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Compañeros (Parte 2)

Se sentía inútil sentado en la silla al lado del escritorio de Kate mientras observaba a los policías ir y venir durante horas.

Rick no se movió ni un poco para no incomodar a nadie. Ni siquiera cuando Ryan y Esposito llegaron para rellenar la pizarra del caso en curso con horas, testigos, capturas de cámaras de seguridad, etc. No se atrevió a dirigirse a ellos para preguntar por Kate y mucho menos se acercó a la pizarra. No con diferentes detectives de otros departamentos apuntando cosas en esta.

La única persona que lo toleraba ―aparte de Montgomery― era Kate. Y ella aún no había llegado.

―Eh tú ―le llamó una voz y Rick levantó la cabeza para ver a Esposito frente a él. El hispano tenía una mueca en la cara que no intentó ocultar, a su lado Ryan parecía más sereno. Eran la noche y el día―. La jefa dice que mires la pizarra y busques en los archivos de casos recientes de los detectives secuestrados.

Rick pestañeó.

― ¿Quiere que yo haga qué?

―Ella insiste en que serás de ayuda ―Esposito no dijo nada más durante un rato en el que Rick estuvo con la boca abierta sin moverse de la silla―. ¿Te mueves o qué? ―gruñó impaciente―. Ordenó que te acompañáramos mientras ves la pizarra.

¿Les dijo qué? Rick volvió a pestañear sin creérselo. ¿Es que acaso Kate sabía de su incomodidad con los demás policías?

―No tenemos todo el día ―urgió Esposito.

De un salto, Rick se levantó de la silla y siguió a los dos compañeros de Kate como si de una escolta se tratara, intentando ignorar las miradas de desaprobación del resto.

Al llegar a la pizarra sus ojos se abrieron al máximo.

Las fotos de los agentes secuestrados eran de los detectives que lo acogieron la primera vez. Los que lo trataron bien hasta que él vio aquello que ellos no querían ver, que una persona estaba en peligro. Si ellos no le hubieran ignorado no tendría que haber recurrido a chivar lo ocurrido al capitán, pero aún así eran buenos detectives.

― ¿Qué pasó? ―preguntó con interés.

Los policías que estaban cerca de la pizarra se alejaron de él.

―Lo pone en la pizarra ―gruñó Esposito detrás de él.

―Al parecer Jones y Stone fueron secuestrados en acto de servicio ―informó Ryan colocándose a su lado para señalar sus fotos―. Su jefe, Simons, estaba fuera de servicio por baja. Un brazo roto. Pero aun así lo atacaron para luego llevárselo. Las horas del secuestro coinciden a pesar de estar en lugares opuestos de la ciudad y fue el mismo procedimiento. Las cámaras de seguridad de unas tiendas paralelas grabaron varias furgonetas tintadas, sin matrícula, cerca del lugar del secuestro ―señaló las capturas pegadas a la pizarra―. En una furgoneta subieron a un hombre inconsciente, en la otra a dos hombres también inconscientes. Pero no se ve ninguna cara ya que iban con máscaras de carnaval.

― ¿Y no habéis podido seguir el rastro de las furgonetas? ―preguntó Rick de forma suave. No quería que su pregunta pusiera a los detectives a la defensiva.

―Gracias a un par de cámaras cercanas a cada punto de secuestro, pudimos seguir su rastro hasta el centro de la ciudad, pero allí los perdimos ―contestó Ryan―. Creemos que todo tiene relación con un caso del equipo de detectives en cuestión, pero no encontramos nada en los de este último año.

―Puede ser antiguo ―conjeturó Rick dando un paso hacia la pizarra―. De hecho, es lo que tiene más sentido. Han secuestrado a tres de cuatro miembros del equipo, ¿pero Reid está ileso verdad?

―Él está fuera de la ciudad, por vacaciones ―respondió Ryan.

― ¿Qué tiene que ver eso? ―cuestionó Esposito.

―Si hubieran querido también lo habrían secuestrado, ¿verdad? Por lo que decís no les faltaban medios para cometer otro secuestro ―murmuró Rick―. Pero Reid se incorporó hace cinco años al equipo. Eso significa que si es por un caso debe ser antiguo, de al menos cinco o seis años, porque Simons llevaba seis años con ese equipo de detectives.

Rick se separó de la pizarra para girarse hacia los detectives. Cuando lo hizo, Ryan y Esposito se miraban entre sí.

―Tiene sentido ―reconoció Ryan.

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Unos copos de nieve cayeron sobre el cristal del Crow Victoria. Kate frunció el ceño mientras giraba el volante para ir a la derecha, al hacerlo las luces del coche iluminaron unos grandes copos de nieve.

―Lo que faltaba, ahora se pone a nevar.

El oficial que la acompañaba en el asiento del copiloto no hizo ningún comentario, solo se limitó a mantenerse en silencio y Kate lo agradeció. Puso el limpiaparabrisas para seguir conduciendo por debajo de las farolas encendidas. Se había hecho de noche y aún no había ido a comisaría para llevar a Rick a su casa.

Llevaba todo el día recorriendo Nueva York en busca de testigos y pistas, pero solo iban dando palos de ciego alrededor del caso.

Si no se daban prisa...

No podía pensar en eso.

Llegó a comisaría con la mente en el caso. Dejó el coche en el aparcamiento habilitado para los detectives y cogió el ascensor junto al oficial, que la seguía metódico. No estaba acostumbrada a eso, pero el hombre parecía darle su espacio. Era como una versión de Rick con uniforme, más canoso y con barriga, que la seguía allá donde fuera. Al llegar a la planta de homicidios donde habían habilitado el centro de operaciones, Kate caminó a paso rápido hasta la mesa donde se suponía debía estar Rick.

Pero no estaba.

El corazón de Kate se aceleró sin su consentimiento y un nudo en el pecho la aprisionó.

― ¿Dónde está Rick? ―preguntó al primer detective que vio, pero el hombre se encogió de hombros.

Kate miró la silla de Rick, esa donde se suponía debía estar esperándola, e inspiró con fuerza notando como el aire entraba a sus pulmones. Le dijo que la esperara y él prometió que lo haría. ¿Pero y si había decidido irse para estar con sus hijos? Con esa nieve cogería una pulmonía.

―Maldita sea ―gruñó llevándose una mano a la parte superior de su pelo suelto.

―Kate ―la voz de Rick fue lo que necesitaba para que ella relajara sus hombros, pero solo cuando giró y lo vio caminando hacia ella con Ryan y Esposito a su lado; Kate suspiró―. Te acompaña un policía ―titubeó con la boca entre abierta.

Ella se encogió de hombros.

―Te dije que pediría que un oficial me acompañara.

―Jefa, hemos encontrado algo ―dijo Esposito con una carpeta ancha en las manos.

―Rick encontró algo ―rectificó Ryan haciendo que Esposito dibujara una mueca en su cara―. ¿Qué? Es verdad, redujo los casos a revisar gracias a una teoría certera y encontró esto.

Ryan cogió una de las carpetas que sujetaba Esposito, bajo las protestas de éste, y se la extendió a ella.

Antes de centrarse en el documento Kate miró a Rick. El escritor tenía la cabeza agachada y las manos en los bolsillos del pantalón. La camisa estaba desabrochada en los primeros botones y su pelo no guardaba ningún tipo de orden.

Se veía adorable.

"Concéntrate Kate", se auto impuso poniendo los ojos en Ryan.

― ¿Qué es esto? ―Kate abrió la carpeta.

―El caso que buscábamos ―contestó Ryan.

Los agentes cercanos se acercaron a ellos al escuchar esa afirmación. Rick se tensó como un gato intimidado por la presencia de los policías.

―Sucedió hace seis años ―continuó Ryan―, antes de que Reid entrara al equipo, por eso él no fue secuestrado. Los detectives investigaron un caso de drogas, secuestros y homicidios que los llevó a un testigo. El testigo presenció el asesinato de doce personas a manos del jefe de una banda. Gracias a lo que contó pudieron detener a la banda entera, pero nunca dijeron su nombre ni lo llevaron a protección de testigos. Solo los detectives del caso sabían su identidad.

―Y adivina cómo transportaban las victimas secuestradas ―dijo Esposito pasando un par de páginas de la carpeta que ella sostenía. Luego señaló unas fotos.

Kate abrió la boca al reconocer lo que veía.

― ¿En furgonetas negras sin matriculas? ―preguntó Kate―. Pero necesitamos algo más que esto para estar seguros.

En ese momento la voz de Rick se escuchó por debajo de lo normal.

―Los puntos de ambos secuestros coinciden con los lugares que la banda utilizaba para delinquir ―él señaló los lugares escritos en una de las hojas del informe.

―Entonces si son ellos, ¿por qué ir a por los detectives? ―Kate miró la página del informe mientras hablaba―. No tiene sentido. A no ser que...

―Quieren saber quién es el testigo ―dijeron Kate y Rick a la vez y ella no pudo evitar sonreír embobada cuando él arqueó los labios hacia arriba, feliz de haber hecho algo bien.

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― ¿De verdad no quieres que te lleve a casa? ―preguntó por quinta vez Kate.

Sentado en la silla de ella, Rick negó con la cabeza completamente seguro de su decisión. Desde que Kate había llegado, y tras explicarle lo que había encontrado, todos los detectives se pusieron a indagar sobre los edificios de la banda. El tiempo jugaba en su contra y él pensaba que era mejor quedarse y ayudar.

―Son casi las doce de la noche Rick, no podré llevarte a casa si no nos vamos ahora ―volvió a intentar la detective―. O puedo pedirte un taxi.

Rick siguió mirando la pantalla del ordenador, tenía un programa de la policía que le mostraba los archivos de casos relacionados con la banda.

―Rick...

―No voy a irme ―la interrumpió con seguridad, algo que raras veces tenía sintiéndose observado por los policías de alrededor.

― ¿Estás seguro?

Rick levantó la cabeza y giró su cuerpo para ver a la detective. Ella lo miraba con los ojos brillantes, llenos de preocupación.

―Sé que no soy un policía, pero quiero y necesito estar aquí ―aseguró―. Ese equipo me trató bien y son buenos detectives. Así que me quedaré aquí ayudando en lo que pueda hasta que ellos vuelvan.

Por unos segundos la planta se quedó casi en silencio, incluso la conversación que Ryan y Esposito estaban teniendo se detuvo.

Kate se mordió el labio, como si estuviera conteniendo decir algo. Luego cerró los ojos, soltó un gran suspiro y asintió.

Dos segundos después, un policía entró a la sala gritando que habían localizado las furgonetas. Y no volvió a ver a Kate en el resto de la noche.

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Kate se abrochó el chaleco antibalas centrada en la redada que estaba a punto de hacer. El almacén dónde se encontraban las dos furgonetas quedaba a unos metros de allí. Tenían un equipo especial alrededor de la zona y ella estaba concentrada. O eso intentaba.

―Ese Rick te importa ―dijo Esposito a su espalda.

Ella se giró con la boca abierta.

― ¿Qué? ―logro decir con la voz más aguda de lo requerido.

Esposito y Ryan se miraron entre ellos antes de volver su vista a ella.

―Se nota mucho jefa ―habló Ryan con cuidado―. Estás diferente.

― ¿Diferente? ―Esposito hizo una mueca―. Es una manera bonita de decirlo. Antes de que él llegara nunca ―hizo énfasis en esa palabra―, nunca habrías aceptado llevar un compañero contigo durante todo el día. Eres como una loba solitaria en el trabajo. Solo toleras tener compañeros cuando hay un peligro evidente o el capitán te obliga y confiesa, ni siquiera a él le haces caso.

Kate recordó la cara de Roy cuando ella le exigió un oficial que la acompañara durante todo el día. El pobre pasó de la sorpresa a elegirle rápidamente un candidato en menos de diez segundos, por si ella cambiaba de opinión. Se podía decir que él estaba contento con la petición, tanto que no preguntó.

―Desde que Rogers está en comisaria vistes diferente ―siguió Ryan―. Son una serie de cambios bastante notorios.

Una especie de sudor frío recorrió la nuca de ella. Genial, y ella que pretendía ocultar lo que sentía... Pero aún podía fingir normalidad. Quizás así se olvidarían.

―Es un gran hombre y tiene buenas teorías ―sí, podía desviar la conversación hacia el caso―. Si no fuera por eso no estaríamos aquí.

Esposito frunció el ceño y Ryan asintió.

―Reconoce que te importa ―instó el latino acercándose a ella, pero Kate se giró, y con un movimiento de indiferencia alzó los brazos para hacerse una coleta―. Solo nos preocupamos por ti. Nunca te habíamos visto así y si ese hombre te… ―carraspeó repentinamente tímido―. Si ese hombre te gusta nos gustaría saberlo.

―Prometemos tratarlo de forma diferente a partir de ahora ―aseguró Ryan.

―Sí, haremos el esfuerzo.

Ryan dio un codazo al hispano.

Kate miró a sus compañeros con la mandíbula apretada. Para ella eran algo más que los detectives con los que trabajaba diariamente, para ella, alguien que había perdido el significado de la palabra familia, ellos eran como sus hermanos. Dos hermanos que la observaban esperando que confesara.

―Rick me importa como un civil más ―mintió―. Pero os prometo que si algún día siento algo serio por alguien os lo diré.

Lo dijo seria, sin retirar la mirada de los ojos de Esposito. Y cuando él suspiró con un asentimiento, ella cogió el aire que no sabía que había perdido.

Se sentía horrible por mentirles, pero necesitaba espacio, guardar lo que sentía para ella misma un tiempo antes de hablar con nadie. Mantenerlo en secreto. Aunque al parecer era demasiado notorio para la gente de su alrededor.

―La zona ya está asegurada ―dijo un miembro del equipo especial.

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― ¡Los tres están bien! ―gritó un detective y todos los que hacían corrillo cerca de la mesa donde seguían la operación de rescate, se pusieron a aplaudir o gritar―. Están heridos pero se recuperarán.

El oficial que estaba al lado de Rick lo abrazó y fue tan repentino, que el escritor se tensó. Otro oficial le dio unas palmaditas en la espalda y diversos policías imitaron el gesto, como si fuera un miembro más. Como si no lo odiaran.

Incluso tenían sonrisas en sus caras.

―Rick, ven a mi despacho ―pidió Montgomery más animado de lo normal.

El escritor se dejó llevar por su amigo que, literalmente, lo cogió de los hombros y lo empujó hasta su despacho. Por el camino los policías asentían con miradas similares a una aceptación que él no entendía, de hecho se sentía como un niño pequeño frente a una nueva escuela.

En cuanto se vio dentro del despacho y la puerta se cerró, se sentó en una de las sillas mientras Roy empezó a hablar del caso y de cómo los detectives secuestrados estaban bien al final.

― ¿Te sorprende que los policías te toleren de golpe?

Rick, que estaba mirando por cristales de las persianas levantadas el resto de la planta de homicidios, parpadeó antes de negar con la cabeza.

―No, claro que… ―de repente abrió mucho la boca―. ¿Me toleran?

―Has estado aquí en todo momento, ayudaste en lo que pudiste y tu corazonada nos llevó a encontrar el caso relacionado con la banda ―dijo como si fuera obvio, pero Rick no lo veía así―. Es normal que te traten así Rick ―le sonrió Roy mientras se sentaba frente al escritorio―. Los policías tenemos algo así como un código de compañerismo que tú has cumplido sin necesidad de serlo. Ahora la mayoría te respetan.

―Vaya…

―Sé que desde que llegaste has tenido que soportar el desprecio de muchos, pero parece que a partir de ahora se aligerará el ambiente.

"Ojalá" pensó Rick.

―También me han dicho que convenciste a Kate para que la acompañara un oficial ―el tono del hombre se volvió serio y paternal―. Te lo agradezco.

―Solo se lo pedí.

―Pues puedes pedirle que empiece a coger los días de vacaciones que le corresponden ―bromeó―. Hablando de eso, le daré a Kate y su equipo unos días libres para que descansen―. Roy adquirió un tono protector―. Kate recibió un disparo en su chaleco antibalas mientras rescataban a los detectives.

Rick se levantó de golpe de la silla.

― ¡¿Qué?!

―Está bien. Solo tiene unas costillas magulladas que crean molestias para respirar y andar. Unos paramédicos la atendieron en el lugar, aunque he de decir que ella continuó trabajando ―hizo una mueca―, ni siquiera quiso ir al hospital. Es cabezota, ya lo sabes, y odia los hospitales.

Bueno, eso último Rick no lo sabía porque abrió mucho más la boca.

―Ahora mismo está viniendo de camino con Ryan y Esposito ―continuó Roy.

Con un nudo en la garganta, Rick permaneció callado mientras su amigo seguía explicando el estado de la detective y la recomendación de mantener reposo durante unos días. Al parecer, los paramédicos le recomendaron coger la baja y no estar sola, por si acaso había complicaciones.

La angustia de Rick fue tal, que cuando minutos más tarde Kate entró al despacho con una mano enguantada en las costillas y otra en el lateral, no le importó que Roy estuviera allí o que Ryan y Esposito anduvieran a dos pasos de su jefa. El escritor se acercó, tocó ambas mejillas de ella ―que se tornaron rojas a los pocos segundos―, y dijo:

―Yo te cuidaré.

Y las mejillas de Kate ardieron bajo su tacto.

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¿He dicho ya que esta historia va a fuego lento? Lo vuelvo a recordar. Por cierto, siento el retraso, estoy muy liada con el trabajo y apenas tengo tiempo para nada.

PD/ No lo he corregido porque no he podido hacerlo y creo que no podré hasta después de semana santa, pero subo para no hacer esperar más.