13- Familia:
"Adiós" fue lo último que dijo antes de alejarse en silencio de aquella hermosa y prometedora casa. Sabía que esa era la mejor opción, no había otra alternativa. Bueno, quizás la había, pero era una que no haría realmente feliz a ninguno de los cuatro. Ella podía amarlo a los dos, lo sentía desde lo más hondo de su corazón, pero sabía que no era lo correcto. Le dolía tener que alejarse de aquel lugar, de aquella manera y sabiendo que jamás volvería a ser lo mismo. O por lo menos ella lo intentaría.
El calor se fue disipando con el paso del tiempo, los árboles comenzaban a perder sus hojas y un aire frío golpeaba de vez en cuando. El invierno se acercaba y con ello otra temporada de exámenes, males de cabezas y comidas familiares.
Estaba sentada en el marco de la ventana, con Pongo a sus pies y observando como una lluvia pre-invernal caía sobre las calles oscuras. La navidad se acercaba, y su marido estaba muy lejos de ahí. No podía llamar a nadie, todos y cada uno de ellos estaban en sus casas, con sus respectivas familias y preparando todo para la Navidad. Aún faltaban dos meses, pero aún así ya las familias comenzaban con los preparativos.
Quizás deberíamos volver a casa...-murmuró mirando al perro- quizás ahí... encuentre alguna solución.
El avión salía a primera hora de la mañana, y llegaría al día siguiente a Madrid, de ahí tendría que esperar tres horas en el areopuerto para tomar el avión a Mallorca. Y pronto estaría en su casa.
Nadie la recibiría, porque no había informado a nadie que llegaba, y mucho menos en Japón había dicho que se marchaba. Había sido una decisión de último momento; había dejado encargado a Sebastian que se encargada de informar a la gente si alguien preguntaba por ella, y todo lo demás... ¡ya se arreglarían! Ella tenía un asunto mucho más importante que la empresa familiar o cualquier tema con la Universidad. Necesitaba sanar su corazón...
Llegó a Mallorca a las ocho de la noche, sentía que los hombros le pesaban, que los ojos se le cerraban y que tenía la barriga llena de aire. Aún no había reservado hotel, y dudaba que algún hotel fuera lo suficiente bueno para cubrir sus necesidades de ese momento. Cogió el primer taxi que encontró y le dio la única dirección que se le venía a la cabeza. El conductor aceptó y comenzó a conducir. En medio de un cuarto de hora ya estaba en la puerta del apartamento de sus padres...
Tocó el timbre, minutos después la voz de su padre pidió quien era. Ella con un nudo en la garganta habló, y fue hacerlo y al cabo de pocos minutos, la puerta estaba abierta, con ambos padres en pijama y observando a su hija atónitos.
Estuvieron un rato a fuera, intentando procesar la información, pero al cabo de unos segundos entraron, se abrazaron, besaron y sonrieron para luego entrar al ascensor y subir a la casa. Ahí ninguno de los dos adultos pidió razones, tan sólo aceptaron nuevamente a su hija bajo la protección de sus alas.
Aquella noche Hinata durmió profundamente, como si se hubiera tomado un vaso de leche calentita. No soñó nada, pero cuando a la mañana siguiente se despertó... lo vio todo muy claro.
¿¡Que vas a hacer QUÉ!?- gritó por la otra línea Ino. Hinata alejó un poco el teléfono de su oído y dejo que su amiga, desde el otro charco del mundo le comenzara a sermonear. Cuando volvió a acercarse el teléfono ella aún seguía gritando.- ….¡pero eres tonta o que!
Es la única forma para que seamos felices.
¿Pero estás segura?¿en serio?
Si, estoy totalmente segura.
Bueno... entonces te ayudaré si es así.
Gracias Ino.
La madre de Hinata observaba desde una esquina como su hija hablaba con su amiga, como su rostro había cambiado de ser una niña que debía atarle los zapatos, a una mujer que estaba intentando encontrar la forma de ser feliz. ¿En que momento había crecido tanto? No lo sabía, pero tenerla una vez más ahí, hizo que sintiera que esa gran mujer... aún necesitaba un poco más a su madre.
Aquel día las dos salieron de compras, entraron a todas las tiendas de la travesía comercial, desayunaron en una lujosa cafetería, almorzaron en un restaurante bastante elegante y cenaron en un puesto ambulante que habían abierto cerca del mar. Al caer la noche estaban las dos, con su plato de fideos en las piernas, observando como el cielo estaba estrellado y como las olas del mar golpeaban en las rocas...
Aquí es mi casa...-susurró Hinata con los ojos cerrados- adoro Japón, es tan grande... tanta gente... y quizás triunfaría mucho como doctora pero...
No eres feliz ahí... ¿cierto?- continuó la frase de su hija.
No. Entiendo que es necesario que la Clínica siga manteniendo el apellido de los Hyugas, pero... yo jamás quise ir ahí.
...y tampoco te querías casar – agregó la madre con cierta amargura.- y lo hiciste.
Porque sentía lástima por el viejo, y porque Itachi me demostro que me amaba realmente...
Entonces... ¿lo piensas hacer de verdad?
La mirada de Hinata era seria, pero serena. Tenía las cosas claras, quería cerrar capítulos de su vida, pero al mismo tiempo, sin que esas puertas que se cierran causaran algún mal a otra persona. Así, que así lo haría... ya no tenía más que perder. ¿Un año de Universidad quizás?¿quizás dos?¿Qué era eso comparado con la felicidad?
Nada.
Al día siguiente, se pasó todo el tiempo colgada al teléfono, haciendo llamadas internacionales, rompiendo hojas y escribiendo cientos de cartas. Cuando quiso darse cuenta, ya no eran horas para continuar las llamadas, así que cerró el teléfono y se marchó a su habitación. Ahí, en ese pequeño cuarto de color lila, con aquella cama con docel de color rosa y cientos de peluches, le hacía sentir una cierta tranquilidad. Había viajado a Mallorca con la intención de despejarse, de volver a reunirse con las personas que siempre había querido, y al llegar había tenido la epifanía más grande de su vida. Miró el anillo de oro que rodeaba su dedo y sonrió.
Quiero volver a amarte... así que, dame un poco de tiempo ¿si? Pronto estaré ahí.
Le dio un pequeño beso a la superficie dorada y se metió en la cama. El día siguiente terminaría de hacer las últimas gestiones, después... tan sólo sería coger el avión y listo.
¿Qué podía salir mal?
