Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo.

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¡Hoooola de nuevo!

Aquí estamos un viernes más.

MUCHAS GRACIAS POR VUESTROS COMENTARIOS y APOYO, sois como una pequeña familia y me encanta sentir vuestro apoyo y, no os engañaré, que es un poco divertido también leeros sobretodo cuando se trata de Jacob y Caius jajaja Y agradeceros también de todo corazón los comentarios tan dulces sobre mi forma de escribir, es muy chulo leer cosas tan rebonicas! Un súper abrazo virtual para todo el mundo.

Sin más os dejo con Edward ;)

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SOLOS TÚ Y YO

EPOV

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Aún no sabía cómo me había conseguido apartar de ella. Cómo había podido alejarme de sus suculentos labios para ir a la soledad de mi frío apartamento.

Llevaba dos días repasando esa noche en mi mente.

El destino me había vuelto a regalar un rato a solas con Bella. Había estado toda la noche radiante. Era diferente verla en su ambiente, se relajaba y su sonrisa se expandía y parecía imposible que algo le pudiera quitar esa alegría. Después de verla disfrutar de esa manera cada vez entendía menos como Jacob era capaz de alejarla de allí yo daría lo que fuera para que ese brillo estuviera siempre con ella… a pesar de lo difícil que era para ella soportar una tediosa reunión sin bostezar.

Pero sin ninguna duda, este último paseo hasta su casa había sido realmente revelador, dejando de lado la tendencia innata de Bella de atraer el peligro, se había sincerado conmigo. Y yo con ella. Nunca había hablado con nadie que no fuera parte de mi familia sobre Jessica, e incluso a veces, me costaba hacerlo con ellos, pero tenía la necesidad de aclarar algunas cosas con Bella. Había notado cierta tensión y algunas miradas de reojo a mi alianza y sabía que si ella me estaba evitando era en parte por eso… Y no había estado muy errado.

No estaba preparado aun para quitarme la alianza.

Mi proceso de curación estaba en marcha, pero aún… tenía a Jessica presente en mi corazón. Pero si de algo estaba seguro era que cuando estaba con Bella no buscaba a nadie más. Ella era todo lo que sentía y lo que quería en esos instantes. No quería que Bella pensara que era alguien con el que olvidar a mi esposa. Isabella Swan tenía a suficiente personalidad y esencia para introducirse debajo de tu piel por ella misma sin la menor necesidad de luchar con el recuerdo de nadie.

Escuché el timbre de mi apartamento zumbar durante tanto rato que no me extrañaría que me fundiera los plomos.

¡Alice!

Cogí mi chaqueta y la bolsa de viaje dónde llevaba unas mudas y bajé rápidamente antes que la enana del demonio acabara por destrozar mi telefonillo.

-Sabes que no estoy sordo ¿verdad? – interpelé a Alice en cuanto salí por la puerta y la vi aun al lado de los interfonos con el dedo preparado para volver a llamar.

Debería haber buscado un apartamento con casero.

-¡Has tardado una eternidad en bajar! – exclamó dándome un beso a modo de saludo aunque seguía dando botes de emoción pendiente de todo y de nada a la vez. Alice emocionada era como un niño con exceso de azúcar en el cuerpo.

Vi un coche estacionado cerca y a Jasper que nos esperaba tranquilamente en el coche. Lo admiraba, ser capaz de vivir con una persona con la energía de Alice y sobrevivir era todo un milagro de la naturaleza, pero así eran ellos, como el Ying y el Yang.

Toda esta emoción se debía a que hace unos días Emmet nos había enviado una ubicación con una única petición, debíamos estar en el lugar indicado a las doce del mediodía del sábado. Nada más y eso tenía a Alice ansiosa desde que recibió el mensaje. Nunca ha sabido gestionar bien la incertidumbre.

-¡No me gruñas Edward Cullen! – me reclamó Alice sin enfado en su voz cuando me separé unos pasos de ella intentando relajarme. Solo llevaba un minuto a su lado y ya estaba nervioso.

-No me enfado contigo, lo hago con Emmet porque es él quien te oculta información pero yo quien tengo que soportarte sobrexcitada. – bromeé con ella.

Jasper bajó la ventanilla del coche para saludarme, pero Alice no tenía ninguna intención de entrar. Seguía dando saltitos en la acera.

Cada vez me arrepentía más de no llevar mi propio coche o mi moto… Hacía un gran día para disfrutar del aire en la cara y la carretera.

-Ni lo sueñes. Ni de broma vas a ir en moto. Sabes que no me gusta que cojas ese trasto del demonio – me gruñó volviendo a leer mis pensamientos. Era algo que Alice hacía con todo el mundo.

-¿Esperamos algo? – le pregunté al ver que estiraba su cabeza mirando para todos lados y seguía sin subirse al coche.

-A alguien. – la miré interrogante aunque ya imaginaba de quién hablaba – Bella también viene...Hablé con ella y también recibió el misterioso mensaje, así que le ofrecí a venir con nosotros. Era una tontería que tú fueras solo, así que fue cuando te lo dije. – dijo encogiéndose de hombros aunque con una sonrisa maligna bailando en su cara.

Tener amigas para esto…

-Qué amable de tu parte. Miras en dirección contraria… Bella vive al final de la calle pero en esa dirección– le dije señalando hacía la izquierda.

-Claro, olvidaba que tú sabes muy bien dónde vive ella… - comentó sugerente alzando sus cejas.

-Eres muy obvia… - rodeé los ojos cada vez más arrepentido de haberle contado lo que había pasado entre Bella y yo – Intenta controlarte delante de ella – le advertí pensando en que las cosas entre nosotros ya estaban bastante complicadas para que mi amiga con aspiraciones de Cupido metiera las narices en mi vida.

Sacó la lengua, pero su mirada se dirigió detrás de mí ondeando sus manos con tal ímpetu que era imposible no verla.

Me giré y ví a Bella que venía prácticamente corriendo. Volvía a lucir como la Bella de los primeros días, cuando aún no se ponía esos trajes tan serios y el maquillaje, que aunque sutil, se notaba no formaba parte de lo que ella se pondría habitualmente. Llevaba un sencillo vestido con unos botines a juego y una chaqueta que la mantenía aislada del frío que comenzaba a inundar la ciudad. Solo una pequeña bolsa colgaba en su hombro.

Emmet nos había pedido que fuéramos preparados con alguna muda extra. Para añadir algo más de misterio a todo este sinsentido.

-Siento llegar tarde – dijo casi sin aliento cuando llegó a nosotros.

-¡No te preocupes acabamos de llegar! – la disculpó Alice mientras la abrazaba dándole la bienvenida. Me dieron ganas de rodar los ojos, a mi casi me había perforado los tímpanos por tardar la friolera de dos minutos en bajar por el ascensor.

-Hola – me saludó Bella con un ligero sonrojo en su cara.

Era la primera vez que nos veíamos desde que nos habíamos separado en la puerta de su casa después de compartir besos y caricias.

-Buenos días – me acerqué para dejarle un suave beso en su mejilla… quizás un poco más cerca de sus labios de lo que las normas sociales dictarían.

Su sonrojó aumentó. Bien. Al menos no era el único afectado.

-¡Vámonos! Tanta intriga va a acabar con mi manicura – chilló Alice mientras subía al coche, al lado de Jasper.

Cogí el bolso de Bella y le abrí la puerta para que pudiera entrar, dejé nuestras maletas en el maletero y me acomodé a su lado. Al final no iba estar tan mal que fuera Jasper el conductor… Me permitiría estar pendiente de la misteriosa Bella.

El viaje fue tranquilo y gracias a la incontinencia verbal de Alice pude enterarme de bastantes cosas de la vida de Bella. El GPS nos llevó hasta las afueras a una especie de Bed&Breakfast rural con mucho encanto, aunque eso nos despistó aún más.

-Me podéis explicar por qué estamos en medio del campo y en un hotelito tan bucólico…. Por qué yo no conozco tanto a Emmet para lograr entender nada – preguntó Bella confundida mientras salía del coche.

Cerré la puerta del vehículo y me puse a su lado inspirando su olor a fresas y rosas. Sabía que podía ser raro que no me separara de ella, pero Bella en ningún momento me había dado ninguna señal de estar incomoda, ni tan siquiera cuando había rozado sin necesidad ningunas su brazo durante el viaje.

-Estamos tan perdidos como tú – admití mientras miraba a nuestro alrededor intentando, en vano, encontrar alguna pista de qué era lo que podría estar tramando Emmet. – Será mejor que entremos a ver si conseguimos sacar algo en claro – dije y aproveché para poner una mano en su espalda y empujarla levemente hasta la entrada del pequeño hotelito.

Bella dio un pequeño respingo y se separó sutilmente de mi toque aunque no de mí. Continuó caminando a mi lado.

-Buenos días, ustedes deben ser los amigos del Señor McCarthy – nos dijo una dulce mujer en cuanto entramos por la puerta.

-Esos somos nosotros. – afirmé aun confundido.

-Bien…. Emmet dejó ordenado que les acomodara en sus habitaciones y que después los dirigiera a los invernaderos… Allí les servirán la comida. Han llegado justo a tiempo – nos explicó amablemente.

Nos dio las llaves de nuestras habitaciones y nos condujo hasta ellas. Estaban todas en el mismo pasillo. La de Bella y la mía estaban puerta con puerta y la de Jasper y Alice justo delante de la nuestra.

-Les dejo unos minutos para que se acomoden… cuando estén listos pueden bajar a la recepción y yo misma les acompañaré a los invernaderos – se despidió de nosotros.

-Cada vez entiendo menos – Dijo Alice haciéndose eco de lo que todos pensábamos.

-Pues imagínate yo – respondió divertida Bella.

Había estado muy tranquila durante toda la mañana. Siempre decía que no era muy dada a las relaciones sociales, pero no se la veía incomoda entre nosotros. Algo que me alegraba.

-Bien… os doy diez minutos y nos encontramos abajo ¡Quiero saber de una vez por todas de qué va todo esto! – nos ordenó Alice antes de girarse para entrar a su habitación seguida de un divertido Jasper.

-¿Siempre es así de mandona? – preguntó Bella con una sonrisa.

-Sí, aunque hoy tiene la excusa de que Emmet le ha ocultado información, pero no te dejes engañar siempre es así – le confesé acercándome a ella.

El espacio entre nosotros era ya reducido de por sí debido a las dimensiones del pequeño refugio, y con ese movimiento quedó en algo inexistente.

-Edward – su voz era como un señuelo solo hacía querer acercarme a ella.

Llevé mis manos a su cara acariciando la suave piel de sus mejillas. Cerró los ojos ante mi toque pero se acercó un poco más dejándome claro que estaba de acuerdo con esto… fuera lo que fuera.

Escuchamos un ruido y Bella se separó de mí haciéndome lamentar no haberla cogido fuertemente para que no se escapara.

-Deberíamos entrar… no quiero que Alice me descuartice cuando salga y vea que no le hemos hecho caso – bromeó mientras se escapaba a su habitación.

No sabía de qué iba todo esto pero estaba más que dispuesto a aprovechar este embolado en el que nos había metido Emmet para conseguir volver a tener a Bella entre mis brazos y a poder ser entre mis sabanas. Llevábamos mucho tiempo evitando algo que los dos deseábamos con demasiadas ganas.

Después de dejar nuestras maletas y asearnos un poco, Seraphine, la mujer que nos había atendido desde nuestra llegada, nos llevó hasta los invernaderos. Dentro había multitud de plantas de diferentes tipos y una mesa alargada en el centro, preparada para recibir a sus comensales. Era todo muy bonito.

-¿Tía Carmen? – Exclamó Bella sorprendida yendo directa hasta una mujer con una larga melena castaña perfectamente peinada que estaba de espaldas a nosotros.

Cuando se giró su mirada se iluminó al ver a Bella y le abrió los brazos para recibirla calurosamente. Era más o menos de su altura y la acariciaba con tanta dulzura que hacía que Bella luciera casi como una adolescente aferrada a su madre. Cuando Bella se apartó de ella pudimos apreciar el gran parecido con Bella, sino fuera porque ella la había llamado tía, podría haber pasado por su madre perfectamente. Sin duda, Bella Swan solo tenía que mirar a esa mujer para saber cómo luciría en un futuro.

Nos acercamos a ellas.

-¡Oh, déjame que os presente! – exclamó Bella contenta – Ella es mi tía Carmen, la madre de Rose. – nos introdujo- Ellos son Edward y Alice, amigos de Emmet desde la infancia, y Jasper el marido de Alice. –

Después de los saludos pertinentes y de que Alice señalara el parecido entre Bella y ella la mujer respondió.

-Cuando ella y Rose eran pequeñas siempre pensaban que Bella era mi hija…. René, mi hermana, siempre bromea que su hija se parece más a mí que a ella y que mi propia hija – comentó divertida.

-¡Mira quién está por aquí! – una voz grave nos interrumpió.

Era un hombre alto y rubio, aunque su pelo comenzaba a ser más canoso que rubio y sus ojos azules, casi trasparentes, como los de Rose no dejaban duda de que era el Señor Hale.

-¡Tío Eleazar! – le saludó Bella con el mismo cariño que había saludado a su tía.

-Estás preciosa – la alabó.

-¡Pero si me viste hace una semana! – le contestó Bella haciendo referencia a su estancia en Forks supongo –

Su tío le acarició el pelo apartándoselo de la cara.

-No fueron tus mejores días… Ahora vuelves a ser tú – le dijo encendiendo mi curiosidad.

Algo había cambiado desde que Black y Bella habían vuelto a la ciudad y al parecer los días en Forks tenían la culpa y por lo que acababa de decir su tío no fueron exactamente unas gratas vacaciones.

¡¿Ese malnacido no podía estarse sin fastidiarle la vida a Bella?!

-Eleazar… - le advirtió su mujer con una mirada que dejaba poca duda de que quería que se callara. – ¡Pero volvamos a cosas importantes! Supongo que vosotros estáis aquí también por el misterioso mensaje de Emmet. – desvió la conversación Carmen.

-Al parecer no somos los únicos Anthony – escuchamos la voz siempre alegre de Elisabeth, la madre de Emmet aparecer en los invernaderos.

Desde el entierro de Jessica que no los veía pero seguían exactamente igual. Los padres de Emmet eran un matrimonio viajero. Desde que Anthony McCarthy había dejado el cuerpo de bomberos y se había jubilado se habían dedicado a ver mundo. Rara vez era la que pasaban más de dos meses en casa. Vivían cerca de Esme y Carlise y mis padres siempre se quejaban que no los veían nunca. Así que si estaban aquí era por algo importante.

Hicimos las presentaciones necesarias justo antes de que Emmet apareciera guiando a Rose que llevaba los ojos tapados con un pañuelo. Nos hizo un gesto para que nos mantuviéramos en silencio y cuando estuvo delante de nosotros le destapó la vista que se cubrió de sorpresa y alegría cuando nos vio a todos reunidos.

-¿Se puede saber de qué va todo esto, Emmet? – preguntó Rose emocionada.

-Ya lo descubrirás Rosie, paciencia mi amor – le contestó dándole un beso en la boca y pidiéndonos a todos que nos sentáramos en la mesa.

Bella estaba sentada a mi lado, para mi suerte.

-¿Qué? ¿Por qué me miras así? – me increpó curiosa cuando se dio cuenta que la estaba mirando con una ceja alzada.

-Me preguntaba cómo lleva un cocinero eso de comer comida en restaurantes ajenos – le comenté divertido mientras llenaba su copa de vino.

-Bien… - contestó con un tono que dejaba mucho que desear haciéndome reír – Bueno, no siempre…La mayoría de las veces sí. Pero cuando son sitios familiares como éste lo disfruto mucho... Te hacen volver a lo sencillo. Lo que siempre funciona, sin florituras – me explicó con una mirada soñadora en la cara.

La velada pasó muy rápida. Cuando el postre llegó Emmet se levantó haciendo que todas las conversaciones que se habían estado cruzando en la mesa se silenciaran.

-Os estaréis preguntado por qué os he reunido aquí hoy…. Bueno… Muchos de vosotros no lo sabéis pero este sitio es el que mis padres eligieron para pasar su primera noche como marido y mujer – comenzó a explicar Emmet algo nervioso. Nunca lo había visto así – Rose y yo volvimos a Seattle para estar más cerca de nuestra familia y nuestros amigos, para comenzar una vida juntos y buscar nuestro sitio en el mundo…. Bueno…. Yo creo que no hay mejor manera de hacer esto que en este lugar que tanta suerte ha traído a las dos personas que me han demostrado que el amor existe durante más de treinta años – dijo antes de coger aire y arrollidarse al lado de Rose –

-Rosalie Hale, Rosie, - añadió riéndose – ¿Me harías el honor de casarte conmigo? – acabó abriendo una caja con el anillo.

-Por supuesto que sí tonto – le contestó inmediatamente Rose tirándose encima de él.

-Oh qué bonito – dijo Bella tan bajito que si no hubiera estado a su lado no la hubiese escuchado.

Bella estaba emocionada y miraba la escena con mucho amor. Durante estos meses me había dado cuenta de lo cercanas que eran ella y Rose y hoy al ver con el cariño que la habían tratado sus tíos no me cabía duda que ellas eran más hermanas que primas. Solo querían lo mejor la una para la otra.

En cuanto la pareja se separó todo el mundo saltó a felicitarlos. Y aunque tuvimos que retener casi contra su voluntad a Alice, dejamos un poco de espacio a los padres de ambos para que fueran los primeros en expresarles sus buenos deseos.

Había sido muy bonito y me alegraba mucho por Emmet a pesar de los recuerdos que me había traído sobre mi propia pedida de mano, no hace tantos años.

Habíamos estado todo el fin de semana esquiando, había sido muy romántico y después de muchos meses trabajando sin parar y con el estrés de la mudanza a nuestro nuevo piso se nos había hecho casi obligatorio tomarnos unos días de dedicación única y exclusiva para nosotros. Volver a recuperar la intimidad de pareja. Esa tarde mientras Jessica y yo estábamos descansando, abrazados delante del fuego en ese bonito refugio de montaña con toda la nieve cayendo a nuestro alrededor no pude evitar pedirle que pasáramos el resto de nuestros días juntos. Me había dicho que sí aunque no tenía ni anillo para ofrecerle. Había sido un impulso del momento, pero ella nunca dudó.

-Qué callado te lo tenías ¡Bribón! – le dije abrazando a mi amigo de la infancia con alegría.

-Quería que fuera sorpresa y así es la única manera. ¡Gracias por venir sin discutir y por aguantar a la enana por mí! – me dijo Emmet con la felicidad desbordándole por todos lados.

-Cuenta conmigo siempre que sea para algo tan bueno como esto – le aseguré.

-¡Felicidades Emmet! – nos interrumpió Bella emocionada mientras pasaba de los brazos de su prima a estar engullida por los grandes brazos de Emmet.

-¡Vamos a ser familia Bella! ¡No voy a estar tan bien alimentado en la vida! – bromeó Emmet sin soltarla.

Con lo pequeña que era Bella le iba a romper algún hueso.

-Emmet bájala– gruñí preocupado dándole un manotazo a mi amigo en sus duros brazos.

Él soltó un bufido desesperado pero aun así me hizo caso y dejó a Bella de una pieza en el suelo que aunque se tambaleó un poco me miró divertida por mi advertencia a Emmet.

-No soy de porcelana, no me voy a romper – bromeó cuando estuvimos un poco más separados del grupo.

-No se lo digas a Emmet por si acaso – le contesté – Pero quizás solo eran las ganas de tenerte en mis brazos las que hablaban – le susurré acercándome un poco a ella mientras ella se quedaba sin aire sorprendida por la insinuación.

Aprovechando la delantera que me había dado la sorpresa por mi comentario puse mi mano en su espalda para hacerla avanzar unos pasos y reunirnos con el grupo. La vi tragar dificultosamente y sonrojarse.

Al parecer estos días no había tenido mucho éxito convenciéndose que no podía pasar nada entre nosotros….

La fiesta continuó distendidamente durante todo el día, aprovechamos para disfrutar de la paz y la naturaleza que daban las afueras. Por la noche, decidimos dejar a las dos familias un tiempo a solas y nosotros cuatro fuimos a un pueblo cercano a cenar y tomar alguna copa en honor del futuro matrimonio.

Alice estaba eufórica. No había nada que le gustase más que una boda y no dejaba de hablar de ello.

-¿Y tú, Bella? – le preguntó mientras nos sentábamos en nuestra mesa del local de copas. Estaba bastante bien aunque lleno de gente al ser de los pocos que había en este pequeño pueblo.

Conseguimos una pequeña mesa con dos sofás. Uno lo ocuparon Alice y Jasper y el otro fue para Bella y para mí.

-¿Yo qué? – le preguntó dando un sorbo a su daiquiri.

-Si has pensado en casarte alguna vez – le preguntó Alice como si fuera lo más obvio del mundo.

-No – respondió para sorpresa de mi amiga haciendo que todos nos riéramos de la cara de Alice – No creo que sea lo más importante del mundo… Al fin y al cabo si dos personas se quieren no hace falta ningún papel de por medio. – explicó - Pero claro, son muy bonitas las bodas… Aunque yo soy de las que va por la barra libre – bromeó haciendo que Alice fingiera una mueca de indignación.

-No me sirve de nada tener más participación femenina en el grupo si son como vosotros – bromeó haciendo que Bella se carcajeara.

Alice y ella se llevaban bien, apartando la curiosidad que sentía mi amiga por Bella debido a temas completamente ajenos a ella, tenían conexión y se veían cómodas cuando estaban en presencia de la otra. Creo que las dos se podrían hacer mucho bien a pesar de lo diferente que eran. Equilibrar sus extremismos sin tener el proteccionismo de Rose, que siempre flotaba en ambiente con Bella.

-Alice, cariño, nunca encontraras a nadie tan obsesionado como tú con las bodas…. Olvídalo, es imposible – le advirtió Jasper haciéndola rodar los ojos al verse sola.

-Sabes… Irina seguro que me apoyará. El otro día quedé con ella para comer y me dijo que te había visto… - dijo dirigiéndose a mí- Es una suerte tenerla por aquí ahora. Ella sí sabe ser romántica – comentó divertida, pero al contrario de lo que había pasado antes Bella no respondió.

Escondió su gesto detrás de su bebida y quise matar a Alice por su falta de tacto.

-¿Irina? ¿También es amiga vuestra? – preguntó sin mucho ánimo Bella.

Había notado como se tensó a mi lado el día de la reunión en Volturi's cuando Irina había irrumpido como un huracán en las oficinas para invitarme a cenar. Bella había salido como un cohete de las oficinas a pesar que momentos antes casi habría jurado que estaba intentando estirar el poco tiempo que tardábamos en recorrer el pasillo para estar conmigo. Irina no había aceptado un no por respuesta, en sus veintiocho años de vida no la había visto hacerlo nunca. Habíamos ido a cenar algo rápido mientras intercambiábamos nuestros números y direcciones. Había insistido en que ahora que volvíamos a estar en la misma ciudad retomáramos el contacto que habíamos perdido con los años.

-Es amiga de Edward de toda la vida. Emmet y yo la conocíamos del instituto, pero no fuimos juntos a la misma clase, ella es un par de años más joven que nosotros. Ha vuelto a vivir a Seattle y nos reencontramos con ella en la fiesta de cumpleaños del padre de Edward– le explicó Alice ignorando el gesto serio de Bella.

-Qué bien – dijo con desgana mal disimulada volviendo a dar un trago a su bebida. Si no bajaba el ritmo se la acabaría en un asalto.

-Tú también la conoces – me dirigí a Bella siendo valiente y tirándome a la piscina – Es la chica que estaba Volturi's el día de la reunión. – le expliqué aunque algo me decía que ya había hecho la conexión sobre de quién hablábamos.

Sabía que Bella no acababa de estar segura que no estuviera usándola a ella o a alguien más como diversión para salir de mi luto por Jessica. Y sin saber a dónde nos dirigía esto que había entre Bella y yo, quería dejarle muy claro que no había más chicas en mi vida. Nunca he sido una persona de estar jugando a varias bandas y no comenzaría a estas alturas de mi vida a hacerlo.

-Ya la recuerdo – dijo con un tono extraño. – Era muy… muy… decidida. –

-Sería capaz de ganar una batalla a Alice – murmuré sabiendo de primera mano lo testaruda que podían ser las dos – Es como una hermana para mí. Sus padres y los míos son íntimos, prácticamente nos hemos criado juntos – le expliqué intentando sacar posibles ideas absurdas de su mente.

Ella me miró como si intentara buscar algo dentro de mí. Parecía que desde que habíamos comenzado esta conversación nuestro alrededor se hubiera esfumado y solo estuviéramos nosotros dos.

-¿Otra copa? – Saltó de repente poniéndose de pie como si algo le hubiera picado dejándome un poco desubicado.

-De hecho….Jasper y yo estamos muy cansados…. Nos deberíamos ir – se excusó Alice con tanta sutileza como una patada en la espinilla – ¡Pero vosotros quedaros y tomar esa última, o penúltima, copa! – añadió apresuradamente al ver que Bella se giraba a buscar su bolso abandonando su propuesta de tomar otra bebida para marcharse también.

-¿Estáis seguros? – pregunté más por educación que por otra cosa. Me apetecía mucho quedarme con Bella a solas y sabía qué era lo que Alice pretendía.

-Sí, total hemos venido en taxi, no molestaremos a nadie si regresamos en dos tandas – añadió Jasper, él con mucho más convencimiento que su adorada esposa.

-Está bien – decidí antes que Bella pudiera inventar alguna excusa.

Se despidieron de nosotros. Llamé al camarero para pedir una nueva ronda de nuestros cocteles.

-Te invito yo – le dije a Bella que estaba tensa nuevamente.

Me acerqué un poco más a ella en la gran butaca que estábamos sentados. Nos habíamos quedado en la misma a pesar de tener otro sillón idéntico delante nuestro, dónde antes estaban Alice y Jasper.

-Hablaba en serio cuando te dije que no había nadie más. Sé que no me conoces de nada, pero ni soy un mentiroso ni un mujeriego – le aseguré alzando su cara que parecía encontrar el suelo muy interesante intentando dejar zanjando este tema que se estaba interponiendo entre nosotros.

Ella no me contestó, pero me regaló una sonrisa sincera que me dejó mucho más tranquilo que cualquier palabra.

-Y bien… ¿has decidido creértelo? – le pregunté haciendo referencia a nuestra última conversación.

Si quería desatascar el impass en el que estábamos iba a tener que hacer algo, Bella había optado por replegarse en su independencia e intentar negar que esa noche que habíamos pasado juntos, no solo no había calmado nuestra necesidad sino que la había hecho aún más intensa. Nunca había tenido ninguna adicción, pero imaginaba que algo parecido a lo que yo sentía cuando Bella estaba cerca debía ser lo que sentían los adictos cuando intentaban desengancharse de aquello que tanto placer les había ocasionado en el pasado.

Por el brillo en sus ojos supe que no era necesario aclararle a qué me refería. Lo tenía muy presente.

Se movió para quedar sentada aún más cerca de mí. Nuestras piernas se rozaban y mis manos fueron directas a sus piernas cubiertas de unos pantys odiosos que no me dejaban acceder a su suave piel pero sí podía acariciarla y acercarla un poco más si era necesario.

-Aquí tienen sus bebidas – nos interrumpió el camarero.

-Ni te muevas – le susurré a Bella al oído antes de coger unos billetes para pagar nuestras copas – Quédate con el cambio. – le dije al joven chaval que salió huyendo incomodo por nuestra cercanía.-

-¿Por dónde íbamos? – me dijo Bella nerviosa aunque coqueta cuando volví a prestarle la atención que merecía.

-Creo que tú estabas a punto de decirme algo… - le contesté llevando una mano a su melena para apartársela y acariciar su delicado cuello.

-Algo cómo qué…- me preguntó jugando conmigo.

-Ni idea… pero creo que era algo que nos podría repercutir a los dos… placenteramente - continué el juego que ella había comenzado aumentando mis caricias y disminuyendo nuestra distancia hasta el punto que tuvo que pasar una de sus piernas entre las mías para estar cómodos.

-Solos tú y yo. Es lo único que te pido. Sin terceras personas para nada… no quiero que nadie meta sus narices en esto…. No es asunto de nadie más que tuyo y mío – me dijo muy seria y en cuanto asentí sus labios devoraron los míos con tanta pasión como siempre hacían.

-Créeme que no estoy dispuesto a que no haya nadie más que yo para ti y tú para mí – le afirmé cuando nos separamos.

Porque podía estar perdido en muchos aspectos de la nueva vida que estaba comenzando a crear, pero sí de algo estaba seguro es que la imagen de alguien más compartiendo su espacio íntimo con Bella era cada vez más difícil de digerir.

- Y no necesitamos decírselo a nadie si no quieres – la apoyé en eso también, ya habría tiempo si lo nuestro avanzaba para compartirlo.

Bella acabó de acortar el espacio que separaba nuestras caras para besarme. No había calma sino deseo, mucho deseo. Nuestras bocas lucharon para tener el control del beso y acabé rindiéndome a la pasión de esa pequeña mujer que me volvía loco.

Acabamos nuestras bebidas con dificultad. Después de la claudicación de Bella habíamos dado rienda suelta a nuestras caricias y todos los besos que nos habíamos negado durante todas estas semanas.

Si nos había costado toda nuestra fuerza de voluntad resistirnos a mantener las manos quietas en el club, en el taxi había sido casi una tortura. Por suerte cuando llegamos al B&B no había nadie y subimos a las habitaciones sin ninguna interrupción. Abrí la puerta de mi habitación y antes de poder decir nada Bella me cogió de las solapas de mi abrigo empujándome para dentro y cerrando ella misma la puerta de un empujón.

-Vas a despertar a todo el mundo – comenté divertido.

-Me da igual – dijo decidida mientras me quitaba el abrigo.

No tardé en hacer lo mismo. Hacía mucho tiempo que llevaba esperando volver a tenerla entre mis brazos como para ahora perder el tiempo.

Nos desnudamos mutuamente con desesperación y cuando la volví a tener sólo para mí me lleno de energía. Siempre me pasaba con ella. Era como si con su esencia, tuviera el don para terminar con mi letargo y solo hubiera un hervidero dentro de mí que me hacía querer más y más de ella.

La recosté suavemente en la cama admirando su perfecto cuerpo desnudo. Vi que su mirada me recorría con lujuria, mordiéndose el labio de manera tan tentadora que me atrajo a su lado sin necesidad de nada más que ese simple gesto.

-Dime que tienes condones esta vez Edward – dijo mientras me cogía del cuello para separar mis labios de su cuello.

-Tengo, preciosa. – me separé de ella para ir a buscar nuestra protección.

-En verdad yo me cuido…. Pero preferiría que…. – me dijo algo nerviosa y con el rubor recorriendo toda su piel.

-Shhhh – dije mientras besaba sus labios – Nunca te disculpes por pedirme nada en la cama. Nada. Si es lo que quieres es lo que tendrás – declaré volviendo a atacar sus labios.

Nuestras caricias volvieron a encendernos hasta que finalmente, después de ponerme el preservativo, me introduje en ella volviendo a entrar al cielo.

Bella no tenía inhibiciones en el sexo y me hacía disfrutar tanto como ella lo hacía, dejándonos exhaustos cuando finalmente alcancé el orgasmo poco después que ella también lo hiciera.

-No me puedo mover… - jadeó con su voz entrecortada mientras intentábamos recuperarnos de nuestra reciente y placentera actividad.

-No tienes que hacerlo – le dije levantándome para alcanzar el cobertor y taparnos de cualquier manera a los dos, no tenía ninguna intención que abandonara esta cama en lo que quedaba de noche. – Solo descansa, preciosa. – le aseguré mientras tiraba de ella que se acurrucó en mi pecho dejando un suave beso en él.

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NA:

Bueno, quién avisa no es traidor y yo en los comentarios del miércoles ya os dije que Edward había puesto la directa y al parecer ha surgido efecto. A ver qué es lo que les espera ahora…

Ya sabéis que me hace mucha ilusión leer vuestras teorías, a ver qué pensáis de este par. Mientras tanto que paséis un buen fin de semana y nos vemos el MARTES O MIÉRCOLES.

Saludos y nos leemos en el próximo ;)