El sol brillaba en su máximo esplendor. Verano. Tres de la tarde. Un extenso campo desierto, sin árboles.

— ¿¡Qué mierda estoy haciendo aquí!? —gritó Estados Unidos a los cuatro vientos.

Ah sí, quería encontrar ovnis. Porque tenía un plan para ver si era cierto que apenas veías un alienígena, el gobierno iba hasta dónde estabas y te borraba de la memoria los hechos recientes, entre ellos, el extraterrestre.

Sí, pero tenía todo controlado. Quería confirmas esa teoría suya acerca de su insoportable gobierno.

Suerte que llevaba sus gafas de sol, de lo contrario, ya tendría la vista completamente cegada. Se encontraba en Nuevo México, caminando cerca de un cultivo de trigo. Logró divisar una casa. ¡Sombra y agua! Debería ser más simpático que nunca, si quería que alguna ancianita amable le diera galletas, leche; y que el esposo de esa anciana le contara sobre las extrañas cosas que sucedían allí. Aunque claro, también habría insoportables nietos. No soportaba a los niños.

Pero los estereotipos no lo ayudarían. No ese día.

Fue hasta dónde estaba el supuesto granjero que había encontrado el objeto extraño. La casa lucía genial.

— ¡Entra a la casa! —susurró el granjero, abriendo la puerta apenas, para observar al americano. Éste levantó una ceja, pero entró a la casa.

—Hola…—comenzó la nación, pero el hombre le puso un colador en la cabeza— ¿Qué mierda?

—Es para que los extraterrestres no se apoderen de tu cabeza.

—Pero… eso son puras tonterías de científicos locos…

— ¿¡Acaso eres uno de ellos!?

— ¡No! ¡Soy humano!

—No. No eres humano.

Estados Unidos se tensó. Malditos granjeros paranoicos. ¿Tan perseguido era, que se percató de que no era un humano común y corriente?

El hombre le lanzó un cuchillo al estómago. La nación gritó de dolor, pero se lo quitó. Sangraba un poco, pero no tardaría en detenerse.

—Tú… —balbuceó el hombre— ¡Eres uno de ellos!

El joven americano gruñó, y lo tomó por el cuello de la camisa.

—Escúchame, pirado—comenzó—Vuelve a la cama, tranquilo, si no quieres que el cuchillo termine atravesándote la tráquea. ¿Entendido? —el hombre asintió enérgicamente—Bien. Fuera de mi vista.

El hombre salió corriendo. Estados Unidos maldijo, mientras se quitaba el colador de la cabeza, y buscaba algo de comida o agua.

Nada.

Pegándole una patada a colador, salió por la puerta trasera. Se quedó de piedra al ver lo que había allí.

Era un OVNI.

Observó la nave, fascinado. Luego, se puso inmediatamente en guardia. El gobierno llegaría, dispuesto a borrarle la memoria. Tomó un palo, que no era su inseparable bate, pero al menos serviría.

Escuchó unos pasos cerca de él. Tal y como suponía, los hombres vestidos con trajes negros elegantes y lentes de sol, se acercaban a él. Apretó más el agarre de su bate.

—Señor—dijo uno de ellos, con un tono perturbador e hipnotizante—Eso que se encuentra ahí, es un simple globo aerostático.

—No caeré en sus malditos trucos de manipulación—escupió la nación, furiosa.

—Es un globo aerostático—insistió el hombre.

—No. Es un OVNI, hijo de puta.

—Globo aerostático.

—OVNI.

—No nos obligue a tomar medidas drásticas.

—No me obliguen a matarlos cruelmente uno por uno—gruñó el americano.

—Idiotas—rió Estados Unidos, dejando detrás de él los cuerpos inconscientes (no sabía si vivos o muertos) de esos agentes secretos—Nadie se mete conmigo.

—Eres fuerte—dijo una voz extraña. El pelirrojo se giró bruscamente, para ver quién hablaba.

Se quedó de piedra, al ver… una cosa, blanca (¿o plateada?) más baja que él, con unos ojos grandes y rojos, y el cuerpo delgado.

Era un alien.

—Tú…—musitó América, fascinado—… ¿Eres un extraterrestre?

—Sí ¿Eres un terrícola? —preguntó el extraño ser.

—Algo así. Eres amable para ser una alien.

—Eres inteligente para ser un terrícola.

El norteamericano sonrió. Le había caído bien.

— ¿Quién eres? —inquirió el alien.

—Estados Unidos de América. Un placer.

—Tony. Que os follen a todos.

— ¡Eres un genio!

—Y así fue como lo conocí—terminó de explicar Estados Unidos, a su ex tutor. Inglaterra contemplaba al nuevo amigo de su ex colonia con preocupación.

—…No parece muy bueno—susurró el británico.

—Cómo si tú lo fueras, Inglaterra. A propósito, ¿hay algo qué quieras preguntarle?

— ¿Porqué debería hacerle una pregunta? Bueno, aunque no pierdo nada con intentar… Um... ¿De qué planeta viniste?

—No preguntes sobre eso, Fucking Limey—respondió Tony, de mal humor. Estados Unidos se carcajeó con la respuesta de su nuevo amigo—Te mataré, Fucking Limey.

— ¿¡Qué clase de vocabulario le enseñaste, love!? —exclamó Inglaterra, alarmado.

—Oh, nada, sólo le hablé un poco sobre ti. Las conclusiones las sacó él solito. Y no estuvo tan alejado de la realidad.

Después de eso, Inglaterra regresó a su casa.

—El nuevo amigo de América se ve así, ¿no crees que es penoso? —preguntó el inglés, sosteniendo un dibujo mal hecho de Tony.

— ¡Es mejor que tú, imbécil! —gritó un hada, comenzando a cachetearle la mejilla.

— ¡Duele! ¡Esperen! —gritó de dolor Reino Unido, al ver que las otras hadas también lo molestaban— ¡Que alguien me ayude! Chocolate Mint Bunny!

Continuará~


Los comienzos de Tony en su nuevo hogar, y los problemas de USA con el gobierno... literalmente. Aish, este niño resultó ser más rebelde de lo que pensaba e.e