Notas: Ahora vienen los capítulos más largos de esta historia. El Long Fic consta en total de 8.290 palabras y a partir de aquí publicaré 5.213 en los últimos 7 capítulos (inlcuido este).
XIV. Ingenuo
—¡Remus! ¡Remus, espera un momento! —gritó Sirius, alcanzando a su amigo y cogiéndolo del brazo.
—Suéltame —pidió el otro, forcejando un poco para deshacerse del agarre.
—No, tenemos que hablar —aseguró el animago, llevándose casi a rastras a su compañero por los pasillos hasta la sala común y luego subiendo hasta los dormitorios vacíos.
—Quiero estar solo —se quejó el licántropo, parado en medio del dormitorio circular.
—¡Me ha besado ella! —soltó Sirius en cuanto hubo cerrado la puerta y colocado un par de hechizos de privacidad—. ¡Yo no he hecho nada!
—¡Ya lo sé, lo he visto, idiota!
—¡¿Entonces por qué te enfadas conmigo?!
—¡No estoy enfadado contigo!
—¡Estás gritando!
—¡Tú también!
Ambos callaron, con las respiraciones agitadas por los gritos. Remus se empeñaba en no mirar a Sirius a la cara y mantenía los ojos clavados en las cortinas de su cama.
—Lunático, no puedes enfadarte conmigo por algo de lo que no tengo la culpa —dijo, intentando mantener un tono de voz neutral.
—No estoy enfadado. Solo quería estar solo un rato, ¿por qué no puedes entenderlo y dejarme tranquilo?
—Porque estás celoso.
Los ojos casi dorados de Remus se abrieron desmesuradamente. Siguió sin mirar al animago, pero su rostro enrojeció de la vergüenza y apretó los puños, armándose de valor.
—Si ya lo sabes, ¿para qué haces esto? ¿Para qué me sigues y me das explicaciones que no necesito?
Sirius iba a replicar algo ingenioso, pero cuando se dio cuenta de que Remus acababa de admitir que realmente estaba celoso, se quedó mudo. Él había esperado otro tipo de reacción. Una negativa, principalmente.
—¿De verdad te gusto?
—¿No es obvio ya? —preguntó a su vez Remus, dolido por tener que confesar sus sentimientos—. No quería decírtelo. Sé que no me correspondes y quería mantener nuestra amistad tal y como está. Pero tú simplemente no puedes dejarlo pasar, ¿verdad? —Sirius intentó decir algo, pero lo mandó callar con un gesto—. No, escúchame. No te hagas el ingenuo conmigo. Ya sé que hace días que te diste cuenta, pero, ¿no podías simplemente dejarlo estar? ¿Teníamos que hablarlo? ¿Esto era necesario?
—Remus... Yo... no estaba seguro. No quiero hacerte daño.
—¡Ya me estás haciendo daño! ¡No hacía falta que me siguieras, no hacía falta que me dieras ninguna explicación, no hacía falta que pareciera como si te importara!
—¡Me importa! ¡Tú me importas! —replicó el sangre pura, indignado.
—¡Sí, como amigo! Pero yo lo interpreto como algo más, ¿entiendes? Sé que no es así, pero no puedo evitarlo —confesó, desesperado.
—Remus... —ahora era Sirius el que sonaba desesperado—. Joder, Remus, lo siento.
—No te disculpes. No es tu culpa —dijo el licántropo, intentando sonar lo más normal que podía—. El único culpable aquí soy yo.
Sirius se mordió el labio inferior. Remus estaba frente a él, admitiendo sus sentimientos. ¿Y qué hacía él? Nada. Porque, ¿qué podía hacer exactamente? Si volvía la vista al pasado, lo único que había hecho era meter la pata una y otra vez.
—Demonios —murmuró, cabreado consigo mismo, antes de dar dos pasos y tirar de su amigo en un abrazo que este al principió rechazó, para finalmente quedarse quieto y tenso en sus brazos—. Te quiero, ¿sabes? Muchísimo. Pero no de esa manera —admitió, fortaleciendo su abrazo mientras hablaba, notando cómo Remus temblaba ligeramente—. Nunca me he enamorado de nadie, Lunático.
—Lo sé. Solo tonteas con todo el mundo. Eres todo un casanova —intentó bromear, pero la voz le salía rota y triste.
—Lo siento —susurró Sirius, apoyando la barbilla en el suave pelo castaño de su amigo, notando cómo este pasaba los brazos por su espalda y le devolvía por fin el abrazo.
—No es tu culpa —susurró Remus, descansando la cabeza en el hombro de su amigo y cerrando los ojos, con el corazón latiéndole desesperadamente dentro del pecho y un nudo de angustia en el estómago.
Continuará...
