La boda había terminado. Poco a poco las gentes del distrito regresaban a sus habitaciones preparados para una larga noche de descanso. Los novios, ahora marido y mujer, se dirigían también al que sería su nuevo dormitorio a partir de aquella noche, aunque estaban lejos de sentirse cansados. Ha sido una boda perfecta, pensaba Annie acurrucándose contra el pecho de su esposo. Después de tomar el pastel y recibir una última ronda de felicitaciones, ambos habían abandonado el comedor y Finnick había insistido en llevarla en brazos hasta el que sería su nuevo dormitorio, a pesar de estar a cierta distancia de donde se encontraban.
- ¿Seguro que no estás cansado?- volvió a preguntar alzando la vista para mirarle a los ojos.
- Seguro- Finnick resopló y la acomodó mejor en sus brazos- Esto no es nada, puedo llevarte sin esfuerzo. Además, ya queda poco.
- Mentiroso- Annie sonrió y se alzó unos centímetros para besar a Finnick en la barbilla. Continuaron avanzando en silencio el resto del camino hasta que por fin llegaron al compartimento que les había sido asignado. Su nueva habitación estaba compuesta por dos pequeños armaritos, una mesa con dos sillas y una cama, más grande que las camas individuales pero no tan grande para ser considerada "cama de matrimonio". La habitación no era mucho más grande que el resto de compartimentos pero era esa falta de espacio lo que le daba un toque acogedor, casi íntimo.
- ¿Te gusta?- dijo Finnick dejando a Annie en el suelo y cerrando la puerta tras de sí. Annie dio una vuelta sobre sí misma juzgando la habitación.
- Es algo gris- contestó pasando la vista por las paredes. Al igual que casi todo lo que había en el distrito, las paredes estaban pintadas en tonos grisáceos y no había ningún elemento decorativo que las diera algo de vida.
- No te preocupes- detrás de ella, Finnick le abrazó la cintura y le apartó el pelo hacia un lado- Nosotros le daremos color- lentamente y sin dejar de abrazarla, Finnick comenzó a recorrer con los labios el contorno de su cuello hasta su hombro, cubriendo cada centímetro de su piel con besos suaves y dulces. Annie cerró los ojos y suspiró mientras su esposo se recreaba en un largo y profundo beso en la base de su cuello que la hizo perder momentáneamente el equilibrio. Sin darla apenas tiempo para respirar, Finnick bajó lentamente la cremallera de su vestido y deslizó los tirantes hacia abajo, recorriendo su piel desnuda con caricias que enviaron descargas eléctricas por todo el cuerpo de Annie. Finnick tomó a Annie de las manos y la giró lentamente hasta situarla frente a él, haciendo que el vestido cayera hacia el suelo. Con la misma lentitud que antes, guió las manos de Annie hasta su chaqueta y su camisa, ayudándola a desvestirle de cintura para arriba. Una vez ambas prendas alcanzaron el suelo, Finnick continuó guiando las manos de Annie por su anatomía hasta alcanzar la cremallera del pantalón, que la joven desabrochó con dedos temblorosos. Finnick se quitó los zapatos sin dejar de mirarla a los ojos provocando que el pantalón se deslizara hasta sus tobillos y Annie se quedó sin aire. La vida de pesca en el distrito cuatro le había conferido a su esposo un cuerpo imponente, con fuertes músculos y piel bronceada y tersa. Finnick volvió a acariciar su cintura con ambas manos y la atrajo hacia él besándola en la boca. Instintivamente, Annie alzó los brazos rodeándole el cuello y ambos se fundieron en un beso distinto a todos los que se habían dado. Era un beso cargado de cariño y amor sincero, sí, pero había algo más que lo hacía diferente: placer. Por primera vez en mucho tiempo estaban completamente solos y tenían total libertad para quererse sin que nada ni nadie les interrumpiera. Podían hacer lo que quisieran. Dominado por la pasión, Finnick cogió a Annie en brazos y avanzó dando traspies sin dejar de besarla hasta que los dos acabaron tumbados en la cama, él encima y ella debajo. Annie tragó saliva y tomó aire por la boca. Todo el peso de Finnick descansaba sobre ella, sin llegar a aplastarla pero haciendo que sus dos cuerpos se unieran como si fueran uno solo. Finnick abandonó sus labios para volver a besarla el cuello y Annie tuvo que cerrar los ojos invadida por una sensación de mareo. Finnick, sus manos, su cuerpo, su aroma, sus caricias... Todo aquello era demasiado perfecto para ser real. Demasiado intimidante, demasiado próximo. Abrumador. Cuando las manos de Finnick bajaron por su espalda buscando el cierre de su sujetador, Annie abrió los ojos y comenzó a respirar con dificultad.
- ¿Annie?- la voz de Finnick sonaba distante, como si se encontrara a miles de kilómetros de distancia - ¿Te encuentras bien?- Finnick separó de ella dejándola respirar y la ayudó a recostarse contra la almohada. Annie abrió la boca para responderle pero de sus labios sólo salió una respiración jadeante buscando un ritmo normal, de modo que se limitó a asentir lentamente con la cabeza- Lo siento- Finnick se acercó a uno de los armaritos, sirvió un vaso con agua y volvió junto a ella- Lo siento mucho- Annie bebió con avidez notando cómo la sangre latía contra sus sienes. Estaba sedienta y algo cansada por la velocidad a la que se habían desarrollado los acontecimientos pero por lo demás se encontraba bien. Mejor que nunca, de hecho- Supongo que es demasiado pronto- Finnick suspiró e hizo además de levantarse de nuevo pero Annie le retuvo.
- No...- dijo sentándose erguida con el vaso aún entre las manos tratando de poner en orden sus pensamientos- ... no...- todo aquello había despertado en ella un deseo carnal, casi primitivo: el de unirse a Finnick en todos los sentidos posibles. Quería notarle junto a ella, sentir sus caricias, corresponder sus besos. Quería quererle- ... sigue... por favor- Finnick frunció el ceño y la penetró con la mirada durante tanto tiempo que Annie acabó sonrojándose.
- Está bien- Finnick tomó el vaso de sus manos y lo dejó en el suelo- Iremos despacio- con cuidado, Finnick volvió a tomarla entre sus brazos pero esta vez la colocó reclinada sobre la almohada, de modo que la joven no quedara tan aprisionada contra su cuerpo- Mantén tus ojos en los míos todo el tiempo, ¿vale?- Annie asintió una sola vez y Finnick volvió a la tarea de desabrocharla el sujetador. Esta vez sus movimientos fueron más lentos y pausados, recorriendo las caderas de Annie y subiendo por su espalda hasta desabrocharlo- ¿Bien?- Annie soltó un suspiro de placer y Finnick deshizo el camino que habían trazado sus manos hasta tirar el sujetador al suelo. Se quedó unos instantes admirando el busto desnudo de su esposa y se inclinó sobre ella trazando un nuevo camino a base de besos desde su cuello hasta la parte baja de su vientre. Annie echó la cabeza hacia atrás y volvió a suspirar notando cómo algo ejercía presión entre sus piernas. Finnick deslizó los dedos por sus costados y empujó hacia abajo lo que quedaba de su ropa interior dejando a Annie completamente desnuda- Ahora tú- lentamente Finnick cogió las manos de Annie y volvió a guiarlas por su cuerpo, abdominales y caderas hasta posarlas en la goma de sus calzoncillos. Sin dejar de mirarle a los ojos, Annie tiró del elástico hacia abajo hasta que los calzoncillos de Finnick acabaron en el suelo junto a toda su ropa- Vamos a probar una cosa- Finnick bajo las manos por los muslos de Annie separándola las piernas- ¿Recuerdas el movimiento de las olas contra la playa? Hacia delante y hacia atrás, hacia delante y hacia atrás, ¿verdad?- Annie asintió con espectación- Tú serás la playa y yo seré las olas, ¿de acuerdo?- Annie volvió a asentir y Finnick entrelazó sus dedos con los de ella uniendo sus manos- Hacia delante, hacia atrás. Hacia delante, hacia atrás- lentamente Finnick fue moviendo las caderas emulando el movimiento de las mareas. Annie entreabrió los labios notando cómo se acentuaba la presión entre sus piernas y se dejó llevar sin dejar de mirar a Finnick a los ojos- Hacia delante... hacia atrás... hacia delante... hacia atrás... hacia delante- poco a poco las respiraciones de ambos fueron haciendose más irregulares y aceleradas a medida que ambos entraban en un estado de placer. Pronto Annie comenzó a corresponder al movimiento de caderas de Finnick, echándolas hacia atrás cuando él las acercaba y moviéndolas hacia adelante cuando este las alejaba. Hacia delante. Hacia atrás. Hacia delante. Hacia atrás. Ambos acabaron creando su propio mar, con el sonido de sus respiraciones de fondo y sus cuerpos formando la espuma y el salitre. Un mar calmado al principio pero que fue embraveciéndose a medida que ambos se dejaban llevar por la pasión contenida. Pronto pasaron de ser un mar a ser un océano, una inmensa extensión de agua con olas que se levantaban y chocaban contra la playa de sus vientres y sus labios cubriéndoles de caricias y de besos. Un océano que les empujó con una fuerza sobrehumana, haciéndoles rodar uno encima de otro provocando que las figuras de la playa y las olas se desdibujaran y se convirtieran en un único ser. Los dedos de Annie se enredaron el el cabello dorado de Finnick y todo su cuerpo se acercó más a él buscando su calor y sus abrazos. Finnick volvió a su tarea de cubrirla de besos, unos besos profundos y salvajes, casi violentos, que recorrieron su cuello y sus clavículas, bajaron entre sus pechos y descansaron en sus costados haciendo que Annie gritara de placer. Finnick comenzó a jadear con ambas manos apoyadas contra las caderas de su esposa. La velocidad de sus embestidas fue subiendo haciendo que su cuerpo comenzará a temblar- Annie- susurró entre jadeo y jadeo olvidándose del mundo que le rodeaba y los problemas que había en él- Annie.
- Finnick- contestó ella casi sin aliento pasando sus manos por sus abdominales- Finnick- a medida que las embestidas de Finnick aumentaban de velocidad, también lo hacía la presión que Annie notaba entre las piernas, hasta acabar convirtiéndose en un dolor agudo y prolongado. La joven cerró los ojos con fuerza y echó la cabeza hacia atrás dejando escapar pequeños gritos ahogados. El dolor, lejos de remitir, aumentó y envió descargas eléctricas de placer a todos los músculos de su cuerpo. Sus sentidos se vieron colapsados con todas las emociones que sentía, incapaces de procesar todas aquellas sensaciones. Sus manos siguieron trazando la anatomía de Finnick, subiendo por su cuello, bajando por sus brazos y terminando de nuevo en sus abdominales una vez y otra vez mientras el dolor que sentía iba acentuándose más y más provocando el mismo efecto que el agua del mar. Dolía, sí, pero no quería que parara. Nunca- Finnick- placer y dolor se mezclaron en su interior haciéndola arquear la espalda y estremeciendo todo su cuerpo hasta hacerla gritar- ¡Finnick!
