Nota: responderé a los comentarios del capítulo anterior más tarde, estoy apurando la cena (ups).


Desenmascarada - Parte II: Refugiada - Capítulo 13: Sombras de Belleza

Nada en este mundo existe más allá de la oscuridad.


Sakura abre los ojos con lentitud, sus párpados pesados a causa del cansancio y la más ligera sensación de temor. Lo único que puede ver es el brillo tenue de los cristales de cueva, dibujando sombras extrañas y danzarinas en los muros y el techo. En combinación con el reflejo del agua subterránea, es ciertamente un espectáculo fascinante.

Su espalda descansa sobre un montón de tela; a juzgar por su suavidad, es el saco de dormir que tomó prestado de la casa Shira. En este entorno, se siente bien tener algo familiar cerca.

—¿Crees que se pondrá mejor pronto?

La voz de Misho se hace oír a través de la cueva, su tono callado y secretivo, pero no puede estar muy lejos. Por puro instinto, Sakura cierra los ojos tan rápido como puede. Es una técnica ninja: pretender estar dormido para engañar a los enemigos.

"Pero él no es un enemigo," se reprime ella. Aún así, no abre los ojos.

—Eso depende de ella, ah —responde Maru. El sonido viene de algún lugar hacia la derecha, no más de tres metros. Tras un momento de silencio, la rata continúa—. Piensa en ello de este modo, Idiota: todos nacemos con demonios en el alma. No digo que sean tradicionalmente malos, ah; para algunas personas son cosas como la empatía o el amor. Son cosas que nos fastidian por dentro. Algunos las aceptan, otros no. Tu Rosita es de estos últimos, ah.

—¿Es eso a lo que se refería con "dije no cuando ella me preguntó"?

Sakura no hizo eso… simplemente huyó. La última cosa que recuerda es haber abandonado el paisaje de su mente apresuradamente. Se siente avergonzada de admitir que perdió el control: por un breve instante, se imaginó a sí misma plantándole cara a Sasuke directamente, tal y como su yo interno propuso.

Los pensamientos de la subsequente derrota y sus consecuencias hicieron que entrara en pánico, y antes de que lo supiera, el paisaje veraniego y sus amigos habían desaparecido. Todo estaba frío y húmedo, y podía oír los ecos de voces a través de la cueva de las ratas. La oscuridad devoró el mundo y su consciencia en ése instante, y ya no recuerda qué pasó después.

—Más o menos. Tiene la tendencia a embotellar las cosas en vez de lidiar con ellas, ah. Te apuesto a que tuvo una infancia fácil y nunca tuvo que lidiar con problemas de verdad.

Cállate. No sabes nada sobre mí.

¿No crees que tiene razón?

Tan ilusamente cobarde…

¡SILENCIO!

Vale.

El cuerpo de la pelirrosa tiembla ligerísimamente, sus puños cerrados con tanta fuerza que puede sentir sus uñas hundiéndose en la carne de sus palmas. ¿Qué demonios sabrá esa estúpida rata sobre ella, de todos modos? ¿Quién se cree que es, juzgando su vida sin tener ni idea de como es?

O como era antes.

—¿De veras? Creo que es más fuerte de lo que dices. —Dios bendiga a Misho. Al menos, alguien está de su parte—. Sobrevivió una masacre horrible. He visto a mucha gente pasar por eso… —El niño se calla, su voz convirtiéndose en un susurro—. Y muchos de ellos están locos del todo.

Sakura se siente incómoda, porque por un momento le cuesta encontrar una diferencia entre ella y Sasuke. ¿La hay, de todos modos? La única razón por la que no ha perdido la cabeza por completo es porque no está tan obsesionada con la venganza como él lo está. No, de hecho lo que más desea es poner mucha tierra de por medio entre él y ella. Lo que, a cambio, la convierte en una cobarde. Quizá es mejor así.

Un sonido extraño reverbera a través de la cueva. Tras el susto inicial, la chica se percata de que es la voz del roedor. Suena como a risa.

—Despierta, Idiota. Está loca, ah. Cuanto antes lo comprendas, mejor.

No lo estoy.

Lo estás.

¡NO LO ESTOY!

Silencio. Misho no responde y Maru no se molesta en continuar con sus pensamientos. ¿Es así como la ven? ¿Una simple y desgraciada chica que perdió la cabeza? Eso no se corresponde a la imagen que tiene de sí misma.

Sakura sabe que podría patearle el culo a cualquiera que se le cruzara en el camino. Puede curar sin sellos manuales. Era una de las últimas personas con chakra de sobra, al final de la guerra. Puede romper el suelo con un simple puñetazo…

De pronto, una memoria le viene a la mente: su propio cuerpo, tirado en un charco de agua y sangre, lleno de cicatrices. Roto.

Como si el hecho de que esté de una pieza es puro milagro. Tan agotada y débil, casi como una niña. Es triste y patético, tan distinto de la persona fuerte en que intentó convertirse. No una kunoichi, sino sólo una chica de diecisiete años que apenas logró sobrevivir una guerra y una masacre.

—Tu chica tiene mucho potencial, pero si no es utilizado, se echará a perder, ah —comenta Maru, rompiendo el hechizo. Sakura parpadea. Aún en la cueva. No en Yu. Sólo la cueva—. Puedes mentirle a todo el mundo, menos a ti mismo. Ése es uno de los códigos de las ratas, ah y no es que tengamos muchos.

—¿Por qué dices eso ahora?

—Porque me gusta, ah. Y tú también. Sois un poco estúpidos y os mentís a vosotros mismos sobre otras personas, ah, y tú eres un poquito ambicioso a veces… pero seguís siendo como las ratas, incluso si vuestros cuerpos no lo son. Os preocupa más la seguridad de los otros que la propia. Por eso estoy aquí y no haciendo cosas divertidas —gruñe el roedor.

Su voz no parece distinta, pero… lo que dice suena genuino, tanto como su aire casualmente molesto y sabelotodo. Es raro escucharlo de él, pero no tiene una razón para mentir, ¿no?

—¿De veras? —Misho suena sorprendido, casi escéptico. Está claro que no ha oído muchos halagos de parte de la rata, aunque a juzgar por cómo hablan, se conocen desde hace tiempo.

—Eres idiota hasta la médula, ah. Claro que no, estoy diciendo eso porque está despierta y espiando.

Mierda. Bueno, allá van los planes de obtener información de forma discreta; aparentemente, la rata la vio u oyó despertarse. Estúpido, bastardo arrogante en miniatura… ¿Desde cuándo lo sabe?

—¡Señorita ninja! —canturrea Misho, poniéndose junto a ella de un salto. Incluso con una luminosidad tan tenue, Sakura puede ver su enorme sonrisa—. ¿Estás bien?

Sakura se alza hasta estar sentada, temblando, respondiendo con un asentimiento poco entusiasta. Su mochila está tras su cabeza, así que la chica apoya la cabeza contra ella y echa un vistazo a sus alrededores. Es sólo una pequeña habitación dentro de la cueva, casi totalmente vacía. Está ocupada únicamente por los objetos que la kunoichi utilizó para alcanzar Shimo.

El chico le ofrece parte de la comida y una cantimplora de agua. Sakura tiene la impresión de que ha pasado una eternidad desde la última vez que comió, pero se fuerza a tragar con lentitud. Por fin, Maru les da un descanso, desapareciendo en una nube de humo sin explicación alguna.

En cuanto la rata se ha ido, Misho se abalanza sobre la muchacha con otro abrazo aplastacostillas, y esta vez ella no duda en responder.

—Tenía tanto miedo…

Los dos se miran con confusión, habiendo dicho las mismas palabras al mismo tiempo. Sakura sonríe ligeramente.

—Normalmente, te daría una buena paliza por asustarme de ésa manera —musita ella, mirándolo de forma amenazante. El chico parece encogerse en el sitio—. Pero no creo que pueda hacerlo ahora mismo.

—Lo siento.

Lo siento.

Sakura niega con la cabeza, revolviéndole el pelo distraídamente. Una miríada de pensamientos cruza por su mente, junto con muchas respuestas potenciales para reñirle. Y sin embargo, la chica no da voz a ninguna de ellas, sintiéndose ligeramente ida de pronto.

—Quería salvarte, y al final me salvaste tú a mí —añade el niño, sentándose junto a ella, agachando la mirada. Sakura se limita a asentir, y le deja explicar lo que pasó desde que el chico abandonó Yugakure.

Como ella supuso, la invocación no fue perfecta. Misho acabó exhausto de chakra, en una cueva. Y lo que es mejor: ni siquiera acabó con las ratas. Su afinidad es hacia las salamandras, aunque los roedores lo encontraron casi de inmediato, y decidieron ayudarle.

—Dicen que tengo avaricia de poder, como un dragón —comenta él, con mala cara—. Pero el corazón de una rata. Y yo que pensaba que mi invocación sería impresionante…

De acuerdo a Maru, las ratas se ocultan en las mentiras y las sombras, donde nadie mira, para asegurarse de que ninguno de los suyos es dejado atrás o herido. La descripción es casi perfecta para Misho. Ellas lo vieron como uno de los suyos, y lo salvaron.

—Y desde entonces puedo usar mucho más fuego… pero la verdad es que no puedo controlarlo del todo —admite, una esfera de fuego brillante apareciendo en su mano, como demostración. Su luz danzante es casi dolorosa en los ojos, pero le permite a Sakura echar un vistazo más atento a su pequeño amigo.

No le gusta lo que ve: Misho tiene un aspecto enfermizo, su piel demasiado pálida. Parte de sus ropas se ha quemado y su piel ha sido rozada por el fuego. Sus ojos, sin embargo… Son completamente negros. Antes eran oscuros, pero ahora parecen estar hechos de una oscuridad sin fondo. No hay luz en ellos, ni reflecciones, nada. Están vacíos.

—¿¡Qué pasó con tus ojos!? exclama Sakura, apenas resistiendo el impulso de sujetarle la cabeza para inspeccionar más de cerca.

El niño se muerde el labio inferior y dirige la mirada a las llamas danzarinas que hay en su mano. Parecen estar moviéndose con menos estabilidad.

—Las ratas me curaron, la verdad es que no sabían cómo trabajar en humanos. Fastidió mi chakra. Así que… estoy bien, de verdad. Tratando de ajustarme al cambio —explica él, de forma poco convincente—. ¡Y además! Ahora puedo usar jutsus más poderosos. No bien, pero puedo.

Escéptica, Sakura entorna los ojos y observa su rostro, en busca de otros signos de heridas. Los irises oscuros de Misho trazan cada movimiento de sus dedos sin error alguno, y ninguna de las quemaduras va más allá del segundo grado.

Refunfuñando, Sakura lo deja pasar, pero sólo después de que él jure por su madre (dos veces) que no hay ninguna herida peor. Su temperatura corporal es un poco más elevada de lo que debería ser, aunque eso podría ser simplemente una ligera fiebre.

—Así que… ¿por qué estás aquí? Pensaba que estarías herido o en problemas —comenta ella.

Es extraño estar hablando con una persona de verdad, aunque los pensamientos de la chica se descarrilan de vez en cuando. De todos modos, está lo suficientemente concentrada como para poder mantener una conversación, y es un alivio muy bienvenido después de… bueno, prácticamente todo lo que ha pasado en los últimos días. Se siente como una eternidad.

—Les pregunté, de hecho, pero me dijeron que si usaban su chakra en mí otra vez, podrían pasar cosas malas. Me han estado enseñando a controlar el mío mejor, para que pueda volver yo solo. Supongo que ya no hace falta.

Respecto a eso… el plan maestro de Sakura era llegar hasta Misho. En su apresuramiento, apenas pensó en la manera de regresar. La única razón por la que fue capaz de invocar algo sin tener problemas muy severos de chakra es que las ratas son pequeñas y no requieren mucha energía.

Tuvo una suerte inmensa cuando se tropezó con los archivos del hombre cuyo contrato y sangre utilizó, también: Tomohiro había estado investigando durante mucho tiempo, y era más o menos conocido en Yu, así que no fue difícil encontrar referencias a sus documentos.

El sello se designó para que cualquiera pudiera usarlo, aunque la mezcla especial que el hombre hizo para usar en lugar de sangre no aparecía por ninguna parte, así que Sakura tuvo que usar la de él.

Céntrate. Aunque fue fácil llegar hasta aquí, salir no lo será tanto. Ni ella ni Misho son capaces de usar invocaciones inversas como es debido. Si sólo pudiera acceder el sello Yin correctamente… quizá habría alguna posibilidad de llamar a Katsuyu. Sin una conexión perfecta, invocar a la babosa es casi imposible: la criatura está conectada al sello en sí.

La chica podría usar el contrato de las ratas para volver a Shimogakure… pero lidiar con dos piernas heridas y Misho ralentizaría la marcha considerablemente. En caso de tormenta, sobrevivir sería casi imposible.

Misho la mira atentamente, percibiendo el aire pensativo que despide Sakura. Es probable que el chico haya tenido que lidiar con silencios súbitos muchas veces antes que esta, así que la pelirrosa se limita a darse tiempo para pensar.

¿Quizás alguien en Yu tiene un contrato con las ratas? No parecen estar afiliadas a la aldea… así que quizá no sería descabellado tratar de colar a Misho a través de un sello. Tendrá que pensar en cómo salir luego.

—Por cierto, las ratas están curándote a ti también —comenta el chico. Sakura lo mira, inclinando la cabeza hacia un lado. Seguramente, Misho ha hablado porque sabe que su amiga necesita un plan—. A diferencia de mí, tú no eres una emergencia, así que anestesiarán tus nervios y sistema de chakra. Eso fue lo que Maru me dijo, al menos. Deberías ser capaz de andar en unos dos días.

—Eso cambia las cosas —responde la pelirrosa. Él asiente—. Bien, hasta entonces, ¿querrías practicar control de chakra conmigo?

Misho acepta la oferta de inmediato.


Una campana solitaria resuena en la distancia, el comienzo de una canción que habla de melancolía y un desastre inminente. Y sin embargo, todo alrededor de la kunoichi pelirrosa es un vacío negro. Ella llama sin cesar a Naruto e Ino, incluso a Sachi, pero nadie responde. Los tañidos se alzan en crescendo, pero ella sigue estando ciega y sola.

Una voz familiar se alza en la oscuridad. Sakura quiere gritar el nombre de Misho, pero sus labios no responden. El sonido es incongruente y distante, mas ella sabe que él está cerca. Se siente bien saber que no se ha ido, pero al mismo tiempo, ella se preocupa por la seguridad de su amigo.

Quiere decirle que se marche, porque no se puede defender a sí misma, y aún menos a él. Está en peligro. Sasuke podría llegar en cualquier momento. El pensamiento provoca algo nuevo: un sueño. En el espacio vacío, nadie la oye gritar.

Siempre comienza con un destello púrpura. No puede moverse, no puede escapar, y los gritos llenan el aire y sus oídos y oh dioses los está matando a todos. Y entonces él viene por ella. Sakura se despierta entre temblores y sudor frío, mirando alrededor, aterrorizada. Pero no hay nadie, y está oscuro y vacío de nuevo. El ciclo se repite una y otra vez, tantas que ya no sabe cuándo empezó.

Es mucho peor que antes, porque ahora todas ésas pesadillas están construidas con memorias. Todo ha pasado… y algunas cosas podrían suceder de nuevo. El simple pensamiento hace que su estómago se encoja. Y la consideración de una repetición, simplemente, ahoga su mente en puro horror.

La primera vez que sucedió, apenas podía respirar, su corazón latiendo tanto que pensó que iba a estallar. Nunca antes había estado lo suficientemente consciente como para entender el nombre de lo que le pasaba: un ataque de pánico. Misho estaba allí en un instante, sujetándole las manos en silencio. Lo hacía con facilidad, como si no fuera la primera vez.

Se sentía… natural. Sakura podía sentir el calor de sus manos, incluso si el resto de su propio cuerpo estaba adormecido. Ni siquiera era capaz de distinguir arriba de abajo. Pero él estaba ahí. Ella no estaba sola, ya no.

No fue la última vez: dichas visiones siguen sucediendo, especialmente cuando las ratas están curándola. No hay plumas de cuervo, ni paisajes de verano… sólo memorias que se burlan de ella.

Y sin embargo, la presencia de Misho no ayudaba entonces, y tampoco lo hace ahora. Todo lo que Sakura podía pensar era que Sasuke vendría a por ella, y torturaría al niño frente a sus ojos. Fue vagamente consciente de que vomitó la poca comida que el chico logró hacerle comer, y acabó llorando patéticamente.

"Esto es lo que soy. Nadie podría sacar un guerrero de aquí."

Sakura dejó el paisaje de su mente sin pensar demasiado en las consecuencias. Sólo quería tiempo para pensar en las cosas y calmarse, porque entró en pánico en cuanto comprendió la implicación de lo que Sachi proponía: lucha contra Sasuke. Hay una gran diferencia entre ofrecerse a cambio de la seguridad de Konoha y plantarle cara directamente.

Sasuke subdujo a las malditas Bestias con Cola con una mirada. Provocar su ira sólo puede traer más muerte, aunque sea sólo para dañarla. Su mensaje fue muy claro: ríndete, o haré de tu vida un infierno, quitándote todo lo que te importa.

Ya ha habido bastante muerte a causa de ella. La simple idea de ir contra él.. hace que le tiemble el cuerpo. Las consecuencias de la derrota son algo en lo que no quiere pensar. Si fuera a él sin agresividad, podría haber una oportunidad.

Y sin embargo, sus sueños le muestran lo que le espera si se acerca a Sasuke. Una vez no pueda escapar, desobediencia de cualquier tipo estaría fuera de alcance. Y diablos, tiene miedo. Le duele en el orgullo admitirlo… pero tiene miedo de lo que él podría hacerle. Y no sólo a ella… sin la obediencia más absoluta, todo lo que Sasuke tendría que hacer es dañar a la gente a su alrededor, de nuevo.

No sería nada mejor que una esclava, una marioneta en las manos de otro. Estaría obligada a cometer cualquier tipo de atrocidad para mantener a salvo a sus seres queridos. Sería castigada por el más pequeño error. Él conoce uno de sus mayores puntos débiles, y ya se ha aprovechado de él.

No es una opción. Si pudiera garantizar la seguridad de Konoha, podría ser una posibilidad remota… pero, ¿qué puede ofrecer? Sus técnicas de curación, quizá… Sasuke es demasiado fuerte como para necesitar guerreros.

"Descendencia," susurra una parte oscura de su mente, cada sílaba llena de veneno.

Nunca. Que se tire a cualquier otra si quiere eso. Alguien que haya dado su permiso, si puede ser. Las fanáticas están locas, ¿no? Seguro que no les importa si Sasuke es un villano enloquecido por su poder. Sip, mejor apartar ésos pensamientos hacia un lugar muy remoto en los confines de su mente.

"¿Y ahora qué hago?"

Nada que Sakura pueda hacer contra él logrará nada que no sea dolor, o darle a Sasuke una nueva persona a la que poner bajo su comando.

Mientras ella empieza a recuperar el control de las puntas de sus dedos, se da cuenta. Quizá… quizá no puede hacer nada.


—Noticias frescas, tienes que largarte de nuestro nido, ah —comenta Maru, asustando tanto a Sakura como a Misho. La rata aparece sobre la cabeza de la pelirrosa y se asoma sobre el sello Yin para mirarla a los ojos. La urgencia de su tono acalla sus protestas—. Ahora, cerrad el pico y hacedme caso si no queréis morir, ah. Rosita, no tengo la más remota idea de cómo te colaste en la base de datos de Yugakure, pero se han enterado. Sabes de lo que hablo, ah.

Mierda. Claro… era pedir demasiado, el esperar que pasara por alto durante tanto tiempo. Se lo dijo Riko o-

—Déjame aclararte algo, Rosita. No son ellos los que vienen a por ti.


Nota: adoro los cliffhangers. Se nota, ¿no? Al menos sabéis que la semana que viene tendréis la continuación :) Espero que lo hayáis disfrutado. Como siempre, tanto aprecio como crítica son bienvenidos, ¡nos vemos el sábado próximo!

Respuesta a Guest|Jun.1|Cap.13: se me olvidó que comentaste como visitante ;_; Uf... Qué decir, sé que hay unas cuantas personas que se van a la versión inglesa por adelantar, no es nada xD Y lo cierto es que sí hay cosas que dejo bastante ambiguas a propósito. La verdad es que he leído partes de la narración de ambos libros... reconozco que la de 50 es tan extraña que la leería sólo para reírme, lol. Y sip, lo he leído... me sorprende que haya cosas sobre Sakura/Sasuke en las que "acerté" por así decirlo, y he hecho algunas pequeñitas referencias a Naruto Gaiden. Lo de las gafas fue un poco absurdo, a decir verdad, pero en fin, ¡típico Naruto! Y muchas gracias, estoy mejorando aunque, como siempre, tengo bajones súbitos. Nada terrible, sólo molesto. Muchas gracias por comentar (y vaya pedazo de comentario), y también por el aprecio :D ¡Cuídate!