¡Hola todo el mundo!
No tengo palabras para agradecerles a todos por la buena energía que envían, incluso por mensajes privados. También a aquellos que marcan como favorito o siguen esta historia. ¡Son increíbles!
AkiraSendoh17: GRACIAS. Lisa y llanamente. ¡Y espero que este esperadísimo (y muy largo) capítulo sea totalmente aprobado!
Otulissa: Si. Nagisa es el puto amo del Universo. Fundaremos la Iglesia de Nagisa como nuestro Messias jajajaja.
Zasakibe-san: ¡Me alegra muchísimo que te guste mi forma de escribir! Y espero que este capítulo también te guste.
Estoy tratando de subir un capítulo por semana, si el Conservatorio y mi trabajo lo permiten. Pero estaré de viaje por dos semanas, y no podré subir por ese tiempo. ¡Pero apenas vuelva, aquí estaré de nuevo! jajaja
Sin más que decir, ¡Muchas gracias a todos!
CAPÍTULO 14: SINCRONÍA DE DOS CUERPOS.
Abrió los ojos con pesadez, como si tratara de unir los fragmentos de lo que fue el día más hermoso de su existencia. Recordaba cada segundo, como si su piel lo sintiera o como si cada instante se reprodujera en loop dentro de su memoria.
Recordó que volvieron en el tren sonriendo con ternura mientras hablaban de cosas casi triviales. Que habían tenido que comprar unos recuerdos apresuradamente para Ren y Ran. Recordó que Makoto tomó sus dedos entre los suyos, sonriéndole feliz como un niño, que la había acompañado hasta la puerta de su casa.
Recordó que le dijo "Te veré mañana, Ruka-chan", y que había cerrado los ojos con fuerza y el rostro hirviendo. Y recordó la sensación de sus labios tiernos chocar contra su frente, como si la acariciara con la delicadeza de una pluma. Como si un ángel le estuviera dando un beso de buenas noches. Y así es como siguió su camino pendiente arriba.
¿Y ahora? ¿Cómo seguiría todo? Bajó los pies de la cama, arrastrándose por la alfombra de su habitación hasta la puerta para ir a ducharse. Sonrió. Lo vería en unas horas.
El plato con su desayuno seguía ante él mientras su mente divagaba en lo que había ocurrido la noche anterior.
Recordó cómo le había costado despedirse de ella. Recordó la forma en que presionaba cada vez más su mano a medida que llegaban a su casa porque no quería separarse de ella. Y de la necesidad de besarla que lo quemaba por dentro, pero solo pudo depositar sus labios sobre la frente al sentir que su corazón se detenía.
Cayó en cuenta de la expresión de su rostro cuando notó que su padre lo miraba con una mano sosteniendo su cabeza.
- ¿Pasó algo, Makoto?-
-¿EH? ¡No! ¡Nada!-Esa reacción no va a hacer que te crea, bobo.
- Pareces distraído esta mañana.- Prosiguió. Sabía por dónde venía su cambio.
- Para nada, Oto-san. Estoy igual que siempre.- Tartamudear no va a convencerlo tampoco.
- Esta bien. Te creo.- Y con eso pudo respirar. Se llevó lamentablemente un poco de jamón cocido a los labios cuando su padre eligió seguir hablando.
-¿Ruka-chan vendrá este viernes a cenar? La última vez no pudo quedarse luego de la clase de Ran y Ren. ¡La extrañamos!-
Y fue cuando un pequeño trozo de jamón eligió seguir un camino del Infierno al elegir la laringe en lugar del esófago para continuar su viaje.
El ataque de tos del alto Capitán hizo que su madre tuviera que golpearle la espalda como a un niño, mirándolo entre divertida y preocupada. Su padre no pudo sino sonreír. Estaba totalmente al descubierto.
Salió de la casa sonrojado y aturdido, subiendo las escaleras para recoger a Haru. Saludó a Tamura-san con una reverencia antes de que ella le diera un poco de calamar asado como siempre acostumbraba casi cada mañana. Subió las escaleras corriendo e increíblemente, estaba saliendo de la entrada de su casa. Algo totalmente atípico que lo descolocaba aún más.
- O-ohaiyo, Haru-chan.-
- Ohaiyo.- Respondió.- Y no me llames Haru-chan.-
- Me sorprendiste. Creí que tendría que ir a buscarte.- Dijo comenzando a caminar colina abajo junto a su mejor amigo.
- Supuse que llegarías tarde. Anoche volviste entrada la noche.-
Lo miró totalmente rojo, tratando de no mostrarse tan obvio como con su familia. Pero la realidad era que así como él conocía todo de Haru, la situación también se daba a la inversa. Pero no quitó que la primera frase lo haya descolocado absolutamente.
-¿Aceptó tus sentimientos?- Preguntó sin mirarlo.
-¿¡Qué?!- No podía ser cierto.
- Ruka.- Y sus ojos azules lo enfocaron como dos zafiros a plena luz del día.- ¿Te declaraste anoche, verdad?-
¿Acaso Haru sabía lo que era declararse? ¿Había notado sus sentimientos? Aún recordaba cuando había contado que su primer flechazo fue una cascada. ¿Cómo era posible que…?
- Haru…-
- Me cae bien.- Dijo de un tirón.- Es transparente, como un lago. Y tú sonríes con ella. Y le gusta la caballa. Es amable. Y su forma de tocar me recuerda a una cascada.-
Se quedó mirando fijo a su amigo mientras avanzaban hacia la calle. El cálido sol de la mañana hacía que su cabello oscuro resplandeciera en azul. Era su mejor amigo. Su amigo más antiguo. Su primer amigo. Por el que había dado todo para nadar juntos. El que le había ayudado a superar su miedo al mar. ¿Y ahora? ¿Era capaz de leer su mente y entenderla del mismo modo que él siempre pudo?
Las palabras de Ruka vinieron a su mente en ese mismo instante. Aquella noche volviendo de su casa, cuando como siempre, lo dejó totalmente sin habla.
Una alma gemela no tiene una connotación romántica necesariamente. Es aquella persona que te...complementa.- Se rascó la cabeza. Estaba hablando de almas gemelas con el chico que le gustaba más que nadie y recién ahora se estaba dando cuenta.- A ver...Eres una persona completa...pero si encuentras a alguien que llena las partes que no puedes completar, o simplemente te acompaña y pueden ayudarse como ninguna otra persona…-Suspiró mirándolo a los ojos. Lo dijo.- Eso es un alma gemela. Y puede ser cualquiera. Y si lo encuentras, no lo dejas ir.
Sonrió. No podía creer la exactitud de sus palabras con respecto a sus sentimientos por ella y la relación que lo unía a Haru. Nagisa-kun tenía toda la razón. Estaba acompañado por dos primaveras.
"Ohaiyo : ). Haru y yo estamos yendo hacia tu casa. ¿Quieres que vayamos juntos?"
¿En serio? ¿De verdad vas a sonrojarte desde ahora por cada mensaje que te envie? Nunca tuviste demasiada dignidad, pero ¡vamos! ¡Compórtate!
"Ohaiyo! Seguro. Los espero en la puerta. ¡Nos vemos! :3"
¿Carita de gato? ¡¿Carita de gato?! De todos los emoticones que podías haber elegido, ¡¿pusiste la carita de gato?! Mereces ser pelirroja. Mereces ser hermana de Ed Sheeran. Merece que los genes de tus padres se salteen otra generación. Tus hijos serán los genios y tú vas a luchar con matemáticas por siempre.
Golpeaba su cabeza contra el marco de la puerta mientras su madre pasaba por su lado, riendo por lo bajo. Claramente la había escuchado volver a casa y cuando miró por la ventana vio a Makoto-kun darle un beso en la frente.
Prefería que su propia hija se lo contara cuando estuviera lista, pero en su interior ya estaba planeando la cena de presentación.
- Haruka-chan, ¿Quieres que te lleve a la escuela?- Dijo tomando sus llaves.
- Eh...no mamá. Vienen a buscarme unos amigos.- Contestó dejando de jugar al ping pong con su cerebro.
Su madre no hizo más que reír mientras se iba. Tenía varias clases ese día y quería llegar temprano.
¿Una carita de gato? ¡No puede ser tan tierna! Y seguramente estaría avergonzándose por haberlo enviado. Fue luego de unas calles más que la vio finalmente.
Parada frente a su puerta, recostada contra la pared con su mochila a los pies. El cabello rojo brillando con el sol de la mañana, y sus ojos verdes aún más claros a contraluz. Las pecas de su rostro se volvían más visibles cuando el día estaba tan claro, al igual que las que tenía esparcidas por el muslo bajo su falda.
Y los vio llegar. Rió. Makoto era mucho más alto que Haru, y aun así Haru parecía mayor. Se enderezó de la pared, saludándolos con la mano en alto mientras comenzaba a caminar hacia ellos. Y cayó en cuenta de que estaba caminando hacia él. Y cada imagen de la noche anterior vino a su mente con una pregunta. ¿Cómo iba a saludarla? Sus palabras habían sido fuertes. Ahora estaba frente a la persona que Makoto más quería y respetaba, y comenzó a preguntarse cómo se iba a desenvolver con él.
"El chico de tus sueños dijo que le gustas, tarada. Ten un poco de fé". Y tragando fuerte es que se acercaron al mismo tiempo. No quiso ver. Inconscientemente sus ojos verde claro se cerraron con fuerza. Pasara lo que pasara, si llegaba a ser un saludo normal, iba a dolerle el alma. Sus pasos se detuvieron cuando oyó los suyos cerca. Y fue entonces que sintió las fuertes manos de Makoto tomando las suyas.
La vio abrir sus gemas verdes como si estuviera sorprendida por el agarre de sus manos. La vio pestañear varias veces mientras sus pecas desaparecían bajo un manto de sonrojo y su cabello enmarcaba los rasgos de muñeca. ¿Cómo pudo estar tanto tiempo sin hacer eso?
- Ohaiyo, Ruka-chan.- Dijo sonriéndole con la misma dulzura de siempre.
- Ohaiyo...Makoto.-
En cuanto quiso sacudir la cabeza y mirar a Haruka, él ya se había adelantado unos pasos, mirándolos fijo con lo que juró, era una sonrisa.
- Vamos a llegar tarde y no será mi culpa.-
Rieron al unísono luego de mirarse sorprendidos por su reacción. Corrieron hasta él, aún tomados de la mano. El día recién estaba comenzando.
- Nagisa, ¿por qué tienes esa cara de muerto? ¿Acaso no dormiste?- Rei miraba a su amigo totalmente extrañado mientras viajaban en el tren que los acercaba a la escuela.
- …- El rubio no contestó.
Se lo iba a pagar. Mako-chan, eso no se hace. ¡El se había tomado todas las molestias para dejarle el terreno totalmente preparado para su confesión mágica! ¿Y él? ¡Él ni siquiera había contestado el teléfono!
Había estado mandándole mensajes hasta altas horas de la noche preguntando cómo había ido todo. Si había podido al fin confesarse. ¡Había gastado su mesada en esas entradas para el acuario!
No había dormido en toda la noche pensando en que habría pasado. Si había o no final feliz.
- Mako-chan, eso está muy mal…
- Oi…- Siguió Rei preocupado.
- Nada. Un problemita de intercambio equivalente.- Le dijo refregándose los ojos con cansancio.
-¿Desde cuándo te interesa la alquimia, Nagisa-kun?- Rei se rascó la cabeza totalmente confundido cuando se bajaron del tren en la estación Iwatobi.
Las pocas cuadras que los separaban del colegio fueron en silencio, escuchando a sus compañeros llegar al mismo punto de reunión.
-¡Oi! ¡Nagisa-kun! ¡Rei-kun!- La potente voz de Gou-chan los llamó desde unos cuantos pasos atrás.
La vieron llegar con el cabello granate bailando por el movimiento de sus pasos al correr. La sonrisa de oreja a oreja que alumbraba su rostro los obligó a sonreír de igual forma.
-¡Gou-chan!- Gritó el rubio con alegría.
- Es KOU.- Dijo mirándolo con una sonrisa cargada de odio discreto.
- Estás muy animada esta mañana, Kou-chan.- Rei trató de aliviar el ambiente.
-¡Por supuesto!- Tomó mucho aire inflando su pecho con orgullo.- Ahora que onii-chan y ustedes están en la misma página, podemos organizar todo tipo de actividades con la Academia Samezuka. Estoy muy feliz y entusiasmada.-
- Vaya, eres una excelente manag…-
-¡Los músculos de todos están en un excelente estado! ¡No puedo creer que estaré rodeada por tanta perfección en medidas!-
Palidecieron ambos. Aun cuando en el fondo esperaran algo así. Gou-chan podía vivir a imágenes de músculos como alimento intravenoso. Eso era absolutamente seguro.
Nagisa reía enérgicamente aun cuando las ojeras en tonos lila aún surcaban su bello y blanco rostro de gatito, cuando volteó la cabeza hacia la dirección contraria encontrándose a lo lejos con la llegada de los más grandes del equipo.
El apático rostro matutino de Haru-chan parecía particularmente animado mientras miraba a un costado, y ahí los vio.
El Capitán del equipo de Natación venía hablando muy alegremente con su amigo, caminando junto a Ruka-chan…¡TOMADOS DE LA MANO!
Y fue cuando Nagisa perdió toda compostura, toda decencia y corrió hacia ellos saltando para abrazarlos a los tres juntos al tiempo que los tiraba al piso chocando con ellos.
-¡LO SABIIIIIIIIIIIIIIAAAAAAA!-
Gritó con voz más aguda y chillona de lo usual, mientras sus amigos golpeaban el suelo de espaldas y él estaba a salvo sobre ellos como quien aterriza en un colchón de agua.
Los tres muchachos lo miraban como quien mira a un lunático.
- Nagisa, quítate. Pesas.- Dijo Haru tratando de mantener la parsimonia en su tono de voz, aún visiblemente irritado por el topetazo al piso.
-¡Nagisa! ¿Que…?- Comenzó a decir la pelirroja con una expresión digna de un cuadro.
-¡Omedetou!- Gritó el aludido con las mejillas coloradas de la emoción, curvando los ojos y sus labios en una enorme sonrisa.
-¿Eh?- Por un momento, olvidó que su mano iba sujeta a la del alto muchacho castaño.
Lo miró de reojo en el suelo a su lado totalmente sonrojado, sonriendo de oreja a oreja con incomodidad.
Y de pronto, la expresión de Nagisa cambió a una de reproche.
-¡Pero tú, Mako-chan! ¡No puedes ser más cruel! ¡Ni siquiera fuiste capaz de contestar mis mensajes!-
-¡Nagisa! ¡Me enviaste mensajes a las 3 a.m.!- Respondió sorprendido, con su típica expresión entre la molestia y la excusa.
-¡Pero la respuesta era simple! ¡Si o no!-
-¿Respuesta?- Preguntaron las dos primaveras al mismo tiempo.
El rostro de Makoto enrojeció de repente y se levantó del suelo de un salto, llevando con él a los tres. Los chicos que pasaban por sus lados estaban mirándolos sorprendidos.
-¿Y a tí qué te pasó?- Ruka lo miró levantando una ceja con gracia.
- E-Eh…- No podía decirle que Nagisa lo había estado llamando durante horas y bombardeado su casilla de mensajes preguntando si se le había declarado anoche.
- Tenemos que entrar.- Dijo el apático muchacho de cabello negro sacudiéndose el trasero.
Suspiró aliviado cuando todos decidieron seguir a su mejor amigo. Vió a Rei mirarlos asombrados y a Gou dar pequeños saltos con las manos bajo el mentón mientras miraba sin disimulo las manos unidas con Ruka-chan.
-¡¿Que?!-
-¿Están saliendo finalmente?-
-¿Eran ciertos los rumores?-
- Te dije que salían. La defendió en la piscina hace unos meses.-
- Pero dijeron que era falso.-
- Parece que ahora no lo es.-
-¿Así que las marcas en el cuerpo son atractivas? Empezaré a pintarme pecas.-
- Hacen una linda pareja si te los pones a ver.-
Hizo todo lo posible por ignorar los cuchicheos en los pasillos. Las miradas extrañadas. Los comentarios incrédulos.
Pero más que nada, no podía creer que Makoto hubiera estado tomando su mano aún en el pasillo que los llevaba a clases. Jamás creyó que mantuviera su agarre al pasar por los arcos del colegio, menos aún al llegar al aula. Solo la soltó con una sonrisa cuando los tres se ubicaron en sus bancos, totalmente sonrojados ambos.
Los comentarios no le molestaban. Era extraño como prácticamente había sido invisible hasta ahora a pesar de ser parte del Club de Natación, pero todos notaron cuando iban de la mano. Y solo la soltó porque ella se sentaba fuera del alcance de su brazo.
Fue luego de las primeras horas de la mañana, cuando tomaron sus cosas para ir a la terraza y comer el almuerzo con todos sus amigos, que sintieron el piso prácticamente temblar bajo sus pies. Y Nagisa entró al aula de segundo totalmente sin aire, como si hubiera corrido con todas sus fuerzas desde el primer piso. Que lo hizo. Su sonrisa era de oreja a oreja.
-¡Ya era hora!- Gritó con fuerza sentado mientras engullía con hambre sus panes rellenos con jalea.
- Nagisa, ¿Está bien que comas dulces como almuer…?- Preguntó la pelirroja con real preocupación en su rostro mientras sostenía un pequeño tomate en sus palillos.
-¡No me cambies el tema, Ruka-chan!- Y le escupió la cara con jalea de fresa.
-¡Omedeto! ¡A ambos!- Gou-chan los miraba totalmente feliz. Cruzó miradas con Ruka-chan, que se sonrojó de inmediato, agradeciendo a su amiga con la mirada.
- Hasta yo me había dado cuenta de que había algo entre ustedes.- Rei terminó de limpiarse los labios para continuar hablando.- Es decir, no tengo idea de por qué alguien querría entrar en una relación en plena época escolar, con exámenes y campeonatos cerca. Pero felicidades a ambos.-
Un aire helado recorrió a los seis sentados en la azotea en ronda comiendo sus almuerzos. Sintieron la imaginaria bola de paja correr entre ellos. Makoto rio de costado rascándose la mejilla mientras pensaba en que contestarle y que no sonara grosero.
- Gracias, Rei-kun...- Le ganó su novia, con los ojos entornados en una mirada cansada y de profundo sarcasmo.- Realmente eres mi Patronus en un mundo de Dementores…-
Y ese fue el momento en que estallaron en risas. Al menos todos los que podían tener un nivel de fanatismo. Haru los miraba de costado mientras seguía comiendo. Claramente no había entendido la referencia y era mejor terminar pronto su bento.
Nagisa se dobló sobre su abdomen golpeando el suelo con un puño y sus mejillas manchadas de jalea roja.
-¡Ese nivel de fanatismo sí se puede ver!- Gritó.
- Técnicamente, deberíamos compartir un Patronus, Ruka-chan.- Dijo tomando en serio lo que le habían dicho.- Podríamos compartir un ciervo como el protagonista.-
- Hanno...Pero Ruka-chan no se parece nada a un ciervo. Los ciervos son pura ternura y Ruka-chan enfadada da miedo.- Dijo Nagisa.
- Cierto. Ruka-chan debería tener un Patronus que la represente…- Siguió Rei.
-¿Un conejo blanco?- Dijo Gou-chan entrando en el juego.
-¿Un conejo? ¿Por qué un conejo?-
- Ya saben. El conejo en la Luna comiendo bolas de arroz y mirando la nieve. A Ruka-chan le gustan los onigiri y viene de la nieve.-
-¡Si debe representarla, entonces debería tener una Orca!- Gritó el rubio triunfante mientras señalaba a un más que confundido Makoto, que ya había terminado de comer.
- Eh… ¿Por qué me estás señalando, Nagisa?- Preguntó entre gotas de sudor.
- Pues porque la Orca eres tú. Me sorprende tu falta de tacto para leer el humor.- Y sus ojos café eran totalmente reprobatorios.
-¿Se imaginan al Patronus de Haruka-Sempai?- Dijo Gou-chan mirándolo comer en silencio.
- Una caballa.- Respondieron al mismo tiempo.
-¿Qué pasa con las caballas?- Y de pronto tomó interés en el tema.
- O Iwatobi-chan.- Continuó Nagisa.
- Eso sería original.- Continuó Rei.
-...Son peores que yo.- Dijo la pelirroja totalmente rendida. Ni ella era capaz de tanta frikiada.
Sin embargo, lo que siguió superó toda expectativa.
-¡Cielos!- Gritó nuevamente el rubio como si hubiera tenido una epifanía- ¡Sus hijos van a ser pelirrojos!-
Y ambos escupieron todo saliva totalmente rojos de pies a cabeza. Evitaban mirarse aún cuando estaban lado a lado. Haru miró de costado a su amigo entrando en estado de hervor sanguíneo.
-¡NAGISA!- El rostro de la joven no se distinguía de su cabello.
-¡Nagisa! ¡No pueden ser pelirrojos! Los genes del padre son mucho más fuertes en todos los casos. Es genética pura.- Rei tomó la posta sin darse cuenta del efecto de sus palabras en Makoto.
-¿¡Tú también!?- Ruka-chan lo miró con asombro. ¿Desde cuándo Rei-kun…?
- Además, los genes de las personas pelirrojas son débiles. Es por eso que los pelirrojos se están extinguiendo!- Continuó el megane arreglando sus lentes.
-¡OI!- Eso fue ofensivo. Ofensivo para todos los de su raza. Pero lo que siguió de los labios de Makoto fue lo que terminó de definir todo.
- No importa que no sean pelirrojos. Si se parecen a Ruka-chan, van a ser perfectos.-
La naturalidad con la que lo dijo la dejó a cinco metros sobre el suelo. Sentado a su lado con las piernas cruzadas, los brazos hacia delante y una sonrisa sincera en sus labios y ojos. Hasta el sol parecía haberse puesto de acuerdo e iluminarlo como si tuviera un halo angelical brotando de su castaña y perfecta cabeza. Con ese maldito perfecto rostro. Esos malditos perfectos hombros y MALDITA SEA HARUKA COMPÓRTATE Y REACCIONA.
Cayó en cuenta de sus palabras cuando notó la mirada petrificada de Nagisa y Rei-kun. Cuando hasta Gou se había quedado perpleja. A su izquierda, Haru tenía los ojos abiertos de par en par, como si hubiera visto algo raro. Y sintió como su rostro hervía desde dentro, como si una estufa fuese encendida en sus entrañas y alcanzara la cúspide en sus mejillas. Pero ya había abierto la boca y no se animaba a ver el rostro de la pelirroja de pecas reaccionando a sus palabras salidas desde su pecho.
Esa tarde pasó como ninguna otra.
- Oi, Rei-chan.- Los ojos de Nagisa se posaron en el perfil del alto megane sentado a su lado en el tren camino a su casa.- ¿Podría quedarme a comer en tu casa el día de hoy?- Le preguntó mientras engullía con ganas un pan dulce relleno de jalea.
- Nagisa-kun…-Suspiró.- No es correcto invitarse a casa ajena. Y más cuando estás arruinando tu apetito de ese modo.- Aunque su amigo siempre se invitaba a su hogar y arruinaba su apetito comiendo golosinas justo antes de la cena.
- No hay necesidad de ser tan cruel, Rei-chan…-Murmuró al mismo tiempo que masticaba un enorme bocado y lo tragaba antes de hablar nuevamente.- Además tu mamá ama tenerme en casa. Eso habla muy mal de ti como hijo.- El muchacho de ojos púrpura sacudió la cabeza con violencia.
-¡¿A QUÉ TE REFIERES CON ESO?!-
- A que para quererme siempre en tu casa, debes ser terrible como descendencia.-
-¡Por supuesto que no! ¡Soy el hijo que toda madre quisiera tener!- Visiblemente molesto y con un ligero rubor en ambas mejillas, comenzó a enumerar todas sus cualidades.- Soy puntual, tengo excelentes notas, siempre hago los quehaceres de la casa cuando me lo piden, obedezco al pie de la letra todo lo que me dicen mis padres, nunca hago lo contrario a lo que digo y…-
- Ahora entiendo…- Le dijo sonriendo con malicia en su rostro de infante.
-¿Qué cosa?- Y Rei tenía miedo, porque era como ver uno de esos muñecos tétricos de película de terror.
-¡Me quieren en tu casa porque se aburren mucho contigo!- Estalló en risa al declarar lo dicho, haciendo que el megane retrocediera con el rostro totalmente rojo de la vergüenza.
-¡ESO NO ES CIERTO!- Y cada comensal cerca a su mesa voltearon a verlos. Eran el centro de atención a donde quiera que fueran.
Caminaban lado a lado tomados de la mano con tanta ternura que derretían transeúntes a su paso. Aun cuando hablaban entre los tres, la cercanía del altísimo Capitán y la pelirroja de pecas era obvia, siempre conectados por la mano que le había tendido al salir de las paredes del colegio.
Y aun así, había algo que no habían podido aclarar. Algo que de verdad no había sido dicho con palabras y nada había cambiado entre ellos sin contar el toque de su mano sobre la suya. ¿Que eran?
- Creo que podemos encargarnos de ejercitar con fuerza y cardio hasta abril.- Lo escuchó decir mientras hablaba con Haru a su lado y este le devolvía una mirada de profundo desagrado por la frase que había dicho.- Oi Haru, no me mires así. No hay mucho más que podamos hacer si nuestra piscina es al aire libre.-
-...Entiendo.- Aunque realmente no parecía muy convencido.
Sus ojos verdes se dirigieron a sus dedos engarzados con delicadeza entre los largos de él. La diferencia de tamaño entre sus palmas era enorme, y aun cuando no había hecho otra cosa más que sonreír sonrojado ante las felicitaciones de Rei, Gou-chan y Nagisa… Maldición, Haruka. ¡El chico dijo que le gustas! ¿No es eso suficiente? ...No. Realmente no. Significa que le gustas, no que están saliendo.
-...ka-chan. Ruka-chan.- Y su tierna voz la llamó a Tierra cuando notó que estaba mirándola desde arriba con asombro.- ¿Estás bien? No has dicho nada desde que salimos de la escuela.- Sacudió la cabeza con fuerza negando lo que le había dicho mientras sus pálidas mejillas cubiertas de pecas se volvían rosas, pero Haru vino al rescate como solía hacerlo sin tener idea realmente.
- Eres tu quien no deja de hablar, Makoto. Es normal caminar en silencio cuando uno está cansado.-
- Nee, Haruuuu- - Le recriminó cansado, haciéndola reír para sus adentros. Siempre era muy gracioso escucharlos discutir por cosas así.
Llegando a la intersección en la que siempre se dividían sus caminos, Ruka recordó que el viernes próximo tendría un ensayo extra en el Club de Música inamovible, y no sería capaz de llegar a tiempo a la clase de los gemelos. Aclaró su garganta sabiendo que prácticamente sería como invitarse a casa de Makoto ese día en la nueva circunstancia que los hacía en ese momento, y era por demás muy estresante.
- E-eto...Makoto…- Lo llamó con calma mientras los tres detenían la marcha. La miró con una sonrisa cálida como siempre lo hacía- N-no podré darle clase a tus hermanos este viernes...P-pero si está bien, puedo ir hoy.- Y tomó mucha fuerza en su vientre para mirarlo a los ojos tratando de no gritar internamente. El alto muchacho parpadeó varias veces antes de asentir sin abandonar su tierna sonrisa.
-¡Muchas gracias, Ruka-chan!- Y sintió la necesidad de contener sus brazos en ese mismo instante antes de que la rodearan como deseaba hacerlo y como trató de lograr todo ese día. ¿Así se sentían los novios queriendo abrazar a sus novias pero respetando el espacio público?
- Se hace tarde, vamos subiendo.- Dijo Haru mientras volvían a emprender la marcha escaleras arriba, aún tomados de la mano.
La clase había terminado y los pequeños estaban tomando un baño antes de la cena familiar dentro de unos minutos. No supo cómo, la Sra. Tachibana los había mandado a ambos a la habitación del muchacho para que no estorbaran con su torpeza en el proceso de preparar la comida, pero había sido con tanta dulzura que hasta se había sonrojado.
Y ahora estaba sentada en la cama del alto Capitán con sus delicadas manos sobre uno de los controles jugando un juego de disparos en el que Makoto le estaba literalmente pateando el trasero. ¿Quién hubiera pensado que alguien tan tierno y pacífico pudiese tener una puntería tan certera y mantener una mirada tan calma que daba miedo?
Mirándolo de reojo, no podía creer realmente que estuvieran...en algo. El perfil marcado de su nariz malditamente perfecta sobresaliendo por poco de su mentón. El ceño ligeramente fruncido sosteniendo por ósmosis el puente de sus anteojos de marco negro y sus orbes verdes ligeramente tapadas por el cabello castaño oliva que daba marco a su malditamente perfecto rostro adherido a su perfectamente perfecto cuello y a su ridículamente perfecto torso y a su estúpidamente perfecta humanidad. ¿Como alguien así querría salir con ella?... Gustarle, tal vez. Le había gustado a chicos antes. Ser rara tenía sus encantos. Pero…
- Parece que te gané de nuevo, Ruka-chan.- Y la miró con una sonrisa tan tierna que no se correspondía con la forma en la que la había aniquilado segundos antes. Ladeó la cabeza.
- No entiendo como eres tan bueno en este tipo de juegos.-
- Tengo mucha confianza en mi puntería, debo reconocerlo.- Y se rascó la cabeza mientras se removía los lentes levemente sonrojado. Nunca creyó que traer a Ruka-chan a su casa luego de...lo de ayer, pudiera ser tan…¿natural? Si, natural. Como si nada hubiera cambiado. Como si el sentimiento de tranquilidad que tenía a su lado no se hubiera movido de lugar, y prácticamente se sentía ig…¿Que…?
Los gritos histéricos de sus hermanos interrumpieron sus pensamientos más profundos cuando se arrojaron de lleno sobre Ruka-chan, volteándo su delgado cuerpo sobre el colchón de tal forma que el altísimo muchacho contuvo un grito al pensar que la habían lastimado en la vorágine de alegría.
-¡Ran-chan! ¡Ren-chan! ¡No hagan eso por favor!- Se avalanzó sobre los tres para tratar de despejar el camino hacia ella, pero solo la oyó reír con voz clara y musical, como cada vez que sus hermanos se pasaban de amor.
- Makoto, no hay problema. Puedo manejar esto.- La oyó decir mientras Ren se sentaba a hurtadillas sobre sus piernas descubiertas por la falda del uniforme y Ran se sentaba a su lado contando los aretes en su oreja. Suspiró mientras caía en cuenta de que apenas empezaban su relación y él ya se estaba comportando como un novio sobreprotector. ¿Como un…?
Eran esos momentos en los que Ruka realmente hubiera querido saber que ocurría en esa habitación, que es lo que había ocurrido el día anterior, que le pasaba por la cabeza al castaño de ojos increíblemente amables.
La sensación de familiaridad que tenía en cada fibra de su cuerpo en ese instante y cada uno de los que pasaba en casa de Makoto le daban fe de que lo que había entre ellos tenía nombre y que lo que había ocurrido ayer era el inicio de una relación. Pero la falta de una etiqueta estaba carcomiendo su pecho de forma atroz, y no podía culpar al muchacho que solo la miraba con una sonrisa y trataba con el mayor de los respetos.
- Yunii-chan.- Escuchó llamarla Ran. Volteó el pecoso rostro hacia los enormes ojos aguamarina de la morena sentada a su lado sonriéndole con tranquilidad. La pequeña le devolvió la sonrisa antes de hablar sin saber realmente el efecto de sus propias palabras.- ¡Ya veo! ¿Eres la novia de Onii-chan, verdad?-
Y el rostro cubierto de pecas palideció hasta el punto de la transparencia sobre su piel de muñeca. Pudo sentir a Ren resbalar de su regazo mientras gritaba que era "obvio que eran novios desde hacía tiempo, pero que tendrían que compartir su derecho de casarse con él". A Ran reír y decir que "No tendría problemas porque Ruka-chan era una buena niña".Y Makoto supo que algo no estaba bien cuando su hermanita aún no había obtenido respuesta de su parte, mientras veía sus ojos totalmente abiertos y ya habían dejado de mirar a su hermanita mientras ella se movía junto a su gemelo.
Y un frío horrible le rodeó la espina mientras su mente volvía horas antes, un día antes, a uno de los momentos más difíciles y terroríficos de su vida, y a uno de los más hermosos también. A la forma en la que había dicho que le gustaba. Que realmente le gustaba. Al momento en que ella le había correspondido en risa y llanto que también le gustaba. Y eso era todo. Sus roces, sus besos en la frente, su forma de tomarle la mano no habían sido una forma de decirle lo que sentía con palabras, y este era el resultado. Y su pecho dolió.
Fue en un solo movimiento que Makoto tomó a sus hermanitos en brazos por la cintura y caminó con ellos quejándose hasta la puerta de la habitación pidiéndoles que fueran a jugar solos un momento, cerrando la puerta mientras se quejaban del otro lado, aunque desistieron al escuchar la voz de su padre que llegaba a casa.
El cuerpo de Ruka estaba en la misma posición mientras sus labios se cubrían por el revés de su blanca mano y juró que la vio temblar. Se sentía horrible.
Finalmente, ¿que podía haberle contestado a la pequeña Ran? Si no sabía nada. Sabía que le gustaba. Que a ella le gustaba. Que habían reído bajo la lluvia y que la sensación cálida de su mano entre la suya la hacía sentir un desfile de libélulas en su vientre, pero a los fines práctic… ¿Eh…?
El rostro de Tachibana Makoto estaba prendido fuego cuando pasó sus largos y musculosos brazos por sobre los hombros y cintura de la pelirroja de pecas, ubicándose a sus espaldas para que no pudiese ver el rostro a punto de llorar que llevaba en ese momento, porque lo que estaba por decir le rompía el corazón por cómo la había hecho sentir.
- R-Ruka-chan…- Y su voz temblaba. ¿Cómo pudo ser tan desconsiderado?- Ruka-chan, perdóname.- Y su voz le dio escalofríos al sentirlo al borde de las lágrimas, buscando moverse para enfrentarlo. No pudo hacerlo.
- Mako…-
- Por favor...Perdóname. No quise hacerte sentir así, Ruka-chan…- Tomó aire lo más profundo que pudo, sabiendo que ella sentía su corazón latiendo pegado a sus omóplatos.- Y-yo...Creí que había dejado en claro mis sentimientos ayer. Creí que esta mañana estábamos en la misma página, pero...Perdóname, Ruka-chan.-
- N-no comp…-
- Por favor, sé mi novia. Quiero que seas mi novia, Ruka-chan…- Abrió los ojos de par en par al oír la voz quebrada del muchacho contra su oído, como si el aire se cortara en un susurro y sus brazos se ajustaran más a su cuerpo, reteniendola.
El aroma de su shampoo le iluminó los sentidos al aspirar las hebras color fuego como había querido hacer hacia tanto. Ese olor que reconocía con los ojos cerrados estando en otra habitación. Porque a esas alturas conocía todo de ella. Los libros que amaba, la música que más escuchaba, sus flores favoritas, su época favorita del año, la muerte que más lloró en una serie y el autor que más odiaba por arruinar a su personaje favorito.
Sabía todo de ella, menos como dejarle en claro las cosas. Cómo dejarle en claro que quería ser su pareja más que nada en el mundo y que ahora estaba totalmente feliz de sentir sus delicados dedos tomar su antebrazo con ternura mientras sabía, estaba sonriendo. Porque también eso sabía. Sabía la cara que ponía cuando realmente estaba feliz. La misma que tenía al voltear el rostro cubierto en pecas y lágrimas en sus ojos y abrazarse a su pecho con una risita que le llenó el alma.
-¡Claro que si, Makoto…!- Y sonrieron al mismo tiempo profundizando el abrazo, como fundiéndose en el otro.
Esto era felicidad.
-¿Ahora entiendes?- Matsuoka Rin cerraba el libro de inglés para devolvérselo a su dueño mientras volvía a sentarse en su escritorio. El lado de la habitación que pertenecía a su kohai estaba sorprendentemente bien acomodada para haber pasado la semana reglamentaria en la que siempre y sin falta todo quedaba hecho un desastre absoluto.
-¡Hai! ¡Muchas gracias Rin-Sempai!- Le dijo sonriendo de oreja a oreja en su rostro pálido, provocando que sus cabellos grises se movieran con el impulso de su cabeza.- ¡Realmente es asombroso!-
-Siempre estás exagerando las cosas, Ai…- Le contestó chasqueando la lengua, llevándose una mano a la nuca y cerrando los ojos antes de darse media vuelta sobre sus talones para volver a recostarse sobre las sábanas mullidas de su litera.
Pestañeó varias veces antes de darse cuenta de que pronto ya no sería su cama. Al llegar abril, los de tercero deberían cambiar de habitación y pasar a compartir cuarto con otros de tercero. Frunció el ceño al pensar el desastre en el que se convertiría ese espacio donde yacía sin su supervisión.
Y una parte suya se preguntó con quién de sus compañeros le tocaría estar durante su último año en Preparatoria.
Su último año…Y desvió la vista hacia su escritorio. El único libro que quedaba bien alineado en medio de la tabla de madera barnizada era el cuaderno de su padre.
Su último año.
La primera semana en su relación pasó casi como un sueño en vela. Yendo y viniendo de la mano junto a Haru.
La segunda semana pasó de igual forma, continuando con las pocas clases que podían darle entre ambos luego de las prácticas en la piscina cada vez más fría.
La tercera semana ya se habían acostumbrado al roce de sus manos, a los besos en la frente. A las miradas en clase. A los silbidos de sus compañeros que habían descubierto su noviazgo. A los cantos de sus hermanos diciéndoles que se sentarían bajo un A-R-B-O-L a darse un B-E-S-O.
Pero era la cuarta semana, y ese beso nunca llegaba.
-¿Ni uno?-
-No.-
-¿En la mejilla?-
-Si.-
-¿En la frente?-
-También.-
-Pero…-
-No…-
Sentada en el piso de la habitación de Gou-chan, mantenía su cabeza cubierta con un enorme almohadón amarillo en forma de estrella.
Mientras dos tazas de té caliente y galletas se situaban en el centro de la mesa rectangular del cuarto, las dos chicas trataban de dilucidar qué es lo que estaba ocurriendo desde hacía semanas.
-Pero… ¿Cómo te sientes?- Gou corrió el objeto que obstruía el rostro de su amiga para poder mirarla a la cara con mayor facilidad. El cabello rojo fuego se esparcía por su alfombra como un manto rojo y los ojos verdes parecían cargados de lágrimas. Pero estaba sonriendo.
-Ha sido el mes más hermoso de mi vida…-Y lo había sido. Cada risa de Makoto dirigida a ella, cada roce de su mano, cada sonrisa, cada saludo mientras corría a su encuentro, cada salvada que realizaba para evitar que cayera al suelo de bruces por el extremo nivel de torpeza que corría en su sangre. Las caminatas a clase y al volver del club, las charlas con Haru, la forma en la que depositaba un tierno beso en su frente al despedirse y juraba que podía sentir sus manos presionando las suyas.- Siento que estoy en el Valhalla solo por respirar su aire.-
-¿Puedes traducirlo para los mortales?- Y luchó para no ahogarla con el almohadón.
-Siento que estoy nadando en un mar de deltoides.-
Y Gou-chan lo entendió perfectamente, sonrojándose en colores oscuros mientras Ruka juraba verla parpadeando de gusto.
Estaba feliz. Pero…
-N-Nagisa...No voy a decirte eso.- Sentados en el cordón de la vereda camino al tren que debían tomar junto al megane, los cuatro se habían detenido por unas bebidas calientes para compartir una pequeña merienda entre ellos.
-¡Pero solo te pregunto si ocurrió!- Y la cabeza del más bajo se fregaba contra el costado del Capitán mientras algo así como "guriguriguriguri" salía de sus labios.
-Nagisa-kun, estás preguntando algo totalmente inadecuado.- Rei se ajustó los anteojos mientras dejaba su lata de té caliente en el suelo y se dirigía nuevamente a él.- No es correcto preguntarle a un chico si besó a su novia. Ese terreno es sagrado.-
-¡Pero ya pasó un mes! ¡Si no dice que si directamente…!-
-Por respeto a Ruka-chan nunca te respondería. Hubiera ocurrido o no. No insistas, Nagisa.- Y el muchacho le dio un sorbo a su lata de matcha, buscando calentarse las manos con el aluminio.
-¿Dónde está Rin?- Haru habló a su lado mirando fijamente un punto lejano en el horizonte. Makoto tomó esa pregunta como el escape perfecto al interrogatorio de su kohai, volteando con el rostro iluminado de esperanza.
-Dijo que estaba viniendo, pero que traería a Nitori-kun.- Le contestó con tranquilidad. El rostro de Haru lo enfocó con una ceja levantada en intriga. ¿Nitori? ¿El chico bajito de cabello plateado?
-¡¿Ai-chan también viene?! ¡Qué bueno! ¡Hace mucho que no hablo con él!- Nagisa pareció sacudirse su rol de policía malo y olvidarse del alto muchacho.
-Trata de no ponerlo tan incómodo, Nagisa-kun.- Sacudió la cabeza mirando al megane con reproche antes de poner sus manos en puño bajo el mentón manchado con leche de frutillas.
-¡Yo siempre lo trato bien!- Rei se acomodó las gafas con seriedad levantando una ceja.
-La última vez casi lo haces llorar cuando en la práctica conjunta lo empujaste y se le cayó su toalla.-
-¡No puedes decir que eso no fue divertido!-
-Eso nunca es divertido, Nagisa…- Respondió Makoto con tono desaprobatorio. El rubio pareció volver a la realidad en la que estaba hacía un momento, como si tuviese memoria a corto plazo y se disparara como una canción de comercial pegadiza.
-¡No quieras distraerme Mako-chan! ¡Aún no me has dicho si tu y Ruka-chan se han be…!- Y mientras el rostro de Tachibana Makoto se ponía azul marino, la voz pesada y sedosa de Matsuoka Rin los llamó desde unos metros más cerca de la estación de trenes.
-¡Oi!- Y la alta figura de la estrella de Samezuka apareció frente a ellos acercando sus pasos seguido por Nitori. La sonrisa de dientes filosos como los de un tiburón se fijó en su blanco rostro con simpatía e irreverencia.- Lamento la tardanza, tuvimos unos…-
-G-gomen nasai!- El platinado se adelantó un paso.- Fue mi culpa. Me retrasé en la práctica de hoy y tuve que terminar todo más tarde.- Completamente sonrojado se inclinó en señal de profundas disculpas mientras Nagisa se acercaba a él moviendo las manos para restarle importancia a lo sucedido.
-Yada yada. No es grave, Ai-chan. ¿Por qué lo tomas tan en serio?- Y el rostro del muchacho se encendió en rojo nuevamente.
-Por favor, Nagisa-kun. Te ruego que no me llames así.- La impertinencia del bracero de Iwatobi siempre lo tomaba por sorpresa y claramente sacaba de estructura.
-Oi, Haru, Makoto. ¿Cómo han estado?- Rin chocó su mano contra la del alto Capitán, quien lo enfrentó con una cálida sonrisa. Haru permanecía impasible a su lado, aun cuando una leve risa se dibujaba en sus finos labios.
-Qué bueno que hayas podido venir, Rin. Hacía mucho que no nos veíamos.-
-Sí, desde ese campamento del averno.- Respondió el pelirrojo mientras volvía a ver a su eterno rival.- Y por cierto, aún tenemos que desempatar.-
-Te gané y no lo aceptas, Rin.-
-¡REPITE ESO!-
-Te gané y no lo aceptas.- Respondió mirándolo a los ojos.- Rin.-
-¡SE ACABÓ! ¡VAMOS A ARREGLAR ESTO DE UNA VEZ POR TODAS! ¡A LA PLAYA!-
- DE ACUERDO.-
Makoto y Rei no pudieron hacer más que rascarse la cabeza en cansancio mientras Nagisa saltaba de lado a lado feliz por poder ser testigo de un nuevo enfrentamiento entre las enormes potencias que eran sus amigos cuando reñían como gallos de pelea.
-¡¿E-eh?! Rin-Sempai, ¿Qué ocurre?- El platinado se asustó al ver a su admiradísimo superior caminar hombro a hombro de manera amenazante con el Vice Capitán de Iwatobi mientras bajaban los médanos y se dirigían a la playa.
-¿Nunca los viste antes, no es así Ai-chan?-
-¿Verlos? ¿En qué?-
-¡Yahooo! ¡Esto va a ser genial, Ai-chan! ¡Ven! ¡Tengamos asientos de primera fila!-
- ¡Por favor no me llames Ai-chan!- Y el rubio volvió a hacer caso omiso mientras Nitori era arrastrado del brazo colina abajo. Makoto y Rei cerraban la caravana. El megane miró de reojo a su Sempai, todavía absorto en sus pensamientos, aun cuando sonreía ante la escena familiar que se desarrollaba frente a ellos. ¿Por qué la gente elegía estar en pareja si era tan trabajoso?
-Gou-chan… ¿Podríamos cambiar de tema?- Dijo rascandose la nuca mientras su kohai y amiga se paseaba por la habitación como un león enjaulado, aún consideando una blasfemia el hecho de que no se hayan besado de verdad.
-¡Claro que no, Ruka-chan! ¡Makoto-Sempai es tímido, pero no puede tenerte en vilo para siempre!-
-N-no creo que sea para siempre…- Suspiró.- Y yo tampoco se lo hago fácil.-
-¿A qué te refieres?-
-Bueno...La realidad es que yo tampoco hago más que tomar su mano cuando él lo hace. No…-
-No tomas la iniciativa, entiendo. Entiendo…- Y con una mano delgada sobre su hermoso rostro pálido fue que la menor de los Matsuoka reaccionó con una energía totalmente esperable en alguien como ella.- ¡ENTONCES TE ENSEÑARÉ A TOMAR LA INICIATIVA!-
-¡¿EH?!- Y su rostro se equiparaba al rojo de sus cabellos. ¿Que caraj…?- Gou-chan, ¿Cuándo tomaste la iniciativa con un chico…?- Esto sí que no se lo esperaba, esto sí que era oro puro del chisme. Vio como la hermosa chica de ojos tintos estiraba los labios en una sonrisa de autosuficiencia mientras volvía a sentarse junto a ella.
-He…-Y los ojos verdes de Ruka brillaron con intriga.- He leído muchas revistas…- Y la cabeza roja se estrelló contra la mesita ratona con fuerza queriendo llorar.
- ¡Las revistas no ayudan, Gou-chan!-
-¡Desde luego que ayudan! ¿Cómo crees que se todo lo que sé?-
-¿Quieres decir que has estado aconsejándome basada en experiencias de publicaciones para adolescentes?-
-¡Esta gente es experta en lo que habla!-
-¡Claro que no!-
Y echaron a reír con fuerza mientras tiraban sus cabezas hacia delante abrazándose de forma amistosa. Fueran cuales fueran las fuentes de información que Gou recopilaba, la habían ayudado hasta el momento. Miró hacia un costado sobre su escritorio blanco, y una montaña de revistas sobre musculatura estaban exhibidas y prácticamente ordenadas por fecha. ¿Como podía tener tanta dualidad?
-¿Nunca te ha gustado nadie, Gou-chan?-
-Michael Larkin.- Contestó sin pensar un instante.
-¿Eh?- Pestañeó varias veces. Juraba que Gou-chan estaba brillando en su propio universo.
-Campeón Olímpico Estilo Brazada.- Y sus ojos brillaban en amor idílico mientras le mostraba su álbum de recortes. Sacudió la cabeza aun admirando al muchacho del que le hablaba.
-Quiero decir…- Suspiró antes de seguir.- Alguien de Iwatobi. O de tu antiguo colegio.- Una chica hermosa como Gou podría haber tenido experiencias amorosas por doquier, pero…
-¿Estás loca? ¡Onii-chan tendría un ataque!-Y su hermoso rostro se sonrojó mientras cubría las mejillas con sus delicadas manos. Ruka sacudió la cabeza de lado a lado en plena incredulidad.
-Tu hermano vivió en Australia por cuatro años…- Le dijo levantando una ceja clara. La expresión de Gou fue sombría. Muy sombría.
-Onii-chan lo sabe...TODO.- Y Ruka tragó saliva muy fuerte.
-¿Cómo es que siempre terminamos en tu casa, Haru-chan?- El rostro de Nagisa brillaba feliz mientras ayudaba a Rei a cortar los vegetales para la cena.
-No lo sé. Pero mira donde estás cortando antes que te lastimes, Nagisa.- Haru habló por sobre su hombro mientras preparaba el curry en una olla aparte. Nitori estaba asentando la mesa donde se sentarían en unos minutos, deteniéndose a ver la expresión de su Sempai. Rin-Sempai nunca tenía esas expresiones cuando estaba en Samezuka. Sonrió para sí mismo, porque era muy agradable poder notar ese abanico de sentimientos en su rostro.
-¿Ah?- Rin golpeó la espalda amplia de Makoto con fuerza mientras su amigo se sonrojaba ampliamente.- ¡Omedetto, Makoto! Se notaba que tú y Ruka tenían algo.- El castaño rió con suma timidez tratando de articular las palabras correctamente, ignorando los comentarios de Nagisa que no hacían más que empeorar la situación.
-G-gracias Rin.- Tuvo que preguntarlo, realmente tuvo que.- ¿T-tú te habías dado cuenta…?-
-Eres un chico sumamente amable, Makoto. Pero no miras a todos como las miras a ella.- Y era cierto.
-¡Dejen de hablar tan pasivamente y ayuden a preparar la cena como el resto de nosotros!- Rei habló mirándolos a ambos por encima del hombro, aunque se encogió como un niño pequeño al ver el rostro totalmente cabreado del mayor de los hermanos Matsuoka.
-Por cierto, Rin-chan, Haru-chan. Esta tarde volvieron a empatar. Ya se me secó el cerebro pensando en qué hacer para que de una vez por todas definan el marcador.-
-Nagisa, por favor. No tires leña al fuego…-
-Creo que Nagisa-kun ama crear incendios.-
-HARU. TERMINEMOS CON ESTO AHORA MISMO.-
-PERFECTO RIN.- Y los ojos azules se fijaron directamente en el bowl con chocolate para fundir y preparar el postre de esa noche. La idea más estúpida pero a su mente la más indicada zurcó sus pensamientos como un rayo violento.- Quien prepare el postre más delicioso gana.-
-¡ODIO LAS COSAS DULCES! ¡ES OBVIO QUE NO PODRÉ HACERLO BIEN!- Y su rostro estaba tan rojo como sus cabellos. Haru lo miró entornando los ojos azules peligrosamente.
-¿Entonces aceptas que eres un cobarde?-
-¡VOY A PREPARARTE EL POSTRE MÁS DELICIOSO DEL MUNDO, ESTÚPIDO HARU!- Y estaba encendido fuego.
-Y aquí vamos de nuevo…- Dijo Makoto totalmente resignado. Fue una noche muy, muy, muy larga.
-Es extraño ir juntas a la escuela, ¿verdad Ruka-chan?- El bello rostro de Gou-chan se iluminaba por los rayos matutinos mientras caminaban lado a lado hacia la estación de trenes para ir a clases. La noche anterior se había hecho tarde entre charlas y buenos ratos, por lo que su Sempai había pedido permiso para quedarse a dormir en su casa, para la felicidad extrema de la menor de los Matsuoka. Ruka había quedado encantada al conocer a la hermosa mujer que es su madre, y siempre era genial aprender más de Rin por sus fotos e historias. Era obvio que los chicos lo molestaran tanto por cómo había cambiado en esos años.
-Te agradezco mucho el hospedaje anoche, Gou-chan.- Le sonrió con cariño mientras sentía chocar levemente su hombro contra el suyo.- Y...también los consejos.- Y es que habían hablado de todo. De músculos, de sueños, de ambiciones, y claramente de su relación con Tachibana Makoto. Una noche de chicas con Gou-chan le había logrado aclarar su mente respecto a la etapa en la relación que atravesaba con él. Aun cuando fueran palabras de anónimos en una revista y no un consejo real. Hubiera querido hablar de estos temas con su madre, pero…
-¡No tienes por qué darme las gracias, Ruka-chan! Realmente disfruté de nuestra noche. Espero que la próxima vez pueda quedarme en tu casa y conocer a tus padres.- Sí. Sus padres. Sus padres eran algo bastante extraño que procuraba no presentar a menos que fuera extrictamente necesario, y eso incluía a sus amigos y a Makoto. Porque su madre conocía a todos, pero no estaba enterada aún de su relación. Y tampoco…-Entonces… ¿Hoy cenarás oficialmente en casa de Makoto-Sempai?-
-¡¿Eh?!- Y cayó en cuenta de la palabra "oficialmente".- P-pero ya he cenad…-
-Pero ellos aún no saben que son pareja, ¿verdad?-
-Eto...No. No les hemos dicho a nuestros padres. Ustedes son los únicos que lo saben.- Y su rostro se volvió violeta. La mano derecha rascando con disimulo su mejilla derecha.
-Y prácticamente toda la escuela.- Le contestó pestañeando varias veces.
-¡Pero no nos tomamos de la mano en la escuela!-
-Pero son la típica pareja que no puede mirarse si no es con amor. Son los seres de luz más amorosos del Universo.- Y sus ojos granate brillaban con dulzura al recordar cada escena donde podía verlos juntos. Makoto-Sempai siempre solía mirar con tranquilidad y ternura a todo el que se le cruzara, pero realmente la manera en que observaba los rasgos de su amiga derretía un iceberg.
Se rascó la cabeza y abrió los ojos con terror al darse cuenta de que si todos en la escuela se habían dado cuenta de que Makoto y ella eran novios, entonces…
-Oh Kami…-Suspiró.- Mi madre ha estado esperando todo este tiempo en silencio a ver cuándo se lo decía…- Y tembló. Esa actitud era algo que su madre haría sin pensarlo dos veces.
-Realmente eres un experimento de laboratorio para ella, ¿no?- Le preguntó su amiga riendo de costado con miedo. Su madre era totalmente normal en comparación a Shimizu-Sensei.
-Soy la rata colorada favorita de su laberinto…- Y la risa compartida se interrumpió con un mensaje llegado a su teléfono celular. Sonrió al ver el remitente, y aún más al abrirlo.
"Ohaiyo, Ruka-chan. Nos vemos en la puerta de la Escuela. Por favor, no te rías de nuestras caras, anoche dormimos poco "
Y quedó pensativa. Sabía que se iban a juntar con Rin y probablemente tuvieran una tarde de chicos, pero…
"Ohaiyo, Makoto. ¿Acaso terminaron borrachos en la otra punta de la ciudad y tuvieron que volver a casa haciendo dedo?"
"¿De donde sacas imaginación para pensar esas cosas, Ruka-chan?...Haha. Digamos que tuvimos una noche para recordar"
"Wow. Quiero fotografías de eso"
"Dudo que haya fotografías"
"Siempre hay fotografías"
Y Makoto rio con fuerzas al leerlo con la voz totalmente monótona de su novia al imaginarla frente a él. Era raro no caminar a su lado esa mañana.
Ruka le enseñó los mensajes y echaron a reír mientras corrían para alcanzar el tren que llegaba a la estación. Pronto deberían encontrarse con todos sus amigos en la entrada del colegio.
-E-eto…- Y el rostro de la pelirroja de pecas se contrajo totalmente extrañada mientras pestañeaba muchas veces al mirar las cajas de almuerzo de sus amigos.- ¿Por qué todos tienen el mismo almuerzo?- Y Nagisa fue el primero en contestar, aún con curry en sus labios.
-¡ANOCHE TUVIMOS LA MEJOR NOCHE DEL MUNDO!-
-¡¿ACASO TUVIERON UN DESFILE DE MÚSCULOS SIN AVISARME?! ¡¿COMO PUDIERON?!-
-¡ESO NO FUE LO QUE PASÓ!-
-Sea como sea, quiero fotos de lo que haya ocurrido o me sentiré moralmente ofendida…- Dijo Ruka mirándolos a los tres con el rostro transformado en una expresión totalmente vacía y sin alma que les recorrió la espina.
-No hubo demasiado a que sacarl…-
-Tengo una de Rin quemando el pudín de chocolate.- Contestó Nagisa al pasarle su cámara fotográfica a ambas chicas.
-¡¿MI ONII-CHAN QUEMÓ EL POSTRE?!- Gritó totalmente histérica mientras tomaba la cámara planeada entre sus finos dedos y pasaba las fotografías digitales mostrando el rostro fúrico de su hermano mientras tiraba el pote completamente arruinado de pudín de chocolate.
-Ni siquiera yo puedo quemar un pudín…- Dijo Ruka meneando la cabeza y dirigiendo sus ojos verdes hacia el muchacho de cabello negro que seguía comiendo en silencio.- Eso significa que ganaste finalmente, ¿verdad?-
-No me interesan los marcadores.-
-No puedes creer que eso es cierto, Haru…-Y mirando hacia la puerta que conectaba las escaleras con la azotea, esperaba que el alto castaño finalmente apareciera por ella. La voz de su amigo completó las fichas faltantes.
-Parece que se demoró de más en entregar las fichas en Sala de Profesores.- Eso era lo que Makoto les había dicho a ambos para que subieran sin él, aun cuando quisieron acompañarlo.
-Si. Espero que tenga tiempo para almorzar…- La caja de bento vacía que había subido Haru con ellos lo esperaba en su lugar asignado mientras ellos estaban terminando.
Y fue en ese momento, como si lo hubiera llamado con el pensamiento, que la alta figura de su novio abrió la puerta agitado por subir corriendo los escalones desde el tercer piso en Sala de Profesores. El rostro oliva con tonos totalmente arrebolados por la aceleración de sus pasos lo hacían ver adorable mientras acercaba su enorme cuerpo hacia ellos, sentándose entre su novia y su mejor amigo dejándose caer agotado.
-¡Aaaaaah-! ¡Creí que no llegaba!- Dijo bajando los hombros agotado. Haru lo miró por encima de su alto hombro.
-Será mejor que comas o te quedarás con hambre.-
-Tengo que recobrar el aliento antes.- Dijo teniéndose el pecho antes de mirar a su novia sentada a su lado.
-Nagisa ya pidió derecho sobre tu snack de postre. Yo me apuraría.- Y le mostró los dientes felíz al hacerlo reír.
-Ruka-chan, no lo alertes.-
-Lo siento, Nagisa. Hay obligaciones que no puedo ignorar.-
-Me caías mejor cuando estabas soltera, Ruka-chan.- Y antes de que una sonrojada Ruka pudiera contestarle, fue la voz de Rei la que como siempre los corrigió.
-Aun cuando sean pareja, siguen siendo solteros. A menos que se casen en secreto. ¡No pueden casarse a los 18! ¡No es nada normal estos días! ¡Además que viven en casas separadas!-
-¡No vamos a casarnos, Rei!- Gritó con fuerza moviendo los brazos y alertándose de que su novio tenía el rostro prácticamente violeta mientras comía el curry que habían preparado la noche anterior. Pero no dijo nada. Quizá con su defensa ya bastaba. Pensó.
El cabello fuego parecía resplandecer con el sol del mediodía mientras disimuladamente la observaba sentada a su lado. Debía ser el cuarto pookie que comía de la caja en sus manos. ¿Le haría bien al estómago? Realmente no quería que se enfermara o que lo más mínimo le molestase. Y sus mejillas enrojecieron en sincronía con la melena de su novia cuando giró el rostro pecoso y lo enfocó con sus enormes ojos verdes. La vio sonreírle con ternura, alcanzándole la caja para que tomara una galleta alargada cubierta en chocolate.
-¿No quieres?- Y movió la cabeza de lado a lado con una sonrisa amable, negando también con su mano en alto.
-No, gracias Ruka-chan.- Y se tomó el estómago con delicadeza.- Creo que dos comidas seguidas de curry llenaron mi organismo.- Mordió una galleta y casi se atraganta al reír con su comentario. Volvió a mirarlo con ternura.
-Parece que anoche realmente se divirtieron.- Y el alto muchacho asintió con ganas. Realmente…
-Realmente hacia mucho que necesitábamos pasar una noche así. Creo que nos une aún más como equipo. Y como amigos con Rin.- Y sus ojos caídos se enfocaron en sus tres amigos discutiendo con Gou, que reprochaba que dos veces la misma comida no era algo digno de un buen atleta.- ¿Y qué hay de ustedes?-
-¿Nosotras?- Pestañeó varias veces. Por favor, deja de ser tan adorable cuando te sorprendes por algo…
-Si. Anoche dormiste en casa de Gou-chan, ¿No es cierto?- Asintió feliz recordando la experiencia mientras guardaba para más tarde los Pookies que habían sobrado. Aunque Nagisa se los llevaría de todos modos.
-Es tal cual lo dijiste. Creo que necesitaba una noche con mi amiga.- Y el muchacho se mantuvo quedó. Por un momento, por un segundo, una sombra de tristeza se abalanzó por el rostro cubierto de pecas, y no le gustó nada. Sacudió la cabeza antes de tomar con amor su mano entre la suya y notar la enorme diferencia de tamaños entre ellos. El contacto de su mano tibia en el frío primaveral la descolocó obligándola a mirarlo.
Pero el ruido agudo y persistente de la campana indicando el final del receso de almuerzo cortó todo tipo de posible conversación entre ellos, haciendo que sus amigos se levantaran y el impulso se contagiara a sus propios cuerpos.
-¡Ruka-chan! ¿Vas a comerte eso?- Era obvio...Sacudió la roja cabellera entregándole la caja de golosinas con una sonrisa.
-Procura balancear tus nutrientes, o Gou-chan va a colgarme de un hasta muy alta.-
-¡A AMBOS!- Gritó la menor de los Matsuoka desde atrás al ver el intercambio por lo bajo, haciendo que ambos caminaran muy ligero hacia la escalera.
No supo en qué momento, el cálido sentimiento que había provocado la mano de Makoto sobre la suya volvió a hacerse presente cuando el alto Capitán deslizó sus dedos entre los suyos, engarzándolos como nunca lo había hecho dentro del terreno escolar. Como una regla implícita de que si bien todos sabían que eran pareja, no demostraban demasiado contacto físico en público.
La vio levantar el rostro cubierto en pecas y rubor por el sorpresivo agarre de su firme mano, mientras voces de sus amigos se alejaban escaleras abajo y sostenía la pesada puerta de metal con su pierna para permitir la visibilidad del pequeño espacio en el que se encontraban. La hizo subir tres peldaños sin resistencia y en silencio. Ya era demasiado alto para ella, no había necesidad de hacer aún más grande la brecha.
-M-Makoto…- Y su corazón comenzó a latir con fuerza en su pecho, como si buscase salir a través de su carne entre las costillas. El rostro oliva de su novio estaba ruborizado tanto como sabía que lo estaba ella. Siempre habían sido el espejo del otro en ese sentido.
-R-Ruka-chan…-Tomó aire muy profundo antes de poder volver a hablarle. En algún momento podría hablar con su novia y tomar su mano tan de cerca al mismo tiempo. Cuando su corazón no latiera tan fuerte como para sentirse morir.- ¿Te encuentras bien?-
-¿Eh?- Pestañeó varias veces hasta procesar su pregunta.- Si, Makoto. ¿Por qu…?-
-N-No quiero que pienses que soy un metiche. O que me imagino cosas. O que observo cada gesto que haces…-Que de hecho, lo hacía. Todos y cada uno, pero no se lo iba a confesar tan pronto.- Pero cuando hablamos sobre pasar una noche con amigos, parecías triste. Y me asusté…-
La pelirroja de pecas sintió como el pecho se le derretía frente a esa confesión tan pura de la que era testigo. Y se convenció de que realmente estaba saliendo con el chico más hermoso del mundo. Sus labios no pudieron evitar curvarse en una sonrisa tierna cuando lo miró nuevamente, negando con la cabeza y devolviendo el agarre de su mano con una caricia suave en el dorso enorme, tan liviano y etéreo que lo hizo temblar desde el cabello hasta los pies.
-Gracias, Makoto.-Y sus ojos parecían brillar con la luz clara que entraba por la puerta y la ventana que iluminaban el comienzo de la escalera donde estaban solos.- Pero no tienes por qué preocuparte. Estoy bien.- El muchacho salió del trance donde su novia lo ponía cada vez que lo miraba de esa forma, teniendo que luchar para no besarla de golpe y que el primer beso entre ellos fuera algo totalmente unilateral.
-Por favor, prométeme que me dirás si algo te molesta…-
-Prometo que te lo diré. Hasta entonces, por favor, no quiero que te preocupes por mí.-
-No puedo no preocuparme por ti, Ruka-chan.- Y rió con ganas. ¿En qué momento sus pasos se habían acercado hasta sentir el calor emanando del otro?
-Me alegra saber que entonces somos una pareja de idiotas que se preocupan constantemente por el otro.- Y se rascó la cabeza con su mano libre. Makoto imitó su sonrisa.
Y el silencio entre ellos se volvió casi etéreo, como si no les molestara quedarse mirando los ojos del otro perdidos en la intensidad del verde ajeno, siempre tomados de la mano para saber que no eran un espejismo imaginado por el deseo de tocarse.
Ruka tuvo que alertar todos sus sentidos para darse cuenta que el sonido de la suela gastada de los tennis de su novio no eran una ilusión auditiva, y que significaban claramente que se habia acercado a ella, y que su rostro se veía más cerca porque estaba inclinando su cuerpo sobre ella para llegar a su altura, hasta casi rozar la punta de su nariz, dejando ver sus labios húmedos que se entreabrían mientras su corazón definitivamente rompía con fuerza la caja toráxica para salirse de su interior.
-¡OIGAN!- Y la voz de Nagisa logró que desde los abismos del primer piso llegara hasta sus oídos como por un tubo intensificado y los separara por temor a ser vistos, absolutamente avergonzados, totalmente rojos, y ahora despiertos del trance donde habían caído por el otro. Aún tomados de la mano, miraron hacia abajo, viendo el rostro del pequeño rubio que los llamaba con una mano.- ¡DEJEN DE HACER COSAS RARAS O LLEGARÁN TARDE A CLASE! ¡TIENEN QUE PONER EL EJEMPLO A LOS DE SEGUNDO!- Y el rostro de ambos enrojeció en violeta.
Los dedos de Aiichirou sujetaban con delicadeza la lapicera de tinte azul que sostenía entre sus dedos al escribir en las hojas de su diario íntimo mientras recitaba en su mente las frases que escribía para no perderse o borrar si escribía sin pensar.
Diciembre.
Anoche tuvimos una cena en casa de Nanase-san. Nagisa-kun se la pasó molestándome y ya no sabía qué hacer para que dejara de llamarme "Ai-chan" todo el tiempo.
Sin embargo, la cena estuvo realmente deliciosa y el ambiente se relajó para mí mientras me contaban anécdotas de la escuela primaria.
El rostro de Rin-Sempai tiene muchas expresiones cuando se encuentra con los chicos de Iwatobi. Muchas expresiones que no suele tener cuando estamos juntos.
Es agradable ver las expresiones que Rin-Sempai puede mostrar estando con sus amigos.
Incluso cuando son de furia total por quemar su pudín y ser vencido en una pelea culinaria por Nanase-san.
Eso se puso feo, hubo insultos y casi se golpean. Pero al segundo siguiente estaban riendo.
Fue una buena noche.
Pronto será Navidad. No sé aún qué regalarle a Rin-Sempai. Parece tener todo el equipo para natación y suficientes trajes de baño."
Y su escritura en voz alta se vio interrumpida cuando la puerta de la habitación se abrió sin previo aviso, y la alta figura de Matsuoka Rin apareció tras ella.
-¿Qué haces, Ai?- Le preguntó secándose el cabello con una toalla mientras una ceja se levantaba en su bello rostro blanco. La expresión totalmente desencajada del platinado se contrajo sin saber que responder, hasta que el propio Rin continuó su frase al notar el encuadernado entre sus manos pequeñas.- Ah. ¿Tú también tienes un diario íntimo?-
-¿T-también?- Sonrió para sus adentros. Supuso que ya sabía que comprarle.
El día había pasado bastante pronto, incluso con la anécdota de su madre olvidando las carpetas de la clase y teniendo que improvisar un experimento que terminó con más risas que aprendizaje cuando varios compuestos rompieron las ampollas y tiñeron un uniforme de otro color.
Ruka llegó a la conclusión de que su madre era realmente increíble. La habían llamado en atención por el accidente, pero terminó la jornada riendo con el vicedirector con sus ocurrencias. De verdad, como es que dos seres ¿Cómo sus padres tuvieron una hija como ella?
No había podido unirse a la práctica de los chicos ese día, porque al llegar diciembre estaban preparando el Concierto de Navidad con el Club de Música y los ensayos se habían intensificado hasta casi llegar al límite del horario permitido en la escuela.
Por eso cuando salió del Salón de Música, ya no había nadie en los pasillos y el cielo comenzaba a teñirse de naranja fuego.
El ensayo había sido agotador. Por primera vez en años sus dedos realmente dolían de tanto tocar. Sonrió mirándose la mano, porque era una sensación que extrañaba en sobremanera.
Caminó el sendero de cemento que separaba el edificio principal de los árboles de cerezo junto a la piscina. Estaba vacía.
Miró su reloj, las 19:30. Rayos, hacía media hora que había terminado la práctica. Las últimas prácticas antes de que el clima impío de invierno impidiera que pudieran meterse. El agua estaba decididamente fría, pero aún tolerable en cortos períodos de tiempo.
Suspiró. No había podido hacer todo al mismo tiempo. Se sentía culpable. Los ensayos le estaban quitando tiempo con ellos, y eso que era miembro de ambos clubes.
- Bueno…- Suspiró para sí misma. Un chapuzón en solitario no le haría mal. Ya había aprendido a bucear y no quería quedarse con el sentimiento de no haber practicado ese día.
Dejó todas sus pertenencias en los lockers del club. Era muy bondadoso que todos tuvieran una llave, les daba equidad. La fresca brisa de la tarde llegando a su fin golpeó su cuerpo cuando se acercó al borde de la piscina con los pies descalzos y el cabello recogido. Si estaba sola, realmente no quería tener cabeza de látex esa vez.
"No flexiones tanto las rodillas. Espalda en arco. Manos derechas. Y espera el silbato" La voz de Haru se repetía en su mente cuando le explicó cómo lanzarse junto a Makoto. Como un mantra cada vez que iba a entrar al agua.
"El agua está viva. Te ataca apenas entras en ella con sus dientes, pero no tienes que tenerle miedo. No te resistas a ella. Ábrete paso y avanza por el hueco que te deja"
Fue lo que se repitió cuando el frío líquido envolvió su cuerpo al caer de cabeza. Acarició el fondo con sus dedos mientras se impulsaba con ambas piernas, como una sirena sin cola.
Se sentía tan bien. Volteó su cuerpo hacia arriba en donde estaba. Así como se lograba mantener a flote, había aprendido a quedarse estática en el fondo. Vio su cabello rojo aún bajo los rayos azules de la luna que veía distorsionada, como a través de un cristal esmerilado en constante movimiento. ¿Esto es lo que hacía Haru cada vez que quedaba en trance? ¿Esta era la paz que sentía?
Sonrió. El muchacho tenía un punto muy válido. Aún no sentía la necesidad de salir a tomar aire. Era como si su cuerpo quisiera quedarse donde estaba, como si hubiese vuelto al vientre de su madre. Como si el agua la abrazara de la forma más hermosa posible.
Tanto que no notó el sonido ahogado del agua moviéndose. No notó las pequeñas burbujas que buscaban hacerle cosquillas. No notó que alguien más se había arrojado a la piscina hasta que sintió unas fuertes manos tomarla por la cintura, asustándola y logrando que todo el aire en sus pulmones la abandonara, y que el agua alrededor de su rostro se metiera por su nariz y boca.
Las mismas manos que aún la sujetaban con fuerza de la cintura la subieron casi con violencia a la superficie, hasta ubicarla en el borde de la piscina. Tosía con fuerza y asustada por el impacto del cambio de presión y temperatura, por el susto y buscaba acomodar sus ideas cuando una voz familiar la hizo caer en lo que había ocurrido, al tiempo que sentía un pesado cuerpo ubicarse a su lado, totalmente empapado.
-¡RUKA! ¡RUKA! ¡¿Estás bien?! ¡¿Te lastimaste?! ¡¿QUÉ HACES SOLA EN LA PISCINA?!-
Abrió los claros ojos de golpe al reconocer la voz de su novio, así como su tacto en los hombros, sujetándola mientras sus manos temblaban con violencia.
El rostro totalmente distorsionado por el terror y las lágrimas que apenas podían mantenerse en sus cuencas le daban a entender que algo no estaba bien. ¿Por qué estaba aquí? ¿Por qué estaba totalmente empapado con el uniforme del colegio? ¿Ni siquiera se había quitado los zapatos? ¿Makoto…?
- Ma-Makoto…- Alcanzó a decir con un hilo de voz cuando los espasmos en su pecho cesaron.
-¡¿Por qué te arrojaste al agua estando sola?!- Su voz sonaba más aguda de lo normal, como si quisiera gritar y se contuviera, aun cuando el volumen de su voz era muy fuerte.
-¿Makoto, qué te ocurre?- Le preguntó totalmente incrédula. No comprendía que había hecho mal. Estaba tranquila en el fondo de la piscina, y de repente se encontraba fuera totalmente descolocada de sus casillas.- Makoto, tranquilízate, yo…-
Y sintió el pecho de Makoto chocar con el suyo cuando la atrajo con fuerza hacia él, abrazándola casi con desesperación. Se aferraba a su espalda con una mano y la otra buscaba ubicarse entre sus cabellos empapados, como si revisara que no tuviera una herida. Y lo sintió llorar. Si, llorar contra su oído, con la cabeza escondida contra su cuello, mientras la metía cada vez más entre sus pectorales, como si temiera que desapareciera de sus brazos.
-¡Creí que te estabas ahogando!- Le dijo con voz apenas audible.
Sentía que el pecho le iba a estallar de dolor. Sus dedos temblaban al tocar la piel desnuda de su espalda húmeda mientras comprobaba que estuviese respirando, aun cuando le había hablado segundos antes. Trataba de convencerse de que estaba bien, de que cada parte de su cuerpo estaba sin heridas. Que su adorada novia estaba a salvo.
Había terminado la práctica esa tarde, y tuvo que llenar unos papeles que Gou-chan le había pedido. Sintió el sonido del agua, pensando en que Haru había vuelto por un último chapuzón.
Pero cuando vio su delgado cuerpo inmóvil bajo el agua el corazón se le detuvo. Todo se volvió blanco. No sentía sus piernas. No sentía sus brazos. Solo el impulso eléctrico de su pecho hizo que volviera a vivir cuando sintió el agua contra su rostro al arrojarse con todo y ropa. Cuando la vio toser fuera del agua aún no reaccionaba.
El barco naufragado a tres kilómetros de la costa. El anciano con quien charlaba. Sus peces. La imagen de Haru sin respirar cuando se arrojó a buscar la bufanda de Zaki-chan. Rei en medio de la tormenta. Cada una de las imágenes más oscuras de su pasado se manifestaron en los segundos que le tomó llegar hasta ella.
- Ma-Makoto…- La sintió hablar aturdida. Sus finos dedos le devolvían el fuerte abrazo con liviandad, totalmente confundida.- Makoto...Solo estaba descansando en el fondo. Es lo que Haru hace siemp…-
- Haru no aprendió a nadar hace días, Ruka…- Le contestó con la voz más firme que pudo, aún sollozando mientras separaba su rostro del fino cuello. La miró a los ojos a través de una cortina de lágrimas. Los ojos verde claro de la joven lo miraban sin comprender.
- Pero…-
- Por favor, no vuelvas a meterte sin alguno de nosotros. Sin mí. Te lo ruego…- Su voz sonaba cascada mientras le perforaba el alma con los ojos más tristes que hubiera visto en él.
¿Qué ocurre, Makoto? Su mano se dirigió sola hacia su rostro, tratando de tocar su mejilla. Lo vio cerrar sus ojos al sentir su tacto, como si tratara de asegurarse de que estaba ahí. Makoto…
- Vamos a secarte… Estás totalmente empapado.- Habló con dulzura mientras acariciaba su piel de su rostro y presionaba su mano con la otra.
Asintió levemente, mientras su pecho aún buscaba calmarse y notaba por primera vez la pesadez de su ropa empapada.
No recuerda cuando se pusieron de pie, como caminaron hasta el salón del club. Como se quitó la camisa y el pantalón, quedando solo en boxers tapado con una toalla.
Su rostro se encendió en fuego cuando la sintió ponerse detrás de él tocando su espalda a través de una toalla para secarlo.
-¡Ah!- Dejó salir de sus labios, poniéndose derecho como si su tacto lo hubiera quemado con violencia.
-¡Qué pasó! ¿Te duele acaso?- El rostro confundido de Ruka estaba a su altura, gracias a su posición de cuclillas. Estaba aún en traje de baño con una toalla sobre sus hombros.
- N-No. N-No. Es s-solo que…- Comenzó a balbucear.
- Quédate quieto. Si no te secas pronto vas a tomar frío.-
Sintió como si cada movimiento en su espalda doliera de una forma adictiva. El silencio fuera del salón resonaba en las respiraciones de ambos. Y aún sabía que…
- Makoto…- La escuchó decir.
- Si…- Lo sabía.
-¿Por qué lloraste de esa forma?- Fue directa, no podía de otra forma.
- …- Tragó con fuerza.- Ya sabes que soy muy miedoso. Solo fue la impresión de…- Trató de alivianar el tono de su voz lo más posible.
- Te conozco. Pero quizá no tanto.- Dijo con un tono de tristeza que pudo identificar en un segundo. Sus manos seguían secando con delicadeza sus omóplatos.- Por eso, por favor, ayúdame a entenderte.-
Sintió que sus manos se quedaron sobre sus hombros. Su piel quemaba. Respiró muy profundo sin voltearse. Era una historia triste. Hacía poco se lo había confesado todo a sus amigos. ¿Por qué le costaba tanto hablarlo con la chica que ahora era su novia? Porque no quería que pensara que era un miedoso. O débil. O que tenía esa marca en su alma. Sin embargo…
¿Qué ocurre, Makoto? Pensaba una y otra vez. El cabello castaño había comenzado a secarse y el color claro predominaba nuevamente. Los googles aún colgaban de su cuello, haciendo un corte en la tersa piel de su cuello y el comienzo de sus hombros. Respiraba tranquilo. Aún podía sentirlo convulsionar de llanto contra su cuerpo, y se estremeció al recordarlo. Finalmente, vio que se volteaba hasta quedar sentado frente a ella con las piernas cruzadas. Dios. Eran muy largas y fuertes. Las suyas parecían palillos chinos pálidos en comparación. ¿Por eso se preocupaba tanto? ¿Tan frágil le parecía a sus ojos?
- Verás…- Dijo con la vista baja.
Se sentó de igual forma. Sus dedos se tocaban por casualidad dada la cercanía. Ya no estaba sonrojado. Su rostro…
- Cuando...Cuando era niño.- Respiró antes de continuar.- Solía jugar con un viejito muy amable en el puerto. Siempre me regalaba dulces. Incluso me dio unos peces de colores que yo no podía pescar en un festival.-
Y sus ojos se abrieron de par en par al recordar la tumba de los peces en el patio de su casa. Cuando le preguntó por qué mantenía flores frescas en un jarrón a la intemperie. Volvió a mirarlo. Aún no levantaba la vista.
- Una noche, un tifón golpeó muy fuerte la costa. Un barco pesquero se hundió a tres kilómetros del lugar donde solíamos nadar con Haru. Varias personas murieron ese día...entre ellos, el anciano.-
- Mako…- Sus palabras se quedaron atragantadas en su boca cuando completó la frase. Tembló de repente con miedo. Su rostro…
- Creí que había recobrado la confianza en el agua. Me costó mucho, pero creí que todo estaba bien. Y luego…-
Recordó. Recordó lo que pensaba decirle antes de que sus palabras salieran. El Campamento de las Islas. ¿Acaso…?
- En el campamento que hicimos hace unos meses…- La miró. Kami. No pongas esa mirada. No podré contarte nada si parece que fueras a quebrarte ahora.- Rei se metió al agua. Hubo una tormenta. Me arrojé sin pensarlo, y quedé paralizado. Casi…-
Y sintió su blanca y delicada mano posarse sobre la suya. Ruka-chan, no llores… Por favor.
- Haru me salvó justo a tiempo. Nagisa salvó a Rei. Fue una experiencia que nos terminó ayudando al final, pero la realidad es que…-
-¡LO LAMENTO!- Su grito resonó en todo el salón. El eco de su voz le perforó los oídos, haciendo que la mirara sorprendido. Cabizbaja, temblando, mientras se tomaba el estómago con una mano y presionaba con fuerza su propia mano con la otra. Las gotas de cristalina agua salada que bajaban de sus ojos caían de lleno sobre sus muslos.
-¡Ruka-chan!- Se alarmó. Tomó su mano entre las suyas, acercando su cuerpo a ella.- Ruka-chan, que…-
-¡Lo siento, Makoto!- Se ahogaba con sus propios sollozos.- ¡Lo lamento! ¡De haber sabido esto jamás me habría metido sola! ¡Nunca hubiera hecho algo para asustarte así!- El hilo de su voz estaba tapado por la modulación ahogada en su laringe.
El corazón se le destrozaba de verla llorar. No. No toleraba verla así. Verla mal era lo último que podía resistir.
- Ru-Ruka-chan, por favor no llores.- Y sentía que sus ojos también se cargaban con angustia. Ese calor en sus mejillas que hacía arder sus lagrimales desde adentro y brotaban como una catarata salada.- Ruka-chan, vas a hacer…-
Y ahí estaban los dos, tomados de las manos con fuerza mientras descargaban la angustia contenida en forma de llanto.
-Nee...Rei-chan.- La voz de Hazuki Nagisa sonó apagada mientras observaba a su amigo dejar la taza de té caliente sobre la mesa de la pequeña cafetería donde se habían reunido antes de dirigirse cada uno a su casa. El enorme sundae que Nagisa había pedido estaba comido por la mitad, luego de haber chirriado alegremente por el tamaño ridículamente enorme que tenía en comparación a su propio brazo, así como la cantidad de fotos que le sacó para poder agregarla a su álbum de "postres deliciosos con Rei-chan". No era extraño para ambos juntarse y disfrutar de un rato de charla banal, que hasta el megane encontraba relajante. Pero…- ¿Me invitaste para estar callado todo el tiempo? Me siento en una película romántica donde están a punto de cortarle a la protagonista…-
-¡¿QU-QUE QUE?!- Gritó el muchacho de profundos ojos púrpura mientras sacudía la cabeza totalmente aterrado por la frase de su amigo.
-¿¡Acaso vas a cortar conmigo Rei-chan!? ¡Pero si somos el uno para el otro!- Y estirando ambos brazos trató de pasar por encima de la mesa ante la divertida y confusa mirada de todos los comensales en las mesas cercanas, y las risitas disimuladas de las chicas de instituto privado que vestían uniformes exclusivos en un lugar a su derecha.
El rostro totalmente violeta del megane irradiaba calor en proporciones épicas mientras trataba de callar al muchacho rubio, pero no lo conseguía.
-¡Por favor Nagisa contrólate!- Y por fin el más bajo se sentó, aún con una sonrisa aniñada en su sonrosado rostro, comiendo de a cucharadas colmadas su helado con confituras y frutas de estación. Aún con la crema a medio tragar y las mejillas manchadas en chocolate cual infante que aprende a deglutir, habló.
-¡Entonces dime que hacemos aquí, Rei-chan!- Y Rei tragó fuerte. Porque aún recordaba la reacción sobre medida que tuvo su amigo al enterarse de su posible beca. Y la realidad es que lo había preocupado, porque esa había sido lo menos Nagisa que había podido ver.
-N-Nagisa-kun…- Comenzó a decir. ¿Cómo podía encarar el tema sin parecer que estaba inmiscuyéndose en asuntos que no le incumbían? Porque realmente no le incumbían. Había leído libros sobre psicología hace unos años y los consideraba una idiotez porque la ciencia que trate estudiar la psiquis no es una ciencia en su parecer. Pero…
-De verdad, Rei-chan. Siento que te vas a declarar en cualquier momento y no estoy listo para una relación seria…-
-¡TE DIGO QUE NO ES ESO!-
Fue una suerte que Makoto tuviera la chamarra del equipo y el pantalón de juego dentro del bolso en el depósito, o hubiera tenido serios problemas a la hora de volver a casa totalmente congelado.
Oficialmente, ese había sido el último chapuzón del año hasta abril cuando pudieran abrir la piscina nuevamente y no se convirtieran en cubos de hielo andantes.
-Ruka-chan, puedo alcanzar ese estante sin necesidad de subirme a ningún banco.- La voz del mayor de los hermanos Tachibana sonó casi con gracia al verla trepar a un cajón para llegar al compartimiento más alto sobre los casilleros y guardar las tablas de goma que usaban para entrenar. Volteó hacia su rostro con una expresión cansada.
-Soy inútil a nivel del suelo, y después de hacerte dar el chapuzón del siglo inútilmente quiero resarcirme, Makoto.- Y extendió la mano para que le siguiera pasando las tablas de colores. El muchacho no pudo más que suspirar antes de reír aliviado por el cambio de aire que habían tenido.
El llanto incontrolable de ambos había ido mermando hasta que solo quedaron sollozos, y se había podido recomponer lo suficiente como para juntar fuerzas desde sus entrañas y abrazarla hasta que ella dejó de temblar. Habían tenido que prender el calefactor dentro del club para secar su ropa y no congelarse mientras notaban el desastre que era el pequeño cuarto, y en silencio habían comenzado a acomodar. Después de todo, ya no volverían a usarlo hasta abril.
-Es una pena que no tengamos una piscina techada para poder seguir practicando.-Dijo con tristeza el alto Capitán.- Creo que serán todos ejercicios de cardiovascular y ejercitación muscular hasta que vuelva a hacer calor.- La joven asintió con una sonrisa nostálgica.
- Vas a tener que volver a perseguir a Haru y evitar que se desnude en los estanques del centro comercial.- Y lo miró.- Pero dejame fotografiarlo primero.-
Makoto estalló en risa aún con el rostro muy rojo por su ocurrencia. Lo vio agachar su enorme figura para tomar las cuerdas de repuesto para separar los carriles y enrollarlas en sus fuertes brazos. Pareció ahogar un suspiro con aire meditativo.
-Ruka-chan…- Lo miró haciendo un pequeño sonido con su garganta para indicarle que lo estaba escuchando, aún subida al cajón de madera y sosteniéndose con una mano. Sin chaqueta y con las mangas remangadas por los codos.- ¿Por...Por qué siempre estás sacando fotos a Haru?- Y la joven pestañeó varias veces, sonrojándose por la sorpresa. ¿Eh? ¿Por qué? Era casi obv...Oh…¿acaso estaba mal que lo hiciera dado la relación que los unía desde hacia un mes? Rayos, no tenía idea de si estaba bien o mal. Siempre se había comportado igual con sus amigos varones, de hecho había sido toda una aventura entablar amistad con Gou-chan, porque jamás tuvo cercanía con las chicas a ese nivel. Y ahora de pronto se encontraba en una relación con un muchacho, con el muchacho más tierno y amable y el que jamás se quejaba de nada y que ahora parecía dolido porque fotografiaba a sus amigos en traje de baño…¿Eso no era normal…?
- E...eto…- Trató de modular. Una broma. Una broma era la única forma en la que podía salir de esa sin que todo se fuera abajo, siempre una broma. Siempre que las cosas se iban al demonio, el sentido del humor la sacaba adelante. Si. Eso debía ser.- Lo haz visto sin camiseta. Se han visto todos sin camiseta. Gou tiene motivos para aplaudir como foca cada vez que ustedes practican. No puedo evitar querer inmortalizar a Haru para la posteridad. Hahahahahaha.- Y forzó una carcajada aguda rezando que funcionara.
-Haha...Entiendo.- Trató de pensar sus palabras. Pero…
- Además eres del que más tengo fotos…- Soltó dándose vuelta para seguir acomodando, sin darse cuenta de que las palabras escapaban de su boca como agua de un grifo abierto. Los caídos ojos verdes de Tachibana Makoto se abrieron de par en par ante la confesión de su novia.
-¿E-Eh?- Dijo totalmente rojo.
- ¿Eh?- Respondió ella dándose cuenta de que si no cortaba la comunicación entre su cerebro y su laringe iba a terminar hundida en el lodo.
- ¿T-Tienes f-fotos m-mías…?- Sabía perfectamente la respuesta a esa pregunta. La veía con una cámara fotográfica o con su celular cada vez que alguno de ellos se lanzaba al agua y luego mostrárselo a Gou-chan, quien le daba un aplauso en señal de orgullo.
- Eh…-Suspiró. Ocultarlo era totalmente inútil. Era imposible verla sin una cámara de fotos.- Si…-
Y el silencio se hizo entre ellos, y lo que fueron segundos parecieron horas en las dimensiones de sus mentes mientras sentían hervir sus mejillas desde adentro. Y las piernas de Ruka se soltaron tanto que fallaron en su función de soporte y trastabilló estando de pie sobre el cajón de madera, precipitándose hacia el suelo en una caída brusca.
Y algo se activó dentro del amplio pecho del castaño al ver su cuerpo caer desde una altura considerable, corriendo dos pasos con sus largas piernas y alcanzarla en el aire, tirando las tablas que aún tenía en las manos, recibiendo su cuerpo contra el suyo.
Y así se encontró sosteniendo a Ruka-chan entre sus brazos, protegiendo su cabeza para que no se golpeara contra los casilleros con una mano y sosteniendo su espalda y cintura con la otra. Su enorme cuerpo estaba casi apoyado sobre ella. El corazón de la pelirroja estaba a punto de explotar al ver pegado a su rostro el rostro de Makoto, con el cabello castaño oliva haciéndole cosquillas en las mejillas y los labios tibios y húmedos sobre los suyos rozándolos con la suavidad de una pluma.
Y el alto Capitán se sintió morir al sentir la calidez de su boca perfecta apoyada tiesa bajo la suya y no poder reaccionar como quería. No poder tomar su rostro y besarla como había querido hacer desde la noche en que se habían confesado mutuamente lo que sentían hacia más de un mes. Y ahí estaba, besándola por accidente mientras ayudaba a guardar el equipo en los compartimentos del depósito del club. Y su rostro se volvió rojo, levantándose de golpe junto con ella, aún de pie en el taburete y quedando a un altura similar a la suya.
Vio como Makoto sacudía la cabeza con fuerza tomándose el rostro sonrojado entre las manos. ¿Por qué se había separado así cuando prácticamente era la oportunidad de besarse como lo habían querido todo el día? Porque lo habían querido, ¿cierto? Ella si, ella no había podido pensar en otra cosa que no fuera que el chico más maravilloso del mundo le había dicho las palabras más sentidas el día anterior, que todo el día habían estado en un mundo soñado pero ahora separaba su primer beso y su reacción era de horror. Las lágrimas que empezaron a acumularse en sus ojos quemaban por dentro como aceite hirviendo. Y lo oyó hablar.
-G-gomen, Ruka-chan…- Le dijo una vez que su rostro quedó libre de la prisión de sus largos dedos. Los ojos verdes brillosos por una cortina de agua que se negaba a escapar la enfocaron como único blanco. Kami, ella también estaba por llorar. Necesitaba hacer algo…- Quiero besarte hace días. T-traté de hacerlo en las escaleras. Luego del almuerzo. Cuando pudimos quedarnos solos antes de venir al Club...Quería que nuestro primer beso fuera especial, pero…-Suspiró angustiado mientras tiraba su cabello suave hacia atrás con una mano.- Pero terminé besándote por accidente...Soy…- Y tardó en enfocar su rostro compungido hilvanando en su mente las palabras que escuchaba. El corazón aún latía galones de sangre por su cuerpo y sus labios temblaban por el beso quedó que acababan de compartir, y que esperaba desde que empezaron a salir.
Sintió sus manos moverse por si mismas hacia su rostro totalmente rojo mientras él seguía disculpándose, viendo que se detenía al contacto de su piel. Le parecía tan extraño estar a su misma altura gracias al taburete donde se apoyaban sus pies que la escena le pareció irreal cuando buscó acercar sus rostros con delicadeza, sosteniéndolo con la mayor dulzura que le permitían los nervios que tenía en ese momento.
Makoto sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas cuando los labios tibios y delicados que había podido sentir hacia momentos con ligereza ahora se posaban con una firmeza tierna sobre los suyos, como pidiendo permiso para quedarse junto a él. Las pestañas de Ruka-chan pegadas a él parecían iridiscentes al contacto de la luz que entraba por las ventanas y el reflejo fuego de su cabello, y las pecas de su rostro jamás estuvieron tan cerca.
Sus manos enormes se movieron hacia la cintura estrecha para sostenerla mientras su propio cuerpo se acercaba con timidez y una sensación que jamás había sentido recorría su cuerpo como un choque eléctrico de pies a cabeza. Y el beso se rompió.
OHKAMIOHKAMIOHKAMIOHKAMI… Lo besé. Besé a Makoto. Lo hice. Lo besé. Y sus ojos permanecían cerrados a diferencia de los orbes verdes del alto Capitán de Iwatobi pegado a ella. Sonrió conteniendo la cortina de agua salada tras sus párpados al ver a la chica que quería frente a sus ojos y habiendo robado su primer beso. Y sus enormes manos se dirigieron a las mejillas cubiertas en pecas sonrojadas para volver a posar sus labios sobre los suyos una vez más, como si extrañara el contacto que significaba entre ellos.
Una y otra vez hasta que sus labios dejaron de contar los encuentros entre ellos, y sus grandes manos habían sujetado los hombros delgados como si jamás fuesen a soltarlos.
