Nuestra Dulce Aventura

Percances

Sesshomaru y Rin habían empezado a caminar de nuevo desde hace rato, desde que los primeros rayos del sol habían iluminado el bosque. Según sus cálculos ya se encontraban cerca del castillo donde debían tomar esa legendaria espada. Rin recordaba vagamente haber leído acerca de ella pero no estaba segura de cuales eran los poderes de dicho objeto.

- ¿Cree que llegaremos hasta ese castillo? Porque enfrentarse a unos cuantos es una cosa, pero a un ejército completo… - Meditaba Rin insegura de cual sería su próximo avance.

- Francamente, no lo sé. – Confesó Sesshomaru, luego, en cuestión de segundos, Rin observó como su compañero caía al suelo de rodillas al parecer aguantando un dolor en su pecho. - ¿Qué demonios…? – Decía entrecortadamente siseando.

Rin se había arrodillado junto a él, bastante preocupada viendo como él sufría.

- ¿Qué hago…? – Musitó desesperada. En ese momento, Sesshomaru exhaló aliviado y levantó el rostro. Rin parpadeó confundida.

- ¿Qué? – Preguntó al ver el anonadamiento de ella.

- Sus orejas, colmillos, garras… - Empezó a decir observando como Sesshomaru se examinaba las partes de su cuerpo que ella nombraba, sorprendiéndose que volvía a ser humano.

- ¿Qué pasó? – Cuestionó exasperado al ver que volvía a ser un indefenso humano. La miró a ella fieramente, más por la ira que sentía que por querer culparla. Rin se intimidó con aquella mirada.

- No lo sé, puedo jurárselo. Se supone que hasta que no cumplamos con nuestra misión, usted no debería perder sus poderes. – Decía tan confundida como él.

Sesshomaru se levantó del suelo, con su mismo porte elegante pero con un semblante preocupado, pues él estaba confiado en que sus poderes eran más que suficientes para destruir toda la raza de esos monstruos pero ahora...

Rin se levantó al igual que él y le miró expectante. Sesshomaru la observó en silencio y luego de un leve arreglo a su ropa y tomando su pose arrogante característica, le respondió.

- Vámonos. – Decretó retomando su caminata. Rin le seguía preocupada.

- Pero entonces no debemos presentarnos tan temerariamente…yo no puedo sola. – Dijo desesperada. Él le miró con cierta compasión.

- Tendremos que cambiar nuestra forma de actuar a una más sigilosa y prudente. Sin embargo, si no cumplimos con nuestra misión, no podremos regresar. – Informó viendo como Rin asentía obediente.

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Luego de varias horas después, Rin caminaba junto a Sesshomaru con semblante preocupado. Sabía que estaban llegando al camino que conducía directamente al pueblo de esos seres pero ahora no sabía muy bien que haría. Meditaba ese "pequeño" detalle mientras se seguían acercando.

En caso de Sesshomaru, no se encontraba en mejores condiciones, se sentía por vez primera en su vida impotente al verse como un débil humano y en ese preciso instante odiaba su existencia más que a nada en la vida. Sin embargo, como es característico de él, no expresaba en su rostro ni un ápice de lo que sucedía en el interior de su psique.

Observaron unos arbustos adyacentes al camino y Rin tuvo una idea.

- Escondámonos allí. Seguramente daremos con la solución apropiada si vemos que tipo de actividades se dan por estos sitios. – Anunció Rin viendo como Sesshomaru asentía en silencio y ambos procedían a camuflarse entre los arbustos.

Observaron pacientemente como infinidad de transportes recorrían ese camino. Desde carretas repletas de alimentos hasta uno u otro carruaje elegante perteneciente a las familias adineradas. Rin finalmente supo que hacer.

- Señor Sesshomaru, necesito de algunos ingredientes para poder crear el conjuro que nos hará llegar a ese castillo. – Dijo viendo como Sesshomaru le miraba con atención. – Necesitamos… - Y así prosiguió a decir cada planta y objeto que necesitarían para poder llegar a su destino planteado.

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Sango jalaba incesantemente de las cadenas, negándose a darse por vencida. Miroku le veía con pena, ya que él ya había aceptado la realidad.

- Te vas a dañar las muñecas innecesariamente… - Musitó viendo como Sango se detenía y lo observaba ceñuda.

- ¡Debemos irnos de aquí! ¡Me niego a morir como una vil ladrona! – Vociferó con ira. Miroku suspiró cansinamente y luego le lanzó una mirada gélida a su compañera.

- Eres una ladrona. – Aseveró observándola fijamente con aquella mirada intimidante que no mostraba desde la vez que la regañó cuando ella intentó defender a Kohaku.

- Pero fue por una buena causa, además, esa gente pagana no tiene motivo por el cual quedarse con esa corona, ¡nosotros sí! ¡Debemos salvar vidas!

- ¡Y esa era efectivamente nuestra misión! ¿Acaso se nos dio certeza que la cumpliríamos? No, Sango, ¡por supuesto que no! – Gritó él. Sango calló intimidada.

- Pero…no hicimos nada malo, no merecemos esta condena… - Susurró angustiada.

- Lo sé, Sango, lo sé. – Dijo Miroku con un tono más suave. Aceptando finalmente la rendición. En ese momento, observaron como tres hombres se acercaban a la celda y lanzaban una lasciva mirada a Sango. Miroku frunció el ceño preocupado.

- Vaya… teníamos tiempo que no condenábamos a alguien. – Dijo uno en tono burlesco. Los otros dos rieron malignamente.

- Sí… - Respondió el otro abriendo la celda y adentrándose. Se agachó hasta donde estaba Sango que les miraba desafiante y al notar las intenciones del tipo de querer manosear su pierna, le escupió en la cara. El hombre se levantó lanzando una sarta de juramentos y maldiciones. Los otros observaron a Sango con rencor.

- ¡Esta nos las pagas, perra! – Exclamó el otro jalando a Sango de un brazo y lastimándola por el brusco agarre. Ella no pudo evitar sisear del dolor.

- ¡Suéltala, animal! – Exclamó Miroku, captando la atención del aludido y de los otros dos hombres que se acercaron a él con vista fría y letal. - ¿No te enseñó tu papá que los hombres que le pegan a las mujeres son maricos? – Preguntó viendo como el tipo fruncía el ceño. – No…dudo que tuviera las bolas para hacerlo… - Prosiguió sin dejar a los hombres responder y recibiendo en el acto un certero puñetazo en la mandíbula, el cual, hizo que brotara un hilillo de sangre de su boca. Sin embargo, Miroku sonrió satisfecho de haber podido distraer a esos tipos.

Sango observaba todo asustada y sin saber que hacer. En ese momento, una voz femenina y potente se escuchó.

- ¡Déjenle! – Ordenó una delgada silueta que se iba acercando. La mazmorra era oscura y sólo lograron ver a la dueña de esa voz hasta que entró en la celda y miró ceñuda a los tres hombres. Tanto Miroku como Sango le miraron sorprendidos al reconocer quien era.

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Rin ya estaba en los últimos preparativos de su poción. En ese momento, había sacado una pequeña navaja de uno de los escondites de su ropa y se había hecho una pequeña herida en el dedo. Agregó a la mezcla tres gotas de su sangre y le extendió la mano a Sesshomaru.

- Necesito su sangre. – Pidió viendo como Sesshomaru unía su mano a la de ella mientras que Rin hacía un pequeño corte en el torso de esta.

- Nunca he participado de rituales de brujería… - Advirtió Sesshomaru.

Rin colocó las tres gotas de sangre de él en la poción y luego antes de soltar su mano, le besó tiernamente la herida y le sonrió alegremente. Sesshomaru se sorprendió de su acto y así lo expresó en sus ojos, sin embargo, no dijo nada y siguió observando el procedimiento.

- Yo a diferencia de mi abuela, sólo uso magia blanca. – Aclaró ella.

Finalmente Rin había acabado y ahora le ofrecía el frasco con la poción

- Beba un sorbo, por favor.

Sesshomaru observaba intermitentemente entre la poción y Rin, pues él sabía que tipo de ingredientes tenía y le causaba repulsión intentar siquiera probarla. Aún así, se obligó a tomarla y tragar un pequeño sorbo, con el cual, formó una mueca al beberla. Rin sonrió satisfecha.

En ese momento, Sesshomaru sintió que nuevamente su pecho se oprimía y cerró los ojos soportando el dolor. Cuando éste cesó los abrió, sorprendiéndose que ahora, al parecer, observaba todo con mayor detalle, como si su vista hubiese sido mejorada. Igualmente, se dio cuenta que Rin se veía mucho más grande y parpadeó confundido. En ese momento, miró hacia abajo y se dio cuenta que ahora poseía un plumaje blanco en su pecho y al observar a sus costados, poseía dos alas livianas y gráciles. Miró a Rin sin entender.

- Señor Sesshomaru… - Le llamó ella tranquilamente. – Ahora es un halcón. – Informó viendo la perplejidad en la mirada de su interlocutor al igual que escuchaba un chillido proveniente del animal, al parecer de protesta. – Necesito que alce vuelo y me dé una señal en cuento haya visto alguna carreta que se dirija al castillo. Revise desde todos los ángulos y si ve el sello real, entonces dé un chillido de alerta y distraiga al chofer para que así yo pueda entrar en la carreta para poder entrar al castillo sin ningún problema. Luego, una vez yo escondida, vendrá hacia mí y nos esconderemos entre la mercancía.

Sesshomaru entendió el plan, sin embargo, no lo veía muy prudente. Pero dadas las condiciones, accedió. Con algo de dificultad al principio, tomó vuelo y se apoyó en la cima de un árbol. Finalmente, luego de un poco más de práctica, pudo dominar sus habilidades. Observó como un hombre conducía una carreta llena de heno hacia donde ellos se encontraban. Tomó impulso y voló bajo intentando ver algún indicio de un sello real. Luego de verle por todos los ángulos, divisó un sello ya algo borrado por el tiempo en la parte posterior de la carreta. Se elevó unos dos metros más y desde esa altura lanzó un chillido estridente que alertó a Rin. Luego, bajó en picada y prosiguió con sus chillidos mientras volaba alrededor del equino, intentando asustar al animal y azorar al conductor.

El hombre lanzó varios improperios y obligó a su caballo a detenerse y justo cuando iba a lanzarle una piedra a Sesshomaru, este la esquivó rápidamente y volvió a alzar vuelo. Rin ya había corrido sigilosamente a la carreta y se había enterrado dentro de la abundante paja. Cuando el hombre hubiese retomado su marcha, Sesshomaru descendió en absoluto silencio y finalmente apoyó sus filosas garras en la madera de la carreta. Vio un par de ojos marrones dentro de la carreta y notó como el plan había salido tal y como ellos querían. Ahora sólo faltaba esperar. Y justo cuando se disponía a acomodarse dentro de la carreta, notó como luego de un leve "puf" volvía a su forma normal, en eso miró confundido a Rin. Ella le jaló por un brazo e hizo que se sumergiera en la paja, junto a ella.

- Mis hechizos no son muy duraderos que se diga. – Susurró con una sonrisa apenada.

- ¿Y entonces? – Cuestionó sin entender muy bien del todo el plan de aquella joven.

- Bueno, esos gatos no tienen muy buen olfato, así que podremos pasar inadvertidos. Además, con el solo hecho de ya entrar dentro del castillo es un gran paso, ¿no cree? – Preguntó ella con una de sus típicas sonrisas.

- Muy bien… - Dijo Sesshomaru mientras dirigía su mirada al horizonte preguntándose si el plan de aquella chiquilla funcionaría.

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- ¡Mayu! – Dijeron Miroku y Sango al unísono al reconocer a la dueña de aquella voz. La mujer miró a Sango cínicamente y luego le sonrió amorosamente a Miroku. Con su típico contoneo de caderas se acercó hasta el monje y se agachó a su altura, tocándole el mentón y rozando con sus dedos el labio ensangrentado de él. Le miró con pena la zona afectada y ladeó el rostro hasta los tres hombres fulminándole con la mirada a cada uno.

- Nosotros no… - Uno de ellos empezaba a tratar de excusarse pero Mayu les interrumpió.

- Se retiran ya mismo, sino quieren ser decapitados. Se van…. ¡YA! – Exclamó viendo como los tres tipos salían presurosos de la celda. Una vez que se hubieran retirado por completo Mayu volvió su vista a la de Miroku, que la observaba confundido y ella le sonrió dulcemente. – Por amor a todo lo bueno…que ojazos tienes… - Musitó ella notando el anonadamiento del monje.

Sango bufó molesta y Mayu le miró ceñuda.

- ¿Quién eres realmente? – Preguntó Sango casi en un siseo de la ira que sentía. La mujer limpió la sangre de la boca de Miroku y se levantó con parsimonia, mirando a Sango altivamente.

- Soy hija del terrateniente y princesa de este castillo… - Dijo tranquilamente viendo como los ojos de sus interlocutores se abrían como platos. – Y espero que estés lista para la muerte, pequeña ladrona, puesto que no apelaré por ti.

- No lo necesito si viene de una ramera gitana. – Le contrarrestó Sango sin medir sensatez o prudencia de sus palabras, notándolo al ver como las pupilas de la princesa se contraían.

- Haré que Miroku salga de aquí, pero tú, no correrás con la misma suerte… - Sentenció la mujer segura de lo que decía. Miroku veía intermitentemente entre las dos mujeres que parecían devorarse con la mirada en un desafío sin palabras.

- Suerte con eso. – Le guiñó Sango con una sonrisa sardónica viendo el azore e indignación de Mayu.

- Pagarás por tu atrevimiento… - Siseó ella dándose media vuelta y saliendo de la celda en cuestión de segundos.

Una vez lejos de ellos, Sango exhaló sonoramente, como si en ese momento hubiese retenido el aire en sus pulmones. Luego posó su mirada en Miroku y le sonrió con ironía.

- Veo que sus encantos le funcionan hasta en tierras lejanas… - Dijo Sango amargamente viendo la confusión plasmada todavía en los orbes azules de él. – Que bueno que conquistó a esa gitana, al menos usted podrá salir con vida…

- Te equivocas Sango. – Le interrumpió Miroku indignado. – Yo no me pienso ir de aquí a menos que tú vengas conmigo. - Sango al principio se le había quedado mirando sorprendida pero luego bufó incrédula.

- Por supuesto que no lo hará… - Comentó sarcásticamente más para sí misma que para su interlocutor. – Usted desprecia a la gente de mi clase social, sin contar que aquella mujer, además de atractiva es rica y poderosa. Obviamente, como siempre ha actuado, se irá por lo fácil y conveniente…

- ¿Ese es el concepto que tienes de mí? – Preguntó dolido con una sonrisa amarga. – Lástima que no nos queda mucho tiempo de vida como para que al menos, muera sabiendo que tú no piensas eso de mí al contarte mi verdadera historia.

Sango le miró en silencio, no quiso decir lo que le había dicho pero el momento, las circunstancias, aquella mujer…todo le causaba estrés y angustia, haciéndola hablar irracionalmente. Sólo…sólo quería que todo se acabara pronto. En eso, no pudo evitar derramar una triste y solitaria lágrima, que rodó por su mejilla libremente.

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Hola, disculpen la demora con el fic, pero la verdad es que no sabía que poner en este capítulo, por ello lamento haber tardado tanto. Muchas gracias por los reviews que me han dejado, acepto las críticas de que duro mucho en actualizar pero ustedes saben que así soy yo y este es el ritmo que puedo tener con mis actualizaciones. Espero que el capítulo les haya resultado interesante y satisfactorio e igualmente, espero que me dejen su opinión al respecto. Sayonara.