LA RECONSTRUCCIÓN
El OMNIPRESENTE Disclaimer: El presente trabajo se basa en caracteres creados originalmente por J. K. Rowling, quien ha cedido algunos derechos a ciertas personas/empresas entre las que afortunada o desafortunadamente no me encuentro. No recibo ningún beneficio económico por trabajar en esto. Pero puedes recompensarme con un comentario (review).
NOTA IMPORTANTE: Sergei Tolshenko, Jasón Milos, Yishí Pemo y Jill Matthews así como los términos y las circunstancias de esta trama que no aparezcan en los libros de J.K Rowling son de mi creación.
Acerca de la puntuación: Por favor avísenme si notan alguna cosa extraña.
Este capítulo está dedicado a todas las personas que me leen pero no se animan a dejar review.
En las prisas por publicar el capítulo anterior, se me olvido mencionar que tiene bonus: una conversación entre Jill y Snape, que pueden encontrar en http :// sirlaye. yolasite .com/ consnape .php
Lo que sucede en sueños aparece en negritas.
14 Serpientes y corazones.
Despertó lleno de frustración. Justo cuando había tomado la decisión de acercarse a Hermione en la fiesta, ella había desaparecido. Y no había podido entrar al lugar donde sabía que estaba: la biblioteca de Hogwarts. Quizá era mejor así. Al menos seguía siendo un completo imposible. En cambio, si le hubiera robado un beso en sueños, no habría descansado hasta lograrlo también en la realidad. Caminó perezosamente por la habitación, sin saber muy bien qué hacer. Miró la carta que había empezado a escribir con la intención de anunciarle a su madre que estaba comprometido con una bella y poderosa bruja extranjera. Torció la boca en un gesto de amargura, le apuntó con su varita y donde antes había un trozo de pergamino, ahora sólo quedaban finísimas cenizas. Grises. Como la carátula del que hasta entonces había sido su reloj favorito, que ahora yacía abandonado en algún lugar de su baúl. La comprensión de que su vida era un desastre, o mejor dicho, de que en realidad nunca había dejado de serlo lo había llevado a la conclusión de que tener un corazón y peor aún, hacerle caso, únicamente atraía más problemas. ¿Qué ganaba con hacerse ilusiones? Mejor resignarse de una buena vez a que terminaría casándose con alguna prima lejana, francesa, bonita, estirada y malcriada, tendrían un solo hijo, llamado Scorpius o algo por el estilo, y fingirían ser felices por siempre. Y todo por culpa de un imbécil apellidado Malfoy que seguramente por una metida de pata había terminado estableciéndose en Gran Bretaña. Si ese mago cobarde se hubiera quedado donde pertenecía, habría dos posibilidades: primera, que él, Draco Malfoy, hubiera nacido de todas formas, pero ahora estaría hablando francés, estudiando en Beauxbatons y lo más importante, sin enterarse nunca de la existencia de una maravillosa bruja llamada Hermione Granger; y segunda, que por el momento le parecía la más lisonjera: que su antes mencionado antepasado muriera sin descendencia. Total, para lo que había de bueno en esta vida. Entonces pensó en su padrino. No se le había ocurrido preguntarle qué tal eran las cosas "del otro lado".
El sonido de la puerta abriéndose lo sacó de sus oscuras cavilaciones.
- ¿Qué haces aquí, Theodore?-
- Buen día para ti también, Draco. Por si no lo habías notado en siete años, resulta que compartimos habitación.-
- No te hagas el gracioso, no estoy de humor, Nott.- siseó Draco, dándole la espalda y esperando oír pasos que se alejaban y la puerta cerrándose. Pero no sucedió.
- No creo que sea buena idea desquitar tus sentimientos de frustración y desesperanza conmigo.- dijo Theodore, al tiempo que miraba con interés la chimenea.
- Si no te parece buena idea, ¿por qué estás aquí todavía?-
- Le hago un favor a una amiga.- En cuanto escuchó esto, Draco sintió un deja-vú. Theodore siguió diciendo: - Jill quiere verte en "El Cubículo" después de comer.-
Después de pensarlo un momento, Draco asintió. Pero Theodore no salió de la habitación. Se sentó en su cama y empezó a silbar una melodía. La paciencia comenzaba a escasearle, así que con tono venenoso le espetó:
- Ya te dije que sí. ¿Por qué no te vas ahora?-
Theodore lo miró a los ojos y simplemente contestó:
- Porque ahora le hago un favor a un amigo.-
- ¿Zabini te pidió que vinieras a medir lo que me quedaba de paciencia? Créeme, estás a punto de agotarla.-
- No tiene nada que ver con Zabini. Ahora, te escucho.-
¿Qué rayos pretendía Theodore con esa actitud? Es decir, su relación podía considerarse cercana a la amistad, sobre todo después de la Guerra. No podía negar que Theodore era muy observador y perspicaz, lo que significaba que casi siempre se enteraba de cosas antes que los demás, aunque casi nunca se molestaba en hacerlas del conocimiento público…con que eso era. Así que de eso se trataba. Él sabía que algo no estaba bien. Y ahora venía, se le plantaba enfrente y de la nada quería escuchar su confesión. Como si Draco Malfoy necesitara desahogarse. Le lanzó una mirada asesina y luego le dio la espalda. Theodore dejó de silbar y con parsimonia se dirigió hacia la puerta. Tenía la mano sobre el picaporte, cuando escuchó la voz de Draco.
- Eres una plaga, Nott.-
- Todo depende del cristal con que se mira, Malfoy. Te sorprendería lo útiles que pueden ser las plagas.-
Y Theodore regresó a su cama. Pero ya no silbaba.
Estuvo un rato más en la biblioteca, analizando la forma en que la hoja había sido arrancada. Había llegado a la conclusión de se trataba de un acto premeditado, porque el corte era limpio, seguramente obra de un preciso hechizo seccionador. No podía saber que tan reciente era, podría haber sido horas o años atrás. El motivo para semejante acto de vandalismo parecía ser la valiosa información contenida en esas dos páginas. Hermione estaba segura de que describían el complicado método para capturar un Oniro. Y tenía la convicción de que alguien ya había usado esa información. O mejor dicho, que esa información había sido usada con éxito por lo menos dos veces. Estaba tomando notas de algunos pasajes importantes del libro, cuando escuchó a Luna detrás de ella.
- Hola Hermione, ¿me estabas buscando?-
- ¿Yo? Bueno, si quería hablar contigo, pero…-
- Es que anoche me llamaste, pero no pude entrar en la biblioteca. Por cierto que Draco también lo intentó. Se fue muy enojado. ¿Por qué sellaste temporalmente la biblioteca si querías vernos?-
- A Draco no quería verlo...- dijo Hermione sin mucha convicción. Así que había ido a buscarla. Una inesperada sensación de satisfacción se apoderó de ella durante un instante. Luego apareció la culpa.
Luna, notando la incomodidad de su amiga, se sentó a su lado y cambio de tema.
- Lo importante es que ya estoy aquí. ¿De qué querías hablarme?-
Hermione sintió que su decisión de hablar con Luna acerca de su problema con ciertos ojos grises había sido algo precipitada. Pero ya que la oportunidad se presentaba así, pensó que sería tonto desaprovecharla. Así que cerró el libro y tomando a Luna del brazo, salieron de la biblioteca. Necesitaba cambiar de ambiente.
- ¿Y bien? ¿Cuál es tu problema Malfoy?-
- Si te atreves a burlarte de mí, cuando salgas de esta habitación ni tu padre podrá reconocerte, ¿quedó claro?- Draco le apuntó con la varita, mientras sus ojos irradiaban peligro.
- No hace falta que me amenaces. De todas formas, dudo que tu problema sea motivo de burla. ¿Tiene algo que ver con Jill?- Theodore había tomado una postura más cómoda, panza arriba sobre la cama con los brazos cruzados bajo la cabeza, y observaba el techo como si fuera extremadamente interesante.
- En realidad, Jill no tiene mucho que ver.- el tono de Malfoy era más bajo e inseguro. Aún no tenía idea de por qué había aceptado hablar del asunto con Theodore.
- ¿Entonces, por qué de repente ya no son tan amigos? Me parece que ustedes dos tenían algo entre manos. No creas que no me di cuenta de lo que pasó ese domingo en el campo de quidditch.- el tono de Nott era casual, aunque no pudo evitar una sonrisita en la última frase.
- Pensé que estabas concentrado jugando ajedrez con Zabini.-
- Y yo pensé que Jill y tú estaban jugando a las carreras. En fin, si el problema no es Jill, entonces ¿quién es?-
- Yo. Yo soy el problema. O mejor dicho mi estúpido corazón.- dijo Draco, tratando de no mostrar demasiada desesperación.
- ¿Tú? Debo decir que me alegra que lo reconozcas, pero tengo la sensación de que si se trata específicamente de tu corazón seguro hay alguien más implicado.-
- Y antes de decírtelo te recuerdo que no tolerare ni media palabra de mofa al respecto, ¿de acuerdo?-
- Definitivamente debe ser alguien muy interesante. Tanta precaución me hace pensar que te enamoraste del Calamar Gigante.- dijo Theodore, con un tono perfectamente serio.
- Ni siquiera te he dicho y ya estas fastidiando.-dijo Draco.
- Entonces dilo de una vez.-
- Hermione Granger.- dijo Draco, que esperaba una estruendosa carcajada o por lo menos una risa ácida de parte de su compañero. Pero en lugar de eso, escuchó una frase, dicha con tono pensativo:
- Al fin te diste cuenta.-
- ¿De qué estás hablando?-
- No había que ser muy observador para notar la constante atención que le dedicabas. Habiendo tanta gente para molestar en este colegio, tu constante acoso era más que sospechoso. ¿Y qué piensas hacer ahora que por fin aceptaste que sientes algo por ella? –
- Pienso terminar el año, irme a Francia, casarme con una de mis primas y tratar de olvidarla.- respondió Draco con tono cansado.
- En serio Draco, estás exagerando. Enamorarte de Hermione Granger no es el fin del mundo. No está casada, ni siquiera comprometida y según sé no piensa mudarse a China mañana.-
- Es novia de ese pelirrojo insoportable.-
- ¿Y? Permíteme informarte que todo Hogwarts, exceptuándote, sabe que lo suyo no va a durar mucho más. Yo aposté cinco galeones a que no pasan de este mes. Claro que los más conservadores les dan hasta Navidad.-
- El hecho de que termine con él no significa nada. Sencillamente no tengo oportunidad.-
- Si no tienes oportunidades, créalas. Tan sencillo como eso.-
- Sí, claro. Para ti es fácil decirlo porque nunca te has enamorado.- dijo Draco, con un tono ciertamente envidioso.
- ¿Eso crees? Tendrás que perdonarme, pero nuevamente debo quitar la venda de tus ojos. Y ya que estamos en plan de confidencias, creo que no está fuera de lugar informarte que tengo una hermosa novia con la que soy muy feliz.-
- ¿Y cómo es que nunca la he visto?- La incredulidad de Draco impregnaba cada una de las sílabas.
- Claro que la has visto. Sólo que no andamos por ahí como dos tórtolos. Al menos no durante el día.- replicó Theodore con tono misterioso.
- ¿Quién es?- Draco intentaba ocultar su sorpresa. Theodore "el impasible", enamorado. Le parecía algo poco menos que increíble.
- Luna Lovegood.- Theodore sonrió, como saboreando por adelantado la reacción de Draco.
- ¿QUIÉN? Pero, ¿cómo?, es decir, ¿desde cuándo?- Ahora sí no podía evitar mostrar sorpresa.- ¿No se supone que anda con Jasón Milos?-
- Jasón y Luna son amigos, así como Jill y yo.- dijo Nott, con tono de quien explica algo tremendamente obvio. Luego, al notar la expresión de perplejidad de Draco, continuó- Te contaría la historia completa, pero no quiero abusar de tu precioso tiempo.- Y al decir esto, hizo ademán de levantarse de la cama. Pero Draco lo detuvo con un gesto.
- Es domingo, Nott. No tengo nada mejor que hacer. Así que tendré que escucharte.- dijo, encubriendo la curiosidad con el tono de "Te concedo el favor de mi atención".
- Si eso quieres…pero más te vale no contárselo a nadie más.- dijo Nott, como si súbitamente se hubiera percatado de que estaba hablando de amor con Draco Malfoy.
- ¿Acaso temes que arruine tu reputación de "Hombre de Hielo"?- Ahora era Draco quien se divertía un poco a su costa.
- No, sencillamente tengo razones para conservar esto en privado por ahora, de la misma forma que tu deseas que nadie más se entere de tu debilidad por Hermione Granger. ¿Estás de acuerdo?-
- Está bien. De todas formas, no se me ocurre quien podría estar interesado en conocer tu vida.- dijo Draco, poniéndose cómodo en la cama. Ahora le tocaba a él escuchar. Así que Theodore comenzó su relato.
- La primera vez que la vi, fue en Segundo Año. Vagabundeaba a solas por el Castillo, observando, como siempre. Y entonces noté que ella también estaba sola. Sentada en una jardinera. Me causo curiosidad, pero no tanta como para acercarme. Seguí mi camino y ya. Luego me enteré de que tenía fama de "excéntrica", lo que explicaba su soledad y me dio una excusa para no tratar de conocerla. Me contentaba con observarla. Y así llegó Tercer Año. Durante ese verano había descubierto una habilidad bastante interesante: que podía controlar mis sueños. Decidí que una buena forma de emplear las horas de sueño era estudiar, así que pasaba las noches en la biblioteca. Supongo que ahora entiendes como es que mis notas comenzaron a subir. En fin, una noche me aburrí de estar entre libros y salí a los jardines. Debo decir que normalmente hay alumnos en los jardines, pero no son conscientes de estar soñando. Entonces la vi. Estaba sentada junto al Lago, con la vista perdida en el infinito, sola incluso en sueños. La verdad me dio lástima su situación. Una cosa es estar solo por elección, como yo, y otra que nadie se quiera acercar a ti porque eres diferente. Por supuesto, racionalice la situación y me auto-justifiqué pensando que podía ser un buen experimento tratar de hablar con alguien en un sueño. Así que me acerqué.-
RECUERDO DE THEODORE.
- Hola.- La saludé y me senté junto a ella, que me miró con asombro.
- Hola. ¿tú también estudias aquí en Hogwarts, verdad?- Debo decir que la pregunta me tomó por sorpresa.
- Así es, me llamo Theodore Nott y soy de Slytherin.- "¡Qué hermosos ojos azules!" pensé.
- Mucho gusto, Theodore, yo soy Luna Lovegood, de Ravenclaw.- Por alguna razón, mi nombre sonaba muy bien pronunciado por ella. Me tendió la mano y la estreché. Su tacto me pareció suave y… placentero. Ella sonreía.
- ¿Qué haces aquí tan sola?- Luego pensé que esa pregunta no era precisamente la mejor.
- Estoy esperando a mis amigos.- Debo decir que esa respuesta me sorprendió bastante.
- ¿Ellos no estudian aquí en Hogwarts?-
- No. Vienen de lejos. Siempre los espero aquí, aunque no vienen todas las noches. Tienen otras cosas que hacer.-
Yo supuse que esos amigos se los había inventado. Cambie de tema y seguimos conversando toda la noche. La noche más corta de mi vida.
Me encontré con ella a la noche siguiente. Ni rastro de sus amigos. Lo mismo la siguiente. Pero a la cuarta noche, ocurrió algo que definitivamente me impresionó.
Luna estaba en el lugar de siempre. Pero ahora charlaba animadamente con cuatro perfectos desconocidos: dos chicos y dos chicas. Me acerqué y Luna me los presentó: Jasón Milos, Jill Matthews, Sergei Tolshenko y Yishí Pemo.
FIN DEL RECUERDO.
- ¿Entonces los conocías desde Tercer Año? – Draco no podía dar crédito a lo que acababa de escuchar.
- Sí. Me ofrecieron formar parte de su club de onironautas, pero preferí declinar la invitación. Al final del Tercer Año ocurrió algo. Nunca supe cómo o por qué, pero al parecer Dumbledore y Remus Lupin descubrieron que un grupo de gente ajena a Hogwarts había logrado introducirse en el Castillo… en sueños. Después Luna me contó que Dumbledore se había mostrado muy interesado en la Onironaútica. Debo decir que ella había estado practicando y ahora soñaba con lugares diferentes de Hogwarts, así que ya casi no la veía. Luego, en Cuarto Año, con el Torneo de los Tres Magos, había demasiada gente en el Castillo para mi gusto, incluso durante la noche, así que preferí regresar a mi refugio en la biblioteca. Como sabes, al final de ese año, el Señor Tenebroso recuperó su poder. No volví a ver a Luna en sueños. Pero no podía evitar sentir celos de sus nuevos amigos, la maravillosa pandilla de Gryffindor.-
Theodore hizo una pausa, como tratando de ordenar sus pensamientos y recuerdos.
- En Quinto Año me enfade de verdad con el estúpido de Potter por haberla llevado al Ministerio. De por sí estaba en peligro por culpa de esa entrevista que su padre publicó, pero estar cerca de "El Elegido" la convertía en blanco preferente. Y yo no podía hacer nada.-
- Nunca hubiera creído que te sintieras así.- dijo Draco, recordando la perfecta serenidad que Theodore aparentaba todo el tiempo, incluso cuando supo que su padre había sido herido y capturado en el Ministerio.
- Después vino Sexto Año. Casi no pensaba en ella, ya te imaginaras que tenía otras cosas más importantes en que ocuparme. Para cuando llegó Séptimo, comenzaba a pensar que todos esos sueños con ella habían sido sólo un extraño delirio. Pero todo cambió cuando supe que la habían tomado como rehén y que estaba…prisionera. Fueron las peores vacaciones invernales de mi vida. Todas las noches tenía pesadillas. La veía en una reducida celda. Todo estaba oscuro, pero ella despedía una suave luz. Intentaba despertarla, quería sacarla de ahí, pero no podía. Como si estuviera muerta. Entonces, escuchaba una voz hueca que decía: "No puedes hacer nada, porque TÚ estás muerto" Y despertaba sudando frío.-
Draco intentaba no recordar sus propias pesadillas. Luego de un momento, Theodore continuó:
- Luego supe que había escapado. Y por primera vez agradecí la existencia de Harry Potter. Sabía que yo era un caso perdido, pero Luna todavía tenía esperanza. Sobreviviría a la guerra y eso era suficiente para mí. Hasta la noche de la Última Batalla.-
RECUERDO DE THEODORE.
Sentía la oscuridad. Rodeándome, consumiéndome. Íbamos a pelear contra nuestros propios compañeros, en el sitio que había sido nuestro segundo hogar (o en mi caso, el primero). Intentaba no pensar, sólo obedecía órdenes. En mi interior sólo había un ominoso vacío. Si vivía o moría, realmente ya no me importaba. Y entonces, entre la terrible confusión de la lucha, la vi. Fue como volver a respirar después de un largo tiempo, o como ver la luz luego de un largo periodo de oscuridad. Estaba ahí. Y en ese instante decidí que mientras yo estuviera cerca, nadie podría dañarla. Así que la seguí, la protegí, la defendí todo lo sigilosamente que pude. No fue tarea fácil, mantenerme a unos pasos de ella sin que fuera obvio que la estaba protegiendo. Luego de lo que me pareció una eternidad vino la orden de retirada. Y mientras estábamos en el bosque, esperando, intenté no preguntarme por qué había defendido a Luna Lovegood con todas mis fuerzas.
Vino Potter, se hizo el muerto, entramos en el Castillo con aire de triunfo. Yo iba pensando en la forma de acercarme a Luna para decirle que si se quedaba conmigo no le pasaría nada. Nunca supe cómo pasó, de repente Potter había desaparecido, Nagini estaba muerta, había centauros por todas partes y los elfos domésticos corrían a luchar. Busqué a Luna por todos lados y mi corazón se detuvo cuando la encontré…luchando contra Bellatrix Lestrange. No sabía qué hacer, y entonces aquella señora pelirroja se abalanzó hacia delante, gritando improperios. Vi que Luna se apartaba. Y me sentí profundamente aliviado. Cuando Bellatrix cayó, supe que el final se acercaba. Luego apareció Potter, vivito y coleando. Y después de un precioso monologo heroico, todo terminó. El Señor Tenebroso estaba muerto. Y Luna estaba viva. Me senté, sintiendo que en cualquier momento caería desmayado. La gente alrededor reía y lloraba, pero yo solo veía a una persona, quien en toda la noche no se había percatado de mi presencia. Después de un rato, vi que Potter se sentaba junto a ella. Y luego de un momento, la oír gritar: "¡Ooooh, miren, un Blibber maravillloso!" No pude evitar sonreír. Potter aprovechó para desaparecer, mientras Luna se acercaba... a mí.
- Tienes una facha terrible. Cualquiera diría que no has comido en días. ¡Vamos a las cocinas!- Y antes de que pudiera responderle, me tomó de la mano.
Cuando llegamos a las cocinas, sólo había una elfina ahí. Me pareció familiar. En cuanto la pobre me vio, comenzó a gritar con voz chillona:
- ¡Joven Nott! ¡Usted aquí! ¿Se siente mal? ¿Qué puede hacer Winky por usted?- Fue entonces que la recordé.
Se trataba de la elfina de mi tío, Bartemius Crouch. Le pedí algo de comer y ella realmente se esmeró. Pero lo que realmente me hizo sentir bien fue la presencia de Luna, que me miraba como quien mira comer al cachorro desamparado que acaba de recoger en la calle. Lo raro es que no me sentí ofendido. Cuando terminé de comer, Winky recogió todo y desapareció sin decir nada. Me levanté de la mesa, sin saber muy bien que hacer o que decir.
- Gracias, Luna.-
- No, gracias a ti Theodore.-
- No tienes porque darme las gracias.- contesté, francamente desorientado.
- Claro que sí, estuviste toda la noche corriendo detrás de mí, defendiéndome. ¿Crees que no me di cuenta? Estabas tan cerca…- Estaba parada a mi lado. Tan cerca. Y yo la necesitaba más cerca. Más. Necesitaba tocarla. Cuando me di cuenta, mi mano ya estaba en su mejilla y lo único que mi cerebro registraba era la sensación de su piel bajo mis dedos. Y entonces la realidad me golpeó. Ella era una heroína y yo… yo no la merecía. Así que me alejé bruscamente. Escuché su voz a mis espaldas, llamándome.
- Theodore, ¿por qué me dejas?- Tuve que hacer un esfuerzo para responderle.
- Porque no quiero hacerte daño. Soy un proscripto, Luna. Con suerte terminaré en Azkaban.-
- Me estás haciendo daño ahora.- Se acercó. Quise alejarme, pero mis piernas no respondieron.
Sus labios se acercaron a los míos. Intenté resistirme, separarme. Pero no pude. Su suave caricia me atrapó. Para siempre.
FIN DEL RECUERDO.
- Como sabes, testificó a mi favor y consiguió que sus amigos hicieran lo mismo. Gracias a ella no estoy en Azkaban. Mantenemos nuestra relación en secreto porque podría malinterpretarse. Sólo nos vemos en sueños. Como al principio.-
Hubo una pausa. Theodore se levantó y se dirigió a la puerta.
- Quizá lo que siento por Hermione es sólo un encaprichamiento, una obsesión.- dijo Draco, pensando en voz alta.
Después de todo, él no había corrido detrás de ella para defenderla durante una batalla campal, ni había soñado con ella antes.
Theodore lo miró. Una mueca incrédula se dibujaba en sus labios.
- Si pensar eso te hace sentir bien, repítelo hasta que te lo creas.- repuso, mirando a Draco con algo de sorna.
- No tengo tanta suerte como tú.-
- Ya te lo dije: si no tienes oportunidades, créalas. Si lo que te estorba es el pasado, enfréntalo cambiando el presente.-
Draco sólo asintió, pensativo. Theodore se acercó a la puerta y al girar el picaporte, se volvió hacia Draco.
- Si te preguntan, fue difícil convencerte de acudir a la cita con Jill, ¿eh?- Y sin esperar respuesta, salió de la habitación.
Para ser un domingo de noviembre el clima era bastante benigno. Así que se sentaron en una jardinera.
A Hermione le costó un poco de trabajo comenzar su relato. Pero conforme iba avanzando, sus ideas y sentimientos fueron fluyendo con más naturalidad. Luna no decía nada, sólo escuchaba. Y eso era precisamente lo que necesitaba. De repente, apareció Dennis Creevey. Luna y ella tuvieron que contener una exclamación de sorpresa. Estaban tan concentradas en su conversación que no lo habían visto llegar.
- Hola, Luna. Hola Hermione. Jill me pidió que te dijera que te espera en "El Cubículo" después de comer.-
Y sin decir nada más, regresó al interior del Castillo.
Hermione no pudo evitar pensar que era extraño. ¿Para qué querría Jill verla en un cubículo de la biblioteca?
Sintiéndose aliviada por su no-conversación con Luna., Hermione llegó al Gran Comedor cuando Harry y Ron ya habían terminado de comer. Según pudo deducir de su entrecortado intercambio de saludos, Jasón y Sergei los estaban esperando para continuar con las obras en las instalaciones deportivas. Ni siquiera le dio a Ron uno de esos besos fugaces que acostumbraban últimamente. En cuanto se sentó, lanzó una mirada disimulada hacia la mesa de Slytherin. Jill seguía ahí, muy ocupada con una rebanada de pay de manzana. Así que se relajó y comió con algo más de apetito que lo habitual.
Cuando entró a la biblioteca vio que "El Cubículo" estaba vacío. Decidió que mientras esperaba a Jill, podía aprovechar para terminar sus notas sobre "El extraordinario reino de los sueños" Lo buscó entre los libros de Adivinación, pero no estaba. Así que con paso inseguro se dirigió al escritorio de la señora Pince.
- Disculpe, estoy buscando "El extraordinario reino de los sueños".-
La señora Pince hizo un gesto de fastidio y consultó el fichero.
- Lo siento, señorita, pero me temo que ese libro ha sido retirado de la estantería para ser restaurado.-
- ¿Restaurado? Pero, cuando lo consulté esta mañana estaba en perfecto estado.-
De acuerdo, acababa de decir una gran mentira. La señora Pince la miró con una ceja levantada y dijo:
- El señor Jasón Milos, que es experto en restauración, no es de su misma opinión, señorita.-
- ¿Y, se llevó otros libros?- Una sospecha comenzaba a tomar forma en la mente de Hermione.
- No. Lo vio sobre una mesa y dijo que por lo pronto se lo llevaba para evitar que se siguiera deteriorando con el uso.-
La mirada de la señorita Pince era francamente reprobatoria. Así que Hermione optó por alejarse de su escritorio. Una luz roja acababa de prenderse en su mente. Intentó esperar a Jill sentada en una mesa, pero la mirada de la bibliotecaria la seguía a todos lados, como si tratara de pescarla in-fraganti mutilando un libro. Se sentía inquieta y para poder pensar en paz, entró al cubículo.
Unos momentos después de que Jill abandonara la mesa de Slytherin, Draco hizo lo propio. Después de todo hubiera sido sospechoso que se levantaran al mismo tiempo. Echó a andar hacia la biblioteca con paso casual, tratando de adivinar de qué querría hablar Jill con él. Cuando llegó al lugar de la cita, vio que ya había alguien en el cubículo. Hermione Granger. Sola. Sus dedos se sacudieron nerviosamente dentro de sus bolsillos, mientras decidía que hacer a continuación. Decidió que estaba exagerando. Probablemente Jill los había citado a todos en la biblioteca para algo relacionado con el mosaico maestro. En cualquier momento llegarían los demás. Y que más daba si aprovechaba la oportunidad de estar con ella unos minutos a solas. Una inocente conversación casual. Así que con una sonrisa en los labios, giró el picaporte, sin tocar primero a la puerta.
- ¡DRACO! ¿POR QUÉ NO TOCAS? ¡ME ASUSTASTE!- Hermione había brincado literalmente de su asiento, de tal forma que había perdido el equilibrio y ahora yacía en el piso, entre pergaminos sueltos.
- Oh, lo siento Hermione, pensé que me habías visto llegar. ¿Te hiciste daño?-
La verdad no lo sentía. O al menos no todo lo que debería. Se veía tan encantadora con esa expresión de sorpresa. Tan vulnerable, con el pelo revuelto y ahí en el piso. Se acercó a ella, para ayudarla a incorporarse. Tomó una de sus manos y luego de un suave tirón, Hermione ya estaba de pie. Ahora sus rostros estaban tan cerca, que sus alientos se confundían. Y Draco seguía sosteniendo su mano. Sus miradas se habían enganchado y parecía que ninguna fuerza sobre la tierra era capaz de separarlas. En la mente de Hermione sonaba una alarma, completamente inútil, como si estuviera sonando en el desierto. Sus mejillas se habían encendido, provocando en Draco la necesidad de acariciarla. Estaba tan cerca. Las yemas de sus dedos ya presentían la suavidad de su piel.
En ese instante, la puerta del cubículo se abrió de golpe. Y un terrible rugido desgarró el silencio de la biblioteca.
Ahí, frente a ellos, estaba Ronald Weasley.
¿Qué les pareció? Siento mucho dejarlas así en suspenso (ok, en realidad no lo siento)(risa macabra) Pero ya ven, sus reviews han resultado tan milagrosos que hasta estoy publicando dos días antes de lo esperado.
De verdad, gracias por todo su apoyo a Irene, luna-maga, Smithback-girl, Smoochy, Yuuki Hinamori Chan, Pabaji y también a quienes me han agregado a sus alertas y favoritos. Ojalá este capítulo haya sido de su agrado.
La verdad no sé cómo pasó, pero Luna y Theo se colaron. Sobre todo Theo, porque Luna ya estaba contemplada. Me tomé la libertad de emparentarlo con los Crouch, al fin y al cabo que son de sangre limpia y como dijo Ron, "todos estamos emparentados". La frase "Repítelo hasta que te lo creas" puede que la reconozcan, ya que es de Jack Sparrow.
Por cierto, este capítulo tiene bonus también. Nada más y nada menos que la discusión entre Fred y Jill la noche de Halloween. Pueden encontrarla en http :// sirlaye. yolasite. com/ fredjil. php, acuérdense de quitarle los espacios.
