Capítulo 14: Imanes para los problemas
El moreno suspiró observando al chiquillo castaño que estaba delante de él probándose un gran sombrero negro mientras se giraba y sonreía sin parar. Era agotador pero agradable estar con él, agradable porque en parte le recordaba un poco a Luffy. Aunque los dos fueran distintos y se llevaran dos años de diferencia, cuando sonreía lo hacía con la misma amplitud, y bueno, era agotador porque...
—Este te queda mucho mejor—Dijo una voz femenina.
El gran sombrero negro fue sustituido por otro sombrero azul claro con dos orejas de perro marrones en la parte superior del gorro. Mientras, el chico se quedaba totalmente estático ante la visión del espejo.
—Ves, las orejas te pegan hasta con el color del pelo—Dijo ella riéndose.
—¿Qu...qué es esto?—Dijo el chico casi arrancándose el sombrero de la cabeza—¿Y tú te llamas hermana a ti misma? ¡Demonio!
Y ahí estaba el porqué era agotador estar con ese niño, porque cuando se juntaba con su hermana algo estallaba en él. Miró por un momento a la chica reírse sin parar del enfado que había provocado a su hermano y se preguntó por un momento por qué ellos. Por qué esos dos habían acabado en un mundo que no les pertenecía, rodeados de piratas, marines y miles de peligros a los que en su mundo no estaban acostumbrados, así que "¿por qué?"
No tenía una sola pista del motivo por el que dos adolescentes habían caído de esa manera en el barco de su padre, pero por su cabeza solo pasaba una cosa "Esto debe ser un error" como le había dicho Teach hacía no mucho tiempo, daba igual cuantas veces lo intentara esos dos nunca podrían estar a salvo en ese mundo y esa chica que parecía ser bastante fuerte por dentro al final podría morir sin volver a ver a los suyos, por poner un ejemplo, sepultada por las rocas como había estado a punto de pasar hacía poco.
Se fijó de nuevo en la castaña quien había comenzado a mirarlo, seguramente preguntándose el motivo de su ardua observación, cuando vio como se acercaba a él y le arrebataba el sombrero de la cabeza para cambiarlo por un gorro de lana verde con dos bultos a los lados que simulaban ojos de rana.
Al verse en el espejo no pudo disimular un pequeño tic en el ojo al ver lo ridículo que se veía con eso puesto y cuando se giró para retar a esa mujer castaña que le producía dolores de cabeza, la descubrió llevando su propio sombrero naranja mientras le sonreía.
—Definitivamente ese gorro no te pega para nada, no eres tan adorable como Cristian—Dijo sujetando su estomago debido al ataque de risa.
—¿Tienes algo con los sombreros de animales? ¿O qué?—Preguntó con una sonrisa de medio lado—Pues el mío no te queda mucho mejor que a mí la rana esta—Dijo colocando su mano encima de su sombrero naranja.
No pudo evitar sonreír un poco ante el repentino ataque de risa y cuando se dio cuenta, al apartar la mano del sombrero, ella lo observaba con una sonrisa más calmada. Por lo que llegó a pensar si todo eso había sido un pequeño plan de ella para probar algo, aunque no entendía el qué.
—Menos mal, has vuelto a ser tú, llevas un rato muy callado ¿Sabes?
Ace se quitó el gorro y se lo entregó al joven del puesto evitando el contacto visual con la chica y poniéndose a andar hacia el adolescente que los había dejado dos puestos atrás. Ella se había dado cuenta de su repentina fijación por ellos.
—Solo estaba pensando—Contestó sorprendido.
—Me imagino...—Dijo en un susurro.
La chica se quedó parada por un momento al sentir como alguien la agarraba del brazo ejerciendo una pequeña fuerza y se giró a mirar a la mujer de edad que agarraba su mano mientras le brindaba una sonrisa. La mujer estaba en una pequeña mesa con una bola de cristal al frente, no recordaba haber visto siquiera el puesto cuando hablaba con Ace pero la mujer le sonaba de algo. Las arrugas en su rostro la hacían ver de muy avanzada edad, su cabello estaba recogido en un moño imposible que le recordaba un poco a la torre de pisa y sus uñas, largas, rozaban contra la piel de su brazo raspándola un poco, sin llegar a hacerle daño.
—¿Puedo leer tu futuro chiquilla?—Preguntó la mujer—Tranquila, es gratis
Ace siguió caminando observando como algunos de los puestos le sonaban bastante, al parecer en algún momento, sin darse cuenta, habían vuelto atrás en su visita. Se fijó en un puesto de libros y en uno en particular "leyendas de la piratería". No sabía qué se consideraría leyenda de la piratería en ese libro, pero estaba seguro de que en alguna parte del mismo habría algo sobre Roger. Su rostro se ensombreció un poco al recordar ese nombre y al igual que había cogido el libro, lo puso donde estaba y se dispuso a seguir el camino detrás del niño hiperactivo, hasta que algo lo frenó.
—Tú eres el chico que iba con la muchacha de ojos verdes ¿verdad?—Dijo el tendero—Es curioso, ella se puso a mirar el mismo libro que tú.
No le sorprendió, ya que la había visto pararse a observarlo mientras compraban la espada. Había observado la fijación de ella por los libros y por lo que parecía era igual que su amor por la comida, pero el de ella con la literatura.
—Sí, ya lo sabía, le encantan estas cosas—Dijo él.
—Bueno, te lo regalo, algunas páginas están dobladas y tiene una mancha negra de tinta al final, así que la gente no lo va a querer comprar así, y si dices que a ella le gusta tanto leer, no veo que pueda estar en mejores manos—Dijo con una sonrisa.
—Esto... gracias, es muy amable—Dijo haciendo una pequeña reverencia.
—Y tú muy educado—Dijo entregándole el libro en una bolsa de papel marrón—Por cierto, ¿Dónde está tu amiga?
—¿Quién? ¡Ah! No, no es mi...—Paró a pensar un momento mientras metía el libro en su mochila—¿Qué demonios es?
Ace miró a todas partes, detrás, desde hacía un rato, había localizado a Cristian, pero ella no estaba por ninguna parte. Miró la pulsera, si esa cosa no reaccionaba significaba que ella no estaría demasiado lejos y además todavía llevaba puesto su sombrero así que localizar a una chica castaña con un sombrero naranja fuerte, no sería tan difícil.
Mientras, unos cuantos puestos más atrás, Sara seguía parada en el mismo lugar, había oído a la mujer decir algo, pero como estaba buscando a Ace no lo había oído bien, así que la anciana al no obtener respuesta de la muchacha había vuelto a repetirlo.
—No, lo siento, no creo en estas cosas—Dijo liberándose del agarre de la anciana.
—Ya veo... por cierto, ¿Cómo van las pesadillas?—Dijo con pose aburrida—Tal vez el pasado de ese chico sea demasiado para ti...
Sara, que había comenzado a andar para buscar a su hermano y Ace, volvió sobre sus pasos, con cara de pocos amigos y muchas preguntas en su cabeza, empezando por cómo esa mujer sabía lo que la atormentaba por las noches.
—¿Perdón?—Dijo alterada.
—Yo lo sé todo, por eso soy una gran profesional en mi campo.
—No me lo trago—Respondió.
—Tal vez no me creas, en tu mundo las cosas sobrenaturales están menos aceptadas supongo, pero deberías empezar a creer después de todo lo que te ha ocurrido ¿no te parece?
—¿Cómo sabe lo de las pesadillas?—Preguntó sin hacer caso a lo que acababa de decir la mujer.
—Bueno, no es difícil de imaginar, esa pulsera conecta a las personas y ese chico ha tenido un pasado bastante complicado, estaba segura que eso se convertiría en un efecto secundario.
—¿Usted sabe algo de la pulsera?
—¡Claro!—Dijo con una gran sonrisa.
—¿Incluso como quitarla?
La anciana se quedó parada un momento y elevó una de sus cejas sin creer lo que estaba escuchando, así que comenzó a reír ante la pregunta de la muchacha.
—Todavía no es el momento de dejarte libre querida, antes debes hacer lo que desea la pulsera...
—¿Lo que desea la pulsera?—Dijo abriendo los ojos como platos sin entender como un objeto inanimado podría desear algo—¿Y qué es lo que tengo que hacer?
—Eso no lo sé, deberás descubrirlo tú misma, cada pulsera tiene su propia función y hasta que no lo descubras seguirás conectada a ese chico, aunque eso no es tan malo ¿no crees?—Sonrió—Por lo que veo te estás acostumbrando bien—Dijo señalando el sombrero.
Sara se llevó la mano a su cabeza sintiendo el sombrero en ella, no se había acordado de devolvérselo y todavía lo llevaba puesto, hacía un rato que le había perdido la pista a Ace y a su hermano, pero estaba segura que no tardaría mucho en encontrarlos.
—Bueno, creo que ya es hora de que te vayas—Dijo la mujer—Estoy segura de que nos volveremos a encontrar, pero por ahora es mejor que empieces a buscar a los tuyos, al parecer hay varios hombres interesados en ti desde hace un rato. Aunque seguro que para nada bueno.
La chica giró la cabeza observando lo que decía la mujer, al menos dos hombres y una mujer, colocados en diversos puestos no paraban de mirarla, y como decía la adivina, seguro que no querían nada bueno. Cuando volvió la vista a la pequeña mesa de la adivina la mujer ya no estaba allí, ni siquiera la mesa con la bola de cristal. Sólo había un pequeño hueco entre puestos, sin rastro de nadie en él.
—Mierda—Susurró.
Siguió su camino tranquila, sin levantar sospechas, estaba segura que esos hombres la seguirían y si les daba la más ligera señal de que sabía que se encontraban allí la atacarían sin dudarlo y tres personas contra una mujer que casi acababa de empezar a aprender cómo defenderse... no había que ser muy inteligente para darse cuenta de quien saldría perdiendo de allí.
Por un momento escuchó un sonido metálico proveniente de su espalda, casi como lo que había oído cuando su hermano había desenvainado la espada para enseñársela, y eso no podría significar nada bueno, debía ser rápida y pensar en un plan antes de que sintiera el metal de la espada contra su piel. Observó un paraguas azul oscuro y se paró un momento en uno de los puestos mostrando interés por él, la mujer del puesto callejero se lo acercó mientras de reojo observaba al hombre que se suponía que de un momento a otro la atacaría, y no se equivocó, segundos después, el hombre se abalanzó hacia ella.
—¡Creo que le voy a tomar el paraguas prestado!—Dijo ella girándose hacia el hombre.
Abrió el paraguas que fue atravesado por la espada y giró la agarradera haciendo que todo el paraguas comenzara a dar vueltas arrebatándole la espada al hombre. El atacante miró sus manos para ver donde había ido la espada observando que había quedado enganchada en el paraguas.
—Lo siento, esto es para mí—Dijo Sara entre los gritos de la gente que había comenzado a correr al ver al atacante armado.
Apartó el paraguas de entre los dos, agarrando la espada que se había quedado enganchada en él y sin que el hombre pudiera reaccionar le pegó una patada en el estómago apartándolo de ella y salió corriendo como si la vida le fuera en ello, cosa que en parte, así era. El hombre cayó al suelo y mandó a otro hombre que la siguiera, que no la dejara escapar.
En medio de su huída, entre la gente bajó el sombrero de su cabeza dejándolo colgado, por la cuerda que llevaba a su cuello permitiendo que éste cayera por su espalda. El color del sombrero de Ace no ayudaba mucho en su huída pero no iba simplemente a dejarlo tirado por ahí, así que rezó porque entre la gente no se viera si lo mantenía de esa manera.
—¡No vas a escapar tan fácilmente chica!—Gritó el hombre que la seguía.
Un olor extraño llegó a su nariz, un olor muy fuerte y se fijó en uno de los puestos delante de ella, una tiendecilla de fruta que parecía tener frutos exóticos, y si no se equivocaba eso que estaba oliendo era un Durian, una fruta que se caracterizaba por su fuerte olor, su gran tamaño y por una serie de fuertes pichos que en ese momento le venían de perlas.
Se paró un segundo delante del puesto respirando profundamente y cuando el hombre que la seguía pensaba que la tenía, cortó la pata del puesto dejando caer todas las piezas de fruta encima de él volviendo a ponerse rápidamente en camino a su huída.
Miró a todas partes buscando a Ace y Cristian, no veía a ninguno de los dos y eso ya empezaba a preocuparla, sobretodo se inquietó cuando a lo lejos pudo distinguir como una columna de fuego salía disparada hacia el cielo, señalándole exactamente la posición de Ace, pero también, que al igual que ella, tenía problemas.
Sintió como alguien se abalanzaba sobre ella y cayó al suelo rodando, hasta que encontró un puesto que la frenó. Adolorida observó como una mujer de cabello negro con carmín rojo la miraba con una sonrisa macabra. Vio algo brillar en sus manos, parecían unos guantes, aunque lo que la sorprendió en parte, no eran los guantes, sino lo que salía de los dedos de los mismos. Cada dedo en esos guantes de cuero negro tenía una larga cuchilla que parecía bastante afilada.
Minutos antes, en otra parte de la ciudad, Ace y Cristian buscaban a la chica preguntándose cómo se habría perdido si poco antes habían estado todos juntos en el puesto de los sombreros. Se pararon un segundo en una bifurcación preguntándose donde ir cuando Ace comenzó a darse cuenta de algo extraño, calculaba que aproximadamente unas cinco personas los seguían, y sin mostrar su tatuaje y sin su sombrero no sabía cómo era posible que lo hubieran reconocido, ya que en su cartel de "se busca" no se le veía tan bien la cara.
—Y si no son cazarrecompensas ¿qué son?—Se preguntó mentalmente.
Una cuchilla empezó a salir de una de las mangas de uno de ellos, bajando por su mano. El moreno se dio cuenta que varios de esos hombres comenzaron a sacar armas y a apuntar hacia él. Sonrió de medio lado rascándose la cabeza, definitivamente nunca podía tomarse un pequeño descaso sin que algo le ocurriera.
—Oye Cristian—Le dijo al muchacho dándole la mochila—Cuando quieras puedes ponerte a correr—Se giró encarando a los cinco hombres.
—¿Qué?—Preguntó el adolescente sin entender nada.
—Será mejor que busques a tu hermana, tiene imán para los problemas y si estos están aquí no me extrañaría nada que sean uno de los motivos por los que no la encontramos.
—¿Pro... problemas?
—Corre—Le dijo comenzando a producir pequeñas llamas en su espalda y hombros.
El chico comenzó a correr como le había dicho Ace y en cuanto estuvo lo bastante lejos los hombres lo atacaron, lo que hizo que él creara una gran columna de fuego que subió hasta el cielo para quitárselos de encima, ni siquiera habían hecho amago de ir tras el muchacho, cosa que no le extrañó, ya que parecía que él era el objetivo en todo eso.
Cuando deshizo la columna de fuego, uno de los hombres, que le apuntaba con un arma disparó, provocando aún más caos en las calles, pero no le hizo ni un solo rasguño ya que las balas simplemente traspasaron sus llamas. El hombre decidió tirar el arma e ir hacia él, en un ataque cuerpo a cuerpo. Ace paró todos sus golpes y en un salto se deshizo tanto de él, como de uno de sus compañeros que había decidido atacarlo por la espalda.
En pocos minutos había acabado con los cinco hombres y se acuclilló para ponerse a la altura de uno de ellos quien todavía estaba consciente.
—¿Y bien? ¿Qué ha sido todo eso? ¿Sois cazarrecompensas?—Preguntó.
—No...—Contestó el hombre respirando con dificultad—Asesinos.
—¿Asesinos?—Se sorprendió—¿Alguien os contrató para matarme?
—No solo a ti...—Intentaba respirar con mucho esfuerzo—Un hombre nos pidió que matáramos a Ace puño de fuego y a una chica castaña que iba con él...
Ace se sorprendió ante las palabras del hombre, no entendía cómo era posible que alguien fuera del barco supiera de la existencia de la muchacha, hasta que cayó en algo, nadie fuera del barco, absolutamente nadie, sabía de la existencia de la muchacha y mucho menos que ella estaba con él, por lo tanto solo existía una explicación, había un traidor en el barco.
—Ese hombre que te contrató, ¿Recuerdas su nombre?—Preguntó Ace.
—Creo que sí, se llamaba...
En el tejado de una de las casas un hombre había disparado un arma dándole de lleno a la persona que intentaba interrogar Ace acabando con su vida al instante. Ace se levantó y observó al hombre, tenía el cabello blanquecino, una cicatriz que iba de parte a parte de sus pómulos y el rostro tapado desde la nariz hasta el cuello. Bajó de un salto hasta donde estaba Ace.
—Cada día los subordinados son más bocazas—Dijo el hombre—En mi casa tenemos costumbre de dejar los asuntos feos en familia ¿lo comprendes no chico?
El hombre sacó un látigo con una especie de cuchillo en forma de corazón en la punta y comenzó a moverlo en círculos.
—Así que tu fruta es una logia... tengo que suponer entonces que las balas no te afectan, pero tal vez esto sí...
Lanzó el látigo hacia Ace y éste lo esquivó en un saltó pero, nada más saltar sintió algo extraño en el látigo, esa cosa parecía tener vida y la punta comenzó a seguirlo. Se apartó en el momento justo, empujando la pared para que le diera tiempo a esquivarlo y lo hizo justo antes de que la punta del látigo lo atravesara, aunque no pudo evitar que la cuchilla rozara su brazo rompiendo un poco la manga de su camisa.
—No podrás escapar de mi látigo de la muerte, es lo mejor para atacarte a ti, traspasa incluso las frutas de tipo logia y sigue el calor, por tanto, estás muerto chico.
Esquivó por última vez la punta del látigo y sonrió al escuchar algo que le había dado la clave para, en pocos segundos deshacerse de ese tipo, ya que estaba seguro que no le daría la información que quería.
Comenzó a correr hacia él, seguido por su látigo, y puso sus manos juntas lanzando un reguero de fuego con ellas que incendió parte de la ropa del asesino, se tiró al suelo, y como había planeado, la punta del látigo fue directa a la nueva fuente de calor, su propio dueño, que acabó atravesado por su propia y mortal arma.
Ace se levantó del suelo, mirando el corte que le había provocado el látigo, no era más que un rasguño. Un dolor algo fuerte en su pecho llamó su atención y miró la pulsera, seguramente la castaña se estaba alejando demasiado de él y si era así, podrían meterse aun en más problemas, aunque a esas alturas ya nada lo sorprendía.
Sara, por su parte, estaba entre las cuchillas y la pared. Al caer, había perdido la espada que había conseguido quitarle al primer hombre que la había atacado y parecía no tener más recursos que las partes del destrozado puesto del mercado que había parado su caída. Entre los cuales había localizado una larga barra de hierro que podría usar, o eso quería pensar.
La morena comenzó a acercarse a ella y Sara, al verse acorralada por las cuchillas que le salían de los dedos, sacó de entre los escombros la barra de metal larga interponiéndola entre las cuchillas y ella, esforzándose en mantener la distancia.
—¿Crees que eso me va a parar?—Dijo la mujer sonriendo.
Uno de sus brazos se separó de la barra y fue directa a clavar en el estomago de la muchacha sus cinco cuchillas, hasta que escuchó un ruido sordo, como si algo se rompiera en miles de pedazos y se desmayó.
—No, la barra era una distracción, lo que en verdad quería era pegarte un jarronazo en la cabeza, perdón—Dijo levantándose.
Justo había caído en un puesto de jarrones, rompiendo algunos, pero los que habían sobrevivido se suponía que eran bastante resistentes como para dejar K.O a alguien con un golpe con uno de ellos.
Siguió corriendo hasta que se dio cuenta de que se había metido en una calle sin salida y cuando intentó salir observó como los dos hombres y la mujer que la perseguían, ya estaban allí. La mujer se tocaba la cabeza con gesto de dolor, mientras uno de los hombres intentaba quitarse, lleno de cortes y rasguños, algunas frutas puntiagudas que se le habían quedado enganchadas en la ropa.
Miró para todas partes, pero se había quedado sin ideas y encima comenzó a ahogarla un dolor bastante pronunciado en el pecho que estaba segura que venía de la pulsera.
—¿Qué pasa pequeña? ¿Te has quedado sin truquitos?—Preguntó el primer hombre que la había atacado.
Comenzó a darle vueltas a la cabeza, necesitaba encontrar una salida, pero no veía ninguna y el tiempo se le empezaba a agotar. Vio que el hombre levantaba el brazo, con una pistola en la mano y decidió rendirse, en los segundos que le quedaban ni siquiera podría pensar en un buen plan, solo en un milagro.
Un ruido fuerte se escuchó en toda la calle haciendo que los cuatro giraran sus rostros hacia el lugar donde se escuchaba el estruendo. En segundos la pared contigua se rompió en pedazos mostrando delante de Sara la espalda de un hombre alto, con espalda ancha y... cabeza de perro ¿o era una máscara?
De repente el hombre se quedó estático y de él comenzaron a salir unos ruidos extraños como si respirara muy fuerte o... se hubiera quedado dormido...
—¿Está roncando?—Se preguntó Sara—¿La narcolepsia en este mundo se pega o qué?
—¡Se ha sobado!—Gritó el atacante—¡Ha venido a salvarla y se ha quedado sobado!—Exclamó con los ojos casi fuera de sus cuencas.
La burbuja que se había formado al dormirse se rompió con uno de los fuertes ronquidos del hombre y miró para los lados como preguntándose donde estaba girándose a mirar a la chica y recordando el motivo por el que estaba allí.
—Bueno, bueno ¿Dónde estaba?—Dijo crujiéndose los nudillos—¡Ah sí! ¿Os gusta acorralar a la gente?
—¿Qué?—Preguntó el hombre sin entender como había podido romper la pared sin ningún arma y luego dormirse sin más—Mierda, ¿quién es este idiota? ¿Un pirata de barba blanca?
—¡¿A quién demonios...—Dijo el hombre desapareciendo de la vista de todos—...llamas tú pirata?!—Gritó dándole un fuerte golpe en la cabeza que lo dejó totalmente fuera de combate.
—Espera un momento, n...no es pirata ¡Es un Marine!—Dijo la mujer.
—¿Marine?—Preguntó Sara más para ella misma que para él.
Los dos atacantes salieron corriendo al ver la fuerza sobrehumana del marine que acababa de aparecer por sorpresa y Sara aprovechó el momento para, en medio de su dolor, que iba en aumento por culpa de la pulsera, salir corriendo de allí mientras ese hombre se encargaba, al parecer fácilmente, de los tres atacantes. En su momento de huída casi perdiendo el aliento chocó con alguien, cosa que poco a poco la hizo recuperar sus fuerzas. Al darse cuenta de quién era, lo abrazó.
—Hey, ¿por qué tanta prisa?—Escuchó la voz de Ace.
—Necesitaba encontrar a alguien supongo...
—¿Algún problema en el tiempo que has estado sola?—Preguntó Ace.
—¿En serio me lo preguntas? ¿A mí?—Respondió ella separándose de él.
—Pues parece que sí eres un jodido imán para los problemas... ¿Les has conseguido dar esquinazo?
—La verdad es... que no... pero en el último momento apareció un hombre y me salvó...
—¿Un hombre? ¿De nuestra tripulación?—Preguntó extrañado.
—No, no lo había visto nunca—Contestó pensativa—Era bastante alto, robusto, y llevaba una máscara de perro. Se cargó una pared solo con sus puños, parece que tiene narcolepsia y... creo que dijeron que era Marine...
Ace se paralizó, pensando que en lo que acababa de decir esa chica, esa descripción solo se ajustaba a una persona que conocía, y estaba seguro de que no podía ser, o eso esperaba.
—Ese hombre...—Susurró Ace—¿Dijo su nombre?
—No...—Dijo sintiendo como Ace se ponía nervioso.
Ace escuchó un ruido por encima de sus cabezas y subió la vista para ver si lo que había oído podía provenir del cielo. Cuando vio una sombra caer sobre ellos.
—¡Vigila!—Gritó cogiendo a la chica para apartarse del camino.
Un hombre cayó del cielo como un yunque, con otras tres personas inconscientes, atadas y agarradas por una cuerda. Para Ace todo fue en cámara lenta, el hombre cayó del cielo mientras su abrigo blanco se balanceaba con el viento que él mismo había provocado. Dejó a los tres atacantes inconscientes en el suelo y fijó su mirada en los dos muchachos que tenía delante de él. A través de su máscara de perro se podía ver como el hombre sonreía ampliamente, sus ojos no se podían distinguir entre la máscara, pero en una primera impresión parecía no ser una mala persona.
—Así que... primero te conviertes en el capitán de los Piratas Spade y luego te unes a la tripulación de barba blanca ¿no?—Dijo de repente el hombre.
Sara miró a Ace sin entender bien lo que estaba ocurriendo pero había entendido algo, él conocía al hombre de la máscara de perro, y al parecer muy bien, por la cara de horror que había puesto.
—No podría concederte mi perdón por esto ni aunque trataras de conseguirlo durante mil años—Siguió—¡Tu destino era convertirte en un fuerte Marine!
El hombre se quitó la máscara mostrando por fin su rostro. Era un hombre entrado en edad, con el cabello grisáceo y una barba recortada exactamente del mismo color que su cabello, de piel morena y con una cicatriz en la parte izquierda de su rostro. Su sonrisa y mirada no trasmitían maldades ocultas como lo hacía la de barba negra, así que ella no comprendía porque Ace se veía como si ante él hubiera aparecido el mismísimo demonio, aunque supuso que era por su condición de Marine.
—Sal de aquí ya—Dijo Ace apretando fuertemente los puños—Ese hombre no es nadie que pueda ser vencido tan fácilmente...
Ante esa reacción empezó a asustarse de verdad, si el mismo Ace decía en pocas palabras que ese hombre era invencible siendo tan fuerte como era, esa persona debería ser un auténtico monstruo comparable a barba blanca.
—¡Niño desagradecido!—Gritó—En lugar de advertir a la chica sobre mí deberías de haber corrido hacia aquí a cámara lenta y haberme dado un abrazo.
La cara de la chica se tornó un auténtico poema al entender cada vez menos lo que estaba pasando ahí, preguntándose cómo era posible que un marine pidiera un abrazo a cámara lenta por parte de un pirata.
—¿Pero qué dices? Yo no sé qué recuerdas exactamente, pero eso no ha pasado en veinte años y no va a pasar ahora—Dijo Ace.
—Así que no ¿eh?, al hacerte pirata has perdido los modales hasta con la familia, bueno, tal vez haya que recordarte...—Dijo sonriendo más ampliamente—...como se saluda a un abuelo.
—¡¿Abuelo?!—Exclamó Sara sobresaltada.
Dos segundos pasaron exactamente entre que dijo la palabra que la dejó impactada hasta que una brisa tocó su piel y vio a Ace volar hasta estrellarse contra un muro de piedra que estaba tras ellos. Todo había pasado muy rápido, el hombre había saltado y le había propinado un puñetazo en la cabeza a su nieto haciéndolo volar y empotrándolo contra la pared a una velocidad a la que el ojo humano ni siquiera podía captarlo.
El hombre paró a reírse como si estuviera completamente fuera de sus cabales y ella corrió hacia Ace simplemente para asegurarse que aun seguía vivo. El moreno se comenzaba a incorporar, aun tumbado en el suelo y rodeado de escombros, del lugar al que había sido arrojado con un puñetazo de amor por su abuelo.
—Ace ¿estás bien?—Le preguntó preocupada intentando ayudarlo a incorporarse.
—¿Qué parte de "sal de aquí" no has entendido?—Dijo Ace rechazando su ayuda.
—¿Y tú qué parte de mi pregunta no has entendido?—Gritó ella alejándose un poco de él.
—Si no vas a irte, solo...—Dijo cerrando los ojos un momento intentando buscar su fuerza interior para levantarse, cosa que no encontró y acabó de rodillas en el suelo—...no digas nada que pueda enfadarlo.
—¿En serio es tu abuelo? Los abuelos donde yo vengo te dicen lo guapo que estás aunque sea mentira ¡No te empotran contra un muro y te mandan a volar doscientos metros!—Gritó.
—Sara... ¡¿Eso para ti es no enfadarlo?!—Preguntó atónito.
—Así que... Sara ¿no?—Escuchó una voz tras ella.
Vio una sombra enorme en el suelo que tapaba incluso la suya propia y se giró lentamente para mirar de frente al hombre que por primera vez se dirigía a ella y no a su nieto, como había hecho hasta el momento.
—Mi nombre es Monkey D. Garp—Dijo dando un paso al frente—Pero por lo que veo...
La chica observó como la analizaba con la mirada y aunque no se movió estuvo tentada a dar un pequeño paso atrás por la fuerza que transmitía solo con sus ojos. Para ella todo empezó a transcurrir a cámara lenta, vio como el robusto hombre levantaba los brazos y dejaba caer sus manos sobre sus hombros. Notó su firme agarre y por un segundo se preguntó si también la mandaría a volar, pero cuando alzó la vista hasta el rostro del hombre observó en él una gran y radiante sonrisa que la empezó a desconcertar. No sabía qué planeaba.
—...tú puedes llamarme abuelo-Dijo donde se había quedado comenzando a reírse con una risa demasiado fuerte y escandalosa, y al parecer, característica suya.
—¿Eh?—Atinó a decir en medio de su desconcierto.
Su cerebro comenzó a preguntarse si sus oídos habían entendido bien lo que acababa de decir y se puso en marcha intentando encontrar otra respuesta que no fuera lo que había captado en medio de esa risa.
—Vaya... quién se lo iba a imaginar...—Siguió riendo y pegándole pequeños golpes en los hombros a la chica.
Ace se había perdido en la conversación, su abuelo parecía contento, y decía cosas sin sentido, se levantó acariciándose la cabeza, exactamente en el lugar donde había sentido el golpe del "puño de amor" de su abuelo. Y solo observó, sin decir nada, para ver el rumbo que seguía esa extraña conversación.
—Disculpa por no salir antes a salvarte, quería ver cómo te las apañabas sola, tienes ideas bastante interesantes pero... si no llego a aparecer esos tipos habrían acabado contigo.
—¡ah! Sí... es cierto, muchas gracias... por salvarme...
—Se nota que no eres pirata, te defiendes bien pero no eres tan fuerte como para serlo... ¡Lo cual es un alivio!—Exclamó aumentando la sonrisa.
—No, no soy pirata... aunque no sé por qué eso tenía que ser un alivio...—Susurró más para ella misma que para Garp.
—¡Porque para un abuelo vicealmirante de la marina que la novia de su nieto no sea pirata es un gran alivio!
Tanto Ace como Sara se quedaron un rato totalmente estáticos en su lugar, dándole vueltas a esa maldita frase mientras oían de fondo la característica risa de Garp.
Ace observó como el cuerpo de la chica empezaba a encogerse un poco, sus hombros se habían juntado una distancia mínima y su cuerpo comenzaba a temblar. La risa de Sara empezó a oírse segundos después, llegando incluso a provocar que una lágrima resbalara por su rostro.
—¿Novia? No, no, ¡Nada por ese estilo!—Dijo entre risas—Hace dos días nos odiábamos ¡Como si pudiera ser su novia! ¡Qué buen chiste!
—¿Chiste? ¿Qué chiste? Lo digo en serio, os vi antes durante el espectáculo...
—¿En el espectáculo?—Preguntó Ace.
Le dio vueltas un rato hasta que cayó en cuenta, el momento que habían empezado a discutir hacía aproximadamente una hora, cuando ella se había encaprichado en medio desnudarlo para ver cómo estaba su abdomen, ya que se había dado cuenta de que algo andaba mal con su cuerpo. Aunque no sabía cómo se veía desde fuera, de una cosa estaba seguro, ninguna persona normal podría haber confundido esa pelea a gritos con una pelea de enamorados, solo su abuelo.
—¿Tan en secreto lo lleváis?—Dijo riendo—¡A mí no podéis engañarme!
—¡Qué no somos nada!—Gritaron los dos al mismo tiempo.
La chica suspiró cansada, al principio le había hecho hasta gracia, pero a ese hombre no había quien le hiciera cambiar de opinión y ya estaba llegando a cansarse. El hombre soltó los hombros de Sara, los cuales aún sujetaba y se giró cogiendo a los tres atacantes que aun seguían inconscientes como si de un saco de patatas se trataran.
—Bueno, tengo que irme, esta vez pasaré por alto el haberme encontrado con un pirata, supongo que es lo que llaman el peso de la familia...—Dijo metiéndose el dedo meñique en la nariz con rostro aburrido-Estoy seguro de que no será la primera vez que nos encontremos. ¡Ah! E invitadme a la boda.
—¡Qué no va a haber ninguna boda!—Gritó Ace rojo de rabia.
Sara observó como el hombre se iba y miró a Ace quien aunque no lo demostrara, entre toda esa rabia que sentía al saber que su abuelo jamás lo dejaría explicarse apropiadamente, se alegraba de ver a alguien de su familia, o eso parecía a simple vista.
—¿Volvemos al barco?—Preguntó Sara al ver como Ace se echaba una de sus manos a la frente masajeándosela en señal de cansancio.
Él simplemente asintió y cuando sus miradas se encontraron ambos repasaron mentalmente lo que acababa de pasar y no pudieron evitar reírse. Algo de gracia tenía todo lo que les había pasado.
—Toma el sombrero mi amor, que al final me lo voy a quedar—Dijo colocándoselo en la cabeza con una sonrisa divertida.
—Daba por hecho que algún día me lo devolverías cariño—Respondió ajustándoselo bien a la cabeza.
—Suena fatal—Sonrió.
—Tienes razón—Dijo Ace torciendo el gesto.
Volvieron a mirarse y se sonrieron, poniéndose en marcha para llegar cuanto antes al barco, ya que parecía ser el único lugar donde su habilidad de imanes para los problemas en los que se habían convertido no surtía efecto. Aunque en ese momento, ninguno de los dos sabía que los problemas en el barco todavía no habían estallado, pero tampoco faltaba mucho tiempo para que el desastre se cerniera sobre todos ellos.
.
.
¡Bueno! ¡Aquí os traigo el capítulo 14! ¡Espero que os guste!
Por fin se desvela quien era el personaje estrella del capítulo anterior, esa sombra que había reconocido Ace en medio de su pequeña discusión. Sé que muchas queríais que fuera Shanks y os comprendo, pero pensé mejor en Garp y su manera loca de ser, es un personaje que me gusta por sus locuras y espero haberlas captado bien sin que se me haya ido del personaje ;)
Como siempre quiero dar las gracias a todos los que leéis la historia y a los que aunque no comentáis habéis puesto mi historia entre vuestros favoritos. De verdad, muchas gracias.
Y ahora, ¡Muchas gracias por los comentarios! ¡Sois un amor! Muchas estáis ahí desde el principio y eso es realmente importante para mí.
Espero que os guste el capítulo y ¡hasta dentro de dos semanitas! ;)
Helen Martinelli ;)
