Capítulo 14 Recuerdos de adolescencia 1

Gwizdo coloco sus manos en puño sobre su cadera orgulloso de su trabajo. La decoración de la posada del Dragón Roncador había quedado excelsa. Faltaban solo un par de horas para recibir a los invitados y esperaba que Jennyline supiera valorar todo su esfuerzo. No llevaban mucho viviendo en ese lugar y aun no le tenía mucha confianza a esa mujer, además sentía algo raro cuando ella le clavaba los ojos. Le ponía la carne de gallina.

Zaza la pequeña hija de la mujer grito feliz al ver las guirnaldas y sobre todo el gran centro de mesa, corrió a abrazarlo gritando lo maravilloso que sería la fiesta. Con ese entusiasmo corrió escalera arriba para cambiarse de ropa y estar lista a tiempo, quería que llegara su hermana Zoria para mostrarle su hermoso vestido nuevo.

Gwizdo meneo la cabeza, para él era incomprensible todo eso. En su opinión era un desperdicio de dinero.

—Si te conozco, y te conozco. —Aseguro la voz. —Estas calculando cuánto dinero costo esta fiesta. —Dijo Zoria entrando por la puesta y soltando aquella frase en forma de saludo. Él la miro notándola levemente más alta. Hacia cuanto que se marchó de la posada, días, semanas… ya no recordaba, lo que si tenía bien presente fueron esos dos años en que ella se aferró a ser la aprendiz de Lian-chu. Y a él no le quedo de otra que enseñarle como hacer cuentas básicas para que no la timaran.

—Debes admitir que nos ahorraríamos mucho dinero si…—Contesto queriendo centrarse en la actualidad y no en aquellos viejos recuerdos que de nada le servían.

—¿Nos?… Gwizdo, no creo que tu hayas puesto nada de…

—Pues te equivocas. Lian-chu se empeñó en cooperar este año. Así que me obligo a buscar a un Borbak para que fuera la cena.

—Cenaremos Borbak, será un festín. —Declaro con entusiasmo, hacia un buen rato que no comía nada decente, pues aunque volvía esporádicamente a la posada, la verdad la vida era muy dura.

Gwizdo dio un resoplido al recordar que si hubiera vendido esa presa seguro que al menos ganaba unas 50 guineas. Señor, Señor. 50 guineas.

—Tu madre quiere que te cambies. —Resoplo intentando dejar el tema de lado. Ella rio y subió al cuarto de su hermanita.

—Espero que para la fiesta de esta noche estés de mejor humor.

Gwizdo no contesto nada, espero a que la cazadora, porque eso era, o seria… terminara de subir para hacer lo mismo. Una vez en su habitación se dejó caer en su cama. Se sentía deprimido y no precisamente por ver a Jennyline derrochar. No, su malestar estaba en…

—Gwizdo, voy a darme un baño rápido. ¿Tú no piensas tomar uno?

Gwizdo se levantó hasta quedar sentado y negó, Lian-chu no insistió más. El pequeño contratista entrelazo sus manos mientras miraba sus pies aplastarse uno con otro. Había esperado tener un poco de dinero para esa fecha y así poder regalarle a su migo algo de ropa nueva. La mayoría estaría de gala y ellos…

—Maldición. —se reprochó sintiendo las lágrimas inundar sus ojos.

Por eso odiaba los días de fiesta. Solo le recordaban lo infeliz que era, lo poco que podía tener, lo poco que podía ofrecerle a Lian-chu. Le recordaban los días en el orfanato. Miro sus zapatos gastados y sus prendas todas remendadas. Esa no era la vida con la que soñaba cuando se fueron del orfanato.

Con desgano camino hasta el armario, de ahí, dentro de un baúl, saco un pergamino bastante amarillo. Con cuidado lo desenrollo y sus ojos azules rápidamente recorrieron cada renglón. Sus mejillas se colorearon de carmín y las lágrimas no pudieron ser contenidas por más tiempo. Sus dedos acariciaron la "X" al final del contrato.

Lian-chu había firmado sin dudar. Sin leer el contrato que él le había extendido cuando se fugaron. Y Gwizdo aún no lograba realizar su parte del contrato. Aunque seguramente jamás se le paso por la cabeza a Lian-chu preguntar por el tipo de documento que estaba firmando.

De haberlo hecho Gwizdo no hubiera sido capaz de leérselo. Sería demasiado vergonzoso, porque los términos, aunque simples, los comprometían a permanecer juntos de por vida y a velar el uno por el otro en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad hasta…

—En que estaba pensando cuando escribí esto. —Grito jalando las orejeras de su gorra de piloto.

—¿Gwizdo? — Llamo Lian-chu desde la puerta. —Jennyline dice que bajes.

Gwizdo miro a su amigo y enrollo rápidamente el pergamino para volverlo a guardar. Luego lo miro de frente y sin decir una sola palabra se fue a sentar en la cama nuevamente.

—¿Gwizdo?

—La verdad grandote. No tengo hambre. Pero baja tú.

—Gwizdo ¿Qué es lo que sucede?

Gwizdo desvió la mirada hacia la ventana sin saber porque la cercanía de ese hombre siempre lo vulneraba. Sintió la mano del cazador recorrer sus hombros hasta rodearlo y de un rápido jalón atraparlo en un abrazo. Gwizdo se abrazó fuertemente, estaba mal. Estaba muy mal depender a tal grado de Lian-chu pero no podía evitar pensar que toda su vida giraba alrededor de ese hombre.

Lian-chu había sido el principio de una vida mejor, el término de su soledad y su "POR SIEMPRE" felices, aunque sabía que eso no existía. Lo peor era que él no había logrado darle nada a cambio más que ¿? Bueno, no sabía si le había dado algo a cambio.

—Sabes que puedes decirme cualquier cosa que te preocupe. —Intento consolar el cazador obteniendo como respuesta un temblor en los hombros de Gwizdo que lo asusto. Su amigo podía ser un cobarde pero rara la vez lloraba. —Gwizdo.

—Yo… yo no quiero que bajes. Quédate aquí, conmigo.

Lian-chu no sabía a qué venia esa petición. Porque tan de repente el estafador parecía negarse a socializar cuando le encantaba ser el centro de atención.

—Gwizdo. Mírame. —Pidió tomando el mentón del más pequeño. —Sabes que voy a protegerte de todo. ¿Verdad?

El contratista asintió.

—¿Entonces qué es lo que sucede?

Gwizdo observo el rostro sereno de su amigo de la infancia, su fisonomía ya era la de todo un hombre, su hombros, torsos y brazos se notaban fuertes, la estrecha cintura a la que antes él se aferraba ahora solo servía para marcar aún más esa musculatura digna de cualquier semental.

Pero….

Ahí estaba de nuevo, las mayas de su amigo lucían desgastadas y eso que él grandote tejía, sus ropas y armadura tampoco estaban mejor, y sus zapatos necesitan ser cambiados lo más pronto posible.

—Sabes. Tengo un regalo para ti. Pensé en dártelo después de la fiesta pero creo que puede levantarte el ánimo.

Gwizdo miro sorprendido como Lian-chu se levantaba para sacar de debajo de su colchón un pequeño morralito de tela que le tendió con una brillante sonrisa.

Gwizdo se estremeció al sentir el peso del regalo en sus manos. Sonrió como pocas veces lo hacía, se levantó y camino al armario.

—Yo también tengo un regalo para ti grandote.

Ambos miraron los obsequios y en un mudo acuerdo los abrieron al mismo tiempo. O así debió ser, porque Lian-chu solo podía contemplar el rostro Gwizdo.

Gwizdo se quedó anonadado ante la gema que brillaba frente a sus ojos. Por el bellísimo color azul debía ser un zafiro. Solo esa joya podría comprarles diez granjas como las que soñaban. Pero si Lian-chu tenía algo como eso, ¿Por qué seguían trabajando en ese oficio tan peligroso?

—Era la posición más preciada de mi aldea. La tome antes de marcharme. Es el único recuerdo que tengo de mi aldea, de mis parientes, de mis padres.

Gwizdo bajo la cabeza. Apretó la piedra sujeta por una burda cuerda y sin pensarlo dos veces se la colgó al cuello.

—Voy a cuidarla mejor que a mi vida.

Por dentro se juró que cumpliría esa promesa por sobre cualquier cosa.

Lian-chu al fin exhalo el aire que no había notado contenía, se había tardado mucho en decidir el regalo perfecto y cuando lo tuvo, volvió a repensar si estaría bien darle eso, pues su mayor temor era que Gwizdo insinuara que al venderlo ellos podrían tener esa vida con la que tanto soñaban pero… que le heredaría a sus hijos. Si vendían la gema perdería lo último que lo ataba a su pasado, a sus raíces. Por suerte el contratista ni siquiera lo menciono y Lian-chu sabía que podía confiar en él porque no lo traicionaría.

Ante la expectativa Lian-chu no había terminado de desenvolver su regalo, ahora ya más calmado término de abrir la caja. Sus ojos se abrieron de la impresión, ¿era real lo que estaba viendo?

—Mira no sé si elegí bien, yo no sé nada de armas, además, creo que te servirá de mucho y bueno… ¡ah! Si no te gusta puedo devolverlo y escoger cualquier otra cosas que…

—Es perfecto. ¡Un sable de Cazador!

Gwizdo no supo que decir mientras volvía a estar rodeado de aquellos brazos poderosos. Sus mejillas encendidas delataban el tumulto de su corazón.

—De nada grandote. —Contesto correspondiendo el abrazo.

No era un fin de año cualquiera, porque este año dejaban de ser huérfanos e iniciaban su vida como cazadores de Dragones oficiales, no se dijo y quizá a Lian-chu ni le importaba pero después de dos años de pagar licencia y leer y firmar acuerdos por fin estaban reglamentados como Cazadores de Dragones. Ahora si era oficial. Se habida ido toda su parte del pequeño capital que le había robado al tipo de Zoe o Zoria como se hacía llamar hoy en día pero había valido la pena. La otra mitad… la otra mitad y solo por Lian-chu la tenía Jeanneline para cuando la chica lo llegara a necesitar.

Una vez que Lian-chu soltó a Gwizdo desenfundo la espada, el filo cortando el aire estremeció al pequeño contratista. Era todo un espectáculo contemplarlo.

El espadachín admiro el arma, era un trabajo exquisito, el artesano seguro que dedico mucho de sí en aquel sable. ¿Cuánto habría pagado Gwizdo por él? Aunque ahora que lo pensaba, ya lo había visto antes. Aunque no recordaba bien en dónde.

Con ternura Lian-chu observo a Gwizdo. —Vamos a dormir. —

Gwizdo lo miro asombrado. ¿De verdad pensaba complacerlo y se quedarían en esa habitación?

—Pero como voy a perderme una gran cena, tendrás que compensármelo.

Gwizdo parpadeo varias veces. A que se refería con compensarlo. Nunca se imaginó aquella palabra saliendo de la siempre amable y condescendiente boca de Lian-chu.

—¿Hoy dormirías conmigo?

Gwizdo jamás terminaría de agradecer la calidez de Lian-chu porque solo él sabía cómo tratarlo y que decir en el momento propicio.

Esa noche durmieron juntos y Gwizdo no volvió a pensar en aquello que no tenía, aunque no perdería de vista lo que llegarían a conseguir de permanecer juntos.

Si no sabes qué regalar a tus seres más queridos en Navidad, regáleles tu amor.

Continuara….

Feliz navidad y un Feliz año nuevo. Que todos sus sueños se cumplan my ladys.