Konnichiwa! WOW! muchas gràcias a todas las personas que dejaron review :') pedi muchos y me dieron muchos:D Bueno, espero que este capitulo le guste a la gente. Se que me estoy iendo de la historia pero prometo que en el pròximo ya habrà GerIta, pero es quele tengo mucho apreció a Feliks i sentía que él fue uno de los que sufrió más en la segunda guerra mundial (como Polonia quiero decir.. ) bueno, en fin, espero que os guste :)


Capítulo 14:

POV: Feliks

Aquellas frías noches en que finalmente, después de un día agotador, me podía estirar en aquella estrecha cama que tenía que compartir con dos personas más no podía evitar pensar en los días que pasaba en Cracovia, una ciudad que a pesar de estar cerca de aquel campo parecía tan lejana.

Cuando vivía en aquel modesto piso con mi pareja, con mi novio lituano. Toris era la persona que mas quería en el mundo, la persona mas amable, simpática y cariñosa que nunca había conocido.

Se había mudado conmigo des de Kaunas hasta Cracovia para poder estar juntos. ¿Había algo más romántico que esto? Cuando la guerra empezó y Alemania nos invadió, él no volvió a su país, se quedó conmigo viendo como a mi no me dejarían marchar.

Hasta que los nazis llegaron podíamos incluso ir cogidos de la mano por la calle, y a pesar de las miradas reprobatorias de algunas personas, nadie se quejaba. Yo no podía ver nada extraño a pesar de la guerra, hasta que un día vi como hacían bajar a un judío de la acera y le hicieron caminar por la calzada. Lo que yo no sabía era que mi Toris era judío, pero pronto lo supe. No me importo hacerle lado, el día en que entraron los alemanes en nuestra casa diciendo que nos teníamos que alojar en el Ghetto. Me separaron de él pero les rogué que me dejasen ir con el, alegando que era un hijo bastardo de mi madre y que era, en parte, mi hermano. Me insultaron, me tacharon de traidor del país y me enviaron al ghetto junto a él.

El piso, mucho más pequeño que el otro nuestro era frío y viejo, como todos los pisos del barrio. Oía la gente hablar yidis y yo era incapaz de entenderlo así que la mayoría me conocían como el único no judío allí dentro, utilizándome muchas veces para entrar comida o otros bienes de fuera del ghetto, utilizando mi documentación real, mi documentación "aria". Pero cuando me ponía el brazalete con la estrella de David, era cuando me igualaba a la situación con mi novio y cuando me sentía mejor.

Muchos de los judíos del ghetto los habían llevado al campo de Plaszow, el campo de concentración de Cracovia, a otros los habían enviado más lejos. Toris y yo nos habíamos ido salvando de las redadas hasta el día "final", el día de la matanza del ghetto. No tuvimos tiempo ni lugar para escondernos, nos llevaron a la calle y allí nos pusieron a una fila. Vi que me observaban mucho, pero no le di importancia hasta que uno de los policías del ghetto junto con un SS se acercó a mi y me pidió los papeles. Con miedo saqué mis papeles reales y se los di. Los examinaron e incluso se los llevaron a otro oficial, quien mas tarde supe que se llamaba Amon Goeth, el comandante del campo de Plazow. Este me examinó y me echó fuera de las filas, y me aventó un golpe en la cara, haciendo que me sangrara la nariz. "Por estúpido.", recuerdo que masculló. Me dijo que podía volver a la ciudad a pesar de haberme hecho pasar por judío.

Mire a Toris con miedo y preocupación, él me pedía con los ojos que me fuera y que le dejara pero yo no me vi capaz de hacerlo. Sabía que no podría vivir solo, no sin Toris a mi lado.

Negué con la cabeza y me volví a poner en las filas pero el comandante me volvió a aventar otro golpe y me gritó que me fuese, haciendo que dos de sus oficiales me vinieran a agarrar. Llegué hasta a Toris forcejando, y sabiendo que seguramente aquella era la última vez que le iba a ver le planté un beso en los labios delante de todos. Un fuerte golpe en ambos estómagos nos separó y el comandante empezó a gritar en alemán.

Sabía que besar a Toris había sido algo que había molestado al capitán, pero no me importaba, al menos no hasta el momento en que hicieron arrodillar al Lituano de espaldas a uno de los oficiales y delante de mi y el mismo oficial le apuntó su pistola en la cabeza. Quise bajar la cabeza pero uno de los oficiales que me agarraba me mantuvo agarrado por el pelo para que mirara lo que le iba a suceder a mi novio por mi culpa.

Susurré lo siento en lituano, solo para que él lo entendiese y antes de que el oficial disparase él me sonrió y vi que sus labios se movían diciendo "Te amo". Cuando le hubieron disparado no pude evitar gritar de frustración y dolor al ver como la sangre salía de su cabeza. Les grité de todo en polaco, y a pesar de que alguno me entendió dejaron que "aquella pobre maricona" se desahogara.

Me llevaron hasta otro tren, dónde pase a penas un día hasta llegar a Auschwitz. Tan solo llegar allí, los de mi vagón los apartaron del resto gritando algo en alemán, una palabra que me sonaba desconocida, pero más tarde supe que nos estaba llamando maricones. Nos llevaron hasta alguna parte del campo, un pequeño patio y nos hicieron desnudar. Una vez todos estuvimos como dios nos trajo al mundo empezaron a inspeccionar nuestros cuerpos. Los SS murmuraban cosas entre si, con unas sonrisas asquerosas plasmadas en sus labios.

Intenté no sobresaltar entre los otros, haciendo el menor ruido posible y sin moverme pero me estaba congelando, ya que estábamos en octubre, y en Polonia ya hacía frío. Mis dientes castañeteaban y todo el cuerpo me temblaba.

-¡Tú, el rubio de cabellos largos!- alcé la vista involuntariamente ante el grito pero hice bien, ya que el gritó iba dirigido a mi. Con miedo di un paso al frente y uno de los SS me cogió del brazo y me llevó hasta delante de los otros. Todos sonrieron con lujuria. - Vaya, vaya, no esta mal ¿eh? Parece un chica. -todos asintieron con la cabeza. En otros tiempos me habría sentido alagado de oír algo así, pero en aquel momento solo podía pensar en el frío que hacía. Uno de ellos se acercó a mi y me rodeó la cintura con uno de sus brazos, suficientemente fuerte como para dejarme marca.

-Dime. ¿tienes frío niñita?- los otros oficiales rieron ante el apodo que me había adjudicado. Yo sentí con la cabeza, sin despegar la vista del suelo. - Vaya, tranquila, enseguida se te va a pasar.- no pude evitar sonreír en pensar en calor, pero después entendí que quería decir con ello. Sin dejarme vestir, me llevaron hasta uno de los edificios, no recuerdo cual, y me hicieron entrar en una habitación.

Yo sabía que aquella no era mi habitación, ni de lejos. A pesar de no ser muy lujosa, estaba bien, y tenía botellas y botellas de cerveza y Vodka encima de la mesa. Sin pensármelo dos veces, en cuanto vi las mantas bien puestas encima de la cama cogí una de ellas y me la eché por encima. En poco rato deje de tiritar y con una sonrisa satisfecho me senté en la cama.

La tranquilidad no duro mucho rato, ya que el oficial que me había escogido no tardó en entrar. Era alto, de unos treinta y largos o cuarenta y pocos años, blanco con los cabellos castaños. Nos e podía decir que era feo, que des de luego no lo era, pero con aquel uniforme a mi me daba asco. Me miro con una sonrisa y cogió una de las botellas de Vodka que tenía encima de la mesa y le dio un largo trago. Parte de la bebida le cayó por el mentón y el cuello. Fue entonces cuando me di cuenta de la sed que tenía.

Me mordí mis labios resecos y mire con sed las gotas de Vodka que caían por el cuello del SS. Él se percató de mi mirada y sonrió lascivamente. Se sentó a mi lado, con su botella aún en la mano. Creí que me la daría pero no lo hizo, simplemente subió su cabeza mostrándome su mojado cuello, por el que aún caían algunas gotas. Entendí que quería que hiciese y a pesar de que mi dignidad y el amor que aún sentía por Toris me decían que no lo hiciese la sed acabó ganando. Acerqué mi boca a su cuello y con la lengua lamí las gotas de Vodka. El SS río y dio un tragó más a la botella de Vodka.

-Así que también tienes sed.- yo asentí otra vez. Él me sonrió y me acercó la botella a los labios. Abrí la boca deseoso de poder beber algo aunque fuera aquella asquerosa bebida alcohólica que quemaba mi garganta. Tan pronto me tocó los labios él la apartó y le dio un trago, pero no se lo tragó. Me sonrió, con el Vodka dentro de su boca y entendí que quería que yo lo tomase de allí. Negué con la cabeza levemente, sintiendo arcadas a la idea de besarle pero él me cogió de la nuca y me acercó a él. Al ver un poco de bebida caer por la comisura de sus labios no pude reprimirme más y junté nuestros labios. Inmediatamente él abrió los suyos y parte de la bebida pasó a mi boca, la cual no dude en beberme, a pesar de estar sintiendo un asco repugnante.

Parte del Vodka había caído por los lados de nuestras bocas y nos empapaba la ropa o la manta. No me dejó separarme del beso, lejos de eso, me apretó más contra él y aprovechando que yo tenía mis manos envueltas con la manta empezó a tocarme por debajo de esta.

Aquella noche si no fue la peor se acercó bastante. Con los ojos cerrados soporté las manos de aquel nazi encima de mi cuerpo, mientras rezaba para encontrarme pronto con mi lituano y poder salir de aquel infierno que justo acababa de empezar.

Cuatro o cinco meses mas tarde, aún sobrevivía. Mi cuerpo ya no era deseado por ninguno de los oficiales, gracias a dios, ya que había adelgazado hasta parecer un cadáver y la piel se me había llenado de manchas azules por cada golpe que me daba. ¿Merecía la pena vivir? Me preguntaba esto, cuando aquel chico italiano me salvó de lo que habría sido mi muerte. Una sonrisa, una sonrisa que te hace creer que a pesar de estar en las peores condiciones aún hay gente con humanidad.

Un mes más tarde de aquello, los oficiales me volvieron a llamar en una de sus fiestas. Estaba tan cansado de haber trabajado que veía borroso y a penas me podía mantener derecho. Mientras se reían de mi me daban Vodka y otras bebidas, las cuales yo no tenía más remedio que tomar. Me emborracharon pero aquellas últimas escenas se me quedaron grabadas. Uno de los oficiales, rubio de ojos azules me miraba con preocupación todo el rato, era uno de los únicos que no gritaba y no se reía de mi.

Con los ojos le busqué y le pedí ayuda ya que los otros me habían empezado a desnudar y a empujar. No tuve fuerzas para aguantarme más y me caí al suelo, sintiendo todo el mundo rodar a mi alrededor. Casi no podía ver, pero si podía sentir. Sentía cada patada, cada golpe que me daban aquellos malditos alemanes. Cerré los ojos, dejando caer las lágrimas de miedo y de tristeza que se habían acumulado hasta que sentí que los golpes cada vez dolían menos.

Abrí los ojos de nuevo. Ellos aún estaban allí, riendo, gritando y gateando mi cuerpo, pero aún así, los sentía distantes. Después de aquello todo se volvió negro y no pude evitar sonreír. La espera había sido larga, pero por fin podría volver a ver a Toris.


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Sayonaraa