Lo prometido es deuda, aquí les dejo el cap. 14. Confió en que no les defraude.
Sé que soy repetitiva pero como siempre mando todo mi cariño a: (Amia Snape, Cani HP. Ysabel Granger, Igna HP, Lobo-moon, Fairly, Extrem, Megumisakura, Chiiocullen, MissLuppi, Melissa Granger, Wirnya, Ayra 16, LylaSnape, Sasamii, Vampylolita, Isabella Domi, Liz House,Grake Malfoy, Hannah Abbot GHRS, Alejandra, Ms Psique, Strangelet, G, Dulceysnape, Sirenitus, Mrs V, Areusa, Elentari, Lunnaris, Yue Yua, Wiiii, Nick-sith y JanSev (que hacen el esfuerzo de leer en un idioma que no es el suyo…) Besos a todos/as
…Solo puede ir a peor ...
Snape rió entre dientes…
Ella miró entre sus dedos, había sacado el cuchillo del cinturón y se agachaba en la orilla. El desgraciado seguía con esa mueca de sarcasmo en su cara. - ¿Qué anda pensando estúpida? – Silbó con cierto tono de diversión. Se remojó la cara varias veces con agua. – Necesito afeitarme, y es algo delicado. Así que si tengo que soportarla, por lo menos cierre esa bocaza.
Ella boqueó varias veces, la vergüenza inicial fue sustituida por la ira. - ¡QUEEE! – Rugió apartando las manos de la cara y golpeando el agua con un puño cerrado. - ¿Es que acaso no ve que me estoy bañando?
Severus la miró de reojo. - ¿Y?
-¡BASTARDO ENGREIDO! – Su ojo derecho temblaba con un tic. – Es usted un GROSEROOOO.
-Granger ¡el lenguaje! – Murmuró con tono aburrido, mientras apoyaba la hoja del cuchillo en el mentón, la vista fija en su reflejo en el agua.
-¿Cómo voy a salir de aquí con usted mirando? – Bramó agarrando de malos modos el pantalón que flotaba en el agua junto a ella.
El profesor aguanto la respiración y dio una precisa pasada hasta el cuello. Suspiró y la miró de nuevo. – Por mi haga lo que quiera. Puede irse. O quedarse, pero CALLESE. – Volvió a mirar el agua y se preparó para otra pasada.
La chica bufó, miró sus manos, los dedos ya comenzaban a arrugarse. Habría salido antes del agua, mucho antes de que él hubiera llegado, pero la maldita mancha. – "Odio ser mujer." – Pensó frunciendo el ceño. – Quiero salirrrr. – Bufo.
-Pues salga. – Rumio con desgana al completar la segunda pasada. Aclaró la navaja en el agua y la apoyó de nuevo en su cara.
-Pues lárguese y déjeme salir. – Espetó la otra.
-¡Es mi cascada! – Siseó comenzando a deslizar el afilado cuchillos por su piel. – Así que no me voy. – Sonrió maliciosamente. – Además, niña tonta, usted no tiene NADA que yo quiera ver.
Fue el detonante, sus hormonas, la noche de insomnio, su maldito sarcasmo, todo lo que le había pasado los últimos días, pero sobre todo EL. Ni siquiera se detuvo a pensar un segundo. Mordiéndose el labio inferior y llena de furia agarró una roca de la orilla y se la arrojo directa a la cabeza.
Snape no se esperaba para nada la reacción de la Gryffindor, apenas pudo alzar la vista, sus ojos negros se abrieron como platos, la navaja se le escurrió haciéndole un corte en el mentón. El "clonch" de la roca al golpearle de refilón en un costado de la cabeza fue acompañado por una mal sonante maldición y un grito de furia.
Hemione ahogo un grito, se llevo ambas manos a la cara. –"La he cagado." – Pensó nerviosa. – "Me mata, de esta me mata."
Los negros ojos de Snape la fulminaban, con una terrible mezcla de ira, odio, indignación, sorpresa. Una mano estaba crispada, la otra aferraba la empuñadura del cuchillo, tan fuerte que los nudillos habían perdido todo el color. Su rostro completamente lívido… la mandíbula apretada, enseñando los dientes en un rictus de odio, el corte goteaba sangre por la barbilla. Lentamente se llevó la mano libre al golpe de la cabeza. – USTEDDDDD… - Escupió con la voz más helada que nunca.
Ella tembló, al ver que lentamente se ponía de pie, sin apartar los oscuros pozos de ella. Avanzó lentamente como un felino acechando a una presa. Hermione, hincho el pecho y se irguió mirándolo desafiante, sus brazos cruzados bajo sus senos. Si iba a morir lo haría con la dignidad de una Gryffindor.
Snape se paró en seco, a apenas un metro de ella, cuando su mano ya se alzaba para arrastrarla del agua y darle su merecido. Su mandíbula tembló. No pudo evitar que su vista cayera en el busto de la muchacha, la forma en que la camisa se abría por delante mostrando la hendidura entre sus pechos llenos y firmes, la tela húmeda transparentaba sus pezones erguidos, su vista bajó más aun, la cintura estrecha, firme, las formas que se dibujaban bajo las cristalinas aguas. Resopló como un toro y dejo caer el puño cerrado a un costado de su cuerpo. – ¡Maldita sea! – Bramó. – Tiene dos minutos. ¡No más! – Se giró bruscamente y desapareció entre la maleza.
Ella aun estaba aturdida, parpadeó varias veces y rápidamente salió del agua. Agarró sus ropas y tapándose como pudo, desapareció en la dirección opuesta.
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Fue un día muy duro para la castaña, el más duro desde que llevaban es la isla. No pudo pescar nada, en su estado no se atrevía a nadar en el arrecife, lo último que le faltaba era que la oliera un tiburón… aunque no sabía que era peor, si ser devorada por un escualo o aguantar las miradas de odio de Snape. No, Snape era peor.
Cuando llegó ya era atardecido, no se digno dirigirle la palabra, llevaba colgada de la cola otra presa, una especie de rata gorda de color marrón. Ella estaba asando unos pescados pequeños que pudo recoger en las pozas de la orilla apenas llegarían para uno, estaba arrodillada en el suelo, casi no se atrevía a moverse, por su "pequeño problema". – "Que humillante." –Pensaba, justo cuando lo vio aparecer por el rabillo del ojo.
Lo vio llegar al riachuelo para desollar al pobre bicho, lo hacía con saña, casi podía jurar que era lo que desearía hacerle a ella. Cuando se volvió hacia ella, la chica se sobresaltó. Nunca había visto tanta furia en sus ojos, sus facciones estaban más tensas y sombrías que nunca, el corte del mentón estaba ligeramente inflamado, y debía de dolerle, igual que él golpe de la cabeza. Ella no quería que algo así hubiera pasado, tal vez eran sus hormonas, solo quería convivir lo mejor posible, pero las cosas se habían puesto demasiado mal. Deseaba que se la tragara la tierra, se sentía horriblemente mal y le quemaban los ojos.
No quería oír más insultos ni reproches, simplemente agarró uno de los pequeños pescados y se alejó del fuego, fuera de la vista del enfurecido maestro de pociones. Se sentó contra un tronco en la oscuridad y trató de comer en silencio, pero el pescado se le atragantaba, no pudo evitar que un par de lágrimas brotaran de sus ojos. ¿Qué era lo que estaba haciendo mal con él? Ella siempre le había mostrado más respeto que los demás. Siempre se había esforzado por ser una excepción al montón de cabezas huecas a los que daba clases. Y nunca había dudado de él cuando los demás lo acusaban de traidor mortifago. Toda esa maldita situación, su aislamiento con él. Había abrigado una pequeña esperanza de llegar a simpatizar con él, o al menos conseguir un mínimo de respeto mutuo. Pero con Snape, resultaba imposible. ¿Qué le costaba ser un poco amable?
No, con ese hombre solo funcionaba el sarcasmo, los insultos y el desprecio. Todo a malas.
Se secó las lágrimas con el dorso de la mano, y se levantó bruscamente arrojando el pescado casi sin tocar. Miró una vez más llena de ira al profesor que asaba su cena y seguía ignorándola. Otra noche más se refugió en la choza, para poder estar sola.
…………..
Miró por encima del hombro como ella se marchaba hacia la penumbra. Simplemente dio un respingo y continuó asando su cena. No era una presa muy grande pero le calmaría el apetito. Se llevó una mano a la sien, el golpe aun le dolía bastante, y llevaba un buen chichón, sin contar la herida del mentón. Esperaba por lo menos una disculpa por parte de ella. Pero nada, ni una palabra. – "Gryffindors." – Gruñó para sí. Orgullosos, pedantes, siempre atropellando a aquellos que desprecian. Y eso era él para ella, solo el maldito murciélago grasiento de la mazmorra.
Algo llamó su atención junto al fuego haciéndole fruncir más el ceño. Atravesado por una rama un pequeño pescado asado. ¿Lo había dejado para él? ¿Había guardado algo de su cena? ¿Qué era, una ofenda de paz acaso?
Levantó la vista y miró hacia la penumbra, el lugar donde estaba su pequeño refugio. Tal vez si estaba arrepentida, era su forma de decir, lo siento. Sus duros rasgos se suavizaron. Quizás si se lo había buscado. Sabia de sobras que la sabelotodo de Gryffindor tenía fama de vergonzosa y mojigata. Y él… la había avergonzado hasta la saciedad, con lo que reconocía era un comportamiento, un poco inadecuado para ser quien era.
Gruñó de nuevo y sacudió la cabeza. Se lo merecía, ella había empezado el día anterior. Y con esa obcecación en hacer lo que le daba la gana, sin tener en cuenta su autoridad. Su rostro volvió a tensarse. Miedo. Todos en la escuela se lo tenían, y hasta fuera de ella, y a él le gustaba enormemente fomentar esa imagen, le hacía compensar las humillaciones de su juventud. Y sin embargo, de todos los malditos cabezas huecas atolondrados, ella no se lo tenía, estaba seguro de que nunca se lo había tenido. Aun cuando Potter y su mascota Weasley, temblaban como una hoja con solo mirarles, ella siempre le mantenía la mirada, orgullosa, si, y testaruda. Nadie se acoplaba más a ese perfil de Gryffindor.
Ella. Definitivamente, a sus casi diecinueve ya no tenía nada de niña. Las generosas formas que se habían adivinado en la fuente. El tono dorado de su piel, los labios rosados y suaves, el rubor de sus mejillas, y su cuerpo. Tragó saliva recordando sus sugerentes formas, los pechos llenos, las caderas redondeadas, el fino talle…
Sacudió su cabeza para alejar esas ideas absurdas. Apartó su cena del fuego y comenzó a comer con desgana. La rata no era un manjar, pero se podía comer, la carne era dura y con demasiados huesos, muy poco era aprovechable. Cuando se la acabó aun tenía hambre, miró el pescado. No pensaba comérselo, pero…
-Que diablos. - Gruñó arrugando el ceño y engullendo el pescado de dos bocados. No significaba nada, no la toleraba. Solo tenía hambre, había pasado todo el día explorando la maldita selva, y estaba cansado y hambriento. Pero sobre todo furioso.
Se recostó sobre el tronco de la palmera, su oscura mirada fija en las llamas, cruzó sus brazos sobre el pecho. Hacia una buena noche, cálida y despejada, excelente para dormir al raso, lejos de la leona que le hacía hervir la sangre… en demasiados sentidos.
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Hermione se removió de madrugada, de nuevo las pesadillas la atormentaban, la perra loca de Bellatrix la perseguía por un oscuro corredor, sin varita, sin escapatoria, solo su risa histérica retumbaba a sus espaldas. Abrió sus ojos marrones en la penumbra del refugio, la temperatura aun siendo suave había caído unos grados. Él. Se había quedado dormida, y no le había oído entrar esa noche.
Lentamente rodó los ojos y miró sobre su hombro, el ángulo no era bueno. Alzó un poco la cabeza, y suspiró con resignación. Vacio. Le guardaba tanto rencor como para preferir dormir al raso antes que aguantar su presencia. – Idiota. – Murmuró para sí, incorporándose para ponerse su chaqueta de más abrigo.
Involuntariamente ojeó las cosas de Snape, tanto la capa como la levita permanecían dobladas en su rincón. Se encogió sobre sí misma. -El muy cabezota.- No le importaba aguantar el frio de la madrugada con tal de no verla. Y porque tenía ese maldito sentimiento de culpa. – "Casi le rompes el cráneo, Hermione. De haber tenido la varita te hubiera lanzado un Avada. Y lo sabes." – Resoplo de nuevo, sus vocecillas interiores parecían enzarzarse en una batalla dialéctica. – "Pero él estaba allí, y tu casi…"- Se sonrojo al recordar. – "… desnuda." - … - "Bueno tu estuviste mirando también… y por lo que se ve… con bastante más interés." – El color aumento. – "… Y viste mucho más." – Gimió y sacudió la cabeza.
Loca, se volvería loca, ahora hablaba consigo misma.
Impulsivamente y sin pensarlo demasiado se incorporó y salió sigilosamente del refugio, no sin antes agarrar la capa del profesor. Lo sentía. Desde luego no pensaba decírselo, pero sentía lo ocurrido.
Miró a su alrededor, la noche era clara, la luna y las estrellas bañaban el lugar con una tenue luz. De puntillas y evitando el mínimo ruido, caminó hacia el bulto oscuro que se apoyaba en un árbol, frente a los rescoldos de la hoguera. Conteniendo la respiración llegó a su lado. Parecía profundamente dormido, los brazos cruzados sobre el pecho, la cabeza ladeada sobre el hombro derecho, el pelo negro le cubría el lado opuesto de la cara, respiraba profundamente. – "Tan pacifico como un dragón dormido. " – Pensó con resignación, al tiempo que se agachaba para estar a su altura y le colocaba la capa por encima de los hombros con delicadeza. No se movió, ni apreció cambios en el ritmo de su respiración. Sabía que tal vez sería una mala idea, pero no pudo evitar acercar sus dedos y retirar con sumo cuidado el suave mechón de pelo que le cubría el rostro, extrañándose de su suavidad. De cerca, y pese a la poca luz que tenía, pudo apreciar mejor las lesiones de las que era culpable. El corte, pequeño pero inflamado, y el rastro del hematoma azulado que se adivinaba en su sien y se perdía en el nacimiento de su pelo.
Lentamente, y en silencio se retiró de nuevo a la choza, sin darse cuenta de que dos ojos oscuros la seguían y la estudiaban en silencio.
Una vez hubo desaparecido tras la improvisada puerta, su huraño profesor reacomodó la capa sobre él, sus dedos rozaron el mechón que ella había tocado. ¿Por qué no le había hecho saber que estaba despierto? Debería haber agarrado su mano, haberle zarandeado, recriminarle que no quería nada de ella. Que le resultaba odiosa e irritable Y sin embargo se había quedado quieto, fingiendo dormir. No pudo evitar contener la respiración cuando ella le rozó. En su mente solo una pregunta. – "¿Por qué?"
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Espero haber cubierto vuestras expectativas y recordad que a veces hay que tocar fondo para poder subir.
Un beso a todas/os
