"Capítulo 14"
Tras diversas juntas con los aldeanos y otras personas importantes, Ryoma llamó a Tezuka a su oficina, para que juntos estudiaran el nuevo proyecto que tenía el ambarino relacionado con el reajuste de los sueldos y el futuro de la economía de Tenipuri, analizando cuidadosamente el modo en cómo estaba constituido, de modo que terminaran con los últimos detalles y lo presentaran frente al consejo de una vez.
El resultado de varias semanas de arduo esfuerzo por parte del Rey de Tenipuri, dieron frutos favorablemente. Dado que, una vez que tuvieron el proyecto terminado, cambiaron ciertas normas y reajustaron el sistema económico, todo se arregló. Tal como había prometido, Ryoma se reunió con el consejo de trabajadores, llamó a todos los aldeanos de Tenipuri para que se reunieran con él en el castillo. Mucha gente asistió al llamado del Rey, incluidas sus familias. Hace años que no se llevaba a cabo una reunión de ese tipo en el Castillo, lo que llamó la atención de muchas personas por el gesto del ambarino, quien no sólo se preocupó de invitarlos cordialmente, sino también tomó en cuenta en los preparativos la comida que se serviría. Los mejores sirvientes se encontraban allí, rodeando las mesas con bandejas con manjares. Los niños corrían por el jardín, disfrutando de todo. Sakuno se encargó de dialogar con las mujeres, en su mayoría dueñas de casa, mientras otras se dedicaban a la artesanía. Todas ellas fueron guiadas por la castaña que les ofreció gran parte de los servicios que estaban programados. Todo era magnifico, incluso el clima les favorecía. Pero aún no comenzaba lo más importante de dicha reunión, el discurso del Rey. Ryoma bebía vino con muchos hombres, aún nadie se atrevía a hablar del tema, porque sabían que de un momento a otro escucharían la respuesta del reajuste.
En su interior, el ambarino se sentía nervioso, nunca en su vida, ni siquiera en su vida en Ponta cuando se realizaban fiestas para todo el Reino, había visto semejante cantidad de personas. Tomó aire, tenía que estar preparado si quería dar una buena impresión. Siendo el Rey de Tenipuri, no podía dejarse llevar por sus inseguridades, al contrario debía ser seguro y demostrarle a todos que gobernaría con honor. Alrededor de toda su vida, siempre había visto como su padre hacía sufrir a los plebeyos, siendo injusto tanto en los sueldos, como en sus necesidades básicas. Sin duda alguna, ese hombre no merecía el puesto de ser el Rey de Ponta, no deberían haberlo permitido. Sí bien había sido un buen hombre con su madre en un comienzo y aparentaba ser una gran persona, toda la buena impresión que tenía de él había cambiado radicalmente, tras haber sido obligado a hacerse cargo de un puesto que no le pertenecía. Sin embargo, gracias a ello, ahora estaba ahí en ese lugar, dirigiendo un pueblo que desconocía por completo, que había oído hablar de él, pero jamás lo había investigado. Todo había cambiado hasta esos momentos, como líder de Tenipuri tenía que respaldarlo de algún modo, por ello se había reunido con muchos soldados de allí, les había pedido que le hablaran sobre todo lo que requería saber para ser un buen líder. Además de haber investigado los escritos que había dejado el anterior Rey Mikiya, los cuales habían sido suficientes para comprender el modo en cómo había sido fundado, sus propósitos y su evolución a lo largo de los años. Hasta había visto fotografías antiguas que permanecían guardadas en vitrinas cubiertas de polvo. Entre ellas, había encontrado fotografías del padre de Sakuno, se veía un buen hombre, imaginaba que su cabello era castaño del mismo modo que Sakuno, pero no podía distinguirlo porque la fotografía estaba en blanco y negro. A su lado derecho, se encontraban sus padres, Sumire y Mikiya Ryuzaki quienes sonreían de oreja a oreja. Parecían encontrarse en el jardín trasero, ya que estaban flanqueados de imponentes árboles de cerezo que podía reconocer por su forma y brillo en la imagen. Pero no sólo se encontraban esa familia de tres personas, también al lado izquierdo del padre de Sakuno, se encontraba una mujer de largos cabellos, no fue necesario preguntarse quién era, porque su mirada lo decía todo…era la madre de Sakuno. Podía notar en su rostro que era similar a ella, tanto en el contorno de sus ojos, como en los gestos que emitía.
Había llegado la hora, todos en el jardín lo admiraban en silencio, sentados frente a él en sillas blancas, mientras él se encontraba de pie en un escenario con un micrófono y un vaso de agua. Carraspeó un momento, su voz parecía haber elegido precisamente aquel momento para no querer salir. Sintió su cuello tenso, dirigió su mirada al público por última vez, tratando de enfocarse en ellos y dar a conocer su discurso. Aunque eso pareció no tranquilizarlo, pero entonces se encontró con los ojos carmesí de la castaña, quien lo observaba en silencio, se veía nerviosa como él, podía notarlo en el modo en como jugaba con su cabello, dejándolo tras de su oreja. Tomó aire, tenía que hacerlo, no sólo por Tenipuri, también por ella que siempre se preocupaba por su bienestar y lo había apoyado en momentos difíciles como aquel.
En cuestión de segundos, escuchó el eco de su voz en el castillo, teniendo un desplante que jamás había creído tener. Comenzó agradeciéndoles a todos por estar ahí, tanto los plebeyos en general, como la gente que siempre lo estaba apoyando. El capitán Tezuka permanecía junto al resto de los Samurai, asistiendo a sus palabras, como si le diera ánimos a seguir con su discurso. Incluso habló de Sakuno, lo que provocó que la castaña se sonrojara cuando escuchó sus palabras, sobre lo mucho que se esforzaba por animarlo, apoyarlo y en estar siempre ahí para él. Su mirada se posó en todos, para finalmente hablar de lo que tenía que hacer. Cuando habló de su propuesta, muchos parecían confusos sobre el reajuste, pero entonces se aclaró la garganta.
—Estuve alrededor de cuatro semanas investigando sobre esto. Gracias al rey anterior, Mikiya que llevaba la cuenta de todo. He encontrado el problema que tenemos actualmente. La economía ha cambiado del mismo modo en como Tenipuri lo ha hecho, en aquel entonces Mikiya-Sama se había adaptado al pueblo de aquel entonces. Lo que si lo piensan en porcentajes, estaba bien en relación a los sueldos y la economía en general. Pero si nos situamos en el Tenipuri de ahora, han cambiado muchas cosas, la taza de ganancias ha subido considerablemente podría decirse que de un 50% que generábamos en aquel entonces ahora está más bien en un 72%. Si lo calculamos de este modo, ustedes están trabajando más, por lo que nos generan más ingresos. Lo que está bien, pero no les estamos pagando lo mismo que generan, sino que mucho menos…porque nos enfocamos en la antigua economía. Por ello, realicé un reajuste en relación a lo planteado. Este proyecto permitirá que todos tengamos mayores ganancias, tanto ustedes como generadores de dinero, podría decirse porque son los que mueven el pueblo con su arduo esfuerzo, como nosotros quienes procesamos el capital. —Tomó un vaso de agua—Esto les propongo, aumentaré su sueldo adaptándose a sus horas de trabajo. —Le hizo una seña a los guardias que aparecieron a su lado, llevando un papel del tamaño de un mapa blanco que tenía un esquema con lo que proponía.
Luego de agradecer por haberlo escuchado, notó como el silencio de apoderó de todos. Sus ojos se posaron en el hombre que había confiado en él anteriormente, ¿lo habría hecho bien? Tal vez aun debía presentar otras mejoras, suspiró no sabía qué hacer en esos momentos. Pero entonces, escuchó un aplauso correspondiente a la primera fila, donde estaban los trabajadores de las fábricas, luego se propagó por la segunda, hasta que todo el jardín terminó aplaudiéndole, incluso ella. Sakuno esbozaba una gran sonrisa, felicitándolo a la distancia, lo había hecho bien. Finalmente el pueblo lo aceptaba.
Cuando la reunión terminó, muchos se acercaron a él a felicitarlo y brindarle su apoyo en todo lo que necesitara, mencionándole además el buen desempeño que había tenido a pesar de ser tan joven. A los pocos minutos, Momo se acercó a él sin preámbulos y lo estrelló contra él, dándole palmadas en la espalda. Visto eso desde otro ángulo, podría ser una falta de respeto. Pero ellos eran amigos, así que nada importaba en esos momentos. Eiji y los demás también aparecieron frente a ellos, imitando el gesto de Momo. Tezuka en cambio, le estrechó la mano para decirle "Buen trabajo". Sakuno esperaba ser la primera en hacerlo, pero no se había atrevido hasta ese momento. Cuando sus pies se encontraban a tan sólo metros de él, los demás hicieron a un lado para dejarla pasar, incluso se dispersaron en el jardín, con la excusa de ir a festejar.
—Felicidades, Ryoma. —Sonrió sonrojada. —Lo has hecho muy bien, por fin eres aceptado por todo el pueblo. Sabía que lo lograrías.
—Gracias, Sakuno. Sin embargo, no podría haberlo hecho sin ti.
—S-Sobre eso, lo que mencionaste en el discurso. —Desvió su mirada nerviosa—Gracias…no creí que fuera de tanta ayuda para ti.
—Siempre lo eres.
—Ryoma yo…
Kachiro apareció sin previo aviso, llevando una carta en sus manos. Se disculpó por la interrupción y felicitó al ambarino por su logro, para anunciarle que había llegado una carta de Ponta. "Ve, no te preocupes por mí" le susurró la castaña, frente a lo cual asintió y fue a leerla en privado. La castaña lo observó en silencio, esperaba que no fuera nada grave.
—Aquí estabas, Sakuno. —Sonrió Tomoka a su lado
—Oh, Tomo-Chan ¿Cómo estás?
—Bien, cansada por todo. Pero feliz porque todo salió bien.
—Es verdad, al fin Ryoma-Kun es aceptado.
—Sí, me alegro por él. Por cierto, tengo algo de qué hablarte ¿Tienes un minuto?
—Sí, por supuesto. Vamos a sentarnos un momento.
Tomoka siguió a la castaña por los alrededores del bosque, hasta que se encontraron completamente solas se sentaron en una banca bajo los árboles que le daban sombra. Sakuno respiró profundo, dejándose llevar por el viento fresco. Les hacía falta descansar por un segundo así. El cielo raso les brindaba un hermoso día.
—Quería hablarte sobre mi hermana Makoto, pues verás…ella y el chico con el que estaba saliendo terminaron hace algunas semanas. Por ese mismo motivo, ella ha estado desanimada, no come mucho y sólo duerme. Mi madre me ha escrito que está preocupada por ella y no sabe qué hacer al respecto. Me había pedido si podía animarla de algún modo, pero como tengo mucho trabajo en el castillo…pensaba que podría venir a quedarse unos días. Así podría estar con ella y ocuparme del trabajo.
—No hay ningún problema, Tomo-Chan. Puede quedarse lo que estimes conveniente, Makoto siempre ha sido una chica tranquila, de seguro necesita tu apoyo en estos momentos. —Sonrió pensativa—Sin embargo, me sorprende que hayan roto su compromiso, considerando lo enamorados que estaban.
—Sí, yo tampoco lo entiendo. Quién sabe, por algo pasan las cosas.
—Es verdad. De seguro el destino le tiene preparado algo mejor.
—Sí, eso espero. No quiero que vuelva a sufrir. —Suspiró—Oh ahí viene Ryo-Sama, quizás debería irme.
—No es necesario, puedes quedarte.
—No te preocupes por mí, Sakuno. Aún tengo muchas cosas de las que encargarme. Nos vemos después. —Le esbozó una gran sonrisa—Por cierto, gracias por permitir que venga.
—No es nada, me agrada Makoto-Chan. Espero verla pronto.
Cuando el ambarino llegó a su lado, Tomoka ya se había extinguido en el bosque. Notó su mirada pensativa y lo invitó a sentarse. En sus manos sostenía aun la carta doblada, como si escondiera algo importante. Pero para su sorpresa, él no dijo ni una sola palabra, sólo sostuvo su cabeza entre sus manos y miró el sol que se veía diminuto desde esa distancia, pero con una luz resplandeciente que lo obligaba a desviar la mirada.
— ¿Interrumpí algo?
—No, para nada. Sólo charlábamos. —Suspiró—Por cierto ¿Era de tu madre? ¿O tal vez era de…?
—Era de mi madre, ese estúpido vejestorio no enviaría una carta.
—Ah ¿Y qué decía?
—Dice que saldrá de viaje a resolver algunos asuntos. No me menciono cuales exactamente, pero tardará algunos meses en regresar. Por lo mismo, me pidió que cuidara a Dan en su ausencia. Aunque es grande, en algunas cosas es demasiado inocente.
—Lo entiendo, entonces Dan ¿Vendrá por un tiempo? —Preguntó emocionada.
—Sí, hasta que regrese ella ¿Por qué te alegras?
—Porque al fin podré conocer a Dan-Kun, además es un buen momento para que pasen juntos más tiempo.
—Es verdad, pero pensé que te incomodaría su presencia.
— ¿Eh? Por supuesto que no ¿Cuándo vendrá?
—Si respondo la carta ahora mismo, pienso que dentro de dos días.
— ¿Pedirás un carruaje para él? ¿O irás a buscarlo?
—Un carruaje llamaría mucho la atención, pensaba que podría venirse a caballo.
— ¿Eh? ¿Solo? ¿No será peligroso?
—Es inocente en algunas cosas, pero si sabe venirse a caballo.
—Oh es verdad, Dan tiene 16 años ¿no?
—Sí ¿Porqué lo preguntas?
—Porque precisamente mañana vendrá una chica de esa edad a quedarse. —Sonrió—Se pueden hacer compañía mutua.
— ¿De quién se trata?
—De Makoto-Chan, una de las hermanas menores de Tomo-Chan.
—Ya veo, aunque él es un poco…tímido.
—Ella también lo es.
—Sí es así, espero que se lleven bien.
Tal como le había prometido el ambarino, le escribió a su madre de inmediato, de modo que si tenía suerte la carta le llegaría antes del atardecer. Tras haber ordenado el jardín, todos celebraron la victoria en el salón, bebiendo el mejor vino de Ponta que habían extraído y disfrutando de la deliciosa comida que les habían preparado. Esta vez, no sólo los samurais comieron con ellos, también los guardianes reales. Por ello, Momo y Ann se encontraban justo frente a frente, se dirigían miradas sigilosas y se sonreían como si se comunicaran entre ellas. Dicha acción no pasaba desapercibida por Kamio, que su sangre le hervía en la cara de verlos juntos, no podía ser que ese chico de ojos violeta ya se hubiera ganado el corazón de Ann, considerando que él la conocía de mucho antes y había luchado por su amor por más años. Pero ahí estaba la derrota, precisamente frente a sus ojos, podía ver como ambos se dedicaban miradas correspondidas. Suspiró, no soportaba seguir estando en ese mismo lugar. Así que apenas sostuvo su copa de vino, se la tomó raudamente sin pensarlo, sorprendiendo a los demás que por primera vez le prestaron atención a sus actos. Incluso la hermana de Tachibana estaba ahí observándolo confundida, rompiendo aún más su corazón.
— ¿Te sucede algo? Kamio—Preguntó Tachibana desconcertado.
—No es nada. —Susurró desviando la mirada.
—Sí no te sientes bien, puedes retirarte.
—Tiene razón, eso haré. Con su permiso. —Hizo una reverencia a los reyes y se marchó agradeciendo por la comida.
— ¿Qué le habrá pasado?—Preguntó Ann aturdida.
—No lo sabemos. —Comentaron los guardianes reales.
Tras la partida de Kamio, comieron postre y charlaron sobre lo sucedido en la junta, muchos escucharon comentarios positivos en torno al nuevo Rey, lo que significaba que la tasa de aprobación había subido considerablemente a lo que era en un comienzo, cuando todos desconfiaban de él y no lo aceptaban. Eso enorgulleció más a la castaña de ojos carmesí que para la sorpresa del ambarino, posó su mano sobre la suya bajo la mesa, diciéndole "Felicidades". La calidez de su mano, hizo que su corazón latiera sin saber porqué, pero dejándose llevar por sus impulsos rodeo su mano justo antes que se levantara, para encajar en los orificios de sus dedos. Lo que provocó que la castaña se sonrojara sin verlo venir, "Gracias" le susurró Ryoma. Sus manos permanecieron unidas bajo el mantel, hasta que los sirvientes volvieran a hacerse cargo de sus asuntos y se marcharan.
— ¿T-Tienes planes para ahora? —Se aclaró la garganta la castaña, cuando sus manos se apartaron.
—Pues…pensaba ir a la oficina ¿Por qué?
—Ah, es que quería enseñarte algo.
Sin darse cuenta, la estaba siguiendo por las escaleras. Atravesaron el oscuro y largo pasillo, para detenerse en una habitación que nunca antes le había prestado atención. Era un cuarto flanqueado de estantes en su mayoría de libros. Tenía deseos de toser por el polvo que sentía en el aire. Parecía que los sirvientes ignoraban por completo esa habitación y jamás se hubiesen preocupado por ella. Un gran balcón de cortinas amarillas, ocultaban el jardín delantero. Además la habitación contenía muchos retratos, pertenecientes a los ancestros de los Ryuzaki, todos llevando el mismo apellido, pero con distintos atuendos. La castaña se puso de rodillas para abrir un baúl y buscar lo que deseaba. El simplemente miraba hacia todos lados confuso, esa habitación debía mantener oculta miles de secretos, ya que no sólo habían retratos con fotografías, también habían paisajes maravillosos del monte fuji, creados con prolija. Entonces se encontró con dos joyas descansando en una cómoda, una era una relicario de color oro, esos porta retratos que la gente solía llevar en su cuello a todas partes. Y junto a él, había una especie de camafeo color rubí (Joya ovalada) que irradiaba luz.
—Aquí está—Anunció Sakuno, sacudiéndose el vestido. —Sabía que estaban por aquí.
— ¿A qué te refieres?—Preguntó curioso, entonces no fue necesario preguntar más, frente a él había dos raquetas de tenis de madera. Eran similares a las que tenía en ponta, pero incluso aquellas se veían más valiosas. Estaban cubiertas de polvo, pero si las limpiaba estarían como nuevas.
—Pertenecían a mi abuelo y mi abuela. Las de mi padre se quemaron en el incendio, de modo que estás eran las últimas que quedaban. —Sonrió —Si deseas, puedes probarlas.
— ¿Eh? Pero si aquí no hay…
— ¿Pelotas y canchas de tenis?—Enarcó una ceja, leyendo sus pensamientos. —Si las hay, no has recorrido todo el bosque parece.
— ¿Las hay?
—Por supuesto, mi abuelo no podría haber vivido sin ellas. Ven, te las enseñaré.
Efectivamente no se había dado el trabajo de recorrer todo el bosque que rodeaba el castillo, porque entonces se habría percatado que la castaña decía la verdad. Ya que ahí, frente a él se encontraban unas pistas para tenis escondidas. No estaban en tan malas condiciones como creía, pero sí servían para probarlas. Tomó una pelota de tenis y la lanzó hacia el cielo, extrañaba esa sensación que sentía cuando la veía caer hacia él y podía lanzarla lejos en cuestión de segundos. Sakuno aplaudió sorprendida, era muy bueno haciendo saques con efecto, ni ella había sido capaz de aprender aquello en sus años que vivió con sus abuelos. Pero ahí estaba él, sorprendiéndola una vez más con su inteligencia.
—Puedes quedártela, si lo deseas.
— ¿Estás segura? Está en buen estado para llevar tantos años guardada—Jugó con la pelota otra vez.
—Sí, por eso mismo quiero dártela. Estoy segura que mi abuelo habría hecho lo mismo, preferiría que alguien que amara el tenis como él la tuviera, en lugar de dejarla en el olvido en un baúl sin valor alguno.
—Gracias…por cierto ¿Quieres jugar?
— ¿Eh? N-No, no podría. No soy buena en tenis, ya lo he mencionado. Nunca lo he entendido. —Rió nerviosa.
—Podrías intentarlo, no es tan complejo como se ve.
—Pero…no sé mucho.
—Descuida, aprenderás si lo deseas.
Entonces confió en sus palabras, por lo que se dedicaron toda la tarde a practicar. Hasta que el cielo tiñó de naranjo todo y el sol se escondió, fue cuando decidieron desistir de aquello porque se estaba volviendo fresco. Sin embargo, volverían a hacerlo otro día, porque a Sakuno comenzaba a generarle divertido con él. Como si todo lo gris de la vida, ahora fuera multicolor cuando Ryoma estaba a su lado y le cambiaba el sentido a las cosas que creía. Percibiendo todo distinto, más agradable.
A la mañana siguiente, alrededor de las 10 hrs se encontraban en su oficina revisando unos papeles con Sakuno, cuando Horio entró informando que había llegado un chico de Ponta. Los ojos de la castaña se abrieron de par en par, sabiendo lo que eso significaba. Al dirigir una mirada cómplice a Ryoma, quien asintió y le ordenó a Horio que lo hiciera pasar. A los pocos minutos, Dan apareció en el umbral de la puerta tímidamente. Miró hacia el interior de la habitación confuso, buscando a su hermano tras esa pila de papeles, entonces lo vio sonriéndole a la distancia y corrió sin pensarlo a sus brazos. Sakuno percibió la escena encantada, Dan era tan tierno como lo imaginaba, su cabello negro le recordaba al de Ryoma y hasta tenían la misma mirada. Lo único distinto era el tono de su voz, pero sin duda era su hermano.
— ¿Cómo estuvo el viaje?
—Bien, salí antes del amanecer para seguir tus instrucciones. Pero cuando llegué a la entrada del castillo, estaba algo confundido por el acceso. —Rió nervioso—Entonces me condujeron hasta aquí.
— ¿Te preguntaron algo en la entrada?
—Nada, pero si lo hacían ya estaba preparado.
—Qué bien, entonces te enseñaré todo.
—Oh…no me había percatado, ¿ella es?—Susurró Dan sonrojado al ver a la castaña observándolo.
—Sí, ella es Sakuno…mi esposa.
—U-Un gusto conocerla, soy Dan... —Se aclaró la garganta nerviosa, se parecía mucho a su madre pero versión más joven.
—Sé quién eres, no te preocupes. Estoy al tanto de todo. —Le sonrió, notando como Dan miraba confuso a su hermano y luego a ella. —Es un gusto conocerte, Dan-Kun.
— ¡E-El placer es mío!—Sentenció nervioso.
Lo condujeron hacia su nueva habitación y le entregaron ropa de la realeza, para que actuara como el primo lejano del ambarino, destacando por supuesto que le decía "hermano" de cariño, para que no causara grandes sospechas. Después de haber tomado un baño y haberse vestido, bajó por las escaleras nervioso. Todos los sirvientes lo miraban cabizbajos, murmurando el gran parecido que tenía con el rey, como si fueran hermanos, pero no lo eran según los rumores. Aturdido, tomó aire y se preparó para caminar a zancadas hacia el salón, esperando encontrarse con su hermano, pero no lo veía por ningún lado. Su corazón latió a mil, nervioso por no saber a dónde dirigirse. Se volteó de regreso a la escalera, cuando de súbito chocó con una chica que alcanzó a sostener de la mano.
—L-Lo siento, fue mi culpa. —Habló Dan nervioso.
—N-No es verdad, la culpa fue mía. Le ruego que me disculpe, si mi hermana se entera…se enfadará conmigo—Se sonrojó una chica de cabello castaño de su estatura. — ¿Acaso usted es el rey?
—No lo soy…él es mi pariente lejano.
—Oh ya veo, lo he confundido. Es la primera vez que vengo al Castillo. —Rió nerviosa
—Yo también, por eso estaba algo confundido ¿Sabes dónde está él? ¿O Hime-sama?
—Ahora que lo mencionas, la he visto ir al jardín.
—Oh, la buscaré entonces. Gracias…
—S-Soy Makoto…Osakada. —Hizo una reverencia.
—Yo soy…Dan Takeuchi. —Sonrió nervioso—Iré a buscar a mi her…a Ryoma. Nos vemos, Osakada-San.
—Desde luego, nos vemos.
Al caminar al jardín los vio, ambos estaban tomando té en unas mesas de vidrio frente a los rosales. Cuando se percataron de su presencia, lo invitaron a que se sentara para desayunar.
—Te queda muy bien esa ropa. —Habló la castaña, mientras revolvía agregaba azúcar a su té.
—Gracias, Hime-Sama.
—Puedes decirme Sakuno.
—Está bien, Sakuno-Hime ¿Está bien?
—Sí, mejor. —Rió nerviosa, porque aún le decía Hime.
—Cuando bajé creí que estaba perdido, no podía encontrarlos. —Susurró Dan sonrojado—Gracias a una chica pude hacerlo.
— ¿Una chica? ¿Cómo era?
—Llevaba el cabello envuelto en una cinta, era castaño oscuro.
— ¿No era Tomo-Chan?
—No, se llamaba Makoto.
—Oh es la hermana menos de Tomo-Chan. Qué bueno que se hayan conocido.
—Es verdad, Osaka tiene la misma edad que tú. Se quedará un par de días también. —Habló esta vez el ambarino, sorprendiendo a Dan.
—Ya veo…
—Cuando terminemos de merendar, te mostraré el castillo. Y podré presentarte a los Samurai.
— ¿Te refieres a Seigaku? —Preguntó emocionado.
—Así es.
Continuará…
Hola! ¿Cómo están? Espero que bien, lamento la demora.
Gracias a todos los que comentaron, espero que les guste también este capítulo :D
Trataré de actualizar más seguido n.n
Mi página de facebook es Hinata-Sakuno fanfiction
Saludos!
