Notas al final


Capítulo 14 "¡Hasta ahí podíamos llegar!"

—¿Qué demonios está haciendo por los pasillos a estas horas de la noche, Granger?

La voz de ultratumba la dejó congelada. Si pudiera se hubiera amputado el pie y echado a correr como buenamente hubiese podido. No, esto era mil veces peor que amputarse un pie sin anestesia. El tono enfadado y amenazante no pasaba desapercibido en la oscuridad del pasillo pobremente iluminado con antorchas.

—¡Responda, Granger!

—Yo.. yo... Yo... Profesor Snape, yo... —Tartamudeaba y la lengua se enrollaba dentro de su boca como si... Como si se hubiera bebido sola más de un litro de alcohol. Posiblemente había ingerido una cantidad similar. Miró con bochorno los ojos negros y refulgentes de Snape. Se sentía ligeramente culpable.

—Está bien.—El hombre se llevó una mano al tabique nasal, masajeándolo mientras intentaba armarse de paciencia.—No añadiré más días a su castigo si me dice aquí y ahora sus motivos. Prometo no restar demasiados puntos a su casa.

Hermione abrió la boca de puro asombro aun con las mejillas arreboladas. Snape se maldecía mentalmente, patada tras patada, por ser tan malditamente blando cuando estaba con ella y ella tenía esa adorable expresión arrepentida y ruborizada en el rostro. A pesar de la penumbra podía verlo.

—Yo... —Y en la mente embotada de Hermione surgió la temible idea de que una mentira más tampoco la mataría, ¿verdad?—Me quedé hasta tarde en... La biblioteca. Sí, tenía que terminar un trabajo importante y se me fue la noción del tiempo...

Eso olía a mentira a kilómetros, pero Snape tampoco tenía el humor ni las ganas de indagar los motivos de la joven. Estaba cansado y odiaba tener a esa chica todo el día en sus pensamientos. ¿No era suficiente con eso? Al parecer también estaba destinado a pasar el resto del curso supervisando sus castigos. Pero no, Severus Snape tenía su límite.

—Señorita Granger, permítame una sola pregunta... —Los ojos de Hermione se clavaron en él como imanes, tratando de aparentar una serenidad que no sentía. Sobre todo ahora que todas esas imágenes que se podían tildar de pornográficas invadían de nuevo su mente.—¿Está haciendo esto a propósito?

—¿Disculpe? —Frunció el ceño confusa y él se preguntó como podía parecer tan adorablemente sorprendida por su afirmación. Se estaba volviendo un blando.

—Olvídelo, era solo una hipótesis.—Se agachó hasta la altura de las rodillas de la joven y Hermione dio un respingo involuntario al percibir el tacto de los largos dedos sobre su pie.

—¡Profesor Snape! ¿Qué está...? —Pero la repentina libertad de movimientos recuperada silenció el final de su frase. Se avergonzó de haber pensado siquiera que él pudiera tocarla de esa manera... Sin su consentimiento, claro.

—La acompañaré hasta la Torre de Gryffindor, Granger, Filch está deseando que alguien le de un repaso a la Sala de Trofeos.—Ella se preguntó vagamente si esa frase habría pretendido ser graciosa, pero no pensó en ello demasiado tiempo. Le siguió sin rechistar por los mal iluminados pasillos.—Y por cierto, treinta puntos menos para Gryffindor.

No abrió la boca para replicarle, viniendo de Snape era una cantidad ínfima. Debería sentirse agradecida de que esta vez Ginny hubiera podido escapar... Porque, sino, la historia de la biblioteca no habría colado ni de coña. Suspiró hondo, aspirando el aroma especiado que se desprendía de la capa del profesor que iba ligeramente por delante suya.

Hizo acopio de todo su autocontrol. Ese aroma tan característico de su profesor se le antojaba irresistible por algún motivo que aun no comprendía del todo. Solo sabía que no se cansaría jamás de olerle.

Y casi hizo un mohín como una niña cuando su profesor se detuvo delante del retrato de la Señora Gorda.

—Buenas noches, señorita Granger.—Se despidió él, dándole la espalda con rapidez.—La veré mañana a nuestra hora habitual. Intente descansar un poco.

—Buenas noches, profesor Snape.—Murmuró ella bajito, pero él ya había desaparecido en la densa penumbra de los pasillos. Suspiró y entró por el hueco del retrato. Esto no podía estar pasándole a ella. No podía. Punto.

La tenue iluminación de las llamas sobre la sala vestida de rojo fue lo primero que la recibió en la conocida estancia. En el centro de esta, una pelirroja Ginny permanecía plantada sobre la alfombra, llorando a moco tendido. Por suerte no había nadie más en la Sala Común. ¿Tan tarde era?

—Ginny... —Casi se había cansado de esa imagen. Era un auténtico dejavú.—¿Cuánto tiempo más piensas seguir así?

La aludida se volvió hacia ella con una chispa de locura en la mirada, como recriminándole lo que acababa de decirle. Era la verdad. Los puños llenos de pecas se cerraron de manera hermética.

—¡Mira quien fue a hablar! —Casi gritó su amiga, acortando la distancia que las separaba con enérgicos pasos.—¡Quien lleva meses de castigo por enrollarse con el murciélago grasiento!

—¡Ginny! ¡No le llames así! —Se ofuscó ella esta vez. El alcohol aun corría por sus venas. Pensó que después de ese año tendría que apuntarse a algún tipo de terapia.—Y yo no me paso el día lloriqueando por los rincones como un alma en pena. Por Merlín, ¡mírate!

—¡Qué! ¡Qué, qué! —Volvió a gritar la pelirroja. Hermione tuvo la vaga impresión de que estaban gritando tanto que en cualquier momento alguien bajaría a regañarlas, pero no le importaba.—¿Que tengo ojeras? ¿Que apenas como y duermo? ¡Yo no lo he elegido! ¿Vale?

—¡Pues ve y dile a Harry lo que sientes! —Estalló Hermione ante el despliegue de autocompasión de Ginny.—Esto no es sano, Gin.

—¡Me humilló en público, Hermione!

—¡Y tú le humillaste a él!

—¡Es un estúpido, un creído y un cabezota!

—¡Igual que tú!

Ginny enmudeció y sus ojos plagados de lágrimas se abrieron como platos clavados en Hermione. ¿Era cierto? ¿Se estaba comportando tan estúpidamente como lo había hecho Harry? La pelirroja llegó rápidamente a la conclusión de que era cierto. Era una estúpida. Y una creída. Y, por supuesto, el ser más cabezota del planeta tierra.

Los brazos de Hermione se alargaron en torno a la figura petrificada de Ginny, pero esta ya no lloraba, presa de una comprensión más allá de toda lógica. Hermione lo supo. Ese era el quid de la cuestión ¿no?

Esa noche Hermione no pudo dormir con todo lo que tenía en la cabeza para pensar. Tenía claro muy pocas cosas, pero a su parecer eran las esenciales. Se sentía irremediablemente atraída por el murciélago grasiento... No debía hacerse las más mínimas ilusiones era la segunda cosa que tenía clara y... Que no había podido evitarlo era la tercera.

¿Qué haría? Nada, no había nada que pudiera hacer. Salvo, claro está, suicidarse declarándose a él. Pero no, ni mil imperius podrían conseguir que hiciera semejante locura. Hasta ahí podíamos llegar. Hermione quería conservar su vida.

* * *

¿Sería capaz de hacerlo?

Las ojeras le llegaban hasta el suelo al día siguiente mientras trataba de controlar sus abundantes rizos y bajaba, escalón por escalón, las interminables escaleras que la conducirían a las mazmorras de Snape.

El día anterior había llegado a la irritante conclusión de que no tenía el valor Gryffindor necesario para confesarle a Snape todo lo que había empezado a sentir por él. Y eso la irritaba. Era como una especie de apuesta contra sí misma. Tenía que demostrarse que podía hacerlo, solo eso.

¿Qué como había llegado a semejante locura? No lo tenía demasiado claro. Todo comenzó en una de sus duermevelas en las que había despertado totalmente bañada en sudor tras tener vívidas imágenes de su profesor encima de ella en... Bueno, en actitudes poco decorosas. Y estaba definitivamente harta.

Así, que Hermione había decidido que lo único que necesitaba era ser cruelmente rechazada. Aunque mirando el cortés comportamiento de Snape en las últimas semanas bien podía esperar otro comportamiento.

Azotó sus nudillos sobre la madera de la puerta e inmediatamente escuchó su voz grave invitándola a pasar. Respiró hondo tres veces antes de abrir la puerta. No estaba nerviosa, eso que estaba a punto de hacer era una auténtica locura, pero no, no estaba ni una pizca nerviosa. Ya, claro.

Allí estaba él, inclinado sobre los papeles interminables pulcramente ordenados sobre su escritorio, con la pluma apoyada sobre el tintero, inclinado hacia delante y con la oscura mirada clavada sobre ella. Tragó saliva con fuerza, el estómago se le retorcía de una manera casi dolorosa ante esa mirada. ¡Dios! ¡Se le imaginaba susurrándole cosas obscenas al oído mirándola así!

Aquello tenía que terminar ya.

—Profesor Snape, ¿puedo hablar con usted un momento? —Preguntó. No sonaba, ni de lejos, tan segura como había pretendido.

—¿Qué quiere, Granger? —Bien, una respuesta borde. Hermione se felicitó mentalmente, con un poco de suerte pillaba a Snape de tan mal humor que directamente la mandaba a freír espárragos. Tomó aire y casi le pareció estar respirando plomo. Pesaba una tonelada.

—Necesito... Yo... Bueno verá, es sobre el baile de Navidad y... —Snape levantó una mano en el aire para impedirle continuar.

—Pensé que ese asunto estaba zanjado.—Sus ojos negros no la miraban, pero Snape no necesitaba hacerlo para saber la cara de frustración que tenía la chica en esos momentos. Pero lo había hablado seriamente con Albus. Esta situación extraña y por lo demás incómoda tenía que acabar.—No voy a reprocharle nada si es lo que le preocupa. La considero lo suficientemente responsable, Granger.

—Pero no lo entiende, lo que yo quería decirle era que...

—¡Pero no me importa lo más mínimo! ¿Lo entiende? —Snape se levantó de su cómodo asiento tras el escritorio, inclinándose sobre este hasta quedar a menos de un palmo de la cara de Hermione.—No hay nada sobre ese tema que a mi me interese tratar con usted.

—¡Pero profesor Snape...!

—¿De verdad quiere quedarse castigada lo que resta de curso, Granger? Puedo retractarme de mis palabras de anoche, créame.

Sus caras estaban tan cerca que Hermione podía notar la respiración de Snape en su rostro. Él tenía los músculos del cuello en tensión y ella podía intuir más músculos tensándose debajo de la ropa... Y un rubor asquerosamente delator y rojo se instaló en sus mejillas.

Los ojos negros de Snape que quedaron mirándola detenidamente, como si fuese algo digno de estudio. El color de su cara aumentó.

—Escúcheme bien, Granger, no voy a...

Pero Snape nunca terminó su frase. Hermione solo tuvo que inclinarse ligeramente sobre el escritorio para unir sus labios con los de aquel hombre que no podía quitarse de la cabeza. Había tardado mucho menos en hacerlo que en pensarlo. Y eso que lo había decidido en un instante. Se apartó de él más ruborizada aun si es que eso era posible, esperando con paciencia el bofetón que le cruzaría la cara, los insultos, los puntos menos para Gryffindor... El desprecio.

Necesitaba sobretodo el desprecio de Snape, así podría convencerse a sí misma de que era un monstruo y podría seguir con su vida. Pero ese desprecio nunca llegó.

—Salga de aquí, Granger.—La calma y la educación en las palabras de Snape le pusieron los pelos de punta.—Ahora mismo.

No se hizo de rogar. Él no le había gritado ni insultado... Ni siquiera le había quitado puntos a su casa ¡por Circe! Pero esas palabras llenas de calma... Tenía la sensación de que eran peor que la tempestad.

Hermione salió del despacho de Snape con el corazón latiéndole dentro del pecho como enloquecido. No podía creerse lo que acaba de hacer... Quizá funcionara, pero ella necesitaba que funcionara ahora. No podía esperar a ser cruelmente rechazada... Porque si esperaba no podría evitar que sus esperanzas siguieran creciendo en su interior.

Se tocó distraídamente los labios. Los sentía más calientes de lo habitual... Y aun podía recordar el tacto maravilloso de seda de los labios de su profesor.

Y por una vez lo recordaba todo.


N/A: Buenas! Veis?? mujeres de poca fe! una semanita... y creo que he batido mi propio record xD. La cosa se pone fea de nuevo para Hermione... Y tal vez para Ginny (xD, sí, soy mala, ¿y qué?) Espero que os gustara, en serio.

Quiero mandar un saludo especial a todas las bellas damas que me dejásteis un rew en el capi anterior a pesar de llevar casi un año sin actualizar Muchísimas gracias! (sabéis que no soy nada sin vosotras) Y un abrazo a Aonia y Dinha Prince a las que no les pude contestar sus lindos rews (besos chicas y gracias)

El siguente capi... Os seré sincera, tal vez tarde un poco más... Pero como no lo sé lo dejo en el aire, de acuerdo? No volveré a desaparecer, os lo aseguro... De todas formas, en mi perfil podéis encontrar maneras de localizarme para mandarme tirones de orejas.

Un beso! y hasta el próximo!