14. Abrazo
–Podemos causar un corto circuito en las lámparas frontales del escenario –explicó el chico Park frente a la mesa llena de planos, señalando el punto exacto–, Arruinaré los cables de tal manera que si le hacemos llegar corriente desde estos tres puntos, crearemos una serie de chispas lo suficientemente fuertes para que lleguen a las hojas del Telón y se prenda, una vez que eso pase, las llamas alcanzaran en cuestión de segundos la escenografía, que es básicamente espuma de poliuretano y en aproximadamente dos minutos estará totalmente cubierta de fuego.
–Precisamente porque las escenografías son muy inflamables –Ji Hoo se cruzó de brazos–, está el telón cortafuegos; se activará de inmediato y aislará la caja escénica del patio de butacas...
–Exactamente –el chico sonrió un poco–, eso dará unos minutos para que el público salga, ahora... –colocó la palma en el plano en el lugar que indicaba– si se incendia todo detrás del escenario, será cuestión de minutos que el telón cortafuegos no pueda impedir el paso del fuego. Yo... calculo que todo el recinto se incendiará por completo en unos... quince minutos tal vez...
–Quince minutos... –resopló Ji Hoo reflexionando y luego agregó– Protección Civil exige que el Teatro pueda ser evacuado en tres minutos...
–Evacuar un teatro es muy difícil; de hecho es de los lugares potencialmente más peligrosos en caso de desastre debido a lo lento que resulta desalojarlo. En teoría las catorce salidas de emergencia deberían ser suficientes, pero... –tomó aire, se sentía intimidado– es una utopía.
–Es cierto –Woo Bin resopló–, yo creo que en el mejor de los casos, quince minutos será lo que tome vaciar el Teatro.
–Y de todos modos –intervino Yi Jung con los ojos fijos en los planos–, por lo que entiendo, el telón cortafuegos sólo protegerá al público, ¿qué hay de la gente detrás del escenario? ¿qué hay de la cantante que estará en el escenario?
–La cantante y la orquesta serán los que estén más expuestos... los teloneros también –reflexionó Woo Bin–, tendremos que confiar en sus reflejos. Todos los demás técnicos y staff tras bambalinas pueden salir con relativa velocidad...
–El problema no es el fuego –aclaró Ji Hoo–; es el humo. Además cuando el poliuretano se queme va a liberar gases tóxicos.
–El daño colateral será un hecho –dijo Woo Bin sin sonar muy preocupado–, pero el tiempo será suficiente para que la gente salga –sonrió–. Seré yo quien estará en el peor de los riesgos, pero lo libraré.
Ji Hoo levantó sus ojos hacia Woo Bin.
–¿A qué te refieres?
–El corto circuito –Woo Bin golpeteó con el índice el plano–, tú y Yi Jung estarán en las cabinas superiores, pero primero yo tengo que generar corriente desde el cuarto de máquinas que está justo debajo del foso de la orquesta, será de lo primero en llenarse de humo y la única salida es hacia el escenario. Cuando provoque el corto deberé salir a prisa, y aún así me veré atrapado en las llamas del telón y en los temibles gases tóxicos de la escenografía... –meneó la mano restando importancia– ¡bah! Nada que pueda vencerme. –dirigió su mirada al chico– ¿Es así como dices?
–Así es –contestó el joven–. Yo me encargaré hoy de deteriorar los cables hasta el punto de que cuando las tres palancas en los tres puntos distintos envíen energía, toda la línea de lámparas frontales del escenario causen fuertes chispas.
–Es un chico listo –comentó Woo Bin al aire pero dirigiéndose sutilmente hacia Ye Jin, quien sonrió un poquito.
–No –espetó Ji Hoo arqueando una ceja–. Yo voy a causar el corto desde el cuarto de máquinas.
–Ji Hoo, no seas terco –Woo Bin gruñó–, yo puedo manejarlo.
–Es mi familia la que está en peligro –Ji Hoo respondió en el mismo tono–, es mi problema. Yo causaré el corto.
–Es muy peligroso, bro, tú lo causarás con Yi Jung desde arriba y deja que yo...
–¿Y por qué tú puedes ponerte en ese peligro?
–Puedo manejarlo –insistió Woo Bin.
–Yo también
–Ji Hoo... –Jae Kyung lo miró angustiada, quiso decirle que no lo hiciera, pero le pareció incorrecto expresar que preferiría que Woo Bin se arriesgara, así que optó por quedarse callada. Ye Jin hizo lo mismo.
–Bueno... –el chico Park intervino sin alzar mucho la voz– puedo ser yo quien...
–¡No! –le dijeron al mismo tiempo Ji Hoo y Woo Bin antes de volver a lo suyo.
La discusión en círculos se prolongó por unos cuantos minutos hasta que Ji Hoo se salió con la suya, alguno allí tenía que ponerse en más peligro y fue él quien terminó venciendo en argumentos.
––––
Horas mas tarde, ya entrada la noche, el ensayo y los últimos toques para el concierto llegaron a su fin y todo quedó listo para la apertura de puertas del día siguiente.
–Director... –mustió el secretario a Ji Hoo antes de retirarse– ¿está seguro de que no desea llamar a la policía?
–Hasta donde sabemos no robaron nada –ambos estaban sobre el escenario revisando el daño que causó el telón al caer la noche anterior.
–Aún así fue demasiado extraño encontrar todas las luces prendidas, vidrios rotos y telón en el suelo.
–Seguro fueron vándalos... –Ji Hoo miró arriba hacia el telón con aire desinteresado. Volver a montar el telón requirió la presencia de gente que no había citada ese día y retrasó el ensayo y las pruebas– Todo está en orden ahora.
–Sí usted lo dice –no lució para nada convencido–. Hasta mañana, director –hizo una reverencia.
–Hasta mañana.
Él se retiró por fin. Desde muy temprano había estado llamado a Ji Hoo para avisarle de que algo había ocurrido durante la madrugada y que deberían abrir una investigación, pero él le restó importancia todo el tiempo. Ahora que todos se habían ido, sólo quedaba que el hijo de los dueños del Teatro hiciera lo que sabía hacer para que al día siguiente, en el solsticio, todo se terminara de una vez por todas. Quería irse ya pues sentía la presencia de Jan Di cerca, por eso, se había asegurado de que todas las luces permanecieran encendidas y no tenía intención de apagarlas al marcharse.
–Vamos a hacer cenizas este Teatro– Yi Jung trataba de ocultar su entusiasmo– Ni en nuestras mejores épocas lo habríamos hecho.
–Bro, al parecer estás teniendo una regresión a la adolescencia –comentó Woo Bin divertido.
–Tenía años que no me sentía ansioso y emocionado –sonrió con algo de malicia–, podríamos ser responsables de muertes si el plan no resulta bien, eso lo hace aún más tétrico –sacudió la cabeza para alejar sus pensamientos de diversión–, entonces, ¿esto es lo que debo activar?
Yi Jung señaló una caja de metal en un pequeño cuarto junto a la cabina del control de sonido.
–Eso es lo que éste niño dice –Woo Bin abrió la caja dejando a la vista una serie de interruptores–, en cuanto veamos las chispas saltar de las luces –señaló el escenario–, que será cuando Ji Hoo mande la corriente desde abajo, tú activarás este interruptor que dice 'frontal' y yo haré lo mismo en el otro cuarto.
–Y será a la hora del atardecer –dijo Yi Jung tan solo para asegurarse de entender el plan por completo– es decir, a las siete con doce minutos.
–Lo divertido de nuestra misión será escabullirnos a estos pequeños cuartos de control sin que nadie nos note; en teoría no habrá técnicos aquí, pero el Teatro va a estar a reventar.
–No será tan fácil –y ambos se sonrieron chocando las manos.
El joven Park durante un rato peló algunos cables cruciales y dejó para el final los de las lámparas frontales, que serían en las que se provocaría el corto. Trepó al puente de los teloneros y de ahí se pasó a la pesada estructura de metal que sostenía las luces, siguiendo con su trabajo.
Ye Jin subió al puente cuando se dio cuenta de que él estaba ahí.
–¿Qué haces aquí? –preguntó Yun Sung sin distraerse de sus cosas– ¿no es peligroso que estés en el Teatro?
–No mientras las luces estén prendidas –lo observó brevemente–. Eres listo, ¿sabes? –él la miró– Has planeado todo esto tú solo. Gracias.
Yun Sung sonrió un poco.
–De nada. Será un gran espectáculo –suspiró–, además siento que hago un bien... por ti y por tus padres.
Ye Jin también le sonrió.
–¿Esto es lo que hacías antes de... tú sabes... tener dinero...? –preguntó ella con sus ojos de curiosidad y asombro.
–Así es, su alteza –contestó dando una palmada para sacudirse las manos.
–Es interesante; una persona que hace electricidad...
–Se dice 'electricista', majestad.
–Ya... –asintió con una sonrisa sin tomar en cuenta sus ironías.
–Así es –Yun Sung sonrió orgulloso–, cuando entras a una habitación y activas el interruptor, la luz se prende; al contrario de lo que la mayoría de los ricos piensa, no es magia, sino que una persona, manualmente, conectó una serie de cables y circuitos e hizo posible que tengan luz en sus casas...
–Wow... –se recargó en el barandal– Yo nunca dije que ustedes los obreros no fueran importantes en el mundo...
El muchacho gruñó.
–Oye, pero... –Ye Jin parpadeó consternada al darse cuenta del pequeño detalle– si destruimos el Teatro, entonces vas a volver a ser pobre...
–Gracias a Dios.
–¿Pero qué harás entonces?
–Trabajar –la miró con desdén–. Dejar esa escuela de pijos.
–Qué triste... –entristeció los ojos y recargó la barbilla entre sus brazos cruzados sobre la baranda.
–¿Triste que me vaya? –él sonrió brevemente y algo feliz.
–No –negó aclarando–, triste que ya no tengas dinero y debas trabajar.
Él resopló enojado, trepó al barandal y volvió a la zona segura del telonero.
–¿Qué...? –preguntó Ye Jin parpadeando confundida.
–Nada, majestad. Seguro ni te darás cuenta que ya no asistiré al Instituto Shinhwa.
–Bueno –ella se encogió de hombros–. Nadie te quería allí en primer lugar.
Yun Sung giró los ojos y empezó a caminar, empujando ligeramente a Ye Jin con el hombro para abrirse paso.
–Hey, ¿pero por qué te enojas? Si sirve de algo, yo creo que a pesar de que seas de clase baja, también eres un ser humano.
Él detuvo sus pasos y se giró a verla.
–Al menos descubrí algo de los ricos –lanzó una risa irónica–, algunos, como tú, aunque tengan corazón, carecen de cerebro.
–¿Eh?
–Nada –entrecerró los ojos y volvió a girarse, pegando un bote asustado al encontrarse a Woo Bin justo frente a él.
–¿Está listo? –preguntó el príncipe Song con aire distraído– ¿necesitas ayuda con algo?
–Ya lo he revisado todo y está listo –contestó el joven con clara intimidación–. Mañana cuando llegue la hora, todo resultará.
–Buen trabajo –Woo Bin lo tomó del hombro y asintió en felicitación–. Ve a casa a descansar.
–Sí –hizo una reverencia–. Hasta mañana.
Sin levantar la cabeza, el chico se retiró rápidamente.
–¡Se enojó! –Ye Jin lo señaló– ¡Yo lo estaba halagando! –se cruzó de brazos– Aish, por eso no me gusta la clase baja.
Woo Bin se rió negando con la cabeza.
–¿Qué...? –ella torció las cejas con más confusión.
–Nada, hija –se acercó un par de pasos más–, vámonos también. Debemos descansar.
––––
El día siguiente amaneció tenso. El Teatro abría sus puertas a las cuatro de la tarde, así que desde esa hora se darían cita; no podían faltar ya que su asistencia estaba confirmada y de no presentarse la familia entera podría ser sospechoso, justo lo que debían evitar.
–Ji Hoo... –Jae Kyung se le acercó y lo abrazó– ten mucho cuidado, por favor...
El bufó una risa devolviéndole el abrazo.
–No te preocupes.
–Sí me preocupo; me muero si te pasa algo.
–Todo saldrá bien.
–¿Me lo prometes?
–Claro que te lo prometo –le susurró pasando sus dedos entre sus cabellos–. Mañana todo habrá vuelto a ser como antes.
–Sí... –asintió ella sin ánimo.
–Oye –la tomó de la barbilla para que lo mirara–, tranquila. Ha sido muy estresante, pero nos iremos de viaje una vez que esto acabe, ¿a dónde quieres ir?
–No sé –negó–. ¿Viena?
–Te llevaría a la Luna si quisieras...
Él la separó y le dio un beso en los labios, lento y suave, acariciando sus mejillas y despacio pasando a su cuello. Ella soltó un ligero gemido y lo empujó atrás un par de pasos para sentarlo en la cama. Jae Kyung profundizó más su beso atrayéndolo al tomarlo de la nuca. Poco a poco lo fue recostando y echándolo para atrás sobre el colchón para ella quedar hincada a horcajadas sobre él. Ji Hoo la tomó de la cintura y luego bajó a acariciar sus muslos.
Ye Jin apareció en la puerta de la habitación, descalza, con un vestido negro hasta las rodillas puesto mientras que en su mano llevaba un gancho del que colgaba un vestido color esmeralda.
–Mamá, ¿este vestido no se ve muy...? ¡Oh, por dios! –exclamó retrocediendo y enrojeciendo por completo, agachando el rostro para que su cabello lo cubriera –¡Qué estoy aquí en la casa! Es decir... –dio un paso adelante para tomar la perilla– ¡Al menos cierren la puerta! –la jaló y dio un portazo para cerrar.
La pareja rió sin despegar sus labios y acto seguido se levantaron. Jae Kyung caminó a la puerta, la abrió, se asomó y se encontró a Ye Jin muerta de vergüenza.
–¿Ese vestido qué? –preguntó haciéndole señas con una mano para que se acercara.
La chica se acercó con pasos lentos mientras su mamá se adentraba otra vez en el cuarto hasta volver a la cama y sentarse al lado de Ji Hoo.
–No sé que vestido llevar al concierto... –ella no los miraba– ¿negro o esmeralda?
–Negro –dijo Ji Hoo.
–Esmeralda –dijo Jae Kyung exactamente al mismo tiempo. Ambos se miraron con desaprobación.
–Elige el negro –continuó Ji Hoo– para que lo combines con tu mascada y tus zapatos plateados y fin del asunto. El otro no vas a saber con qué combinarlo.
–Sí, tienes razón –Ye Jin sonrió mordiéndose el labio inferior.
–Como siempre... –murmuró por lo bajo Ji Hoo para que sólo Jae Kyung lo escuchara, sacándole un ligero gruñido.
Espontáneamente, Ye Jin se acercó y los abrazó a ambos; a cada quien con un brazo. Ellos la abrazaron por su puesto.
–Lo siento –masculló Ye Jin–. Lamento todos los problemas que les he causado, es sólo que yo...
–Tranquila, reina –susurró Jae Kyung–. Hoy se terminará todo.
–Pero es que yo... –rompió el abrazo para quedar a centímetros de ellos– no debí haber querido traer a mis padres... quería verlos, quería saber que estaban bien, no sabía lo que hacía...
–¿Sabes? –Ji Hoo estiró su mano y empujó los mechones de su hija detrás de su oreja– Si yo hubiera sabido que tenía la posibilidad de ver a mis padres una vez más o más aún, de haber sabido que necesitaban mi ayuda, habría dado lo que fuera por hacer algo.
–No es lo mismo –Ye Jin bajó la cabeza–. Tú creciste solo, yo siempre los he tenido a ustedes.
–Sí lo es...
–Ye Jin –Jae Kyung atrajo su atención–, nosotros nunca hemos pretendido que no tengas cariño ni sentimientos por tus papás biológicos; no es nuestra intención hacer que los olvides y que pienses que nosotros somos todo en tu vida. No te sientas mal por quererlos.
–Jan Di y Joon Pyo son importantes –siguió Ji Hoo–, fueron nuestros mejores amigos y son tus padres. Nosotros tampoco soportamos la idea de saber que están atrapados mucho menos que están sufriendo. Queremos tanto como tú que sean libres y termine la agonía en la que han estado inmersos tanto tiempo.
–¿Pero no están enfadados con ellos? –la niña frunció los labios– Pareció que ellos querían matarlos...
Ji Hoo y Jae Kyung se miraron, luego negaron.
–Nuestros Jan Di y Joon Pyo no nos habrían hecho eso –sonrió Jae Kyung con dulzura–; sus almas han estado consumiéndose, la ira los ha vuelto ciegos.
–Han pasado todos estos años agonizando –Ji Hoo murmuró–. Vamos a destruir el Teatro por ti y por ellos.
Ye Jin sonrió triste y se limpió una lágrima antes de que cayera.
–Lamento mucho cuando dije que ustedes no eran mis padres –negó–. Ustedes son los mejores en el mundo –y se lanzó otra vez a abrazarlos–. Mi vida ha sido perfecta y feliz gracias a ustedes.
–Gracias a ti... –murmuró Jae Kyung con una sonrisa apretando su abrazo.
–Lamento haber arruinado su fiesta...
–No la arruinaste –Ji Hoo giró los ojos, aunque en el abrazo ella no podía verlo–, de hecho nadie se dio cuenta de nada y todo básicamente transcurrió de acuerdo al plan.
–Si te preocupa tanto, haremos otra fiesta el próximo año –sugirió Jae Kyung.
–¿De verdad? –Ye Jin rió sin ánimo– Será genial, mucho más genial que esta vez. Deberían hacer fiesta cada año.
–Fuiste tú quien organizó esta última –le dijo él–, si organizas una cada año no nos dejarás opción.
La niña volvió a reír por lo bajo, luego, hubo un breve momento de silencio.
–Tengo miedo de lo que va a pasar al rato en el concierto... –sollozó sin soltar a sus papás– ¿y si algo sale mal?
–Otra –resopló Ji Hoo–. Nada saldrá mal. Mañana todo habrá terminado y volverá a la normalidad –rompió el abrazo y separó a ambas de él –. Escuchen bien –su tono se volvió más serio–, hoy, cuando el incendio empiece, ustedes dos saldrán por salida de emergencia que está justo al lado de nuestro palco sin ninguna demora. Y por ningún motivo y bajo ninguna circunstancia van a volver a entrar al Teatro.
Ellas se quedaron calladas, mirándolo fijamente a los ojos.
–¿Esta claro?
–Ji Hoo...
–Papá...
–¿He sido claro o no? –preguntó en el mismo tono.
–Sí –contestaron las dos al mismo tiempo asintiendo.
–Bien –Ji Hoo suavizó su expresión y les sonrió–, pronto será hora de irnos, así que estén listas.
–––––
La tarde estaba algo nublada y la temperatura descendía con rapidez; quizá nevaría al día siguiente. Aún en esas condiciones, las afueras del Teatro de Vayu estaban colmadas de gente; todo tipo de personas se habían dado cita para el concierto, desde ciudadanos comunes hasta algunas personalidades políticas y del medio artístico. La prensa ya tenía a sus reporteros cubriendo el evento; fotógrafos y camarógrafos se apresuraban por tener buenas tomas.
La camioneta blanca de Ji Hoo, conducida por su chofer, se estacionó frente a la entrada, la puerta trasera se abrió y Ji Hoo descendió con calma; una vez afuera, ofreció su mano a Jae Kyung para ayudarla a bajar. Por ultimo, Ye Jin también apareció.
Jae Kyung tomó un fuerte respiro al observar a la multitud y apretó el brazo de Ji Hoo al tiempo que empezaban a caminar, llevaba un bello vestido chino de seda blanca, largo y abierto de la pierna derecha, cuyo cuello cubría las marcas que Jan Di le había dejado al tratar de asfixiarla.
–¡Director Yoon! –exclamó un fotógrafo detrás de ellos, haciéndolos detenerse y voltear– Es para la revista 'People'
No dijeron nada, sólo se pusieron los tres en su ensayada pose de "familia feliz y unida pero no demasiado alegre" ideal para ese tipo de fotografías. Otros fotógrafos se unieron rápidamente para también obtener la imagen y luego de varios flashazos, sin esperar a ver si ya habían terminado, volvieron a caminar para entrar por fin.
Subieron con parsimonia las escaleras alfombradas de rojo, saludando con educadas sonrisas y reverencias. Los tres siempre lucían sobrios y elegantes en los eventos y este concierto no era la excepción; atraían las miradas de las cámaras y las adulaciones pues con su sólo porte reflejaban su status.
Se encontraron con Woo Bin y con Yi Jung, se saludaron como solían saludarse siempre, no hablaron del tema porque no debían ser escuchados por ningún motivo, tan solo las miradas que intercambiaron bastaron para indicarse que estaban listos. También saludaron a los dueños del Teatro y a su hijo, quienes estaban ansiosos por su primer gran evento.
Finalmente llegaron hasta su palco y tomaron sus lugares.
El Festival de Invierno dio inicio cuando las grandes hojas del antiguo telón se abrieron; hubo aplausos y el alcalde de la ciudad pronunció unas cuantas palabras, agradeció al público y a la Fundación Suam Art entre otros y dio un breve resumen de las actividades para la semana que entraba. Entonces, el concierto empezó; la soprano Gi Kyung Rhee, famosa en el mundo entero, salió a escena, reverenció con una gran sonrisa y comenzó su hermoso espectáculo.
Conforme pasaban los minutos, Ye Jin hacía todo lo posible por no revolverse nerviosa en su asiento. Ya había arrugado y rasgado en decenas de pedacitos el programa. En un momento que desvió su mirada, observó complacida como Ji Hoo y Jae Kyung se tomaban de la mano y sonrió sinceramente ante aquello.
Ji Hoo observaba con impaciencia su celular hasta que por fin, poco después de que se reanudara el concierto tras un breve intermedio, llegó la hora.
–Ya me voy –se levantó a pesar de que su esposa puso algo de resistencia en su mano– recuerdan lo que les dije, ¿verdad?
–Quiero ir contigo –imploró Ye Jin levantándose de su silla.
–Por su puesto que no –replicó él–. Ya hablamos de lo que ustedes harán.
–Es que... la verdad es que ni siquiera quiero que vayas porque es peligroso –ella hipó–. Yo causé todo esto, yo debería ir.
–Me extrañó que no dijeras esto antes –Ji Hoo suspiró cansado–. Sabes que no es algo que voy a discutir. Tú te vas a quedar aquí y vas a seguir el plan exactamente como te dije que lo harías.
Ella bajó la cabeza afligida.
–Cuídate mucho, por favor –le pidió la niña tomándolo de los brazos–. No quiero que te pase nada malo...
–Estaré bien –le sonrió con ternura y luego se acercó para besar su frente–. Las veré afuera.
Dicho esto, salió del palco. Ye Jin suspiró y se pasó a la silla que él estaba ocupando para quedar más cerca de su mamá, quien le sonrió también y le acarició el torso de la mano.
Ji Hoo pasó por las puertas traseras. Sabía que Woo Bin y Yi Jung ya estarían en posición. No le gustaba la sensación; sentía a Jan Di cerca, por eso quería darse prisa y acabar con todo de una vez, quería que ella se fuera y no volver a sentirla jamás.
Nadie preguntaba qué hacía él en zona de staff, todos lo conocían bien y en vez de cerrarle el paso se lo abrían con reverencias; en su exterior, Ji Hoo se veía tan tranquilo y poco expresivo como siempre. Descendió al cuarto de máquinas y localizó de inmediato los generadores de electricidad; las instrucciones del chico Park habían sido muy precisas y esperaba que funcionara sin ningún problema.
Miró nuevamente el celular. Era el momento.
–¿Qué haces?
Ji Hoo sintió todo el cuerpo tensarse y detuvo su mano un instante antes de soltar la corriente, giró la cabeza un poco y se encontró con Jan Di, encogida en cuclillas sobre sí misma entre las sombras, mirándolo con sus grandes ojos negros e incrédulos. No podía acercarse más, pues Ji Hoo estaba debajo de la luz.
–Trae a mi hija –dijo Jan Di–. Sé que está aquí. Tráela.
–No puedo, Jan Di –le contestó en un susurro, negando lentamente.
–¿Por qué te la robaste? –los ojos de Jan Di se volvieron tristes– Tú sabías que todo lo que yo quería era estar con ella; sabías que deseaba fervientemente tener a mi familia a mi lado... a Joon Pyo y a mi hija. Yo creo que te lo dije, yo quería amarte a ti, así nada habría pasado, pero no pude; pensé que entendías que yo amaba a Joon Pyo, ¿es por eso? ¿es porque no te quise? ¿es por eso que quieres quitarme a mi hija?
Ji Hoo se quedó estupefacto y con la boca ligeramente abierta por unos segundos ante tales palabras mientras Jan Di lo miraba intensamente con una expresión de súplica.
–Jan Di... –Ji Hoo entrecerró los ojos, aún sorprendido, sin saber cómo actuar– yo no me robé a tu hija.
–¿Por qué quieres alejarla de mí? –insistió Jan Di– No me hagas esto, yo necesito a mi hija conmigo...
Ji Hoo echó su cuerpo un poco para atrás, no era capaz ni siquiera de parpadear, su corazón retumbaba hasta doler en presencia de ella, lo asfixiaba y lo congelaba por dentro.
–Tú... –Ji Hoo murmuró– estás muerta, Jan Di. No puedes llevarte a Ye Jin porque estás muerta.
Jan Di abrió los ojos y la boca como si se hubiera llevado una gran sorpresa.
–No –afirmó dejándose caer de rodillas al suelo–. Yo no morí.
–Sí. Moriste junto a Joon Pyo. Hace diecisiete años y seis meses exactamente.
–No puede ser, tú estás equivocado.
–Yo te enterré.
–Él y yo sólo debíamos esperar a que Ye Jin viniera y seríamos una familia y estuvimos aquí y la vimos tocar el piano contigo y cuando al fin nos vio apareciste tú y te la llevaste como si fuera tuya. Es mía. ¡No pueden llevarse lo que es mío!
La expresión de Ji Hoo se transformó lentamente en una de compasión; Jan Di no tenía idea de lo que pasaba; estaba confundida, perdida y su mente se había diluido tanto que no sabía en que plano estaba.
–Tienes que irte –le dijo Ji Hoo–. Lo siento. Yo no sabía que estabas atrapada. Lo lamento tanto, no pude ayudarte, no pude hacer nada por ti.
–No me iré. No sin mi hija. No me la quitarás sólo porque me odias porque elegí a Joon Pyo y no a ti, no por tu venganza.
–No te la quité –replicó con algo de desesperación–. Tú me pediste que la cuidara. No es ninguna venganza y la razón de porque no puedes llevártela es porque está viva; no puedes llevártela de este mundo porque le quitarías todo...
–Pero nunca seré feliz sin ella... –Jan Di negó con angustia– Pensé que tú me amabas y que harías lo que fuera por verme feliz.
–Cuando te vayas serás feliz y la dejarás ser feliz a ella aquí, donde pertenece –le explicó con su sonrisa bondadosa–. Y sí te amé. Te amé muchísimo.
Jan Di abrió la boca para decir algo, pero Ji Hoo le quitó la vista jaló la palanca de voltaje en ese momento.
Fuera, en las cabinas de luces, Woo Bin y Yi Jung al fin vieron las chispas saltar y entre los dos encendieron los interruptores indicados para sobrecargar la corriente.
Una pequeña explosión trituró un foco principal, a este, inmediatamente, le siguieron los demás focos, creando una reacción en cadena de chispas que prendió rápidamente llamas en las hojas del telón. La cantante observó con horror dando pasos hacia atrás y fue jalada por su staff junto antes de que las pesadas se desprendieran lámparas cayeran sobre ella.
Los gritos no se hicieron esperar, la gente se levantó y corrió para salir de las butacas. Ye Jin y Jae Kyung se levantaron sin poder despegar se vista del fuego que empezaba a expandirse con rapidez. El telón cortafuegos se activó y una hoja de metal descendió en ese momento, aislando el escenario.
–¡Mamá! –Ye Jin se aferró de su brazo, asustada.
–Vamos –Jae Kyung sacudió su cabeza para reaccionar y jaló a la chica rumbo a la salida de emergencia, la cual ya empezaba a atiborrarse de gente.
La electricidad parpadeó un par de segundos y luego se cortó. Jan Di se pudo levantar para acercarse a Ji Hoo. Él se echó hacia atrás, pegando la espalda contra la pared; en la oscuridad sabía que no podría huir de ella. El humo se coló al cuarto en un instante por lo que él se tapó la nariz y la boca para no respirarlo, la oscuridad era total y los gritos de fondo eran fuertes.
–Ji Hoo sunbae... –él escuchó la voz de Jan Di, ella estaba cerca, muy, muy cerca y al querer moverse a un lado, ella se abalanzó sobre él, rodeándolo con sus brazos.
Él trató de empujarla en cuanto sintió los brazos alrededor de su torso, pero el cuerpo de piedra pesadísimo de Jan Di no se movió ni un centímetro, en vez de eso, ambos cayeron hincados.
Entonces Ji Hoo ya no sentía la necesidad de luchar. Tampoco respiraba el humo y ya no oía los gritos. Sólo sintió su cabeza ser atraída hacia el pecho de Jan Di mientras que las manos de ella acariciaban su cabello. El miedo se fue, las ansias también; la quietud y la paz eran totales en ese momento, la oscuridad se transformó en luz blanca y cálida a pesar de que el fuego ya había descendido hasta el cuarto. Estaba al lado de su alma gemela y cuando tu alma gemela te da un abrazo nada importa, no hay lágrimas ni dolor ni angustia ni desesperación. Ji Hoo no sentía más que calma y dejó que Jan Di acariciara con suavidad su espalda y su nuca como arrullándolo; cerró los ojos, se sentía confortable y acogedor. Y también la abrazó.
