y¡Buenas! Antes de nada es muy importante que leáis y entendáis lo siguiente: El trabajo de "protector o protectora" no existe en Japón. Esta historia se lleva a cabo en un universo alterno, es decir, la historia no sigue el orden original de Ranma 1/2 pero si sus personajes, características físicas y personalidades.
Muchos me decís que los personajes son un poco niños y que queréis que sean ya adultos, bien, es necesario que durante varios capítulos tengan edades de niño o pre-adolescente ya que quiero plasmar la época en la que nos movemos para que cuando llegue el momento culmen de la historia puedan tener una edad acorde al manga (16, 17 en algunos casos). Prometo que solo quedan un par de capítulos de su infancia y que pronto empezaremos a ver a nuestros personajes en edades mas adultas. A partir del capítulo siguiente los años irán pasando mas deprisa y empezaremos a ver comportamientos de adolescente y no de niños.
Pediros perdón también por si se me escapa algún error de ortografía. La historia es mía, pero los personajes no me pertenecen, son todos de la gran Rumiko. Humildemente pido también que me dejéis un review para saber vuestra opinión acerca de la historia. Tanto bueno como malo, cualquier crítica es buena.
Agradecer todos los review que me mandáis, los leo todos y son el motivo por el que sigo escribiendo. Me animan muchísimo creerme.
Sin mas os dejo leer.
Sentada en mi cuarto con la pierna estirada miraba como Momo-chan refunfuñaba mientras preparaba lo necesario para limpiar mi herida. Los siguientes días al incidente en el tejado y el ataque a Edo mi señora me castigó prohibiéndome salir de mi cuarto para más que comer, ir al baño o dar las lecciones.
Mi entrenamiento con los chicos volvió a aplazarse, lo cual me fastidiaba muchísimo porque con el hombre panda fuera de casa habría tenido vía libre para poder entrenar durante horas sin ser interrumpidos, pero no, Kami se volvía a reír de mi fastidiándome los planes.
La herida en la pierna fue un poco más seria de lo que parecía a simple vista y me hacía cojear levemente lo que enfureció más a mi señora Nodoka. Llevaba cuatro días encerrada en la habitación y nadie tenía permiso para ir a visitarme, nadie salvo la mismísima señora y Momo-chan que solo podía permanecer conmigo el tiempo que le llevara curarme.
Fue un castigo severo pero merecido, por cabezota.
Momo-chan tomó un trapo y lo mojó en un ungüento verde que olía como a pescado podrido. Me tapé la nariz cuando acercó ese hediondo trapo a mi pierna. Mi amiga tomó mi extremidad con brusquedad y empezó a refregar el ungüento con dureza haciéndome pegar un grito de dolor.
- ¡Ittai! – grité intentando apartar mi pierna de esa mano que me tenía aferrada como un águila su presa – ¿estás loca?
- No te quejes, no es para tanto – me bufó.
Sabía muy bien que era lo que tenía a mi amiga con tal humor, lo sabía de primera mano. Su flamante prometido estaba pululando por la casa creyéndose el señor de esta pues había sido mandado por el hombre panda para que cuidara del hogar Saotome el tiempo que él estuviera fuera. Mi amiga estaba con un humor de perros desde que el hombre entró por la puerta y mi señora también pues pensaba que su esposo le había puesto vigilancia como si fuera una delincuente.
Volví a notar el trapo ser refregado en mi pierna y esta vez el resquemor hizo que los pelos de mi cuerpo se erizaran. Di un brusco tirón que sorprendió a mi amiga por lo que pude soltar mi pierna de su agarre y recular hacia atrás – Si estás enfadada porque el idiota de Taro está en casa no es culpa mía ni de mi pierna.
Momoha abrió la boca para hablar pero la cerro al segundo, volvió a abrirla pero de nuevo nada salió cerrándola otra vez para luego bajar la cabeza y soltar el trapo con brusquedad – Gomen-ne Akane-chan, no era mi intención dañarte.
- Pues parecía que querías arrancarme la pierna – dije con tono burlón para quitar la tensión del momento. Mi amiga se inclinó ante mi dándome una sincera disculpa – No es nada, entiendo que estés furiosa pero mi pierna no tiene la culpa.
Momo-chan suspiró levemente y con una sonrisa tendió la mano hacia mí. Con gesto tembloroso estiré mi pierna herida de nuevo pero esta vez no había tensión en su agarre. Con cuidado mojó el trapo en el ungüento con olor a muerto y lo coloco en mi pierna dando leves toquecitos haciendo que me relajara – ¿Te ha hecho algo? – Momo negó con la cabeza pero el temblor en su labio me dijo lo contrario – No te creo.
- No es nada.
- Momo-chan – a pesar de haberla llamado por el mote cariñoso que solíamos usar la una con la otra use un tono de voz duro, un tono de voz que ponía mi señora cuando algo no le gustaba, un tono que intenté imitar a la perfección y que por lo visto hice muy bien porque mi amiga suspiró de nuevo.
- No para de acosarme – se quejó – va por la casa creyéndose el dueño, trata a las criadas como esclavas y temo por Sayuri y Yuka, son unas niñas enamoradizas que le ven atractivo y el aprovecha eso.
- ¿Temes que se propase con ellas?
Momo se quedó en silencio unos segundos – Temo que lo haya hecho ya, esta mañana Sayuri estaba muy rara, callada y taciturna, ni siquiera Daisuke pudo sacarle una confesión.
Fruncí el ceño con enfado, ese cerdo, como se hubiera atrevido a tocar a mi compañera le cortaría todos los dedos de la mano – ¿Le has dicho a Nodoka-sama?
- No, tampoco está de muy buen humor – dijo mientras me vendaba la pierna herida – Nara le teme, en cuanto le ve sale corriendo, el otro día golpeó a Sasuke y…
La miré fijamente esperando a que continuara – ¿Y?
Noté que los ojos de Momoha temblaban con un brillo de ira y miedo, un brillo que me estremeció – Me tocó, me acorralo en una esquina del almacén mientras limpiaba y me tocó, sin mi consentimiento.
Apreté los puños con furia ¿Cómo se atrevía? ¿Quién se creía que era? No tenía ningún derecho a tocar a mi amiga contra su voluntad, no podía hacer lo que le daba la gana por muy hombre que fuera – ¿Te hizo algo más?
Momo-chan negó con la cabeza mientras terminaba el vendaje – Satsu-san llegó antes de que me hiciera algo más, pero si no hubiera llegado…
- Hay que hablar con Nodoka-sama – le corté – No podemos tolerar que un abusador viva en esta casa.
Mi amiga soltó una triste sonrisa – Lo más irónico de todo es que está aquí para protegernos, es como meter al lobo en el corral de las gallinas.
- Satsu… ¿no dijo nada?
- Que no debía resistirme, que era mi prometido y que nos íbamos a casar.
Abrí los ojos sorprendida ¿Cómo era posible que una mujer que había visto como un hombre abusaba en contra de su voluntad de una joven dijera algo así? Era barbárico – No me mires así, no lo dijo porque estuviera de acuerdo.
- ¿Entonces por qué? – pregunté de forma brusca.
- Por mi bien – suspiró – Taro es mi prometido pero también es el hijo de alguien influyente, si hago algo que le lleve a una situación comprometida me puede meter en un gran lío, y más sabiendo mi secreto – medité un momento lo dicho por mi amiga, era cierto que era demasiado peligroso que Taro supiera que a mi amiga le gustaban las mujeres, era un arma en manos de un asesino, pero me parecía tan injusto lo indefensa que estaba mi amiga…
- Algo debemos hacer, no podemos permitir este abuso.
- No, Akane, Satsu-san tiene razón – abrí los ojos de par en par ante las palabras de Momoha – si quiero estar a salvo, lo único que puedo hacer es dejarme, al menos si no me resisto me hará menos daño.
- Pero Momo-chan…
- Tranquila, estoy bien – dijo fingiendo una sonrisa que para nada me creí – en un par de semanas se vuelve a ir pero no será para siempre, recuerda que voy a pasar el resto de mis días a su lado.
La voz de Momo-chan se fue cortando mientras hablaba y sus ojos se inundaban de lágrimas. Me sentí impotente de ver como una alegre muchacha como era Momoha, llena de vida y optimismo vivía en ese estado de resignación con su futuro, me dolía.
- ¿Por qué no huyes?
Momoha me miró sorprendida y luego puso una mueca de dolor – ¿A dónde Akane? ¿Y con qué dinero? – La ironía en su voz eran como flechas directas a mi pecho – acabaría muerta o violada o en el barrio rojo… no… es mejor así.
Nos quedamos unos momentos calladas, ella mirando al suelo, yo con mi vista en su cuerpo tembloroso y acongojado. Una sollozo salió de la garganta de mi amiga, y luego otro y otro más, sollozo tras sollozo mi amiga empezaba a quebrarse. Se tapó la cara con las manos y dejó salir del alma todo aquello que llevaba guardando. El dolor, la vergüenza, la ira, la frustración. Mi amiga soltó todos esos negativos sentimientos por sus ojos en cascada, en un llanto tan fuerte que consiguió que yo también llorara con ella, compartiendo su pena.
Me acerqué a ella y la abracé rodeé su cuerpo inclinado hacia delante y la acuné en mi pecho, como madre y Kasumi hacían conmigo, como la señora Nodoka hacía conmigo… Momo-chan se aferró a mi kimono y lloró, lloró como una niña pequeña a pesar de ser todo una mujer. Besé su nuca con cariño mientras le frotaba la espalda, llorando con ella.
Esa tarde descubrí que Momo-chan no era una chica tan alegre como aparentaba, su alma estaba rota y triste, su vida era una mentira, como la de mi señora. Momo-chan era una chica débil y frágil, comprometida con un monstruo. Esa tarde desee con todas mis fuerzas tener el poder de hacer desaparecer a las personas.
No sé cuánto tiempo estuvo llorando en mi regazo, no fui consciente hasta que los sollozos de mi amiga fueron menguando poco a poco y descubrí que se había quedado dormida. No me moví ni un centímetro a pesar de que mis piernas, sobretodo la herida, estaban comenzando a dormirse. La sensación de hormigueo iba desde prácticamente el principio del muslo hasta la punta de mis dedos, pero no me moví ni protesté.
Mi amiga se veía calmada, como hacía tiempo que no la veía y no quise perturbar esa calma. Miré al techo un momento, buscando una solución a los problemas de Momoha, pero no los encontraba, mi cabeza daba vueltas y vueltas pero por mucho que pensara no se me ocurría como ayudarla, era como si el destino de mi amiga ya estuviera sellado.
La puerta se abrió suavemente y me giré para mirar a quien había aparecido tan silenciosamente, era mi señora.
- Momoha ¿Qué haces? No ves que…
Las palabras de Nodoka-sama se quedaron trabadas en su garganta al ver la posición en la que nos encontrábamos. Mi amiga estaba dormida en mis rodillas, en posición fetal, como un niño.
- ¿Qué pasa aquí? – preguntó curiosa entrando en la sala cerrando la puerta tras de sí.
- Es Momoha, Nodoka-sama, tiene problemas – dije. No quería traicionar la confianza de mi amiga pero si alguien podía resolver este asunto era mi señora.
- ¿Problemas? ¿Está enferma? – Preguntó de nuevo sentándose recatadamente a mi lado, le lancé una mirada triste y entonces entendió – Taro…
Era increíble la conexión que mi señora y yo teníamos, éramos capaces de entendernos sin hablar. Asentí levemente – Se ha intentado propasar con ella, señora.
Nodoka-sama cambió su gesto a uno de asombro, miró a Momo-chan y sus ojos reflejaron tristeza – y temo que también haya abusado de Sayuri.
- ¿¡De Sayuri!? – medio gritó – Pero, si es una niña – mi señora se metió en sus propios pensamientos para luego murmurar – ese cerdo…
- debe hacer algo mi señora, ese hombre es un monstruo…
- No puedo hacer nada Akane, aunque lo deseé con toda mi alma no podemos, Taro es una persona influyente gracias a su familia y está aquí por orden expresa de mi marido.
- ¡Pero no podemos permitir que abuse de la gente! ¡No puede permitir que se case con Momo-chan! ¡Le destrozará la vida!
- ¿¡Crees que no lo sé!? – me gritó. Me encogí en mi sitio y bajé la vista avergonzada por el tono de voz usado con mi señora – ¿Crees que no sé qué clase de vida tendrá? ¿Crees que no sé qué no será feliz nunca? Pero no queda otra opción, Taro tiene un arma poderosa en sus manos y no dudará en usarlo si las cosas no salen como el quiere.
- Pero Momo-chan no es alguien influyente, no viene de una familia rica, si usted encontrara a la hija de algún amigo suyo…
- No servirá, Taro se ha encaprichado de ella, no la ama, solo la desea, en su mente enferma piensa que el hará que Momoha vuelva a sentir deseo por los hombres, en serio piensa que el terminará enamorándola. No es amor, es solo…
- Deseo – terminé la frase, mi señora asintió.
- Los hombres son egoístas, al menos los que son como Genma y Taro – escupió con veneno – No digo que todos los hombres sean malas personas, los hay buenos como Jiro, Daisuke y seguro que tu padre, pero…
- Se lo que quiere decir – le corté rápidamente pues no quería avivar el recuerdo de padre. Era algo que atesoraba en mi mente pero que no quería sacar porque hacía daño – Lo dije cuando llegué aquí con diez años y lo reitero, odio a los hombres y jamás me casaré.
- ¿Ni con mi hijo? – me preguntó mi señora.
Me quedé sorprendida sin saber qué hacer ni decir. Mi cuerpo se quedó estático, como si mis músculos se transformaran en piedra. Nodoka-sama me miraba fijamente – No señora no soy digna de su hijo yo…
- No digas tonterías – los ojos de mi señora no reflejaban enfado sino algo parecido a una inocente burla – Os vi.
Una vez más, me quedé de piedra ¿Cómo que nos había visto? ¿Qué había visto? No podía ser que mi señora se hubiera enterado de la promesa que nos hicimos Ranma y yo, era imposible – No sé de qué me habla.
- No me tomes por idiota Akane, no lo soy – me contestó seria – Os vi el otro día en la escalera, sé que mi hijo prometió protegerte y también sé que él y los chicos te entrenan a espaldas de mi esposo.
Se me cayó el alma a los pies, literalmente. Con las palabras de mi señora Nodoka noté que mi alma se escapaba de mi cuerpo y salía volando por la ventana. Comencé a temblar levemente - Mi señora yo, lo siento, lo siento muchísimo.
Nodoka-sama me miró con curiosidad y alzando una ceja pregunto – ¿Lo sientes? ¿Qué sientes?
Tartamudeé un momento sintiendo mis manos temblar – Yo… es decir… mi señora no quise jamás, es decir… ¡nunca le faltaría al respeto así!
- ¿Faltarme al respeto? – volvió a preguntar.
- ¡Jamás me acercaría al joven señor con más intenciones que las de una sirvienta! – dije – No soy digna – no es que me sintiera inferior a Ranma, jamás me sentiría inferior a alguien solo porque tuviera más oro y arroz en la mesa y mucho menos un hombre, pero sí que me sentía inferior a mi señora, todo el mundo era a mis ojos inferior a mi señora, incluso el mismísimo emperador – Fue un error, lo que vio, ha sido mal interpretado, yo…
- Basta Akane, por Kami-sama no te estoy reprendiendo nada – me cortó poniendo una leve sonrisa en su rostro que luego desapareció volviendo a tornar el gesto serio que siempre aparecía cuando su marido estaba en la sala – Es más, prefiero tenerte a ti como nuera que a esa chiquilla pretenciosa que es Shampoo.
Bajé la vista avergonzada – No diga eso mi señora, jamás sería digna de pertenecer a su familia. Además el joven Saotome no siente nada por mi, ha malinterpretado la situación - realmente yo pensaba que el joven heredero no me amaba, que esa promesa y esos celos eran producidos por un sentimiento primario que eran los celos por haber pisoteado su orgullo masculino prefiriendo la compañía de otros a la suya. Estaba convencida de que, muy a mi pesar el joven Saotome no soportaba la idea de que una chica no estuviera detrás suya como un cachorrito domesticado.
- Akane – su mano, suave y cálida me tomo del mentón para alzarme la cabeza y cruzar nuestras miradas – eres una gran niña, más digna de mi afecto que cualquiera de los presentes en esta casa.
- Mi señora yo…
- Eres buena, Akane, eres dulce y gentil y ayudas a tus compañeros a pesar de que yo te quité esa carga. Siempre tienes una sonrisa en la cara y te esfuerzas intentando mejorar en aquello que no eres muy hábil, como por ejemplo los arreglos florales – solté un bufido, odiaba con todo mi corazón algunas de las clases con mi señora, aquellas que veía inútiles, como la de arreglos florales – pero eres apasionada y estudiosa con lo que te gusta.
Sonreí levemente – Además de que eres tremendamente perseverante y cabezota, tienes un poco de mal genio y no te gusta ver a la gente abusando de los débiles – mi señora me sonrió cálidamente – eres una gran amiga y aliada y una gran guerrera también.
- ¿Cree de verdad que lo soy? – pregunté curiosa, buscando su aprobación.
Mi señora asintió – te he visto alguna vez en el dojo y permíteme decirte que eres una gran luchadora, tu padre tenía razón, tienes el espíritu del río en ti, eres paciente y tranquila, pero cuando una ráfaga de aire es más fuerte de lo normal, te embraveces y destruyes todo a tu paso, desde el árbol más débil, al muro más alto. Lo único malo es que entrenas con niños, Akane, así jamás podrás aprender de verdad.
- Lo sé, pero mi señor jamás me entrenaría por el simple hecho de ser mujer – bufé frustrado.
- Mi marido es un tonto, no vería el verdadero talento aunque se lo pongas enfrente de su gorda nariz – solté una risita que mi señora compartió – algún día Akane, algún día serás alguien grande.
No sabía que decir, simplemente me quedé quieta sonriendo como una boba, repitiendo en mi cabeza las palabras dichas por mi señora para poder recordarlas en el futuro, cuando tuviera momentos de debilidad.
- ¿Cómo va tu pierna? – preguntó mi señora cambiando de tema.
- Mejor – contesté sincera – ya está casi curada y no cojeo.
- Me diste un buen susto, niña cabezota – me riñó, pero no lo hizo con dureza, no fue un reproche sino una cariñosa advertencia – No lo hagas nunca más ¿entendido?
- Si mi señora.
- Bien – mi señora observó levemente a Momoha – dejémosla descansar, tienes clase de protocolo.
Lancé un gemido, no me gustaba esa clase, eran puras tonterías del calibre de: vete siempre dos pasos por detrás de tu marido, ten lista la cena planea con tiempo un delicioso plato para su llegada, se dulce e interesante, mantente siempre lista y perfecta no debe haber ninguna imperfección en tu rostro y comportamiento, las mujeres servirán las comidas mientras los hombres hablan de sus asuntos, durante las reuniones mantente callada y servicial, nunca levantes la voz, escucha a tu hombre pero no repliques recuerda que sus temas son más importantes que los tuyos, sirve el sake de manera correcta y adecuada, blablablá
- Se muy bien que no te gusta, sinceramente a mi tampoco, pero es mi deber enseñártelo.
- Pero señora, es una tontería, no entiendo porque debo aprender como servirle correctamente la cena a un montón de viejos borrachos.
Mi señora soltó una risa que resonó en la habitación por lo que Momoha se removió inquieta – Akane, querida, por ahora aprende lo básico, cuando seas un poco más mayor, te enseñaré cosas más prácticas.
- Cualquier cosa es más práctico que aprender la forma en la que debo reírme en una cena de gala.
Mi señora sonrió de nuevo y se levantó – tienes cinco minutos para llegar a clase.
Con cuidado moví a Momo-chan de mi regazo evitando despertarla. Cuando la estaba acomodando en el suelo la voz de mi señora me habló de nuevo – y Akane, olvida tu castigo.
- ¿De verdad? – pregunté feliz.
- Sí, aprovechemos que mi marido no está aquí para que puedas entrenar – asentí rápidamente mientras masajeaba mis piernas entumecidas. Antes de salir mi señora dijo – Y Akane, como vuelvas a hacer algo así de nuevo te castigaré hasta fin de siglo.
Cerró la puerta dejando esa suave pero seria amenaza en el aire. Sentí un escalofrío porque estaba segura de que mi señora no amenazaba en balde y seguro que la próxima vez ella misma se encargaría de que no saliera de esta habitación nunca más. Me levanté con dificultad aun sintiendo las piernas un poco temblorosas y recogí el pergamino con todas esas normas estúpidas que debía aprender.
Eché un último vistazo a Momo-chan que seguía dormida y salí de la habitación, esperando que la clase del día no fuera muy pesada.
Un par de días después el hombre panda seguía fuera de casa para placer de mi señora y mío, a pesar de que Taro se pavoneara por el lugar como si fuera su dueño. Yo había retomado mi entrenamiento con los chicos. Mi pierna ya había curado, apenas tenía una cicatriz y ya no dolía al caminar pero aun así los chicos decidieron empezar con algo fácil y que no me hiciera mover las piernas, por lo que decidieron enseñarme a lanzar el Yumi.
Colocaron al final del dojo un par de dianas y me explicaron lo básico, de que estaba hecho, la forma de las flechas, como colocar la flecha en su lugar, cuando soltar, como apuntar… Ryoga era un gran arquero por lo que se convirtió en mi maestro principal ese día. Resulté ser bastante buena con el Yumi para alegría de mis amigos.
- ¡Akane-chan, es genial! – Gritó Ryoga-kun tras la quinta vez consecutiva que di en la diana – tienes una gran puntería.
- Arigatou, Ryoga-kun – le contesté con una sonrisa – me gusta mucho practicar con el arco si te soy sincera, jamás lo había hecho.
- ¿Nunca? – me preguntó de nuevo, negué con la cabeza mientras tomaba otra flecha y la colocaba de nuevo en el arco, lista para lanzar.
- Jamás, mi padre me enseñaba el arte de la Naginata, la lanza y la katana – expliqué mientras centraba mi ojo en el punto exacto en el que quería hacer llegar la flecha. Tensé el arco hasta que mi mano rozó mi mejilla y entonces tras unos segundos solté la cuerda y la flecha voló a gran velocidad dando de nuevo en la diana.
- Pues parece que lo hicieras toda la vida – dijo la voz de Mousse que entraba en el dojo. Le saludamos y mi amigo chino se sentó a nuestra derecha, pegando su espalda en la pared y flexionando las rodillas – tienes un don.
Me sonrojé y bajé la vista avergonzada – que tonterías dices Mousse, es la suerte del principiante.
- No lo es – contestó Ryoga – Akane, de verdad eres una gran arquera, puede que mejor que yo e incluso que Ranma.
- No digas tonterías Ryoga-kun.
Mi amigo se encogió de hombros – Es lo que pienso, si pudieras entrenar más horas…
- Pero no puedo – dije con voz seca – si Taro nos pilla se lo irá contando al señor Saotome y os meteréis en un lío. Lo último que quiero es daros problemas.
- Nosotros decidimos entrenarte Akane-chan, nadie nos obligó – contestó serio Ryoga – si nos descubren aceptaremos la culpa y el castigo con honor ¿verdad Mousse? – el chino cerró los ojos y asintió.
Algo en esa mirada me hizo ponerme alerta, los azules ojos de Mousse siempre eran serios y vacíos, pero esta vez estaban prácticamente opacos, como si por dentro llevara un gran pesar. Algo había pasado el tiempo que estuve castigada y lo iba a descubrir.
Girándome para mirar a Ryoga puse la sonrisa más dulce y tierna que haya puesto jamás. Llamadme aprovechada pero sabía que mi amigo era débil ante una mujer bonita y aunque yo no era la más hermosa del lugar sabía que esa táctica saldría bien – Ryoga-kun, ¿me permites un momento a solas con Mousse por favor? Debo tratar unos asuntos privados con él.
Ryoga balbuceó un momento y estuvo a punto de protestar pero entonces ensanché mi sonrisa y poniendo ojos de cordero degollado saqué la voz más chillona e infantil que tenía y dije – ¿por favor? – mi amigo se sonrojó y puso cara de bobo.
- Claro querida Akane, lo que tú desees – salió rápido dando saltitos y tropezándose al llegar a la puerta. Solté una risita ahogada al ver lo fácil que era embaucar al pobre Ryoga. Me giré para observar a mi amigo quien seguía serio.
- ¿Pasa algo Akane? – me pregunto con tono cansado.
- A mi nada – contesté mientras soltaba el arco y lo colocaba en el suelo con cuidado para luego cruzarme de brazos – Pero a ti sí.
Mi amigo evadió mi mirada – No es nada importante.
- Por la cara que traes, permíteme decirte que no te creo – Mousse se quedó en silencio, un silencio que me sacó de mis casillas. Di un par de pasos y me coloqué justo enfrente de el quien me observó asustado – Escúpelo.
Mousse me miró dubitativo un par de segundos y luego suspiro. La voz del chino habló de un débil murmullo – es Shampoo.
- ¿Qué te ha hecho? – pregunté con brusquedad. Esa niña tonta seguro que había metido en un problema a Mousse, era una víbora encarnada en persona. No entendía la finalidad de la vida de Shampoo, siempre malvada, siempre planeando hacer daño a los demás…
- No me ha hecho nada, yo solo me lo he hecho – mi mirada curiosa le invitaba a continuar por lo que soltando un quejido, soltó la mayor bomba que jamás hubiera esperado escuchar – estoy enamorado de ella.
Me quedé petrificada, mi sangre abandonó el cuerpo y sentí mi boca secarse ante el asombro ¿Mousse? ¿Mi buen amigo Mousse enamorado de esa estúpida? - ¿Por qué? – se me ocurrió preguntar tontamente.
Por primera vez desde que entró Mousse sonrió – ¿Por qué? ¿Por qué, que?
- ¿Por qué la amas? – Pregunté como si fuera obvio – No es… ella… ¡es una persona horrible!
- ¡No lo es! – me gritó.
- ¡Si lo es! – Le grité de vuelta aún más fuerte – ¡Siempre se burla de los criados! ¡Empuja a Nara sin más motivo que verla tropezarse! ¡Me ha metido en mil problemas! ¡Se burla de mí y lo que es peor, de ti! ¡¿Y aun la defiendes!?
- No es así, es buena y dulce cuando nadie la ve, es una chica asustada enamorada de la imagen que tiene de Ranma.
Me quedé perpleja, ¿de verdad mi amigo me estaba diciendo que Shampoo no era tan mala como aparentaba? ¿Es que estaba ciego? – Sé que tienes problemas de vista, pero creo que son más graves de lo que dices.
-¡No te burles! – Gritó dando un golpe al suelo – ¡Yo no me rio de tu amor por el idiota de Ranma!
- ¡Yo no amo a ese infantil! – grité yo también.
- ¡Si lo haces! ¡Le amas! ¡Por eso no me puedes reprochar nada!
- Mousse…
- ¡No! ¡Ahora me escuchas! ¡Estoy harto de que finjas que eres una chica dura que odia a los hombres y te burles del resto de las chicas de esta casa por tener la esperanza de enamorarse y casarse!
- ¡Yo no me burlo de ellas! – grité ofendida.
- ¡Puede que no te des cuenta, pero siempre que hablan de algún chico que les gusta las menosprecias y tú eres igual o peor que ellas, enamorándote del señor de la casa que te trata como una basura! 'Al menos ellas conocen su lugar! – las verdades que me gritó Mousse en la cara me impactaron, dejándome muda.
- ¡No me des sermones de vida Akane! ¡No te atrevas a acusarme por amar a Shampoo porque tú también amas a alguien! – Vi el dolor y la frustración en los ojos de mi amigo, me gritaba como nunca me imaginé que me gritaría – ¿Te burlas de mí? ¡Yo debería reírme de ti, por lo menos Shampoo a mí solo me ignora, a ti Ranma te trata peor que a un perro y tú le sigues poniendo ojitos!
- Calla – le dije en un susurro intentando guardar mis lágrimas.
- ¡Amo a Shampoo! ¡Sí! ¡La amo desde que era un mocoso llegado de china junto a ella en un asqueroso barco de manera ilegal! ¡La amo con todos sus defectos y virtudes como tú también amas al estúpido con suerte de Saotome!
- No es verdad… no lo es…
- ¡Sí lo es! – Mousse me tomó por los hombros zarandeándome - ¡Estoy harto de que finjas y también estoy harto de fingir! ¡Admítelo! ¡Admite que le amas!
-¡Cállate! – me solté bruscamente y le di la mayor bofetada que haya dado nunca en mi vida. Mousse no se esperaba la reacción que tuve y si se la esperaba no hizo nada para evitarla. Su cara giro cuando mi palma impactó en su mejilla mientras que por las mías caían lágrimas sin control – No es cierto, no sabes nada…
Mousse se llevó la mano a la mejilla golpeada y sus ojos perdieron la oscuridad que tenían cuando me empezó a gritar. Volvieron a ser del azul que eran siempre y se abrieron de par en par mientras me miraban – Akane… Akane… lo siento, yo.
- No sabes nada Mousse, no me burlo de ti por amar, jamás lo haría – dije con tono venenoso – Pero no llego a comprender como alguien como tú, bueno y amable pueda sentir algo por esa víbora – vi como el rostro de mi amigo se deformaba en una mueca de desagrado – sé que no te gusta que la insulte pero es mi opinión, lo siento si te duele.
- No, es lógico, solo te hace la visa imposible.
- Jamás entenderé por que sientes algo por ella, pero jamás me burlaría de ti – dije seria – solo te advierto que no es trigo limpio.
Mousse bajó la vista avergonzado y nos quedamos en silencio, cada uno en su propio mundo. En mi cabeza no dejaban de resonar las palabras dichas por Mousse, verdades como puños que por aquel entonces no estaba dispuesta a aceptar y que me habían dolido como cien puñales, aunque como suele decirse las verdades duelen y mi amigo había sido terriblemente sincero.
- Que te quede claro, yo no amo a Ranma, es mi señor, el hijo de Nodoka-sama y prometido de Shampoo, es con ella con quien tiene una relación.
- Lo sé – murmuró Mousse – pero eso no cambia el hecho de que…
- ¡Ya basta! – grité haciéndolo estremecer – no lo digas más, no quiero oírte de nuevo hablar de ese tema – mi voz sonaba dura y más que una jovencita de doce años parecía una adulta hecha y derecha – si tienes problemas te escucharé, si necesitas desahogarte con el tema de Shampoo te escucharé, pero no vuelvas a decir nada que me involucre con Ranma sentimentalmente ¿queda claro?
Mi amigo asintió levemente y yo bufé, no quería pensar en nada, no quería involucrarme con Ranma, no quería nada por aquel entonces que no fuera servir fielmente a Nodoka Saotome y enamorarme de su hijo, por mas que ella me diera su bendición era algo impensable.
- El sí siente algo por ti – dijo de repente mi amigo.
- Mousse…
Mi tono de advertencia dejó clara mis intenciones de no seguir con el tema por lo que el chino levantó las manos en señal de rendición – No diré más lo prometo, pero solo te lo advierto Akane, el destino es sabio y por mucho que quieras escapar de él, siempre te acaba atrapando.
Las palabras de mi amigo se me clavaron en la mente, el destino… el maldito destino era el que me estaba haciendo vivir esta vida miserable que aunque en ese momento era medianamente pacífica no era la mejor del mundo. El destino que según mi padre tenía desde que nací de convertirme en leyenda sin preguntarme si yo quería serlo y que consiguió que mi padre se centrara en mi y mi entrenamiento sin tener en cuenta los celos de Nabiki que acabó vendiéndome por unas monedas, el destino que quería que encontrara al dragón que me convertiría en leyenda; un hombre al que le deberé mi fama y que me ayudará a conseguirla como si yo no fuera lo suficientemente buena como para lograrlo sola, el destino que me había llevado a él joven señor, al cual detestaba y amaba a partes iguales por ser un idiota infantil al que le encantaba molestar pero que me miraba con ojos protectores y amables cuando nadie nos veía, el destino que quería ignorar y dejar a un lado para poder servir a la única persona digna de mi total confianza y voluntad, ese destino me estaba hartando, ¿Por qué yo no podía ser la dueña de mi vida? ¿Elegir mi destino?
- Déjate de tonterías – le dije y Mousse volvió a quedarse en silencio. En mi cabeza miles de dudas que quería que me contestara pero temía que volviéramos a discutir. No me gustaba discutir con Mousse, era un gran amigo pero como suele decirse los amigos también discuten ¿no? Armándome de valor carraspeé para llamar su atención y pregunte – ¿Qué te ha pasado para que llegaras con ese humor?
Mousse se encogió de hombros – ya te lo he dicho, mal de amores supongo.
- ¿paso algo en mi ausencia?
- Simplemente le dije a Shampoo mis sentimientos y ella, bueno… me rechazó elegantemente.
Mi boca se abrió de par en par y mis ojos casi se salen de las cuencas por lo dicho tan tranquilamente por mi amigo – ¿Qué tu… hiciste qué?
- Le dije a Shampoo que la amaba.
- ¿¡Qué!? ¿¡Estás loco!? ¡Es la prometida del joven señor! – le grité
Mousse se encogió de hombros – No tenía nada que perder y mucho que ganar, pero me dijo textualmente "Mousse, estar loco si pensar que Shampoo cambiar a prometido por torpe como tú, olvidarte de Shampoo y largarte con alguien de tu clase, como la tonta de Akane"
Gruñí ante lo dicho – Y luego dices que no es mezquina y cruel – Mousse puso una sonrisa triste en la cara – No sé por qué me odia tanto, nunca le he hecho nada. Desde que llegué a esta casa la ha tomado conmigo.
- Yo sí que lo sé, y es bastante obvio.
- Pues ilumíname.
Mousse fingió meditar unos segundos sacándome de mis casillas, dándole un cariñoso golpe en el hombro Mousse soltó una risita y sobándose donde le golpeé dijo – es muy obvio Akane, Shampoo lleva años detrás de Ranma como un perrito y el jamás le hizo caso a pesar de ser todo lo que se espera de una buena mujer: hermosa, callada, delicada y siempre dispuesta a complacer a Ranma y de repente llegas tú con tu mal humor, tus golpes y torpezas y le embrujas consiguiendo que te miré como ella desea que la mire y nunca lo consigue, además de que la señora Nodoka te tiene en alta estima y a ella la desprecia desde que llegó. Está claro, te odia por celos.
Mis mejillas se pusieron del color de las amapolas y empecé a balbucear, le di otro golpe en el hombro – déjate de idioteces, Ranma… el…
- No hace falta que digas nada, yo sé lo que veo y oigo en esta casa. Pero si te lo quieres negar, yo no soy quien para hacerte entrar en razón, el tiempo lo hará.
Mi mente colapsó en esos momentos, mi amigo había insinuado que sabía lo de mi promesa en la escalera con Ranma ¿o había sido producto de mi imaginación? No podía saberlo, era imposible estábamos solos, o eso creíamos. No me preocupaba que él lo supiera, sabía que Mousse no diría nada, pero temía que si mi señora y él lo sabían alguien más en la casa podría habernos visto. Moví mi cabeza intentando alejar los malos pensamientos de mi mente habían pasado semanas y nadie había insinuado o dicho nada, debía dejar de pensar tan negativamente – Mousse, confío en ti más que en nadie más.
- Lo sé – me contestó tranquilo entendiendo perfectamente lo que quería decir – Soy una tumba.
Nos quedamos en silencio mirándonos el uno al otro, hablándonos con la mirada. Mi cabeza no paraba de darle vueltas a la idea de que el joven señor pudiera tener sentimientos por mí, todo indicaba que sí pues a pesar de ser una niña no era idiota ni ciega, sus celos, sus camelias, su promesa… aunque otras veces parecía detestarme, siempre había un brillo especial en su mirada, un brillo que solo tenía cuando se dirigía a mi.
Mi infantil mente imaginó un futuro donde el joven Ranma y yo éramos felices y por primera vez en mi vida se me cruzó por la cabeza el pensamiento de que casarme y formar una familia no sería un castigo ni una situación horrible, mas bien esos pensamientos hicieron que una cálida sensación se asentara en mi pecho. Mousse sonrió con malicia – Deja de pensar en Saotome, que se te queda cara de tonta.
Mis mejillas se colorearon y fingí tener demencia – No sé de qué hablas – como respuesta obtuve una risa de parte de mi amigo chino. No sé porque pero el verle reír de esa manera me calentó el corazón, Mousse llevaba un tiempo cabizbajo y triste por lo que verle reír a pierna suelta me hizo reír a mí también.
Nos dio un ataque de risa tan bestial que las carcajadas retumbaron por el dojo. Estábamos tan absortos que no escuchamos los pasos de alguien aproximarse – Contad el chiste si tan divertido es – nos giramos aun entre carcajadas para encontrarnos con Ryoga y Ranma que nos observaban, uno con curiosidad y el otro con gesto de enfado.
- No es nada – contestó Mousse quitándose una lagrimita de sus azules ojos – Simplemente nos reíamos.
- ¿Y de que si se puede saber? – escupió el joven señor con veneno mirando a mi amigo por encima del hombro como siempre hacía.
Me enfadé con Ranma, odiaba esa altanería suya, pero sobretodo odiaba cuando miraba a Mousse como si fuera alguien inferior a él, igual que Shampoo hacía conmigo – No, no lo puedes saber, es algo entre Mousse y yo – dije burlona para luego guiñarle un ojo a mi amigo que soltó otra risa.
Los azules ojos de Ranma en ese momento eran fuego, su mandíbula se tensó y juraría que escuché sus dientes chirriar, estaba muy gracioso con ese gesto en su cara por lo que solo pude volver a reír.
- Eres… una tonta, ¡una idiota marimacho!
El grito de Ranma resonó por todo el dojo, se giró y salió del edificio a grandes zancadas refunfuñando no sé qué sobre una "estúpida y torpe pareja"
Mousse me miró con complicidad, una vez más Ranma Saotome se había puesto celoso por mi relación con Mousse. Sonreí como una tonta pensando que tal vez sí que mi joven señor sentía algo por mí, algo parecido al amor… una estúpida ilusión me golpeó la boca del estómago.
- Akane-chan – me dijo Ryoga – estas preciosa sonriendo.
Mousse miró a Ryoga enarcando una ceja – ¿tú también estás enamorado de Akane-chan?
- Yo… yo esto… - Ryoga-kun empezó a reír de manera bobalicona rascándose la parte trasera de la cabeza – Akane-chan es hermosa, cuando sea mayor será una mujer perfecta.
- No digas eso Ryoga-kun – pedí incómoda mientras me ponía en pie y recogía el arco – tienes una prometida muy bonita.
- Lo sé, U-chan también es perfecta- suspiro bobalicón. Rodé los ojos y negué con la cabeza mientras ponía una sonrisa en mi cara, Ryoga-kun siempre fue muy enamoradizo.
De nuevo unos potentes y rápidos pasos resonaron por el pasillo. Nos miramos entre los tres con una mueca burlona pues sabíamos perfectamente quien estaba tras esos pasos tan furiosos. El sonido de unos murmullos se unió a los pasos y por la puerta apareció de nuevo el joven señor maldiciendo y con las manos hechas puños.
- ¡No sé porque me tengo que ir yo! ¡Iros vosotros! – gritó apuntándonos con el dedo a Mousse y a mí.
- Nadie te dijo que te fueras – le contesté serena.
Mousse asintió – Te fuiste tú solo.
- Y muy ofendido – dijo Ryoga concluyendo el pequeño diálogo para luego cruzarse de brazos y mirarle con burla – ¿es que estás celoso?
La cara del joven señor palideció para luego colorearse furiosamente de un rojo intenso. Si colocáramos un pescado en sus mejilla seguro que se habría cocinado. Pegando un grito agarró al pobre Ryoga por el cuello y empezaron a forcejear – ¿¡Quien estaría celoso!? – Gritó zarandeando al pobre Ryoga – ¡No lo estoy!
- Pues no lo parece – contestó con dificultad Ryoga debido a los meneos que Ranma le daba.
El joven señor enrojeció aún más, si es que eso era posible y rodeó la cabeza del pobre Ryoga-ku con su brazo derecho apretando – ¡Cállate! ¡Cállate!
- Vale, vale… no dije…nada – decía Ryoga-kun con dificultad. El agarre del heredero Saotome sobre su cuello era tan fuerte que estaba quedándose sin respiración y su cara se tornó de un leve color azul mientras braceaba para soltarse.
- Saotome le estas ahogando – dijo Mousse preocupado ante el color de Ryoga-kun. Ranma le soltó de mala manera y bufó mientras se cruzaba de brazos ofendido.
- Se lo merece por decir esas tonterías.
No me ofendí, no me dolió que negara sus más que evidentes celos pero sí que sentí una punzada de decepción en la boca del estómago. Recogí el Yumi justo después de cerciorarme de que Ryoga estuviera bien y cuando me dispuse a volver a lanzar unas cuantas flechas la mano de Ranma se posó con delicadeza en mi muñeca.
Me giré para observar como no me miraba, su vista ofuscada estaba entretenida en el suelo y sonreí internamente al darme cuenta de que, por muchos insultos que me lanzara, por más que negara sus celos y por muy enfadado que estuviera nunca era brusco conmigo, al menos no físicamente.
- No, ya vale de tiro con arco – me pasó un palo de madera corto con el que entrenábamos el arte de la espada – ahora practicaremos la katana.
Asentí y fui a dejar el arco en su sitio para luego tomar el palo de madera que me ofrecía aun sin mirarme. Mousse me miró con burla y se sentó de nuevo con la espalda apoyada en la pared junto a Ryoga quien se había dejado caer al suelo para recuperar el aliento.
Todo el tiempo que entrené con mi joven señor no pude quitar mi cara de alegría. Ranma me regañaba cada poco porque no estaba concentrada, según él me reía tontamente y no me tomaba en serio el entrenamiento que él me otorgaba con toda su buena voluntad.
Lo que el muy bobo no sabía era que mi sonrisa se debía precisamente a eso, a que mi joven señor me había puesto a entrenar con la katana, el arte en el que era experto. Es decir, mi joven señor quería entrenarme a mí él solo, él y únicamente él. Si entrenaba con el arco Ryoga-kun sería quien pasaría más tiempo conmigo, con la Naginata sería Mousse, pero si entrenaba con la katana solo podía ser entrenada por mi señor. Era una forma infantil de decir "no quiero que otros te entrenen, solo yo"
Pasamos una tarde agradable, de vez en cuando nos paramos a descansar o alternaba la naginata con la katana para que Ranma pudiera descansar un rato. No discutimos más, al menos no seriamente, entre nosotros era típico estar a la guerra pero nada serio, era como un juego infantil.
Estaba de nuevo practicando el arte de la espada, siendo corregida por Ranma cuando la voz de Ryoga habló – ¿Y si entrenamos a Sasuke?
Frené en seco y mire a Ryoga al igual que mi señor y Mousse – ¿Qué has dicho? – pregunté.
- Que podríamos entrenar a Sasuke – repitió – es rápido y muy ágil, sería un buen ninja.
- Es cierto – dijo con tono pensativo Mousse – cuando Akane se caía por el tejado reacciono rápido como un rayo.
Ryoga asintió repetidamente – muchas veces cuando voy al jardín a leer un rato le veo podar las ramas y subirse a lo alto de los árboles de Sakura para podarlos. Es muy ágil, parece un gato.
- Es un idiota, chicos – contestó burlón Ranma – No podéis hablar en serio.
Fruncí el ceño y le pegué en la cabeza con mi espada de madera – ¡No hables así de mi amigo!
- Eso dolió, bruta – bufó mientras se sobaba la zona golpeada.
- Te lo mereces – bufé para luego pensar en lo que había dicho Ryoga. Era cierto que Sasuke tenía una agilidad increíble, por mi cabeza ya había pasado la idea de que sería un gran ninja pero la deseché enseguida pensando que solo eran cosas mías así que el que ahora Ryoga tuviera la misma idea que yo me llenó de ilusión – Ryoga-kun, ¿crees de verdad que Sasuke podría entrenar con nosotros?
Mi amigo asintió – Sí, hay que tomárselo con calma porque es un poco…
- ¿Idiota? – preguntó de nuevo Ranma. Levanté el palo amenazándole con darle un nuevo golpe y este se encogió con miedo.
- Iba a decir… lento – contestó Ryoga con algo de miedo ante mi mirada.
- ¡No es idiota! ¡Ni lento! – Grité haciendo que los dos chicos se encogieran de miedo por ¿quien sabe? ¿quinta vez? – no ha tenido una vida fácil y nunca nadie se ha preocupado por él.
- Sí, claro ¡es lo que quería decir! – Dijo Ryoga-kun con tensión – Por eso creo que deberíamos entrenarle, tiene talento y podría ayudarle a defenderse de los abusadores que se va a encontrar en su camino.
Medité un momento lo dicho por el joven Ryoga y la primera persona que se me vino a la mente fue ese animal de Taro. Ya le había visto burlarse de él o golpearle sin compasión por el simple hecho de que se aburría y no iba permitir que mi amigo estuviera indefenso. Debíamos entrenar a Sasuke para que le diera la paliza de su vida si ese bruto volvía a ponerle una mano encima.
- ¿Crees que el señor panda acepte entrenarle? Él es un hombre y…
- ¡No llames a mi padre señor panda! – me dijo ofendido Ranma, pero yo le ignoré completamente.
- Y puede que a él si acepte entrenarle – completé la frase que el joven señor me había cortado.
- No lo sé – contestó Mousse – para el señor Saotome un hombre como Sasuke, no es un hombre de verdad.
- ¿Y por qué no?
Mousse suspiró – Akane, sé que quieres a Sasuke pero admitelo, es diferente.
- Sasuke no es diferente, tarda un poco más en aprender las cosas y se comporta como un niño, sí, pero no es tonto, entre Momo-chan y yo hemos conseguido que hable y lea, está empezando a aprender a sumar y además lo habéis visto vosotros, es ágil y rápido.
- Y silencioso – completó Ryoga riendo – un día apreció por detrás de mí y casi me mata de un infarto, fue en ese momento cuando pensé que sería un gran ninja.
- Debemos entrenarle, por favor – rogué – Es la única manera de que pueda defenderse de ese bruto de Taro.
Mis amigos y señor meditaron un segundo mirándose entre ellos. Ranma no parecía muy convencido y Mousse dijo – No está en nuestras manos, nosotros podemos entrenarle si, pero él tiene mucho trabajo y la mayoría de las veces que él tiene tiempo libre, nosotros estamos entrenando.
- Si podemos arreglarnos nosotros para entrenar también podremos buscar un hueco para él.
- No es tan simple Akane-chan – contestó Ryoga cruzándose de brazos solemne – Tú tienes tiempo libre porque ahora no eres una sirvienta, te dedicas a estudiar con la señora Nodoka, pero Sasuke tiene trabajo desde que se levanta hasta que se acuesta.
- La única opción como bien has dicho antes es que el señor Saotome acepte entrenarle y la señora Nodoka le libre de alguna de sus tareas – dijo Mousse con pesar.
- Y no será fácil convencerle – terminó Ryoga.
Puse una mueca de frustración en el rostro – Alguna forma habrá de hacerle entrar en razón.
- Hay una – dijo serio Mousse – todos sabemos que solo una persona puede convencerle.
Los tres nos giramos para mirar a Ranma quien estaba en el centro del dojo cruzado de brazos. La cara de mi joven señor se quedó seria y negó repetidamente con la cabeza – No, olvidadlo, no lo haré.
- ¿Por qué no? – Preguntó Ryoga un poco enfadado – ¿Qué tiene de malo?
- Ese idiota no puede ser un alumno de la casa Saotome – dijo de mal humor – Ensuciaría nuestro nombre.
Sentí la bilis subir por el estómago y acumularse en mi garganta ¿Cómo se atrevía a decir eso de un ser tan bueno como Sasuke, que nunca se metía con nadie? – ¡Eres un idiota! – Le grité haciendo que me mirara sorprendido – ¡No ensuciaría nada! ¡Sasuke es un gran chico y será un gran guerrero!
- No lo será, admítelo Akane, es un torpe.
- Según tu yo también soy una torpe y has accedido a entrenarme – le dije furiosa.
- Sí pero es diferente, tu eres espe… - rápidamente se llevó la mano a la boca. Miré expectante su rostro.
- ¿Yo que? – pregunté con firmeza.
El joven Ranma quitó la mano de su boca y bajó la mirada al suelo – Nada, olvídalo.
- No, ¡dime! – grité.
-¡Te he dicho que no! – me gritó de vuelta.
Gemí frustrada - ¡Eres insoportable!
- ¡Y tu una tonta! – Gritó mirándome fijamente a los ojos – Olvídate, no diré nada ni convenceré a mi padre de que entrene a tu amiguito.
Fruncí el ceño y puse mis manos en mis caderas, igual que hacía mi madre cuando me pillaba haciendo algo que no era propio de chicas. El joven Ranma giró su rostro hacia otro lado. Supe entonces que debía cambiar de táctica, debía dejar a un lado los gritos y reproches si quería conseguir que Ranma hablara con su padre.
Respiré profundamente un par de veces intentando alejar mi mal humor y tras una larga inhalación y exhalación de aire puse la sonrisa más tierna del mundo y me acerqué lentamente a Ranma. Tomé sus manos y noté como se estremecía y sonrojaba por milésima vez en la tarde.
Sí, usé de nuevo la misma técnica que use con Ryoga para convencerle de que me dejara a solas con Mousse. Por lo visto la frase de madre de "se cazan más moscas con miel que con vinagre" era cierta.
Me preparé mentalmente y puse la voz más suave que encontré para decir – Por favor, por favor joven Ranma, ayude a Sasuke.
El heredero Saotome tragó duramente saliva y pude ver un brillo de inseguridad en su mirada – ¿Por qué me tratas tan educadamente ahora? Hace un minuto me tuteabas e insultabas. Esto no te pega, marimacho.
Me tensé y noté de nuevo la ira recorrer mi cuerpo, pero me relajé centrándome en mi objetivo, intentar convencer a Ranma, debía proteger a Sasuke y si la única forma era adulando el ego de Ranma Saotome, lo haría – Gomen nasai, sé que a veces soy un poco bruta, pero de verdad joven señor, se lo pido, de corazón.
El tono aterciopelado de mi voz y la dulce mirada que le estaba lanzando comenzó a poner nervioso al joven Ranma quien comenzó a sudar – Es mi única esperanza, el pobre Sasuke… es maltratado por Taro y yo… sufro mucho al verle llorar – fingí que se me entrecortaba la voz para darle más dramatismo al momento y por lo visto estaba funcionando, ante mis ojos el joven Saotome estaba comenzando a dejarse vencer – Se lo pido como un enorme favor que juro devolver con mi vida si es necesario, pero por favor, es usted el único que puede ayudarle, el único que puede salvarle.
Noté como su pecho se hinchaba ante mis suplicas y argumentos, nada mejor que adular a Ranma Saotome para embaucarlo – Por favor – dije de nuevo dulcemente mientras me acercaba un poco más a él apretando sus manos – ¿lo hará? ¿Por mí?
Me quedé quieta, cerca de él, mirándole fijamente a los ojos mientras el pobre solo podía temblar e hiperventilar. A mis espaldas escuché unas suaves risitas producidas por Ryoga y mousse.
Ranma me miró a los ojos y tras un par de balbuceos suspiró y bajó a mirada derrotado – Lo haré.
Pegué un grito de alegría por mi victoria – Arigatou gozaimasu, joven Ranma – para luego pasar mis brazos por su cuello y darle un leve abrazo que no respondió pues sus manos estaban en el aire, tan tensas como todo su cuerpo que comenzaba a tener espasmos, supongo que por la vergüenza y los nervios.
- Eres genial Akane-chan – dijo asombrado Ryoga – Que poder de persuasión.
Me giré sonriente a mirarle mientras colocaba mi mano derecha en mi cadera y alzaba la otra poniendo el pulgar hacia arriba. Ryoga soltó una carcajada y Mousse negó con la cabeza repetidamente.
- Pero lo hago porque quiero – respondió rápidamente Ranma pasando por mi lado para sentarse junto a sus compañeros.
- Claro que sí, mi joven señor, nunca dije lo contrario – contesté inocente mientras me sentaba con ellos.
Nos colocamos en un círculo cerrado para planear paso por paso como el joven heredero Saotome convencería al hombre panda para que entrenara a Sasuke como un aprendiz más. El resto de la tarde se nos olvidó entrenar, simplemente charlamos y comentamos las mejores formas de abordar el tema, riendo de vez en cuando por algún comentario de Ryoga o discutiendo levemente, pero nada grave.
Aquella tarde no sentí que era un aprendiz de esos tres chicos, sentí que era un camarada más del grupo. Una verdadera amiga.
Aclaraciones:
Ittai: Significa "duele" o "me duele"
Gomen-ne: Manera informal de decir "lo siento" la forma mas formal y correcta es decir "Gomen nasai"
Clases de protocolo: Algunas de las reglas que aparecen en la historia son reglas reales sacadas de un libro español de los años 50 llamado "Guía de la buena esposa" escrito por Pilar Primo de Rivera. Pilar era hermana de José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange Española, partido político de extrema derecha- e hija de Miguel Primo de Rivera, dictador español de la década de 1920. Además fue líder de la Sección Femenina de la Falange, en su manual, da consejos sobre como una buena mujer debe comportarse y da varios consejos para "mantener feliz al marido" Resulta irónico que dicha mujer jamás se casara. Esta "joyita" (escrito entre comillas para darle el tono irónico que dicha obra merece) de la literatura española puede leerse en internet simplemete poniendo "Guía de la buena esposa" en tu navegador de internet. Si queréis echaros unas risas con los consejos que esta buena mujer nos regala a las mujeres no dejes de buscarlo. Mi favorito es: Hazlo sentir a sus anchas. Ten una bebida caliente para el, arregla su almohada y ofrécete a quitarle los zapatos, habla con voz suave y placentera. Si alguien por curiosidad busca esta guía por favor dejadme en el review cual es vuestro favorito y así nos echamos unas risas.
Yumi: Es el término japonés para los arcos. Los yumi japoneses se dividen en arcos largos (daikyu) y arcos cortos (hankyu), usados en la práctica del kyudo (el tiro con arco japonés). El yumi es excepcionalmente alto (rondando los más de dos metros), sobrepasando la altura del arquero (kyudoka). Hechos tradicionalmente de bambú, madera y cuero, los arqueros del yumi usan técnicas que no se han cambiado durante siglos. Los severos arqueros de kyudo tratan al yumi con profundo respeto, como piezas de gran poder; como profesores, enseñan al alumno el dicho que reza que el yumi conserva dentro de él parte del espíritu de la persona que lo hizo. Un estudiante kyudo nunca lo pisará mientras esté sobre el suelo (es considerado irrespetuoso), y por supuesto tratará al yumi como desearía ser tratado él mismo (por ejemplo manteniéndolo lejos del calor excesivo o frío, resguardado del exceso de humedad o sequedad y será sostenido erguido). También está considerado como irreverente el tocar el yumi de otra persona sin su permiso; el yumishi ('fabricante de yumi') Kanjuro Shibata sensei (sensei: 'maestro') dice que es como tocar al cónyuge de otra pareja.
