Y empieza la cuenta atrás. Para todos.
Sé que los episodios son muy cortos y que tienen muy poco contenido de lo que verdad importa (Delena-Bonkai) pero prometo que esto cambiará en Su Mirada, solo disfrutad de esta tensión que hay en esta historia.
Palabras: 3,641
Episodio XIII.
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La calle estaba sumida en una completa oscuridad, no se escuchaba más nada que el ir y venir de los coches, pero a Hayley eso no le preocupaba en absoluto, llevaba un par de horas dando vueltas, buscando un sitio seguro donde refugiarse, por lo que no le prestó atención a su entorno.
Estaba más concentrada en la idea de que por fin, al día sería completamente libre, que no miró por donde iba o quien estaba a su alrededor, su cabeza no podía procesar otra idea que no fuese huir, tener una vida normal y corriente, con su pequeña que ahora reposaba entre sus brazos, se le encogió el corazón al saber que no podría conocer a su padre, pero descartó ese pensamiento tan rápido como vino, no podía permitirse ser débil y mucho menos con los Mikaelson pisándole los talones.
Maldecía el día en que decidió aceptar trabajar para ellos. Ambos necesitaban el dinero, Jackson era camionero, un buen transportista pero con un sueldo de porquería, trabajar para Petrova y Mikaelson fue como una brisa veraniega, refrescante pero agotador, porque al final del día, eso les iba a pasar factura, como ahora, que por un motivo o por otro, habían decidido usarlo de conejillo de indias hasta acabar con su vida.
Una lágrima rebelde resbaló por su mejilla mientras acelera el paso, nunca más iba a permanecer en silencio, todo acabaría en un par de horas, apretó a su bebé y desapareció por las calles de Nueva York.
Las calles se fueron estrechando, el sonido se fue apaciguando hasta ser sólo una pequeña vibración en la distancia, pero el pánico de Hayley aumentó por momentos, en cuanto sus sentidos se dispararon quiso correr, pero no había escapatoria, alguien tiró de su brazo al mismo tiempo que empezaba a correr, se aferró a su hija con todas sus fuerzas y se preparó para pelear si era necesario, una cosa era estar asustada y otra muy distinta dejarse hacer.
Ella era salvaje, solo tenían que darle unos minutos para recuperarse del golpe inicial. En cuanto sus ojos se cruzaron con los del agresor, ladrón o lo que fuese, la calma se disparó por todo su cuerpo.
Podía manejar eso. Podía manejar a esa persona.
— Ah, eres tú… qué susto me has dado. —le sonrió, su corazón seguía yendo a mil por hora, el agarre hacia su hija seguía muy tenso, pero era natural, estaban en mitad de la calle, lejos de la civilización y en un barrio normal y corriente.
— No era mi intención. —sonrió y unos hoyuelos se formaron en su rostro. Hayley podía concederle ese, era mucho más guapo al natural, más atractivo que su hermano. Recordar a esa persona la puso a la defensiva, demasiado— ¿Tienes miedo? ¿de mi? ya sabes que soy un trozo de pan…
Hayley quiso sonreír, pero había algo en los ojos de su acompañante que le ponían el vello de punta, una vocecita en su interior le gritó que corriera como nunca antes había corrido, pero otra voz, mucho más potente le decía que permaneciera allí, que buscase las respuestas a esas preguntas ya hechas, pero, ¿era realmente lo correcto?
El chico buscó una cosa en su bolsillo mientras conversaba con una muy intranquila Hayley, que seguía meciendo a su bebé mientras buscaba una forma de salir de allí sin preocupar a su amigo.
— No quería llegar a estos extremos… —captó su atención, Hayley frunció el ceño hasta que sus ojos se dirigieron directamente a la aguja que portaba, retrocedió noqueada, no podía creerse lo que sus ojos le estaban enseñando— ¿Qué creías? ¿qué no me iba a enterar? tengo contactos en el FBI, pequeña lobita. Es una pena, realmente me caías bien… eres la única que aguanta a Eli.
Hayley empezó a gritar cuando sintió la aguja en su piel, directamente en su pecho, sus manos empezaron a temblar, pero la pequeña Hope nunca tocó el suelo, el chico la tomó entre sus brazos mientras veía a Hayley convulsionar, era una pena, pensó, realmente le gustaba, tenía carácter, era una inconformista y seguramente una buena madre, pero hay veces que los sacrificios son necesarios, y este era uno de ellos.
Miró a la pequeña una vez más, antes de dejarla en el frío suelo de una noche helada de Nueva York, bien poco le importaba lo que le sucediese a la niña, si sobrevivía o no, ya no era su problema, le sonrió una última vez y desapareció entre las calles mientras le mandaba un mensaje directo a su compañero.
"Katherine caerá después de esto. Pruebas evidentes" - K
La luz que entraba por la ventana le estaba dando directamente en la cara, no tenía fuerzas para alzar la mano y tomar una manta o incluso la misma almohada para proteger sus ojos de esa luz tan intensa, por lo que intentó abrir los ojos, todo estaba muy borroso y la luz que daba de lleno en sus ojos azules no era para nada de ayuda, por lo que intentó incorporarse, comprobar por qué no había bajado las persianas como siempre y acostarse en una postura donde el Sol no diese señales de vida.
Pero en cuanto sus ojos se acostumbraron a la luz supo que no se encontraba en su casa, el lugar le resultaba familiar, pero le costó recordar de qué. Era una habitación de la casa de los Petrova, la que pertenecía a Elena, frunció el ceño, porque realmente no recordaba haberse quedado dormido allí, había ido a verla, a encararla pero no había entrado en la casa, solo en el jardín, entonces, ¿cómo había llegado hasta allí?
Salió de la cama, en cuanto sus pies pisaron el frío suelo lo sintió, sintió como la oscuridad se apoderaba de él, como reclamaba su alma otra vez, y supo que no se encontraba en la habitación de Elena, ni mucho menos en el mismo sitio que Katherine, sino en su subconsciente, recordándole una vez más que estaba allí de prestado, sonrió y se cubrió el rostro con las manos, por un momento creyó que era real, que se acababa de levantar y que por primera vez en años, había dormido como un tronco.
"Damon…"
Su mirada se dirigió a la puerta de la habitación, ahí estaba Elena, cubierta de un vestido completamente negro, ceñido a su cuerpo, su cabello, liso caía en cascada sobre sus hombros y su rostro inmaculado, sin una gota de pintura era aún mucho más inocente. Una pequeña princesa de la oscuridad, ahí, a escasos pasos de distancia.
"Elena…", su nombre sonaba suave desde sus labios, como si estuviese acariciando seda, suave y melodioso, quiso levantarse, acercarse a ella, pero por supuesto, si eso era su subconsciente, nada bueno podría pasar si daba un paso al frente, si se acercaba a ella o intentaba tomarla de la mano.
Pero casi sin darse cuenta ya estaba de pie, en medio de la habitación, casi al lado de la puerta donde se encontraba la chica, sonriéndole con la mano levantada, a punto de tomar la suya, nunca quiso algo con tanta urgencia como tocar su delicada mano, como entrelazar sus dedos en los suyos.
"¡Damon!", pero todo se rompió en mil pedazos, ya no estaban en esa habitación, sino en una completa oscuridad, Elena era casi invisible en ese instante, porque sus ojos fueron directos a una luz blanca, Caroline estaba allí, su cabello dorado brillando con luz propia, sus ojos azules suplicando con clemencia, y Damon no dudó, porque nunca dudaba, Caroline lo era todo en lo que quedaba de su mundo, si ella gritaba, él gritaría, si ella suplicaba, él estaría ahí, para concederle cualquier deseo, siempre que volviese a su lado.
"Care…"
"'¡Damon, ayúdame!", cuando por fin, estaba a punto de alcanzar a su hermana, una ola de poder le alcanzó, golpeando su pecho con fuerza, Caroline estaba ahí, con los brazos abiertos, viendo como su hermano se alejaba de ella, pero Damon no estaba pendiente de su hermana, ni tampoco de esa fuerza superior que quería deshacerse de él, sino de Elena, como la oscuridad la absorbía hasta no ser más nada que niebla…
— ¡NO! —gritó exhausto, se levantó de la cama como si estuviese ardiendo, miró por todos lados, estaba completamente oscuro, encendió la lámpara y se pasó una mano por la cara, despojándose de los vestigios del sueño; antes, le había parecido escuchar un ruido cuando se levantó sobresaltado, pero no podía estar seguro, ya que bien podría ser un fruto de su pesadilla.
Se deshizo de la camiseta y permaneció con el pantalón del pijama, iba a darse una ducha, una que durase un par de horas, pero primero debía comprobar que era hora, por lo que salió al pasillo justo al mismo tiempo que una sombra pasaba por delante de sus narices, Damon se hizo el estúpido, estaba acostumbrado a que lo imposible pasase a su alrededor, pero ya no estaba durmiendo, ni tampoco alucinando, había alguien en su casa y ese alguien iba a pagar caro estar en el lugar y en el momento equivocado.
Todo estaba en penumbra en la habitación de Elena a esas horas de la madrugada, se había pasado toda la noche organizando la información que había recopilado en la reunión de esa tarde, se supone que eso deberían hacerlo en el FBI, pero era incapaz de pegar ojo sin pensar en Damon, en esos pobres niños que se quedaron en la calle por culpa de una mujer sin corazón, podía ver, como si se tratase de sus propios recuerdos, a un Damon de unos diez años, luchando porque su familia saliera adelante, como una parejita de mellizos miraban horrorizados y sin entender porqué, su vida había acabado de esa forma, todo eso le ponía los pelos de punta y no la dejaban descansar.
Y eso no era todo, tampoco podía quitarse de encima el recuerdo del cuerpo de Damon sobre el suyo, como cada una de sus células había reaccionado al calor del chico, no le gustaba que su cuerpo actuase sin su consentimiento, pero había amado tenerlo tan cerca, esa sensación era casi mágica, nunca se había sentido tan a salvo e insegura al mismo tiempo nunca. Quiso golpearse por el rumbo de sus pensamientos, pero hacía horas que su cerebro debería haber desconectado por lo que no podía culparle de todo eso.
Revisó los últimos datos antes de enviar el informe desde su teléfono. No era mucha la información que había sacado, solo lo que ya sabían, que estaban mejorando la droga para sacarla cuanto antes al mercado, como si ya no estuviese en el mercado negro, Elena no se creía ni una mierda de la mitad de las cosas que había dicho, sabía que algo malo había pasado, porque Elijah, el mayor de los Mikaelson no dejaba de estar pendiente del teléfono y Klaus ni siquiera había estado cerca cuando se supone que tendría que estar a su lado, como su acompañante y protector, algo se cocía entre esas cuatro paredes y ella se sentía estúpida por no saber qué estaba pasando, miró la pantalla en negro de su teléfono, no recibía ningún mensaje por lo que, seguramente no habría nadie en la agencia, o quien estaba allí no está pendiente de de ella, era lo normal, se supone que debería estar durmiendo y no trabajando horas extra.
Se echó en la cama, durante unos minutos mantuvo los ojos cerrados, contando ovejitas si era necesario, pero de poco sirvió, porque a los cinco minutos ya tenía el teléfono entre sus dedos y estaba llamando a la única persona que ocupaba sus pensamientos.
Nadie contestó a su llamada, ni a la primera ni a la última que hizo antes de soltar el teléfono en la cama y golpearse la cabeza con una almohada, ¿que se creía que estaba haciendo? ¿llamar a Damon como una niñata tonta que necesitaba escuchar su voz para poder dormir? ¿es que era tonta? ya no estaba en el instituto, ni tampoco era una novia enamorada hasta las trancas, era un agente del gobierno, en una misión secreta que tendría que estar durmiendo y no trabajando a escondidas ni mucho menos ligando o coqueteando con alguien que intentó matarla, ¡varias veces!
Si, necesitaba sus ocho horas de sueño. Y si eran diez mucho mejor.
El sonido de unas pisadas la puso alerta, no era un sonido perceptible, lo había escuchado porque estaba entrenada para ello, para vigilar cada pequeña cosa que se salía de lo natural, llevaba demasiado tiempo viviendo allí para saber que por esa noche la vigilancia acababa a media noche, no tenía un reloj cerca, no quería mover ni un músculo, pero hacía un rato que eran más de las tres, nadie tendría que estar caminando, podría ser cualquiera, quiso animarse, pero obviamente no iba a tener tanta suerte.
El sonido desapareció, pero podía sentir la presencia de alguien detrás de su puerta, como si se estuviese pensando muy bien su siguiente movimiento, podía notar la tensión que rodeaba a la figura, cómo se debatía en su interior, pero aunque Elena pudo oler el problema desde la distancia fue incapaz de reaccionar de la forma correcta, debajo de su cama, en el mismo suelo estaba la caja del FBI, había un arma, solo tendría que tirarse al suelo, tomarla y prepararse para usarla, pero en cambio se quedó quieta, sentada, esperando.
La puerta se abre despacio, aunque la lámpara sigue encendida y por el exterior hay luz, no pudo averiguar quién era hasta que estuvo dentro, mirándola.
No tuvo tiempo de observarle, iba vestido de negro y llevaba un arma en la mano, pero aún así supo que se trataba de la sombra de Klaus, de ese chaval, más o menos de su edad, un poco mayor que iba siempre a su lado, que se mantenía a la distancia, pero pendiente de todo, ¿qué hacía en su cuarto con un arma? no sabía si quería saber la respuesta, pero lo que sí sabía, es que Elena no iba a dejarle hacer lo que estuviese pensando, no sin pelear.
Tomó la almohada que había mantenido en su regazo y se la lanzó a la cara, el chico no esperó ese movimiento o lo recibió de forma torpe, pero a la castaña le dio tiempo de coger la caja, pero no el arma, ya que el rubio se lanzó contra ella, con la misma rapidez que con la que ella se lanzó a por la caja, la cual resbaló de sus dedos, desvelando el contenido, pero el arma cayó demasiado lejos y ella estaba más pendiente de salir huyendo de allí sin llamar la atención que del arma.
— ¡Quieta! —el sonido de la pistola cargada fue lo que la frenó en seco, no quería una bala en la cabeza ni en ninguna parte del cuerpo—. Buena chica, Kath. Muy buena chica.
El chico se acercó a ella, pegando su cuerpo contra el de Elena, la castaña sintió repulsión hacia él, como la había desarmado en cero coma y como la tenía doblegada a su voluntad, pasó su mano por su cabello enmarañado.
— Tu y yo… vamos a divertirnos…
Alaric Saltzman tenía una vida muy ajetreada, casi no podía parar por casa, no dejaba de moverse de un lugar a otro, siempre con un teléfono pegado en la oreja, como si fuese una extensión de su brazo, iba y venía todos los días, desde su casa a la oficina, pasando por infinidad de sitios que necesitaban su servicio, era uno de los agentes más respetados de EEUU, una imagen perfecta para Washington, la legalidad en persona.
Esto podría haberle dado muchos problemas, y los tuvo en su momento, casi ninguna relación le fue bien, ya sea por falta de tiempo o comunicación o por otro asunto, hasta que conoció a Meredith, ella era perfecta, tan perfecta que aunque no coincidieran en una semana, siempre estaban ahí, a una llamada de distancia.
—Te quiero, pero tengo una emergencia, nos vemos la semana que viene, un beso. —se despidió su mujer, justo cuando Alaric entró en la sede del FBI.
Una sonrisa bobalicona apareció en sus labios y podría haberse mantenido allí, si el de seguridad no hubiese salido corriendo en su dirección nada más verlo.
— ¿Sucede algo, Trevor?
— Es Lockwood… a… —señaló directamente a las escaleras que daban directas al sótano, donde tenían las celdas, eran muy pocas, ya que no estaban condicionadas para mantener a presos, sino a gente "inestable" antes de que la policía o los de arriba se encargasen, sabiendo lo que se le avecinaba, se deshizo de la corbata y se dirigió allí, con el de seguridad pisándole los talones y explicándole todo lo que había pasado, cuando esta mañana llegó a las cinco y media y se encontró con Tyler y un chico más, atado en una de las celdas.
No quería ni pensar de quién podía tratarse, prefería no comerse la cabeza con ese asunto hasta no verlo con sus propios ojos, pero la idea de que a Tyler se le hubiese ido a la cabeza con sus ideales sobreprotectores para Elena, le ponía de los nervios, Tyler era bueno en su trabajo, pero también era un capullo integral.
Entró en la zona de las celdas, lo primero que vio fue a un Tyler descamisado con los puños en tensión y malheridos, después su mirada se dirigió casi de forma automática a la otra figura que se encontraba aferrada a los barrotes con fuerza y con una mirada asesina.
— ¿Qué está pasando? —se cruzó de brazos, ambos chicos dirigieron su mirada a los recién llegados, el rostro de Tyler palideció al segundo.
— Yo… ehm… solo… —se pasó la mano por el cabello humedecido por el sudor— No esperaba que llegase tan temprano, Saltzman.
— ¿Me estás diciendo que ibas a seguir con… esto hasta que yo viniese para evitar que me entere? —le preguntó de forma retórica, ya que sabía muy bien la respuesta—. No me puedo creer que me vayas a obligar a hacer esto, suspenderte de empleo y sueldo.
— ¡No! ¿No lo entiendes, Ric? Necesitaba hacer esto —le suplicó, Damon puso los ojos en blanco, pero Alaric no estaba mirando a ninguno de los dos, estaba respirando hondo para no hacer una tontería de la que arrepentirse después— ¡Es por Elena!
— ¡Siempre es por Elena! A ver dime, explícame esto con calma…
— Él… estaba… Elena… —respiró hondo, Damon soltó una carcajada y Tyler quiso golpearlo hasta matarlo, pero se mantuvo quieto—. Él estaba detrás de Elena, vigilándola…
— ¿De qué hablas?
— Ya sabes que el FBI tiene unas alertas cuando hackean o intentan acceder a su sistema, él lo intentó.
— No tienes acceso a esa información Tyler.
— Ese no es el asunto.
— Si, si que lo es, ¿quién te ha ayudado? Mejor dicho, ¿cómo es posible que tengas acceso a las alertas del usuario de Elena?
Tyler estaba en un callejón sin salida, Damon no apartó la mirada, cuando esa madrugada le sorprendió gritando que era un agente del FBI su curiosidad se despertó, es por eso por lo que se dejó atrapar, cierto es que no se lo puso fácil, que lo había picado durante todo el trayecto y no había parado hasta que le dio un buen derechazo, simplemente por sentir hasta dónde era capaz de llegar su ira, pero hasta ahora no se había dado cuenta de un pequeño detalle, del porqué ese chico se comportaba de esa manera, era por Elena, estaba preocupado por ella, porque la chica estaba en la boca del lobo y era incapaz de hacer nada para solucionarlo, ese paralelismo le estaba dando donde más le dolía, Tyler era como él -bueno, Damon era mucho más atractivo e inteligente pero ese no és el asunto- el chico quería proteger a Elena, era tan sobreprotector como él con Caroline, podía verse en él, podía ver a ambos en ellos, y saber que había estado a punto de usar a Elena para salvar su alma, le estaba concomiendo, no podía hacerle eso a ellos, no cuando fue lo mismo que le hicieron a Caroline y a él.
No supo cuando su cabeza decidió por él, pero lo que sí sabía era que pensaba ayudar a Tyler y a Elena, no pensaba permitir que a ellos le pasase lo mismo, evitaría cualquier daño colateral a toda costa, porque Elena no podía ser Caroline, no podía permitirse que le pasase algo parecido.
Nunca.
El asesinato de Hayley y la muerte de la pequeña Hope, se extendió como la pólvora por todos los canales de noticia de gran parte del globo terráqueo, la mayor parte de las cadenas no tenía una información fiable, pero se había transmitido información confidencial a los canales más importantes, donde se relacionaba la confesión de Hayley Marshall con su muerte cruel en las calles de Nueva York, el nombre de Katherine Pierce brillaba por medio mundo, donde la gente se preguntaba si era cierto la relación del narcotráfico con esa familia adinerada y acomodada de la gran ciudad.
En cuanto Liz había visto la noticia llamó al SWAT, a un antiguo compañero suyo, que le informó con todo lujo de detalles, que había habido una fuga de información, donde el testimonio de Hayley había sido malinterpretado y extendido por todas las redes sociales, acompañado de la noticia del asesinato de la chica por una sobredosis, era un caramelo para un niño, un caramelo que todo el mundo quería probar, pero ese no era el único problema, le había informado Mikael, su contacto, sino que encima la Interpol quería la cabeza de Elena Gilbert por dos motivos, para calmar al país y para comprobar si la chica estaba ocultando información al Gobierno.
El rostro de Elena y la palabra FBI corría por todas las televisiones del país.
Se avecinaba lo bueno, lo prometo.
Sigo sin creerme que esté actualizando esta historia antes de tiempo, creo que al final publicaré cada dos días o puede que incluso diariamente, pero todo esto dependerá de vosotros, y de vuestros comentarios.
¡Un beso!
