Muffy... que te me emocionas y no. Que sea después de un arranque de pasión no quita que lo que ha roto la maldición sea el beso XD.

IarEvilQueenSavior, no te preocupes que el final feliz está cerca.

Love, Cora se merece ser feliz también, y si es con una diosa sexy mejor que mejor XD.


Emma Swan

Había sido una tonta, una estúpida. Que Regina ya no estuviese con Robin no significaba que fuese a escogerme a mí. Ruby era mucho más sexy que yo, más divertida… y seguro que comprendía a Regina mejor que yo. Estaba en mis pensamientos, cuando escuché que me tocaban la bocina. Me giré, y vi a Ruby tocando desesperadamente para llamar mi atención porque mi escarabajo amarillo estaba en el camino de su deportivo.

_ Sí… lo siento, ya lo quito._ Dije, acercándome, entonces caí en la cuenta de algo._ Un momento… ¿No estabas ahí dentro ligándote a Regina?

Ruby me miró con cara de pocos amigos. Mi corazón se encogió por un momento mientras Ruby se decidía a hablar.

_ No le gusto, ¿Vale?_ Dijo, suspirando._ Me dijo que la enternecía, que ella también atesoraba nuestro tiempo juntos y me dio un beso de despedida. En cualquier caso, después de lo que pasamos, no estaba entre sus personas favoritas. Así que supongo que tienes vía libre.

_ ¿Cómo?_ Pregunté, mirándola.

_ Está claro que estás loca con ella._ Me dijo, mirándome._ Mueve ese coche y ve a por ella.

Sí, era lo que debía hacer. Debía estar decidida. Luchar por Regina y dejar de sentirme derrotada. Ya era hora. Aparqué el escarabajo y me acerqué a la puerta. El pulso me latía a mil por hora mientras tocaba en la puerta con insistencia. Regina me abrió, y vi una dulce sonrisa en su rostro que me derretía. Duró tan sólo un segundo, antes de ponerse tensa. Ya imaginaba el motivo.

_ Hola, señorita Swan._ Dijo, apartándose el pelo de la cara._ ¿En qué puedo ayudarla?

_ He dejado a Hook._ Dije, directa al grano._ Y quiero salir contigo.

Regina me miró directamente a los ojos. Le brillaban los ojos, y volvía a sonreír. Mi corazón latía cada vez más deprisa.

_ Las cosas no son tan sencillas, señorita Swan._ Dijo Regina._ No esperarás que sólo por lo de anoche salte corriendo a tus brazos y me convierta en tu novia en una sola noche.

_ Oh… yo pensé._ Bufé._ Lo siento, Regina…

_ No me has entendido._ Dijo, tomándome el mentón, y obligándome a mirarla._ A una reina se la debe cortejar, embelesar… y eso no lo has hecho.

_ ¿Una cita?_ Regina, asintió. Yo sonreí, como una tonta.

_ Te prepararé una cita._ Dije, sonriendo._ La mejor de todas.

_ Emma… esta vez sé tú misma. Nada de trajes caros, ¿De acuerdo?_ Me advirtió.

_ De acuerdo._ Estaba fundida de amor ante sus palabras.

_ Y no te olvides esto._ Dijo, dándome un beso en la mejilla.

Zelena Mills

Miedo… Esa era la emoción que había hecho raíces en mí en el momento en el que me encontraba. Sabía que tarde o temprano acabaría en aquellas circunstancias, prácticamente desde que había llegado a mi casa y había encontrado a mi hija en la mesa de la cocina, llorando. La había tomado entre mis brazos, la había acunado y había besado su cabecita tiernamente para consolarla.

Y entonces él había aparecido. Robin, arco en mano, y me apuntaba fijamente. Yo estaba cansada de esta batalla. Sólo quería estar con mi hija. ¿Era tan difícil? La dejé sobre el capazo y miré a Robin. No pensaba dejarle acercarse a ella. Usaría mi magia si era realmente necesario.

Pero no tuve tiempo antes de escuchar el silbido de la flecha. Vi la vida pasar por delante de mis ojos, y finalmente un sonido metálico me hizo abrir los ojos. La fecha no me tocó. Es más… la flecha había desaparecido. Sólo había un montón de astillas en el suelo.

Elevé la vista para encontrarme de nuevo con Robin, pero esta vez su ventaja había desaparecido por completo. Estaba contra la pared, con el cuello rodeado por los brazos de una persona mucho más baja que él. Una persona que lo sujetaba con la fuerza justa para mantenerlo controlado pero no para ahogarlo.

_ Hikari…_ murmuré. Aunque lo hice tan bajo que ella no me oyó.

_ Si vuelves a tocar a mi esposa… juro que te mato, Robin._ La voz de la guerrera era dura, casi cruel._ Si no te mato ya mismo es porque hemos sido amigos. Y ahora márchate.

_ Pero… mi hija…

_ ¡Márchate!_ Exclamó la asiática, provocando que finalmente "El héroe", saliese huyendo.

Hikari se volvió hacia mí, parecía furiosa. Y yo temblé. No era capaz de enfrentarme a ella. No podría hacerle daño, luchar con ella si es que quería herirme. Noté cómo me ponía las manos sobre los hombros, con fuerza. ¿Acaso iba a estrangularme?

_ Quiero… quiero seguir contigo._ Me dijo, casi gritando.

_ ¿Qué?_ Pregunté, incapaz de creer lo que oía.

_ Eres mi esposa y quiero que lo sigas siendo._ La sutileza no era lo suyo, desde luego._ ¡Te quiero! ¿Vale?

_ Vale…_ Dije, sonriendo ampliamente._ Yo también te quiero, Hikari.

_ Mulán… me llamo Mulán._ Dijo, sonrojada._ Eso ya lo sabías.

_ Has estado impresionante._ Dije, rodeándola con los brazos._ Yo… yo pensaba que no querrías volver a verme.

_ Al principio estaba… enfadada… pero ahora._ Suspira._ Ahora sé quién eres en realidad.

_ Yo sólo quiero pasar tiempo con mi hija._ Acaricie su rostro._ Y contigo.

_ Pero quiero que me prometas dos cosas._ Dijo Mulán, muy seria.

_ ¿Qué quieres?_ Le pregunté, mirándola a los ojos.

_ No más maldades y…_ Se sonroja._ No pienso volver a vestirme de Geisha, ¿Está claro?

_ ¿Ni tan siquiera por mi cumpleaños?_ Pregunté, en un impulso.

_ Bueno, ya veremos._ Dijo, negando enérgicamente._ Ni siquiera estaba segura de venir cuando desperté.

_ ¿Qué te hizo decidirte?_ Pregunté, mirándola a los ojos. Era tan guapa, y repentinamente parecía tan fuerte.

_ El espejo…_ Murmuró._ Lo que veo en tu reflejo. Sé que hay una buena mujer en ti y… amo a esa mujer.

Mulán no se caracterizaba por ser particularmente sensible, eso cualquiera podría verlo. Sin embargo, tenía claros sus sentimientos. Unos que, confieso, no esperaba que tuviese. El llanto de mi hija me llamó la atención. La tomé en brazos y la mecí, sonriéndole ligeramente.

_ Calma, pequeña… mamá está aquí._ Le susurré.

_ ¿Puedo cogerla?_ Mulán me miraba, con una sonrisa en los labios.

Supuse que lo acababa de ver era una confirmación de que lo que creía era cierto. Tomé a la niña con delicadeza y la puse en sus brazos. Fue un error. La niña empezó a llorar a pleno pulmón, y por más que Mulán se esforzaba, no conseguía calmarla. Desesperada, la puso en mis brazos y, al sentirme cerca, la niña dejó de llorar al instante.

_ Creo… que no le gusto…_ Murmuró, mirando al suelo.

_ Bueno… lo único que ha visto de ti es cómo le dabas una paliza a su padre._ Dije, riéndome._ Pero a su madre le gustas… así que no tardará en enamorarse de ti. No es difícil, ¿Sabes?

Discordia

_ ¿Me pasas el chocolate?

_ Claro… _murmuré, pasándoselo. Cora se juntó a mí, moviendo la manta que nos protegía del frío.

Aquel día estábamos en una montaña nevada, pero sólo era uno de los muchos destinos que estábamos compartiendo. Daba la impresión de ser una mujer delicada, pero yo bien sabía que no lo era. Sólo lo hacía para hacerme parecer la fuerte, y no me quejaba. Acaricié lentamente su cabello, disfrutando de las vistas que se contemplaban a través de aquel ventanal.

_ Cora…_ Le susurré._ Me gustaría que pasaras la eternidad conmigo…

Cora me miró, indecisa ante mis palabras. Sabía que quería pasar toda su vida conmigo, pero también sabía que, para mí, aquel espacio era demasiado efímero en el tiempo. Cuando se tiene la eternidad, una vida humana se asemeja más a un suspiro que a una vida plena.

_ ¿Me estás proponiendo matrimonio?_ Me preguntó._ Porque la respuesta es sí.

_ Bueno no… no era eso exactamente. Es… un compromiso más profundo._ Cora alzó una ceja._ Deja que te lo enseñe.

Extendí la mano, y una pequeña fruta apareció en ella. La giré entre mis manos y se la extendí. Cora la cogió, entendiendo lo que era, y la miró con dudas.

_ Discordia… yo. No suelo acabar bien con lo que a grandes poderes se refiere._ Susurró._ Y esto que me ofreces es…

_ Yo sólo quiero evitar perderte._ Le dije, cogiendo su mano._ Pasar la eternidad a tu lado. Ya sea pasándolo en la playa o bebiendo chocolate caliente. No tengo interés en seguir causando el caos, en la lucha. Sólo te quiero a ti y… no podría arriesgarme a perderte.

_ ¿Puedes jurar que esto no nos distanciará?_ Me preguntó._ Ya he perdido a demasiadas personas a las que he amado a causa de la magia.

_ Te lo juro._ Le dije, muy segura de mí misma. No dejaría que nada ni nadie la apartase de mí.

Cora vio la determinación en mis ojos y finalmente rodeó la pequeña fruta entre sus labios. La mordió y se comió el primer bocado. Luego, poseída por el divino sabor de la fruta, se la terminó sin pensar en otra cosa hasta que toda ella había desaparecido entre sus labios. No era mentira cuando la gente decía que el sabor de la ambrosía aturdía a los mortales. Los ojos de Cora emitieron un destello dorado y luego se miró las manos, sin terminar de entender.

_ No siento que haya cambiado nada._ Murmuró.

_ Intenta usar tu magia._ Le dije.

Estábamos en un mundo sin magia. Una restricción que sólo los dioses éramos capaces de saltarnos. Cora hizo un gesto con la mano y un copo de nieve surgió de la nada, sobre mi nariz. Estaba realmente frío.

_ Anda… ven aquí._ Le dije, tomándola por la cintura y besándola con furia.

Volvió a nevar en el interior de aquella habitación. Sentía los copos fríos caer sobre mi piel. Pero no me preocupaba, dado que sabía que no me iba a resfriar… ni tampoco lo haría mi ahora inmortal prometida.

Emma Swan

"Sé tú misma". Me preocupaba lo que Regina esperaba que hiciera con eso. Yo no era precisamente la clase de mujer que esperaría que encandilase a Regina. Sin embargo, aquella noche en la que nos dejamos llevar por la pasión… no había sido mi vana interpretación de una mujer por clase la que la había llevado a eso… había sido el cómo la había protegido… Mi heroísmo.

Quería pensar que podría llegar a Regina del mismo modo. Y eso significaba ser yo misma una vez más. De todos modos, era imposible que nuestra relación durase si no era yo misma la que conseguía que Regina se enamorase. Me puse mi cazadora roja y, sin embargo, no pude evitar ponerme algo de maquillaje, a pesar de que no fuese algo habitual en mí.

Cogí mi escarabajo amarillo y me encaminé hacia la avenida Mifflin, sintiendo cómo el corazón se me encogía. Tenía que conquistar a una reina. Sonaba como una tarea imposible, desde luego. "Bueno, tú eres una princesa" Dijo una vocecita en mi cabeza que acallé rápidamente.

Toqué en la puerta, tomando aire aceleradamente. Y Regina… ¡Regina era una tramposa! Había ido a la peluquería… y su maquillaje era perfecto y… ¡Había logrado que no dejase de pensar en arrojarla sobre aquel mismo recibidor y hacerla mía! Porque sentía que me estaba perdiendo mucho al haber compartido cama con ella sólo siendo una adolescente. Quizá si me hubiese quedado a su lado aquella noche, no me castigaría de esa forma.

Estaba exactamente igual que el día en el que me había dicho por primera vez que me destruiría aunque eso fuese lo último que hiciera. Apenas hacía unos días que la había conocido entonces, con su media melena y su actitud posesiva sobre Henry. No fantasear era imposible.

_ Llegas pronto, Swanie._ Swanie… mi nombre sexy en aquellos labios tan elegantemente pintados. ¡Lo estaba haciendo a propósito!_ ¿Cómo? ¿No me traes flores ni bombones?

_ Pues no._ Dije, cruzándome de brazos._ No creo que seas de las mujeres que presta atención a la flores.

_ Eso es cierto._ Sonrió, cruzándose de brazos._ Bien visto. ¿Y los bombones?

_ Pensé que esto era más apropiado._ Dije, extendiéndole mi regalo.

_ ¿Una manzana de caramelo?_ La reina se rio con ganas._ Que tonta eres, señorita Swan.

Sin embrago, y a pesar de su ataque de risa cogió la manzana y le dio un bocado. ¡Qué envidia le tenía a esa fruta, maldita sea! Regina me siguió hasta el escarabajo amarillo y se subió al asiento del copiloto. Estaba tan concentrada lamiendo y mordiendo su manzana de la forma más sexy posible sólo para torturarme.

_ ¿Y a dónde me llevas, Swanie?_ Otra vez ese nombre que me enloquecía.

_ Es una sorpresa._ Le dije, sonriendo ampliamente.