CAPITULO 14 AMOR Y ODIO:
Bajo la capa invisibles, pudieron ver como Draco Malfoy pasaba por le pasillo por el que habían llegado al aula.
Los tres salieron con cuidado del aula y vieron a Draco maldiciendo en voz baja.
-vamos- indicó harry pero Ginny le cogió la mano.
-Harry por favor- dijo la pelirroja implorante.
-esta haciendo algo oscuro- dijo Harry al que se le aceleraba el corazón.
-Harry no- imploró Ginny de nuevo.
-vamos Ginny-
-Harry, nos pondrás en peligro-
-quiero ver lo que trama malfoy-
-por favor harry-
-no discutais- imploró Lamia. Tenía el rostro livido.
-si no lo haces por ti hazlo por mi-
Un rayo de luna llegó hasta ellos y Harry pudo ver como lo miraba Ginny. Sus ojos tenían una expresión que le recordaba a la que el director de Hogwarts había tenido dos años atrás en lo alto de la torre de astronomía.
-Draco malfoy- comenzó Harry con voz ronca –tiene la marca tenebrosa tatuada en el brazo- dijo y un escalofrio le recorrió –él fue el que dejó entrar a los mortifagos y…- Harry no pudo continuar, un nudo se le había formado en el estómago al recordar a su antiguo director.
-la noche en que mataron a Dumbledore- terminó Ginny con voz queda.
Harry luchaba por contener esa sensación. Ese dolor que lo asolaba, esa terrible sensación que tenía en el estómago, como si algo quisiera devorarlo.
-lo siento Harry- dijo la chica cogiéndole la mano a Harry y apretando.
-yo…- dijo ella pero pareció arrepentirse –cuando te pido que me cuentes las cosas… a veces no comprendo lo dolorosas que son para ti-
Pero la mente de Harry acababa de llegar a una conclusión a la que no había llegado antes.
-te sientes menos que Ron y Hermione- dijo harry como si aquellas palabras saliesen de él sin que el chico quisiera pronunciarlas.
-lo siento- intentó defenderse la pelirroja.
-viene alguien- dijo Lamia en un susurro.
Harry y Ginny se quedaron en silencio.
Harry bajó la mirada al mapa, pero no veía nada.
-lumos- susurró Ginny.
-Filch- dijo Harry con terror y se encaminó hacia el lado contrario al que venía el conserje.
-¿y qué pasará con él?- dijo Lamia con voz tierna señalando al aula que acababan de dejar atrás.
-esta dormido- sentenció Ginny.
-lo tomaran por sonambulo- ayudó harry.
En el mayor silencio que pudieron, Harry, Ginny y Lamia se escabulleron gracias a la capa invisible y al mapa del merodeador.
En una de las aulas que pasaron, vieron a Malfoy. Harry se detuvo y miró a Ginny.
-vamos- dijo y continuaron, pero harry pudo ver como Malfoy hacía algo con su varita a una armadura.
-espera- dijo Harry y dirigió a las chicas por otro camino.
-pero ahí está el despacho de Slughorn- protestó Ginny.
-y por donde tu vas el de McGonagall- protestó el chico.
-ya pero…-
-prefiero que nos pille Slughorn que McGonagall- puntualizó Harry.
Siguieron por los corredores, Harry había hecho aquello tantas veces que ya era tan sencillo como dormirse, pero le sorprendió que Ginny fuera tan capaz.
-¿no es la primera vez que haceis esto verdad?- preguntó Lamia sonriendo.
-no- dijeron Harry y Ginny al tiempo.
-¿Cuándo?- preguntó Harry.
-el año pasado- dijo Ginny señalando a una pared de piedra blanca en la que podían leerse resto de una gran inscripción "Potter vive"
Harry no pudo evitar sonreir.
Cuando pasaban por el pasillo de Slughorn, ambos se callaron.
Trataron de hacer el menor ruido que les fue posible, pero escucharon la puerta del despacho que se abrió.
-muchas gracias profesor- dijo Hermione, vestida con su túnica del colegio y saliendo del despacho.
-oh por favor señorita Granger- dijo el profesor Slughorn asomando su prominente barriga forrada de terciopelo verde lima –cualquier cosa por usted- añadió guiñandole el ojo.
-de nuevo muchas gracias- dijo Hermione mirandole con gratitud.
-bien, si tiene algún problema, diga que va de mi parte- puntualizó el profesor Slughorn con una gran sonrisa.
-de acuerdo profesor-
Hermione se puso en marcha hacia la torre de Gryffindor, donde también los tres se dirigían.
-por eso no estaba en la cama- susurró Ginny acusadoramente.
-¿qué hará con Slughorn?- preguntó Harry incredulo de lo que acababa de ver.
Para Hermione, las fiestas del profesor de pociones siempre habían resultado tediosas y además no recordaba que le hubieran invitado a él a ninguna.
Miró a Ginny.
-a mi tampoco me han dicho nada de que diera una fiesta- dijo ella tras cruzar la mirada con Harry durante el paso por una ventana que les iluminó con la luna.
-vamos, sigámosla- dijo Harry y echaron a andar tras su amiga.
-vaya vaya- exclamó una voz detrás de ellos.
Por un pasillo lateral, después de que lo hubieran pasado, Filch había aparecido con su gata, la señora Norris enredada en sus huesudos tobillos y se dirigía a Hermione que le miraba con tranquilidad, como una niña buena que nunca ha roto un plato.
Pero lo que ni Hermione ni Filch, que tenía una profunda cara de satisfacción, sabían era que Harry, Ginny y Lamia, estaban atrapados entre ambos, invisibles, y que en cuanto Filch empezó a acercarse a ella comenzaron a temblar.
Justo a tiempo, los tres chicos bajo la capa consiguieron apartarse del camino de Filch, pero no pasaron desapercibidos para la señora Norris, que se quedó mirando al aire y tras no ver nada, intentó arañarlos.
-¿qué está haciendo a estas horas por aquí señorita Granger?- preguntó el conserje con voz aguda y doliente.
-tengo permiso del profesor Slughorn- se defendió ella.
Harry cada vez retrocedía más, pero la gata estaba empeñada en encontrar lo que debía haber visto u olido y seguía acercándose gradualmente hacia ellos.
Los ocupantes de la capa invisible llegaron finalmente a la pared.
Ginny tiró de harry y de Lamia al tiempo y como si la pared no existiera, los tres, junto con la capa invisible, pasaron a traves de la pared como si fueran fantasmas y cayeron al suelo de culo, en un aula.
-¿qué?- preguntó Ginny poniéndose en pie de un salto y volviendo a colocar la capa.
-¿cómo?- preguntó harry en alto.
-que guay- dijo Lamia tocando la capa con cariño como si acariciase un gato.
-no sabía que la capa hiciera esto- dijo Ginny asombrada.
-ni yo- tartamudeó Harry.
Se había quedado boquiabierto, era la primera vez que su capa de invisibilidad hacia aquello. Era como haber atravesado el aire, ni siquiera había sentido la pared, solamente…
Alargó la mano y tocó la solida masa blanca que se encontraba ante él. Sintió su firmeza, su dureza. ¿Como era posible que hacía unos segundos la hubieran atravesado como si fuera poco menos que agua?
-¿nunca lo había hecho?- preguntó Ginny sorprendida.
-no que yo recuerde- susurró harry.
Estaba asustado y desconcertado.
Sabía, gracias al señor Lovegood, que la capa invisible, junto con la piedra de la resurrección y la varita de Sauco, eran las tres reliquias e la Muerte, lo cual las convertía en, posiblemente, los tres objetos más poderosos del mundo mágico, ¿era posible que, tal vez, al reunir el año anterior las tres reliquias en él… la capa hubiera adquirido poderes especiales.
Acaso era una locura, alguna especie de broma… o algún hechizo… no había pronunciado ninguno, ni siquiera llevaba la varita en la mano.
-creo que ya se han ido- susurró Ginny.
Con cuidado, por si seguían allí, los tres salieron del aula en la que habían entrado fantasmagóricamente y se encaminaron, sin decir nada, a la torre de Gryffindor.
-lo siento mucho- dijo lamia con desesperación cuando hubieron llegado a la sala común.
-no lo sientas- dijo Harry con orgullo.
-Harry- riñó la pelirroja.
-Ginny, ha ido a pelear por nosotros- defendió Harry con cautela, pues lo último que quería era que su novia se enfadase de nuevo.
-ya pero… no puede ir por ahí saliendo sola por la noche de la torre de Gryffindor para batirse en duelo con otro niño, ni por nosotros ni por nadie- dijo con un tono que no tenía nada que envidiarle al de su madre cuando reñía a los gemelos.
La niña volvió a mirar al suelo como si allí, pequeñito, fuera a encontrar a alguien que la ayudase.
-¿qué dijo ese niño?- preguntó Harry para evitar seguir discutiendo con Ginny.
Lamia elevó la mirada y miró a la pareja, a la débil luz del fuego que repiqueteaba en la sala común, con sus ojos celestes.
-dijo que ibais a romper- dijo la niña tintineantemente –y que… eso era… lo mejor que… le… podía pass… pasar al mundo mágico- lloriqueó Lamia y acto seguido se lanzó a abrazar a Harry y a Ginny cada uno con un brazo.
-Lamia- dijo Harry con sorpresa.
-vamos Lamia- dijo Ginny que miraba a Harry con dolor en su mirada.
-¿vais a romper?- preguntó Lamia mirando a los dos chicos a los ojos.
Ambos se miraron y sin necesidad de palabras, como llevaban haciendo todo el verano, ambos se comprendieron a la perfección.
-Lamia, tenemos problemas si pero…-
-escuchame- dijo Harry con la voz más alta que su novia –mira- dijo bajando la manga de su pijama para mostrar el brazalete plateado con runas escritas que llevaba en su brazo izquierdo. Como impulsada por el gesto, Ginny hizo lo mismo.
-esto son anillos mágicos- dijo Harry con calma –nos los ha dado Norin-
-¿Norin?- preguntó Lamia e inexplicablemente sonrió.
-si- admitió Ginny –y ¿sabes cual es la magia que consigue que se mantengan en nuestros brazos?- preguntó la pelirroja alargando la mano para coger la de harry.
En cuanto Ginny lo tocó lo sintió. Esa sensación cálida y agradable, esa sensación de sentirse protegido volvía, aunque fuese débil, pero estaba volviendo.
-¿qué?-
-el amor- dijo harry en un susurro –el amor es la magia más poderosa que conocemos- dijo Harry que se sentía acongojado tras ver como lamia lloraba.
-¿a si?-
-en efecto- dijo Harry con un tono muy parecido al de Dumbledore.
-pero ahora es tarde Lamia, debemos ir a la cama- advirtió Ginny señalando hacia los dormitorios de las chicas.
Lamia fue resignada a subir las escaleras, pero harry detuvo a Ginny con una mano y se acercó a su oreja.
-mi amor por ti fue lo que me permitió vencer a Lord Voldemort-
mientras subía las escaleras que conducían hacia la habitación de los chicos, Harry pensaba para sí "Dumbledore y yo hemos enseñado a un niño que el amor es la fuerza más poderosa".
-Harry, Harry- le llamó Ron al día siguiente.
Harry abrió un ojo y vió a Ron, estaba vestido y lo zarandeaba con fuerza.
-¿qué quieres?-
-el desayuno-
-no tengo hambre, tengo sueño-
-vamos Harry- replicó Ron.
Harry consiguió, con mucho esfuerzo, levantarse de la cama.
Cuando estuvo listo, bajó a la sala común que estaba prácticamente desierta.
-ya era hora- dijo Ginny con fastidio.
-lo siento- dijo Harry con voz quebrada.
Ella lo miró y le sonrió.
-estos dias me he pasado un poco- dijo la chica y acercándose, le besó, suave y tiernamente en los labios.
-gracias- dijo Harry infantilmente.
Le hacía sentir tan vivo, tan protegido que ella estuviera con él.
-¿dónde están Ron y Hermione?- preguntó pasando la vista por toda la sala.
-ni idea- dijo elevando los hombros.
-en fin- dijo Harry crispado.
-¿me acompaña señorita Weasley?- dijo juguetonamente.
-claro señor Potter-
riendo y jugueteando llegaron enseguida al gran comedor, pero antes de que pudieran entrar, Dean, Seamos y Neville se pusieron delante de los tres.
Harry miró a Dean con odio.
Todavía no le había perdonado que hubiera abrazado de aquella manera a Ginny.
-buenos dias- dijo timidamente Seamos.
-hola chicos- dijo Neville amigablemente.
-buenos dias- dijo agradablemente Ginny.
-¿esperais algo?- preguntó Harry con enfado.
-vamos con vosotros- dijo Neville invitando a la pareja a entrar al gran comedor.
Neville les dirigió a la mesa de Gryffindor, mientras Harry y Ginny se echaban miradas inquietas y Dean y Seamos comentaban en voz baja tras ellos.
En cuanto se sentaron a la mesa, como si hubieran activado un encantamiento aullido, Romilda Vane llegó hasta Harry (echandole a Ginny una mirada furtiva que la pelirroja le devolvió) y comenzó con su voz dulzona.
-buenos dias Harry-
-buenos dias- dijo él sin prestarle atención.
Dean y Seamos se habían sentado un poco alejados de ellos y Neville permanecía al lado de Harry como si fuera un auror.
Dean y Seamos no paraban de echar miradas hacia la puerta nerviosamente.
-¿te pongo zumo de calabaza?- preguntó mirando con enfado a Ginny.
-todas las mañanas haces lo mismo- dijo Ginny elavando la voz –a ver ti te enteras- dijo y le dio a Harry un apasionado beso en la boca que resonó por todo el gran comedor.
De nuevo aquella sensación calida.
-el amor no es eterno, ¿no crees harry?-
-el amor de harry y mi hermana si es eterno- gritó una voz aterradora.
Un chico pelirrojo, alto y delgado, miraba con odio a Romilda Vane y, a su lado, una chica de pelo castaño, largo y enmarañado, sonreía triunfante.
Extrañamente, Romilda miró a Dean con odio.
-¿qué has hecho idiota?- preguntó la chica con un bufido.
-Neville- dijo Hermione con un suave gesto de su mano.
-wingardium leviosa- dijo Neville que, aunque Harry no se había percatado, había sacado su varita mágica y la apuntaba hacia Romilda Vane.
De la manga de la túnica negra que llevaba la chica de cabello brillante y sedoso, salió un pequeño envase, como los que se usan para poner las pociones que cada alumno ha conseguido realizar.
-creo- dijo amablemente Hermione –señorita Vane, que eso pertenece al profesor Slughorn- aclaró señalando al hombre que se aproximaba a ellos desde la mesa de profesores, pero no era el único. Mientras Harry y Ginny permanecían atónitos ante la escena que se estaba desarrollando y que era totalmente incomprensible para ellos, la profesora McGonagall, el profesor Radd y una gran cantidad de alumnos, entre ellos el ejercito de Dumbledore, se acercaban curiosos a la mesa de Gryffindor, donde sus integrantes permanecían en el más absoluto silencio observando atentamente.
Romilda Vane tenía una cara de asco, como si se le acercaran los hijos de Aragog y miraba hacia todas partes buscando una manera de escapar de aquella situación.
-accio pocion- dijo Slughorn que había sacado su varita tan rapido que Harry ni siquiera se había dado cuenta.
Miró el contenido de la poción, era de color nacarado.
Un sentimiento, que al principio no supo identificar surgió de él y se apoderó de su cuerpo, de su mente y de su alma en menos tiempo que que pudo imaginar.
-NO- gritó levantandose y cogiendo la poción que flotaba en el aire.
La miró más detenidamente.
-¿me has estado echando esto?- preguntó Harry mirando a Romilda Vane con una expresión que, aunque intentó que fuese odio, no lo logró.
-calmate harry- le dijo Ron acercándose a él y poniéndole la mano sobre el hombro.
-¿sabes lo que es? ¿sabes lo que ha hecho?-
-si, Hermione lo descubrió- dijo Ron con orgullo señalando a su amiga que rebuscaba en los bolsillos de su tunica y sacaba una pequeña botellita.
-pero no puede ser, esa poción es tremendamente complicada de preparar- dijo Norin impresionado, mirando la poción que Harry agarraba.
-por supuesto Norin- dijo Slughorn con gentileza –pero es que yo me tomo mis clases con gran interés- dijo sonriente.
-¿la preparó usted profesor Slughorn?- preguntó la profesora McGonagall incredula.
Los alumnos miraban de uno en uno a quien iba hablando.
-se la enseñé en mi primera clase- dijo Slughorn que parecía arrepentirse.
-usted no tiene la culpa Horace- dijo educadamente la profesora McGonagall mirando con furia a Romilda Vane que miraba a Dean Thomas como si le fuera a sacar los ojos en breve.
-señorita Vane, a mi despacho, ahora- dijo diligentemente –el retso, volved al desayuno, las clases comienzan enseguida-
Entre tanto, Hermione había vertido el contenido de la poción que Ron había conseguido arrebatarle a harry en su propia botellita y de ella, salía un vapor rosado que ascendía formando espirales.
Hermione sonrió complacida.
-amortenia- dijo y el gran comedor entero dio un gemido de asombro.
Harry miró a Ginny que tenía el ceño fruncido y la mano derecha en un bolsillo de su túnica.
-calmate- dijo acercándosele y cogiendo con cariño la mano que tenía en el bolsillo donde, harry sabía, sostenía con fuerza su varita en vista de una pequeña oportunidad de sacarla.
-sentaos todos- dijo Harry y todo el gran comedor obedeció, aunque no dejaron de mirarlo expectantes.
Romilda vane acompañó a la profesora McGonagall fuera del gran comedor y se perdieron de vista.
-¿cómo lo supiste?- preguntó Ginny a Hermione que le hacía gestos a Dean para que se aproximara.
Cuando se hubo acercado, Harry fue el primero en hablar.
-lo lamento Dean- dijo suspirando.
-no- dijo Dean, la voz le temblaba ligeramente –Ginny- dijo dirigiendo la mirada a la pelirroja y bajando la mirada –Harry- dijo dirigiéndola al chico –mientras Romilda te metía la amortecía en zumo de calabaza… no parecía ser capaz de seguir.
-habla traidor- sentenció Ron con enfado.
-ron- se quejó Hermione.
-no Hermione, él tiene razón- dijo Dean señalando con un leve gesto de su cabeza a Ron –te he estado poniéndo poción de odio en la bebida… el plan era que Romilda se quedaba con harry y yo contigo-
la pelirroja se puso de pie de un salto, Dean enmudeció y retrocedió asustado.
Ginny no se había contenido más tiempo y había sacado su varita con la que apuntaba a Dean que temblaba ligeramente.
Todo el gran comedor contuvo el aliento.
-te… confie en ti… te conté… todo… mis miedos… mis sentimientos… todo lo que era importante para mi… creía que… y todo este tiempo… solamente querias…- Ginny parecía dispuesta a matar a Dean allí mismo.
-señorita Weasley- dijo Norin cariñosamente –por favor-
Ginny miró a Norin durante un instante y luego salió del gran comedor corriendo.
Harry hizo ademán de levantarse pero Ron lo detuvo.
-necesita estar sola- aclaró el pelirrojo.
-muchas gracias Neville- decía Hermione cuando se dirigían a su clase de pociones.
-lo has hecho tú todo- dijo Neville sonrojado ligeramente.
-no todo- dijo la chica y miró hacia atrás, dónde Dean Thomas con la cara palida era arrastrado por su mejor amigo, Seamos Finnigan.
-¿te ayudó?- preguntó Harry interesado en saber exactamente lo que había pasado y mientras, miró por delante y detrás para encontrar a Ginny.
-Dean me lo confesó- dijo Hermione con calma –aunque ya lo sospechaba-
Ron la miró ceñudo y ella se enfadó.
-mira- dijo Hermione entrando en el aula de pociones –Harry y Ginny este verano se amaban, era muy raro que ahora… cuando harry dijo que el zumo de calabaza olia delicioso… -
Pero Harry no escuchó más, había visto algo rojo por la ventana y se acercó. Ahí estaba, junto a un árbol. Parecía completamente fuera de escena. Debía, seguramente, estar a varios años luz de distancia, pensando en sus cosas y Harry decidió no molestarla.
-señorita Granger- dijo el profesor Slughorn entrando a la clase anunciado por su prominente barriga cubierta con terciopelo malva y su boigote de morsa elevado en una sonrisa.
Cuando el último alumno de Ravenclaw hubo entrado, Slughorn cerró la puerta y se aproximó a Hermione con dos botellitas, una con una poción de color malva y optra con una poción azul celeste empañada que a harry le recordó a la mirada lagrimenate de lamia la noche anterior.
-esta para Harry- señaló titubeante Hermione a la poción celeste.
-accio poción Malva- dijo Harry asomado a la ventana apuntando su varita hacia su amiga.
La poción voló suavemente por los aires con la sonrisa de Slughorn hasta la mano de harry, que la contempló con cariño.
Luego, volvió a mirar por la ventana y la furia volvió a apoderarse de su cuerpo. No contento con darle una poción de odio, Dean Thomas, acompañado por Seamos, intentaba acercarse a Ginny que lo señalaba amenazadoramente con su dedo indice.
-apulso- murmuró suavemente harry mientras el profesor de pociones comenzaba a hablar sobre la poción que prepararían ese dia sin importarle, al parecer, que Harry estuviera asomado a la ventana. Pero en seguida detuvo su hechizo. Había conseguido lo que se proponía, Ginny había sido arrastrada un par de centímetros unicamente, pero eso era suficiente para que mirar en todas direcciones en busca del otro anillo mágico. Enseguida consiguió vislumbrar a harry en la ventana del aula de pociones.
Él la sonrió y ella negó con la cabeza.
Harry asintió y, elevando la varita, hizo levitar el frasco con la poción malva hasta Ginny.
La chica lo miró con expresión esceptica, y Harry fingió beberse el aire contenido en su mano para que la pelirroja lo imitase.
Ella miró la poción con rechazo, pero finalmente la bebió.
Harry le lanzó un beso al aire y ella se perdió de su vista.
-ah muchacho- dijo el profesor Slughorn acercánmdose a Harry –siempre he dicho que amortenia es la poción más peligrosa que somos capaces de crear- dijo con tono amargado.
Harry asintió, tenía que estar de acuerdo que aquel mago en esas circunstancias.
En los primeros cursos, cuando Snape hablaba sobre lo poderosas y letales que podrían ser las pociones que les iba a enseñar a fabricar, Harry nunca se lo tomó muy a pecho, pero ahora más que nunca, entendía perfectamente lo que el antiguo profesor había querido decir.
"nublar la mente y aturdir los sentidos" recordó Harry.
-no te preocupes- dijo Slughorn hinchando su pècho, con lo que los botones de su pechera amenazaron con romperse –las pociones que os vais a tomar eliminarán por completo el efecto de la amortenia y de la poción del odio que os habeis tomado tu y la encantadora señorita Weasley- dijo guiñando un ojo a Harry.
-profesor- dijo harry con un hilo de voz –no he tenido tiempo de darle las gracias-
Slughorn pareció alarmado por aquel comentario.
-¿las gracias, Harry?-
-si profesor, gracias a su recuerdo pudimos conocer el secreto de Voldemort y al final- dijo sonriendo a aquel mago recordando como en la batalla final de Hogwarts, él, Kingsley y la profesora McGonagall se habían enfrentado a Voldemort –derrotarlo-
-no hay de que chico- dijo el profesor y por primera vez, Harry creyó haber visto vergüenza en la cara de morsa.
-bueno- dijo poniéndose al lado de Ron y Hermione -¿hacemos… qué poción?-
Hrmione suspiró y le señaló la pizarra en la que se cneocntraban las instrucciones.
Harry abrió el libro de séptimo curso del principe mestizo con la sonrisa de su amigo y la mirada de desden de ella que le señaló la poción.
-por el amor y el odio- dijo Harry mientras se beía el contenido celeste de la botellita.
-Harry- escuchó una voz.
El chico se giró a ver a sus amigos.
-¿qué?- preguntó un poco enfadado.
Ambos se giraron y le miraron sin comprender.
-me habeis llamado- afirmó Harry enfadandose aun más.
Ambos negaron con la cabeza.
-Harry- escuchó de nuevo.
De alguna manera, sin saber como, sin saber exactamente por que, Harry abandonó el aula de pociones tan rápido como sus piernas le permitieron ignorando los gritos de Ron y Hermione.
Esa voz no había sido de ellos, la voz implorante que acababa de escuchar, procedía del brazalete plateado con inscripciones de runas y, como él reconocía perfectamente, esa voz quebrada era de Ginny.
