NOTAS DE MERO: Los saludo, queridos lectores. Su amiga Meroune Lorelei les da la bienvenida.
Flake-san (quien se encuentra en perfecto estado y no es prisionero de mi régimen militar oceánico, lo prometo.) todavía no tiene el privilegio de acompañarnos, así que es mi deber presentar este nuevo episodio sobre nuestra arachne favorita. Y no, no me refiero a Rachnera-san. Aún sigo molesta con ella por haberme enredado en otra de sus trampas. (Aunque la seda en mi cuerpo se sintiera muy estimulante…)
Oh, y también informo que él ha hecho un retrato de la co-protagonista del capítulo de hoy. Espero el (sinceramente poco satisfactorio) arte de Flake-san sea de su agrado.
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Y ahora, ¡Comencemos!
Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado-san. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener y creada sin fines de lucro.
NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE
CAPÍTULO 14
Después de la visita de mi madre, salí a caminar un tiempo a solas para reflexionar. Me sentía mejor sabiendo que había limado algunas asperezas con mi progenitora e incluso respeté un poco más a mi difunta abuela. Ahora que mis preocupaciones han terminado por ahora, debería asegurarme de que no perdí mi empleo.
Me dirigí hacia la nevería, pensando en una buena excusa para justificar mi ausencia. Espero que mis jefas no me obliguen a vestir ese horripilante disfraz de pingüino como venganza. Preferiría que me despidan, sin dudarlo.
Al llegar, hallé el lugar cerrado. Parece que las pingüinitas tuvieron la misma idea que yo y se tomaron el día libre. Bueno, un peso menos de encima. Ahora, ya que cuento con tiempo libre, tal vez debería visitar el gimnasio y aprovechar esa oferta de veinticuatro horas sin costo.
– "No es que tenga mucho que hacer después de todo." – Pensé para mí misma.
Me encaminé a Club Deportivo Kobold. No cuento con ropa adecuada, pero confío en que podrán prestarme alguna. Una cosa más para la lista de artículos a comprar con mi primer salario. A mitad del trayecto, una sombra falconiforme pasó volando sobre mí. Miré al cielo y me encontré con mi amiga emplumada.
– "Guten Morgen, Cetania." – Saludé a la arpía mientras aterrizaba frente a mí. – "¿Qué haces por aquí?"
– "¿Wazzup, Aria? Solo estoy dando un paseo por la ciudad." – Respondió ella. – "¿Qué hay de ti?"
– "De hecho, hago lo mismo que tú. Voy camino al gimnasio." – Le indiqué apuntando con el dedo. – "¿Me acompañas? Es gratis."
– "¿Por qué no?" – Aceptó encogiendo sus hombros. – "Suena divertido."
Bueno, si termino haciendo el ridículo en el lugar, al menos no estaré sola. Y siempre es bueno contar con la presencia de una buena amiga.
– "¿A ti también te gusta pasear después de que la lluvia cesa, arañita?" – Preguntó la americana.
– "Oh, no realmente. De hecho, mi madre vino de visita y solo necesitaba una caminata para pensar en algunas cosas."
– "Ya veo. ¿Tuviste problemas con mamá Jaëgersturm?"
– "Salió mejor de lo que esperaba. Incluso hice las paces con ella y aprendí más de mi pasado."
– "Al menos tienes mejor suerte con tu familia, amiga." – Dijo llevándose las alas detrás de la cabeza. – "La vieja Palakya no entiende razones."
– "Tampoco es que haya sido una reunión alegre. Mi abuela murió."
– "Oh… Lo lamento, Aria."
– "Está bien. Al menos me ayudó a perdonarla un poco."
– "Yo espero mi madre no decida visitarnos. Créeme, flaquita, no soporto a esa bruja. Suficiente tengo con Atseelia."
– "¿Aún sigue con su afán de llevarte al camino correcto, lesbiana inmoral?" – Bromeé.
– "Ugh." – Se quejó la castaña. – "Ignoro si ese es su objetivo o solo le gusta presumir que ya tiene a alguien en su vida."
– "Quisiera poder ayudarte, Cetania." – La consolé con palmadas en la espalda. – "Cuando termine mi fortaleza blindada, te apartaré un lugar en mi mazmorra."
– "Je, honestamente te aceptaría la oferta, flaquita." – Se rió.
Llegamos a nuestro destino y una entusiasta kitsune pelirroja nos dio la bienvenida al lugar. Debía ser relativamente joven ya que solo tenía cuatro colas.
– "¡Hola, soy Sumire! ¡Bienvenidas al Club Deportivo Kobold! ¿En qué puedo ayudarles?" – Preguntó la chica.
– "Uhm, veníamos por la prueba gratuita de veinticuatro horas." – Respondí. – "¿Aún está vigente?"
– "¡Claro! ¡Por favor síganme a la recepción para explicarles los detalles!"
Caminamos detrás de la mujer zorro. Noté algo curioso en ella y comencé a reírme en voz baja.
– "¿Qué es lo gracioso?" – Cuestionó Cetania al verme suprimir la risa.
– "Se parece a una Vulpix." – Mencioné refiriéndome a su apariencia.
– "¿Una qué?"
– "Nada, nada. Humor local." – Contesté disimulando mi sonrisa.
– "Nerd." – Dijo la arpía dándome un ligero golpe en la cabeza.
– "Puedo oírte perfectamente, ¿sabes?" – Habló la kitsune sin voltear. – "No soy un pokémon."
Hundí mi cabeza como tortuga por la pena. Fue el turno de Cetania para reírse.
– "Entonces y tal como oyeron, nuestro programa ofrece un plazo de veinticuatro horas sin costo para cualquier aplicante." – Explicó la pelirroja sacando unos papeles de su escritorio. – "La única condición es que registren un tiempo mínimo de una hora haciendo uso de nuestras instalaciones. Después de eso, son libres de continuar o dimitir, si esa es su elección."
– "¿El tiempo para cumplir con el requisito se toma en cuenta solo mientras nos ejercitamos, o incluye los momentos de inactividad?" – Preguntó Cetania alzando su ala.
– "No es necesario la actividad constante para completar su cuota, el descanso también se considera para su tiempo transcurrido."
– "Bien. ¿Debemos firmar algún contrato?" – Cuestioné yo.
– "Si no es molestia." – Acercó dos formas. – "Si fueran tan amables de firmar en la parte de abajo, podríamos empezar de inmediato."
– "¿Qué dices, Cetania? ¿Te parece bien?" – Me dirigí a mi compañera.
– "¡Let's do this!" – Confirmó con pulgar arriba.
Ambas firmamos los papeles (y Cetania demostró su habilidad para usar un bolígrafo) y Sumire nos entregó un par de credenciales provisionales. Ella nos condujo hasta los vestidores, indicando que de hecho podían prestarnos material de ejercicio, incluyendo ropa, toallas y agua embotellada.
– "Y las duchas quedan de este lado. Si requieren asistencia en algún área en específico, pueden consultar con alguna entrenadora disponible. ¿Alguna duda?"
– "Esta ropa está limpia, ¿verdad?" – Inquirió la arpía.
– "No se preocupe, señorita; Nuestro equipo cuenta con la más estricta garantía de sanidad. Le aseguro que su atuendo se halla completamente libre de gérmenes." – Declaró la chica zorro. – "¿Algo más en que pueda servirles?"
– "Por ahora sería todo. Te lo agradecemos, Sumire." – Hice una reverencia.
– "Perfecto, entonces me retiro. ¡Disfruten su estadía y gracias por elegir el Club Deportivo Kobold!"
La kitsune regresó a su ronda y nosotras empezamos a cambiar nuestra indumentaria.
– "El olor a suavizante de telas indica que esa zorra podría tener razón." – Expresó la castaña mientras olfateaba su leotardo. – "Oh, vainilla."
– "Cetania, pareces una pervertida oliendo la ropa." – Le reprendí a mi compañera en voz baja.
– "Solo me aseguro que no pesquemos alguna enfermedad. Creí que una militarista como tú no sería tan laxa respecto a la pulcritud."
– "No soy una paranoica. La ropa está limpia, solo póntela."
– "Bien, pero si termino con ladillas en los calzones, a ti te voy a arrancar las patas una por una." – Amenazó en broma la arpía. O eso espero.
Cetania empezó a desarroparse y yo rápidamente me di la vuelta para evitar que viera mis rojas mejillas. Me deshice de mis prendas y traté de vestirme lo más rápido posible.
– "¡Mff!... ¡Fuck!…" – Espetó la castaña. – "Aria, ¿puedes auxiliarme?"
– "¿Uh? ¿Qué sucede?" – Pregunté sin voltear.
– "Ayúdame a vestirme, ¿sí?"
– "¡¿Q-q-q-qué?! ¿N-n-no pu-puedes hacer tú so-sola?"
– "Voy a tardar mucho. Anda, que el tiempo está corriendo."
– "P-p-pero es gratis…"
– "Ariaaa…" – Rogó la falconiforme. Suspiré.
– "E-e-está bien, pero que sea rápido…"
Lentamente me giré, revelando a mi compañera solo en sus jeans y sostén. Mi rubor estaba al máximo al recordar que yo igual me encontraba en ropa interior.
– "Quitarse los pantalones es un fastidio. Generalmente me toma como cinco minutos el cambiarlos. Y siempre rasgo la tela con estas garras."
– "¡E-espera! ¿Aca-ca-caso q-quieres que te los ba-ba-baje?"
– "Sí, para poder ponerme el leotardo. Vamos, comienza a desabotonarlo."
Tragué saliva sonoramente. Temblando, puse mis manos alrededor de su cintura, tratando de mantener la mayor distancia posible. Con mi altura, tuve que bajar mi cuerpo para lograrlo, pero continué guardando la longitud entre nosotras. Cetania se movió hacia atrás y provocó que su espalda chocara con mis senos. Aún con mi sostén, el contacto fue muy directo y me paralizó el corazón al instante.
– "¿Aria? ¿Estás bien?"
– "¡¿Ah?! ¿Eh? ¡S-sí, estoy bien! ¡N-no te muevas, por favor!"
– "¿No crees que estás demasiado arriba como para lograr tu cometido?"
– "¡No es mi culpa ser tan alta!"
– "Bien, deja lo arreglo."
Ella se subió a una banca con suficiente altura para dejar su cintura a mi nivel. Tragando otro cúmulo de saliva, volví a tratar de quitar la prenda de Cetania. Controlando el temblor de mis extremidades, logré desabotonar el pantalón y desunir la cinta de la cremallera. Para no alargar más el asunto, decidí bajar con rapidez su ropa y terminar lo antes posible. Fue mala idea.
– "¡Ce-ce-ce-ce…!" – Balbuceé como disco rayado.
– "¿Qué pasa?"
– "Na-na-ni-na-na-ne…" – Continué tartamudeando. Necesité varios segundos antes de recobrar el habla normal. – "¡No tienes ropa interior!"
– "¿Y?"
– "¡¿Y?! ¡¿Por qué rayos no te pusiste panties?!" – Exclamé con voz baja.
– "¡Todas estaban sucias!" – Replicó con el mismo volumen.
– "¡¿Por qué no me avisaste antes?!"
– "¡No esperaba encontrarte en primer lugar, tonta!"
– "¡¿Y aún así saliste a la calle?!"
– "¡Uso pantalones, no había problema! ¿Podrías apresurarte de una buena vez?"
– "¡Pero estás desnuda, Cetania!"
– "¿Qué nunca viste antes a una mujer sin ropa? ¡Deja de parlotear y termina, santurrona!"
Lo único que iba a terminar aquí era mi cuerpo en un ataúd por el infarto que voy a sufrir. Ahora tenía que acabar con quitar los jeans de sus garras, lo cual no era para nada sencillo con el trasero al descubierto de la arpía enfrente de mí.
Quise voltear la mirada pero mis ojos se controlaban por si solos. No podía concentrarme con el bien formado posterior de la chica halcón. Traté de ignorar como aquellos glúteos rebotaban ligeramente al moverse, como su tersa e impecable piel brillaba magníficamente con el sudor, o como su feminidad se asomaba en ocasiones desde mi ángulo.
¡Vamos, Jaëgersturm, concéntrate! ¡No pienses en la sensual pose que tiene ella en este momento! ¡Tampoco en lo vulnerable que luce ese apetecible trasero, perfecto para hincarle un par de dientes! ¡Ni siquiera le prestes atención al adictivo aroma que produce su entrepierna!
¡Un momento! ¡No es que planee hundir mi rostro entre esas carnosa montañas y luego recorrerlas con mi lengua hasta dejarlas brillantes de saliva! ¡Y nunca consideraría dominarla en el suelo, obligándola a repetir mi nombre al tiempo que me doy un festín con…!
¡Argh! ¡Con un demonio! ¡No pierdas el control, mujer!
– "¿Por qué te estás hiperventilando, araña?" – Cuestionó Cetania al notar mi agitada respiración.
– "¿Eh? ¡N-no, no es nada! ¡V-vamos, alza tu pierna!"
No había empezado el ejercicio y yo ya estaba hecha un mar de sudor. Mi corazón hacía más ruido que una estampida de elefantes y tenía una familiar sensación entre mis pedipalpos que preferí ignorar para mantener mi decencia. Con extrema dificultad (para mí), logré liberar la prenda de sus garras por completo y prontamente ella se puso los leggins de su atuendo. Exhalé profundo al verla vestida.
– "Gracias, flaquita. Me alegra contar contigo."
– "No hay problema, Cetania."
– "Erm… ¿Aria?"
– "¿Sí?"
– "Estás babeando…"
– "¿Ah? ¿Qué? ¡N-no! ¡Es solo sudor! ¡Sí, eso!" – Exclamé, limpiando mi boca.
– "En fin, ponte tu ropa. Te espero en las pesas."
– "Claro, te alcanzo en un momento."
Ya sola, respiré profundo y dejé caer mi cuerpo al suelo. ¡¿Qué rayos fue todo eso?! ¡¿Por qué le pareció tan poco importante el hecho que estuviera desnuda en mi presencia?! Sí, somos mujeres, (y lesbianas, de hecho) pero eso no significa que carezcamos de pudor. ¿Acaso el virus del exhibicionismo ya se volvió pandemia?
Agité mi cabeza, debía despejar mi cerebro de lo anterior. Me arropé con mi traje especialmente diseñado para mi inusual figura, el cual combinaba partes adhesivas para cubrir mis partes pudorosas. Ya lista, me encaminé al área de entrenamiento con pesas. Cetania ya se hallaba ahí, practicando con la máquina de peso y me saludó. Usaba su toalla para cubrir su entrepierna. Al menos está consciente de su falta de ropa interior en público.
Haciendo un poco de calentamiento, tomé un par de mancuernas y comencé a ejercitar mis brazos. Ya poseo mi fuerza de arachne, pero esa vez que tuve que cargar a Lala y su guadaña me recordó que podría ser más fuerte.
Después de unos minutos, mi amiga agregó más peso a la máquina y volvió a su entrenamiento. Comparado con mis mancuernitas, Cetania se lo tomaba más en serio. Admito que me sorprende su destreza para usar el aparato con sus alas.
– "Pareces una competidora olímpica entrenando así, pajarita." – Comenté a la arpía.
– "Necesito músculos poderosos para mantener el vuelo, Aria. Uf." – Respondió ella sin detener su ejercicio. – "Como ave de presa, debo poder levantar a mi victima sin problemas."
– "Papi, la arpía con la que vivo, tiene un cuerpo pequeño y aún así la he visto cargar objetos el doble de su peso sin dificultad."
– "¿Pero cuanto tiempo crees que pueda volar así?" – Cuestionó la castaña. – "Te aseguro que se cansaría de inmediato si tuviera que transportar algún animal, como un ciervo, por distancias largas."
– "Supongo tienes razón. Aunque sinceramente, tu tampoco aparentas ser muy corpulenta." – Opiné. – "Es decir, tus brazos no lucen marcados o algo así."
– "Nuestra fuerza no interfiere con nuestra belleza, Aria." – Replicó. – "Soy una arpía hermosa y poderosa."
– "Je, lo que digas, plumitas."
Seguí observando a la enérgica mujer levantar las resistencias de la máquina, flexionando sus músculos con cada contracción, dejando que el sudor recorriera su curvilínea figura. Me di la vuelta cuando noté que tal vista me estaba hipnotizando, aunque en este gimnasio, en cualquier lado que volteara había bellas chicas entrenando. Tampoco es que me queje. Sonreí mentalmente y finalmente disfruté el hallarme rodeada de tantas féminas en ajustados atuendos.
Luego de varios minutos de levantar mancuernas, tomé un receso para re-hidratarme. Cetania también detuvo su sesión y se satisfizo con el vital líquido.
– "¿Te parece bien visitar la pista para correr?" – Pregunté a la castaña.
– "Soy una voladora, no una corredora." – Aclaró secando su frente. – "Pero estas piernas podrían usar un poco de entrenamiento."
– "¿No olvidarás las cosas en tres pasos, arpía?" – Bromeé.
– "¿No me declararás la guerra, alemana?" – Replicó con sonrisa sardónica.
– "Touché."
Nos dirigimos a la zona designada, donde Naatseline, la correcaminos, nos explicó los diversos métodos usados para las diferentes especies. A mi compañera le bastaba correr normalmente, pero en mi caso, debería usar otra técnica.
– "Eres una arachne zanquilarga, el entrenamiento estándar no será suficiente para alcanzar tu máximo potencial." – Explicó la arpía terrestre.
– "¿A qué se refiere?" – Cuestioné.
– "Tus instintos requieren un estímulo externo. Como cazadora, necesitas una presa para perseguir. Solo así darás todo lo que tienes."
– "Uhm… Supongo. ¿Pero quién se ofrecería para ser mi 'presa'?"
– "Yo, por supuesto." – Declaró Naatseline. – "Como entrenadora, es mi deber personal es asegurar que mis pupilos saquen el mayor provecho de sus talentos."
– "¿Está segura, entrenadora?"
– "No hay problema. Y llámame Nat."
– "De acuerdo, Nat."
– "Je, esto parece divertido. ¿Les parece si las miro un momento?" – Preguntó Cetania.
– "Como desees, hermana voladora." – Concedió la corredora. – "Ahora, calentemos un poco."
Estiramos nuestras piernas por unos minutos. Las de mi entrenadora lucían particularmente fuertes, siendo su velocidad la especialidad de su especie. Estaba segura que al igual que con Cerea, esto no sería un paseo por el campo.
– "Bien, me colocaré siete metros delante de ti y saldremos al mismo tiempo. Solo concéntrate en alcanzarme y será pan comido." – Explicó Nat. – "Usaremos el centro de la pista y está prohibido usar atajos. ¿Lista, Jaëgersturm?"
– "Cuando usted diga, jefa."
Esta se colocó en posición y comenzó la cuenta regresiva. Con un enérgico "¡Ahora!", ella salió disparada al instante. Yo no me quedé atrás y con un objetivo por atrapar, mis instintos de cazadora me motivaron a perseguir sin dilación a mi presa.
Como predije, la correcaminos hacía honor a su linaje, alcanzando velocidades superiores a los treinta y cuatro kilómetros por hora. Las Sparassidae hemos llegado en ocasiones hasta los cuarenta por hora, pero solo en muy raras instancias. Nuestra velocidad media es de veintiocho a treinta.
Aún así, la longitud de mis extremidades y mi físico arácnido me proporcionaban un excelente balance, permitiéndome moverme en cualquiera de las cuatro direcciones sin perder velocidad. Las vueltas eran sumamente sencillas y cada vez más acortaba la distancia entre la arpía y yo.
Por supuesto, Naatseline no se rendiría tan fácilmente y aceleró su ritmo, de nuevo alejándose de mi alcance. Cetania observaba entretenida nuestra admirable batalla de velocidad, apoyándome con palabras alentadoras.
– "¡Ánimo, Nat! ¡Que esa araña patas aguadas se coma el polvo!"
O quizás no. Maldito favoritismo entre especies. Al final y a pesar de mi esfuerzo, la corredora acabó triunfando. Terminé agotada, pero al menos fue una competencia justa.
– "Confieso que pocos me han proveído un reto como tú el día de hoy, Aria." – Expresó Naatseline. – "No te sientas mal, la ganadora actual es tu salud física."
– "Danke, entrenadora."
– "Hey, Nat. ¿Tienes energía para mí?" – Habló la rapaz.
– "Energía es lo que me sobra."
Las dos se pusieron a entrenar, aunque era obvio que Cetania tenía dificultad para correr adecuadamente. Sus alas eran demasiado grandes y corrían el riesgo de rozar el suelo si había movimientos bruscos. La castaña alzó sus extremidades para facilitar la labor, pero lucía tanto ridícula como torpe. Tuvo que admitir la derrota.
– "No digas nada." – Me advirtió la falconiforme regresando resignada. Intenté suprimir mi risa, ignorando las miradas asesinas de mi compañera.
– "¿Probamos las caminadoras?" – Sugerí.
– "Supongo será menos humillante."
El tiempo pasó y después de al menos dos horas de experimentar en las diversas áreas, dimos por terminada nuestra visita al gimnasio. Nos aseamos en las regaderas y ambas acordamos en hacernos miembros permanentes. Comenzaríamos a partir de mi primera paga, para hacerlo juntas. La tarde estaba sobre nosotras y era momento de regresar a casa. Aunque, me parece que podría invitar a la arpía para que atestiguara de primera mano la habilidad culinaria de Lala.
– "Dime, Cetania. ¿Cuál ha sido el mejor platillo que has probado en tu vida?"
– "Uhm…" – Pensó por unos segundos. – "Una vez me encontré a un bebé abandonado, y como yo tenía hambre…"
– "Eso no es gracioso, pajarucha."
– "En realidad no recuerdo alguno en particular. Aunque nunca me he quejado de lo que Yoshiro prepara."
– "Bueno, ¿Qué tal si te ofrezco la oportunidad de consentir a tu paladar con un pedazo del paraíso mismo?"
– "Claro, siempre quise ser invitada a una orgía lésbica."
– "Perfecto, ahora… ¡ESPERA! ¡¿QUÉ?!"
La rapaz se carcajeó por mi reacción.
– "¡No hagas esa clase de bromas, mujer!" – Vociferé ruborizada.
– "Eres tan linda cuando te toman desprevenida, arañita." – Volvió a reírse. – "Pero hablando en serio, ¿de qué paraíso estás hablando?"
– "Pues ahora no te digo." – Bufé indignada.
Alzando mi barbilla y cerrando mis ojos, aceleré mi marcha, dejando a la arpía atrás. Me detuve cuando impacté contra un poste de luz. ¡Maldita iluminación urbana!
– "Y… ¿Ahora si me contarás, enojona?" – Inquirió la castaña.
– "Auch. Quería saber si deseabas almorzar en mi casa." – Respondí tallando mi frente. – "La comida de Kimihito y Lala te encantarán, lo sé."
– "Je, por supuesto que acepto, flaca. Así me ahorro el soportar a mi fastidiosa hermana en la mesa."
– "Ahora espero mi casero no me corra por invitar arpías intrusas."
– "Siempre tendremos el Fried Harpy."
– "Si continúas mencionando ese lugar, te aseguro que un día serás parte del menú principal."
– "¿Acaso quieres comerme, cazadora?" – Movió sus cejas. – "Oh, que sucia resultaste, arañita."
No se puede contra esta pajarraca. Ignoré sus provocaciones y llegamos a la residencia Kurusu. Lala fue quien nos recibió.
– "Hola, Lala." – La saludé.
– "Fáilte, Aria." – Sonrió, entonces notó a mi compañera. – "¿Y ella es…?"
– "Hola, soy Cetania. Gusto en conocerte." – Habló la rapaz, ofreciendo su ala.
– "La arpía de quien siempre hablas. Deduzco que la has invitado a comer con nosotros." – Se dirigió a mí, ignorando a la emplumada. – "Adelante, la mesa estará servida en unos minutos."
La irlandesa regresó a la cocina. Cetania quedó inerte con su extremidad extendida.
– "Sí que es amigable tu compañera azul." – Dijo con sarcasmo la falconiforme.
– "Es algo tímida, no te preocupes." – Le conforté.
Aunque sinceramente, noté algo parecido a celos en el tono de la dullahan. O quizás solo era la sorpresa de la inesperada visita. Entramos y hallamos a Papi en su habitual duelo de videojuegos contra Suu.
– "¡Aria-nee!" – Saludó. – "¿No quieres jug…? ¡AAAHHH!"
La pequeña se escudó detrás de la limo al ver a mi compañera. Oh, Zeus, había olvidado que Cetania es un depredador. Naturalmente, Papi le tiene miedo a quien ocupa la cumbre de su cadena alimenticia.
– "¿Q-qué hace ella aquí?" – Cuestionó la temblorosa pajarita azul.
– "Ah, tranquila, Papi. Cetania es una buena persona, no te preocupes." – Intenté calmarla. Le hice señas a la rapaz para que se presentara cordialmente.
– "Gusto en conocerte, Papi." – Ofreció amablemente su ala. – "Soy Cetania… Y vine a comer."
Ella dijo esto último con esa macabra sonrisa de carnívora. La arpía menor soltó un gritito y abrazó con fuerza a la limo. Suu miró desafiante a la castaña y creó un par de tentáculos acuosos a manera de advertencia. La rapaz entendió de inmediato y cesó su provocación.
–"Contamos con la mejor guardaespaldas gelatinosa." – Vacilé a mi amiga.
– "Sí, ya lo vi. Ejem… Lamento lo anterior, espero podamos ser amigas." – Se disculpó la chica halcón con una reverencia y extendió su ala de nuevo.
Suu usó su probóscide para saludar y animó a Papi a hacer lo mismo. Esta aceptó y regresó el gesto. Bueno, al menos evitamos que la americana conociera de primera mano lo que una limo es capaz de hacer. Fuimos a la mesa y la rapaz saludó a los presentes.
– "Soy Cetania, una halcón de cola roja, y les agradezco que me reciban en su hogar." – Se presentó.
– "Un placer tenerte aquí, Cetania. Soy Kimihito Kurusu." – Respondió el casero. – "Toma asiento, por favor, enseguida te sirvo."
– "Thank you very much,sir ."
Es una suerte que tengamos sillas suficientes y una mesa tan grande. La arpía ocupó su lugar a mi derecha y ayudé a acomodar los platos.
– "Herr Kommandant, ¿de dónde sacamos tantos asientos?" – Cuestioné la inusual cantidad de muebles.
– "En ocasiones Smith y el grupo MON llegan de improviso, así que hay que estar preparados."
Por supuesto, es Smith quien obliga a tomar decisiones de tal índole. Ya terminado de preparar el almuerzo, procedimos a servir la mesa y nos colocamos en nuestros lugares para comer. Lala regresó con su hoz en las manos y se sentó a mi izquierda. Era extraño que trajera su arma a la mesa, pero no le di mucha importancia.
– "Bueno, tenías razón, Aria; Esto está delicioso." – Declaró la mujer halcón al probar bocado.
– "Yo no miento, pajarita." – Contesté sonriendo. – "Agradece a Herr Kommandant y a la sous chef Lala aquí presentes por tan exquisito manjar."
Kimihito se rascó humildemente la cabeza mientras la irlandesa se cruzó de brazos e infló su pecho. Continuamos degustando, mi amiga disfrutando su alimento con entusiasmo.
– "Cetania-san, permita que alabe lo hermoso de su plumaje. Es muy bonito." – Habló Mero.
– "Gracias, erm…"
– "Meroune Lorelei, para servirle. Pero por favor, llámeme Mero."
– "Ah, claro. Gracias, Mero." – Sonrió la falconiforme. – "Mis plumas son las típicas de cualquiera de mi especie, no son nada del otro mundo."
– "Deduzco que usted proviene de algún país occidental, ¿o me equivoco?"
– "Está en lo correcto." – Afirmó. – "Soy de Estados Unidos. Emigré al archipiélago japonés cuando adolescente y viví en una pequeña isla del sur antes de establecerme en Saitama."
– "Ya veo. Es la primera vez que conozco personalmente a una arpía de su tipo. Luce tan diferente de nuestra Papi."
– "Como depredadora, necesito un físico fuerte. Y a pesar de mi estatura, soy muy liviana."
– "¡Aria-nee también es lesbiana! – Exclamó Papi con inocencia.
Cetania se carcajeó por la confusión de la pajarita. Centorea corrigió a Papi y esta solo terminó más confundida, gracias a su cerebro olvidadizo. Siento un déjà-vu en esta conversación.
– "Lamento el comportamiento de Papi, Cetania." – Se apresuró a disculparse Kimihito. – "Como su mayor, seguro la entiendes."
– "No se preocupe, señor Kurusu." – Aclaró suprimiendo su risa. – "De todas formas, Papi está en lo correcto."
– "¿A qué te refieres, Cetania?" – Preguntó Centorea.
– "A que de hecho, soy lesbiana." – Confesó.
Hubo un breve silencio. Por el rabillo de mis ojos, noté a Lala entrecerrar los suyos.
– "¡Es una invasión!" – Expresó Miia. – "¡Primero Aria y ahora la arpía!"
– "Así es, culebrita." – Dijo la castaña, colocando su ala en mi hombro. – "¡Nosotras dominaremos el mundo! ¿Verdad, flaquita?"
– "Erm… Sí… Viva…" – Repliqué alzando mi puño, apenada.
– "Oh, vamos, araña. ¡Cuéntales sobre nuestro plan de volvernos prófugas de la justicia y romper los corazones de cuantas bellas chicas encontremos en nuestro camino!"
– "¿Prófugas?" – Habló Mero. – "¡Ah! ¡Huir de la civilización! ¡Vagar por el mundo contando solo la una con la otra!"
– "Erm… ¿Mero-san?" – Musité intentando calmar a la sirena.
– "¡Que hermoso! ¡Un par de fugitivas viviendo al día! ¡Es como el inicio de una verdadera historia de amor!" – Exclamó jubilosamente.
Oh, Poseidón, calma a tus descendientes. Lala se levantó repentinamente de su lugar y aporreó sus manos en la mesa.
– "Disculpen." – Espetó. – "Me parece que he perdido el apetito. Ahora, si me excusan..."
– "Lala, ¿Qué suce…?" – Kimihito no alcanzó a terminar mientras la dullahan se alejaba.
– "El descenso al Tártaro está cubierto de torturadoras aladas y sufrimiento…" – Mencionó de manera críptica Rachnera, tomando un sorbo de su bebida y pasando su dedo por el borde del vaso. – "Así dicen las leyendas griegas."
– "Esa dullahan está loca." – Dijo Miia. – "Es tan impredecible."
– "No te expreses así de ella, Miia."
– "Lo siento, Cariño, pero sabes que es verdad."
– "Ahora tienes más en común con ella de lo que crees, pelirroja." – Se dirigió a ella la tejedora. – "Pero dejemos este emplumado enredo y continuemos con el almuerzo."
Obedecimos el consejo y proseguimos comiendo. Ignoro a que se habrá referido Rachnee con sus palabras, pero en fin. Después de algo de charla y satisfacer nuestro apetito, Cetania nos agradeció por la hospitalidad y procedió a retirarse.
– "Tu casa es más entretenida que la mía, Aria." – Opinó la americana mientras la acompañaba a la puerta. – "Ojalá pudiera mudarme a un hogar así."
– "Cuidado con lo que deseas, mujer. Podría hacerse realidad."
– "Hablo en serio, mi hermana va a sacarme plumas verdes del coraje. Pero como dicen los franceses: C'est la vie."
– "Dan ganas de salir volando, ¿cierto?"
– "Oh, deja tus malos chistes, flaquita. En todo caso, gracias por invitarme, en verdad valió la pena."
– "Cuando quieras. La próxima vez trae el postre."
– "¿Te gusta el helado de cucaracha?"
– "Eso ya es demasiado viejo, abuelita."
– "Me sigue causando gracia y eso es lo que importa."
– "Sí, sí. Ya, largo de aquí, chachalaca."
– "Uy, que genio." – Fingió asustarse. – "Uhm, pero hablando con franqueza, hoy me divertí mucho. ¿Te parece si salimos algún día a dar otro recorrido por la urbe?"
– "Bueno, ya acordamos asistir juntas al gimnasio los fines de semana, ¿no?"
– "Claro, pero hablaba de simplemente pasar el tiempo. No sé, visitar un parque o reventarle los globos a los niños." – Se rió. – "¿Qué dices?"
– "Hmm. Supongo puedo organizar algo en mi agenda. Cuando esté libre, te aviso, ¿vale?"
– "Je, te tomaré la palabra, señorita empresaria." – Volvió a reír. – "Estaré en contacto, Aria. Nos vemos."
– "¡Auf wiedersehen!" – Le sonreí y ella emprendió vuelo.
Un par de plumas cayeron al suelo suavemente mientras observaba como su dueña se alejaba con el sol de la tarde. Pobre Cetania, sus alas no pueden liberarla de la prisión de su familia. Dejé de pensar en el infortunio de mi amiga y cerré la puerta. Me dirigí a buscar algo que hacer y me encontré con Rachnera comiendo una manzana.
– "Estás progresando en tus habilidades sociales, cazadora. Ahora traes a tus amigas a la casa."
– "Solo le devolví el mismo favor que ella hizo, no es gran cosa."
– "Aún así, esperaba que tus amistades fueran menos… normales."
– "¿Qué insinúas, Rachnee?"
– "Nada, nada. Es decir, parece que tienes una predilección por lo inusual y exótico, como psicopompos con piel azul y similares. Una arpía es demasiado común para tu refinado gusto."
– "Siento ser tan ordinaria, tejedora sadomasoquista." – Dije de manera mordaz. – "Y lamento el poseer tan enorme facilidad para entablar compañerismo, pero una huraña, digo, araña como tú no podría entender los complicados procesos de la empatía universal que me han sido revelados."
– "Si tratas de imitar a la dullahan, necesitas practicar. Y honestamente, me tiene sin cuidado el crear confraternidad adicional, pero ese no es el motivo de mi preocupación."
– "¿Cuál es tu problema, entonces?"
– "Ninguno. Solo te recuerdo que tengas cuidado con los frutos que recojas del jardín de las Hespérides. Las diosas podrían entrar en conflicto."
Ella le dio un mordisco a su manzana y la depositó en mi mano. Rachnera se alejó antes de que pudiera contestar. Me quedé mirando el amarillo objeto, sin entender lo que quiso decir. Últimamente todo el mundo parece comportarse de manera extraña. Meh, debe ser esa época del mes.
– "Aria-nee." – Me llamó Papi. – "¿Ya se fue Cortana?"
– "Es Cetania. Y sí, acaba de marcharse. ¿Por qué la pregunta?"
– "Uhm… Bueno, es que ella dijo que era una halcón de cola roja."
– "Así es, ¿Qué hay con eso?"
– "Uhm… Esa especie no existe." – Respondió con preocupación. – "Y sus alas eran más naranjas de rojas."
– "Es americana, debe ser exclusivo del continente."
– "De acuerdo. Perdón, Aria-nee."
– "No hay problema. Hey, ¿quieres jugar Mayro Kratt?"
– "¡Sí! ¡Vamos, vamos!" – Declaró alegre.
Ignoro si Papi tiene razón o no respecto a mi compañera, pero ha de ser cosa de su cabecita confundida. Arpías, ¿Quién las entiende?
Acompañé a la emplumada a la sala y junto con Suu, nos enfrascamos en una batalla de vida o muerte en el mundo de las carreras virtuales. Después de unas horas de ser superada en velocidad por un dinosaurio y una tortuga y demás eventos sin importancia, la noche iniciaba y me dispuse a confirmar si mis reuniones nocturnas con la irlandesa aún continuarían.
Toqué la puerta de la habitación de la susodicha, pero no hubo respuesta. Desistí a mi tercer intento y me resigné a no disfrutar de sus creaciones en la mesa. Me ofrecí voluntariamente para ayudar a Kimihito en la cocina, como manera de disculpa, aunque no sé porque me sentía responsable de la actitud de la dullahan. Acabada la cena, me aseé y aceptando que la segadora no me acompañaría, salí a la terraza para disfrutar de una solitaria noche. Al menos me ahorro el tener que arreglarme.
Mientras admiraba el firmamento lleno de estrellas, la puerta se abrió. Sonreí al ver desde la esquina de mis ojos a la familiar figura de piel azul acercarse y posar sus brazos en el barandal. Ninguna mencionó palabra alguna, siendo la presencia mutua suficiente satisfacción. Permitimos al tiempo transcurrir, sin interrumpir la paz que se vivía. Luego de unos minutos, rompí el silencio.
– "Cuando era niña, le tenía miedo a muchas cosas..." – Comencé a relatar sin quitar la vista del cielo. – "Durante una de mis agitadas excursiones caseras para obtener los dulces de la parte alta de la alacena, mi falta de equilibrio me llevó a romper la vajilla preciada de mi abuela.
Cuando esta lo supo, cerré mis ojos, esperando la paliza de mi vida acompañada de sonoras maldiciones de su parte. Pero nada de eso sucedió. Ella no dijo nada y se puso a recoger los restos de lo que alguna vez fueron hermosos platos de porcelana. Agradeciendo mi suerte, desistí en mi búsqueda de sacáridos y continué mi rutina regular.
El resto del día, mi abuela seguía sin pronunciar pío. Me pareció perfecto, eso significaba no más regaños y seguir oyendo su áspera voz. Al día siguiente y sin estar en periodo escolar, pude dar rienda suelta a mis impulsos destructivos infantiles, aprovechando que mi abuela había decidido hacer caso omiso de mis constantes fechorías.
Provoqué un caos en la casa, corriendo por todo el lugar y sin pensar en cuantos destrozos mi enérgico afán de causar desorden dejara atrás. Me había vuelto un torbellino de barbarie en ocho patas y solo hasta que el azúcar y demás comida chatarra perdieron efecto sobre mi cuerpo, decidí descansar.
Pero la anciana se mantuvo estoica, sin incordiarse por el desastroso campo de batalla en el que transformé el lugar. Seguí disfrutando de mi libertinaje absoluto hasta que el deseo de comida real se hizo presente. Mi abuela no estaba, así que me dispuse a encontrar mi propio alimento. Por supuesto que, con el desbarajuste que provoqué, terminé con arruinar todo indicio de comestibles en buen estado.
Era solo el primer indicio del verdadero castigo que la vieja Diva había impuesto sobre mí. No podía salir porque no me atrevía a poner mis ocho piernas afuera de la casa sola. Eran días lluviosos y los torrenciales dificultarían contar con la ayuda de algún conocido. Tuve que soportar a mi estómago vacío hasta entrada la noche, donde la falta de alimento y la ausencia de mi tutora me habían quitado el sueño.
Fue entonces cuando me di cuenta que estaba sola, realmente sola. Recorrí la casa, sin hallar consuelo en la podredumbre que mi anterior despliegue de estupidez destructiva había provocado. Lloré amargamente, arrepentida de todo. El temor a la oscuridad me mantuvo atrapada en mi prisión casera hasta que la puerta principal se abrió y mi abuela entró con un plato caliente de estofado.
Corrí de inmediato, pero ella siguió de largo y colocó el recipiente en la mesa. Asentando su cuerpo, tomó una cuchara y empezó un muy lento proceso de degustación. Mi aparato digestivo se quejó y rogué a la anciana que me compartiera bocado, pero esta permanecía imperturbable a mis súplicas.
En un momento de iluminación mental, rápidamente tomé el recogedor y la escoba más cercanos y me apresuré a corregir los horrores que cometí contra el hogar. Fue difícil con el hambre y el cansancio, pero finalmente restauré el orden de la casa. Volví a solicitar caridad para saciar mi estómago a la venerable anciana y esta, satisfecha con mi proceder, me ofreció el resto de su plato, el cual devoré con ahínco.
Desde esa vez aprendí que mi mayor temor, no era el hambre ni la oscuridad; Era ser ignorada. No hay peor sentimiento que el de no existir para las personas que te importan.
Y honestamente, quiero seguir existiendo para ti, Lala."
Fue una larga pero necesaria catarsis de mi parte. Suprimí las lágrimas que trataron de filtrarse, mirando al infinito paisaje celeste. Solo esperaba que Lala perdonara, cualquiera que fuera mi falta, si es que había alguna.
Antes de que ella pudiera articular respuesta, una figura alada apareció en el cielo, acercándose rápidamente hasta nuestra posición. Tan pronto esta aterrizó, me tomó solo una fracción de segundo en reconocerla antes de que me envolviera en un sorpresivo abrazo.
– "¡Cetania!" – Exclamé estupefacta por la acción de la arpía. – "¿Q-qué sucede?"
– "Aria…" – Sollozó la castaña en mi hombro. – "¿Puedo… puedo pasar adentro, por favor?"
– "C-claro… Lala, ayú…"
La dullahan ya no se encontraba.
– "…dame."
Hablaré con la irlandesa en otro momento, pero primero debo auxiliar a mi compañera. Con la rapaz aún abrazada a mí, entramos a la casa y bajamos las escaleras hasta la sala. Senté a la melancólica mujer en uno de los muebles y ella me pidió llamar a mi casero. Obedecí y toqué la puerta de la habitación de Kimihito para informarle de la visita.
– "¿Cetania? ¿Qué haces aquí a esta hora?" – Preguntó el muchacho suprimiendo un bostezo. – "¿Te perdiste?"
– "Lamento despertarlo a esta hora, señor Kurusu. En realidad, acabo de huir de mi casa."
– "¿Eh? ¿Por qué?" – Cuestionamos al mismo tiempo el chico y yo.
– "Problemas familiares." – Respondió limpiando su ojo. – "Señor Kurusu, sé que esto es muy repentino, ¿Pero podría pasar aquí la noche? Solo por hoy, se lo prometo."
– "Uhm… Bueno, en verdad me agarraste desprevenido y no quiero meterme en problemas con tu hospedador."
– "Le prometo irme a primera hora en la mañana. Solo necesito un lugar para dormir." – Contestó la arpía.
– "Herr Kommandant…" – Susurré al muchacho, con ojos de súplica. Este suspiró.
– "Supongo no hay nada de malo en que pases la noche aquí." – Aceptó Kimihito, tallando su cuello. – "Y sería un terrible casero si no le ofreciera techo a una liminal en necesidad, ¿verdad?"
– "Se lo agradezco enormemente, señor Kurusu. Que la fortuna lo recompense por su amabilidad."
– "No me halagues tanto." – Declaró el muchacho apenado. – "Ahora, solo necesitamos saber donde dormirás."
– "Si no le molesta, este sillón es suficiente."
– "Me sentiría mal si te obligara a descansar de manera tan incómoda."
– "No se preocupe, estoy acostumbrada. Ya está haciendo mucho por mí."
– "Si tu insistes, Cetania. Deja consigo una almohada y frazadas limpias."
– "Muchas gracias, señor Kurusu."
Kimihito fue a buscar algo más cómodo para la invitada.
– "Podrías descansar en mi cama, no creo que a Rachnera le importe prestártela y yo puedo dormir en mi colchoneta." – Le propuse a la castaña.
– "Está bien, Aria, no quiero causarte más molestias de las actuales."
– "¿Al menos vas a decirme que fue lo que pasó?"
– "Quisiera… quisiera que estemos a solas primero."
– "De acuerdo."
Kurusu regresó y mi amiga le agradeció la bondad. Él nos dio las buenas noches y se retiró a su cuarto.
– "¿Y entonces, descubriste a tu hermana en un ritual demoniaco o algo así?"
– "Mi madre llegó de visita, Aria." – Respondió secamente.
Oh, Arachne mía. Esto no va a gustarme.
– "Y-ya veo." – Musité. – "Pero, ¿tan de repente?"
– "Fue sorpresivo para Atseelia también. Mi madre sabía que si yo tenía conocimiento previo de su llegada, inventaría una excusa para no verla."
– "¿Y qué sucedió? ¿Pelearon?"
– "Con ella la respuesta es 'siempre'. Y no hablo de las típicas discusiones familiares que se resuelven al día siguiente. Esta vez ella cruzó la línea."
– "Cuéntame, Cetania."
La arpía inhaló profundamente. Era algo fuerte, sin duda.
– "Mi madre no llegó sola, estaba acompañada de un hombre." – Ella me miró a los ojos. – "Un hombre para mí."
– "¿Acaso ella…?"
– "Correcto. Tal parece que nunca aceptará que su hija es lesbiana y decidió buscar a un humano para convencerme de aparearnos." – Ella gruñó. – "Anciana estúpida."
Una mueca de disgusto se dibujó en mi cara. Ni siquiera mi estricta familia hizo tal cosa.
– "Lo peor, Aria, es que el pobre muchacho parecía tampoco estar de acuerdo. El infeliz era un joven no mayor de diecinueve y por la forma en que se comportaba, mi madre debió amenazarlo de alguna manera para convencerlo. Compadezco al desgraciado."
– "¿Qué pasó entonces?"
– "Para no hacer el cuento largo; Comenzamos con gritos, luego escalamos progresivamente hasta los insultos verbales, dijimos cosas que no debimos decir y casi terminó en una confrontación física." – Continuó ella con la cabeza baja. – "Entonces, lo que siempre dije en broma, resultó ser verdad."
– "¿Qué?"
La castaña se cubrió la cara y tomó un respiro profundo.
– "Soy adoptada, Aria." – Reveló con voz resquebrajada. – "Mi madre y mi hermana, no son mi familia real."
Mi única reacción fue contemplarla en silencio.
– "La vieja Palakya lo confesó en un ataque de ira. Ahora… ahora todo tiene sentido, ¿sabes?" – Carraspeó un poco antes de proseguir. – "Es decir, desde niña siempre me sentí ajena a ellas dos, como si supiera que no pertenecía a esa familia. Y no solo era cosa mía, las demás arpías solían llamarme por sobrenombres como 'la forastera' o 'niña cuco". Tenían razón."
– "Cetania…"
– "Ni siquiera son halcones, Aria, sino gavilanes. Los halcones de cola roja no existen."
No le mencioné que Papi había llegado a la misma conclusión anteriormente. Ni yo lo esperaba. La castaña continuó.
– "Soy un halcón plomizo. Desconozco que sucedió con mis verdaderos padres o cómo diablos llegué al nido de Palakya en primer lugar. Quizás mis progenitores murieron, se olvidaron de mí o simplemente no me deseaban. Solo sé que al final del día, estoy sola."
– "Pero, tu y Atseelia se parecen tanto…"
– "Es por esa razón que nunca me di cuenta. Pero si miras con detenimiento, es fácil distinguir las sutiles diferencias. Incluso en mi nombre estaba la evidencia."
– "¿Tu nombre?"
– "Sí, es idioma Lakota. Tanto Atseelia como Palakya provienen del dialecto Navajo. Tal vez lo noté desde hace mucho, pero inconscientemente decidí ignorarlo. La ignorancia en verdad es una dicha."
– "No sé qué decir, Cetania."
– "No necesitas decir nada, ni yo me explico lo que siento ahora. Es solo…" – Finalmente dejó que las lágrimas la traicionaran. – "Es que siempre bromeé con esto, ¿sabes? Solía decir que era adoptada y ahora resulta que tenía razón. ¿C-como carajos se supone que reaccione a eso? No… No sé qué hacer, Aria, no sé qué hacer."
Abracé a la mujer, permitiéndole desahogarse en mi pecho. Acaricié su cabello tratando de confortar a mi afligida compañera. Nunca pensé en encontrar a una orgullosa ave de presa como ella en un estado tan vulnerable, pero en el fondo, todos somos igual de frágiles cuando la vida nos azota con fuerza. Las manecillas del reloj continuaron corriendo hasta que su llanto bajó de intensidad y nos separamos lentamente.
– "Perdón por todo esto, Aria." – Gimoteó. – "En verdad soy una intrusa, ¿cierto?"
– "No te insultes así, Cetania. No lo eres."
– "Ya no quiero regresar ahí. Ya no me siento cómoda entre ellos."
– "¿Qué harás entonces?"
– "Lo ignoro. Ni siquiera cuento con hogar al cual volver ahora. Supongo deberé buscar un nuevo hospedador."
– "¿Hablarás con la agente Smith? ¿Crees que tu antiguo casero esté de acuerdo?"
– "Eso espero. Ojalá Smith se apiade de mí. No exijo mucho, solo un techo y vivienda lejos de mi ex-familia."
– "Si deseas, te ayudaré a encontrar un nuevo hogar."
– "Te lo agradezco como no te imaginas."
– "Y sobre tu familia… Ex-familia, ¿Realmente no planeas perdonarlos?"
– "No, Aria. Nuestra relación ya era endeble en sí. Esto fue la gota que derramó el vaso."
– "Entiendo. Lo siento, amiga."
– "Gracias, Aria. Me siento mejor." – Sonrió débilmente.
– "De nada. Te deseo buenas noches, Cetania. Me retiro."
Antes que pudiera alejarme, sentí su ala sujetar mi mano.
– "No, por favor." – Se apresuró a detenerme. – "¿Podrías… podrías quedarte conmigo? Ya no… ya no quiero estar sola."
– "De acuerdo. Permite que busque mi colchoneta entonces." – Le sonreí, ella hizo lo mismo.
Subí al ático a recoger mi cama temporal. Rachnera aún continuaba despierta y sorpresivamente, leyendo un libro, no una revista.
– "Entonces, ¿la arpía pasará la noche aquí?" – Cuestionó sin quitar la vista de las páginas.
– "Preguntaría el porqué lo sabes, pero no tendría caso. Sí, Cetania dormirá aquí hoy."
– "Y así Paris eligió la oferta de Afrodita."
– "Ya empezaste a delirar. ¿Y qué estás leyendo?"
– "La guerra de Troya." – Respondió. – "Hay que estar preparada para el inminente asedio."
– "Rachnera, en verdad, ya no fumes de esa. Te hace mal."
Esa tejedora necesita un serio ajuste de tuercas. Me pregunto si está experimentando con alucinógenos. Regresé con mi compañera y coloqué la colchoneta para descansar a su lado.
– "Te advierto que ronco como camión." – Bromeé. – "Y la casa está infestada de pulgas."
– "Yo tengo el estómago suelto." – Replicó la rapaz. – "Y hoy cené frijoles."
– "Excelente, ya se nos había acabado el repelente para mosquitos."
Nos reímos de nuestros infantiles chistes. Era bueno verla relajada. Admito que nunca tuve amigas que me invitaran a pasar la noche con ellas, así que sentí una pequeña y agradable satisfacción al experimentarla por primera vez.
– "No merezco a una amiga como tú, flaquita." – Confesó ella. – "Admiro tu paciencia."
– "Está bien, Cetania. Me agrada tener buena compañía."
– "No sé por qué, pero fuiste la primera persona que me vino a la mente al salir huyendo."
– "Debió ser la comida. No lo culpo, pero debes evitar que tu estómago te controle, pajarita."
– "Je, quizás tengas razón."
Ahora debería pensar en cómo ayudarla en su problema. Smith es una perezosa e irresponsable, pero confiaba en que no fuera tan desalmada para no preocuparse por una liminal bajo su tutela. O al menos podría intentar sobornarla con café, eso puede funcionar. Mis pensamientos fueron interrumpidos al sentir suaves plumas acariciando mi brazo.
– "¿Aria?" – Preguntó la arpía.
– "¿Sí, que sucede, Cetania?"
Ella tardó unos segundos en contestar y retiró su ala.
– "No… nada. B-buenas noches, arañita." – Dijo ella y se cubrió con su cobija, dándose la vuelta.
– "Gute Nacht, Falke."
Cerré mis ojos y me dispuse a dormir. Por alguna razón, soñé con arpías y manzanas.
NOTAS DE MERO: Oh, Aria-san. Para tener tantos ojos, me sorprende lo ciega que puede ser.
En todo caso, mis sentidos sirénidos y estas antenitas de vinil que tomé prestadas detectan la presencia de tragedia cercana. ¡Qué emoción! ¡Siento burbujas en la vejiga natatoria! ¡Y es una sensación muy intensa…!
De hecho, no debería experimentar eso en primer lugar. Oh, Neptuno, no debí comer en Burger Fox. ¡Lo siento, amigos, debo retirarme! ¡No olviden dejar sus comentarios! ¡Hasta la próxi-BLUAGH!
