Kagome estaba haciendo todo lo que podía, pero las dos mujeres a su lado estaban muy conscientes de que para un ser que no era de la raza de los youkais, un parto de ese tipo era algo muy complicado, "onegai Kagome chan puja, puja ya falta poco".

La joven tenshi pujaba con todas sus fuerzas mientras finas lágrimas caían de sus ojos, jamás hubiera querido que sus pequeños nacieran en un lugar así, pero no podía darse por vencida.

"Ya vienen Kagome, un poco más", urgió la sacerdotisa, y al escuchar eso la tenshi utilizo todas sus fuerzas, abriendo fuertemente los ojos por la fuerza que estaba ejerciendo y cuando lo hizo observó aquel horrendo ser acercarse a ella poco a poco.

"SESSHOUMARU", gritó inconscientemente pujando con todas sus fuerzas, provocando que el inu interno del taiyoukai salga completamente a flote destrozando a la youkai que tenía en frente, corriendo a toda velocidad cogiendo fuertemente al hibrido del cuello.

"Vas a morir", le susurró al oído, provocando que en defensa propia el hanyou dejara libre sus tentáculos al igual que su poderoso veneno, para su mala suerte esto no pareció afectar al inuyoukai quien de un simple apretón destrozó la cabeza del híbrido utilizando su veneno para reducirlo a una simple pila de cenizas negras, derritiendo de igual manera la celda que aprisionaba a las tres mujeres.

(1)

"Kagome", susurró calmándose poco a poco mientras trataba de acercarse a ella.

"Iie Sesshoumaru sama, manténgase alejado", le dijo la joven sacerdotisa, algo no estaba nada bien, pero de pronto observó como un pequeño cachorrito de inu comenzaba a asomarse, urgiendo a la tenshi para que puje, acto seguido escuchándose el llanto de un pequeño niño.

"Muy bien, Kagome, ya falta poco viene uno más por favor resiste", alentó la taijya a su pequeña hermana mientras el cachorro era entregado a ella para que lo limpiara.

"Sesshoumaru sama, tenga, cargue a su pequeño niño", dijo la exterminadora poniendo al pequeñito en los brazos de su padre quien momentáneamente estaba completamente perdido, había algo tan pequeño e indefenso entre sus brazos, algo que había venido de él y de su Kagome, de su amada tenshi, observando como el cachorro sonreía al verlo.

Fue sacado de sus pensamientos por un segundo y mucho más fuerte grito proveniente de la tenshi quien finalmente dio a luz a su segundo y último hijo. "Es una niña Kagome, una niña", gritó llena de alegría la taijya repitiendo el mismo proceso, observando como su pequeña hermana sonreía.

"Cariño, dejáme verlos", murmuró suavemente la tenshi, sentía como poco a poco las fuerzas se le iban, y el taiyoukai sonriente se sentó tomando en sus brazos a su mujer localizandola entre sus piernas, mientras sus dos pequeños hijos habían sido puestos en su regazo. "Son un niño y una niña", le susurró al oído el taiyoukai, Kagome sonrió acariciando a sus dos pequeños hijos, observando a sus amigos acercándose triunfantes con sonrisas en el rostro.

"Kagome me alegró tanto de que estés bien", dijo Inuyasha mientras ayudaba a la pálida sacerdotisa a levantarse, tenía mucho que hablar con ella.

La jovencita se acurrucó más en su taiyoukai, "Inuyasha no baka", le dijo con una sonrisa, y en ese instante todos supieron que algo estaba mal.

"Koishi te sientes bien", preguntó el taiyoukai algo preocupado, estas no habían sido las mejores condiciones para que ella diera a luz, pero simplemente recibió como respuesta un movimiento de cabeza proveniente de la joven.

"Aishiteru Sesshoumaru", dijo en un susurró tosiendo fuertemente mientras grandes cantidades de sangre mandaban de su boca.

"Kagome que tienes contéstame", exigió desesperado el taiyoukai, esto no podía estar pasándole, simplemente no podía ser, pero a pesar de todo el dolor que estaba sintiendo, de que su alma se estaba desgarrando al igual que su corazón, no podía llorar en frente de todas las personas que estaban ahí.

"Koishi, onegai contestame", le dijo una última vez observando como la taijya se acurrucaba en el pecho del hosuhi llorando mientras su medio hermano bajaba la cabeza al igual que los otros youkai presentes, y ahí confirmó lo que estaba tratando de negar.

Un doloroso aullido abandonó sus labios desde lo más hondo de su ser, mientras lágrimas caían de sus ojos. Su tenshi, su Kagome había muerto.

(2)

La batalla final había acabado ya llevándose con ella a la hermosa tenshi que había sido una luz de alegría para todos.

En esos instantes se encontraban regresando al castillo del gran gobernante de las tierras del oeste todos con un lúgubre silencio, la taijya llevaba consigo a el primogénito del inuyoukai mientras que la sacerdotisa cargaba a la pequeña hija de la tenshi.

Nadie tenía palabras para describir el dolor por el que estaba atravesando, ni siquiera tenían el valor de dirigirse al taiyoukai y brindarle sus condolencias. El solo hecho de observarlo con aquella mascara de indiferencia bien puesta nuevamente sobre su perfecto rostro mientras llevaba en sus brazos el cuerpo inerte de su mujer simplemente era algo demasiado doloroso para todos, pero nadie podía ni siquiera imaginarse el sufrimiento que se encontraba devastando el alma y el interior del taiyoukai mientras observaba el ahora pálido rostro de su tenshi, de la luz de sus ojos.

Aproximadamente una hora más tarde todos llegaron a las puertas del castillo, siendo recibidos por los dos gemelos quienes quedaron completamente consternados al observar lo que su señor llevaba en brazos, "Kagome sama esta….", murmuró Noriko sin poder creer lo que su rostro veía, pero no pudo culminar su alegato ya que su hermano mayor movió la cabeza de lado a lado, jamás había visto a su señor en ese estado.

"Iie, otouto…", fue lo único que le dijo mientras abría las rejas del palacio para dejar pasar a todos, "pero onii-san", trató de replicar el inuyoukai, pero su hermano lo observó con un rostro firme, era mejor no decir nada, podía sentir el dolor en el aura de su señor un dolor desgarrador comparable al de su señor InuTaisho cuando la dama del palacio falleció.

El inuyoukai se dirigió a sus aposentos sin siquiera regalarles una mirada todas las personas que iban detrás de él, quienes optaron por ir cada uno a sus cuartos y tomar un baño, la noche sería larga ya que según las costumbre mañana por la mañana enterrarían el cuerpo de la tenshi.

"Sesshoumaru yo…", trató de decir Inuyasha, no podía encontrar las palabras para expresar lo mal que se sentía. Él había prometido proteger a Kagome con su vida, así hubiese sido la mujer de su hermano y ahora ella estaba muerta.

"Cállate", fue la respuesta que recibió de su medio hermano mientras este entraba a su dormitorio con su mujer en brazos.

"Y que va a pasar con los bebes", pregunto Sango acongojada y a la vez preocupada, el youkai de las sombras movió la cabeza de lado, "lo mejor será que por esta noche ustedes los cuiden, cuando la pareja de un youkai fallece, no importa nada más que ella en ese momento, créanme yo lo he vivido", pronunció caminando hacia sus aposentos.

Jyoura entendía perfectamente el dolor de Sesshoumaru, lo haba sentido en carne propia, y esta experiencia estaba haciéndolo recordar cosas que le desgarraban el alma, "vamonos Kyoura", el otro youkai hizo una reverencia y salió de ahí.

"Será mejor que por esta noche todos estemos en un solo dormitorio para atender a los pequeños, por ser recién nacidos deberían estar al lado de su madre, así que debemos reemplazarla lo mejor que podamos", todos asintieron a la sugerencia de la miko retirándose ellos también del pasadizo, escuchando detrás de ellos los sollozos de lo que parecía ser una bestia.

(3)

Sesshoumaru entró a su dormitorio acomodando a su mujer en la cama, despojándose de sus ropas, para luego desvestirla y echarse a su lado.

Su cuerpo estaba tan frio y tan pálido, aunque su expresión era tranquila la sangre que llevaba en el rostro delataba la manera en la que murió y sin poder contenerse cargó a la razón de su existir y la acomodó en su regazo abrazándola con todas las fuerzas de su corazón, "dosuhite koishi, doushite", le susurró al oído enterrando su rostro en su sedoso cabello, a pesar del aroma a muerte resiente podía percibir su deliciosa esencia, el aroma que lo había vuelto loco aún no se había desvanecido del todo.

"Porque Kagome, porque me dejaste solo, ore no tenshi, ore no utsukushi", volvió a susurrarle sin poder controlar las lágrimas que salían de sus ojos, su youkai interno sollozando sin que pudiera controlarlo, era demasiado.

Jamás pensó que la muerte de un ser querido pudiera dolerle tanto, pero ella era mucho más, ella era el ser con el que pensaba pasar toda la eternidad, su compañera por toda la vida, su otra mitad, quien ahora yacía sin vida entre sus brazos.

Mañana tendría que enterrarla, mañana sería la última vez que observaría su bello rostro, que vería su hermoso cuerpo, así que tragándose el llanto y el dolor que llevaba dentro, limpió sus labios y su mentón, los cuales estaban impregnados de sangre, y le puso uno de sus camisones, abrazándola fuerte, al menos quería pasar esta última noche a su lado.

"Aishiteru Kagome, siempre te voy a amar así no estés a mi lado", fue lo último que le susurró al oído para finalmente caer rendido ante el sueño al lado de cadáver de su mujer, después de todo había gastado muchas energías en la batalla, sus sueños siendo plagados de la bella imagen de su tenshi.

(4)

Kagome se encontraba en un lugar frío y oscuro, al que no llegaba nadie, ni siquiera un sonido. Recordaba absolutamente todo lo que había sucedido y como de un momento a otro las fuerzas habían abandonado su ser, al pareces había fallecido.

Simplemente no lo podía creer, no podía creer que después de dar a luz a sus pequeños hijos y de tener al hombre de su vida tan cerca, hubiera perdido la vida así como así. No concebía si quiera aquel pensamiento, provocando que el llanto se apodere de ella, ella no quería morir, no merecía morir aún no era su tiempo, pero después de lo que pareció ser una eternidad, estaba comenzando a entender que tal vez era su hora.

No podía escuchar nada, no podía ver a nadie, seguramente todos ya se habían olvidado de ella y lo mejor era que se dejara llevar, pero cuando estaba a punto de seguir aquel pasaje luminoso que se abrió ante ella, unos ruegos llenos de dolor y tristeza llegaron a sus oídos. "Dosuhite koishi, doushite", "porque Kagome, porque me dejaste solo, ore no tenshi, ore no usukushi", "aishiteru Kagome, siempre te voy a amar así no estés a mi lado".

"Esa voz", pensó por unos segundos en los que su mente parecía haberse nublado completamente.

"Sesshoumaru", exclamó, estaba sufriendo, estaba sufriendo porque no la tenía a su lado, estaba sufriendo porque la haba perdido. "iie, dame, no puedo no puedo morir tengo que regresar, tengo que regresar con mi Sesshoumaru y con mis bebes", gritó en el lugar vació y oscuro en el que se encontraba cuando de pronto sintió como una gran cantidad de energía era liberada desde su cuerpo, "kami sama onegai, dame una segunda oportunidad", rogó antes de que fuera sacada de golpe de aquel horrible lugar.

(5)

Abrió los ojos mientras tosía fuertemente, su garganta se encontraba completamente seca, sus músculos estaban adormecidos y sentía que no se podía mover.

Sacando las pocas fuerzas que tenía logro mover un poco su cuello para observar lo fuerte que la cogía su taiyoukai, al parecer no tena intenciones de dejarla ir y eso simplemente la enternecía, pero lo sorprendía un poco que no se hubiera despertado con toda la bulla que hizo, pero era obvio, haba gasta mucha energía en la batalla contra el mal nacido de Naraku.

Quería darle una sorpresa y podía ver que estaba comenzando a amanecer, así que haciendo su mejor esfuerzo escapó de fuerte abrazo de su esposo, necesitaba a sus bebes, los quería con ella, quería tenerlos entre sus brazos, amamantarlos, así que con cautela salió del dormitorio desplegando con gran esfuerzo sus alas, para no hacer ruido.

Podía percibir la presencia de sus niñitos, y cuando finalmente llegó a su destino, abrió las puertas de aquel dormitorio, observando a sus amigos, a sus compañeros de aventuras, durmiendo.

Sango cargaba entre sus brazos a su hijo y la sacerdotisa Kikyou con su pequeña niña acurrucada en sus brazos, seguramente los habían estado cuidando, lo cual provocó que una sonrisa se plasmara en sus hermosas facciones, pero ahora era tiempo de que regresaran con su madre, así que con mucho cuidado de no despertar a nadie los tomo en sus brazos escuchando al inuhanyou murmurar entre sueños su nombre. "Inu no baka, tu olfato nunca falla", susurró saliendo de ahí, al parecer su inuyoukai ya estaba despierto y algo alterado, sería mejor darle la sorpresa de una vez.

(6)

Sesshoumaru despertó inmediatamente cuando percibió la falta de su Kagome, haciendo que su inu se vuelva loco nuevamente.

Quién se había atrevido a mover el cuerpo de su mujer sin que él se diera cuenta, pero cuando estaba a punto de salir a destrozar todo lo que tuviera en frente hasta encontrar el cuerpo de su amada tenshi, la puerta de su dormitorio se abrió dejando ver a la mujer de su vida cargando a sus pequeños hijos levitando mientras sus blancas y grandes alas la ayudaban a sostenerse.

"Ya estoy aquí", le dijo con lágrimas de felicidad cayendo de sus ojos, mientras una hermosa sonrisa esbozaba en su rostro y el taiyoukai se quedó ahí congelado por unos segundos, no podía creer lo que estaba viendo.

"Kagome?", preguntó algo dudoso, y la muchacha dejo a sus dos cachorros sobre la cama tirándose sobre su esposo, abrazándolo con todas sus fuerzas. "Gomen ne Sesshoumaru, gomen ne, jamás, jamás te dejaré solo jamás", le dijo mientras lloraba en su hombro, y el taiyoukai sonrió como nunca lo había hecho en toda su vida, levantándola y llevándola a la cama, acomodándola en su regazo, mientras la tenshi bajaba la parte superior de su camisón para amamantar a sus pequeños que se acababan de despertar, uno en cada busto.

"Koishi, me diste el mayor susto de mi vida, te amo", le susurró dándole un beso en la frente.

"Yo también Sesshoumaru", le respondió la muchacha quedándose dormida con sus dos bebes en brazos para la tranquilidad del taiyoukai, no se explicaba como sucedió lo que sucedió, pero definitivamente estaba agradecido con kami, el que le haya devuelto a su tenshi simplemente no tenía nombre. "Arigatou kami sama", dijo observando hacia el cielo cuando comenzaba a amanecer, el sueño se había esfumado completamente, ahora solo quería observar a las tres razones de su existir.

(7)

Horas más tarde su agudo oído pudo percibir los agiles y rápidos pasos de su pequeña hija, al parecer ya estaba despierta y causando problemas, y en menos de lo que él pudiera haber parpadeado podía percibir que se encontraba justo en la puerta de su dormitorio esperando ansiosa el permiso para poder entrar. Era cierto, ella no había estado enterada de todo lo que había sucedido y la verdad era mejor que se quedara así, para que atormentar a una pequeña niña con cosas que no tenían importancia.

"Pasa Rin", dijo en un tono firme, resistiendo las ganas de reir al observar como la pequeña niña hacía su mejor esfuerzo para abrir las grandes puertas y seguidamente correr a toda velocidad hacia la cama.

"No hagas mucho ruido que Kagome se encuentra descansando", la pequeña niña arrodillada en la gran cama hizo una pequeña 'o' con sus labios al digerir la información, observando a los nuevos pequeños que estaban en los brazos de su oka san, provocando que una gran sonrisa aparezca en su rostro.

"Son los hermanitos que Rin chan tanto quería?", pregunto ansiosa esperando que la respuesta sea lo que ella tanto anhelaba.

"Hai Rin, son tus hermanos", respondió el taiyoukai para la alegría de la pequeñita quien comenzó a saltar de lado a lado, "Rin tiene hermanitos, Rin tiene hermanitos", lo que provocó que la tenshi se despertara a observar el espectáculo.

"Rin chan ohayoo", dijo mientras bostezaba y su taiyoukai le daba un beso de buenos días en los labios, "ohayoo okaa san, eto eto eto…", balbuceó la pequeña niña haciendo reir a la tenshi para el deleite del inuyoukai, "que sucede Rin chan?", preguntó muy divertida la tenshi.

"Cómo se llaman los hermanitos de Rin chan?", al escuchar la pregunta la pareja se miró el uno al otro, buen punto, aún no habían decidido eso.

El taiyoukai observó cuidadosamente a sus dos hijos, el varón tena el cabello plateado, sus ojos eran dorados, iguales a los de él, y en su frente llevaba la luna creciente característica del clan de los inuyoukais, pero las marcas de su rostro, y eso fue algo que lo sorprendió eran idénticas a las de su padre, unas líneas de color indigo gruesas e irregulares, "Inu-Taisho", murmuró sin querer y Kagome sonrió, también se había dado cuenta de ese detalle.

"Inu-Taisho entonces", le respondió a su taiyoukai, "y nuestra hija como se va a llamar?", preguntó el taiyoukai, si él había escogido el nombre de su hijo intencionalmente lo justo era que su tenshi escogiera el nombre de su hija.

Kagome la observó por unos segundos, era una belleza de niña, su cabello era negro como el de ella, mientras que en su rostro al igual que su hermano llevaba la luna creciente en la frente y sus parpados al igual que los de su padre maquillados naturalmente de magenta, a diferencia de los de su hermano que estaban maquillados de un color azul claro, pero lo que le sorprendió era que llevaba una sola linea magenta a los lados de sus mejillas y sus ojos eran grises como los de ella.

"Ai", murmuró, haciendo sonreír al taiyoukai, "tu hermano se llama Inu-Taisho y tu hermana menor se llama Ai", le dijo el taiyoukai a la pequeña niña quien sonrió sentándose al lado de su padre político.

"Inu-Taisho y Ai, Inu-Taisho y Ai", cantaba la pequeña niña haciendo reír a sus padres mientras los bebes balbuceaban, cuando de pronto las puertas del dormitorio fueron abiertas de improviso dejando ver al grupo de youkai y humanos completamente sorprendidos mientras un pequeño renacuajo hacía una serie de reverencias a su señor pidiéndole perdón por la intromisión.

(8)

Ni bien despertaron sintieron la falta de la presencia de los bebes y comenzaron a preocuparse, yendo a buscar a los gobernantes de las demás casas para comentarles lo sucedido.

Todos se juntaron llenos de preocupación, no iba a ser fácil darle esa notica a Sesshoumaru, pero cuando todos habían reunido valor y se estaban dirigiendo a los aposentos del gran taiyoukai pudieron escuchar desde afuera las suaves risas de una mujer.

Sin dudarlo dos veces la taijya reconoció la voz de su hermana menor, "Kagome, Kagome esta viva", prácticamente gritó con emoción corriendo a abrir la puerta con un inuhanyou igual de alegre atrás, acompañado del joven monje y la sacerdotisa mientras los youkais se miraron confundidos decidiendo seguir el barullo, ahora parados frente a la cama sin poder explicarse aquel milagroso fenómeno al cual no pretendían buscarle explicación.

"Baka baka, que susto nos diste a todos, Kagome eres una descuidada", dijo Inuyasha sonriendo observando el rostro agraviado de su amiga, "OSUWARI" gritó la tenshi riéndose, mandando al suelo a uno de sus mejores amigos, haciéndole el menor daño posible, observando como todos reían junto a ella y su esposo llevaba consigo una expresión que parecía divertida, mientras que el hanyou se levantó cruzando los brazos delante de él, no sin antes sacudir su ahori, murmurando un simple "keh".

"No lo puedo creer, Kagome sama, como es posible", pregunto aún muy sorprendido el monje recibiendo como respuesta la sonrisa de la tenshi. "no lo se, simplemente estoy consciente de que Kami escuchó mis ruegos".

Sesshoumaru observó el rostro de completa felicidad de su tenshi al estar rodeada de todos sus seres queridos y cuidadosamente se las arregló para rodear su ahora diminuta cintura con uno de sus fuertes brazos, apoyándola en su pecho, mientras sus pequeños cachorros descansaban en su regazo.

"Aishiteru ore no tenshi", le dijo por primera vez en voz alta sorprendiendo a más de uno ante la abierta demostración de afecto, provocando que la joven se sonroje, enterneciendo a más de uno con su inocencia, "aishiteru mo", le dijo la tenshi besándolo mientras todos aplaudían a su alrededor.