NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO HISTORIAS.

¡Hola a todo el mundo! Al fin con un capítulo nuevo ¡Soy feliz! :D

Pues si, empieza lo mero bueno y el desenlace de ésta historia. Le pronostico unos cinco capítulos más, y se me hacen muchos, para ponerle el final a este fic que tanto me he divertido haciendo. Disfruten este capítulo, ya terminé el siguiente así que dudo mucho en tardarme en actualizar, quizá el decoroso tiempo de tres días para darles tiempo de leer :)

comentarios:

Nieve Taisho: Lo sé, me encanta tanto Hakoda que dije "si lo vas a hacer malo, mínimo por una buena razón" no justifico su comportamiento con el sufrimiento que llevó, pero al menos podemos entender más su personalidad en éste fic y porqué tan frío con sus hijos. Carga con demasiadas culpas.

Izumi Sumiko Sensei: Bueno, lamento mucho causarte esa confusión, pero al mismo tiempo me gusta (no lo tomes a mal) que sientas tan intensamente los sentimientos que he colocado en el fic me hace saber que estoy haciendo un buen trabajo como escritora y eso, de verdad, se siente más que fenomenal :)


Capitulo 14.

El Baile.

Estimado Señor Hakoda.

Las pocas veces que su presencia ha sido necesaria para tratar acuerdos diplomáticos entre mi nación y su país, me ha llenado de gusto la forma tan cordial de sus modales y además la aguda inteligencia diplomática que maneja.

Por medio de ésta carta usted será informado de un baile realizado para la nobleza y alta sociedad en Ba Sing Se, a donde acudiré como otros políticos importantes para descubrir la identidad del nuevo Avatar. Podrá entender, desde luego, que el Avatar se dará a conocer finalmente al mundo en este baile especial.

Ruego su presencia. Bastará ésta carta como invitación formal para que pueda acudir con su familia o invitados personales. Espero encontrarlo y tratar asuntos especiales.

Firma.

Ciudad Imperial de la Nación de Fuego.

Señor de Fuego Ozai.

Familia Real.

Señora del Fuego Ursa

Príncipe heredero Zuko

Princesa Azula.

Hakoda miró la carta, escrita con tinta especial y brillante, en una hoja de papel bordada y que desprendía un olor característico de la realeza, con el dragón dorado, símbolo de la casa Imperial.

Un baile de esa índole no podía ser despreciado, o ignorado. El hombre sonrió para sus adentros, el ego saciado, cuando salió del despacho. Encontró a Gran-Gran sentada tejiendo en la sala.

—Madre—le habló—¿Dónde están mis hijos?

Gran-Gran se mostró sorprendida de que su voz sonara suave, rozando el afectuosa, en vez de imponente e insaciable como lo hacía normalmente.

Ella sabía bien donde estaban, pero usó la coartada que sus nietos le pidieron para no enfurecer a su padre, tan dado al drama.

—Katara tenía que salir para entregar su libreta de tareas, ya sabes, porque ha estado faltando a la escuela. Fue con una amiga que vive a menos de dos calles y Sokka la acompañó, por seguridad.

Complacido por esa respuesta, el hombre caminó hacia la cocina por una fruta, le estaba dando un poco de hambre.

—Cuando lleguen diles que necesito hablar con ellos… o no, mejor háblame. Les diré a todos.

La anciana miró a su hijo entrar al despacho sin cerrar la puerta, impresionada por la cordialidad tan repentina que manifestaba. No dijo nada, porque debía alegrarse en vez de quejarse por tales comportamientos. Siguió sentada, concentrada en su tejido. No pasaron ni diez minutos cuando los morenos hermanos entraron a la casa.

Los dos tenían expresiones apagadas, pensaban en todo lo que Aang y Suki les dijeron. Era una gran sorpresa y ahora sentían más lástima que otra cosa por su padre. A su vez, tenían miedo de lo que los Invasores del Sur podrían hacer. Más pálidos que de costumbre, le sonrieron a su abuela dispuestos a subir a sus habitaciones.

—Niños, bienvenidos. Siéntense por favor, su padre quiere hablar con ustedes—les sonreía.

Sokka y Katara se temían lo peor, asustados y agarrándose con fuerza las manos para darse mutuo apoyo. Gran-Gran se puso de pie y caminó hacia el despacho, donde le tocó suavemente a Hakoda para que el hombre saliera. Regresó, guardó su trabajo en una canasta y tomó asiento mientras el padre de familia les sonreía a sus hijos.

—Padre, hola ¿Ocupas decirnos algo?—Sokka tenía algo más de confianza a la hora de hablar con su padre. No sucedía lo mismo con Katara, ella estaba casi encogida sobre sí misma.

—Sí. Verán, acaba de llegarnos una invitación para el gran baile de mañana, en el Palacio de Ba Sing Se.

Abrieron desmesuradamente los ojos.

—oh… ¿En verdad?—se apresuró a decir Katara—pero… ¡Qué honor! Eh… ¿Iremos?

—¡Desde luego que sí!—Hakoda se veía tan feliz y entusiasmado que sonreía abiertamente, dejando atrás su carácter enojón y explosivo—Mañana en la mañana iremos de compras, por ropas y joyas. ¿Han entendido?

—Claro—ambos le sonrieron, fingiendo entusiasmo.

—Madre, también vendrás con nosotros—le dijo a Gran-Gran—Y te compraré el vestido más lujoso de todos.

—Gracias por la consideración, hijo mío.

Sokka y Katara vieron a su padre el resto del día de ese magnífico humor y se preguntaron si acaso pasaba algo que no les decía. No sería la primera vez que lo hiciera. Inmediatamente mandaron con Momo (que ya sabía el camino entre la casa de Katara y la de Aang) un recado donde le decían los planes de Hakoda.

o-o

El Gran Baile llamaba la atención de todos en el mundo. Aang estaba particularmente nervioso. Katara, hubiera sido invitada por su padre o no, había aceptado esa tarde ser la pareja del Maestro Aire en toda la velada. El problema es que ahora Hakoda lo sabría. Quién sabe cómo lo tomaría el hombre, pero ninguno de los dos tenía realmente miedo.

Toph iba a ir y Suki también. Todos estarían ahí. Sería un evento magnífico. O al menos eso era lo que Katara esperaba. Ni ella ni Sokka habían tenido el tiempo para hablar con su padre, y no sabían ni por asomo cómo hablar con su padre sobre lo que estaba sucediendo.

Ese día, Katara se vistió con las mejores galas. Acudió al evento emocionada y nerviosa al mismo tiempo. Su padre no podía disimular la sonrisa, estaba más feliz de lo que nunca le vio en años. Se sumió en recuerdos pasados, esos borrosos y lejanos de cuando podía sentarse horas y horas hablando con Hakoda, cuando jugaban. Cuando eran una familia.

El Salón del Palacio estaba hermosamente decorado. Con los lujos correspondientes para la realeza. Los ojos azules de la morena no dejaban de contemplar cada detalle. Esto era como estar en un hermoso sueño.

—¡Hey, Reina del Azúcar!—Toph inmediatamente corrió hacia la morena—¿Cómo estás? Llevo mucho sin verte. El instituto es de lo más aburrido sin ti.

—Toph ¡Cómo te extrañé!—respondió—Bueno, supongo que Aang te ha mantenido al corriente ¿O me equivoco?

—Para nada. Él y Suki me lo han dicho todo—su rostro formó una mueca de tristeza—Lo siento, por ti y Sokka.

—No tiene importancia. Al menos no hoy.

Fue cuando uno de los sirvientes se acercó hacia las dos jóvenes. Se inclinó respetuoso frente a Katara.

—Señorita, un joven importante reclama su presencia en las habitaciones detrás del salón.

Abrió los ojos con sorpresa, Toph solo sonrió.

—¿Quién?

—Dijo que usted le reconocería como "El maestro aire".

Katara entendió el mensaje, y siguió al sirviente. Hizo señas a su hermano para que la disculpara con su padre, pero Hakoda estaba tan animado llevando charlas políticas, seguro de que sus hijos estaban rodeados por "realeza" que no les prestaba mucha atención.

Sokka vio a Katara alejarse y Toph se dio la vuelta yéndose también, no supo a donde. Pensó en seguirla, pero antes fue hacia la mesa de bocadillos para tomar una copa. Tenía sed. En ese momento una blanca y delicada mano se posó sobre la de él y contempló una sonrisa coqueta, en el rostro más bello que recordaba.

—¡Suki!—exclamó con sorpresa—Pero ¿Qué haces aquí?

—¿Qué no recuerdas que mi tía es una rica noble?—rió con alegría—Además, con las galas que llevo dudo mucho que tu padre me reconozca.

Y era verdad. Suki estaba hermosa. Llevaba un elaborado peinado que realzaba las facciones exquisitas de su rostro, con maquillaje delicado, y un vestido largo de color verde sencillamente hermoso, de bordados finos y pliegues elegantes.

—Te ves hermosa—expresó Sokka, dejándose llevar.

—¿Tú lo crees?

—Absolutamente.

Se quedaron así, viéndose a los ojos por un buen rato hasta que la música les distrajo. Sokka no lo pensó dos veces, él mismo se transportó a su propio sueño, tendió la mano hacia Suki y ella aceptó. Caminaron hacia la pista, comenzando a danzar una melodía por demás hermosa, donde se fueron perdiendo cada uno en sus sueños y esperanzas.

Hakoda desde las afueras de la pista pudo ver a su sonriente hijo bailando con toda la expresión de enamorado. Aquella chica se veía tan dulce, fina y bella que no podía caber en satisfacción. Como no veía a Katara, pensó que quizá estaría haciendo amigas o siendo cortejada por algunos chicos. No era ciego, sabía que su hija era una belleza. Como su madre de joven.

Fue cuando sonaron las trompetas.

o-o

Katara entró por la puerta que el sirviente le abrió. El chico se inclinó cerrando la puerta. La maestra agua miró alrededor sin encontrar a nadie. Estaba lago oscuro, pero podía ver los muebles lujosos bajo la luz de unas antorchas. Entonces, unos pasos atrás de ella se le acercaron y se tensó un poco.

—Bienvenida, señorita Katara. Es para mí todo un honor tenerla como compañera mía esta noche—reconoció la voz de inmediato y sonrió.

—El honor es todo mío—se dio la vuelta, haciendo una reverencia exagerada—Oh poderoso Avatar Aang.

Los dos rieron cuando se vieron a los ojos y se abrazaron con mucha fuerza. Aang buscó los labios de su novia y se besaron con pasión por unos pocos minutos. La feliz pareja se separó únicamente para verse a los ojos y perderse mutuamente en ellos unos minutos.

—Katara, espero que te la estés pasando bien.

—Estoy mejor hace cinco minutos—sonaba coqueta, con una expresión sincera.

Aang la encontró irresistible y la besó otra vez. Pero pronto llegaron unos emisarios diciendo que el Avatar sería presentado en diez minutos. Tenían que moverse a la puerta principal.

Mientras caminaban, Aang apretó con fuerza la mano de Katara. Ella se dio cuenta de que estaba nervioso, su expresión lo delataba con creces. Le devolvió el apretón y una sonrisa confiada para darle algo de calma.

—Tranquilo, no es el fin del mundo.

—Eso crees—Aang guardó silencio, buscando las palabras que pudieran expresar sus sentimientos—Ser el Avatar y entrenar en el anonimato es fácil. Nadie sabe quien eres, todos te tratan de una forma normal, no se espera nada de ti.

No lo interrumpió. Solo escuchó.

—¿Ahora cómo será todo? La gente me verá y sabrá que soy el Avatar. No me tratarán igual. Mi vida ya no será igual. Y tengo mucho miedo de no poder soportarlo.

Katara colocó ambas manos en el rostro de su novio para verlo a los ojos. Su expresión era serie, pero apremiante. Su voz firme.

—Yo te quiero y te trato de la misma forma. Y toda la gente que te quiere, hará como yo. No te preocupes Aang, todo estará bien. Aquí estoy.

"Y estaré por siempre" no lo dijo, pero el pensamiento que cruzó por la mente de Katara. Ella de verdad podía sentir ese impulso de acompañarlo, de quererlo y protegerlo costara lo que costara. Haría cuanto estuviera en su poder para mantener esa ilusión y hacerla realidad.

La pareja selló aquella promesa con un beso corto y después se posicionó, sin soltarse las manos, en la puerta. Las trompetas sonaron, un disparo pacífico, y las puertas se abrieron de par en par. El haz de luz reveló la presencia de las dos figuras. Bajo los escalones, todos los invitados los miraban expectantes, curiosos, sorprendidos.

El Rey Tierra dio un paso adelante.

—Es todo un honor para mí presentarles al Maestro de los cuatro elementos. El encargado de mantener la paz y el equilibrio en este mundo. El Avatar Aang.

Sin soltarla, Aang se adelantó medio paso y sonrió, ocultando su nerviosismo.

—Y a su bella acompañante de esta noche, la hermosa señorita Katara, del Polo Sur.

Katara miró alrededor. Su hermano estaba al lado de Suki y Toph, los tres sonrientes. Al otro lado, Hakoda no podía ocultar una expresión de asombro, pero lo más extraño, estaba emocionado ¡Su padre feliz! No se esperó eso. Borró esos pensamientos. Era el momento suyo y de Aang.

Los dos bajaron los escalones lado a lado, cuando una avalancha de políticos y nobles demandaron atención. Estaban sobre todo interesados en hablar con el Avatar. Aang nunca se separó de ella en toda la velada, como buena pareja. Y Katara conoció a un montón de gente.

El Señor de Fuego Ozai con sus hijos, los príncipes Zuko y Azula, fueron los más insistentes y los que más ocuparon su atención. Fuera de Zuko, Katara encontró desagradable a esa familia real.

Pero cuando estaban a punto de ir a la pista de baile, se escuchó el sonido de una explosión, y una de las columnas se desplomó.


¡Fin por ahora!

Muchas gracias por leer, espero que les gustara :)

chao!