favor, dime que no es él Hermione…

-Ronald baja la voz, y sí, es él – dijo con voz baja huyendo de las miradas de los presentes.

-Hijo de puta – murmuró Ron con voz apenas audible – tu tranquila Herms – dijo cuando ya se había calmado – que ese anormal no te va a volver a tocar – terminó abrazándola.

-Gracias – dijo Hermione devolviéndole el abrazo con más fuerza – me alegro que no te enfades conmigo – dijo con sinceridad.

-Tranquila, ahora mismo no soy el adecuado para reprocharte nada… - dijo con misterio.

'Pero que hace esa comadreja gritándole en medio de todo el mundo. Y ahora se abrazan. Está abrazando a mí castaña' –pensaba Draco con los puños apretados y lleno de enfado.

-Pues… yo hay algo que también quiero contarte – empezó Ron con timidez.

-Venga Ron, no me digas que ahora te da vergüenza contarme tus cosas – bromeó la castaña que se sentía mucho mejor después de haberse desahogado con el pelirrojo.

-Yo también he estado viéndome con alguien – comenzó – alguien de Slyhterin.

-¡¿Qué?! – gritó Hermione de alegría por su amigo – y ¿quién es la afortunada?

-No te rías – bromeó Weasley – es… Pansy Parkinson.

-Pero no pongas esa cara Mione – dijo al ver la cara que ponía su amiga – si ya casi no estamos.

-¿Ya no estáis? – preguntó.

-No ¿por qué lo preguntas? – dijo Ron mirándole a los ojos – no es posible que estés celosa.

-No, no estoy celosa – dijo seria – es solo que… era ella con la que estaba Malfoy mientras estaba conmigo – dijo terminando al fin.

-Lo sé – empezó Ron – quiero decir – aclaró al ver la cara de esta – sé que ella está con más hombres mientras estaba conmigo, y no me importa. Es solo atracción lo que sentimos ella y yo.

-Ten cuidado, no vaya a ir a más – dijo la bruja.

-Eso es imposible – le aseguró Ron.

-¿Saben algo de esto Harry y Gin?

-No, no he querido decírselo- dijo el pelirrojo - ¿vamos a clases?

-Sí vamos – dijo levantándose del asiento.

Las clases pasaron con lentitud para nuestra bruja. A la tarde, decidio dar una vuelta por los jardines del castillo. No paraba de pensar en las casualidades del destino. Ella y su mejor amigo, Ron Weasley se habían enamorado al mismo tiempo de dos serpientes, y ninguna les convenía. El destino era caprichoso, sin duda.

Al menos su amigo no se había enfadado con ella, y eso la reconfortaba ya que sabía que Harry no sería igual de comprensivo. Estaba pensando todo esto cuando una lechuza se dirigió hacia ella.

Querida Hermione,

Siento despedirme de ti mediante una carta. Estos días no te he visto por Hogwarts y por eso no me he podido despedir.

Como ya te dije en su momento, los cursos que enseño en el colegio no son seguidos asíque después de Navidades me tendrás de nuevo contigo.

Te quiere,

Víctor Krum.

Hermione miró con añoranza la letra del muchacho y decidió que en cuanto llegara a la Sala Común le contestaría.

Al poco tiempo otra lechuza se dirigió hacia ella, cogió la carta que traía al vuelo y comenzó a leer.

Ha sido más fácil de lo que pensaba. Tu punto debil ha sido atacado.

Un niño que sería de primer año se dirigió hacia Hermione y le dijo

-¿Es usted la señorita Granger?

-Sí soy yo – dijo con dulzura la castaña.

-La profesora McGongall la espera en su despacho, ahora – dijo antes de marcharse.

La castaña se dirigió rápidamente hacia el despacho. No se auguraba nada bueno. Después de la nueva amenaza, ¿a qué punto débil se dirigía?

Dijo la contraseña, y entró al despacho donde la esperaba McGonagall con cara preocupada.

-Buenas noches señorita Granger – saludó la profesora.

-Buenas noches profesora ¿para qué quería verme?

-Vera Granger – comenzó a hablar mientras se tocaba las manos con un nerviosismo sorprenderte en aquella mujer– sus padres han tenido un accidente.

-¿Qué? – dijo asustada la castaña - ¿están bien? ¿Qué tipo de accidente?

-Tranquilícese por favor, todo está bien. Han tenido un accidente de tráfico. La carretera por la que iban estaba llena de hielo y perdieron el control del coche. Tus padres están bien Hermione – dijo al ver la cara de preocupación de la bruja.

-Quiero ir con ellos.

-Eso no va a ser posible, sus padres están perfectamente. Sólo han tenido unas pequeñas heridas pero no han tenido ni que ingresarlos.

-Necesito verlos profesora, tengo que asegurarme que ha sido un accidente, tengo que asegurarme de que están bien – dijo gritando Hermione. La profesora la miró con sorpresa, era muy extraño ver a su alumna predilecta tan fuera de sí, aunque el asunto era comprensible.

-Granger – ordenó la profesora con serenidad para tranquilizarla– no hay duda que ha sido un accidente y sus padres están perfectamente. Ahora, si me disculpa tengo que seguir con mi trabajo.

Hermione salió del despacho. Ya había anochecido. No pensaba ir a cenar, se quedaría paseando. Se fue a los jardines de Hogwarts y caminó sobre ellos.

Tenía claro que aquello no había sido un accidente. Tu punto débil- pensó.

Está claro que se dirigía hacia sus padres. ¿Por qué no los dejaba en paz e iba a por ella? Siguió caminando haciendo caso omiso a las abundantes lágrimas que caían por sus mejillas.

La chica estaba harta de llorar tanto, estaba harta de vivir con miedo, estaba harta de tantas sombras en su vida. Estaba harta de aquél miedo que no la dejaba en paz.

Tenía que avisar a alguien de esas amenazas, pero para que iba a poner a la gente en peligro por ella. En varias cartas ya le había dicho quien quiera que mandara las cartas, que no se lo dijera a nadie y ella lo había cumplido. Si se lo decía a alguien, ese alguien lo pagaría muy caro, y ella no estaba dispuesta a hacer mal a nadie.

La lluvia comenzó a caer por los terrenos del castillo. Hermione reaccionó y entró a dentro. Tenía la ropa y el pelo mojado. Las gotas caían por donde ella pisaba. Por suerte, no había nadie por los pasillos, la cena había terminado hacia tiempo. Se fue a la Sala Común de Slytherin y se fue a su habitación.

Giró el pomo de la puerta y se vio que no podía abrirla. Rápidamente se acordó de la conversación que tuvo con Pansy a la mañana.

-Joder – murmuró Hermione. Giró y se encontró con la silueta de Malfoy.

Estaba sin camiseta y solo con unos pantalones. La chica al darse cuenta que lo estaba observando apartó la mirada en seguida.

-Pasa – dijo Draco ofreciéndole paso para que entrara a su cuarto, con una cálida mirada.

-No, da igual – dijo Hermione secándose las lágrimas que aun tenía en la cara.

-Venga pasa – dijo agarrándole de la mano a Hermione. Hermione cedió y entró a su cuarto.

Draco, al igual que la castaña, no podía apartar la vista de ella. Estaba calada de arriba abajo y eso le daba un toque sexy que la castaña desconocía. Tenía la camisa del uniforme pegado al cuerpo por la lluvia con lo que dejaba muy poco para la imaginación.

-Deja de mirarme – dijo la castaña que se había sonrojado ante la intensa mirada del rubio.

-Lo mismo digo – le contestó guiñándole un ojo a Herms.

-Venga, quítate la ropa – dijo con una voz seductora.